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Defensoría Ecológica
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Asunto: ¿Una Reserva Ecológica sin Plan de Manejo?
Fecha:Domingo, 23 de Noviembre, 2003  14:50:43 (-0300)
Autor:Brailovsky <brailovsky @...........ar>

Queridos amigos:

Quiero expresarles nuestra preocupación por un proyecto de Ley sobre la Reserva Ecológica Costanera Sur, que la Legislatura de la Ciudad se apresta a tratar con una innecesaria urgencia.

Se trata de un tema sensible y en el cual ya existen normas vigentes. Por eso, me parece un error aprobar un cambio de esas normas sin una adecuada discusión en la sociedad, que no se ha intentado realizar. Nuestra opinión es que la Legislatura no sólo debe producir normas con el adecuado consenso entre las fuerzas políticas que la integran, sino que además debería procurar un consenso social sobre esas normas.

Creemos que la función legislativa no se agota cuando se ha logrado el apoyo del partido A y el del partido B. Pensamos que ese acuerdo político necesita ser consensuado con otros actores sociales, además de los Diputados que lo votarían. Hacer lo contrario significa no registrar la profunda crisis de representatividad que atraviesa la sociedad argentina.

En el caso particular del proyecto que nos ocupa, hay algunos aspectos elogiables en el despacho a tratar, como es proveer los cargos de dirección por concurso público y abierto. En rigor de verdad, se trataría de una cláusula redundante, ya que ése es un mandato constitucional para todos los cargos públicos, pero a seis años de sancionada la Constitución de la Ciudad, no conozco ninguna repartición del Ejecutivo que la haya cumplido hasta ahora.

Hay aspectos que merecen un debate amplio, como lo es la relación con las ONG´s.

Y hay un aspecto absolutamente cuestionable, que es la eliminación de la obligatoriedad de contar con un Plan de Manejo. Contar con un Plan de Manejo es una característica esencial de toda Reserva Ecológica. ¿Se trata de un error? ¿Simple ignorancia? ¿O hay un intento de modificar las características de la Reserva Ecológica?

En los últimos meses, hemos escuchado en varias sitios que la Reserva Ecológica debía tener un tratamiento similar al de los demás parques públicos de la Ciudad. La pérdida del Plan de Manejo puede ir en ese sentido, cuando en realidad lo que se debería hacer es definir planes de manejo para los distintos espacios verdes, tal como lo hemos planteado en numerosas oportunidades.

La Reserva Ecológica y Puerto Madero

Me parece una ingenuidad analizar cualquier proyecto sobre la Reserva sin tener en cuenta la sombra de Puerto Madero. Puerto Madero es la urbanización más grande del mundo, tanto en metros cuadrados construidos y proyectados, como en sumas de dinero que mueve.

Para quienes invierten en esta zona, la Reserva Ecológica, tiene que ser un área recreativa que sea complementaria de Puerto Madero. Vale la pena analizar los proyectos del arquitecto Alberto Varas, que expuso en el Museo Nacional de Bellas Artes, que incluyen piletas de natación, canchas de tenis, amarraderos de yates, confiterías, mucho cemento y un pequeño espacio agreste como para recordar que alguna vez tuvimos una Reserva Ecológica y que no la supimos defender. Detrás de esto, no hay solamente el amor al cemento del Arq. Varas, sino una presión organizada por el conjunto de grandes empresas que tienen intereses en la zona de Puerto Madero. [i].

Al mismo tiempo, eso permite avanzar en la propuesta, repetidamente enunciada por el Arq. Mario Roberto Álvarez, de hacer pasar la Autopista Ribereña por la Laguna de los Coipos. Recordemos que por estar proyectada la autopista frente a Puerto Madero, eso disminuyó el valor de los terrenos allí ublicados. Pero una vez que los operadores inmobiliarios compraron con la facilidad de esa desvalorización, comenzaron a presionar para que la autopista pasara por la Reserva, lo que valorizaría sus tierras, pero destruiría la Reserva.

