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Asunto:[BoletinAndaluciaLibre] nº 215 - Trifulca tributaria - Cuba - Perry Anderson
Fecha:Domingo, 18 de Enero, 2004  17:00:18 (+0100)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nº 215
 
En este Correo:
 
Andalucía
*La Junta se conforma con la mitad de la deuda. - Enlaces
*El Remate, Financiación autonómica: Entre ladrones y consentidores. Andalucía Libre
*IU: Valderas saca adelante las listas pactadas con los criticos, con la CUT en contra.
*Cuba, Prohibiciones en Cuba, Octavio Rodríguez Araujo - Enlaces
*La batalla de las ideas en la construcción de alternativas, Perry Anderson
*Sugerencias Varias: - Biografias de Mujeres Andaluzas -Memoria / Herramienta - Sitios musulmanes andaluces.
*Solidaridad con Palestina,
*Directorio de Andalucía en Internet,
*Música de fondo - Ayuda
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 Andalucía
la financiación en el debate electoral
La Junta se conforma con la mitad de la deuda si hay pacto
Urge por carta al Gobierno español a fijar la Comisión Mixta "en el menor plazo posible"
F. RUFO / D. LOZANO / I. CARRETERO
 
PUERTO REAL/SEVILLA. La Junta de Andalucía solicitó ayer formalmente por carta al Gobierno central la convocatoria de la Comisión Mixta de Transferencias para llegar a un acuerdo antes de las próximas elecciones sobre la deuda que el Estado mantiene con Andalucía a cuenta del modelo de financiación autonómica que estuvo en vigor entre 1997 y 2001.

La misiva suaviza los términos en los que planteó los plazos el pasado miércoles la consejera de Economía y Hacienda, Magdalena Álvarez, y se limita a decir que la reunión ha de producirse "en el menor plazo posible, preferentemente antes de que finalice el mes de enero". En Puerto Real, el presidente de la Junta, Manuel Chaves, sostuvo que el plazo no será un obstáculo para la firma del acuerdo y lo que se ha dado es una fecha orientativa porque es "de sentido común" que el acuerdo sea previo a la campaña electoral. "Por nuestra parte, estamos en condiciones de celebrar la citada Comisión desde el mismo día de hoy", dice el texto de la carta de la que dio cuenta el propio presidente de la Junta ante los medios de comunicación. Firmada por el consejero de la Presidencia, Gaspar Zarrías, el texto está dirigido a la ministra de Administraciones Públicas, Julia García-Valdecasas; al titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, y al vicepresidente segundo, Javier Arenas.


Chaves manifestó que el Gobierno, a través del ministro de Hacienda, reconoce por primera vez una deuda con la Junta de 2.500 millones de euros y que, aunque en opinión del Ejecutivo andaluz esa deuda es superior, la Administración autonómica está dispuesta a llegar a un acuerdo sobre esa cantidad con el objetivo de zanjar definitivamente el tema. De hecho, la carta enviada a los ministros plantea además la disponibilidad del Ejecutivo autonómico a retirar inmediatamente "todos los recursos" interpuestos ante la Justicia para reclamar estos conceptos. El presidente insistió en que el acuerdo es fácil desde el punto de vista de que Gobierno y Junta coinciden en la cifra de 2.500 millones de euros, motivo por el que consideró que lo ideal es cerrar el acuerdo antes de que "llegue el fragor de la campaña electoral para las elecciones generales y autonómicas con el fin de que los ciudadanos tengan la garantía de que van a cobrar ese dinero gobierne quien gobierne en España o en Andalucía". Sí criticó duramente que el PP vincule el pago, según dijo, a que este partido gobierne en Andalucía. Aseguró que "es un chantaje a los ciudadanos de Andalucía". "No es de recibo cuando además viene de un miembro del Gobierno de la nación, porque esta no es una deuda con la Junta o con el PSOE, sino con los ciudadanos de Andalucía", señaló. El presidente de la Junta añadió que no iba a entrar en el terreno jurídico, pero sí manifestó que esa posición le recuerda "a la época de Cánovas, cuando se procedía de una manera abierta a la compra de votos de los ciudadanos".

