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Defensoría Ecológica
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Asunto: =?UTF-8?Q?Los_ritmos_de_la_naturaleza_=2D_Oto=C3=B1o_en_Buenos_Aires?=
Fecha:Martes, 20 de Marzo, 2018  17:47:34 (-0300)
Autor:Antonio Elio Brailovsky <antoniobrailovsky @.....com>



Queridos amigos:


Vivimos en una sociedad en la que los intereses creados han moldeado la cultura para dificultarnos la percepción de los ritmos de la naturaleza.


Somos parte de la naturaleza, el medio natural nos sostiene, pero continuamente se intenta subestimar su importancia en nuestras vidas.


As√≠, continuos mensajes, impl√≠citos en infinidad de formas de comunicaci√≥n, nos dicen que la naturaleza es algo que no forma parte de nuestro propio cuerpo sino que ocurre fuera de las ciudades, en algunos lugares lejanos. Y tambi√©n nos dicen que el desarrollo tecnol√≥gico ser√¡ capaz de solucionar cualquier problema imaginable, sin decir ni cu√¡ndo lo har√¡, ni si alguien podr√¡ pagar esas soluciones m√¡gicas.


Es significativo el caso de las ciudades, donde la corrupci√≥n inmobiliaria desarrolla viviendas en las zonas de riesgo de inundaci√≥n, para que despu√©s la corrupci√≥n de las obras p√ļblicas pueda vender obras fara√≥nicas que hubieran sido innecesarias con una buena gesti√≥n del territorio.


Tales enga√Īos s√≥lo pueden funcionar si la gente olvida que el ciclo del agua sigue existiendo en el interior de las ciudades.


Por eso nuestra insistencia en recordar los ritmos de la naturaleza.


En esta entrega, ustedes reciben:

  • Un texto de mi libro ‚ÄúHistoria Ecol√≥gica de la Ciudad de Buenos Aires‚ÄĚ, que acaba de publicar la Editorial Maipu√©. Buenos Aires fue fundada en una zona de humedales, que despu√©s fueron rellenados con basuras para urbanizar la zona. La informaci√≥n cient√≠fica est√¡ acompa√Īada de un texto Guillermo Enrique Hudson, que describe el ciclo de las estaciones en esos antiguos humedales porte√Īos.

  • Mi ‚ÄúHistoria Ecol√≥gica de la Ciudad de Buenos Aires‚ÄĚ, muestra la evoluci√≥n ambiental de la ciudad y su √¡rea metropolitana a trav√©s de los siglos, utilizando referencias de las ciencias naturales y sociales y testimonios literarios. Trata de mostrar que el arte y la ciencia son diferentes facetas de la experiencia humana, y el conocimiento no puede utilizar algunas y desechar otras. M√¡s abajo tienen la tapa del libro y el contacto con el editor para quienes tengan inter√©s en adquirirlo. O informaci√≥n para quienes sean docentes y quieran utilizarlo en la ense√Īanza.

  • La obra de arte que acompa√Īa esta entrega es: ‚ÄúOto√Īo y Diagonal‚ÄĚ, del artista argentino contempor√¡neo Lucas de Feo, que muestra una imagen de esa estaci√≥n en el centro de la ciudad, junto al Obelisco.

Quiero saludarlos en el comienzo del oto√Īo (y de la primavera para los amigos del Hemisferio Norte)


Un gran abrazo a todos.


