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Asunto: Papeleras: "Es sólo un problema ambiental"
Fecha:Jueves, 26 de Enero, 2006  20:21:41 (-0300)
Autor:Antonio Elio Brailovsky <brailovsky @...............ar>

 
 
Queridos amigos:
 
Desde hace bastantes años, cada vez que alguien traía una guitarra, cantábamos: "El Uruguay no es un río, es un  cielo azul que pasa". Con el tiempo, la deforestación y la expansión de la soja en el sur del Brasil provocaron un formidable aumento de la erosión, tanta que los sedimentos cambiaron el color del río, que fue pareciéndose cada vez más al Paraná.
 
La instalación de dos grandes papeleras en la zona fronteriza entre Argentina y Uruguay amenaza con volver a cambiar el color del río y llevarlo tal vez al negro lustroso de las cosas muertas.
 
Por otra parte, la excesiva politización de un  tema con tantos aspectos técnicos no contribuye a llegar a una solución razonable.
 
La decisión uruguaya de apostar a la atracción de industrias contaminantes como una forma de creación de fuentes de trabajo parece ser más una política de Estado que una decisión del actual Gobierno o del anterior. Este conflicto mostró que son muchos los dirigentes políticos de ambos lados del Río de la Plata que comparten ese punto de vista. Esos políticos sienten que oponerse a una amenaza de contaminación es bloquear sus propios proyectos para el futuro.
 
Hace 15 años que se iniciaron las plantaciones de eucaliptos necesarias para abastecer a estas fábricas y que se anunció la futura inversión. El que en 15 años el Gobierno argentino no haya registrado la existencia de un proyecto que podría afectar al país, ¿no es, en sí mismo, un problema de envergadura? ¿No nos está diciendo mucho sobre cómo funciona el Estado?
 
La tardía protesta del Gobierno argentino muestra que la embajada argentina en Uruguay no informó nunca del proyecto, ni la Cancillería le pidió que informara de cualquier problema ambiental que pudiera afectar a la Argentina. ¿Hay un Agregado Ambiental en una embajada con un  país con el que compartimos dos ríos inmensos? ¿Hay alguien en esa embajada con capacidad de evaluar una información con consecuencias ambientales? ¿O sólo tenemos evaluadores políticos, capaces de decir cuál partido político será amigable y cuál no lo será y desentendidos de todo lo demás?
 
La primera lección de este conflicto es que todas las embajadas con países limítrofes necesitan de un Agregado Ambiental, que sea capaz de prever de qué manera cualquier decisión que se tome en el país vecino afectará al ambiente compartido.
 
Señala el constitucionalista Daniel Sabsay que el Tratado del Río Uruguay obliga a que cualquiera de las partes informe a la otra sobre los emprendimientos de importancia que pudieran afectar al río. El Gobierno uruguayo no cumplió con su obligación de informar y el Gobierno argentino tampoco se lo exigió. Ese tratado establece mecanismos de conciliación y arbitraje para resolver eventuales diferencias entre ambos países. En vez de usarlos, se anunció que se recurriría al Tribunal Internacional de La Haya. Recordemos que Argentina no fue a La Haya ni siquiera en relación con su disputa territorial con Inglaterra por las Malvinas, y que no formuló allí sus denuncias contra Margaret Thatcher por las violaciones de derechos humanos ocurridas durante esa guerra.
 
¿Acaso nos olvidamos de los tratados que firmamos? ¿O la larga práctica de incumplir las leyes ambientales del país nos lleva a no tener en cuenta los tratados internacionales al respecto?
 
Pero además, la posición argentina ante los tribunales internacionales es extremadamente débil, en la medida que se pide a las papeleras uruguayas lo que no se les exige a las papeleras argentinas.  Un país en el que el control de la contaminación es casi nulo será poco creíble cuando reclame que sus vecinos hagan lo que él mismo no hace.
 
