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Asunto: La impunidad de los contaminadores
Fecha:Jueves, 27 de Noviembre, 2014  14:08:07 (-0300)
Autor:Antonio Elio Brailovsky <brailovsky @...............ar>

ÔĽ¿

 
Queridos amigos:
 
Mientras hablamos de sustentabilidad, los pa√≠ses de Am√©rica Latina est√¡n siguiendo un modelo de crecimiento basado en las formas m√¡s brutales de contaminaci√≥n. Se usan masivamente plaguicidas cuyo impacto sanitario y ambiental se desconoce. Se apuesta a la gran miner√≠a que usa cianuro en los mismos r√≠os que la gente usa para beber y regar. Se aprueban proyectos de fracking sin saber qu√© sustancias qu√≠micas se emplean all√≠ y, en casos extremos (como el de Argentina), los legisladores aprueban convenios con multinacionales a libro cerrado sin poder leer qu√© est√¡n aprobando.
 
Esto nos genera una sola certeza, y es que va a haber v√≠ctimas de esta modalidad de capitalismo salvaje extractivo. ¬¿Al menos nos estamos preparando para dar alguna forma de justicia a esas v√≠ctimas?
 
La respuesta es previsiblemente negativa: nuestro sistema jur√≠dico est√¡ preparado para dar impunidad a quienes cometan desastres ambientales, aunque causen v√≠ctimas en forma masiva.
 
Perm√≠tanme que les cuente una historia. En Italia, despu√©s de una lucha de casi una generaci√≥n, condenaron al due√Īo de una f√¡brica de amianto que hab√≠a causado miles de enfermos y muertos. Demostrados de un modo absolutamente contundente los da√Īos producidos y condenado el empresario, la Justicia italiana lo dej√≥ en libertad porque dijo que la causa hab√≠a prescripto.
 
All√≠ los italianos se enteraron de que los homicidios cometidos con un rev√≥lver tardan largo tiempo en prescribir, pero los cometidos con sustancias qu√≠micas prescriben a toda velocidad. √Čsa es la parte de las leyes que la gente no suele leer.
 
Conoc√≠ al empresario condenado e impune, Stephan Schmidheiny, en una jornada acad√©mica, realizada en Bariloche en 1998. Ven√≠a a promocionar su Fundaci√≥n, que apoyar√≠a desinteresadamente, dijo, a los grupos ambientalistas de todo el mundo. El di√¡logo gener√≥ inquietudes, ya que parec√≠a que el simp√¡tico personaje ocultaba algo:
-¬¿Usted de qu√© se ocupa?
-Hago negocios diversos.
-¬¿Qu√© es Avina? (Su fundaci√≥n)
-Un nombre de fantasía.
-¬¿D√≥nde queda su oficina?
-Yo viajo mucho. Est√¡ en mi computadora.
-¬¿Qu√© cantidad de dinero puede ofrecer en donaci√≥n?
-Ilimitada.
Ingenuamente, cre√≠mos que trabajaba para la CIA. No sospech√¡bamos la sombra siniestra de una de las peores industrias de la historia y su operativo de lavado de imagen.
 
Hoy el amianto est√¡ prohibido pero no hay dificultades en conseguirlo en cualquier lugar que lo busquemos. Stephan Schmidheiny est√¡ condenado por miles de enfermos y muertos y sigue en libertad por normas semejantes a las que permitir√¡n la impunidad de los que est√¡n poniendo en marcha grandes proyectos extractivos, salvo que hagamos algo para cambiar esas leyes.
 
