nº
181
En este Correo:
*La Humillación de la Nación Árabe, Andalucía
Libre
*La
indecencia de la "ayuda humanitaria", CSCA
*Enlaces para más información sobre la
Guerra y Ocupación de
Iraq
*Solidaridad
con Palestina
*Directorio, Musica de
Fondo
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La Humillación de la Nación
Árabe
Andalucía
Libre
Cuando la guerra de invasión se transmuta
paulatinamente en Ocupación, quedan pendientes muchas preguntas importantes:
¿Cuantas bajas militares y civiles iraquies han provocado realmente los
agresores imperialistas?. ¿Porqué y cómo se desfondó de forma tan sorpresiva la
resistencia en torno a Bagdad en contraste con lo acontecido anteriormente en el
Sur?. ¿Qué pasó con las unidades militares que protegían la capital iraquí?.
¿Qué ha sido de Saddam Hussein y del resto de jerarcas del régimen?.
¿Murieron, pactaron, huyeron?. ¿Hasta donde fue espontáneo y hasta donde
inducido el saqueo indiscriminado de Bagdad?...
La Ocupación no trae la
Liberación
En círculos amarillos: tanques norteamericanos
controlan accesos
Círculo Verde: Un vehículo mecanizado
norteamericano derriba con cables la estatua
Círculo Rojo: La estatua de Saddam y un grupo
pequeño de soldados norteamericanos, periodistas e
iraquíes
Aún con tantas interrogantes pendientes, la victoria
imperialista sobre Iraq en poco más de tres semanas(1)
significa una clara humillación de la Nación Árabe.
Iraq ha tenido sus mejores defensores militares en
las formaciones irregulares que podían identificarse de manera más natural con
la resistencia patriótica frente al invasor, mientras que las unidades regulares
presuntamente mejor dotadas del régimen saddamista se
han volatilizado. Precisamente, el régimen se ha demostrado política, moral
y militarmente incompetente hasta su hora final. La corrupción, el despotismo y
la estupidez lo han incapacitado para coordinar y planificar la acción militar,
buscar apoyos exteriores o tomar iniciativas políticas internas. Ni siquiera ha
sido capaz de desarrollar una propaganda eficaz.
La resistencia frente a las tropas
invasoras es un merito del pueblo iraquí, no del régimen; como el reflejo
nacional que hizo retornar a inmigrantes y exilados para estar con su pueblo
en esta hora trágica o la sensibilidad nacional que indujo a
voluntarios árabes de otros países a desplazarse a
Iraq.
La solidaridad antiimperialista con la resistencia
iraquí se gestó y cristalizó internacionalmente, superando la repulsiva imagen
de un régimen represivo que llevaba hasta extremos de patetismo paranoico el
culto a su líder y que arrastraba una historia de degeneración política extrema
de lo que fue en principio el baasismo y en general todo el Iraq posterior a la
Revolución de 1958 que derrocó a la Monarquía hashemita impuesta por el
colonialismo británico.
El régimen sadamista ni siquiera fue capaz de
aprovechar los hechos que implicaba la desmedida barbarie militar
imperialista, optando por ocultar sus mayores efectos; por el contrario, fue la
acción de cadenas árabes como Al-Yazira -que durante algún tiempo incluso estuvo
en un tris de ser expulsada de Iraq- y secundariamente de otros medios, quienes
mostraron una parte de lo que ocurría dando argumentos visuales a la protesta
mundial contra la invasión.
A la hora de su desplome, el saqueo ha evidenciado el
lujo y la rapiña de la jerarquía saddamista. La inseguridad ante el futuro, las
ansias de revancha, la miseria y desigualdad acumuladas, las acciones inducidas,
la tolerancia ocupante... han dado lugar a un espectáculo en el que el caos y la
destrucción de bienes nacionales irremplazables significaban una nueva
humillación a sumar a la previa humillación de la derrota y ocupación
impuesta por los imperialistas, sirviendo a sus intereses.
Es verdad que la desproporción de fuerzas entre Iraq y
la alianza imperialista era abrumadora de partida. Pero esta correlación no
exculpa en absoluto a un régimen que fue incapaz de prever y de actuar.