En nuestro país existen unas 10 plantas de producción de celulosa que vierten sus efluentes al río Paraná provenientes de una producción de no menos de 850.000 toneladas anuales de pulpa de celulosa. No parece fácil convencer a un tribunal internacional de pedirle a las empresas uruguayas lo mismo que no se les está exigiendo del lado argentino a las empresas Celulosa Campana y Gral. Bermúdez, Papelera del Plata, Wixel, Campanita, Papel Prensa de San Pedro, Iby en Entre Ríos, Andino sobre Santa Fe, Alto Paraná S.A., Piray y Papel Misionero. Para dar un par de ejemplos puntuales, Celulosa Argentina S.A. contamina el Paraná desde 1929, sin que hasta la fecha nadie le haya pedido que dejara de hacerlo. La presencia de contaminantes provenientes de su planta de Gral. Bermúdez (compuestos orgánicos clorados) ha sido verificada por Greenpeace, según un informe publicado por esa organización. La provincia de Entre Ríos tiene en su territorio una planta productora de pasta celulósica (Papelera Iby S.A.), que produce 18.000 TM anuales y sobre las costas santafecinas del Paraná, frente a la tierra entrerriana hay otras más. Pero, además, esta provincia es una importante productora de madera, de bosques implantados, que destina el 60% de su producción a la elaboración de celulosa y tableros.
 
Si la presentación ante el Tribunal de La Haya estuviera acompañada de un control efectivo de estas empresas, habría más probabilidades de que nos tomaran en serio.
 
Por otra parte, tanto el gobernador de Corrientes como el de Misiones invitaron a que cualquier otra papelera contaminante que hubiera por el mundo se instalara en sus respectivas provincias, y el de Buenos Aires hizo casi lo mismo, calificando de "histérico" a su par de Entre Ríos por su tardía preocupación ambiental. Lo que equivale a prometer a esas empresas la falta de controles ambientales si se radicaran allí.
 
Hasta ahora, nadie informó cuál es el rol que juega en esta comedia de enredos nuestro principal organismo ambiental, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Todo indica que se ha desaprovechado el aporte de su capacidad técnica.
 
Una planta de papel pude contaminar de las siguientes maneras:
  • Contaminación del aire. Las fábricas de papel suelen quemar sus residuos para producir energía. Muchos de ellos tienen un alto contenido de azufre. Estos compuestos del azufre provocan un característico olor a huevos podridos. Es decir, que son incompatibles con un centro turístico como Gualeguaychú. También es posible que esos compuestos formen ácido sulfúrico en la atmósfera, con el consiguiente riesgo de lluvias ácidas. No se informó si había estudios sobre la capacidad de la fuente receptora de los contaminantes. En el caso del aire, se informó que el Banco Mundial había omitido el estudio meteorológico, por lo cual no se sabe el comportamiento que tendrán los gases y olores en la atmósfera.
  • Contaminación del agua. Se habló mucho del uso de blanqueadores de cloro y su efectos sobre la calidad de las aguas, como también de la posibilidad de que se formaran las peligrosas dioxinas. Se habló mucho menos de la práctica frecuente de arrojar la materia orgánica sobrante al agua, donde se pudre, agotando el oxígeno de los cursos de agua.
Y ninguna de las partes habló de lo que sucedería con el río Uruguay. En una situación así, se requiere un estudio de las corrientes del río, para saber el posible desplazamiento de la pluma de contaminación. Desde el punto de vista teórico, como la corriente en el centro del río es más fuerte que en las orillas, es posible que eso mantenga pegada la contaminación a la costa uruguaya, desde la cual se emitirán las descargas de las papeleras. Eso terminará, por supuesto, con sitios como el hermoso balneario Las Cañas, próximo a Fray Bentos, pero podría afectar mucho menos la costa argentina. Por supuesto, es una hipótesis de escritorio, que sería bueno corroborar a campo, y llama la atención el que ese estudio parece no haberse realizado.
 
Todas estas incoherencias sugieren que ante un conflicto ambiental, simplemente nadie sabe qué hacer. Después de desaprovechar los 15 años transcurridos desde que Uruguay decidió apostar a las papeleras contaminantes, se toman decisiones apresuradas, atendiendo más a las repercusiones de prensa que a la prevencion ambiental.
 
Y sobre el tema, el Presidente argentino manifestó que "sólo se trataba de un problema ambiental", como si los temas ambientales fueran cuestiones de poca importancia.
 