Antonio Elio Brailovsky



‚Ä謆 ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬†‚Äč

‚Ä謆 ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† Lucas De Feo: "Oto√Īo y Diagonal"‚Äč




LOS HUMEDALES DE BUENOS AIRES

Del libro ‚ÄúHistoria Ecol√≥gica de la Ciudad de Buenos Aires‚ÄĚ,

de Antonio Elio Brailovsky, Maipué, 2018

Buenos Aires es el resultado del encuentro de la pampa con el r√≠o. El alto grado de artificializaci√≥n nos hace ver en la ahora un borde n√≠tido que diferencia ambos ecosistemas. Hay en la actualidad un espacio de transici√≥n, que es el √¡rea de la Reserva Ecol√≥gica Costanera Sur. Pero estamos habituados a pensar a Buenos Aires como una llanura predominantemente seca. Sin embargo, la ciudad fue fundada sobre un terreno con una amplia superficie de humedales, hoy desecados. Un humedal es un ecosistema intermedio entre los que son puramente acu√¡ticos y los terrestres. Es una zona plana que se inunda peri√≥dicamente o que est√¡ siempre inundada, y que tiene una fauna y flora caracter√≠sticas.

No estamos hablando s√≥lo de la zona baja del Riachuelo, la Boca y Barracas, sino tambi√©n de su continuaci√≥n en el ba√Īado de Flores, un gran pantano de una enorme superficie. Tambi√©n ten√≠amos los ba√Īados de Palermo, que empez√≥ a desecar Rosas, y una amplia zona que hoy llamamos Bajo Belgrano, con caracter√≠sticas de humedal. Adem√¡s de los humedales mayores, tend√≠amos unas cuantas lagunas y arroyos, que han sido tapados o canalizados, seg√ļn los casos.

Estos humedales ayudan a explicar el desinter√©s inicial de los espa√Īoles por estas tierras. Un viajero colonial escribe al Rey de Espa√Īa que ‚Äúson muy pocos los nav√≠os que la han visto ni tienen necesidad de verle y la tierra es muy llena de pantanos, de suerte que aunque Ud. poblase aquello, no ser√≠a de efecto porque nadie acudir√≠a all√≠. Hall√© esta tierra muy pobre y desconsolada‚ÄĚi.

Estos humedales aparec√≠an en los mapas de la ciudad y en los planos de las propiedades hasta que fueron desecados, algunos en realidad y otros en apariencia. Un mapa de propiedades de 1859 distingue la parte que incluye el Ba√Īado de Palermo (hoy Palermo y Bajo Belgrano). Los √¡rboles est√¡n dibujados con un grado de detalle tal que uno cree poder diferenciar los √¡lamos de otros √¡rboles de copa redondeada. Y la zona del humedal tiene un fondo que no deja lugar a dudas de que se lo est√¡ representando como talii. No era una excepci√≥n: algo semejante ocurre con un plano de propiedades ubicado en el Bajo Belgrano, en el camino hacia San Isidroiii. Tambi√©n puede verse que el trazado del Camino del Bajo (hoy Avenida Libertador) coincid√≠a con el borde seco del ba√Īado.

Como dijimos, la mayor parte de los humedales de la Ciudad de Buenos Aires han sido tapados, primero con basuras y después con la ciudad misma. Pero esto no significa que hayan dejado de existir.

Un humedal no es un hueco en la tierra que despu√©s se llen√≥ de agua. Un humedal es el resultado de una cierta din√¡mica h√≠drica, que tiene que ver con la topograf√≠a del lugar, las precipitaciones y las caracter√≠sticas del agua subterr√¡nea. Por este motivo, un humedal tapado es un sitio especialmente sensible a las variaciones del agua subterr√¡nea, ya que suelen estar alimentados por la primera napa (fre√¡tica). En otras palabras, cuando se produce un ascenso de napas, las zonas m√¡s afectadas ser√¡n los viejos humedades aparentemente desaparecidos.

Se√Īala Fernando M√¡ximo D√≠az que en el Gran Buenos Aires las zonas de ascenso de napas tienden a coincidir con los sitios que en los mapas de principios del siglo XX se√Īalan ba√Īados (es decir, humedales)iv.