La consejera de Hacienda sí que fue más allá en la valoración de las palabras de Cristóbal Montoro. Álvarez consideró que "roza el delito" vincular el pago de la deuda por la liquidación del sistema de financiación autonómica con una victoria de los populares en las elecciones. En declaraciones a la cadena Ser, cargó las tintas contra los populares y sostuvo que tanto Montoro como el vicepresidente segundo del Gobierno, Javier Arenas, y la presidenta del PP-A, Teófila Martínez, "reconocen que están chantajeando, extorsionando e incluso a lo mejor prevaricando, porque reconocen esa deuda y reconocen que no la pagan porque no gobiernan ellos". "Nosotros aceptamos la propuesta para que los andaluces voten libremente, siempre que la hagan realidad antes de fin de mes", insistió Álvarez, que se mostró convencida de que si Montoro rechaza el plazo marcado por la Junta para concretar el acuerdo antes de la campaña electoral "es porque iban de farol y están engañando a los andaluces". Tan es así que el consejero de la Presidencia consideró que, si antes de las elecciones no hay acuerdo, Teófila Martínez no debería comparecer ante ellas como candidata de la Junta. Zarrías definió como "la prueba del algodón" para la candidata del PP la situación creada tras las declaraciones del ministro de Hacienda. "Es la última oportunidad del PP de presentarse a las elecciones con la cabeza alta. Sería muy grave que de nuevo se engañase a los andaluces con este asunto", señaló Zarrías, quien se mostró convencido de que no ocurrirá tal cosa. El consejero señaló que el plazo no es un problema y que sería "incalificable" que el acuerdo no llegase a fraguarse. "No quiero ni puedo creer que un ministro de mi país pueda ser tan irresponsable", respondió Zarrías.

Aunque tanto Chaves como los consejeros se refirieron a la supuesta negativa del Gobierno a pagar si el PSOE sigue en la Junta, en la comparecencia de Montoro ante los medios de comunicación el pasado miércoles en Sevilla éste sostuvo que es consciente de que tiene la "responsabilidad" de negociar con cualquier partido que gobierne, si bien mostró su total desconfianza en que en las condiciones actuales haya consenso.
En la rueda de prensa, Cristóbal Montoro había considerado "inviable" un acuerdo entre ambas administraciones y había atribuido la "paralización" de la liquidación del anterior sistema de financiación a razones puramente políticas porque, sostuvo, "la Junta ha hecho oposición al Gobierno de España en todo lo que ha podido". Montoro se mostró 'enormemente pesimista' sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo con la Junta en esta materia y expresó su confianza en que las próximas elecciones autonómicas traigan un 'cambio político' que permita que las relaciones económicas y financieras entre las administraciones central y autonómica vuelvan a la senda de la 'normalidad y se cierre un periodo de confrontación que nunca se debió abrir'.
 
