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Asunto: ¿Oferta de sexo en Palermo?
Fecha:Jueves, 6 de Mayo, 2004  00:59:28 (-0300)
Autor:Brailovsky <brailovsky @...........ar>

 
Queridos amigos:
 
Como ustedes saben, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires está estudiando las modificaciones al Código Contravencional, en vistas al fracaso del Código vigente. El tema casi excluyente parece ser el de la oferta de sexo en la vía pública, como si no existieran otras conductas que pueden afectar la convivencia en una gran ciudad como la nuestra.
 
La paradoja es que se han labrado miles de actas por contravenciones, casi todas por cuestiones de sexo, sin que ninguna de ellas haya generado una sanción efectiva. La única sanción aplicada ha sido el apercibimiento, lo que equivale a decirle al infractor "Eso que Ud. hizo está mal, no lo haga más", y repetírselo decenas de veces, cada vez que se le vuelve a labrar un acta por la misma infracción.
 
Pero, por supuesto, el sexo no es lo único que pasa en una Ciudad. El Código Contravencional debería incluir, por ejemplo:
  • Sanciones para las contravenciones bromatológicas, un tema en el cual existen proyectos presentados, que no sabemos si se van a incluir en el texto que finalmente se apruebe. Por supuesto que esto requiere de un sistema confiable de control bromatológico y sabemos que el de la Ciudad adolece de fallas importantes.
  • Sanciones para las contravenciones ambientales, un tema sobre el cual se ha hablado oportunamente, pero sin resultados hasta ahora. La próxima Ley de Aire y de Ruidos (que la Legislatura está estudiando) tiene, obviamente, que incluir sanciones para quienes produzcan humos negros o ruidos insoportables. Los vecinos de los boliches bailables, las personas que soportan durante años las vibraciones de una fábrica sin que la autoridad haga nada por evitarlas, saben de qué estamos hablando. El lugar para colocar esas sanciones es el Código Contravencional.
  • Sanciones para las contravenciones contra el patrimonio cultural. Sucede que la Legislatura aprobó a fines del año pasado una Ley Marco para la Protección del Patrimonio Cultural, que se supone protege nuestros edificios históricos. Sin embargo, los Diputados de ese momento no pusieron ninguna sanción para quienes dañaran los bienes culturales que esa Ley protege. No necesito recordar que sin sanciones, esa protección es inútil y meramente declarativa. Los Diputados pidieron al Ejecutivo que redactara un proyecto de sanciones y se los enviara. Más allá de considerar que ésa es función del Poder Legislativo y no del Ejecutivo, si esas sanciones se aprueban, su lugar es claramente el Código Contravencional.
Pero el tema del sexo no sólo nos ha hecho perder de vista los otros problemas, sino que parece también habernos hecho perder el sentido común,  ya que está circulando un proyecto de dictamen que prohibiría la oferta de sexo en las proximidades de colegios y viviendas. Tal como señala el Diario Clarín del 6 de mayo, eso significa crear una zona roja en un sitio deshabitado. Que es precisamente el Parque 3 de Febrero, también llamado de Palermo.
 
¿Se vuelve a pensar que un espacio verde es un espacio vacío?
 
La descripción que el Gobierno de la Ciudad hace de ese parque debería disuadir a quienes piensan que los problemas sociales pueden solucionarse sacrificando los espacios verdes y transformándolos en una zona roja. Dice la página Web del Gobierno de la Ciudad:
 

El Parque 3 de Febrero en el barrio de Palermo constituye el gran espacio verde de la ciudad. Con la parquización del área del célebre paisajista Carlos Thays, en la década de 1890, esta zona quedó configurada por frondosos árboles, hermosas esculturas, perdidos senderos, perfumados jardines y un magnífico espejo de agua.