Nos queda un punto más de esa compleja relación entre la Reserva Ecológica y Puerto Madero. Como se sabe, hay muchas personas que piensan que las grandes torres que se construyen en Puerto Madero no cumplen con las normas que especifica el Código de Planeamiento Urbano. El tema está en la Justicia, que deberá decidir si efectivamente la torre de 160 metros que acaba de terninarse tiene los papeles en regla o si tiene -como sostienen los denunciantes- quince pisos de más.

En el caso de que la Justicia le diera la razón a los denunciantes, le quedan sólo dos opciones a quienes construyeron esa torre y tienen otras más en camino:

  • Demoler los quince pisos que estarían sobrando, o
  • Gestionar un reforma del Código de Planeamiento Urbano que permita lo que hoy no estaría permitiendo.
Sin embargo, el Código de Planeamiento es un texto integrado, con bastante coherencia interna. ¿De qué manera cambiarlo sin que sea algo absolutamente arbitario? Hemos consultado a varios urbanistas, quienes coincidieron en que la mejor manera de blanquear una torre que eventualmente se hubiera construido con más pisos de los autorizados es la siguiente:
  • En primer lugar, volver a una cláusula del anterior Código de Planeamiento, que permitía una mayor cantidad de pisos en las torres situadas frente a plazas o parques.
  • Y en segundo término, cambiar la categorización de la Reserva Ecológica y transformarla en un espacio verde como cualquier otro.
Por supuesto, que esto es solamente una hipótesis de tipo didáctico, pero puede darnos una idea del juego de intereses que se mueven detrás de propuestas en apariencia tan anodinas como la de eliminar un Plan de Manejo.
 
La alternativa frente a los no lugares
 
La Reserva Ecológica Costanera Sur es un espacio que tiene identidad propia. Esto nos permite contraponerlo a lo que los antropólogos denominan "no lugares". Un no lugar es un sitio que carece de identidad propia. Es algo que puede estar en cualquier lugar del mundo, porque no pertenece a la cultura local. Por ejemplo, un shopping o un aeropuerto son idénticos con independencia del país en el que nos encontremos.
 
El caso de Puerto Madero es sugestivo, porque los viejos docks le dieron una fuerte identidad inicial, que ahora está perdiendo a medida que se levantan nuevas torres, idénticas a las que podrían levantarse en Nueva York o en Hong Kong. Además, los no lugares son maneras de privatizar los espacios públicos. Esta privatización del espacio público no tiene por qué ser económica o jurídica. Es decir, que no hace falta vender un espacio público para privatizarlo. También se lo puede privatizar culturalmente, si se le da un signo diferente al de nuestra identidad cultural.
 
La Reserva Ecológica, por el contrario, es una de nuestras respuestas a esa uniformación cultural que procura crear un mundo de acero y plástico. En esta entrega ustedes reciben un trabajo de la Ing. Rosario Pereira y la Lic. Nélida B. Harracá sobre "La reserva, como alternativa de carácter público a los no lugares".
 
Este trabajo es nuestra declaración de principios sobre la Reserva Ecológica y ha sido realizado en el marco de un Programa de Fortalecimiento Institucional de la Reserva, iniciado por convenio firmado entre la Defensoría del Pueblo y la Dirección de la Reserva Ecológica.
 
Un gran abrazo a todos.
 
Antonio Elio Brailovsky
 

[i] Varas, Alberto: “Buenos Aires natural + artificial”, Buenos Aires, ed. Universidad de Palermo, 2000.

Bicicletas en la Reserva Ecológica (Fotografía de Nélida Harracá)


PROGRAMA DE FORTALECIMIENTO 
                                           INSTITUCIONAL DE LA RESERVA ECOLÓGICA
                                             COSTANERA SUR

LA RESERVA COMO ALTERNATIVA DE CARÁCTER PÚBLICO A LOS “NO LUGARES”

Rosario Pereira - Nélida B. Harracá

Algunas reflexiones para seguir pensando con respeto a las diferencias, sin promover lo análogo y sin descuidarnos frente a lo incompatible.

