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Asunto:[BoletinAndaluciaLibre] nş 181 - La Humillación de la Nación Árabe
Fecha:Martes, 15 de Abril, 2003  07:51:07 (+0200)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nş 181
 
En este Correo:
*La Humillación de la Nación Árabe, Andalucía Libre
*La indecencia de la "ayuda humanitaria", CSCA
*Enlaces para más información sobre la Guerra y Ocupación de Iraq
*Solidaridad con Palestina
*Directorio, Musica de Fondo
--oOo-- 
 
 
 La Humillación de la Nación Árabe
Andalucía Libre
 
Cuando la guerra de invasión se transmuta paulatinamente en Ocupación, quedan pendientes muchas preguntas importantes: ¿Cuantas bajas militares y civiles iraquies han provocado realmente los agresores imperialistas?. ¿Porqué y cómo se desfondó de forma tan sorpresiva la resistencia en torno a Bagdad en contraste con lo acontecido anteriormente en el Sur?. ¿Qué pasó con las unidades militares que protegían la capital iraquí?. ¿Qué ha sido de Saddam Hussein y del resto de jerarcas del régimen?. ¿Murieron, pactaron, huyeron?. ¿Hasta donde fue espontáneo y hasta donde inducido el saqueo indiscriminado de Bagdad?...
 
La Ocupación no trae la Liberación
En círculos amarillos: tanques norteamericanos controlan accesos
Círculo Verde: Un vehículo mecanizado norteamericano derriba con cables la estatua
Círculo Rojo: La estatua de Saddam y un grupo pequeño de soldados norteamericanos, periodistas e iraquíes
 
Aún con tantas interrogantes pendientes, la victoria imperialista sobre Iraq en poco más de tres semanas(1) significa una clara humillación de la Nación Árabe.
 
Iraq ha tenido sus mejores defensores militares en las formaciones irregulares que podían identificarse de manera más natural con la resistencia patriótica frente al invasor, mientras que las unidades regulares presuntamente mejor dotadas del régimen saddamista se han volatilizado. Precisamente, el régimen se ha demostrado política, moral y militarmente incompetente hasta su hora final. La corrupción, el despotismo y la estupidez lo han incapacitado para coordinar y planificar la acción militar, buscar apoyos exteriores o tomar iniciativas políticas internas. Ni siquiera ha sido capaz de desarrollar una propaganda eficaz.
 
La resistencia frente a las tropas invasoras es un merito del pueblo iraquí, no del régimen; como el reflejo nacional que hizo retornar a inmigrantes y exilados para estar con su pueblo en esta hora trágica o la sensibilidad nacional que indujo a voluntarios árabes de otros países a desplazarse a Iraq.
 
La solidaridad antiimperialista con la resistencia iraquí se gestó y cristalizó internacionalmente, superando la repulsiva imagen de un régimen represivo que llevaba hasta extremos de patetismo paranoico el culto a su líder y que arrastraba una historia de degeneración política extrema de lo que fue en principio el baasismo y en general todo el Iraq posterior a la Revolución de 1958 que derrocó a la Monarquía hashemita impuesta por el colonialismo británico.
 
El régimen sadamista ni siquiera fue capaz de aprovechar los hechos que implicaba la desmedida barbarie militar imperialista, optando por ocultar sus mayores efectos; por el contrario, fue la acción de cadenas árabes como Al-Yazira -que durante algún tiempo incluso estuvo en un tris de ser expulsada de Iraq- y secundariamente de otros medios, quienes mostraron una parte de lo que ocurría dando argumentos visuales a la protesta mundial contra la invasión.
 
A la hora de su desplome, el saqueo ha evidenciado el lujo y la rapiña de la jerarquía saddamista. La inseguridad ante el futuro, las ansias de revancha, la miseria y desigualdad acumuladas, las acciones inducidas, la tolerancia ocupante... han dado lugar a un espectáculo en el que el caos y la destrucción de bienes nacionales irremplazables significaban una nueva humillación a sumar a la previa humillación de la derrota y ocupación impuesta por los imperialistas, sirviendo a sus intereses.
 
Es verdad que la desproporción de fuerzas entre Iraq y la alianza imperialista era abrumadora de partida. Pero esta correlación no exculpa en absoluto a un régimen que fue incapaz de prever y de actuar.
 