En esta entrega ustedes reciben:
  • Un informe de Laura Vales, publicado inicialmente por el diario Página 12 y reproducido por Ecoportal. Allí verán las principales objeciones ambientales a la tecnología usada por las papeleras y al informe del Banco Mundial, que las apoya sin hacer preguntas técnicas.
  • Un discurso del escritor Eduardo Galeano, que participa de la oposición uruguaya a las papeleras, distribuido por el Grupo Guayubira, de ese país.
Las imágenes que acompañan este mensaje son dos:
  • Un dibujo infantil del río Uruguay, empleado en la campaña vecinal contra las papeleras, y
  • Una antigua partitura (antifonario), utilizado por coros religiosos. Su gran tamaño permite colocarlo a distancia y que lo lean entre varios coreutas al mismo tiempo. Está en la gran biblioteca de la Estancia Los Talas, próxima a Luján, provincia de Buenos Aires. La mancha blanca que vela la película es, según dicen los entendidos, el fantasma de un antiguo esclavo de la casa, que está enterrado en la misma estancia.
Un gran abrazo a todos.
 
Antonio Elio Brailovsky
 
El papel es también el soporte para expresar nuestras ideas
(Antifonario en Estancia Los Talas)
 

Las preguntas que nadie contesta sobre las papeleras de Fray Bentos

Las plantas papeleras usarán una tecnología que no es la mejor disponible. Producirán cloro, que al mezclarse con el agua crea dioxinas, un cancerígeno muy difícil de degradar. Las empresas contestan con evasivas cuando se pide información concreta o se escudan tras informes como el del Banco Mundial, que con toques de surrealismo afirma que hay sardinas en el río Uruguay. La historia desconocida de la papelera en Colonia.

Según las fábricas, no habría problemas de contaminación. Pero, se queja Argentina, no contestan preguntas concretas.

Que los organismos internacionales de crédito son capaces de apelar a los más extraños argumentos para justificar sus posiciones no es a esta altura ninguna novedad. Pero en el caso de las papeleras, la consultora contratada por el Banco Mundial para medir el impacto ecológico sigue alimentando el registro de lo insólito. El informe fue elaborado por las firmas Pacific Consultants International y Malcolm Pirnie, y vale comenzar con su mención porque se trata del documento de mayor peso en respaldo de la instalación de las plantas en Fray Bentos. En él, y con el afán de demostrar que las fábricas no van a provocar daños en la margen argentina del río Uruguay, sus autores afirman cosas como que la calidad del aire de Gualeguaychú no se verá afectada porque “el viento va de la Argentina al Uruguay”. Esta simplificación, que ahorraría años de estudio a los meteorólogos, es complementada con otros datos equívocos, como que las fábricas estarán ubicadas a 40 kilómetros de la ciudad de Gualeguaychú (cuando las imágenes satelitales las muestran a 25 y 22 kilómetros) y una serie de traspiés reveladores de su pobreza científica. Por ejemplo, al referirse a las especies del río Uruguay identifican al sábalo –de principal importancia ecológica y económica de la región– como “un miembro de la familia de las sardinas”, confundiéndolo con la especie marina de las costas europeas y africanas que, como todo el mundo sabe, sólo llega a las costas del río Uruguay enlatada.

Estas son algunas de las observaciones –ya que no las de fondo, las más vistosas– que la Cancillería argentina señaló al Uruguay en un proceso de discusión que no muestra salidas a la vista. Su problema central, coinciden los técnicos, es en realidad mucho más grave, ya que consiste en la falta de información: el país vecino no ha contestado hasta ahora cómo van a tratar las fábricas sus desechos industriales, a pesar de que la pregunta se viene haciendo desde agosto.

Es este retaceo de la información el que ha cargado a toda la discusión de un aire enrarecido, que favorece que aparezcan las peores sospechas y mantiene la negociación estancada, ahondando el conflicto. Página/12 accedió a los documentos que elaboraron los representantes del gobierno argentino en la Comisión Binacional que los presidentes Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez crearon para buscar una solución al tema. Aquí, el detalle de la situación:

1 ¿Qué tecnología van a utilizar estas plantas?

El sistema Kraft. Harán pasta de celulosa a partir de madera. El primer paso del proceso consiste en triturar los troncos hasta reducirlos a una pulpa, que queda de color amarillento por la lignina, una sustancia que mantiene unidas las fibras de los árboles. Este tipo de pulpa sirve para hacer papel de baja calidad, como el de embalaje o el de diario. Pero si se quiere conseguir papel blanco, esta pulpa debe ser blanqueada. Este es el paso que genera la controversia con las dos empresas.