La ocupaci√≥n de estos ba√Īados es resultado del proceso de industrializaci√≥n. Multitud de f√¡bricas emplearon agua subterr√¡nea en sus procesos productivos y devolvieron el agua utilizada a los cursos superficiales. Como resultado, el agua subterr√¡nea dej√≥ de alimentar los humedales, los que se secaron. S√≥lo que no desaparecieron en forma definitiva sino s√≥lo transitoria: esas tierras quedaron secas mientras las f√¡bricas se ocupaban de mantener bajas las napas. La desaparici√≥n de gran parte de la industria incidi√≥ en que las napas recuperaran sus niveles hist√≥ricos. S√≥lo que, en esas d√©cadas, los ba√Īados recibieron una importante cantidad de poblaci√≥n, ahora afectada por el desborde de los acu√≠feros.


Una bell√≠sima descripci√≥n de esos humedales la encontramos en la obra de¬†Guillermo Enrique Hudson ‚ÄúAll√¡ lejos y hace tiempo‚ÄĚ:

‚ÄúEn primavera o verano frecuent√¡bamos las lagunas o ba√Īados. Ten√≠an para m√≠ un particular encanto puesto que all√≠ abundaban las aves. Hab√≠a cuatro de estas lagunas ubicadas en distintas direcciones. Ninguna estaba a m√¡s de una legua de casa. Eran peque√Īos laguitos de escasa profundidad que ocupaban una o dos hect√¡reas de superficie cada uno. Excepto el centro, el resto del ba√Īado se hallaba cubierto por densos pajonales y juncales. Estos √ļltimos se prestaban muy especialmente para nuestras exploraciones. Cuidando de que la cincha del caballo no tocara el agua nos intern√¡bamos entre aquellos tallos cil√≠ndricos y oscuros, coronados por penachos de un brillante color casta√Īo que se elevaban muy por encima de nuestras cabezas.

Hab√≠a all√≠ unas avecillas que constru√≠an primorosamente sus nidos a medio metro del agua, sujet√¡ndolos a uno, dos o tres juncos. Adem√¡s pod√≠amos encontrar en ese mismo lugar nidos de p√¡jaros m√¡s grandes como el mirasol, la garza bruja, el cormor√¡n, y, con menos frecuencia, hall√¡bamos nidos de halc√≥n. Estas aves suelen anidar en los √¡rboles, pero en las pampas, donde escasean, deb√≠an conformarse con hacerlo en los juncales.

Una de estas cuatro lagunas no ten√≠a pajonales ni, juncales ni ca√Īos. Estaba casi totalmente cubierta por una exuberante vegetaci√≥n de camalotes, planta acu√¡tica que, vista a la distancia, parece almizcle√Īa o mimulus, por sus macizos de hojas color verde brillante y sus flores amarillas.

Tambi√©n en √©sta abundaban las aves. Hab√≠a algunas que no exist√≠an en los juncales. Era una suerte de metr√≥poli de gallaretas. Antes y despu√©s de la √©poca de cr√≠a, se congregaban sobre las bajas y h√ļmedas orillas en bandadas de centenares. Sus oscuras siluetas se recortaban contra el verde del c√©sped. El espect√¡culo me parec√≠a una r√©plica -en peque√Īa escala- de otro cuadro que a menudo presenciaba: el que ofrec√≠a la vasta y verde llanura sobre la que se distingu√≠an los cuerpos negros de la manada de dos o tres mil vacas pertenecientes a una estancia en la que s√≥lo se criaba ganado de ese pelaje.

Nos encantaba ver a una numerosa bandada de gallaretas reunidas en las m√¡rgenes de la laguna. Apur√¡bamos entonces a los caballos, nos acerc√¡bamos al galope y las espant√¡bamos. Sal√≠an volando aterrorizadas hacia el lago y lo cruzaban casi al nivel del agua, golpeando la superficie con las patas y levantando nubes de gotitas a su paso. Las gallaretas eran bastante comunes. Se las ve√≠a por todas partes.