El Gobierno español pide la retirada de recursos de la Junta para negociar

El Ministerio de Hacienda interpretó ayer la postura de la Junta como una forma de aceptar ahora, después de siete años de enfrentamiento, el modelo de financiación 1997-2001 rechazado por las comunidades socialistas en un principio. Según informaron a Europa Press fuentes oficiales de este departamento, el Gobierno está dispuesto a negociar de manera inmediata si la Junta retira los recursos, como aseguraron que viene ofreciendo desde hace años. Son 22 las acciones que la Administración autonómica tiene interpuestas ante la Justicia: 17 ante el Tribunal Constitucional, dos ante la Audiencia Nacional y tres en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, según la contabilización que hizo el PP. En las negociaciones mantenidas entre ambas administaciones, el Ejecutivo central exigió la retirada de todos los recursos para llegar a un acuerdo, extremo rechazado con contundencia por la Junta, que mantenía en el Constitucional su batalla por el no reconocimiento del censo real y en la Audiencia Nacional y el Tribunal Superior de Madrid, por el 2% de la Participación de Ingresos del Estado (PIE) del citado quinquenio que no está liquidado. Dada la importancia de cada concepto, el Gobierno andaluz nunca quiso hablar de una retirada global de recursos. El hecho de que siempre quedase viva una vía judicial y la falta de acuerdo sobre la forma de pago -la Junta quería cobrar en tres plazos y el Gobierno pretendía ir abonando a medida que se fuesen pronunciando los tribunales- fueron detonantes para que en diciembre de 2002 se produjese la ruptura de las conversaciones entre ambos ejecutivos, después de que hubiese ya sobre la mesa un documento con las cantidades a pagar para liquidar la PIE, siguiendo los criterios, favorables a la Junta, planteados por una sentencia de la Audiencia Nacional referida al ejercicio de 1997. Con posterioridad, el TSJ de Madrid se pronunció en sentido contrario.

Está por ver si el Ejecutivo de Chaves asumirá tal extremo. Desde que comenzó el conflicto por la financiación autonómica, la Junta se ha negado a retirar a priori los recursos ante los tribunales ya que, ante una posible ruptura de las conversaciones -hipótesis más que posible si se atiende a los antecendentes- la Administración autonómica se quedaría desarmada para reclamar los pagos. Hasta la fecha, el Gobierno andaluz siempre ha hablado de pactar primero y retirar los recursos después. Pese a ello, las citadas fuentes del Ministerio de Hacienda señalaron que Andalucía es la única comunidad autónoma a la que no se le ha podido liquidar el anterior modelo de financiación porque nunca lo ha aceptado, motivo por el que sostuvieron que, en el mismo momento que lo acepten y se retiren los recursos, se podrá negociar esa liquidación. En cualquier caso, el Gobierno andaluz da por superado este extremo ya que acepta la cifra de los 2.500 millones que propone el PP. Hacienda, pese a ello, habla ahora de consensuar las cantidades.

La oferta que ahora se debate, señalaron las fuentes de Hacienda, ha estado siempre encima de la mesa y por espacio de siete años el Gobierno de Chaves "ha preferido perjudicar a los andaluces para hacer oposición al Gobierno central". "Ahora dicen que la aceptan, pero a la vez injurian diciendo que sólo se pagará a un gobierno del PP, lo cual demuestra la poca voluntad que tienen de pactar", subrayaron. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, aseguró ayer en La Rioja que es muy difícil negociar cuando una parte se ha instalado en el permanente insulto y ofensa como, a su juicio, hicieron el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, y la consejera de Economía y Hacienda, Magdalena Álvarez. Tampoco mostró demasiada confianza en las posibilidades de acuerdo con la Junta la ministra de Administraciones Públicas, Julia García Valdecasas, quien dijo haber recibido por fax la carta en la que el Gobierno andaluz comunicaba su petición de una Comisión Mixta de Transferencias. El Ministerio, dijo, va a estudiar la cuestión "para ver qué podemos hacer en este periodo en el que estamos". Según dijo, "la Comisión Mixta que él pide se reúne cuando las comisiones técnicas han llegado a un pacto", por lo que "habrá que reunir a las comisiones técnicas para empezar a trabajar", explicó García Valdecasas, quien no ocultó sus reservas, a pesar de la flexibilidad de plazos y condiciones que mostró ayer Manuel Chaves. "Choca que acepte ahora una propuesta que existía desde hacía tiempo y que hasta ahora se había negado a negociar con este Ministerio", afirmó.