Entre los principales atractivos para visitar figuran:

  • Jardín Zoológico. Casi 2 millones de personas concurren a este pintoresco paseo por los magníficos pabellones que albergan una importante variedad de animales, cuyo estilo arquitectónico guarda estrecha relación con la procedencia de los mismos.
  • Jardín Botánico. Son las ocho hectáreas más íntimamente bucólicas de la ciudad de Buenos Aires, intimidad que contrasta con el torrente de tráfico que converge en la aledaña Plaza Italia. El arquitecto paisajista francés Carlos Thays hizo del Jardín Botánico su obra cumbre. Pero el Botánico sorprende aún más al descubrir las esculturas que allí se encuentran. Originales o reproducciones, esos bronces y mármoles instalados en la frescura de las fuentes, o con un mágico verde vegetal , constituyen uno de los paisajes más estéticos de la ciudad.
  • El Jardín Japonés es un paseo que recrea la belleza y poesía de los jardines orientales. Plantas, flores, puentes y cascadas se combinan en sutiles y agradables rincones creando un clima de colores y perfumes. Para los más pequeños, la atracción está en los puentes y en el lago, donde se pueden ver los coloridos e inquietos peces "Carpa", traídos originalmente de Japón.
  • El Rosedal, el Jardín de los Poetas y el Patio Andaluz son otros de los interesantes rincones de este sector.
 
La idea de transformar en zona de prostitución a uno de los sitios más valiosos de nuestro patrimonio urbano refleja una desconcertante falta de visión de nuestros representantes y nuestras autoridades. Está claro que ceder a la prostitución el Parque 3 de Febrero es mucho más que un error grave. Es el absoluto desconocimiento de lo que es una ciudad y del rol de las diferentes funciones urbanas.
 
Duante años, hemos tratado de evitar que se cedieran partes de ese parque de jerarquía internacional a los diferentes clubes y asociaciones que tenían acuerdos políticos con los gobiernos de turno. Sorprende que ahora se quiera entregar el parque entero a una actividad que no merece este tipo de promoción.
 
Vale la pena que reflexionemos sobre las implicancias de un sistema político que no puede percibir lo que significa el espacio público.
 
En esta entrega ustedes reciben un texto sobre el rol social de los espacios verdes, de la conocida especialista Sonia Berjman.
 
El sexo (por amor o por dinero) es una actividad privada. No tiene nada que hacer en los espacios públicos.
 
Un gran abrazo a todos.
 
Antonio Elio Brailovsky
 
 
 
¿Y si mantuviéramos el sexo sólo en los espacios privados?
(Edouard Manet: "Almuerzo campestre", (óleo sobre tela, París, 1866)

EL ESPACIO VERDE PÚBLICO

Por Dra. Sonia Berjman

Para su equilibrio, la ciudad construida (llena) necesita espacios abiertos (vacíos) que como remansos en la diversidad nos permitan incorporar la necesaria amplitud: ambos son términos indispensables para lograr un todo armónico.

"Para que sirve ese espacio vacío? Quizás para tener esa placentera sensación de toma de distancia con el mundo cotidiano de la ciudad (...) ¿Para que sirve el silencio entre las palabras? ¿Para que sirve el intervalo del sueño? En fin, para simplificar, digamos que el vacío es parte indispensable de la vida misma."

Con el transcurso del tiempo, a medida que vamos percibiendo el vacío como presencia le vamos otorgando significado, lo vamos llenando de espacio, lo creamos como referencia y con él nos relacionamos, tal como lo ha expresado Breyer.

Esos espacios libres públicos, de propiedad comunal, pueden ser verdes o no. Entre los primeros tenemos las plazas, plazoletas, canteros, bosques, bulevares. Entre los segundos, los campos de deportes, baldíos, encrucijadas de tránsito, atrios religiosos y civiles, estacionamientos para vehículos, el sistema circulatorio en general.

Los objetivos principales de la existencia misma de los espacios verdes públicos se dirigen a cumplimentar nuestras necesidades básicas de higiene (pulmones de la ciudad), de goce estético y deportivo (recreación), de vida de relación (grupos sociales diversos).

"Espacio abierto que puede ser espacio verde cuando el material vegetal está presente y es principal componente. Espacio verde, entonces, caracterizado por su dinamicidad, su variación a lo largo del año y su evolución prolongada en el tiempo..."