En esta entrega, ustedes reciben:
  • Un detallado informe sobre el tema de Eliane Brum, publicado recientemente en el diario El Pa√≠s, de Espa√Īa. Me gustar√≠a ver en nuestros medios de comunicaci√≥n informes semejantes con una frecuencia mucho mayor de la que tenemos ahora. Tal vez una mirada sobre los anunciantes de los medios oficialistas y de oposici√≥n, progresistas y conservadores, nos ayude a comprender las razones de esa omisi√≥n. As√≠ como Stephan Schmidheiny financiaba a los ecologistas para disuadirlos de denunciarlo, los grandes contaminadores hacen lo mismo con los medios de comunicaci√≥n masiva.
  • El recordatorio de mi novela "Mariano Moreno, Tiempo de Opresi√≥n" y el contacto con el editor para quienes quieran adquirirlo. All√≠ Moreno, uno de los revolucionarios de 1810, descubre el sufrimiento ambiental de los ind√≠genas sometidos a la explotaci√≥n extractiva durante la √©poca colonial. Creo, como docente, que a√ļn no hemos explorado lo suficiente el uso de la narrativa en la ense√Īanza de la historia ambiental. Una novela nos muestra los sentimientos vivos de los seres humanos, lo que a veces queda oculto en la frialdad de las estad√≠sticas.
  • La obra de arte que acompa√Īa esta entrega est√¡ en la tapa del libro, que reproduzco m√¡s abajo. Es un grabado de Theodore de Bry, que muestra la explotaci√≥n de los ind√≠genas en los socavones del Potos√≠ en el siglo XVII.
 Un gran abrazo a todos
 
Antonio Elio Brailovsky
 

 EL PA√ćS Edici√≥n Nacional del mi√©rcoles 26 de noviembre de 2014 ¬Ľ
Romana y el billonario del amianto: el dolor que no prescribe

                                                          Por Eliane Brum

La italiana que se convirtió en símbolo de la lucha contra la fibra asesina es una de las víctimas derrotadas por Stephan Schmidheiny en el tribunal que avergonzó a Italia


 

Cuando la entrevist√©, dos a√Īos atr√¡s, me dijo que ya no lloraba. En alg√ļn momento de su lucha contra Eternit, las l√¡grimas se secaron dentro de Romana Blasotti Pavesi. Pasamos una tarde y una ma√Īana conversando en su apartamento en Casale Monferrato. Resulta dif√≠cil creer a primera vista que en la peque√Īa ciudad del Piamonte la tragedia respira entre calles y paisajes de cine italiano, en las vitrinas de las confiter√≠as donde los krumiris, las deliciosas galletas de Casale, se ofrecen a quien pasa. Entonces personas como Romana comienzan a hablar. Y cuando hablan enumeran sus muertos. Y la narraci√≥n una vez m√¡s desafina con el escenario del apartamento en el que su soledad es acompa√Īada por una poblaci√≥n de bibelots bien ordenados y coloridos, una colecci√≥n de peque√Īos elefantes de todas las formas, or√≠genes y texturas, la mayor√≠a con la trompa hacia arriba. Le pregunto si dan buena suerte y ella me responde que as√≠ parecen felices. Romana se excusa un momento, con permiso dice, y desaparece en el cuarto. Vuelve de all√≠ con una caja. De dentro de ella saca con la punta de los dedos un cabello largo y raro con diferentes matices de dorado y rojo. Bello, molto bello. Es de Maria Rosa, dice. La hija de Romana fue la quinta de su familia en morir por el c√¡ncer del amianto.

Roman Blasotti Pavesi, en su apartamento, en la ciudad italiana de Casale Monferrato en 2012 / JO√ÉO LUIZ GUIMAR√ÉES

Romana es la presidenta de la Asociaci√≥n de Familiares y V√≠ctimas del Amianto de Casale Monferrato. La ciudad fue la se√Īalada por la f√¡brica de Eternit instalada all√≠ en 1906. Durante d√©cadas, considerada el lugar id√≥neo para los obreros, hasta que los primeros comenzaron a caer por enfermedades provocadas por el material conocido tambi√©n como asbesto. Despu√©s, ya no eran los trabajadores que estaban en contacto directo con la fibra, sino residentes que nunca hab√≠an pisado el suelo de la f√¡brica. Profesores, m√©dicos, periodistas, profesionales de todo tipo que habitaban la ciudad comenzaron a morir de enfermedades causadas por el amianto. La contaminaci√≥n ambiental ya se hab√≠a consumado y las d√©cadas ser√≠an atravesadas por la tragedia. Romana afirma que m√¡s de 40 nuevos casos de mesotelioma, un c√¡ncer agresivo y fatal provocado por el amianto, surgen cada a√Īo en la ciudad.