Desde que se conoció la respuesta de la Junta a la propuesta del PP sobre financiación autonómica, todas las voces del partido han atribuido esta situación a un logro de su candidata a relevar a Chaves en la Junta, Teófila Martínez. En esos términos se pronunció la propia presidenta de los populares andaluces. "Estoy muy contenta y orgullosa de que el PP-A haya sido capaz de plantear una propuesta que, después de siete años de confrontación política promovida por Chaves contra el Gobierno de la nación, la haya aceptado el propio Chaves y el Gobierno de la nación", sentenció. El líder el PP a escala nacional, Mariano Rajoy, también hizo referencia a este asunto. Tras reconocer que no estaba totalmente informado del cruce de declaraciones, el candidato popular aseguró que el Gobierno y la Junta deben hacer "un esfuerzo de entendimiento y de lealtad institucional" sobre la liquidación de la financiación autonómica.

Distintas cuentas para saldar la financiación del mismo periodo
 
Los 4.630 millones de euros que la Junta reclamaba al Gobierno para liquidar el quinquenio 1997-2001, en el que Andalucía no se acogió al sistema de financiación general, tienen su origen en el no reconocimiento del censo real de la comunidad (1.566 millones); 2.608 millones por el cálculo de la evolución de los ingresos autonómicos -se hizo en función del PIB nominal, en lugar de utilizar como parámetro el ITAE- y la liquidación de la PIE (455 millones). Por contra, los 2.500 millones que ofrece el PP salen de utilizar los mismos criterios fijados en el acuerdo con Extremadura y Castilla-La Mancha, que no son otros que el contenido que en 1997 rechazó el PSOE. En estas dos comunidades, el censo no supuso controversia porque la población no creció.
 
Si ha habido una frase repetida por el Gobierno andaluz en el conflicto por la financiación autonómica, ésa ha sido que a los andaluces no les van a robar ni un euro de lo que les deben. Ayer, la Junta dio por buenas las cantidades que plantea el PP -2.500 millones- en nombre de lo que Gaspar Zarrías denominó la "concordia". El envite de la Junta aceptando la propuesta del PP andaluz no sólo obliga al Gobierno de Aznar a convertir sus palabras en hechos, a dos meses de las elecciones, sino que libera a un hipotético Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero -con Magdalena Álvarez integrada en su equipo- de la obligación moral de abonar la nada desdeñable cantidad de 4.630 millones de euros, que es la que hasta ahora había reclamado la Junta con uñas y dientes.
 
Cuando en diciembre de 2002 los gobiernos central y autonómico sellaron un documento con las cantidades para liquidar la Participación de Ingresos del Estado (PIE) del periodo 1997-2000 -el año 2001 aún no estaba liquidado en ese momento- por un total de 544 millones de euros, se quedó fuera del acuerdo todo lo referido al censo de población, el principal motivo de enfrentamiento, ya que el Gobierno utilizó como referente para calcular la financiación el padrón de 1988 y no el censo de 1996. Fueron 365.000 andaluces menos a la hora de transferir fondos estatales a Andalucía que, según la Junta, sufrieron un recorte de 1.566 millones. A cuenta de este contencioso están recurridos en el Tribunal Constitucional los PGE de 1997 a 2001. Han pasado seis años desde el primer recurso y la cercanía de alguna sentencia puede condicionar las decisiones de ambos gobiernos, que aparcaron este concepto de la negociación, conscientes de su importancia.
 
La forma de pago fue uno de los motivos principales que impidieron un acuerdo entre ambas administraciones. Mientras que en diciembre de 2002 la Junta reclamaba que se realizase en tres plazos -la última liquidación en la primavera de 2004-, el Gobierno central prefirió condicionar los pagos a que fuesen pronunciándose los tribunales.
 