Que los imperialistas tuvieran que montar las imágenes de la caída de la estatua de Saddam frente al Hotel Palestina donde se concentraban los corresponsales extranjeros; que no hubiera en ninguna parte recibimientos a los ocupantes como pretendidos liberadores y que estos sólo encontraran frialdad u hostilidad, incluso entre quienes tenían profundas cuentas que saldar con el régimen; que, a escasos dos días de la toma de Bagdad ya se dieran protestas en la calle por la complicidad de los imperialistas con el destrozo y destrucción de las propiedades públicas iraquíes utilizadas como justificación de la ocupación, mientras denunciaban su único interés por preservar los campos petrolíferos y los ministerios del interior y del petroleo... son pruebas de una disposición popular a la resistencia y de una dignidad nacional que no ha tenido fuerza estructurante y que vienen a evidenciar a posteriori hasta donde llega la tremenda injusticia a la que se ve sometido el pueblo iraquí, desprotegido y mal representado por un régimen tan criminal como incapaz.
 
La humillación no afecta sólo ni mucho menos principalmente al pueblo iraquí. Los iraquíes, al menos, han combatido en soledad lo que han podido. La humillación esencial es la que se la inflingido a la Nación Árabe en su conjunto, que ha permitido que se inflinja tamaño sufrimiento a una de sus partes. La traición de sus regímenes y la impotencia de sus fuerzas políticas y sociales ha hecho posible lo imposible. Hay que retraerse cuarenta, noventa años... para encontrar una situación de postración similar.
 
Estados como Jordania, Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Yemen... han hecho posible el despliegue militar desde el que se ha golpeado a un pueblo hermano. Regímenes como el de Egipto han permitido que la flota imperialista cruzase su territorio a través del canal de Suez para llevar su carga de muerte. Libia ha vuelto a limitarse a hacer el histrion. Túnez se ha lamentado hipocritamente. Argelia ha echado mano de la retórica pasiva, refugiándose en la excusa de la distancia. El Polisario ha mantenido un silencio complice. Marruecos ha transitado entre las posiciones de Túnez y Argelia. Sólo Siria, al menos, se ha retratado en la ONU como un opositor claro de la invasión. El resto ha cubierto todos los niveles de la complicidad frente al imperialismo yanqui, mientras que las instituciones intergubernamentales árabes daban una muestra más de su inconmensurable cinismo. Los regímenes árabes no han dado apoyo militar activo o pasivo a un país hermano; no han siquiera amenazado con un embargo de petróleo y gas a los agresores EEUU, Gran Bretaña, Australia o España. No han roto relaciones diplomáticas ni cerrado embajadas. No han repatriado capitales ni abandonado el dolar... No han hecho nada. Sus dirigentes merecen columpiarse de las farolas... Paralizados o comprados, han amparado la tragedia. Por cierto, aún no siendo un país árabe, la actitud carroñera del Irán de los ayatollas ha dejado bien claro cuales son los limites reales de su retórica panislamista.
 
Los pueblos árabes han tenido que superar restricciones y represiones para poder al menos manifestar su solidaridad con Iraq. En Argel las manifestaciones han sido tan prohibidas como en El Cairo (donde al final se han producido, desbordando las intenciones del régimen). En Marruecos, las demostraciones han sido autorizadas tras decenas de protestas espontáneas y como mecanismo de contención. En Túnez, la oposición se ha jugado el tipo para desenmascarar la hipocresía de la dictadura (encarnada por cierto, como en Egipto, en un partido que es miembro de la Internacional Socialista). Los árabes han contemplado por televisión como en Iraq se reproducían las conocidas imágenes de Palestina. No ha sido suficiente...
 
Seguramente, ahora privará el desaliento. De la misma manera que durante un poco más de tres semanas reinó el orgullo por la resistencia árabe de los iraquies. Esperemos que a este sentimiento le suceda cuanto antes la reflexión que de estructura y coherencia a la rabia. La Nación Árabe tiene que tener claro que su futuro y dignidad depende de si es capaz de sacudirse la tutela imperialista que la mantiene dominada a través de los regímenes serviles que la constriñen. Son los mismos acontecimientos los que demuestran la actualidad y necesidad de combinar las perspectivas panarabe, regional -del Magreb y del Masreq- y nacional. Con un enfoque en el que lo nacional y lo internacional se sinteticen.
 
La causa de la emancipación árabe exige de forma imperativa en el Magreb recuperar la dinámica popular unitaria y asumir la condición arabobereber de sus poblaciones. Igualmente, en el Masreq, similar empeño y objetivo unitario requiere que se le sume la comprensión ineludible de que el avance y triunfo de la causa árabe conlleva hacer propia, de una parte, la de la autodeterminación y reunificación kurda y de otra afrontar la clarificación sincera del horizonte político de la cuestión palestina, con todas sus implicaciones conexas inmediatas, tanto frente al reconocimiento de un Israel restringido a sus fronteras de 1967(2) como al destino a reservar a la Monarquía hashemita, para dar viabilidad a un Estado palestino independiente extendido tambien a Cisjordania y Gaza.
 