Casale Monferrato entonces se levant√≥ y lider√≥ un proceso hist√≥rico en la justicia italiana contra el billonario suizo Stephan Schmidheiny y el bar√≥n belga Louis de Cartier de Marchienne, este √ļltimo muerto durante el juicio. Stephan Schmidheiny es heredero de la familia que fund√≥ la Eternit suiza y estableci√≥ f√¡bricas de amianto por varios pa√≠ses a lo largo del siglo XX, incluso en Brasil, sembrando la muerte. En 1976, asumi√≥ la direcci√≥n de los negocios y, seg√ļn su versi√≥n, habr√≠a decidido abandonar la producci√≥n de amianto al descubrir que la fibra causaba enfermedades fatales. La Eternit suiza solo sali√≥ de las manos de la familia m√¡s de una d√©cada despu√©s, a finales de los ochenta. El grupo dej√≥ la producci√≥n cuando el amianto ya se hab√≠a convertido en un esc√¡ndalo de salud p√ļblica en Europa con miles de v√≠ctimas y demandas de indemnizaci√≥n. El primer pa√≠s en desterrar el amianto fue Islandia, en 1983, seguida pronto por Noruega, en 1984. En 2005, el material fue prohibido por la Uni√≥n Europea. Hoy est√¡ proscrito en 66 pa√≠ses del mundo, una lista de la cual Brasil no forma parte. Con la venta de las participaciones del grupo suizo Eternit, todo el pasivo ambiental y humano qued√≥ atr√¡s.

A lo largo del proceso de la Justicia italiana, los fiscales revelaron una telara√Īa de centenares de muertos y enfermos, la mayor√≠a de Casale Monferrato. Hombres y mujeres contaban c√≥mo perdieron padres, madres, hijos y hermanos de c√¡ncer, algunos enfermos solo tuvieron tiempo de declarar antes de morir. Adem√¡s del mesotelioma, la asbestosis, conocida como Pulm√≥n de piedra, es otra enfermedad progresiva y fatal causada por el amianto. En este caso, la inhalaci√≥n de la fibra provoca un ininterrumpido proceso de cicatrizaci√≥n que va endureciendo el √≥rgano hasta impedir los movimientos de espiraci√≥n e inspiraci√≥n. Las v√≠ctimas de la asbestosis mueren lenta y dolorosamente por asfixia. En Brasil, era en ese momento cuando empresas como Eternit mandaban a sus representantes a los hospitales para que los trabajadores en plena agon√≠a firmasen un documento aceptando una indemnizaci√≥n irrisoria a cambio de la vida que acababa, impidiendo as√≠ que sus familias iniciasen acciones judiciales despu√©s de su muerte.

Marcada por miles de muertos y enfermos, Casale Monferrato lideró en la Justicia un proceso histórico contra el billonario del amianto

El marido de Romana, Mario Pavesi, ya padec√≠a asbestosis cuando comenz√≥ a sentir la punzada en la espalda que anunciaba el mesotelioma. Mario era un hombre reservado, guardaba su mundo dentro de s√≠, y durante meses mantuvo el secreto del aguijonazo persistente. Ya hab√≠a visto muchos compa√Īeros de f√¡brica tener ese mismo s√≠ntoma y morir despu√©s. Un d√≠a, de repente, Mario dej√≥ escapar un gemido. Y Romana supo que la atm√≥sfera de la casa iba a cambiar de forma inexorable, porque aquel hombre no gem√≠a.

Mario se hab√≠a quedado hu√©rfano a los 16 a√Īos, obligado a sustentar a la madre y los hermanos peque√Īos. En seguida, la Segunda Guerra incendi√≥ Europa y fue enviado como soldado a uno de sus frentes m√¡s duros, el de los Balcanes. En el d√≠a en el que se materializ√≥ ante Romana, en una osad√≠a rara para aquel muchacho demasiado serio, hac√≠a apenas un a√Īo que hab√≠a regresado de Yugoslavia. Nunca se hab√≠an hablado pero Mario ya se present√≥ con intenciones de casamiento. D√≠as despu√©s vieron Ninotchka en el cine. Mario ya hab√≠a visto la pel√≠cula, pero como Romana se volv√≠a loca con Greta Garbo, fingi√≥ que era su primera vez. Se casaron siete meses despu√©s. En 1957, ya con sus hijos Ottavio y Maria Rosa, Mario entr√≥ en Eternit, donde trabajar√≠a durante 20 a√Īos. Cuando sinti√≥ la punzada en la espalda, estaba jubilado. Muri√≥ de mesotelioma la noche del 15 de mayo de 1983, a los 61 a√Īos. Poco antes de morir, Mario sali√≥ de su inconsciencia y tendi√≥ la mano a Romana. Ella la retuvo durante un largo silencio. Despu√©s de una vida, se despidieron as√≠. Romana no hubiera podido adivinar en aquel momento que su trayectoria cambiar√≠a radicalmente de curso, y que el hombre que amaba ser√≠a solo el primero de su familia sepultado por el amianto. En ese tiempo, Romana a√ļn lloraba.