Reacciones de IU y PSA

Diego Valderas, coordinador general y candidato a la Presidencia de la Junta de IULV-CA, exigió al secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que se comprometa a pagar "íntegramente" a la comunidad andaluza los más de 4.600 millones de euros en concepto de liquidación del sistema de financiación anterior que adeuda el Estado a Andalucía, "si llega al Gobierno central y se puede configurar un Ejecutivo de izquierdas". En declaraciones a Europa Press, Valderas aseguró que desde IU se compromete "desde este momento" a pagar a Andalucía "todo lo que debe el Estado, siempre que formemos parte del Ejecutivo central y podamos influir". En este sentido, advirtió de la necesidad de que la actual consejera de Economía y Hacienda, Magdalena Alvarez, que "sea coherente y se comprometa a liquidar la deuda que le reclama al Gobierno del PP, en el caso de que el PSOE pueda gobernar y ella forme parte del Ejecutivo". Así, el líder de IULV-CA dejó claro que "sería contradictorio, que el presidente de la Junta, Manuel Chaves, acepte ahora la propuesta del PP pese a que Andalucía pierda más de 2.000 millones de euros". "No sé si es que Chaves no confía en que el PSOE pueda gobernar en Madrid o es que está jugando con los intereses de Andalucía y quiere alcanzar un pacto previo a las elecciones para que en el caso de que gobierne el PSOE no exigirle el pago de lo que ahora reclama", destacó Valderas. No obstante, el coordinador y candidato de IULV-CA acusó al Gobierno central de presentar una "oferta trampa", por lo que advirtió de que "la oferta del PP es inaceptable". "El PP y el PSOE no pueden jugar con los intereses de Andalucía", apuntó Valderas, que dijo que en "la venta está el engaño, y que por lo tanto ambos partidos están vendiendo los intereses de Andalucía y engañando a los andaluces". Por su parte, el portavoz de Izquierda Unida en el Congreso, Felipe Alcaraz recomendó a la Junta de Andalucía que tome medidas legales ante el "chantaje político" al que, en su opinión, está sometiendo el Gobierno central a esta comunidad al condicionar al triunfo del PP en las autonómicas el pago de 2.500 millones de euros en concepto de deuda por la financiación autonómica. Para Alcaraz, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, podría estar incurriendo en un delito de prevaricación. "Es una decisión injusta a sabiendas y eso, si no es una prevaricación se parece muchísimo", comentó Alcaraz en una rueda de prensa en el Congreso, en la que tachó de "indigna" la propuesta de Montoro. Alcaraz tampoco considera "correcta" la reacción de la Junta, porque si bien el Gobierno del PP ha reconocido la existencia de esa deuda, el Ejecutivo andaluz ha aceptado el "chantaje" al admitir el pago de la cantidad ofrecida por Montoro si se produce durante este mes. Según los cálculos de Alcaraz, la deuda del Gobierno alcanza casi los 6.000 millones de euros, con lo que Andalucía "perdonaría" unos 3.000 euros de aceptar la oferta de Hacienda. "Estamos en el mes de las rebajas, pero no podemos aceptar una rebaja de 3.000 millones", dijo. En cualquier caso, el portavoz de IU recordó que no es la primera vez que el Ejecutivo central se compromete a saldar esta deuda y se mostró convencido de que Montoro sabe que "no va a pagar los 2.500 millones". Así, acusó al ministro de "jugar al póker", presentando el pago como "una especie de PER monstruoso", y reprochó al Gobierno andaluz que, en cierto modo, haya entrado en el juego.
 