Inicialmente, las papeleras usaban para el blanqueo cloro elemental. Se comprobó que el método es muy contaminante: el cloro, combinado con sustancias orgánicas, produce dioxinas, agentes que deterioran el sistema inmunológico humano y animal, y son cancerígenos. Por este motivo, aunque todavía quedan fábricas que lo utilizan, desde mediados de los ’80 el cloro se fue reemplazando por otra tecnología que usa dióxido de cloro (el proceso Kraft, o libre de cloro elemental). Esto reduce la contaminación con dioxinas, pero de ninguna manera la elimina ya que, aunque sea en menores proporciones, se sigue tirando cloro al agua.

Existe un tipo de proceso totalmente libre de cloro, pero no es el que usarán ni la española Ence ni la finlandesa Botnia. Según los documentos que las empresas presentaron para instalarse, usarán el Kraft. Esto implica que tomarán agua del río Uruguay y la devolverán a su cauce tras emplear dióxido de cloro en el proceso de blanqueo. En este caso, el gran problema es la escala. Las plantas serán de una enorme magnitud: producirán “un millón de toneladas de celulosa” por año, la finlandesa, y “medio millón de toneladas” la española, según los documentos de la Comisión Binacional. La promesa de las firmas es que las aguas residuales serán tratadas “in situ antes de su vertido en el río”. Pero ni Botnia ni Ence detallaron cómo.

2 ¿Cuál es el riesgo de que contaminen?

Va a depender de cómo se use el cloro, y en qué cantidad. El problema con las dioxinas y los furanos que se viertan al río es que se trata de compuestos con muy poca capacidad para biodegradarse. “Son sustancias tóxicas persistentes”, definió a Página/12 un integrante de la Comisión Binacional, elementos que quedan en la biosfera muchos años después de haber sido liberados y se almacenan en los tejidos de los organismos vivos. En lenguaje técnico, estos compuestos son denominados AOX, halogenuros orgánicos absorbibles. Los técnicos locales advirtieron que el río Uruguay está limpio, pero es un ecosistema frágil. “De acuerdo con los caudales, las concentraciones de AOX en la costa argentina podrían llegar a 0,024 mg/l, lo que implica elevar el valor mínimo detectado en el río doce veces”, señalan en el documento de respuesta al informe del Banco Mundial (“Análisis y observaciones al borrado de estudio de impacto acumulado de la Corporación Financiera Internacional, 16 de enero de 2006”). Un elemento que agrava los riesgos es “la cercanía entre ambos emprendimientos”, ya que las celulosas van a estar separadas por sólo 6 kilómetros. Por eso es posible que los efectos se potencien, en una sinergia negativa.

Está, por otra parte, el problema del aire. Una vez obtenida la pasta de celulosa, las papeleras vuelcan los desechos sólidos a una caldera donde los queman para producir energía. “El humo enviado al aire puede contener azufre, que en contacto con las nubes genera dióxido de azufre, es decir lluvia ácida”, sostuvo el consultado. “Existen procedimientos para tratar las emisiones y limpiarlas de azufre. Si se realizan, los riesgos se pueden controlar. Pero de todas formas, el mejor proceso no es el Kraft, sino el libre de cloro.” Los negociadores revelan un dato que caldea la discusión con el Uruguay: en Colonia existe una pequeña fábrica de papel, Fanapel, que trabaja con el sistema más contaminante, con cloro elemental. La empresa ha propuesto cambiar su tecnología a la libre de cloro. “Ence y Botnia, con su enorme tamaño, deberían utilizar el mismo método”, consideran aquí.

3 ¿Qué datos niegan las empresas?

Lo más grave es que no detallan qué tratamiento van a darles a los efluentes líquidos y los gases que emitan. Al igual que en cualquier industria, hay procedimientos técnicos específicos, ¿cómo evaluarlos si no se sabe en qué consistirán? Este pedido de información lleva cinco meses. Fue formulado inicialmente el 3 de agosto en Montevideo, en la reunión inaugural del Grupo Técnico de Alto Nivel (GTAN).

Las respuestas dilatorias que dio el Uruguay desde entonces fueron:

- “Se dispondrá de esta información detallada, por ejemplo del tratamiento de efluentes, en los tiempos correspondientes”.

