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Asunto:[BoletinAndaluciaLibre] nº 138 - Elecciones en Brasil
Fecha:Domingo, 6 de Octubre, 2002  20:12:42 (+0200)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nº 138
 
En este Correo:
ESPECIAL ELECCIONES EN BRASIL
*Lula: "Paz y amor" cerca del cielo, Gustavo Codas
*Mantener las metas pactadas con el FMI y gradualismo. Antonio Prado, coordinador del equipo económico de Lula
*La Conversión de Lula, Ernesto Ekaiser - Enlaces
*El PT y las Elecciones de 2002 - Coordinadora Nacional Tendencia Democracia Socialista-PT
*Dos Entrevistas, J. Pedro Stedile (Movimiento de los Sin Tierra)
*El Voto a Lula, Movimento de Esquerda Socialista-PT
*Enlaces Brasileños: Organizaciones políticas, Medios.
*Solidaridad con Palestina,
*Directorio, Música, Encuesta Abierta, Suscripciones-Apoyo
 
--oOo--
 
 
Elecciones en Brasil
 
 
 
Lula: "paz y amor" cerca del cielo
Gustavo Codas
Corresponsal del semanario uruguayo Brecha en Sao Paulo, 27-9-02
Esta vez (la cuarta) Lula tiene posibilidades de ser electo presidente de Brasil. Pese al duro ataque de sus adversarios de derecha e izquierda, su desempeño electoral no ha sufrido grandes altibajos en las últimas semanas. Por el contrario, mejoró en algunas encuestas.
 
El fenómeno ocurre en un momento particularmente turbulento de la economía nacional. Meses atrás, tratando de intimidar al electorado ante un posible triunfo de Luiz Inácio da Silva, "Lula", se decía que si éste llegara al poder la moneda brasileña superaría en enero la barrera de los tres reales por dólar. El martes 24 el dólar se cotizó a 3,78 reales. Un récord desde que la moneda fue creada a mediados de 1994. En la ocasión, también por primera vez en mucho tiempo, el real cotizó por debajo del peso argentino. El principal socio en el Mercosur es un fantasma que asusta a los electores brasileños. Por algo a mediados de año el oficialismo inauguró la campaña electoral afirmando que Lula sería el Fernando de la Rúa de Brasil. La economía se ha fragilizado y las elecciones son la excusa ideal de los especuladores para ganar dinero en un contexto propicio.
 
EL NUEVO LULA
 
Fue el propio candidato del Partido dos Trabalhadores (PT) quien, semanas atrás, autodefinió su capaña como "Lulinha paz y amor". Ahora, requerido por la prensa, respondió que no atacará a los otros candidatos, que le lanzan gruesos dardos: desde haber traicionado a su base social hasta realizar acuerdos secretos con la banca. En esta campaña surgió una faceta más del "nuevo" Lula. Tal vez la más llamativa haya sido la contratación del publicitario Duda Mendonça, cuya fama se forjó cuando en 1992 consiguió rehabilitar a un recalcitrante político derechista, acusado por corrupción, Paulo Maluf, derrotando al PT en las elecciones municipales de Sao Paulo.
 
Pero no terminaron ahí las sorpresas. En un lance osado, Lula ungió a un gran empresario textil, senador del Partido Liberal, como candidato a vicepresidente. El grueso de la bancada de diputados liberales, vinculados a las iglesias evangélicas -que en las elecciones presidenciales de 1989 hicieron campaña contra Lula afirmando literalmente que era la encarnación del diablo en la tierra-, también se pasaron a las filas petistas. El ex dirigente obrero obtuvo también apoyos de políticos de centro: el senador y ex presidente José Sarney (1985-1989), el ex gobernador de San Pablo (1986-1990) hoy candidato a senador Orestes Quercia, y el ex presidente (1992-94) y actual gobernador de Minas Gerais Itamar Franco. Algunos grandes empresarios se sumaron a su campaña. Más allá de intereses electorales, hay entre todos ellos un hilo conductor que permitió tales alianzas: una crítica al actual modelo económico y un cierto nacionalismo.
 
Pero Lula hizo también gestos fuertes hacia el centro. Frente a los intentos de vincular la turbulencia económica del país a su crecimiento electoral, a mediados de año lanzó su "Carta al pueblo brasileño", en la que prometía explícitamente no romper compromisos de pago de deuda externa contraídos por el actual gobierno (el documento fue bautizado maliciosamente por sectores de la izquierda del PT de "Carta a los banqueros"). Y cuando el gobierno de Fernando Henrique Cardoso firmó un leonino acuerdo con el fmi para "calmar al mercado", Lula se entrevistó con el presidente para afirmar que mantendrá lo acordado. Al visitar instituciones empresariales (Bolsa de Valores, Federación de Bancos) el candidato del PT constituyó grupos de trabajo conjuntos, entre su asesoría y la de esas instituciones, para formular propuestas económicas.
 
En cuanto a su formulación estratégica, Lula alimenta la idea de un "nuevo contrato social" entre trabajadores, empresarios y sociedad en general, que lo tendría como árbitro, ya que a partir de su experiencia sindical en los años setenta se define como el mejor negociador del escenario nacional. Al ser abordado insistentemente por los periodistas sobre "quién perderá" con su gobierno, se niega a hablar en esos términos y sólo se refiere a "quienes ganarán": todos, al mismo tiempo.
 
Los movimientos sociales, pese a diferencias de matices, apoyan a Lula. La Central Única de Trabajadores (CUT) decidió meses atrás entrar oficialmente en la campaña petista. Lo mismo hizo la Asociación Brasileña de ong (abong), al tiempo que la totalidad de la dirección del Movimiento de los Sin Tierra (MST) está empeñada en la victoria de Lula, aunque no definió una posición oficial. João Pedro Stédile, uno de los principales dirigentes del MST, resumió en una reciente entrevista que a pesar de que Lula giró hacia el centro, las fuerzas sociales del cambio lo apoyan porque su triunfo abrirá un período de cambios profundos en la sociedad por el impulso de las expectativas y movilizaciones que desataría (véase nota aparte).
 
ADVERSARIOS
 
El principal contrincante de Lula es José Serra, quien deshizo de hecho la alianza de gobierno con la que contó Fernando Henrique Cardoso, la más amplia y fuerte alianza conservadora constituida en décadas en Brasil. Aliados del actual jefe de Estado migraron hacia otras candidaturas, sobre todo hacia la de Ciro Gomes pero también hacia la de Lula.
 
Si bien es el candidato del oficialismo, Serra no quiere admitirlo. Su estrategia electoral alimenta una posición ambigua frente a Cardoso (que lo apoya, pero que apareció sólo el primer día en su campaña televisiva). Es probable que esa estrategia electoral haya sido alimentada por las encuestas que muestran que la mayoría de los electores quiere votar por un candidato de oposición. El problema es que así Serra no ha conseguido atraer los votos, ni siquiera de los que apoyan al actual gobierno.
 
Serra despierta hondas antipatías. Para hacer viable su candidatura tuvo que destruir la reputación de la candidata liberal -la hija de Sarney-, uno de los puntales de la alianza de gobierno tejida por Cardoso. Para acercase a Lula tuvo que atacar a Gomes y bajarlo del segundo puesto, acusándolo de tener problemas de carácter (lo pescó diciendo pequeñas mentiras sobre su biografía que, según su equipo, denunciarían una personalidad problemática). En ambos casos se trata de políticos nordestinos, lo que alimentó el rumor de que Serra sería un agente de los intereses de los grandes grupos económicos paulistas en perjuicio de las otras regiones del país.
 
Destruido Gomes dos semanas atrás, Serra giró sus ametralladoras contra Lula. Su campaña en la televisión trabajó varias líneas. Afirmó que había "un Lula" (el neomoderado) producido por el publicista Duda Mendonça y "otro Lula" que sería el verdadero (el radical de siempre). Comparó sus biografías y se dijo mejor preparado (ya que Lula no tiene curso universitario ni ejerció en ningún gobierno). Hizo un montaje sobre imágenes de años atrás de tal forma que el presidente del PT, José Dirceu, parecía estar azuzando a huelguistas para que golpearan al entonces gobernador de Sao Paulo (Mario Covas, hoy fallecido).
 
El efecto fue inusitado: no provocó una caída de Lula pero aumentó el rechazo a Serra, el candidato que tiene la más alta tasa de rechazo entre los electores, muchos de los cuales dicen que no votarían por él en ninguna hipótesis. Mientras, a sus espaldas, las cosas se iban moviendo.
 