De momento y en tanto estas tareas inmensas se consuman, para la izquierda nacionalista de este país que durante tantos siglos compartió historia y civilización con la Nación Árabe; cuya cultura e identidad tanto le deben aún y que hoy sigue siendo su vecino, sigue presente la obligación de denunciar la ocupación de Iraq y la responsabilidad y participación del Gobierno español en la agresión. Aún no siendo árabes, quede constancia de que los nacionalistas andaluces nos sentimos, sin embargo, en esta hora de aflicción, odio y dolor, hermanos y compañeros de la Nación Árabe en su humillación, que sentimos y sufrimos como nuestra.
(1) Sobre las diversas consecuencias posibles de los distintos escenarios bélicos, Ver: Invasión de Iraq - Escenarios negros, Carlos Alonso Zaldívar, Andalucia Libre nş 161
(2) Sobre Israel, es necesario reconocer que aún proviniendo su instalación como Estado en tierra árabe de un despojo y conllevando dolorosas concesiones en cuanto al derecho al retorno -que han de ser compensadas mediantes indemnizaciones- no cabe plantear ni su eliminación como Estado nacional ni -al menos en las próximas generaciones- la perspectiva de un Estado laico binacional. No es posible obviar que allí reside una nación compuesta en buena parte por árabes de religión judía, que bien abandonaron o bien fueron expulsados de sus países de origen y que hoy no sólo no tienen adonde ir sino que, además, sin la claridad sobre su futuro, nunca facilitaran ni el retorno a las fronteras de 1967, ni los acuerdos que puedan atenuar el coste de esta cesión ni se disociaran de los intereses imperialistas opuestos al derrocamiento de la Monarquía hashemita de Amman.
 
La indecencia de la "ayuda humanitaria"
7 de abril de 2003. Nota informativa

Después de que el 19 de marzo, día en que comenzó la agresión militar contra Iraq, el secretario de NNUU Kofi Annan suspendiese unilateralmente el Programa "petróleo por alimentos" [1] que venía proporcionando bienes básicos a la población iraquí desde 1996, el CS aprobó el pasado 29 de marzo por unanimidad una nueva Resolución (1472, 2003) [2] que restituyendo dicho Programa autoriza al Secretario general a establecer modificaciones en la ejecución del mismo. La aprobación por unanimidad de esta nueva Resolución, forzada por las presiones de EEUU y de Gran Bretaña, tiene ya diversas y severas implicaciones contra la soberanía iraquí y supone el punto de partida, en el marco de una guerra que sigue siendo ilegal desde el punto de vista del Derecho Internacional, para el "reparto" de las competencias de los miembros de NNUU en el futuro de Iraq y, particularmente, en el contexto de la denominada "ayuda humanitaria" y la "reconstrucción" del país. El gobierno de Iraq ya anunció el día 21 de marzo que se opondría a esta Resolución [3]

Sin mencionar explícitamente que la invasión de Iraq sigue constituyendo un hecho ilegal desde el punto de vista de la Carta de NNUU, y a pesar de señalar que según las Convenciones de Ginebra le corresponde a la potencia beligerante, es decir, a EEUU y Gran Bretaña, garantizar las necesidades básicas de la población durante el tiempo de las hostilidades, el texto de esta nueva Resolución está enfocado exclusivamente a favorecer, bajo el discurso de la "ayuda humanitaria" los intereses y la intervención de los Estados miembros del CS sin consideración alguna de la ilegalidad de la guerra y de la violación de la soberanía del Estado de Iraq. Precisamente porque es una guerra ilegal que no cuenta con el amparo y el reconocimiento de la comunidad internacional, NNUU no debería permitir que EEUU y Gran Bretaña reclamen ningún poder en la definición del futuro político, económico o social del futuro de Iraq. Igualmente, habiendo rechazado la intervención militar por ser ilegal, los restantes miembros del CS no deberían reivindicar ningún papel de NNUU para esa misma definición sino, todo lo contrario, exigir la retirada inmediata de las tropas estadounidenses y británicas del territorio iraquí e igualmente, proceder de acuerdo con las propias resoluciones de NNUU y, en lo que afecta al mecanismo de sanciones económicas, promover el levantamiento inmediato del embargo habida cuenta del alto grado de cumplimiento documentado en múltiples informes de las propias NNUU que Iraq ha alcanzado al respecto de las exigencias internacionales en todas sus cuestiones.