Hab√≠a adem√¡s de las nombradas, otras lagunas situadas a mayor distancia. Las visit√¡bamos muy de tarde en tarde. S√≥lo habr√© de referirme a una de ellas, mi favorita porque reun√≠a en sus orillas gran cantidad de p√¡jaros, muchos de los cuales no exist√≠an en ninguna otra parte.

Era m√¡s peque√Īa y menos profunda que las anteriormente descriptas, raz√≥n por la cual las aves grandes, como la cig√ľe√Īa com√ļn, la de cabeza pelada, el chaj√¡, la llamada Bandurria y la esp√¡tula rosada, pod√≠an cruzarla de lado a lado sin mojarse las plumas. Se trataba de una laguna que pronto habr√≠a de secarse. Estaba pr√¡cticamente cubierta por camalotes que se enredaban en los juncos y en los pajonales.

Este lugar ten√≠a otra caracter√≠stica singular: se pod√≠an encontrar aqu√≠ caracoles gigantes de agua. Estos hab√≠an atra√≠do a un ave que se alimenta con ellos: el caracolero, halc√≥n de color pizarra muy parecido al buitre en tama√Īo, y forma de volar. Como s√≥lo ingiere caracoles, vive en paz y armon√≠a con los dem√¡s alados habitantes de la laguna. Una colonia de cuarenta o cincuenta caracoleros resid√≠an permanentemente en aquel lugar.

El descubrimiento que mayor placer me produjo fue el encontrar en ese sitio al p√¡jaro que m√¡s amaba de todos los que he nombrado: el varillero. Su tama√Īo es similar al del tordo com√ļn y como √©l, posee un plumaje purp√ļreo, oscuro y uniforme, pero ostenta un penacho color marr√≥n claro en la cabecita. Yo amaba a este p√¡jaro por su canto. Se inicia √©ste con dulces y delicadas notas y gorjeos muy peculiares.

Ocasionalmente -en primavera u oto√Īo -visitaban nuestro monte grandes bandadas de varilleros. Se instalaban sobre alguno de nuestros √¡rboles y cantaban en coro. Aquella maravillosa melod√≠a parec√≠a provenir de cientos de cascabeles agit√¡ndose a un tiempo. A orillas de la laguna encontr√© sus nidos. Trescientas o cuatrocientas aves los hab√≠an construido en el mismo sitio. Los nidos con sus huevos, las plantas que los sosten√≠an y los sol√≠citos p√¡jaros purp√ļreos volando a mi alrededor compon√≠an un cuadro de encantadora belleza‚ÄĚ.

i Rodr√≠guez de Valdez y de la Vanda, Diego, 1593, cit. en: Silvestri, Graciela: ‚ÄúObras, proyectos y representaciones en el R√≠o de la Plata‚ÄĚ, en: Juan Manuel Borthagaray (comp.): ‚ÄúEl R√≠o de la Plata como territorio‚ÄĚ, Buenos Aires.

ii Fern√¡ndez, Juan: ‚ÄúPlano de mensura del terreno del Dr. Barros Pazos‚ÄĚ, en: Instituto Hist√≥rico de la Ciudad de Buenos Aires: ‚ÄúMensuras del R√≠o de la Plata y Riachuelo‚ÄĚ, Buenos Aires, 2007.

iii Pico, Pedro: ‚ÄúPlano de mensura del terreno p√ļblico solicitado en compra por Don Diego White, partido de Belgrano‚ÄĚ, en: Instituto Hist√≥rico de la Ciudad de Buenos Aires: ‚ÄúMensuras del R√≠o de la Plata y Riachuelo‚ÄĚ, op. cit.

iv Ge√≥logo D√≠az, Fernando M√¡ximo, comunicaci√≥n personal, 2005.

v Hudson, William Henry: ‚ÄúAll√¡ lejos y hace tiempo‚ÄĚ, Gente Nueva, Instituto Cubano del Libro, 1973.



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