PEQUEÑOS GRANDES CAMBIOS
 
Gomes, un político de origen conservador que se afilió al heredero del Partido Comunista "moscovita" (Partido Popular Socialista), montó un frente en el que coexisten desde partidarios del expresidente Fernando Collor y Chicago boys hasta el líder populista Leonel Brizola. Aparecía como la más sólida alianza anti Lula, ya que por su origen y trayectoria podía arrastrar votos tanto de la oposición como de la base del oficialismo. Pero en las últimas semanas hizo algunas declaraciones desastrosas que, junto a la propaganda serrista, lo empujaron al cuarto y último lugar.
 
Esos votos, sin embargo, se repartieron entre Garotinho, candidato del Partido Socialista Brasileño, y Lula quien, en algunas encuestas alcanza el 44 por ciento de las intenciones de voto y en otras roza el 48. Es decir, está cerca de conseguir la victoria en la primera vuelta. Algunos de los asesores de Gomes y de Garotinho defienden una renuncia de estos candidatos que aseguraría la victoria de Lula el mismo 6 de octubre, ya que temen que Serra utilice los más bajos recursos en su intento de parar a Lula en el segundo turno.
 
La última carta de Serra podría ser las acusaciones de corrupción de gobiernos municipales petistas que circulan con insistencia en la prensa, buscando salpicar al presidente del pt, Dirceu. Pero es probable que Serra no siga ese camino ya que en su contra pesan acusaciones mucho más contundentes. Enfrenta así un dramático dilema. Por un lado quiere impedir la victoria de Lula en la primera vuelta y para eso debe continuar atacándolo. Por otro lado, si Lula cae, sus votos pueden transferirse en la segunda vuelta a Garotinho, ya prácticamente empatado con Serra. Actualmente Lula está siendo atacado por todos y por todo un abanico de razones, pero él continúa olímpico en su estilo "Lulinha paz y amor", sin responder directamente a los ataques. Hasta ahora le ha dado resultado: su tasa de rechazo entre los electores es la más baja entre todos los candidatos y también en toda su trayectoria político-electoral. Lo que es fundamental para la segunda vuelta.
 
Empresarios con Lula
 
La revista Exame publicó en julio una encuesta a los presidentes de 100 de las 500 mayores empresas de Brasil. Un 71% dijo que su candidato era José Serra, seguido de Ciro Gomes. Lula sólo obtuvo el 1%. Pero las cosas están cambiando a marcha forzada conforme se acerca el día de las elecciones y la ventaja de Lula crece. "Lula está más cerca de ser elegido y nadie quiere perder el barco. Es tan simple como eso. El empresario es un animal pragmático, no tiene ideología", reconoce un especialista. En la recta final, el comité de campaña del pt prepara un golpe de efecto, como la declaración de algún peso pesado del mundo empresarial (se habla de Horacio Lafer, presidente de la poderosa asociación patronal de Sao Paulo, FIESP) que, sin pedir explícitamente el voto para Lula, declararía su confianza en un gobierno del PT.
 
En la campaña electoral del PT aparecen más empresarios que ningún otro sector social, sobre todo en la última etapa. Ivo Rosset, presidente de Valisère, empresa textil con 4.000 trabajadores, sostiene que "la idea de Lula es buscar más entendimiento entre todas las clases. Políticamente, es el dirigente más articulado y el candidato que tiene mejores condiciones para lograr este entendimiento con empresarios, trabajadores e, incluso, con el sector financiero". "No soy petista ni pienso pertenecer a ningún partido, pero si la gente observa la vida de Lula, no puede sino admirarlo", declaró a su vez Eugenio Staub, presidente de Gradiente, una de las mayores empresas del sector electrónico de Brasil.
 
Staub provocó el sábado 21 por la noche un terremoto político cuando apareció en las pantallas de televisión en un espacio de propaganda electoral del PT. El empresario es amigo desde hace 20 años del candidato oficialista, José Serra, y votante tradicional del Partido de la Social Democracia de Brasil, del presidente Fernando Henrique Cardoso. Dos meses atrás había dicho que votaría a Serra. A dos semanas de las elecciones, ha cambiado de opinión y anuncia que Luiz Inácio "Lula" da Silva es el presidente que necesita Brasil.
 
Los pasos de Staub fueron seguidos por otros empresarios, como Fernando Gasparián, de la editorial Paz y Tierra, y el banquero Amador Aguiar. "Entendemos que Lula es la única alternativa capaz de aplicar un programa de gobierno concentrado en el crecimiento económico, con creación de empleo, reducción de las desigualdades, fortalecimiento del mercado interno y apoyo a las empresas nacionales", señala un documento que ya tiene la firma de 500 empresarios de todo el país. La mayor parte procede del sector productivo, según resalta Lawrence Pih, presidente de Moinho Pacífico, la mayor molinera de trigo de América Latina.
 
Antonio Prado, coordinador de los equipos económicos de Lula
Mantener las metas pactadas con el FMI y gradualismo.
Entrevista en el suplemento económico del diario Clarín
Buenos Aires, 22-9-02
 
Dirceu y Lula
 
En el equipo del favorito, el dirigente histórico del Partido de los Trabajadores, Luiz Inacio Lula da Silva, que tiene 40% de las intenciones de voto, la palabra "ruptura" fue eliminada del diccionario programático. En su remplazo, aparece otra idea: "transición gradual". Antonio Prado, economista que coordina el plan económico de la alianza "Lula Presidente", despejó las dudas que pueden subsitir en los medios financieros internacionales, y dice que hay una clave: "La estabilidad macroeconómica es fundamental. Cuando se consigue, se resuelven la gran mayoría de los problemas productivos".
- Pero ¿qué gobierno no quiere la estabilidad? El problema es como se consigue. Basta ver a la Argentina.
 
- No se pueden comparar Brasil y Argentina. Estuve reunido hace poco con John Williamson (ideólogo del Consenso de Washington, la receta para todos los males del FMI y el Banco Mundial durante los ´90). Hizo una lista de diferencias entre los dos países, porque lo que quería demostrar es que Brasil está en una situación intermedia.
 
- ¿O sea...?
 
- Su tesis era que aún cuando Brasil esté realizando un serio esfuerzo para reducir su necesidad de financiamiento externo, tiene un riesgo de caer en "default" por causa de una "quiebra de confianza" de los inversores externos. Pero en ese trabajo de diferencias con Argentina, hubo varias interesantes. Una es que Brasil no tiene dificultades para recaudar impuestos. La otra es que la deuda pública brasileña es interna y fijada en reales.
 
- Y como el gobierno tiene la máquina de fabricar reales, pase lo que pase siempre puede emitir papel moneda...
 
- Sí, claro. Pero ahí se crea hiperinflación. Y no vamos a hacer eso. La cuestión es que Williamson concluyó que con el superávit fiscal primario de 3,75% (pactado con el Fondo) hay margen de sobra para reducir la relación entre deuda pública y producto bruto interno. Eso significa que esa deuda está lejos de ser explosiva.
 
- El ajuste fiscal comprometido con el Fondo impuso e impondrá bajas del gasto estatal. La Argentina probó que sucesivos recortes del gasto aceleran la caída económica y afectan la recaudación. ¿Por qué Brasil sería diferente?
 
- El problema es de eficiencia del gasto. Nosotros estamos convencidos que con los recursos disponibles podríamos aumentar la oferta de bienes y servicios a la sociedad, sólo con hacer que el gasto sea más eficiente.
 
- ¿Cómo piensa el PT que puede contener las demandas sociales si continúa la misma política económica?
 
- Hoy existen tensiones en varios sectores sociales. Desde hace 8 años, no existen ajustes lineales en los salarios públicos; hay 23 millones de personas por debajo de la línea de pobraza y 11,5 millones de desempleados. Hay dos respuestas a eso. Una es el diálogo y la negociación, donde Lula ya demostró su capacidad. La otra es la madurez de los movimientos sociales, que deben entender que no es posible atender de inmediato demandas reprimidas durante tanto tiempo. Van a existir presiones pero no significa que terminen en conflicto abierto.
 
- Lula habla de una gran pacto social. ¿Es una alianza con el empresariado nacional?
 
- La economía de Brasil tiene un grado importante de internacionalización. Un 30% está en manos de empresas multinacionales. Luego, no es solo el empresariado nacional. Tiene que incorporar a las compañías extranjeras.
 
- Pero las empresas extranjeras instaladas en Brasil vinieron sólo para el mercado interno ¿no? Y ustedes plantean que ahora hay que exportar...
 
- Sí, es verdad. Las multinacionales atienden sobre todo el mercado interno. Pero se pueden negociar condiciones suficientemente atractivas, no solo con las filiales sino las matrices, como para decidirlas a exportar desde Brasil.
 