Igualmente, el CS debería exigir la aplicación del artículo 55 de la IV Convención de Ginebra, que determina que son las potencias beligerantes y ocupantes, EEUU y Gran Bretaña, quienes deben pagar todos los costes derivados de la ayuda de emergencia para la población iraquí y también de la reconstrucción del país por haber lanzado una invasión y ocupación ilegales de un Estado miembro fundador de NNUU.

En lugar de afrontar estas cuestiones, el CS ha aprobado una resolución que no solo otorga a NNUU el control sobre el futuro de Iraq sino que reconoce implícitamente que tanto EEUU como Gran Bretaña tienen un papel relevante en la definición del mismo.

El negocio de la "ayuda humanitaria"

El primer factor negativo de la aprobación de la Resolución 1472 es que reestablece el uso del Programa 'petróleo por alimentos' esencialmente para hacer frente al pago de la ayuda de emergencia y rehabilitación de Iraq a través de los activos financieros iraquíes depositados en la cuenta del CS (y gestionada por el propio CS) como ingresos derivados de la venta del petróleo iraquí en el marco de la Resolución 986. Ello significa que, en aplicación de esta nueva Resolución, será Iraq quien tenga que pagar de su bolsillo la ayuda de emergencia y parte de la reconstrucción de su país tras la invasión ilegal por parte de EEUU y Gran Bretaña.

El segundo factor negativo es que esta Resolución otorga competencias al secretario general Kofi Annan y a sus representantes para modificar lo establecido en la Resolución 986 'petróleo por alimentos' y, muy particularmente, le autoriza a destinar los fondos de ese Programa a partidas que no se corresponden con las establecidas en dicho Programa sino con la categoría de "ayuda humanitaria" cuyo coste, insistimos, corresponde asumir, según la IV Convención de Ginebra, no al Estado de Iraq sino a EEUU y Gran Bretaña.

Dado que los limitados recursos financieros del Programa 'petróleo por alimentos' no podrán cubrir las necesidades previstas de "ayuda humanitaria" y de "reconstrucción" iraquíes, el Secretario general de NNUU, lejos de exigir que sean los países que ilegalmente han lanzado la invasión de Iraq y han generado la emergencia de asistencia humanitaria entre la población de Iraq quienes asuman sus obligaciones, ha determinado que sea NNUU quien asista y costee ese excedente de "ayuda humanitaria" y de "reconstrucción"que no pueda cubrir el Programa 'petróleo por alimentos'. Kofi Annan ya ha hecho un llamamiento para que las agencias humanitarias de NNUU reciban 2.100 millones de dólares de los que, ya se ha indicado, solo 1.200 millones irán destinados a alimentos.

Este llamamiento se ha acogido satisfactoriamente en el marco de NNUU y del CS porque supone la intervención directa de NNUU como institución en la fase posterior a la invasión de Iraq. Sin embargo, EEUU, por una parte, y resto del CS, incluida Gran Bretaña, por otra, mantienen posiciones encontradas en lo relativo a cuál debe ser esa intervención.

Mientras EEUU ya ha definido un plan de ocupación militar estadounidense en Iraq una vez culmine la invasión de este país por sus tropas, el propio secretario de Estado Colin Powell ha dejado claro ante el Congreso de EEUU el pasado 26 de marzo que NNUU tendrá un papel limitado en el proceso de toma de decisiones relativo a la dirección de la posguerra de Iraq. "No apoyaríamos entregar todo a NNUU, a alguien designado por NNUU para que de repente se pusiera al cargo de toda esta operación (...) no hemos asumido esta pesada carga con nuestros socios de la coalición para no poder tener un control significativo y dominante sobre cómo se desarrolla en el futuro" [4].

Habiendo fijado ya el papel limitado que NNUU debe jugar en el futuro de Iraq, la Administración Bush pretende, no obstante, que sea NNUU quien costee la asistencia de emergencia y la reconstrucción de Iraq añadida a la que se derive del uso del Programa 'petróleo por alimentos'. Powell lo expresaba así en la comparecencia ante el Congreso el mismo día 26 de marzo: "NNUU tiene un papel que jugar. Si queremos conseguir ayuda de otras naciones, y pedimos a esas naciones que consigan fondos de sus parlamentos o de sus instituciones, les resulta mucho más fácil conseguir tales fondos y contribuir con ellos al esfuerzo de la reconstrucción y el re-desarrollo si tienen una respaldo internacional que, si se me permite decirlo así, decir simplemente 'dadnos dinero para dárselo a los estadounidenses'. Eso no funcionará. Por ello hay un buen número de ventajas en dar a NNUU un papel en esta tarea".