Que los imperialistas tuvieran que montar las imágenes
de la caída de la estatua de Saddam frente al Hotel Palestina donde se
concentraban los corresponsales extranjeros; que no hubiera en ninguna parte
recibimientos a los ocupantes como pretendidos liberadores y que estos sólo
encontraran frialdad u hostilidad, incluso entre quienes tenían profundas
cuentas que saldar con el régimen; que, a escasos dos días de la toma de Bagdad
ya se dieran protestas en la calle por la complicidad de los imperialistas con
el destrozo y destrucción de las propiedades públicas iraquíes utilizadas como
justificación de la ocupación, mientras denunciaban su único interés por
preservar los campos petrolíferos y los ministerios del interior y del
petroleo... son pruebas de una disposición popular a la resistencia y de una
dignidad nacional que no ha tenido fuerza estructurante y que vienen a
evidenciar a posteriori hasta donde llega la tremenda injusticia a la que
se ve sometido el pueblo iraquí, desprotegido y mal representado por un régimen
tan criminal como incapaz.
La humillación no afecta sólo ni mucho menos
principalmente al pueblo iraquí. Los iraquíes, al menos, han combatido en
soledad lo que han podido. La humillación esencial es la que se la inflingido a
la Nación Árabe en su conjunto, que ha permitido que se inflinja tamaño
sufrimiento a una de sus partes. La traición de sus regímenes y la impotencia de
sus fuerzas políticas y sociales ha hecho posible lo imposible. Hay que
retraerse cuarenta, noventa años... para encontrar una situación de postración
similar.
Estados como Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, Qatar,
Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Yemen... han hecho posible el despliegue
militar desde el que se ha golpeado a un pueblo hermano. Regímenes como el
de Egipto han permitido que la flota imperialista cruzase su territorio a través
del canal de Suez para llevar su carga de muerte. Libia ha vuelto a limitarse a
hacer el histrion. Túnez se ha lamentado hipocritamente. Argelia ha echado mano
de la retórica pasiva, refugiándose en la excusa de la distancia. El Polisario
ha mantenido un silencio complice. Marruecos ha transitado entre las posiciones
de Túnez y Argelia. Sólo Siria, al menos, se ha retratado en la ONU como un
opositor claro de la invasión. El resto ha cubierto todos los niveles de la
complicidad frente al imperialismo yanqui, mientras que las instituciones
intergubernamentales árabes daban una muestra más de su inconmensurable cinismo.
Los regímenes árabes no han dado apoyo militar activo o pasivo a un país
hermano; no han siquiera amenazado con un embargo de petróleo y gas a los
agresores EEUU, Gran Bretaña, Australia o España. No han roto relaciones
diplomáticas ni cerrado embajadas. No han repatriado capitales ni abandonado el
dolar... No han hecho nada. Sus dirigentes merecen columpiarse de las farolas...
Paralizados o comprados, han amparado la tragedia. Por cierto, aún no
siendo un país árabe, la actitud carroñera del Irán de los ayatollas ha dejado
bien claro cuales son los limites reales de su retórica
panislamista.
Los pueblos árabes han tenido que superar restricciones
y represiones para poder al menos manifestar su solidaridad con Iraq. En Argel
las manifestaciones han sido tan prohibidas como en El Cairo (donde al final se
han producido, desbordando las intenciones del régimen). En Marruecos, las
demostraciones han sido autorizadas tras decenas de protestas espontáneas y como
mecanismo de contención. En Túnez, la oposición se ha jugado el tipo para
desenmascarar la hipocresía de la dictadura (encarnada por cierto, como en
Egipto, en un partido que es miembro de la Internacional Socialista). Los árabes
han contemplado por televisión como en Iraq se reproducían las conocidas
imágenes de Palestina. No ha sido suficiente...
Seguramente, ahora privará el desaliento. De la misma
manera que durante un poco más de tres semanas reinó el orgullo por la
resistencia árabe de los iraquies. Esperemos que a este sentimiento le suceda
cuanto antes la reflexión que de estructura y coherencia a la rabia. La
Nación Árabe tiene que tener claro que su futuro y dignidad depende de si es
capaz de sacudirse la tutela imperialista que la mantiene dominada a través de
los regímenes serviles que la constriñen. Son los mismos acontecimientos los que
demuestran la actualidad y necesidad de combinar las perspectivas panarabe,
regional -del Magreb y del Masreq- y nacional. Con un enfoque en el que lo
nacional y lo internacional se sinteticen.
La causa de la emancipación árabe exige de forma
imperativa en el Magreb recuperar la dinámica popular unitaria y asumir la
condición arabobereber de sus poblaciones. Igualmente, en el Masreq, similar
empeño y objetivo unitario requiere que se le sume la comprensión
ineludible de que el avance y triunfo de la causa árabe conlleva hacer
propia, de una parte, la de la autodeterminación y reunificación kurda y de otra
afrontar la clarificación sincera del horizonte político de la cuestión
palestina, con todas sus implicaciones conexas inmediatas, tanto frente al
reconocimiento de un Israel restringido a sus fronteras de 1967(2)
como al destino a reservar a la Monarquía hashemita, para dar
viabilidad a un Estado palestino independiente extendido tambien a Cisjordania y
Gaza.