Familia amputada: despu√©s del amianto, solo quedan Romana y su hijo Ottavio. / ARCHIVO DE FAMILIA

Como las enfermedades provocadas por el amianto, como el mesotelioma, tienen un largo tiempo de latencia, en algunos casos d√©cadas, el pico de la tragedia de salud p√ļblica sucede a veces con la f√¡brica ya cerrada. Italia desterr√≥ el amianto en 1992, pero a√ļn hoy contin√ļa la batalla con el esc√¡ndalo sanitario. En Brasil, la fibra solo est√¡ prohibida en seis Estados: Rio Grande do Sul, S√£o Paulo, Pernambuco, Rio de Janeiro, Mato Grosso y Minas Gerais. En la actualidad, el pa√≠s es el tercer productor mundial, el tercer exportador y el cuarto usuario de amianto. Mientras la fibra va desapareciendo de los barrios m√¡s nobles del centro-sur, sigue peligrosamente abundante en favelas y periferias, as√≠ como en las casas de de quilombolas [descendientes de esclavos], ribeirinhos[poblaciones que viven de la extracci√≥n de recursos en la ribera de los r√≠os, en particular los amaz√≥nicos], de peque√Īos agricultores e ind√≠genas.

Desde las √ļltimas d√©cadas del siglo XX, Brasil viene coleccionando muertes de trabajadores, as√≠ como de familiares que tuvieron contacto con las ropas sucias de amianto, por asbestosis y mesoteliomas. Hay varios expedientes en la Justicia buscando la forma de desterrar el amianto del pa√≠s, as√≠ como de indemnizar a las v√≠ctimas, pero la industria exhibe un lobby poderoso influyendo en el actual gobierno, en el Congreso y en el Poder Judicial. Las muertes de centenares de brasile√Īos, la mayor√≠a trabajadores, y la tragedia de salud p√ļblica que se avecina con la contaminaci√≥n medioambiental tienen mucho menos visibilidad que el sentido com√ļn y la responsabilidad p√ļblica permitir√≠an, lo que convierte la persistencia del amianto en Brasil en una caja negra a√ļn por ser totalmente desvelada.

Antes de morir, Mario tendi√≥ la mano a Romana.  As√≠ se despidieron 

En Italia, las v√≠ctimas y familiares de v√≠ctimas llevaron al billonario suizo a la Justicia y consiguieron condenarlo en dos instancias. El 13 de febrero de 2012, Stephan Schmidheiny fue condenado por un Tribunal de Tur√≠n a 16 a√Īos de prisi√≥n y al pago de 100 millones de euros. El delito fue descrito como ‚Äúdesastre ambiental doloso permanente y omisi√≥n dolosa de medidas de seguridad para los trabajadores‚ÄĚ. El 3 de junio de 2013, la sentencia no solo fue confirmada en la corte de apelaci√≥n, sino ampliada de 16 a 18 a√Īos de prisi√≥n. Todo indicaba un desenlace victorioso para aquellos que perdieron su propia vida o la vida de aquellos que amaban, en el juicio en √ļltima instancia, celebrado en Roma.

Y entonces, el mi√©rcoles 19 de noviembre de 2014, lo inimaginable sucedi√≥. Ante las v√≠ctimas de Casale Monferrato y de otras regiones, la corte italiana anul√≥ la condena de Stephan Schmidheiny: no por inocencia del reo, sino porque el delito hab√≠a prescrito. Se dijo en el tribunal que era una decisi√≥n acorde al Derecho, y no a la Justicia. ‚ÄúA veces el Derecho y la Justicia toman direcciones opuestas, pero los jueces no tienen alternativa: deben seguir el Derecho‚ÄĚ, dijo Francesco Iacovello, procurador general de la Corte de Casaci√≥n de Roma. En un comunicado, la Corte afirm√≥ que ‚Äúla acusaci√≥n era de delito ambiental y no de homicidio‚ÄĚ. Y, por tanto, ‚Äúno podr√≠a ignorar la expiraci√≥n del plazo de prescripci√≥n que comenz√≥ a contar a partir de 1986, cuando Eternit cerr√≥ sus f√¡bricas en Italia‚ÄĚ.