- ¿Cuáles son los problemas más agudos con que se enfrentarán en los primeros meses de gobierno, en caso de ganar?
 
- El problema más grave es la renegociación de una deuda externa de 26.000 millones. Son vencimientos de papeles de la deuda externa y de préstamos extranjeros al sector privado brasileño. Como hay una retracción muy fuerte del crédito internacional, se hace dificil refinanciar esos vencimientos.
 
- ¿Cómo lo van a enfrentar?
 
- Eso va a depender de la confianza del sistema financiero internacional en la política económica brasileña. A partir del resultado de las elecciones, y luego que se anuncien los equipos económicos, se sentirá de inmediato la reacción de los bancos internacionales. Creo que la cuestión es conquistar la confianza. Como nuestra propuesta es una política muy gradual de transición durante el 2003, no veo imposibilidades.
 
- ¿ Y a quién va a poner en el Banco Central, que parece concentrar las miradas de todo el mundo?
 
- Lula ya indicó su intención de incorporar cuadros de varias corrientes políticas en su gobierno. En el caso específico del Banco Central, el criterio para ocupar la presidencia del organismo se regirá por tres criterios bien precisos: capacidad técnica, experiencia en el área financiera y un reconocimiento del sector financiero sobre la solidez de quien sea designado.
 
- ¿Cómo cree que puede influir el escenario internacional en la economía de Brasil y de la región?
 
- Lo que se ve claramente es que el reflujo de liquidez internacional no se trata, ya, de una crisis de países emergentes. Ahora, la crisis alcanza al núcleo capitalista internacional: Estados Unidos, Europa y Japón. En verdad, la mayor dificultad viene de la propia crisis norteamericana, que puede empeorar si hubiera un ataque a Irak. La otra cuestión es que los inversores aumentaron su aversión al riesgo, precisamente por cuenta de los problemas en Estados Unidos. Y es evidente que la economía brasileña sigue mostrando una alta vulnerabilidad externa. Por eso, somos tan prudentes.
La conversión de Lula
El candidato socialista brasileño evoca la figura de Felipe González en 1982
ERNESTO EKAIZER | EL PAIS Madrid
Lunes, 26 de agosto de 2002
 
Emilio Botín, el patriarca del Banco Santander, no se horrorizó, ni mucho menos, cuando en 1977 fue legalizado el Partido Comunista de España. En 1982, apreció los cambios del Partido Socialista Obrero Español de Felipe González. En febrero de 1983, cuando el Gobierno expropió el holding Rumasa, el patriarca envió a Miguel Boyer un tarjetón. A la luz de los datos que el entonces ministro de Economía y Hacienda ofreció a los medios de comunicación, el banquero le felicitaba por la decisión.
 
El pasado jueves, su hijo y sucesor en el trono, Emilio Botín, presidente del Santander Central Hispano (SCH), entidad que opera en Brasil a través de Banespa y la marca Santander, se entrevistó con el presidente del Banco Central brasileño, Arminio Fraga. Más tarde, desde Río, declaró: 'Independientemente del proceso electoral, nuestro compromiso con Brasil es firme y definitivo'.
 
Si las palabras de Botín -muy diferentes a las que suele escoger cuando habla de Argentina- han añadido un toque español a la actual situación brasileña, no es menos cierto que la evolución del hombre que está en liza por cuarta vez por la presidencia de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, candidato por el Partido de los Trabajadores (PT), evoca la candidatura de Felipe González en las elecciones del 28 de octubre de 1982.
 
El actual Lula, un hombre de 56 años, es un nuevo producto. El experto en márketing político Duda Mendonça ha conseguido desde diciembre pasado convertir a un dirigente sindical de la industria del metal en un político profesional moderno. 'El PT era un partido muy intelectual. Y Lula no hablaba el lenguaje del pueblo', explicó Mendonça en una entrevista con el semanario Istoé.
 
Mendonça cree que sigue siendo el mismo Lula. 'Lo que ha cambiado es la forma. Usted puede mostrar las mismas cosas de otra forma. Es el mismo PT de manera diferente. La televisión no es el sitio para hacer discursos, es un lugar para conversar. Usted entra en la casa de la gente. Hay una mujer que puede estar dando de mamar a su hijo. Otro está en la mesa tomando café. Usted tiene que conversar. La cara rabiosa, los gritos, todo eso irrita'.
 
Mira por dónde, lo que dice Mendonça podría reforzar la desconfianza en su candidato. Es lo que muchos banqueros e inversores temen. A saber: que Lula y el PT sean el mismo partido sindical de izquierdas pero que ahora se presenta con un nuevo disfraz para obtener la victoria.
 
Si uno se zambulle en Brasil para todos -un mamotreto de 88 páginas que constituye su programa de gobierno-, no hay rastros de su pasado izquierdista. Lula, que visitó a Lionel Jospin durante la última campaña electoral francesa, podría decir aquella frase tan rompedora del entonces candidato del partido socialista: 'Nuestro proyecto no es socialista'.
 
En cambio, Lula sostiene que el punto central de su plan es hacer que Brasil funcione, que el capitalismo brasileño supere sus debilidades y funcione a todo vapor.
 
Quizá para romper con los tabúes, después de elegir como candidato a vicepresidente a un empresario, Lula visitó el pasado 5 de agosto la Bolsa de Valores de São Paulo (Bovespa). Como si estuviera en una asamblea de trabajadores del metal, el candidato del PT defendió, ante 300 personas, la idea de popularizar el mercado de capitales -el Plan Director del Mercado de Capitales- impulsada por 45 entidades del sector. Los inversores presentes acogieron sus palabras con fuertes aplausos. Era la primera vez en sus 113 años que la Bolsa recibía la visita de un candidato a presidente.
 
El liderazgo de Lula en los sondeos -y el avance importante del otro candidato socialista de izquierdas, Ciro Gomes- ha metido miedo en el cuerpo de los acreedores internacionales de Brasil. En la actualidad, la deuda externa neta, pública y privada -descontando las reservas internacionales- asciende a 178.000 millones de dólares.
 
El peso de la deuda exterior en términos del producto interior bruto (PIB) brasileño supone, en cifras oficiales, un 41%. Fuentes solventes indican que es mucho más elevado y que podría llegar al 58%.
 
En Europa, la cifra no supondría ninguna catástrofe. El Tratado de Maastricht, por ejemplo, imponía un tope de endeudamiento del 60% en relación al PIB. Y países como Bélgica o Italia superan con creces el 100%.
 
¿Cuál es, entonces, el problema? A diferencia de los países industrializados, naciones como Brasil tienen una deuda enorme en moneda extranjera. Por otra parte, los tipos de interés que deben pagar son bajos y estables. La clave, precisamente, es que una deuda como la brasileña, a la menor señal de fragilidad, tiene que pagar más prima por sus bonos y créditos.
 
Aun cuando los acreedores saben que un país como Brasil puede tener razonables dificultades para pagar su deuda, al volver a prestarle facturan más coste. Es terrible, porque de este modo se incrementa perversamente la posibilidad de la suspensión de pagos.
 
Según un estudio recientemente elaborado por el economista John Williamson para el Institute for International Economics, el ratio de la deuda respecto de las exportaciones es del 326% y el servicio de la deuda brasileña (intereses más remisión de beneficios más amortizaciones divididos por exportaciones) asciende 'a un astrónomico 91%'.
 
Lula ha apoyado el reciente acuerdo del Gobierno de Fernando Henrique Cardoso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para poder contar con 30.000 millones de dólares, de los cuales 8.000 millones serán desembolsados en 2002 y el resto en el año 2003. Lula sabe que la segunda y más importante parte del dinero sólo será autorizada por el FMI si el nuevo presidente cumple el compromiso de mantener un superávit fiscal primario al año del 3,75%.
 
Y aquí está el nudo gordiano. Una meta como ésta sólo permitiría alcanzar objetivos de crecimiento económico del 5% o 6%, como plantea Guido Mantega, uno de los asesores económicos de Lula, con un boom exportador de varios años. En las condiciones actuales del mercado mundial, es un plan irrealizable.
 
Lula, después de visitar el pasado lunes 19 al presidente Cardoso, declaró que su victoria en las elecciones presidenciales hará que Brasil ya no tenga que acudir cada tres meses al FMI para sobrevivir. Con todo, es seguro que tendrá que negociar con el FMI, que mantendrá la espada de Damocles de los 30.000 millones de dólares aún pendientes de desembolsar.
 
Un fantasma vuela por la campaña electoral brasileña. Es el de Lionel Jospin. ¿Quién será el Jospin, es decir, el candidato que no pasará a la segunda vuelta? José Serra, el candidato de Fernando Henrique Cardoso, tiene todas las papeletas. Pero nunca se sabe.
 
