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Asunto: Los ritmos de la naturaleza - la primavera
Fecha:Sabado, 19 de Septiembre, 2015  10:17:41 (-0300)
Autor:Antonio Elio Brailovsky <brailovsky @...............ar>

 

Queridos amigos:

En Argentina, una dolorosa campaña electoral combina las más duras acusaciones mutuas con la total ausencia de propuestas sobre el ambiente que sostiene nuestras vidas.

Cualquiera que sea nuestro voto, es importante recordar que ningún proyecto viable puede apoyarse en el olvido de las cuestiones ambientales.

Detrás de esos olvidos, están los intereses de quienes lucran con la destrucción del medio natural al que pertenecemos. El reciente derrame de cianuro en una mina de San Juan confirma que las advertencias sobre los riesgos de esa actividad han sido premonitorias. Sin embargo, no hemos visto ninguna preocupación por parte de quienes se disputan la futura conducción el país.

Por eso nuestra insistencia en recordar los ritmos de la naturaleza, como un llamado a incorporar a la agenda política estas cuestiones esenciales.

En esta entrega, ustedes reciben:

§        Un texto de Juan Bautista Alberdi, de su obra “Memoria descriptiva de Tucumán”. Fue escrito en 1834, en un difícil momento de nuestras guerras civiles, y después de haber logrado con gran esfuerzo el indulto de un jefe militar tucumano que había sido condenado a muerte. El texto refleja la influencia romántica de una intensa percepción de la naturaleza. Podemos leerlo también como un llamado a buscar, a través del amor a esa naturaleza compartida, aspectos en común en un país que en ese momento estaba desgarrado por la violencia política. Era mostrar la belleza del paisaje tucumano a quienes sólo podían verlo como un campo de batalla. Años más tarde esos hombres enfrentados se encontrarían a partir de los mismos libros de Alberdi, que serían usados como base para la organización institucional del país. 

     La obra de arte que acompaña esta entrega es un detalle del tapiz de “La Dama y el Unicornio”, que se encuentra en París, en el Museo de la Edad Media de Cluny. De origen flamenco, es una de las grandes obras del arte medieval, particularmente interesante por la ausencia de simbología religiosa. La muchacha lleva un pájaro en la mano y está rodeada de flores por una afortunada característica de este género de obras: los artistas tenían que cubrir de imágenes bordadas cada centímetro de los enormes tapices, para que cada detalle pudiera ser apreciado por las personas que estaban junto a ellos.

.    El recordatorio de mi libro "La Ecología en la Biblia y otras creencias religiosas", una herramienta para situar en su contexto la dura tarea del Papa Francisco por lograr avances en el compromiso ambiental de los países.  El libro ha sido publicado por Maipué y les doy contacto con el editor para quienes tengan interés en adquirirlo. Allí tienen el modo en que se fueron construyendo las ideas que llevaron a la Encíclcica que reclama proteger la Creación.

Quiero saludarlos en el comienzo de la primavera (y del otoño, para los amigos del Hemisferio Norte).

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky.

Tapiz: "La Dama y el Unicornio", detalle. París, Museo de la Edad Media.
 

 

"Es tan extrañamente bello y tan ignorado Tucumán, que es difícil escribir sobre él, sin riesgo de no ser creído. Por donde quiera que se venga a Tucumán, el extranjero sabe cuándo ha pisado su territorio sin que nadie se lo diga. El cielo, el aire, la tierra, las plantas, todo es nuevo y diferente de lo que se ha acabado de ver.

Quise penetrar esta floresta. No fui más sorprendido al ver la pintura que hizo el cantor de Edén, de la entrada del Paraíso. Unos laureles frondosos extendieron primeramente sus copas sobre nuestras cabezas. Un arroyo tímido y dulce se hizo cargo de nuestra dirección. Semejante guía no podía conducirnos mal. Adornaban sus orillas unos bosquecitos de una vara de alto de mirto, cuyas brillantes y odoríficas hojas lucían sobre un ramaje de una limpieza y blancura metálica. Poco a poco nos vimos toldados de una espléndida bóveda de laureles, que reposaba sobre columnas distantes entre sí. Me pasmaba la audacia de aquellos gigantescos árboles que parecía que pretendían ocultar sus cimas en los espacios del cielo.

Un dulce y oloroso céfiro agitaba el cielo de laureles y descendiendo sobre nuestras cabezas vulgares una lluvia gloriosa de sus hojas. Como en las obras maestras de arquitectura, nuestras palabras se propagaban, o como si las musas imitadoras nos las arrebataran para repetirlas en el seno de los bosques.

En la patria favorita de las flores y los pájaros, la primavera no puede ser sino maravillosa. Supóngase que una visión celestial viene a turbar el reposo de Venus, y despierta de repente de un sueño con la risa en la boca y la alegría en los ojos, tendremos entonces una imagen aunque pequeña, pero semejante de la primavera de Tucumán. Lo que principalmente lleva la atención, es, los bosques inmensos de naranjos; que casi rodean el pueblo, cuyas copas visten tan profusamente de flores que parecen nubes de azahar. Bajo esta niebla de perfumes, el alma se enajena. Parece que los pájaros embriagados con los olores, se vuelven más locos, y con sus inquietas alas derraman las flores que caen en lluvia celestial.

Se nota efectivamente en los pájaros que trae la primavera, una especie de locura y enajenamiento que pierden entrado el verano, cuyo significado sólo puede ser comprendido por el que ha vivido largo tiempo lejos de su patria.

Ha vuelto pues la primavera apetecida y con lágrimas sabrosas el viajero saluda después de su larga peregrinación los dulces campos paternales. Entonces no canta sino llora de amor al recorrer el nido en que nació, el río, el árbol, el prado de los juegos de su infancia, y de sus primeros amores.

No todos los árboles florecen a un tiempo. Primeramente asoma la aurora de la primavera en la cima de los lapachos que se tiñen de rosa. Después dan la señal los aromos que se vuelven de oro todo enteros, antes de mostrar una hoja, y lucen aislados en los prados. Más tarde, por sobre la cima de los bosques bajos que limitan los prados, levantan sus copas de oro otros árboles que cargan sus ramas de unas grandes rosas amarillas. De manera que durante los meses de primavera, cada semana ofrece la naturaleza nueva decoración.

El nacimiento y la muerte del día son de una animación extraordinaria. Al ver la morosidad con que se retira el día, se diría que él no abandona aquella deliciosa región, sino con suma pena y lentitud. Absorbiendo el cerro los últimos rayos del sol que corren lánguidamente por la faz de la tierra a caer en nuestros ojos la púrpura de las nubes que coronan las cumbres, aparece de un rojo más luminoso y radiante, y toma el cielo un cierto brillo dulce como  el de un espejo cubierto de un celeste y purísimo velo.

Las montañas no aparecen negras ni sombrías, sino de un azul despierto y alegre. Reflejando las nubes que bajan en las cumbres sus dorados rayos sobre la sombra oriental de las montañas, se viste esta parte de un bello claroscuro que determina en el aspecto de aquellas una transparencia sucesivamente semejante al cristal azul, a la porcelana, a la perla.

Juan Bautista Alberdi: “Memoria descriptiva de Tucumán”, 1834.

 

 
 
 

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