Coleccionando muertes de trabajadores, Brasil es el tercer productor mundial, tercer exportador y cuarto usuario de amianto

La conmoci√≥n dur√≥ apenas un segundo antes del primer grito, que luego se transform√≥ en clamor: ‚Äú¬¡Verg√ľenza! ¬¡Verg√ľenza! ¬¡Verg√ľenza!‚ÄĚ. V√≠ctimas, familiares de v√≠ctimas, vecinos de la ciudad contaminada parec√≠an heridos de muerte. La escena era impresionante. Iba a ser una victoria hist√≥rica, que tendr√≠a impacto en las v√≠ctimas del mundo y contribuir√≠a a acelerar la desaparici√≥n del amianto de pa√≠ses como Brasil. Y de nuevo el poder econ√≥mico ‚Äďy por consecuencia el pol√≠tico- venci√≥. Para algunos que observaban desde fuera, estaba claro que solo podr√≠a haber sido ese el desenlace, porque esa ha sido siempre la l√≥gica del mundo. Pero, en los √ļltimos a√Īos, los habitantes de Casale Monferrato y todos aquellos que perdieron padres, madres, hermanos, hijos en la brutal agon√≠a provocada por las enfermedades del amianto creyeron que podr√≠an alterar el curso de la Historia. ‚ÄúNo es posible que la demanda por justicia prescriba en algunos casos‚ÄĚ, afirm√≥ a la prensa Matteo Renzi, primer ministro italiano. ‚ÄúHay heridas que no conocen l√≠mites de tiempo‚ÄĚ. En Casale Monferrato, las campanas de todas las iglesias sonaron al mismo tiempo en se√Īal de luto. Uno de los l√≠deres de la lucha de las v√≠ctimas, Bruno Pesce, anunci√≥ que, en la semana en la que el pr√≠ncipe del amianto, Stephan Schmidheiny, venci√≥, dos vecinos de Casale Monferrato murieron de mesotelioma. Y murieron derrotados de todas las maneras posibles.

A los 85 a√Īos, Romana Blasotti Pavesi se descubri√≥ vencida. Su batalla contra Stephan Schmidheiny no fue la m√¡s importante de su existencia. La muerte de quien se ama es siempre la mayor batalla perdida en una vida humana. Y Romana vio primero a su marido, Mario, despu√©s a su hermana, Libera, en seguida a su prima Anna, el siguiente fue Giorgio, su sobrino, y por fin, aunque nunca se sepa si acab√≥, Maria Rosa, la hija. Todos muertos por mesotelioma, el c√¡ncer del amianto. ‚ÄúNo es venganza‚ÄĚ, repiti√≥ siempre Romana. ‚ÄúNuestra lucha contra Stephan Schmidheiny es por todo lo que √©l representa‚ÄĚ. La vieja mujer desv√≠a el extraordinario azul de sus ojos hacia dentro, al lugar de los recuerdos, y dice: ‚ÄúNo siento rencor por el responsable de toda esta tragedia, pero si √©l tuviese la posibilidad de acompa√Īar a un enfermo que le fuese querido, de principio a fin, tal vez pudiese entender algo‚ÄĚ.

La sentencia de Stephen Schmidheiny fue anulada por prescripci√≥n del delito, no por su inocencia. V√≠ctimas y familiares gritaban en el tribunal: ¬¡Verg√ľenza!