- “En relación con el punto 7 (allí se pedían los manuales de procedimiento con medidas de control y correctivas), ambas empresas disponen de sendas declaraciones de política ambiental, las cuales figuran en sus respectivas páginas web”, y

- “Las preguntas pendientes fueron trasladadas al emprendatario, sin haber recibido aún el retorno correspondiente. La información será remitida a la Delegación Argentina en cuanto esté disponible” (respuesta enviada luego de tres meses de espera).

4 ¿Por qué la Argentina rechaza el informe encargado por el Banco Mundial?

Porque, aunque también carece de esta información, promete que no van a ocurrir inconvenientes ambientales. En este sentido, el análisis del Banco Mundial, dice la Cancillería, es de un “optimismo infundado”. Los datos sobre el diseño y la operación de las plantas son tan pobres que no alcanzan “el nivel de descripción de una planta típica que puede encontrarse en la bibliografía”. La información faltante fue suplantada, entonces, por manifestaciones de esperanza. Por ejemplo:

- “Las emisiones de contaminantes del aire (...) serán controladas usando la mejor tecnología disponible (...) y no se espera que afecten la salud”.

- “Los efluentes líquidos (...) serán tratados según normas internacionales (...) por lo que presentan un muy bajo riesgo para la vida acuática”.

Como fue mencionado al inicio de esta nota, el Banco Mundial luce sus capacidades retóricas al hablar de la cuestión de los vientos, un tema clave para prever cuánto del olor a huevo podrido característico de las papeleras va a llegar a la turística Gualeguaychú. Luego de asegurar que el viento va de la Argentina al Uruguay, y en un esfuerzo para desmerecer los registros que lo contradicen, el informe dice cosas como que el viento va del Brasil al Paraguay y proviene del oeste en Mar del Plata, aunque aquella zona no tenga relación alguna con la de las papeleras.

La conclusión argentina es que, teniendo en cuenta el carácter intrínsecamente contaminante del proceso Kraft, el tamaño de las papeleras (que van a procesar un millón y medio de toneladas de pasta de celulosa por año), la cercanía entre ambos emprendimientos (de 6 kilómetros), la fragilidad ambiental del río Uruguay y los usos que se da al agua (consumo humano, recreación con contacto directo), es necesario tomar medidas antes de que comiencen a funcionar.

Los vecinos de Gualeguaychú reclaman, en este sentido, que las obras se frenen y se realice un estudio ambiental independiente. ¿Quién puede tomar la decisión de suspender las construcciones? “Sólo el Estado uruguayo, un soberano”, dicen los negociadores argentinos. El próximo fin de semana la Comisión Binacional terminará su trabajo sin haber llegado a un acuerdo. Aunque entonces quedará abierta la vía de los tribunales internacionales, esta opción no convence al gobierno argentino (ver página 4), que considera que la mejor solución es un acuerdo racional entre las partes. Pero eso, por ahora, parece más que difícil. www.ecoportal.net

* Diario Página 12, publicado el 22/01/2006

 

Esto que va a pudrir las aguas y secar las tierras

Por Eduardo Galeano

Esta concentración está alimentada por una esperanza colectiva, una esperanza que compartimos todos de que el gobierno escuche otras voces y no sólo las voces que lo urgen a tomar decisiones apuradas en relación con temas fundamentales que son importantes para el país. Porque hay decisiones que toman 15 minutos o veinte pero después tienen consecuencias durante siglos.

Y ahora se da como un hecho consumado que el gobierno aprobó o puso su visto bueno a la instalación de las plantas de celulosa en Fray Bentos. Lo que nosotros habíamos solicitado en un manifiesto que firmamos y lo que después hemos subrayado una vez y dos, y veinte veces, es la necesidad de que antes de tomar una decisión que nos parece grave y que puede implicar el envenenamiento del río y la reducción del poco humus que nos queda en la tierra, esto que va a pudrir las aguas y secar las tierras, que no es de ninguna manera obra de la imaginación sino que es la enseñanza triste que han dejado las fábricas de celulosa por la experiencia ya realizada en tierras vecinas sobre todo, en Chile, en Argentina; bueno pues, que se escuchen esos testimonios y que antes de tomar una decisión se piense mucho en lo que se va a hacer. Que se escuchen voces diversas porque esto de las voces diversas al fin y al cabo es también una tradición del Frente. El Frente Amplio [coalición de izquierda en el gobierno] se llama amplio por eso, porque nació queriendo ser amplio; una conjunción de conciencias unidas bajo banderas comunes pero que vienen de lugares diversos y que pueden tener opiniones diversas.