El coordinador nacional del PSA y candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Pedro Pacheco, opinó que “estamos ante una decisión que no podemos aprobar, sino todo lo contrario. Vamos a denunciarlo donde haga falta porque no es lógico que tiremos más de 2.000 millones de euros por el mero echo de que nos encontremos en precampaña electoral. Ni un céntimo hay que perdonarle al Gobierno central. EL PSOE no debe claudicar ante el PP. Tantos años de confrontación para llegar a este punto: es algo intolerable”. Para Pacheco, el presidente Chaves debe “urgentemente descalificar a su todavía consejera de Economía y decirle ya que haga las maletas, que no espere al martes para irse. Este es el legado que nos deja la peor consejera andaluza de toda nuestra Autonomía. Andalucía no merece esta consejera ni un segundo más. El PSA exige a Chaves que no retire los recursos si no se paga hasta el último céntimo de euro. El PSOE no puede dejarle esta herencia al Gobierno que entre a partir del 14 de marzo, que espero cambie de color político. Si Chaves acepta las condiciones de pago impuesta por el PP estaría aceptando un chantaje y esto, ni política ni jurídicamente se puede aceptar. EL PSA llegará donde haga falta para reclamar los 4.616 millones de euros que se debe a Andalucía”, Por último, el candidato del PSA ha recordado que el PSOE aceptó “todos los inconvenientes que ellos mismos reconocieron del anterior sistema de financiación, y además asumió hasta el concepto de estabilidad presupuestaria que denunciaron también por inconstitucional. Ya entonces advertimos que, en la medida en que los verdaderos recursos financieros y las inversiones, siguieran siendo fruto de acuerdos presupuestarios, cualquier modelo estaba avocado al fracaso. Y así ha sido, las comunidades que han sabido negociar o que han gozado de las preferencias del Gobierno Central han visto como los Presupuestos Generales del Estado eran “generosos” con sus habitantes y no han tenido problemas para cobrar. Esto, lisa y llanamente se llama chantaje”.
 
El Remate
Financiación autonómica:
Entre ladrones y consentidores.
Andalucía Libre
Desde hace años, el Gobierno español del PP y la Junta de Andalucía del PSOE han mantenido vivo un pertinaz enfrentamiento sobre las cantidades que se debían abonar a Andalucía a cuenta de los sucesivos cambios en el sistema de financiación autonómica. En plena precampaña, el PP ha reiterado su vieja propuesta de cantidades e insinuado que el hacerla efectiva depende de que gobierne en Andalucía tras las próximas elecciones. Y el PSOE, desdiciéndose de todo lo dicho durante ocho años, acepta el "lo tomas o lo dejas" del PP, si el Gobierno español se compromete a abonar los millones antes de las elecciones. En el cambio va implícita, la renuncia del PSOE a que Andalucía cobre más de 2.000 millones de euros. Estremece la desenvoltura y el cinismo de unos y otros.
 
Los porqués profundos. 
 
¿Porqué puede ocurrir esto?. ¿Porque Andalucía puede quedarse en sus ingresos al arbitrio de los caprichos de un Gobierno español?.
 
Andalucía no establece los impuestos que se cobran en su territorio. Andalucía ni siquiera cobra los impuestos españoles que se generan en Andalucía, quedándose con la parte de ellos que le reconoce el sistema español y remitiendo, en su caso, el resto a Madrid. La Junta sólo recauda directamente una parte de sus impuestos propios, que constituyen una parte marginal de sus ingresos. La Hacienda española cobra todos los impuestos españoles y luego el Gobierno español transfiere a Andalucía lo que le toca, según las normas vigentes interpretadas a su gusto y según su voluntad política; en las cantidades y plazos que estima oportunos. A Andalucía, cuando el Gobierno español no paga o no lo paga todo o paga tarde, sólo le queda recurrir a órganos españoles como el Tribunal Constitucional y similares, controlados por España y que dilatan sus sentencias durante años. Cuando gobernaba el PSOE en Madrid, la Junta admitía disciplinadamente sus ritmos y decisiones; cuando le sustituyó el PP en La Moncloa, San Telmo [el palacio donde reside la presidencia de la Junta] descubrió la aritmética y se construyó un ropaje reivindicativo.
 
La cuestión de fondo es simple. Andalucía no tiene soberanía fiscal. No dispone de un elemento clave para desarrollar una política economía propia; sólo puede gestionar las directrices españolas con algún añadido irrelevante o secundario. Andalucía, al no tener concierto económico, no sólo no tiene capacidad para establecer políticamente la cuantía de las devoluciones españolas sino siquiera para fijar y controlar la recaudación de los recursos que genera. Al no tener Agencia Tributaria propia que gestione todos los impuestos, tampoco tiene autonomía real para supervisar el cobro; aun aplicando criterios españoles; depende totalmente de hecho de las prioridades y arbitrariedades del Gobierno español. Esa es la "autonomía" estatutaria y constitucional.
 