Fue con la muerte de Maria Rosa, en la b√¡rbara subversi√≥n de la l√≥gica que obliga a una madre a enterrar a su hija, cuando Romana perdi√≥ la capacidad de llorar. Maria fue el nombre que el padre escogi√≥, Rosa lo eligi√≥ la madre. Maria Rosa nunca trabaj√≥ con amianto. En los recuerdos de Romana, uno le sobresalta. Ella y Mario llevando a la entonces peque√Īa Maria Rosa a pasear por los alrededores de la f√¡brica donde el padre era un trabajador orgulloso. Remolinos de polvo se levantaban del material descartado, era hasta bonito. Y entonces Maria Rosa, ya adulta y madre de un hijo, aparece en casa de la madre: ‚ÄúTengo mesotelioma‚ÄĚ. Hab√≠a atribuido el dolor de la espalda a una ca√≠da ocurrida cuando esquiaba. La radiograf√≠a revel√≥ la verdad brutal. Su √ļltimo gesto, en agosto de 2004, fue vencer la fragilidad de su cuerpo machacado por el c√¡ncer para abrazar a su hijo, Michele, con una fuerza que nadie sabe de sonde sac√≥.

Familia amputada: después del amianto solo quedan Romana y su hijo Ottavio. /ARCHIVO DE FAMILIA

Con la mitad de la familia amputada por el amianto, Romana dedic√≥ las √ļltimas d√©cadas de su existencia a buscar justicia. Mientras ella y sus compa√Īeros de lucha se organizaban, la mayor√≠a de ellos cargando certificados de defunci√≥n de familiares y compa√Īeros de trabajo, Stephan Schmidheiny llevaba adelante una de las m√¡s fascinantes y exitosas operaciones de lavado de biograf√≠a ‚Äďogreenwashing- de la historia reciente (lea el art√≠culo sobre eso aqu√≠). Pronto pas√≥ a ser llamado por la prensa internacional de ‚Äúfil√¡ntropo‚ÄĚ y, por parad√≥jico que parezca, ‚Äúambientalista‚ÄĚ y ‚Äúecologista‚ÄĚ. Fue una de las estrellas de la R√≠o-92, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo, y cre√≥, entre otras organizaciones, Avina: una fundaci√≥n dedicada a programas ambientales y de reducci√≥n de la pobreza que act√ļa tambi√©n en Brasil. Entre los honores que le fueron ofrecidos, figuran el titulo de doctor honoris causa en humanidades por la universidad estadounidense de Yale y la Orden de la Cruz del Sur, que le fue concedida por el entonces presidente brasile√Īo Fernando Henrique Cardoso.

En el sitio web de Avina, el hombre llevado a la Justicia por las v√≠ctimas del amianto como un criminal socioambiental es presentado como ‚Äúpionero de la lucha contra el amianto‚ÄĚ. La noticia de la anulaci√≥n de su sentencia por la corte italiana se publica bajo la llamada ‚Äúdesarrollo sostenible‚ÄĚ. En posicionamiento con fecha de este mes de noviembre, as√≠ se manifiesta Avina: ‚Äú(‚Ķ) contraria a que se siga empleando amianto en cualquier tipo de industria. Por eso las autoridades p√ļblicas de todas las naciones deben normalizar y regular la prohibici√≥n de la producci√≥n y uso del amianto, adem√¡s de desarrollar acciones de protecci√≥n de la ciudadan√≠a de las v√≠ctimas afectadas por √©l‚ÄĚ.

En su defensa, el magnate suizo suele afirmar que desconoc√≠a el potencial destructivo del amianto. Seg√ļn su versi√≥n, cuando supo que la fibra era cancer√≠gena, decidi√≥ abandonar el sector. En un comunicado despu√©s de la anulaci√≥n de la sentencia, portavoces de Stephan Schmidheiny afirmaron: ‚ÄúLa defensa espera que el estado italiano proteja a Stephan Schmidheiny de futuros procesos criminales injustificados y cierre todos los procesos actuales‚ÄĚ.

La hija Maria Rosa fue la quinta persona que Romana perdi√≥ por el c√¡ncer de amianto

L√≠deres de la lucha por la desaparici√≥n del amianto, v√≠ctimas y familiares contestan la inocencia del heredero de la Eternit suiza presentando documentos que comprueban que la relaci√≥n entre el amianto y las enfermedades como asbestosis se conoce desde comienzos del siglo XX. En los a√Īos sesenta del mismo siglo ya estaba documentada la relaci√≥n entre la fibra y el mesotelioma. En Brasil, la f√¡brica de Eternit en el municipio paulista de Osasco se instal√≥ a comienzos de la d√©cada de los cuarenta, cuando ya se conoc√≠a el potencial destructivo del amianto. Stephan Schmidheiny lleg√≥ a hacer una especie de pr√¡cticas en la f√¡brica brasile√Īa, uno de los argumentos que usa al afirmar que desconoc√≠a los males causados por la fibra. En el proceso judicial italiano qued√≥ claro que, en 1976, ante las crecientes noticias sobre la relaci√≥n entre asbesto y patolog√≠as fatales, la industria promovi√≥ una conferencia en Alemania para discutir estrategias para hacer frente al problema sin dejar de producir amianto, de la cual Stephen Schmidheiny particip√≥.