Enlaces:
BRASIL: EL PT Y LAS ELECCIONES 2002
Garantizar que el PT seguirá siendo un partido socialista y democrático pese a los derroteros que la mayoría de la dirigencia ha impuesto a la campaña electoral.
Resolución de la Coordinación Nacional de la Tendencia Democracia Socialista del Partido de los Trabajadores.
Traducción de María Cristina Hernández Escobar *
 
 
Hemos seguido de cerca con preocupación los rumbos que la mayoría de la dirigencia del partido ha dado a la campaña electoral, en particular a la disputa por la presidencia y a algunas campañas en los estados. La resolución de hacer alianza prioritaria con un partido de derecha —el Partido Liberal—, la forma como algunos de nuestros más preciados postulados programáticos han perdido su sentido original, y la violación del sentido de nuestra democracia interna son problemas vitales para el papel que el PT se propone desempeñar en la sociedad brasileña.
 
El problema de fondo es cómo conducirnos —en un contexto complejo— frente al chantaje de los “mercados”, cómo realizar una campaña victoriosa —electoral y políticamente— para los objetivos que definen la existencia de nuestro partido: ganar el gobierno central a fin de impulsar una revolución democrática en Brasil, coherente con la propuesta de sociedad que hasta hoy reafirmamos en nuestros postulados.
 
Es preciso subrayar que las elecciones deben ser para nosotros momentos de disputa abierta por otra propuesta de sociedad. Esta disputa es lo que en la lucha política puede permitirnos generar la fuerza tanto para elegir a nuestros candidatos, como para posibilitar la aplicación de nuestro programa.
 
Si durante el proceso electoral no logramos identificarnos con nuestras propuestas, si no tenemos claro quiénes son los adversarios del pueblo, si no tenemos poder de convocatoria y capacidad hegemónica, nos convertiremos en réferis de nuestros adversarios y, en el supuesto caso de que llegáramos a ser gobierno, no podríamos romper con la poderosa red de poderes que circunscriben y determinan la lógica y el rumbo de las políticas neoliberales.
 
Las elecciones de 2002 y el chantaje de los “mercados”
 
En las elecciones de 2002 —presidenciales, de congreso, de gobiernos estatales y de asambleas legislativas— se discute qué nación construiremos en el siglo XXI.
 
Un elemento determinante de este proceso, en particular de la contienda por la presidencia, es la evolución económica del país. El gobierno federal ha buscado ocultar su responsabilidad en la crisis e impedir el debate de alternativas de fondo. Ha venido utilizando el terrorismo económico para favorecer a su candidato y forzar a la oposición popular a plegarse a los intereses de los mercados financieros. El mismo gobierno responsable de la agudización de la dependencia, que dio a los llamados “mercados” un enorme poder para ejercer presión, cínicamente reta a la oposición a “comprometerse a mantener el camino correcto” en el manejo de la economía. Aunado a ello, las declaraciones del presidente del Banco Central de los Estados Unidos, Alan Greenspan, del ex vicedirector del FMI, Stanley Fischer, y del megaespeculador George Soros, entre muchos otros, sobre el “impacto negativo en los mercados” de la candidatura de Lula demuestran que nuestros enemigos no dudan en tratarnos como enemigos y que están empeñados en garantizar la continuidad de la dictadura del capital y de los mercados internacionales (sobre todo norteamericanos) en Brasil.
 
Por otro lado, el candidato gobiernista se presenta a la contienda electoral con un discurso en que se articulan continuidad y cambio. En su lenguaje, aparecen lo mismo la “defensa de la estabilidad económica” que las ideas de “políticas de crecimiento” y de “distribución de la riqueza”. De esta manera busca dialogar con el cada vez mayor cuestionamiento del neoliberalismo y enfrentar, de manera oportunista, la creciente aceptación, por parte de la población, del discurso y las políticas públicas típicas de las organizaciones populares, en especial de los partidos de izquierda que han gobernado.
 
Mientras tanto, las modificaciones a la fórmula neoliberal, propuestas por el candidato del gobierno y por los partidos burgueses, no van más allá de los marcos del mismo paradigma. No darían lugar a alteraciones significativas en el conjunto hegemónico de clases o cambios en la lógica de inserción dependiente de Brasil en el mercado mundial. Se mantendrían los fundamentos de la política antinacional y antisocial actual.
 
El bloque gobiernista ha venido exhibiendo su carácter antidemocrático. Prueba de ello es la manera como se ha echado mano de expedientes ilegítimos e ilegales durante la contienda electoral. El ejemplo más claro es la instrumentación de la Policía Federal en contra del PT.
 
Además de Lula y del candidato del gobierno, un tercer candidato, Ciro Gomes,[1] participa con ventajas en la contienda electoral. Principal representante de la oposición burguesa, se presenta también como candidato de continuidad y cambio; a cada momento recuerda su papel como ministro en la implantación del Plan Real,[2] por un lado, y por el otro, se define como opositor al gobierno actual (aunque sea apoyado por Antônio Carlos Magalhães, Jorge Bornhausen y por la mayoría del PFL,[3] incluso cuenta con la simpatía de Tasso Jereissati).[4]
Un partido como el nuestro, comprometido con la “radicalización de la democracia”, necesita construir un vigoroso movimiento de discusión de nuestro programa con la población; sólo así se generarán la movilización y la legitimidad social necesarias para romper con la lógica mercantil, vencer y comenzar con la aplicación de nuestro programa de gobierno.
 
El cambio que la mayoría del pueblo brasileño desea sólo es posible mediante un amplio movimiento de masas que nos lleve a ser gobierno y nos de sustento frente a los desafíos de las transformaciones económicas, políticas y sociales que procuraremos dirigir. Por tanto, necesitamos dejar clara  la polarización entre dos proyectos antagónicos: de un lado, las fuerzas conservadoras y liberales, identificadas con el actual proyecto hegemónico, que incluye al gobierno de Fernando Henrique Cardoso y a la oposición burguesa que quiere reformas, pero sin ruptura; del otro, los millones de trabajadores, jóvenes, desempleados y luchadores sociales; hombres y mujeres que desean la ruptura con el actual modelo hegemónico. No se construirá un proyecto victorioso mediante ambigüedades, sino a partir de opciones y propuestas claras.
 
Las resoluciones del XII Encuentro: ruptura global con el modelo existente
 
Nuestra referencia para este momento político deben ser las resoluciones del XII Encuentro Nacional del PT (diciembre de 2001), en especial el documento “Concepciones y directrices del Programa de Gobierno del PT para Brasil”, centrado en la construcción de una alternativa efectiva al neoliberalismo, en el terreno de la disputa electoral. En los debates del proceso de elecciones internas del partido fueron expresadas divergencias importantes respecto al programa. Mientras, la aprobación de este documento por el Encuentro, con la incorporación de diversas enmiendas, representó un momento de unificación de las posiciones del partido.
 
Estas “directrices” retomaron la línea de elaboración político-programática que el partido viene realizando desde su fundación y, especialmente, desde el V Encuentro Nacional de 1987, cuando por primera vez se postuló a Lula a la presidencia. En aquel encuentro se formuló la estrategia de la “alternativa democrática y popular”. Hoy en día, aunque de manera menos radical que en el texto de 1987, las “directrices” sustentan el “carácter democrático y popular” de nuestro programa de gobierno y afirman “que no puede haber duda de que el gobierno democrático y popular necesitará llevar a cabo una efectiva ruptura global con el modelo existente, sentando las bases para la implementación de un modelo de desarrollo alternativo”. Por lo tanto, quedó muy claro el rechazo al camino de la desmoralización y del fracaso estrepitoso representado por lo que puede llamarse “alternativa De la Rúa”.
 
Evitando las ilusiones respecto al carácter progresista de las clases dominantes brasileñas, nuestro partido afirma en la tesis aprobada que la implementación de nuestro programa de gobierno “sólo será posible a partir de la constitución de una nueva coalición de fuerzas que rompa los sucesivos pactos conservadores que han dominado por décadas al país”.
 
La crisis del neoliberalismo y el incremento de las luchas populares en América Latina
 
De esta forma, el XII Encuentro del PT reflejó el avance de las luchas populares y del cuestionamiento al proyecto neoliberal que se ha venido registrando tanto en el plano social como internacional. De hecho, el escenario internacional de la lucha de clases comenzó a alterarse positivamente. La creciente inestabilidad de la economía mundial, con la serie de crisis, resta legitimidad al proyecto neoliberal y fomenta una resistencia que, desde las manifestaciones de Seattle, a finales de 1999, ganó carácter internacional.
 