¿De que deuda se está hablando?
 
La prensa habla de la polémica y denomina simplificadamente a la diferencia como relativa al cobro de la "deuda histórica". No es tal y hacerlo así distorsiona los términos de la controversia y de sus fundamentos básicos. Ni los 4.600 ni los 2.500 millones de euros agotan la deuda histórica de España con Andalucía; ni aún se acercan a lo que podríamos llamar "deuda autonómica", es decir, la generada desde el acceso en 1982 de Andalucía a su encorsetada autonomía actual.
 
Para referirnos a la deuda histórica, habríamos de sumar a las cantidades ahora en debate surgidas del cambio de sistema de financiación, otras partidas.
 
Tendríamos que incluir, primero, la deuda histórica secular acumulada desde el siglo XVI al XX por la Monarquía española y luego el Estado español en su rapiña de los recursos andaluces. Cuantificar y luego reconvertir a cantidades actuales los tributos y exacciones que sostuvieron al Imperio español desde Andalucía en proporción abusiva y desorbitada; los costes de las medidas arancelarias que perjudicaron a Andalucía; el valor de los recursos andaluces que sostuvieron el presupuesto español; que se fueron de Andalucía gracias a la Hacienda española, los bancos españoles o el intercambio desigual...   
 
Habría que añadir -entrando en el periodo autonómico- las cantidades compensatorias que no se cobraron cuando empezó a funcionar la Junta de Andalucía, derivadas de la tramposa valoración española de costes y recursos en las competencias transferidas y que se suponía que iban a hacerse efectivas paulatinamente (Disposición adicional 2ª del Estatuto).
 
Debería sumarse igualmente, la diferencia entre lo que ha venido realmente a Andalucía a cuenta del mezquino Fondo de Compensación Interterritorial español (Art. 158.2 CE), con porcentajes en torno a un ridículo 2% de los ingresos andaluces  y lo que se vendió políticamente en su momento, como instrumento de transferencia clave de recursos para la inversión para hacer posible la igualdad y el desarrollo. El FCI no sólo ha sido homericamente corto, sino que se ha transfigurado -como ya era previsible entonces- de recurso especifico para las naciones más pobres del Estado a canal generalizado y arbitrario de distribución de fondos complementarios.
 
Y no pueden olvidarse los 3.942.639.404 de euros de fondos europeos destinados a inversiones publicas en Andalucía, adjudicados al Estado español precisamente por la pobreza andaluza, que el Gobierno español -según denuncio en 2001 la misma Consejera Álvarez- empleo a su criterio en otras naciones y territorios del Estado. Y tampoco pueden echarse en saco roto los recursos perdidos por Andalucía por la forma en el Estado español negoció la entrada en la UE o los que se han ido, se están yendo y se irán por los acuerdos que el Gobierno español ha apoyado o priorizado en Bruselas...
 
¿Cuanto debe España a Andalucía, en resumen?. Haría falta que algunos buenos economistas hicieran la suma; pero, en cualquier caso, bastante más de 4.600 o 2.000 millones de euros.
 
¿Quien es el ladrón?
 
A la vista de la polémica vigente, cabe preguntarse, no ya sólo ¿quien es más ladrón? sino ¿quien es más despreciable?, si el que roba desde Madrid o quien se lo consiente desde Andalucía.
 
