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Responder a este mensaje
Asunto: Mil noches de desmesura y erotismo
Fecha:Miercoles, 28 de Julio, 2004  11:05:36 (-0300)
Autor:Brailovsky <brailovsky @...........ar>

 
Queridos amigos:
 
Este mensaje tiene que ver con tratar de pensar la situación energética de un modo menos convencional del que nos muestran los medios de comunicación todos los días: "hay suficiente gas", o "falta gasoil", o cosas semejantes. La nuestra es una cultura que tiene una alta dependencia de los aparatos y nos han querido convertir en inútiles si no tenemos (a mano y funcionando) todos los aparatos que han querido vendernos.
 
Pero casi todas las culturas anteriores a la nuestra han tenido un manejo de la energía más eficiente que el nuestro. Culturas que obtenían un buen confort sin necesidad de aparatos, pero con un manejo cuidadoso del diseño. Esto nos lleva a preguntarnos si la tecnología es solamente una suma de objetos que pueden comprarse, venderse o patentarse, o si la tecnología es también una forma de comprender y utilizar los mecanismos de la naturaleza. 
 
Para ejemplificar el tema, les envío un capítulo de mi libro "Ésta, nuestra única Tierra" (Editorial Maipue, 2004), en el que analizo la adaptación bioclimática de la arquitectura islámica. El uso de medios naturales para hacer frente a las necesidades energéticas es mucho más que un ahorro de dinero. Es una respuesta inteligente a problemas que los seres humanos tenemos desde siempre.
 
Tal vez se objete que el modelo que aquí presento sean los palacios, lo que nos dejaría afuera a todos los que no podemos construirnos un palacio del tamaño de la Alhambra. Sin embargo, vale la pena destacar que los relativamente pequeños patios de la Alhambra son capaces de crear un microlima que influye en el interior de las habitaciones, lo que no ocurre con los inmensos jardines del Palacio de Versalles. Es más, el patio de una de nuestras viejas casas chorizo, correctamente orientado y con la vegetación adecuada (es decir, siguiendo los criterios del diseño islámico) puede incidir más en el clima de las habitaciones que lo que pudo hacerlo el enorme parque que Luis XIV construyó para su propia gloria.
 
En los últimos días me han escrito muchos docentes que trabajan temas de educación ambiental. Estos docentes se proponen incorporar a la bibliografía de este segundo semestre el mencionado libro y les ha costado encontrarlo en librerías. Por eso, al fin de este mensaje ustedes tienen un listado de las librerías en las que el libro puede encontrarse.
 
Un gran abrazo a todos.
 
Antonio Elio Brailovsky
 
 
 
Los muros calados (como de encaje) permiten el paso del aire
(Patio de los Lones de la Alhambra de Granada)
  

LOS PALACIOS DE LAS MIL Y UNA NOCHES

 

Por Antonio Elio Brailovsky (*)

Los actuales lectores de las Mil y Una Noches suelen asombrarse cuando descubren que los maravillosos palacios allí descriptos tienen algo más importante que paredes de plata y techos de oro. Esas construcciones son el resultado de una formidable adaptación a las condiciones bioclimáticas de los países árabes.

Cada vez más, los recursos naturales son para nosotros algo distinto que un mero catálogo de piedras y de maderas. Hoy también consideramos como recursos naturales a una serie de funciones cumplidas por la naturaleza, desde la fotosíntesis hasta la sombra, de las corrientes marinas a la capacidad de la piedra para acumular el calor.

Por ejemplo, si un bosque ayuda a regular una cuenca hídrica, ese ca­rácter de regulador es también un recurso natural y no solamente la madera que se obtenga.

O si nos preguntáramos por los recursos naturales descubiertos por Cristóbal Colón, no deberíamos hablar sólo del oro o de las nuevas tierras americanas. También tendríamos que poner el acen­to en los vientos y las corrientes marinas que posibilitaron la navegación a vela durante varios siglos. Esas rutas navieras fueron las mismas que Colón utilizó durante sus cuatro viajes, porque usaron esos recursos naturales por él descubiertos[i].

La ecología es, para nosotros, una forma de aproximarnos a un uso racional de los recursos naturales, entendidos de esta manera amplia.

Ésta es, por ejemplo la actitud de los pueblos islámicos en su relación con el desierto. Después de siglos de vida nómade entre camellos y arenas, se fueron haciendo sedentarios y aprendieron a construir edificios adaptados a las condiciones extremas que les tocaron en suerte.

