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Asunto: Fwd: Los ritmos de la naturaleza y el despojo a los jubilados
Fecha:Jueves, 21 de Diciembre, 2017  00:31:26 (-0300)
Autor:Antonio Elio Brailovsky <antoniobrailovsky @.....com>

Im√¡genes integradas 2

Queridos amigos:

En Argentina acaba de aprobarse una reforma previsional, dise√Īada para ahorrar dinero en el pago de las jubilaciones. Para justificarla, dijeron que el Estado gastar√≠a menos pero que los jubilados ganar√≠an m√¡s. Cuando la contradicci√≥n fue demasiado evidente, agregaron que no hab√≠a dinero porque los Gobiernos anteriores se hab√≠an robado todo. Suponiendo que eso sea cierto, lo que corresponder√≠a era aumentar los impuestos para compensar el dinero que faltaba.

Sin embargo, hicieron exactamente lo contrario: una reforma tributaria para que el Estado cobre menos impuestos a las empresas y m√¡s a las personas que trabajan. Como va a haber menos dinero, necesitan reducir las jubilaciones.

La reforma se hace de este modo:

- Bajan impuesto a las ganancias y otros impuestos a las empresas.

- Reducen los aportes patronales a la seguridad social.

- Cobran impuesto a las ganancias a los trabajadores por las indemnizaciones por despido.

- Se agrega un impuesto a la renta financiera, pero solamente para los bonos en d√≥lares que est√©n bajo legislaci√≥n argentina. "De la norma quedar√≠an exceptuados los t√≠tulos p√ļblicos emitidos por el Estado nacional bajo legislaci√≥n extranjera". Como los bonos del Estado emitidos bajo legislaci√≥n argentina van a pagar impuestos pero los que se emitan bajo legislaci√≥n extranjera no van a pagar nada, los inversores van a elegir los bonos del Gobierno argentino que se emitan bajo legislaci√≥n norteamericana o de otros pa√≠ses.

Parece que una forma de "ingresar al mundo" es someter la pol√≠tica financiera a las leyes de los centros financieros internacionales. ¬¿Alguien me puede recordar qu√© significaba la palabra "soberan√≠a", que me olvid√©?

Presten atenci√≥n a las cifras: en la misma C√¡mara de Diputados y con pocas horas de diferencia los mismos Diputados aprueban la reforma previsional con 128 votos y la reforma tributaria con 147 votos. Sin embargo, son dos caras de la misma moneda: en la reforma tributaria se les bajan los impuestos a las empresas. Eso hace que el Estado tenga menos dinero para pagar las jubilaciones. ¬¿Por qu√© esa diferencia de votos ante lo mismo? Porque todo el mundo sabe que bajar las jubilaciones es antipopular, pero hay menos gente que sabe que si se quitan impuestos a las empresas habr√¡ menos dinero para pagar a los jubilados.

Ya hab√≠a un par de aspectos anteriores para mencionar: se redujeron las retenciones a las exportaciones mineras y de soja y adem√¡s se autoriz√≥ a que los exportadores no liquidaran las divisas en el pa√≠s, lo que es una invitaci√≥n a invertir en el exterior. Tal vez en los mismos para√≠sos fiscales en los que el Presidente y varios de sus Ministros tienen su dinero. No imagino a ning√ļn inversor del mundo dispuesto a poner dinero en un pa√≠s cuyo Presidente y su gabinete tienen sus fortunas en el exterior.

A esta altura es anecdótico decir que las empresas de juegos de azar (como los bingos) no pagan impuestos, mientras que los alimentos de primera necesidad sí lo hacen.

Insisto: si cre√©s que las cuestiones de econom√≠a no te interesan, es probable que usen ese desinter√©s para enga√Īarte.

Lamentablemente, no se trata de un invento argentino. La escritora Naomí Klein documentó innumerables situaciones en todo el mundo, en las que se aprovechan situaciones de emergencia, inundaciones, terremotos, episodios de violencia o ingenuidad electoral para imponer reformas privatizadoras, que concentran la riqueza y perjudican a quienes tienen menos.