Alguien dijo, no sé si Artigas -probablemente Artigas- que la contradicción es la única prueba de la libertad. Pero yo además creo que la contradicción es la prueba de la vida, porque la vida es contradictoria y no hay que tenerle miedo. Nosotros tenemos la certeza también abonada por la experiencia histórica de que cuando se confunde la unidad con la unanimidad no se llega a buen puerto porque no existe una verdad única, sino una suma de verdades que resultan de la contradicción de las muchas verdades que la verdad contiene. Entonces, no le tenemos miedo a la contradicción y no nos importa, realmente no nos importa que nos llamen traidores por discrepar.

¿O acaso hemos vuelto a los tiempos de la Santa Inquisición y ahora nos van a quemar con leña verde, por creer que alguna de las medidas que el gobierno está tomando son equivocadas o apresuradas? No compañeros, yo creo que hay que reivindicar el derecho a la divergencia dentro de la confluencia y que esa es nuestra mejor manera de ayudar al gobierno a gobernar.

¿Por qué? Porque este gobierno no nació de la oreja de una cabra y no fue votado por un señor que se llama mercado, que parece que es el que nos está tomando los deberes.

Porque ahora se dice: No, lo que pasa (me lo dicen amigos, gente querida, compañeros que quiero), me dicen: Eduardo, vos no entendés que el mercado está satisfecho. Les digo: ¿El mercado? Me dicen: esto no, porque el mercado no quiere. ¿El mercado? Y pregunto: ¿y ese Sr. Mercado es uruguayo? ¿Tiene Credencial Cívica? ¿Votó? ¿Fue votado? ¿Quien votó por el Sr. Mercado?

El Frente Amplio no tiene que rendir cuentas al Sr. Mercado pero si está obligado a rendir cuentas al pueblo que lo votó. En estos días, en estos tiempos, estamos viviendo -yo creo no sólo el Frente, el gobierno, sino el país todo- tiempos muy difíciles. Sin duda que el gobierno ha heredado un país hipotecado, endeudado hasta la manija, cuyos márgenes de soberanía se han estrechado, se han hecho cada vez más angostitos. Y entonces se vive un clima en el cual es muy difícil decir algunas cosas, y yo lo comprendo.

Comprendo que pueda haber sectores de la población, como ahora ocurre con algunos sectores en Fray Bentos, que estén contentos con la idea de que van a trabajar. Porque este es un país desmantelado, donde el trabajo se ha convertido lamentablemente en un privilegio de pocos. Entonces la defensa ecologista del medio, de la tierra, del agua y también de la salud humana parece una cosa de marcianos. Porque se vive un clima semejante al de aquella película (probablemente algunos de los que están acá la vieron) "Bienvenido Mr Marshall", en la que había un pueblo español enloquecido porque venía Mr. Marshall que iba a traer la plata, o sea, las inversiones, que es otra cosa de la que hablan ahora los expertos todo el tiempo, día y noche.

Hablando de las inversiones, me hace acordar al episodio aquel, que vivimos no hace mucho, no recuerdo exactamente, cuando buena parte de este país quedó enferma de tortícolis por mirar al cielo esperando el avión que iba a traer los 3 mil millones de dólares que habían sido prometidos por un embajador de los Estados Unidos que es muy meterete, que por cierto ahora está urgiendo al Parlamento que apruebe una ley de inversiones que contiene cláusulas coloniales humillantes para el país.

Este señor meterete no se ha enterado de que el país cambió, porque la gente votó para que el país cambiara, y cosas que antes resultaban normales, humillaciones aceptadas  ahora ya pasan a ser ofensas graves a la dignidad nacional recuperada. Y yo creo que es no sólo nuestro legítimo derecho sino también nuestra obligación, nuestro deber, recordarle a este gobierno que muchos sentimos que es nuestro gobierno, recordarle que la dignidad es su obligación principal y que no se equivocó aquel jefe que dijo: ”NO VENDEREMOS EL RICO PATRIMONIO DE LOS ORIENTALES AL BAJO PRECIO DE LA NECESIDAD” [Artigas] Gracias".
 
Grupo Guayubira, Uruguay

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