“Ni la contradicción es señal de falsedad, ni la no contradicción es señal de verdad”

Pascal

Análisis de las debilidades

Desde nuestra concepción la debilidad institucional de la Reserva, representa un problema complejo provocado por múltiples factores interrelacionados entre los cuales visualizamos los siguientes:

  • El error de concebir el espacio público exclusivamente desde su naturaleza jurídica y no desde las formas de apropiación y uso.
  • La visión del área como zona intangible en contraposición con la concepción que debiera considerarla como patrimonio (natural, cultural, histórico) y aporte a la calidad de vida.
  • La desvalorización del aporte que significa en cuanto al desarrollo sustentable de la ciudad.
  • La ausencia de herramientas legales actualizadas y mecanismos de legitimación acordes.
  • Las presiones desde sectores que ven en estos sitios una excelente oportunidad para realizar negocios de tipo inmobiliario.

Entendemos el ambiente como el espacio natural y sociocultural en el cual nos desarrollamos y del cual formamos parte y la relación con él brinda la posibilidad de reconstruir un tejido social más solidario, promover movimientos asociativos, impulsar la generación de proyectos nacidos de las propias necesidades de cada comunidad, etc.

 

En este contexto surge la creación del Programa de Fortalecimiento Institucional de la Reserva Ecológica Costanera Sur a partir de un Convenio de Colaboración entre la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Adjuntía en Medio Ambiente Urbanismo y Comunicaciones, y la Reserva Ecológica Costanera Sur.

 

Este programa está pensado como un ámbito de Gestión Ambiental (en sus aspectos físico, biológico y socio-cultural) transdisciplinario y participativo, abierto a la comunidad, que trabajando sobre bases ya existentes ponga énfasis en el fortalecimiento de aspectos institucionales.

Función social de la Reserva

Es indudable que el interés individual y la estructura de la propiedad privada son los principales determinantes que han perfilado en las últimas décadas el espacio urbano (público y privado). Las intervenciones físicas y funcionales de la ciudad, han promovido claramente la generación de un conjunto de ámbitos privados desarticulados, sin una estructura pública continua que los relacionara que dieron como resultado una ciudad compuesta por espacios públicos residuales, concebidos como tales, o que en el tiempo, por carecer de una estructura que los definiera y les diera sentido, llegaron a un estado de total abandono.

 Esta prevalencia del valor de lo privado sobre el valor de lo público, es en gran medida la causa principal de un tejido social cada vez más desarticulado, pues el habitante urbano no encuentra en su cotidianidad "lugares" que le permitan la relación y el reconocimiento de otros habitantes, con los cuales pueda compartir el espíritu de lo colectivo y construir comunidad.

Consideramos  que es imprescindible  establecer principios tendientes a la construcción de una sociedad y un territorio sustentados en "la prevalencia del interés general sobre el interés particular", "la función social y ecológica de la propiedad" y "la distribución equitativa de las cargas y los beneficios". Lo anterior nos propone re-pensar el territorio y particularmente nuestras ciudades, desde el espacio público como un conjunto de "lugares" donde, a pesar de sus diferencias, se posibilitan las expresiones de una colectividad.

Estos ideales son punto de partida para reconstruir nuestra ciudad, si entendemos el espacio público como la esencia de lo social y como principal condición para lograr una ciudad con significado colectivo, que le permita al ciudadano vivir en comunidad, al encontrar los espacios efectivos para la producción y representación de sus productos culturales y este puede ser el punto de partida para encontrar un espacio colectivo donde todos nos sintamos representados y partícipes de las decisiones que afectan nuestra vida cotidiana.

Transcribimos a continuación algunos conceptos desarrollados en “Estado en construcción” del Grupo de reflexión Rural en diálogo con Ignacio Lewkowicz,  referidos al tema del espacio público.

Dada la crítica situación socio-económica actual, la gestión ambiental debe servir fundamentalmente para la inclusión social, en especial en cuanto a la formación de valores como la solidaridad a través del  respeto al medio ambiente como bien común y la difusión y aplicación de formas alternativas y sustentables de vida.