El libro de Klein se llama ‚ÄúLa doctrina del shock‚ÄĚ y muestra una estrategia coherente que se aplica en todo el mundo para empobrecer a los pobres y enriquecer a los ricos.

Ese conjunto de medidas suelen ir asociadas a una presión cultural para olvidar nuestra pertenencia a la naturaleza. Los mismos sectores económicos interesados en reducir salarios, jubilaciones y, en general, eliminar derechos laborales, son los que lucran con la destrucción del medio natural que nos sustenta.

Por eso mi insistencia en recordar los ritmos de la naturaleza, que est√¡n en la base de todas las culturas humanas, menos las dominadas por los grandes capitales.

En esta entrega, ustedes reciben:

  • Un fragmento de la novela ‚ÄúLos r√≠os profundos‚ÄĚ, del gran escritor peruano Jos√© Mar√≠a Arguedas. Es un recuerdo infantil. √Čl es un ni√Īo que acompa√Īa a su padre a principios del siglo XX a la ciudad de Cuzco, mucho antes de que el turismo internacional empezara a quemarle el alma. All√≠ ve por primera vez en su vida un muro incaico y siente que esas piedras se mueven con una fuerza semejante a la de los profundos torrentes del deshielo de verano que dan nombre a la obra.

  • Un art√≠culo acad√©mico en el que se comenta el mencionado libro de Naomi Klein, para que no vuelvan a enga√Īarnos con el argumento de que lo mejor que se puede hacer es seguir enriqueciendo a los ricos.

  • Los que tengan inter√©s en el texto completo de Klein, pueden bajar gratuitamente el libro de este enlace:

    https://www.dropbox.com/s/b65gozdkqvs8h44/La%20doctrina%20del%20shock.pdf?dl=0

  • La obra de arte que acompa√Īa esta entrega es: ‚ÄúRegatta‚ÄĚ, un √≥leo del norteamericano Edward Cucuel, del a√Īo 1920. La concepci√≥n impl√≠cita de la mujer refleja la etapa de decadencia de la llamada Belle √Čpoque, que se derrumbar√≠a brutalmente con la crisis de la d√©cada de 1930 y el ascenso de los fascismos.

Quiero saludarlos en el comienzo del verano. Y del invierno para los amigos del Hemisferio Norte.

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky


Im√¡genes integradas 1

Edward Cucuel: "Regatta", 1920.



"Cuando llegamos a las calles angostas, mi padre march√≥ detr√¡s de m√≠ y de los cargadores que llevaban nuestro equipaje. Aparecieron los balcones tallados, las portadas imponentes y armoniosas, la perspectiva de las calles ondulantes, en la ladera de la monta√Īa. Pero ¬¡ni un muro antiguo!"

Esos balcones salientes, las portadas de piedra y los zaguanes tallados, los grandes patios con arcos, los conoc√≠a. Los hab√≠a visto bajo el sol de Huamanga. Yo escudri√Īaba las calles buscando muros incaicos.

‚ÄĒ¬¡Mira al frente! ‚ÄĒme dijo mi padre‚ÄĒ. Fue el palacio de un inca.

Cuando mi padre se√Īal√≥ el muro, me detuve. Era oscuro, √¡spero; atra√≠a con su faz recostada. La pared blanca del segundo piso empezaba en l√≠nea recta sobre el muro.

Corr√≠ a ver el muro. Formaba esquina. Avanzaba a lo largo de una calle ancha y continuaba en otra angosta y m√¡s oscura, que ol√≠a a orines. Esa angosta calle escalaba la ladera. Camin√© frente al muro, piedra tras piedra. Me alejaba unos pasos, lo contemplaba y volv√≠a a acercarme. Toqu√© las piedras con mis manos; segu√≠ la l√≠nea ondulante, imprevisible, como la de los r√≠os, en que se juntan los bloques deroca. En la oscura calle, en el silencio, el muro parec√≠a vivo; sobre la palma de mis manos llameaba la juntura de las piedras que hab√≠a tocado.