De momento y en tanto estas tareas inmensas se consuman,
para la izquierda nacionalista de este país que durante tantos siglos compartió
historia y civilización con la Nación Árabe; cuya cultura e identidad tanto le
deben aún y que hoy sigue siendo su vecino, sigue presente la obligación de
denunciar la ocupación de Iraq y la responsabilidad y participación del Gobierno
español en la agresión. Aún no siendo árabes, quede constancia de que los
nacionalistas andaluces nos sentimos, sin embargo, en esta hora de aflicción,
odio y dolor, hermanos y compañeros de la Nación Árabe en su humillación, que
sentimos y sufrimos como nuestra.
(2) Sobre
Israel, es necesario reconocer que aún proviniendo su instalación como Estado
en tierra árabe de un despojo y conllevando dolorosas concesiones en cuanto al
derecho al retorno -que han de ser compensadas mediantes indemnizaciones- no
cabe plantear ni su eliminación como Estado nacional ni -al menos en las
próximas generaciones- la perspectiva de un Estado laico binacional. No es
posible obviar que allí reside una nación compuesta en buena parte por árabes
de religión judía, que bien abandonaron o bien fueron expulsados de sus países
de origen y que hoy no sólo no tienen adonde ir sino que, además, sin la
claridad sobre su futuro, nunca facilitaran ni el retorno a las fronteras de
1967, ni los acuerdos que puedan atenuar el coste de esta cesión ni se
disociaran de los intereses imperialistas opuestos al derrocamiento de la
Monarquía hashemita de Amman.
La indecencia de la "ayuda humanitaria"
7 de abril de 2003. Nota informativa
Después de que el 19 de marzo, día en que comenzó la agresión
militar contra Iraq, el secretario de NNUU Kofi Annan suspendiese
unilateralmente el Programa "petróleo por alimentos" [1] que venía
proporcionando bienes básicos a la población iraquí desde 1996, el CS aprobó el
pasado 29 de marzo por unanimidad una nueva Resolución (1472, 2003) [2]
que restituyendo dicho Programa autoriza al Secretario general a establecer
modificaciones en la ejecución del mismo. La aprobación por unanimidad de esta
nueva Resolución, forzada por las presiones de EEUU y de Gran Bretaña, tiene ya
diversas y severas implicaciones contra la soberanía iraquí y supone el punto de
partida, en el marco de una guerra que sigue siendo ilegal desde el punto de
vista del Derecho Internacional, para el "reparto" de las competencias de los
miembros de NNUU en el futuro de Iraq y, particularmente, en el contexto de la
denominada "ayuda humanitaria" y la "reconstrucción" del país. El gobierno de
Iraq ya anunció el día 21 de marzo que se opondría a esta Resolución
[3]
Sin mencionar explícitamente que la invasión de Iraq sigue
constituyendo un hecho ilegal desde el punto de vista de la Carta de NNUU, y a
pesar de señalar que según las Convenciones de Ginebra le corresponde a la
potencia beligerante, es decir, a EEUU y Gran Bretaña, garantizar las
necesidades básicas de la población durante el tiempo de las hostilidades, el
texto de esta nueva Resolución está enfocado exclusivamente a favorecer, bajo el
discurso de la "ayuda humanitaria" los intereses y la intervención de los
Estados miembros del CS sin consideración alguna de la ilegalidad de la guerra y
de la violación de la soberanía del Estado de Iraq. Precisamente porque es una
guerra ilegal que no cuenta con el amparo y el reconocimiento de la comunidad
internacional, NNUU no debería permitir que EEUU y Gran Bretaña reclamen ningún
poder en la definición del futuro político, económico o social del futuro de
Iraq. Igualmente, habiendo rechazado la intervención militar por ser ilegal, los
restantes miembros del CS no deberían reivindicar ningún papel de NNUU para esa
misma definición sino, todo lo contrario, exigir la retirada inmediata de las
tropas estadounidenses y británicas del territorio iraquí e igualmente, proceder
de acuerdo con las propias resoluciones de NNUU y, en lo que afecta al mecanismo
de sanciones económicas, promover el levantamiento inmediato del embargo habida
cuenta del alto grado de cumplimiento documentado en múltiples informes de las
propias NNUU que Iraq ha alcanzado al respecto de las exigencias internacionales
en todas sus cuestiones.