La crisis político-social es más profunda en América Latina, acentuada por la recesión global que afecta con fuerza la región y por el aumento de la deuda externa. En toda Latinoamérica, la implantación de políticas neoliberales llevó a la proliferación de la miseria y el desempleo, y volvió más dependientes y más vulnerables a las presiones del capital internacional a nuestros países. El imperialismo norteamericano quiere todavía más: busca imponer un nuevo pacto colonial mediante el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). No podemos olvidar, además, que la propuesta del ALCA viene acompañada de un incremento de la presencia militar estadunidense en la región, de las restricciones en las libertades democráticas y de la redefinición del papel de las instituciones continentales, como la OEA.
 
En contrapartida, América Latina tal vez sea la región en que la superación del periodo de dispersión y fragmentación de las luchas, ante la ofensiva neoliberal, esté más avanzada. Vivimos un momento de retorno a las movilizaciones y de reorganización de los movimientos sociales. El “argentinazo”, la derrota del golpe militar en Venezuela, patrocinado por los Estados Unidos; el aumento de las luchas sociales y de la presencia institucional de la izquierda en Brasil, el incremento de las movilizaciones en Paraguay y en Bolivia confirman un nuevo periodo de lucha de clases.
 
Este proceso se relaciona con el crecimiento del movimiento de resistencia a la mundialización capitalista y expresa el surgimiento de un internacionalismo renovado, una de cuyas expresiones es el Foro Social Mundial de Porto Alegre. En este contexto, las resoluciones del XII Encuentro expresan una orientación no sólo necesaria, sino absolutamente viable.
 
La necesidad de alianzas coherentes
 
Un partido socialista debe buscar alianzas sociales y políticas, e inclusive alianzas electorales —siempre basadas en acuerdos programáticos—. De hecho, la viabilidad de un gobierno capaz de llevar a cabo profundas transformaciones sociales exige coherencia entre programa y alianzas, en el contexto de una amplia movilización popular y de una profunda democratización de la sociedad. Alianzas electorales de ocasión con partidos de centro, centro-derecha o de derecha no sólo no garantizan esa coherencia ni favorecen nuestra capacidad de movilización y democratización, sino que en la práctica la imposibilitan.
 
La ampliación de nuestra política de alianzas, en dirección al Partido Liberal y otros partidos externos al campo democrático y popular, es contraria a esta exigencia. No toma en cuenta nuestra propia historia y tampoco se haya justificada por un análisis serio de nuestros éxitos y fracasos electorales. Por el contrario, todo los que aprendimos hasta ahora refuerza la tesis de que un partido socialista y democrático se deslinda políticamente de la derecha y éticamente de la corrupción, y que las transformaciones, por las cuales luchamos, exigen la movilización de una voluntad política a partir de la unidad del campo democrático, con un proyecto que exprese y movilice las esperanzas y la voluntad de lucha de las mayorías nacionales.
 
Orestes Quércia y los sectores del PMDB[5] que se alinean con él (con quien el Encuentro de São Paulo aprobó esfuerzos previendo una alianza, que finalmente no se formalizó en el plano estatal, pero está permitiendo el apoyo de los quercistas a Lula) pueden ser caracterizados como de centro o centro-derecha. Ya el PL es claramente un partido de derecha. No podemos olvidar que, en diversos estados, participa de la base de apoyo del gobierno. Sus apoyos a Paulo Maluf[6] y a ACM son ejemplos elocuentes de su carácter. En Alagoas, ese partido es controlado por el principal industrial del estado, Carlos Lira. Sus diputados están involucrados en escándalos de corrupción y se hallan vinculados con Collor de Mello. Dos de ellos fueron citados por la CPI del narcotráfico.[7]
 
El texto de las resoluciones del XII Encuentro, aun cuando registre que se aprueba el esfuerzo de ampliación de las alianzas y relación al centro, mantuvo el criterio de tomar el programa como base, y no mencionó en ningún momento la posibilidad de inclusión de sectores de derecha, como el PL.
 
El candidato gobiernista se presenta como un continuismo sin continuidad y busca legitimarse a sí mismo mediante nuestra deslegitimación como alternativa, lo que hace intentando igualar a Lula y al PT con él, tanto en su programa como en sus prácticas. El principal candidato de la oposición burguesa sigue un camino semejante. En este escenario, es preciso —más que nunca— mantener la nitidez de nuestro proyecto y, a partir de él, acreditarnos como representantes del compromiso con la lucha y la esperanza de millones de brasileños y brasileñas. Somos, por tanto, enteramente contrarios a  la alianza con Orestes Quércia y con el PL, en el plano nacional y estatal —inclusive, naturalmente, en Paraíba. En este estado, el compañero Avenzoar Arruda, dirigente de DS, la coalición con el PL y la aceptación de un candidato a vicegobernador de ese partido. Esta posición, sin embargo, no fue respaldada por la tendencia. Al contrario, esta posición —la alianza con el PL— es frontalmente contraria a lo que históricamente defendemos en el PT.
 
La perspectiva del socialismo
 
El fracaso del neoliberalismo, en particular en América Latina, evidencia que el capitalismo no es una solución. El modelo de desarrollo económicamente viable, ecológicamente sustentable y socialmente justo que defendemos no podrá ser construido dentro de sus límites.
 
Defendemos el vínculo de una perspectiva de gobierno a un proceso de cambios más amplio, y la construcción del socialismo. Esto es respaldado no sólo por las posiciones históricas del PT, sino por algunas experiencias de administración del partido que, entre otras medidas, iniciaron una incorporación de sectores de la población organizada a las decisiones de gobierno.
 
Es respaldado, también, por la evolución de la coyuntura internacional, como fue expresamente reconocido en el texto de las “Directrices”, aprobado en el Encuentro de Recife: se llevan a cabo revueltas populares en diversos países, en particular en América Latina, donde el caso de Argentina es la última y más radical manifestación de las consecuencias de una política impuesta por el FMI. La creciente inestabilidad de la economía mundial, con la serie de crisis, ha restado legitimidad al proyecto neoliberal. Este cambio del cuadro mundial permite combinar la defensa de la soberanía con la lucha por un orden internacional radicalmente distinto del actual. A la mundialización del capital y de los mercados debemos oponer la solidaridad y el internacionalismo de los pueblos. Es en este contexto donde la defensa del socialismo democrático comienza a volverse más favorable, al tiempo que crece la perspectiva de apoyo a un programa de izquierda a escala internacional (“Directrices”, item 54).
 
La victoria del PT en las elecciones será conmemorada por la izquierda en todo el mundo. Al contrario de las recientes victorias electorales de la derecha, especialmente en Europa, un gobierno de izquierda en Brasil abriría nuevas posibilidades a la lucha socialista. El fortalecimiento de la soberanía nacional, el no haber firmado el acuerdo del ALCA, un proyecto de desarrollo económico que acabe con la dependencia, un vigoroso movimiento de participación popular, la decisión democrática de todo lo que es público, son iniciativas que proyectarían otro modelo.
 
Crítica a la posición de la mayoría de la dirigencia del partido
 
En tres aspectos fundamentales la posición de la mayoría de la dirigencia del Partido, en las elecciones, debe ser criticada: en la expresión del contenido programático de la campaña, en la definición de las alianzas y en el funcionamiento del partido.
 
En primer lugar: ante la presión de los “mercados”, nuestro candidato y otros representantes de la campaña han tenido posiciones contradictorias. Por un lado, han señalado correctamente la responsabilidad del gobierno de Fernando Henrique Cardoso en la crisis (tanto por la política que agravó la dependencia de la economía brasileña, como por las repetidas insinuaciones de que los candidatos de la oposición serían irresponsables) y también han refrendado los compromisos los compromisos del partido con los cambios. Por el otro, sin embargo, han cedido a la presión y multiplicado declaraciones que buscan tranquilizar a los mercados, corriendo el riesgo de colocar en un segundo plano las directrices programáticas aprobadas en el Encuentro de Recife y, aún peor, de afirmar que el gobierno del PT mantendría un razonable grado de continuidad de la actual política económica.
 
La “Carta ao Povo Brasileiro” de Lula sintetiza estas orientaciones contradictorias: reafirma el compromiso con cambios fundamentales, pero al mismo tiempo da garantías de que se mantendrán los aspectos de la actual política económica que más agradan al capital financiero. Peor aún: mientras que la reafirmación de los compromisos con cambios es genérica, las garantías a los “mercados” son muy precisas.
 
Naturalmente, toda manifestación del PT en favor de la continuidad de los aspectos de la actual política económica beneficia al candidato del gobierno. Él puede, con razón, presentarse como el más coherente en esta línea, y ya lo ha hecho.
 