No pas√≥ nadie por esa calle, durante largo rato. No perturb√≥ su paso el examen que hac√≠a del muro, la corriente que entre √©l y yo iba form√¡ndose. Mi padre me hab√≠a hablado de su ciudad nativa, de los palacios y templos, y de las plazas, durante los viajes que hicimos, cruzando el Per√ļ de los Andes, de oriente a occidente y de sur a norte. Yo hab√≠a crecido en esos viajes.

Cuando mi padre hac√≠a frente a sus enemigos, y m√¡s, cuando contemplaba de pie las monta√Īas, desde las plazas de los pueblos, y parec√≠a que de sus ojos azules iban a brotar r√≠os de l√¡grimas que √©l conten√≠a siempre, como con una m√¡scara, yo meditaba en el Cuzco. Sab√≠a que al fin llegar√≠amos a la gran ciudad. ¬¡Ser√¡ para un bien eterno!", exclam√≥ mi padre una tarde, en Pampas, donde estuvimos cercados por el odio.

Eran m√¡s grandes y extra√Īas de cuanto hab√≠a imaginado las piedras del muro incaico; bull√≠an bajo el segundo piso encalado, que por el lado de la calle angosta, era ciego. Me acord√©, entonces, de las canciones quechuas que repiten una frase pat√©tica constante: "yawar mayu", r√≠o de sangre; "yawar unu", agua sangrienta; "puk-tik' yawar k'ocha", lago de sangre que hierve; "yawar wek'e", l√¡grimas de sangre. ¬¿Acaso no podr√≠a decirse "yawar rumi", piedra de sangre, o "puk'tik yawar ru mi", piedra de sangre hirviente? Era est√¡tico el muro, pero herv√≠a por todas sus l√≠neas y la superficie era cambiante, como la de los r√≠os en el verano, que tienen una cima as√≠, hacia el centro del caudal, que es la zona temible, la m√¡s poderosa. Los indios llaman "yawar mayu" a esos r√≠os turbios, porque muestran con el sol un brillo en movimiento, semejante al de la sangre. Tambi√©n llaman "yawar mayu" al tiempo violento de las danzas guerreras, al momento en que los bailarines luchan.

‚ÄĒ¬¡Puk'tik, yawar rumi! ‚ÄĒexclam√© frente al muro, en voz alta.

Y como la calle seguía en silencio, repetí la frase varias veces.

Mi padre lleg√≥ en ese instante a la esquina. Oy√≥ mi voz y avanz√≥ por la calle angosta. La construcci√≥n colonial, suspendida sobre la muralla, ten√≠a la apariencia de un segundo piso. Me hab√≠a olvidado de ella. En la calle angosta, la pared espa√Īola, blanqueada, no parec√≠a servir sino para dar luz al muro.

‚ÄĒPap√¡ ‚ÄĒle dije‚ÄĒ. Cada piedra habla. Esperemos un instante.

‚ÄĒNo oiremos nada. No es que hablan. Est√¡s confundido. Se trasladan a tu mente y desde all√≠ te inquietan.

‚ÄĒCada piedra es diferente. No est√¡n cortadas. Se est√¡n moviendo.

Me tomó del brazo.

‚ÄĒDan la impresi√≥n de moverse porque son desiguales, m√¡s que las piedras de los campos. Es que los incas convert√≠an en barro la piedra. Te lo dije muchas veces.

‚ÄĒPap√¡, parece que caminan, que se revuelven, y est√¡n quietas.

Abrac√© a mi padre. Apoy√¡ndome en su pecho contempl√© nuevamente el muro.

‚ÄĒ¬¿Viven adentro del palacio? ‚ÄĒvolv√≠ a preguntarle.

‚ÄĒUna familia noble.

‚ÄĒ¬¿Lo permite el Inca?

‚ÄĒLos incas est√¡n muertos.

‚ÄĒPero no este muro. ¬¿Por qu√© no lo devora, si el due√Īo es avaro? Este muro puede caminar; podr√≠a elevarse a los cielos o avanzar hacia el fin del mundo y volver. ¬¿No temen quienes viven adentro?