Frente a ese papel de mero actor financiero que EEUU pretende para NNUU a fin de costear lo que son sus propias obligaciones como potencia beligerante en Iraq y frente a la determinación de la Administración Bush de que no aceptará compartir ni la autoridad ni el poder ni el proceso de toma de decisiones con NNUU, los miembros restantes del CS y, particularmente Rusia y los europeos Francia y Alemania ya han declarado que se oponen a los planes de control militar estadounidense sobre Iraq, fundamentalmente porque ello significa quedar excluidos de la participación en la gestión económica y política del país.

Humanitarismo igual a militarismo

No obstante, la Administración Bush ya ha puesto en marcha los preparativos para ejecutar el control directo de Iraq bajo su ocupación militar mediante la denominada Oficina para la Asistencia Humanitaria y la Reconstrucción que estará controlada por el Pentágono y para cuyo cargo directo se ha designado al general estadounidense retirado Jay Garner. Garner además de presidir una importante empresa estadounidense de armamento de alta tecnología, la SY Coleman [5] que está en la actualidad dando soporte técnico a los sistemas de misiles empleados por EEUU contra Iraq, tiene un largo historial de lucha contra la causa palestina a través de sus conexiones directas con la derecha sionista de Israel y del lobby sionista de instituciones estadounidenses como el Jews Institute for National Security Affairs [6]. Asimismo, Garner ha sido el encargado de establecer y supervisar desde 1991 en el Kurdistán iraquí la administración económica, política y militar de ese territorio en connivencia con las organizaciones kurdas de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y con la aceptación tácita del CS de Naciones Unidas, y es, en palabras de Ariel Cohen, ex asesor de política exterior en la Heritage Fundation un experto en "introducir el sistema capitalista allí donde ha habido un sistema centralizado socialista desde 1960" [7].

La designación de este general y magnate de la industria armamentística de EEUU como administrador de la Oficina para la Asistencia Humanitaria y la Reconstrucción supone convertir nuevamente la "ayuda humanitaria", como ya se ha visto en otros conflictos internacionales y en concreto en la ex Yugoslavia y en Afganistán, en el instrumento privilegiado del intervencionismo para establecer un sistema de control militar, político y económico neocolonial sobre Iraq. Sistema de control que se ejecuta, además, con el valioso soporte que dan las agencias oficiales estadounidenses de ayuda al desarrollo (como la Agencia para el Desarrollo Internacional de EEUU, USAID) y las grandes ONG nacionales e internacionales que, en nombre del "humanitarismo", en este caso, estadounidense, adaptan su funcionalidad a la lógica militar integrándose en ella.

Francia y Alemania: no, pero si

Pero tal y como se avanzó ya el pasado diciembre [8] los cálculos de la Administración Bush requieren que el coste económico y el desgaste militar de su permanencia en Iraq tras la guerra, a medio y largo plazo, sean endosados a la OTAN. En su reunión extraordinaria con los embajadores de la Alianza Atlántica celebrada el 4 de abril en Bruselas, Powell ya ha vuelto a reiterar que los miembros de la OTAN tienen que tener una "participación activa" en la posguerra iraquí como "fuerza de pacificación" en el marco de las denominadas misiones Petersberg de la OTAN [9]. Ello permitirá al ejército de EEUU plena disponibilidad de reparto y movilización de sus efectivos en otros frentes de intervención internacional futuros, todo ello, claro está, manteniendo la autoridad militar incuestionable de Washington. Ante la realidad de un hecho a punto de consumarse que la determinación de EEUU ha creado con la invasión de Iraq, y ante el riesgo de perder su ya limitada capacidad de intervención, Francia, Alemania y también Rusia, pueden, mirando hacia otro lado, acabar obviando la ilegalidad de la guerra contra Iraq y la violación del Derecho Internacional invocadas hace solo unas semanas, para retomar en el frente de NNUU y de la OTAN su capacidad de maniobra y apuntarse, finalmente, al reparto desigual del pastel iraquí. Mientras, miles de iraquíes siguen cayendo asesinados por las bombas y los misiles estadounidenses y británicos y por el silencio cómplice de quienes representando a la "comunidad internacional" se recolocan para situarse en el mejor puesto de salida posible.

Notas:
 
Enlaces para más información sobre la Guerra y Ocupación de Iraq:
 
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