Igualmente, el CS debería exigir la aplicación del artículo 55
de la IV Convención de Ginebra, que determina que son las potencias beligerantes
y ocupantes, EEUU y Gran Bretaña, quienes deben pagar todos los costes derivados
de la ayuda de emergencia para la población iraquí y también de la
reconstrucción del país por haber lanzado una invasión y ocupación ilegales de
un Estado miembro fundador de NNUU.
En lugar de afrontar estas cuestiones, el CS ha aprobado una
resolución que no solo otorga a NNUU el control sobre el futuro de Iraq sino que
reconoce implícitamente que tanto EEUU como Gran Bretaña tienen un papel
relevante en la definición del mismo.
El negocio de la "ayuda
humanitaria"
El primer factor negativo de la aprobación de la Resolución
1472 es que reestablece el uso del Programa 'petróleo por alimentos'
esencialmente para hacer frente al pago de la ayuda de emergencia y
rehabilitación de Iraq a través de los activos financieros iraquíes depositados
en la cuenta del CS (y gestionada por el propio CS) como ingresos derivados de
la venta del petróleo iraquí en el marco de la Resolución 986. Ello significa
que, en aplicación de esta nueva Resolución, será Iraq quien tenga que pagar de
su bolsillo la ayuda de emergencia y parte de la reconstrucción de su país tras
la invasión ilegal por parte de EEUU y Gran Bretaña.
El segundo factor negativo es que esta Resolución otorga
competencias al secretario general Kofi Annan y a sus representantes para
modificar lo establecido en la Resolución 986 'petróleo por alimentos' y, muy
particularmente, le autoriza a destinar los fondos de ese Programa a partidas
que no se corresponden con las establecidas en dicho Programa sino con la
categoría de "ayuda humanitaria" cuyo coste, insistimos, corresponde asumir,
según la IV Convención de Ginebra, no al Estado de Iraq sino a EEUU y Gran
Bretaña.
Dado que los limitados recursos financieros del Programa
'petróleo por alimentos' no podrán cubrir las necesidades previstas de "ayuda
humanitaria" y de "reconstrucción" iraquíes, el Secretario general de NNUU,
lejos de exigir que sean los países que ilegalmente han lanzado la invasión de
Iraq y han generado la emergencia de asistencia humanitaria entre la población
de Iraq quienes asuman sus obligaciones, ha determinado que sea NNUU quien
asista y costee ese excedente de "ayuda humanitaria" y de "reconstrucción"que no
pueda cubrir el Programa 'petróleo por alimentos'. Kofi Annan ya ha hecho un
llamamiento para que las agencias humanitarias de NNUU reciban 2.100 millones de
dólares de los que, ya se ha indicado, solo 1.200 millones irán destinados a
alimentos.
Este llamamiento se ha acogido satisfactoriamente en el marco
de NNUU y del CS porque supone la intervención directa de NNUU como institución
en la fase posterior a la invasión de Iraq. Sin embargo, EEUU, por una parte, y
resto del CS, incluida Gran Bretaña, por otra, mantienen posiciones encontradas
en lo relativo a cuál debe ser esa intervención.
Mientras EEUU ya ha definido un plan de ocupación militar
estadounidense en Iraq una vez culmine la invasión de este país por sus tropas,
el propio secretario de Estado Colin Powell ha dejado claro ante el Congreso de
EEUU el pasado 26 de marzo que NNUU tendrá un papel limitado en el proceso de
toma de decisiones relativo a la dirección de la posguerra de Iraq. "No
apoyaríamos entregar todo a NNUU, a alguien designado por NNUU para que de
repente se pusiera al cargo de toda esta operación (...) no hemos asumido esta
pesada carga con nuestros socios de la coalición para no poder tener un control
significativo y dominante sobre cómo se desarrolla en el futuro" [4].
Habiendo fijado ya el papel limitado que NNUU debe jugar en el
futuro de Iraq, la Administración Bush pretende, no obstante, que sea NNUU quien
costee la asistencia de emergencia y la reconstrucción de Iraq añadida a la que
se derive del uso del Programa 'petróleo por alimentos'. Powell lo expresaba así
en la comparecencia ante el Congreso el mismo día 26 de marzo: "NNUU tiene un
papel que jugar. Si queremos conseguir ayuda de otras naciones, y pedimos a esas
naciones que consigan fondos de sus parlamentos o de sus instituciones, les
resulta mucho más fácil conseguir tales fondos y contribuir con ellos al
esfuerzo de la reconstrucción y el re-desarrollo si tienen una respaldo
internacional que, si se me permite decirlo así, decir simplemente 'dadnos
dinero para dárselo a los estadounidenses'. Eso no funcionará. Por ello hay un
buen número de ventajas en dar a NNUU un papel en esta tarea".