Por otro lado, como sería de esperarse, el esfuerzo para tranquilizar a los “mercados” ha dado resultados muy modestos. Sus intérpretes (en particular, los economistas de bancos) y los miembros del equipo económico del gobierno han dicho que reconocen que Lula ha hecho un esfuerzo importante por aproximarse a las posiciones que defienden, pero, de igual manera, afirman que es necesario que Lula vaya mucho más lejos en este sentido. El ministro Malan[8] “sugirió” que se estableciera un compromiso con la manutención del presidente del Banco Central. Otros voceros de los “mercados” han dejado clara la inviabilidad del esfuerzo de Lula y de la dirección de la campaña para ganar su confianza: dicen que “la reputación es algo que se construye con el tiempo”, y que sólo después de algunos años Lula podría ser visto como amigo de los mercados.
 
De hecho, la única medida de Lula que agradaría plenamente a los “mercados” sería el anuncio de que retira su candidatura. Desde luego, hacerlo de ninguna manera eliminaría la crisis, cuyo origen profundo está en el agravamiento de la dependencia, provocado por las políticas del gobierno de Fernando Henrique Cardoso.
 
La mejor alternativa para vencer el chantaje no es rendirse al chantajista, sino contribuir a reforzar la percepción, que gran parte de la población tiene ya, de que sus intereses son contrarios a los de los banqueros y especuladores; es conquistar la disposición de lucha de la mayoría, para enfrentar los obstáculos que se oponen a la construcción de otro país.
 
El segundo y el tercer aspectos criticables de la posición de la mayoría de la dirigencia del PT están interrelacionados: la política de alianzas y el funcionamiento del partido. Es decir: tanto el contenido de esta política, como la manera en que es conducida por la dirigencia merecen una fuerte crítica.
 
El acuerdo con el PL presenta aspectos inéditos que van más allá de la aprobación de una coalición con un partido claramente de derecha (lo que ya de por sí es completamente inaceptable). La orden dada por la mayoría de la dirigencia nacional del PT es cumplir todo lo que el PL exige, lo que significa crear condiciones para que este partido elija el mayor número posible de diputados. En los estados en que interesa al PL hacer alianza con el PT para elegir parlamentarios, se impone dicha coalición. En algunos casos, además, la coalición sólo se realiza para las elecciones proporcionales. Donde al PL no le interesa hacer alianza (como en São Paulo, Bahía o Río de Janeiro), este partido tiene la libertad de hacer lo que desee (como apoyar a Maluf, a Antônio Carlos Magalhães y Garotinho).[9] No hay incoherencia de parte del PL al dar estos apoyos: quien es incoherente es el PT o, mejor dicho, de la mayoría de su dirigencia nacional.
 
De hecho, sólo es posible comprender la posición que defiende Lula cuando entendemos que su propósito de coalición con el PL no es precisamente apoyar a ese partido, que, por otra parte, sólo será muy parcialmente. Lo que le interesa es ganar tiempo televisivo y, sobre todo, la posibilidad de tener a un gran empresario como vicepresidente.
 
En relación con Alagoas, la imposición del PL violenta toda la construcción histórica del partido en el estado y es una falta de respeto a la conciencia de los militantes en su conjunto. Echa por la borda la posibilidad de conquistar un gobierno de izquierda, sin el yugo de los industriales y sin acuerdo con el sindicato del crimen. Por eso había unanimidad del PT estatal contra la alianza con el PL. Por eso la compañera Heloisa Helena y otros compañeros y compañeras retiraron sus candidaturas.
 
En ningún momento la política de coalición con el PL fue debatida por entero y de manera clara, en todas sus implicaciones, por el pleno del partido. El contenido de las discusiones en la negociación con el PL no fue dado a conocer; en lugar de ello, este acuerdo insólito está imponiéndose de arriba para abajo.
 
Defendemos un partido democrático, en que las decisiones sean tomadas y respetadas —especialmente las resoluciones de los Encuentros—. Un partido donde los candidatos no estén por encima del partido. Esto es fundamental por razones programáticas y por electorales: la democracia interna nos da credibilidad para defender la democracia en la sociedad.
 
El carácter de la coalición con el PL nos obliga a preguntar: ¿cómo puede cambiarse un país reproduciendo las prácticas de la política tradicional? La política de garantías a los “mercados” y de alianzas con sectores del centro y de la derecha ha sido conducida por la mayoría de la dirigencia nacional con el argumento de que es más favorable a la elección de Lula. Aun cuando esto fuera cierto, no bastaría para justificarla: nuestro objetivo no puede ser ganar una elección a cualquier precio, abandonando nuestra coherencia y nuestro programa. Con todo ello, resulta muy dudoso que el cálculo de que esta política sea electoralmente favorable sea correcto. Finalmente, la coherencia siempre fue un patrimonio del PT e constituye una gran ventaja también en el plano electoral. Tener un vicepresidente como el senador José Alencar (que además de gran empresario pertenece a un partido que apoya a Maluf y a Antônio Carlos Magalhães) no ayuda a la candidatura de Lula: contradice toda la historia de Lula y del PT. Además, el hecho de que Lula aparezca defendiendo políticas de Cardoso, Malan y Fraga —como el aumento del superávit primario del gobierno y metas de inflación, sólo puede beneficiar a la candidatura de Serra o, quien sabe, beneficiar a un candidato que puede identificarse de forma más natural con la idea de cambios sin rupturas, como Ciro Gomes.
 
Conclusión
 
Nuestras críticas a aspectos fundamentales de la orientación de la campaña son críticas de quien lucha por la victoria del PT y, más que esto, por un gobierno que pueda ser el principio de un proceso de transformaciones fundamentales, de universalización de derechos, participación y organización popular, de conquista de una efectiva soberanía nacional.
 
Un gobierno que sea un paso hacia la construcción del socialismo, de la eliminación de todas las formas de opresión y explotación. Lo que está sucediendo es lo suficientemente grave para ser tratado como un problema menor, que pueda olvidarse luego de las elecciones, cualquiera que sea el resultado. Lo que está en juego es el futuro del PT como partido socialista y democrático. 
 
* Las Notas fueron incluídas por la traductora para facilitar la comprensión de los lectores, ya que el documento será publicado en la revista mexicana Desde los Cuatro Puntos, que edita el Partido Revolucionarios de los Trabajadores. (Redacción)
Notas
1) Ex gobernador del estado nordestino de Ceará, ex ministro de hacienda y candidato por el Partido Popular Socialista (PPS) a la presidencia del país. [N. de la T.]
2) El programa brasileño de estabilización económica es considerado el más exitoso, entre los planes ejecutados en los últimos años para combatir casos de inflación crónica. Se combinaron condiciones políticas, históricas y económicas para permitir que el gobierno brasileño crease, a fines de 1993, las bases de un programa a largo plazo. Organizado por etapas, el plan daría como resultado el fin de casi tres décadas de una inflación alta y en la substitución de la antigua moneda por el Real, a partir del primero de julio de 1995. [N. de la T.]
3) Partido del Frente Liberal, dirigido por Jorge Bornhausen. [N. de la T.]
4) Tasso Jereissati, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), es candidato al senado por el estado de Ceará. [N. de la T.]
5) Orestes Quércia es presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). [N. de la T.]
6) Paulo Maluf es presidente del Partido Progresista Brasileño (PPB) y su candidato al gobierno de São Paulo. [N. de la T.]
7) Comisión Parlamentaria del narcotráfico. [N. de la T.]
8) Pedro Malan, ministro de Finanzas de Brasil. [N. de la T.]
9) Anthony Garotinho renunció al gobierno de Río de Janeiro para competir por la presidencia representando al Partido Socialista de Brasil (PSB). [N. de la T.]
 
José Pedro Stedile (Movimiento de los Sin Tierra)
"El discurso de Lula no es de izquierda"
Entrevista en el diario Folha de Sao Paulo, 16-9-02.
(resumida y traducida por la Redacción del Boletín Correo de Prensa de la IV Internacional)
 
 
MST
Folha- Los discursos de los candidatos son cada vez más parecidos, inclusive en la cuestión agraria. ¿Hay una propuesta mejor o peor para la cuestión agraria?
 
JPS- De hecho, las diferencias entre ellos es muy pequeña. Y las semejanzas se deben al hecho de que el clima electoral de la campaña no llevó a un debate de las verdaderas causas de los problemas brasileros. Así, en la reforma agraria, todos prefieren apuntar soluciones para la pobreza, sin enfrentar con claridad que la sociedad brasilera, para ser democrática, precisa eliminar el latifundio, o sea, la concentración de la propiedad de la tierra.
 
Folha- ¿La inclusión de la reforma agraria en la agenda electoral es fruto de los movimientos sociales o una acción exclusiva de marketing?
 