Seg√ļn las v√≠ctimas, aunque fuese posible aceptar que el desconocimiento sobre el car√¡cter t√≥xico del amianto fuese de hecho real, nada explica que el grupo hubiera vendido Eternit: una transacci√≥n comercial lucrativa que supuso la continuidad de las operaciones, aunque en manos de otros due√Īos, como pasa en Brasil y en otros pa√≠ses en los que la fibra a√ļn no ha sido prohibida. Se√Īalan incluso la imposibilidad de justificar el abandono del pasivo ambiental y humano consumado, mientras la fortuna de la familia Schmidheiny se constru√≠a. ‚ÄúStephan Schmidheiny obtuvo en la Justicia una victoria formal‚ÄĚ, afirma la ingeniera brasile√Īa Fernanda Giannasi, auditora jubilada del Ministerio de Trabajo de Brasil y una de las l√≠deres mundiales en la lucha por la desaparici√≥n del amianto. ‚ÄúPara el resto de su vida va a tener que convivir con ese estigma. No le permitiremos olvidar ni por un minuto lo que √©l hizo contra la humanidad‚ÄĚ.

La voz de las v√≠ctimas tiene mucho menos resonancia, sin embargo, que la poderosa operaci√≥n de marketing internacional invertida en el cambio de imagen de aquel al que consideran su verdugo. La financiaci√≥n de acciones de caridad y de programas socioambientales por Stephan Schmidheiny ha silenciado a varias personas hist√≥rica y profesionalmente ligadas a la defensa de los derechos humanos y del medioambiente en el mundo y tambi√©n en Brasil. Es parte de la explicaci√≥n del porqu√© las victimas del amianto, considerado una de los mayores tragedias de salud p√ļblica de la historia de la humanidad, entablan sus batallas solos, aislados de parcelas de la sociedad que, por l√≥gica, deber√≠an luchar a su lado.

Mientras las víctimas luchaban por la justicia, el billonario del amianto emprendía una exitosa operación de lavado de biografía

Romana, como un personaje shakesperiano, se encontr√≥ lanzada al ruido y la furia de fuerzas poderosas. Ella, que empez√≥ su vida trabajando como empleada dom√©stica en las casas de los m√¡s ricos, tuvo la osad√≠a de hacer frente a un billonario homenajeado por revistas como Forbes y universidades como Yale. En el tribunal, al ver agigantarse ante ella el espectro aniquilador de la injusticia, Romana solo consigui√≥ encontrar un adjetivo: ‚ÄúAbominable‚ÄĚ. Despu√©s dir√≠a: ‚ÄúEstoy cansada. Cansada de sufrir y de ver personas morir a mi alrededor. La decepci√≥n duele como jam√¡s habr√≠a podido imaginar‚ÄĚ.

Los a√Īos se acortan ante ella. Pero Romana sabe que, mientras hay vida, la escritura de la Historia puede ser peleada. Abandon√≥ el tribunal protegida por el √ļnico hijo que le qued√≥, Ottavio. Y no llor√≥.

Romana en lo que queda de la f√¡brica de amianto Eternit que contamin√≥ la ciudad y caus√≥ cientos de muertes por mesotelioma. / JO√ÉO LUIZ GUIMAR√ÉES

Eliane Brum es escritora, reportera y documentalista. Autora de los libros de no ficci√≥n: Coluna Prestes - o avesso da lendaA vida que ningu√©m v√™O olho da ruaA menina quebradaMeus desacontecimentos. E de novela: Uma duas Web:elianebrum.com. Correo electr√≥nico: elianebrum.coluna@gmail.com Twitter:@brumelianebrum



 
 
 
 
 
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