Es necesario generar un ámbito de reflexión para la comprensión en un sentido profundo de la utilidad de la Reserva como parque urbano público, que sirva además para dar respuesta a los interrogantes que plantea su mantenimiento y desarrollo, es decir los objetivos, el ritmo y el alcance de las intervenciones que deban hacerse, además de rebatir las ideas que descalifican su valor social.

Este aspecto complementa la visión que se tiene de la Reserva en cuanto a  que representa un espacio de recreación, educación y aporte a la calidad de vida, de gran interés en una época en donde el daño ecológico y ambiental constituye una preocupación generalizada en el mundo.

En especial en relación a su carácter público podemos decir que:

  • Lo público deshabitado es amenazante: en lugar de configurar espacios de inclusión, se puebla por las figuras de la exclusión, no se cohabita en él con semejantes sino con extraños.
  • Los criterios de delimitación de lo público no derivan solo de su naturaleza jurídica sino de las formas de apropiación y uso.  El uso, el modo de habitar los espacios es determinante del carácter público de estos espacios así usados. Pero no sólo de eso: también delimita las formas emergentes de lo público.
  • Existe una tensión competitiva en el uso de los espacios.  Pero este modo de competencia no tiene establecidos a priori los modos de uso: no se disputa quiénes los van a usar -o no sólo eso. En estos procesos dinámicos sin determinación a priori, los espacios son lo que la gente que los usa hace con ellos mientras los usa.
  • Lo público aparece así como yermo, en tensión dinámica por el uso y esencialmente indeterminado en sus formas. Lo público ya no es sólo lo estatal instituido sino lo colectivo instituyéndose en el movimiento mismo de instituirse. El uso colectivo determina el sentido en sí indeterminado del lugar.
  • Estas ocupaciones piensan más en términos de uso cualitativo de los espacios y no en términos de acumulación de poder. La lógica de los usos posibles es cualitativa, la lógica de la acumulación de poderes es cuantitativa; los usos cualitativos producen espacios y habitantes autónomos, la acumulación de poder produce lugares y usuarios. Mientras el usuario sólo establece una propiedad pero no determina una cualidad, el habitante inventa usos, aplicaciones y empleos para ese espacio en construcción. A partir de esta distinción, nos preguntamos entonces si el Estado sigue constituyendo o no el esqueleto de ese espacio cualitativo llamado público, y de no ser así cuales son los mecanismos más adecuados para que recupere ese rol indelegable.

Ahora bien, ¿hay cultura para esto? Sólo al pie de los problemas en condiciones de catástrofe, el desarrollo cultural local puede instituir las figuras del uso comunitario como modos de pensamiento intrínsecos al concepto mismo de desarrollo local.  Así, el desarrollo local, no sólo es desarrollo económico sino también desarrollo en el pensamiento de la comunidad política.  El desarrollo local da lugar a un tipo de subjetividad específica.

Pero esta figura de la comunidad que se insinúa nos presenta un problema. Vemos en Argentina fenómenos de solidaridad notables. ¿Pero cuál es el soporte subjetivo de esa solidaridad? La solidaridad actual, ¿está basada en una comprensión esencialmente comunitaria de la vida social, o se basa en el individualismo?  Hoy parece que no nos une la ideología, sino el espanto. La era neoliberal ha realizado ya su obra.  Cada uno es un consumidor aislado de los demás, sólo frente a un mercado proveedor.  En la catástrofe, el mercado deja de percibiese como proveedor: se nos presenta como privador.  La desesperación del consumidor individual que ya no puede consumir nos impulsa al agrupamiento. ¿Pero nos agruparnos ante la emergencia esperando volver a la normalidad de nuestras seguras individualidades mercantiles, o nos agrupamos por haber comprendido que el aislamiento individual nos lleva a la catástrofe? La condición de catástrofe, que dada la desocupación -por ejemplo-, nos llama a trabajar colectivamente, ¿basta esto para organizar lazos estructuralmente solidarios?