‚ÄĒHijo, la catedral est√¡ cerca. El viejo nos ha trastornado. Vamos a rezar."

Jos√© Mar√≠a Arguedas: ‚ÄúLos r√≠os profundos‚ÄĚ, 1958.




Lange Valdés, C. (2010). La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre. Revista INVI, 25(70).Como citar este artículo

doi 10.4067/S0718-83582010000300007

Naomi Klein.

La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre

Paidós Ediciones, 2010, 701 pp. [Toronto: A. Knopf Ed., 2007]. ISBN 978-84-493-2345-4.

Comentario: Carlos Lange V.1

1 Chile. Licenciado en Antropología, Mg. en Desarrollo Urbano. Doctorando en Ciencias Sociales y Comunicación, U. de Deusto. Académico Instituto de la Vivienda, U. de Chile.




¬¿Qu√© tienen en com√ļn experiencias tan traum√¡ticas como la invasi√≥n y posterior ocupaci√≥n de Irak realizada por las tropas estadounidenses y sus aliados desde principios del 2003, el devastador tsunami que azot√≥ las costas de Sri Lanka el a√Īo 2004 o la destrucci√≥n de Nueva Orle√¡ns por el Hurac√¡n Katrina en 2005?

En su libro La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre, la periodista canadiense Naomi Klein postula que estas ‚Äútraum√¡ticas‚ÄĚ experiencias, as√≠ como tambi√©n otras durante los √ļltimos 30 a√Īos, han sido aprovechadas para instaurar lo que ha denominado como el ‚Äúcapitalismo del desastre‚ÄĚ, una doctrina formada bajo los presupuestos pol√≠ticos, econ√≥micos y sociales desarrollados por el padre de la Escuela de Chicago, Milton Friedman, y cuyo principal objetivo es desmantelar los restos del Estado de Bienestar y promover a nivel global el modelo de desarrollo neoliberal.

A juicio de la autora, para los seguidores de Friedman, caracterizados por su marcado car√¡cter neoconservador, las fuerzas econ√≥micas del mercado como la oferta y la demanda, la inflaci√≥n y el desempleo, constituyen fuerzas naturales, fijas e inmutables, a las cuales es necesario volver borrando todo rastro de intervenci√≥n estatal que impida la consecuci√≥n del libre mercado, entendido como ‚Äúutop√≠a de los emprendedores‚ÄĚ. En este sentido, el ‚Äúcapitalismo del desastre‚ÄĚ postula que detr√¡s de toda ‚Äútragedia‚ÄĚ es posible ver una ‚Äúoportunidad‚ÄĚ, como es la de aprovechar el trauma colectivo para promover e implementar reformas econ√≥micas y sociales de car√¡cter radical sustentadas en los principios b√¡sicos del corporativismo como son la eliminaci√≥n del rol p√ļblico del Estado, la absoluta libertad de movimientos de las empresas privadas y un gasto social pr√¡cticamente nulo.

La implementaci√≥n de este modelo debe su √©xito a una estrategia pol√≠tica denominada como ‚Äúla doctrina del shock‚ÄĚ, la cual orienta los procesos de reconstrucci√≥n implementados como respuesta tanto a los efectos de intervenciones militares como a desastres naturales de distinto tipo, abriendo ‚Äúapetitosas oportunidades de negocio‚ÄĚ a los agentes, defensores y promotores del ‚Äúcapitalismo del desastre‚ÄĚ.

M√¡s que un estudio estrictamente acad√©mico, el libro de Klein constituye una documentada investigaci√≥n period√≠stica que recrea de manera detallada el largo e intrincado itinerario de maduraci√≥n y reproducci√≥n del modelo propuesto por Friedman con posterioridad a la Gran Depresi√≥n del a√Īo ‚Äô29, constituy√©ndose como una reacci√≥n cr√≠tica al √©xito alcanzado por las propuestas keynesianas en EEUU, las propuestas socialdem√≥cratas en Europa y las teor√≠as desarrollistas en Am√©rica Latina. Derivado de lo anterior, el libro analiza tambi√©n la conformaci√≥n de una clase pol√≠tica y empresarial formada bajo su ideario y agrupada en torno a la Escuela de Chicago, desde donde ha desarrollado una importante expansi√≥n hacia distintas regiones del mundo desde mediados del siglo XX hasta hoy.

