| Asunto: | [alertas] Oracion Mundial Hambruna Africa / Hotel Rwanda, la matanza | | Fecha: | Viernes, 26 de Agosto, 2005 05:13:05 (-0500) | | Autor: | RedLuz <redanahuak @...............mx>
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ACTIONalert
LLAMADO MUNDIAL DE ORACION/MEDITACION
DIARIA POR AFRICA
Gracias por recrearlo como debas
Todos los días al mediodía de cada quien y cada hora en la hora, hasta que
veamos que algo se alivia, sin enfocar el sensacionalismo de la pantalla
masiva y perdonando los delirios coloniales de la vieja era... La panza
sana...
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Hotel Rwanda, la matanza
Por Carlos Bonfil
Aunque la película narra una historia de violencia extrema, jamás cede a las
imágenes sensacionalistas
Ruanda, 1994. Un año después del tratado de paz firmado por el presidente
Habyarimana, del grupo étnico hutu, y por la dirigencia rebelde de los tutsi
(Frente Patriótico Ruandés), alejada del poder desde la independencia con
Bélgica, el presidente es víctima de un atentado, lo que desata una ola
sangrienta de represalias contra la minoría tutsi y un saldo, en pocos
meses, de casi un millón de víctimas. Hotel Rwanda, la matanza, del irlandés
Terry George, es el recuento de estos hechos, no como visión global del
conflicto, sino concentrándose en un episodio sobresaliente registrado en un
hotel de lujo, el Hotel des Mille Collines, en la capital Kigali.
Ante la inminencia de una guerra tribal, los extranjeros son desalojados del
país, y dicho hotel se transforma en improvisado campo de refugiados tutsi y
de hutus moderados. Entre estos últimos figura Paul Rusesabagina (un
formidable Don Cheadle), promovido de gerente a responsable único de la
seguridad del hotel, propiedad belga. En poco tiempo los refugiados saturan
cuartos, salones y pasillos, transformando el lugar en una fortaleza
asediada, apenas protegida por equilibrios diplomáticos muy frágiles,
continuamente amenazada por rebeldes hutu para quienes sus adversarios son
simplemente "cucarachas" exterminables.
El odio étnico alcanza tales proporciones que los primeros objetivos del
exterminio planificado son los niños tutsi, "para borrar de antemano la
generación siguiente". Una limpieza étnica, como en Sarajevo, pero lejos
esta vez del escrutinio público internacional, o del compromiso solidario de
las naciones poderosas, Francia, Bélgica, Estados Unidos, las cuales toleran
la estrategia de aniquilación, ya sea por cálculo político, o simplemente
por un viejo reflejo colonial. El coronel Oliver (Nick Nolte), a cargo de
las fuerzas de seguridad de la ONU, explica a Paul Rusesabagina esta
indiferencia occidental: "Para ellos usted es sólo un negro (black), ni
siquiera un negro americano (nigger), usted es un africano".
El eficiente y acomedido Paul es sobre todo un ciudadano modelo, amigo de
los extranjeros, suerte de Tío Tom conciliador y moderado. Hotel Rwanda
muestra su mejor acierto en el diseño de este personaje enigmático. De este
hombre, de apariencia inofensiva, depende la suerte de mil 200 refugiados.
El es el negociador indispensable, el protector providencial, el que mejor
sabe cruzar las líneas enemigas y recurrir a tretas, sobornos y corrupciones
de todo tipo para proteger y alimentar a los suyos, sin perder jamás la
compostura ni la reputación de hombre honesto. De una escena a otra,
sorprende su habilidad para sobrevivir, la inventiva de sus recursos. Aunque
la cinta narra una historia de violencia extrema, jamás cede a la tentación
de imágenes sensacionalistas; su interés está en otra parte, en la
desolación moral que invade al protagonista al sentirse abandonado por sus
antiguos "aliados" europeos, en quienes había depositado su confianza y que
ahora parecen sólo utilizarlo.
Entre otras tentaciones, Terry George y su coguionista Keir Pearson evitan
el panfleto de denuncia y los personajes demasiado esquemáticos. Ciertamente
hay villanos como el joven Gregoire, de mezquindad moral inabarcable, pero
su dimensión es sólo la de un pobre diablo rebasado por las circunstancias.
Más interesante resulta el jefe de la policía, súbitamente aterrado por la
idea de algún día ser enjuiciado por crímenes de guerra. O la propia Tatiana
(Sophie Okonedo), esposa de Paul, cuya interpretación mesurada, combinación
de dramatismo y buen humor, impide la caída abierta en el melodrama
familiarista.
La factura del filme es modesta, sin mayores alardes en el terreno de la
acción y el suspenso -acaso sólo un frustrado intento de huida al aeropuerto
en camionetas rodeadas por rebeldes enardecidos, o el espectáculo de un
inmenso reguero de cadáveres en la penumbra. Lo que Terry George consigue
plasmar con buen tino es el drama de la guerra tribal en el microcosmos que
da título a la cinta, y recrear ahí una atmósfera de encierro y una espera
angustiante. Una población aterrorizada sin medios de comunicación y sin
gobierno, apenas informada por la radio rebelde que amenaza e intimida, y
reduce al enemigo escucha a la calidad de insecto exterminable. Una
situación de terror cotidiano, donde el escándalo máximo siempre fue la
indiferencia de Occidente: "Leyendo las noticias, ellos dirán ¡qué horror!,
y seguirán desayunando tranquilamente".
bonfil@letraese.org.mx
www.jornada.unam.mx/2005/08/14/a09a1esp.php
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