Aquí es el sitio de intervención del desarrollo cultural local; pues podemos malograr una oportunidad histórica de constituirnos de otro modo que como suma -o resta- de individuos. Es preciso que la solidaridad no se base en el individualismo. Es preciso, entonces, que se inscriban en la subjetividad las prácticas comunitarias a pesar y en contra de la cultura neoliberal del ultraindividualismo exacerbado.

Por lo dicho anteriormente la Reserva plantea una recalificación en el aspecto cualitativo del espacio de contacto social de orden masivo, como alternativa a esos “no lugares característicos de  contactos densos al  tiempo que diversificados, anónimos y efímeros, esto es, de aquel tipo de interacciones surgentes, sin que sean encuentros reales, que impregnan el sentimiento vital de  las grandes ciudades” (estaciones ferroviarias, shoppings, etc). tal como lo define Marc Auge en su libro “Los no lugares: espacios del anonimato”. Implica la incorporación de una alternativa al consumo pasivo como manifestación no alienada del esparcimiento. Es cierto que el espacio urbano, es sólo el continente de relaciones humanas que dependen de condiciones económicas, culturales y políticas de innegable preponderancia, pero las características propias de la reserva posibilitan la generación de cualidades diferenciadas, especificas, de interesante proyección futura, que trascienden las actuales estructuras sociales.

Servicios ambientales

La Ciudad de Buenos Aires es parte de la campaña “Ciudades para la Protección Climática”, promovida por ICLEI (International Council for Local Enviromental Initiatives), como uno de los instrumentos para operar la Acción Local 21. La misma consiste en la minimización de los problemas ambientales locales, contribuyendo a la mejoría de la calidad de vida de nuestra ciudad y en escala más amplia a la calidad de vida del planeta.

Esta contribución se logra con políticas que hagan a la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero, y por otro lado, fomentando la implementación de campañas paralelas, en especial a lo relativo a la implementación de un sistema de áreas verdes, en la cual la Reserva juega un rol determinante, tanto por su superficie como por la densidad de la masa vede capaz de captar el dióxido de carbono. La biodiversidad es un indicador de la calidad del espacio.

Estas reservas con buena planificación y planes de manejo adecuados, contribuyen a mejorar la calidad del ambiente urbano a través de la conservación de su costa con la correspondiente influencia sobre la Cuenca del Plata, a la absorción del dióxido de carbono, entre otros servicios ambientales.

También albergan especies animales y vegetales, algunas en extinción, cuya conservación constituye un beneficio a nivel local y nacional.

Como consecuencia de la extensión costera de la Reserva (desde avenida Córdoba hasta avenida Brasil) y la dirección dominante de los vientos, la misma constituye la principal fuente de renovación y purificación de aire en la Ciudad de Buenos Aires.

Desde el punto de vista urbanístico es importante mencionar que la Reserva constituye, por lo menos hasta ahora, la única relación directa de la Ciudad con el Río de la Plata, relación históricamente negada en las sucesivas etapas de crecimiento de la misma.

En general se detecta una falta de generación de información y difusión de la misma sobre los servicios ambientales que provee, sus características y valores.

PROPUESTAS

1.- Aportes de la Reserva al desarrollo sustentable de la ciudad.

Acciones de inclusión social.

Ĝ      Convertir a la Reserva en un verdadero sitio de Investigación e interpretación ambiental, un “laboratorio ambiental”, donde, además de las investigaciones específicas sobre el ecosistema, biodiversidad, flora, fauna, etc, se  valoricen prácticas alternativas (huertas orgánicas, vivero, reuso y reciclado de residuos en la construcción, alimentación sana, energías alternativas,  construcción bioclimática, y otras).

En esto se incluye, por un lado, la sistematización de cursos, exposiciones, seminarios, etc, pero además, la implementación concreta de estas mismas prácticas dentro de la Reserva. Por ejemplo sería importante que la provisión de energía eléctrica de la misma se realizara por medio de sistemas alternativos, que puedan ser utilizados como  ejemplos demostrativos directos tanto para los visitantes como para las personas que trabajan en el lugar.