Aunque un espacio verde – en términos generales – abarca desde un cantero a un bosque, contemporáneamente se considera que los niveles necesarios pueden establecerse en patios (referidos a la manzana), plazas (referidas al barrio), parques urbanos (referidos a la ciudad) y parques metropolitanos (referidos a la región).

No hay duda de que la palabra plaza es la que más nos apela como habitantes de una ciudad estructurada por barrios que están directamente relacionados con su escala. Como primera aproximación, podemos definirla como un "lugar espacioso rodeado de casas, en el interior de un poblado", y cuando además "es un lugar arbolado de cierta extensión para caza o para recreo" tenemos un parque. A la inversa, cuando es de reducida superficie, que resulta del trazado de calles o avenidas y que se deja libre por necesidad del tránsito, estamos frente a una plazoleta, que no es lo mismo que placita (diminutivo de plaza).

A mediados del siglo pasado, se definía a una plaza como un "local más o menos ancho, mas o menos espacioso, dentro de las poblaciones, donde se venden géneros comestibles y de otras clases, se tiene el trato común de los vecinos y comarcanos, se celebran ferias, mercados, fiestas públicas".  Hoy, para nosotros, debe "tener como complemento jardines y árboles, además de asientos para solaz y descanso, por ser un paseo público". Ambas definiciones contienen un punto común de partida: el espacio libre dentro de la ciudad, al que venimos de caracterizar y que podemos graficar como el negativo de la trama.

La arquitectura paisajista, conformada con el aporte de varias vertientes (horticultura, botánica, jardinería, historia, sociología) es la que se ocupa de dar forma y color a esos espacios vacíos, y por ende, a darles significación. "La forma, al definir al espacio, da existencia cultural al entorno."

Los rasgos de la arquitectura paisajista combinan, como en ninguna otra disciplina, aquellos provenientes de la ciencia con los de un arte múltiple y temporal. El paisajismo produce, mediante una materia biológicamente viva, situaciones en continuo cambio en las que lo simbólico adquiere una importancia esencial, principalmente para volver a instaurar la fascinación de la idea del paraíso terrenal, del Jardín del Edén. Contemporáneamente, debe devolvernos el sentido mágico y misterioso del origen, al que nosotros sumamos en forma colectiva e individual los contenidos de la vida cotidiana y las significaciones propias de nuestro tiempo.

Este arte público se realiza por medio del Estado con los fondos públicos, es decir comunes y aportados por todos, con el objeto de que todos los habitantes disfruten del bien general. Su nacimiento, durante el siglo XIX en Francia, estuvo ligado al del nuevo arte de construir la ciudad, y al surgimiento paralelo del tiempo libre dentro del proletariado industrial, factores que se conjugaron en la aparición del parque público como necesidad urbana y social.

"El jardín público debe su existencia y su desarrollo a una conjunción de innovaciones científicas, políticas y jurídicas (...) La teoría arquitectónica se pone de acuerdo con la medicina, la filosofía social y el derecho para establecer la primacía del espacio público sobre el espacio doméstico y le confiere desde entonces la misión de sanear y embellecer la ciudad enferma de sí misma..."

En nuestra ciudad, el trayecto que va desde el primitivo asentamiento hasta la multitudinaria metrópolis de hoy, fue arduo, lento, con idas y venidas. La relación con la naturaleza se dió de manera dual: primero se trató de dominarla, y cuando se lo hubo conseguido, se trató infructuosamente de reconquistarla. Cuatro siglos se invirtieron en este camino al que ahora se necesita imperiosamente tratar de revertir para lograr una relación más fluida del hombre con el entorno natural.

La plaza, el parque, el espacio verde público, han acompañado ese proceso en distintos roles y con distintos objetivos, lo que se tradujo en la instauración consecutiva de diferentes modelos que plasmaron desigualmente nuestras necesidades (reales o transplantadas) pero que poco a poco fueron asumidos por una sociedad que hoy los considera como propios, formando ya parte indisoluble de la memoria colectiva.

(El texto completo de Sonia Berjman (incluyendo las referencias bibliográficas) puede consultarse en:    www.paisajismoargentino.com/espacioverde1


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