Frente a ese papel de mero actor financiero que EEUU pretende
para NNUU a fin de costear lo que son sus propias obligaciones como potencia
beligerante en Iraq y frente a la determinación de la Administración Bush de que
no aceptará compartir ni la autoridad ni el poder ni el proceso de toma de
decisiones con NNUU, los miembros restantes del CS y, particularmente Rusia y
los europeos Francia y Alemania ya han declarado que se oponen a los planes de
control militar estadounidense sobre Iraq, fundamentalmente porque ello
significa quedar excluidos de la participación en la gestión económica y
política del país.
Humanitarismo igual a
militarismo
No obstante, la Administración Bush ya ha puesto en marcha los
preparativos para ejecutar el control directo de Iraq bajo su ocupación militar
mediante la denominada Oficina para la Asistencia Humanitaria y la
Reconstrucción que estará controlada por el Pentágono y para cuyo cargo
directo se ha designado al general estadounidense retirado Jay Garner. Garner
además de presidir una importante empresa estadounidense de armamento de alta
tecnología, la SY Coleman [5] que está en la actualidad dando
soporte técnico a los sistemas de misiles empleados por EEUU contra Iraq, tiene
un largo historial de lucha contra la causa palestina a través de sus conexiones
directas con la derecha sionista de Israel y del lobby sionista de instituciones
estadounidenses como el Jews Institute for National Security Affairs
[6]. Asimismo, Garner ha sido el encargado de establecer y
supervisar desde 1991 en el Kurdistán iraquí la administración económica,
política y militar de ese territorio en connivencia con las organizaciones
kurdas de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y el Partido Democrático del
Kurdistán (PDK) y con la aceptación tácita del CS de Naciones Unidas, y es, en
palabras de Ariel Cohen, ex asesor de política exterior en la Heritage
Fundation un experto en "introducir el sistema capitalista allí donde ha
habido un sistema centralizado socialista desde 1960" [7].
La designación de este general y magnate de la industria
armamentística de EEUU como administrador de la Oficina para la Asistencia
Humanitaria y la Reconstrucción supone convertir nuevamente la "ayuda
humanitaria", como ya se ha visto en otros conflictos internacionales y en
concreto en la ex Yugoslavia y en Afganistán, en el instrumento privilegiado del
intervencionismo para establecer un sistema de control militar, político y
económico neocolonial sobre Iraq. Sistema de control que se ejecuta, además, con
el valioso soporte que dan las agencias oficiales estadounidenses de ayuda al
desarrollo (como la Agencia para el Desarrollo Internacional de EEUU, USAID) y
las grandes ONG nacionales e internacionales que, en nombre del "humanitarismo",
en este caso, estadounidense, adaptan su funcionalidad a la lógica militar
integrándose en ella.
Francia y Alemania: no, pero si
Pero tal y como se avanzó ya el pasado diciembre [8] los
cálculos de la Administración Bush requieren que el coste económico y el
desgaste militar de su permanencia en Iraq tras la guerra, a medio y
largo plazo, sean endosados a la OTAN. En su reunión extraordinaria con los
embajadores de la Alianza Atlántica celebrada el 4 de abril en Bruselas, Powell
ya ha vuelto a reiterar que los miembros de la OTAN tienen que tener una
"participación activa" en la posguerra iraquí como "fuerza de pacificación" en
el marco de las denominadas misiones Petersberg de la OTAN [9].
Ello permitirá al ejército de EEUU plena disponibilidad de reparto y
movilización de sus efectivos en otros frentes de intervención internacional
futuros, todo ello, claro está, manteniendo la autoridad militar incuestionable
de Washington. Ante la realidad de un hecho a punto de consumarse que la
determinación de EEUU ha creado con la invasión de Iraq, y ante el riesgo de
perder su ya limitada capacidad de intervención, Francia, Alemania y también
Rusia, pueden, mirando hacia otro lado, acabar obviando la ilegalidad de la
guerra contra Iraq y la violación del Derecho Internacional invocadas hace solo
unas semanas, para retomar en el frente de NNUU y de la OTAN su capacidad de
maniobra y apuntarse, finalmente, al reparto desigual del pastel iraquí.
Mientras, miles de iraquíes siguen cayendo asesinados por las bombas y los
misiles estadounidenses y británicos y por el silencio cómplice de quienes
representando a la "comunidad internacional" se recolocan para situarse en el
mejor puesto de salida posible.
Notas:
Enlaces para más información
sobre la Guerra y Ocupación de Iraq:
Solidaridad con
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