JPS- Nuestra preocupación no es con el discurso de los candidatos. Es con las fuerzas sociales que cada uno representa. Es evidente que Serra representa la continuidad de este modelo. Ciro (Gómes) fuerzas que quieren pequeños cambios y mantener lo esencial. Garotinho no consigue en torno de sí fuerzas sociales representativas. El único candidato que representa a las fuerzas sociales que quieren cambios reales en este país es Lula.
 
Folha- ¿Como evalúa el actual discurso moderado de Lula?
 
JPS- Lula está haciendo un discurso dentro de los parámetros de una campaña electoral. Evidentemente que no es un discurso en defensa de un programa de izquierda o de los necesarios cambios radicales que nuestra sociedad precisa. Es un discurso de centro, en el espectro político. Pero, como dije antes, lo más importante no es el discurso. Lo más importante son las fuerzas sociales que de reunen en torno de este o aquel candidato. La candidatura de Lula tiene el símbolo del cambio. Voy a votar a Lula y, aunque no haya deliberaciones de congresos o instancias, toda nuestra militancia social, tanto del MST, como de los movimientos de Vía Campesina, está comprometida con la campaña de Lula.
 
Folha- ¿Qué opina de las alianzas del PT con el PL (Partido Liberal) y con políticos como José Sarney, Orestes Quercia, Luiz António de Medeiros?
 
JPS- Eso es una cuestión electoral del PT. Nosotros ya tenemos suficientes problemas para meternos en los problemas de otros, aunque como militante, sepamos que es tipo de alianza hirió la tradición de izquierda y la coherencia del partido. Ciertamente, ella tendrá consecuencias positivas y negativas. Pero sólo la historia dirá cual fue la victoriosa.
 
Folha- ¿Por qué el MST no está haciendo campaña abierta por Lula? ¿Hubo la negociación de un pacto para suspender las invasiones, para no perjudicar al petista?
 
JPS- Cada dos años, en período eletoral, todas las luchas se aflojan. No sólo en el campo, en la ciudad también. La disminución de las ocupaciones de tierra en ese período no es típico del 2002, ni de ningún acuerdo político. Las ocupaciones de tierra no ocurren por voluntad de los dirigentes. Ocurren por la coyuntura y la correlación de fuerzas de cada región.
 
Folha- Si la elección fuese hoy, Lula ganaría. Usted reafirmaría el siguiente mensaje que hizo en un seminario internacional a los inversores extranjeros: "No vengan a Brasil, porque ustedes van a perder dinero. Más temprano o más tarde, vamos a recuperar la soberanía nacional".?
 
JPS- Eso no era un mensaje, es una tesis. Brasil debe tener un gobierno que repudie la entrada de capital extranjero especulativo y que viene aquí apenas a comprar nuestras empresas (para tomar la ganancia), invertir en la Bolsa y vivir de los intereses. Debemos aceptar el capital extranjero cuando viene aquí a invertir en la producción y se compromete reaplicar la ganancia en Brasil. Que los capitales especulativos van a perder dinero ellos lo saben por la lógica del mercado. No precisan ser amenazados por mi.
 
Folha- En el Plebiscito del 2000, ustede defendió el no pago de la deuda externa y ya se pronuncia favorable a la limitación del pago de los intereses de la deuda interna ¿Como economista, usted puede explicar su posición sobre esos temas?
 
JPS- La deuda externa no es una cuestión moral: quien debe, paga. La deuda externa es un mecanismo que el capital internacional creó para explotar a los países del Tercer Mundo. En el período colonial, nos explotaban robando los recursos naturales. En el siglo XX, nos explotan viniendo aquí con sus fábricas a explotar nuestra mano de obra. En lo que tiene que ver con la deuda interna es casi igual. El Presupuesto de la Unión está rehén de los bancos. El gobierno utiliza 140 billones de dólares por año para pagar intereses. Es preciso acabar con esto ¿Como? Existen muchas formas. Pero es preciso que se discuta. Lo que todos los economistas serios están diciendo, es que si no resolvemos estos dos problemas estructurales, Brasil será una nueva Argentina en el primer semestre del 2003. Esperen.
 
Folha- El MST está en la organización del Plebiscito sobre el ALCA. ¿En qué puede cambiar la negociación?
 
JPS- El ALCA no es un acuerdo comercial cualquiera, o bilateral, que va a traer benficios a los dos lados. El ALCA es un plan estratégico de las mayores corporaciones norteamericanas y del gobierno de Estados Unidos para tomar nuestras riquezas. Es preciso decirle al gobierno norteamericano: no queremos el ALCA. Y punto.
 
JOÃO PEDRO STÉDILE
LÍDER DEL MOVIMIENTO DE LOS SIN TIERRA
'Si Lula trata de engañar al pueblo, acabará como De la Rúa'
F. RELEA | São Paulo
EL PAIS 5 de octubre de 2002
 
'Brasil tiene 858 millones de hectáreas de superficie: unos 600 millones son tierras privatizadas; hay unos 200 millones de tierras públicas que están en la Amazonia. De los 600 millones en manos privadas, 360 millones de hectáreas son aptas para la agricultura, de los que se cultivan 46 millones. El resto son improductivas, en la selva o suelos pobres'. Éstos son algunos de los datos que proporciona João Pedro Stédile, líder del Movimiento de los Sin Tierra (MST), la organización que dirige la lucha de los campesinos a favor de la reforma agraria en Brasil. Más cifras: 'Brasil tiene 27.000 estancieros con propiedades mayores de 2.000 hectáreas. Controlan 178 millones de hectáreas improductivas. Todos podrían ser expropiados en aplicación de la ley. El 14% de las tierras del planeta están en Brasil y aquí producimos una miseria. Estamos sentados encima de una inmensa riqueza y el pueblo pasa hambre', añade. Stédile, de 48 años, nacido en Río Grande do Sul, hijo de emigrantes campesinos, es cristiano y socialista (milita en el Partido de los Trabajadores, PT). Pasó la adolescencia en el medio rural, estudió economía y continuó trabajando como asesor del sindicato del campo. En 1984, los diversos grupos que participaron en ocupaciones de tierras improductivas durante la dictadura constituyeron un movimiento social, autónomo de la Iglesia, los partidos y los sindicatos. En enero de 1985 se celebró el primer congreso. Stédile pertenece a la dirección nacional, de 21 miembros, uno por Estado.
Pregunta. ¿El MST será el mayor dolor de cabeza para Lula si gana las elecciones?
Respuesta. No; el mayor dolor de cabeza se llama capital norteamericano, con todas sus representaciones: los bancos, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Ésos serán los grandes dolores de cabeza del señor Luiz Inácio Lula da Silva y del pueblo brasileño.
 
P. ¿Promoverá el MST ocupaciones para presionar a las nuevas autoridades en los primeros meses de un eventual Gobierno de Lula?
R. El MST actúa de forma autónoma respecto al PT. Evidentemente, en la fase inicial de todo Gobierno la gente está expectante.
 
P. Las expectativas que puede generar entre ustedes un Gobierno de Lula son superiores a las que podría despertar un Gobierno de cualquier otro candidato.
R. Claro; vivimos una coyuntura compleja. En primer lugar, el modelo económico neoliberal ha fracasado, ha colocado a nuestra sociedad y a nuestra economía en un callejón sin salida. Eso exige cambios; si no, la crisis social será devastadora y acabaremos como Argentina. Una victoria de Lula tendría un peso simbólico que se traduciría en un resurgimiento del movimiento de masas. La campaña de Lula está diciendo al pueblo: vota a Lula; es la hora de Lula. Muy bien; vamos a votar a Lula. Pero a partir de enero, el pueblo brasileño dirá: ha llegado nuestra hora. Y se producirá un proceso de movilizaciones sociales en las que participarán los Sin Tierra y los trabajadores del sector público para apoyar los cambios que necesita Brasil.
 
P. ¿Serían movilizaciones en favor del nuevo Gobierno?
R. No hay que situarlo en el terreno partidista. Estoy hablando de movimiento de masas para presionar en favor de los cambios. Si el Gobierno de Lula entiende este mensaje del pueblo se fortalecerá el proceso de cambio. Si, por el contrario, trata de engañar al pueblo pidiéndole paciencia, acabará como [Fernando] De la Rúa.
 
P. ¿Confía en Lula o le preocupa su posible alianza con sectores conservadores y algunos círculos empresariales?
R. En la política electoral brasileña existe mucha retórica y pocos compromisos. Aquí hemos visto campañas muy hipócritas. Lo que prometió Fernando Henrique Cardoso nada tiene que ver con lo que hizo después. Honestamente, no nos preocupa el tono del discurso de Lula ni las alianzas que pueda alcanzar. Nos da confianza que Lula represente las fuerzas sociales organizadas de nuestra sociedad, al margen de los partidos políticos tradicionales.
 