Su arquitectura se desarrolló en un clima muy seco, con temperaturas incómodamente cálidas de día e incómodamente frías de noche. Intensa radiación solar y fuertes vientos, a veces cargados de polvo o de arena. En ese entorno, lo primero fue construir con muros macizos y muy espesos. De adobe, de ladrillo o de piedra, las casas islámicas tienen unas paredes mucho más anchas de los que necesitan para soportar el edificio. "Los muros construídos con estos materiales son a la vez aislantes y acumuladores térmicos, de modo tal que durante las horas más cálidas del día, el flujo de calor desde el aire exterior al in­terior se retarda, y durante las horas más frías de la noche, el ambien­te interior recibe parte del calor acumulado en los muros"[ii], explican los arquitectos Eduardo Yarke y Martha Fujol. En otras palabras, que el exceso de sol del día se usa para calentar las habitaciones durante la noche, ya que ha quedado acumulado en los muros.

El encalar las paredes no tiene sólo una finalidad estética: es una forma de reflejar la radiación solar y devolver calor a la atmósfera. Pero además de los materiales, hay criterios de diseño que tienen que ver con esta adaptación climática. Por ejemplo, la ventana islámica es mucho más que un hueco para dejar pasar la luz. En la planta baja, las ventanas dirigidas al exterior son muy pocas, y pequeñas para proteger la casa del viento y del polvo del desierto. En los pisos superiores, van haciéndose cada vez más grandes, a medida que ese riesgo disminuye.

Las ventanas más importantes están dirigidas a los patios interiores y son dispositivos complejos. Protegidas por parasoles tienen, además, una celosía, que es un enrejado que deja pasar aire y luz pero filtra los rayos solares. El algunos casos, la ventana tiene un balcón cerrado por tres lados con una especie de "cajón" de celosías. Ese cajón sirve para aumentar la superficie de contacto con el viento y ayuda a ventilar las habitaciones. Allí Scherezade agrega un cántaro de barro poroso con agua para humedecer el aire interior. Al evaporarse, el agua absorbe calor y enfría el ambiente.

La ventana se complementa con un hueco por encima de ella que permite la salida del aire caliente. La forma de las aberturas permite un flujo continuo, en el que entra aire más fresco por la parte inferior y sale aire caliente por esa abertura superior. Las banderolas de nuestras casas chorizo son herederas de los calados de filigrana de los patios de la Alhambra de Granada. Y tienen, obviamente, la misma función.

Pero también se usaron torres destinadas a captar vientos o a generar corrientes de aire para refrescar la vivienda. Su aspecto es el de una chimenea, que se comunica con el sótano y que tiene aberturas que comunican el conducto con todos los niveles de la casa.

De noche, la torre actúa como una chimenea provocando un "tiraje", del siguiente modo; las paredes de la torre absorbieron ca­lor durante el día; de noche, lo ceden al aire contenido dentro de la torre. Al calentarse el aire, se vuelve menos denso, con lo que se crea una corriente ascendente. Esta corriente aspira el aire recalen­tado del interior del edificio y permite que entre aire fresco por puertas y ventanas.

De día, la torre funciona al revés que una chimenea. Las pare­des de la torre se han enfriado durante la noche anterior El aire del ambiente se enfría al ponerse en contacto con ellas, se hace más denso y se hunde en la torre, formando una corriente descendente. El aire enfriado se reparte por el edificio, hasta salir por puertas y ventanas, y arrastra así el aire caliente de las habitaciones.

Es decir, que también son recursos naturales fenómenos tales como la cualidad del agua de absorber calor al evaporarse; la propiedad de los la­drillos, que actúan como acumuladores térmicos; el que el aire ca­liente suba y el aire frío baje; el que la evapotranspiración de las plantas refresque el aire. Usar estos principios es una forma de usar re­cursos naturales, y también de establecer una particular relación con la naturaleza.

Pero además, si observamos nuestras ciudades actuales, ¿no nos da una formidable sensación de irracionalidad el que las ventanas que dan al norte sean iguales que las que dan al sur, cuando reciben el sol de diferente manera? ¡Qué enorme des­pilfarro de una energía gratuita, en una sociedad que está encare­ciendo cada vez más las energías no renovables!

La casa islámica está estructurada en torno de uno o varios patios interiores. El patio es relativamente estrecho, para que no reciba demasiado sol y se mantenga fresco. Está pensado para crear un microclima de frescor y de humedad, a lo que contribuyen las fuentes, los espejos de agua y las plantas. Como las habitaciones dan al patio, este microclima que el patio crea se traslada a ellas. Se crean así las condiciones ideales para poder echarse entre almohadones y escuchar cómo, noche a noche, nos cuentan mil y una historias de desmesura y erotismo.

(*) De la obra: "Ésta, nuestra única Tierra", Buenos Aires, Editorial Maipue, 2004.

[i] Brailovsky, Antonio Elio: "Introducción al estudio de los re­cursos naturales". Ed. EUDEBA, Buenos Aires, 1986.

[ii] Yarke, Eduardo y Fujol, Martha: "Arquitectura espontánea y su respuesta climática". Instituto Solar Arquitectura de Bs. As., Buenos Aires, 1987.

 
Los patios están pensados para generar un microclima
(Jardines del Generalife, Granada)
 
 
 

"Ésta, nuestra única Tierra" está en las LIBRERIAS

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