Podemos mencionar algunos de los objetivos para este tipo de emprendimientos que contribuyen a la reconstrucción del tejido social:

·        Capacitar recursos humanos locales de los sectores más vulnerables para la realización de nuevos emprendimientos productivos tendientes a generar ingresos a través del autoempleo.

·        Ayudar a combatir el aumento de la desocupación de la población activa de la localidad.

·        Mejorar las condiciones de vida individual y colectiva, a través de un trabajo creativo, con valores filosóficos, fundamentos científicos, recuperación de métodos tradicionales y relaciones comerciales equitativas.

Además la posibilidad de contribuir desde nuevas capacidades al desarrollo local, genera la participación en la cosa pública desde un lugar de ciudadanos y no meramente de receptores de ayuda estatal.

Educación formal y no formal.

La educación debe conducir a una “antropoética” considerando el carácter ternario de la condición humana, cual es el de ser a la vez individuo, sociedad, especie. La ética no se podría enseñar con lecciones de moral. Ella debe formarse a partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie.

Las dos grandes finalidades eticopoliticas del milenio son: establecer una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria.

La educación no formal se inscribe dentro de un concepto más amplio y global como es el de Educación Permanente. Remite al derecho y obligación, en tanto necesidad humana de educarse toda la vida, insertarse y construir simultáneamente un espacio cultural en el que pueda aprender de su relación con el medio.

La educación ambiental no formal se entiende como "la transmisión de conocimientos, aptitudes y valores ambientales fuera del sistema educativo institucional, que conlleve la adopción de actitudes positivas hacia el medio natural y social, que se traduzcan en acciones de cuidado y respeto por la diversidad biológica y cultural y que fomenten la solidaridad intra e intergeneracional. Se reconoce que la educación ambiental no es neutra, sino que es ideológica, ya que está basada en valores para la transformación social"

 

Las ciencias nos han hecho adquirir muchas certezas, pero de la misma manera nos han revelado, en el siglo XX, innumerables campos de incertidumbre. La educación debería comprender la enseñanza de las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas, en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas.

 

Tendrían que enseñarse principios de estrategia que permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto y modificar su desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino. Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas. 

Acciones hacia un Turismo sustentable.

Ĝ      Convenio con Secretaría de Turismo de la Ciudad para la incorporación efectiva de la Reserva en los circuitos turísticos de la Ciudad teniendo en cuenta las características específicas de la misma, incluyendo su capacidad de carga.

Esto implica un análisis que contenga:

·        Discusión y consenso sobre la relación entre turismo y medio ambiente, para establecer su dimensión en el marco de la educación ambiental hacia el desarrollo sustentable.

·        Reconocimiento de la transversalidad de la educación ambiental y sus valores sociales aplicados a todos los aspectos de la vida, para comprender su relación con el turismo.

·        Identificación de propuestas turísticas que incorporen la dimensión ambiental y los agentes que participan en dicho proceso a fin de comprender su valor y coadyuvar a una cultura ambiental desde los lugares de recreación y turismo.

·        Generación de actividades turísticas y de recreación que constituyan herramientas que contribuyan al desarrollo sustentable de la región basándose en la promoción, aprovechamiento y conservación de sus recursos naturales y culturales.

2.-Aporte a la sustentabilidad de la Reserva
Marco Legal e Institucional.

a) General para Reservas Urbanas:

Es necesario impulsar instrumentos legales apropiados de creación y preservación de las Áreas, así como mecanismo de legitimación y apropiación del espacio.

Algunas de las acciones propuestas son:

 Ĝ      Aprobación de una Ley Marco Nacional para Reservas Urbanas que contemple:

Ĝ    Categorización de distintos tipos de espacios verdes que permitan códigos diferenciados en el código de planeamiento de las ciudades

Ĝ     Unificar criterios sobre los usos y los sistemas de conservación

Ĝ      Realizar la tipificación y clasificación de las área

Ĝ   Generar Planes de Manejo Participativos.

      Ĝ      Establecer una Red Nacional de Reservas Urbanas.