Junto con lo anterior, la autora da cuenta pormenorizada de la manera como ‚Äúla doctrina del shock‚ÄĚ ha sido aplicada en distintos momentos hist√≥ricos y en distintas regiones del mundo, con el objeto de imponer sus postulados de libre mercado. Dentro de dichas experiencias destaca, por ejemplo, el decisivo papel jugado por el gobierno estadounidense y la CIA en la desestabilizaci√≥n del gobierno socialista de Salvador Allende y el activo papel que los ‚ÄúChicago Boys‚ÄĚ jugaron para convertir a Chile en el laboratorio de su modelo pol√≠tico y econ√≥mico, amparados bajo el terror y la coerci√≥n impuestas por la dictadura militar de Augusto Pinochet. Asimismo, la autora da cuenta tambi√©n de las experiencias de shock desarrolladas bajo los gobiernos de Margareth Thatcher en el Reino Unido y de Ronald Reagan en el mismo EEUU durante la d√©cada de los ‚Äė80s, de las transformaciones implementadas en Polonia, Rusia y Sud√¡frica durante la d√©cada de los ‚Äė90s, o la misma experiencia desarrollada en Irak tras la invasi√≥n del a√Īo 2003, y que tan ventajosa ha resultado en t√©rminos econ√≥micos para las empresas de servicios que han logrado adjudicarse las concesiones contempladas bajo el proceso de ‚Äúreconstrucci√≥n‚ÄĚ de dicho pa√≠s.

No obstante su amplia y profusa distribución mundial desde su fecha de publicación original hasta nuestros días, el libro de Klein no pierde relevancia ni actualidad.

Por una parte, permite comprender el proceso hist√≥rico de formaci√≥n de una nueva clase dirigente, los denominados ‚Äúneoconservadores‚ÄĚ, y la evoluci√≥n de los postulados ideol√≥gicos que sustentan su conformaci√≥n, as√≠ como tambi√©n sus estrategias de expansi√≥n e implementaci√≥n en distintas regiones del mundo.

Por otra, constituye una invitaci√≥n para observar de manera atenta, abierta y cr√≠tica los efectos de los planes y programas de reconstrucci√≥n actualmente en ejecuci√≥n en sociedades afectadas por conflictos b√©licos o desastres naturales, como son actualmente los casos de Hait√≠, Chile y China, afectados por sendos terremotos, o Pakist√¡n, India y Brasil, afectados por sendas inundaciones, entre otros. En el caso de nuestro pa√≠s adquiere incluso una relevancia particular considerando su reconocimiento como laboratorio y ‚Äúmodelo exitoso‚ÄĚ de las propuestas de Friedman, la profundidad con que ellas han sido implementadas por las √©lites pol√≠ticas y econ√≥micas, y las transformaciones sociales y culturales que han generado en la sociedad chilena durante los √ļltimos 30 a√Īos.

Por √ļltimo, el libro de Klein constituye tambi√©n un aporte interesante para comprender las complejidades que atraviesan los procesos de producci√≥n y construcci√≥n social del h√¡bitat, principalmente aquellos caracterizados por altos niveles de pobreza y vulnerabilidad que afectan a su poblaci√≥n y que son experimentados cotidianamente por sus habitantes. Bajo el entendido que pobreza y vulnerabilidad no constituyen realidades naturales, del trabajo de Klein se desprende la importancia fundamental que los actores y agentes econ√≥micos juegan en dicho proceso, de los postulados ideol√≥gicos que sustentan sus propuestas y de las herramientas que utilizan para dichos fines, enmarc√¡ndose fundamentalmente en pol√≠ticas, programas y proyectos cuyos alcances no son f√¡cilmente identificables para el conjunto de la poblaci√≥n.



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