P. ¿Cuánta gente representan?
R. En el medio rural hay 32 millones de personas, de los que 16 millones son campesinos sin tierra, que equivalen a 4,5 millones de familias. Ésta es la base social que va a luchar por una reforma agraria. El MST ha conseguido conquistar tierras para 350.000 familias que hoy están asentadas. Es nuestra base organizada, la que se moviliza. Además, disponemos de 459 campamentos donde viven 61.000 familias esperando una solución. La primera tarea del Gobierno será ésa, y apoyar también a las 350.000 que están asentadas y que no reciben recursos desde hace tres años porque el Gobierno de Cardoso nos definió como movimiento enemigo.
 
P. ¿El Gobierno indemniza a los antiguos propietarios?
R. Claro; la Constitución, aprobada en 1988, determina que toda hacienda improductiva por encima de las 1.000 hectáreas debe ser expropiada. El hacendado tiene derecho a recibir el valor de la tierra en títulos de deuda pública rescatables en 20 años y un efectivo por la obra construida en la hacienda.
 
P. Usted y el MST piden una ruptura con la política del Banco Mundial y del FMI.
R. Sí; y también algunos banqueros.
 
P. Pero no es lo que ha planteado Lula durante la campaña.
R. Volvemos a la retórica de las campañas en Brasil. Los cambios que son necesarios no dependerán de la voluntad de Lula, sino de la movilización. Nuestra misión en el MST es movilizar al pueblo para exigir al nuevo Gobierno esa ruptura.
 
P. ¿Y la deuda?
R. Hay que renegociarla en los siguientes términos: suspender de entrada todo envío de dinero al exterior y constituir una comisión del Senado y la sociedad brasileña para hacer un auditoría de la deuda durante dos o tres años.
El voto a Lula
Bloque de Izquierda-Partido de los Trabajadores
 
El voto a Lula, con todo, sigue siendo fundamental, no porque indique un camino para mudar de verdad la vida, sino porque es preciso ayudar Lula a derrotar los candidatos tradicionales de la burguesía y sobretodo porque las masas trabajadoras necesitan vivir la experiencia de gobierno Lula para superar su actual dirección política.

1.-  En el Brasil las elecciones están llegando. En pocos días sabremos si realmente Lula será el nuevo presidente. Nunca como en estas elecciones sus chances fueron tan claras. En las calles, en las plazas en los locales de trabajo y vivienda las personas están diciendo; ahora es Lula.

La victoria del PT y de Lula será resultado del desgaste del neoliberalismo en el Brasil, como de resto de América Latina. A la población trabajadora brasilera quiere cambios y esta eligiendo al PT porque su historia está vinculada con las luchas de los trabajadores. Una parte importante del electorado del pueblo tiene hecha esta elección en los últimos años. Desde 1989 ha crecido el  electorado do PT. En esta vez con el discurso "light", Lula ha recibido apoyo de sectores que en otras elecciones no le confiaban el voto. Muchos de los que votaron FHC, ahora quieren dar una chance al PT, decepcionados con el gobierno tucano, después de ocho años cuyo resultado ha sido la estagnación crónica de la economía, un desempleo de 20% y una deuda pública que se multiplico y hoy ya supera los 60% del PIB.

2.- Además del voto claramente de oposición, base fundamental de la fuerza de Lula, una parte importante de la burguesía ya resolvió adherir a su campaña. Representan un aval para sectores de la clase media alta y  para las parcelas más atrasadas del pueblo. Primero fue la alianza con el PL y el senador José Alencar, magnate del ramo textil. Enseguida, el ex-presidente Itamar Franco, gobernador de Minas Gerais y ahora la familia Sarney, representante de la oligarquía de Maranhão, un estado donde 60% de la población es indigente, prestaran su apoyo a Lula en el primer turno. Es seguro que en el segundo turno, en caso que el PT no cierre la disputa en el primero turno mismo, parcelas todavía mas pesadas de la  burguesía se sumen a la campaña petista.

3.- Tales apoyos burgueses son posibles porque la campaña de Lula del 2002 dio un salto de cualidad en relación a todas las tentativas anteriores en lo que dice respecto a la integración del PT en el régimen político. No estamos comparando apenas con 1989, cuando Lula se postuló defendiendo una serie de medidas anticapitalistas. Ni en 1994, ni en 1998, el programa de Lula fue tan claramente burgués. La alianza con un partido de derecha fue apenas un símbolo en esta guiñada.. La  defensa del acuerdo con el FMI fue su expresión más importante, así no haya sido la única.

La estrategia de democratización del Estado burgués que ha sido adoptada hace muchos años por el PT ahora se materializa en la defensa de un nuevo contrato social, donde las reformas y cambios parciales que Lula propone como necesarias deben ser realizadas a través de negociaciones, acuerdos no de enfrentamiento entre las clases, no a través de la lucha. Esa es la posición oficial. Según la campaña de Lula la reforma agraria, por ejemplo, será hecha a través del dialogo entre los sin tierra y los latifundistas, ahora llamados por Lula de productores rurales. Felizmente, el objetivo del MST sigue siendo el de "ocupar, resistir, producir", objetivo al cual nos sumamos.

4.- La campaña de Lula tiene entonces el eje de la misma el pacto social entre el capital y el trabajo. Así, con esa orientación política, la campaña pierde su carácter progresivo. Es claro que será una victoria de los trabajadores la derrota de los candidatos tradicionales de la burguesía, como Serra y Ciro Gomes. Es claro que en la América Latina, la victoria de Lula se repercutirá en un enorme y progresivo sentimiento de victoria. En el Brasil, legítimamente los trabajadores, millones de jóvenes, jubilados, desempleados, tomarán las calles para festejar. Será una derrota del monopolio de los medios de comunicación y de los banqueros que apostaron en el candidato de Fernando Enrique. Pero con la línea de campaña de Lula está victoria está muy relativizada, precisamente porque está cimentada también en una conciencia falsa acerca de la viabilidad de cambios profundas en el Brasil vía una política de pactos, conciencia no surgida naturalmente, mas alimentada todos los días por una campaña de conciliación con el  imperialismo e de colaboración de clases.

5.- El voto a Lula, con todo, sigue siendo fundamental, no porque indique un camino para mudar de verdad la vida, sino porque es preciso ayudar Lula a derrotar los candidatos tradicionales de la burguesía y sobretodo porque las masas trabajadoras necesitan vivir la experiencia de gobierno Lula para superar su actual dirección política. Es por la vía de las experiencias que las masas aprenden, no con libros o propaganda pura. Millones de los que votan en Lula creen que la nueva orientación petista es apenas una buena maniobra de Lula para conseguir votos.  Están equivocados. De cualquier forma, se trata de un engaño que puede representar un progreso en el día siguiente. Si creen que Lula puede enfrentar las llamadas elites después de ganar las elecciones, entonces pueden presionar en ese sentido a partir de la victoria. Esa es nuestra apuesta.

Queremos contribuir para que la izquierda del PT llame a la necesidad de la movilización por las reivindicaciones de la clase trabajadora. Por salario, empleo y tierra. Cobraremos de Lula el salario mínimo mayor, la jornada de 40 horas semanales tal como tiene prometido Lula y un plan concreto para terminar e en el país, promesa actual de Lula y ligazón que mantiene en su campana de 1989. En la oleada de la movilización por las  reivindicaciones de la clase, defenderemos a ruptura del acuerdo con el FMI y el rechazo al ALCA, como la integración latino americana.

6.- En ese sentido no perdemos de vista que a pesar que el discurso de Lula tenga asumido un contenido claramente burgués, las contradicciones de Brasil con el imperialismo norteamericano son reales, no están resueltas y se pueden expresar inclusive en conflictos entre un futuro gobierno petista y el gobierno de los EEUU, precisamente en una coyuntura en que los EEUU sufren un cuestionamiento muy superior en nuestro continente, después de la experiencia argentina. El ALCA, rechazada por sectores de la propia burguesía brasilera puede ser –y probablemente será- un tema de conflicto, bien como la creciente intervención de los EEUU en el continente, como expresa el Plan Colombia. En cada uno de esos conflictos, es urgente el apoyo a cualquier medida progresiva adoptada por el gobierno y apostar en profundizar la resistencia.

En ese camino los trabajadores y el pueblo pobre podremos evitar que el triunfo de hoy se transforme en la derrota de mañana. En ese camino podemos apostar en la perspectiva de una segunda independencia para Brasil y para América Latina.
 
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