Ĝ      Legislar en torno a la incorporación de instancias de evaluación de impacto ambiental en proyectos de actividad turística.

 b) Particular de la Reserva Costanera Sur 

 Ĝ     Actualización de la Ordenanza Nş 45.676 de creación de la Reserva transformándola en Ley.

Ĝ      Integrar la Reserva al Sistema Federal de Áreas Protegidas.

Ĝ     Contacto e intercambio con Reservas Urbanas, tanto del país como internacionales.

Ĝ     Actualización del Plan de Manejo, instrumentándolo a partir de la confección de la Agenda 21 propia de la Reserva (Se adjunta índice de la Agenda 21).

Ĝ     Elaboración del Presupuesto Participativo.

Ĝ      Actualización del modo de participación en la gestión, (entendiendo por tal la administración actual de los recursos y la planificación de acciones a futuro) considerando la normativa vigente (Ley 560 de la CBA).

Ĝ     Adhesión de la Ciudad a la Ley de Fauna y constitución de la Reserva Ecológica Costanera Sur como lugar físico para la aplicación de la ley.

Ĝ     Impulsar el reconocimiento a nivel internacional:

·        Sitio Ramsar.

·        Reserva de la Biosfera.

Ĝ      Convenio con Parques Nacionales, organismos de la Ciudad de Buenos Aires, Universidades Nacionales y Centros de investigación.

Ĝ      Representación de la Reserva en la discusión del Plan Urbano Ambiental como una forma de incorporación paulatina del concepto de Reserva Natural Urbana en la planificación urbana.

Ĝ      Relación de la Reserva con el Paseo Costanera Sur reforzando la necesidad de la preservación conjunta del Patrimonio Natural y Cultural.

Ĝ      Participación institucional en defensa de la integridad de la Reserva frente a presiones externas.


BIBLIOGRAFÍA

 

Grupo de Reflexión Rural-Lewkowicz, Ignacio: “Estado en construcción”, Editorial Tierra Verde, Buenos Aires, 2003.

Morín, Edgar:  “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, Nueva Visión, Buenos Aires, 2001.

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 ANEXO

 Agenda 21- Indice general .

Antecedentes y Presentación

1. Preámbulo

Sección I: Dimensiones sociales y económicas.

2. Cooperación internacional para acelerar el desarrollo sostenible de los países en desarrollo y políticas internas conexas
3. Lucha contra la pobreza

4. Evolución de las modalidades de consumo.
5. Dinámica demográfica y sostenibilidad
6. Proteccion y fomento de la salud humana
7. Fomento del desarrollo sostenible de los recursos humanos
8. La dimensión ambiental en la toma de decisiones

Sección II: Conservación y gestión de los recursos .

9. Protección de la atmósfera 
10. Planificación y ordenación de los recursos de tierras
11. Lucha contra la deforestación
12. Lucha contra la desertificación y la sequía
13. Desarrollo sostenible de las zonas de montaña
14. Agricultura y desarrollo rural sostenibles
15. Conservación de la diversidad biológica
16. Gestión ecológicamente racional de la biotecnología
17. Protección de los océanos y de los mares de todo tipo
18. Los recursos de agua dulce
19. Productos químicos tóxicos
20. Desechos peligrosos
21. Desechos sólidos
22. Desechos radiactivos 
 

Sección III: Fortalecimiento del papel de los grupos sociales .

23. Preámbulo
24. Mujer y desarrollo sostenible
25. La infancia y la juventud en el desarrollo sostenible
26. Poblaciones indígenas y sus comunidades
27. Organizaciones No Gubernamentales
28. Autoridades locales y Agenda 21
29. Los trabajadores y sus sindicatos
30. Comercio e industria
31. Comunidad científica y tecnológica
32. Agricultores 
 

Sección IV: Medios para la puesta en práctica

33. Recursos y Mecanismos de Financiamiento
34. Transferencia de Tecnología
35. Ciencia para el desarrollo sostenible
36. Educación, la capacitación y la toma de conciencia
37. Mecanismos nacionales y cooperación internacional
38. Arreglos institucionales internacionales
39. Instrumentos y mecanismos jurídicos internacionales
40. Información para la adopción de decisiones.


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