Lo que significa y representa la derecha españolista del PP es evidente. Son los herederos de los responsables y beneficiarios del expolio, la miseria, el hambre, la humillación, la emigración y la represión sangrienta que han asolado históricamente a nuestra Nación. España pura. El PSOE, por su parte, es la aceptación oportunista de la dependencia, la acomodación sumisa a la subordinación, la utilización mercenaria de Andalucía al servicio de España. Si ahora ofrecen 2.000 millones de los andaluces para quitarse de encima un chantaje en vísperas electorales es porque, en ultima instancia, participan de la misma perversión que reconvierte el derecho en petición y la justicia en caridad. El PSOE se ve reflejado en el espejo del PP y actúa automáticamente a su nivel, porque es el suyo. Si lo hacen porque prefieren "el pájaro en mano al ciento volando" o porque quieren quitarle de encima una deuda incomoda a un hipotético Gobierno futuro del PSOE (o de la "izquierda plural") en Madrid, es cuestión menor. PP y PSOE, así lo demuestra por enésima vez su comportamiento en la trifulca, comparten en ultima instancia la misma visión íntimamente despreciativa de Andalucía y de su lugar en España. Los dos están contra nuestra Soberanía Nacional; los dos quieren una Andalucía arrodillada. Y así nos va.
Financiación, Desigualdad, Dependencia.
 Andalucía
Valderas cierra filas y saca adelante las listas de IU pactadas con los críticos
Sólo la CUT que dirige Sánchez Gordillo votó en contra de las candidaturas.
JOAQUINA DUEÑAS/SEVILLA - Sur
 
Juan Manuel Sanchez Gordillo,
coordinador de CUT-BAI
 
Esta vez sí hubo buena sintonía con Concha Caballero. Valderas logró ayer sacar adelante las listas de Izquierda Unida al Parlamento andaluz y las del Congreso. El consejo andaluz de Izquierda Unida, mantuvo ayer una reunión para ratificar las listas presentadas al Parlamento, al Congreso y al Senado por las distintas provincias. El coordinador andaluz de IU llegó finalmente a un acuerdo con el sector crítico encabezado por Concha Caballero, que votó a favor de las listas. Valderas consiguió de forma que su propuesta fuera respaldada por el 82% del consejo.

El coordinador andaluz de IU, Diego Valderas, se mostró satisfecho con el resultado porque según explicó «se ha expresado una clara voluntad y una clara responsabilidad unitaria de todos con respecto al desafío de las próximas elecciones en Andalucía, que ha respetado al máximo la voluntad de las bases de IU en las distintas provincias». Valderas aseguró que se trata de «una mayoría lo suficientemente amplia como para expresar la posición unitaria del proyecto en la comunidad autónoma» y resumió el transcurso de la reunión en una sola frase, «IU está cada vez más unida».

El Consejo Andaluz de IU aprobó con 53 votos a favor, 10 en contra -los del CUT-BAI de Juan Manuel Sánchez Gordillo-, y dos abstenciones, a los dirigentes que encabezarán las candidaturas para los próximos comicios autonómicos y generales, cabezas de lista que con anterioridad habían elegido las organizaciones provinciales tras el acuerdo de consenso e integración alcanzado por los sectores mayoritarios.

Sánchez Gordillo argumentó el rechazo de su formación en que «no se ha producido» una integración real en la provincia de Cádiz y en la negativa de los dirigentes de Almería a situar como cabeza de la candidatura para los comicios autonómicos al secretario general del SOC en esta provincia, el inmigrante Gabriel Attaya.

En líneas generales el reparto de los candidatos viene a responder al resultado de la Asamblea andaluza celebrada en diciembre en Matalascañas (Huelva), en la que los oficialistas obtuvieron el 60% y los críticos el 40% de apoyos, aunque sobre todo refleja el acuerdo previo alcanzado por estos sectores sobre lo que Valderas denominó la «unidad, integración y consenso, en la nueva etapa» de la organización. A pesar de haberse ratificado las listas, han quedado algunos nombres por determinar. En concreto, faltan por señalar por parte de la provincia de Cádiz, quién sera su cabeza de lista para el Senado y por parte de Málaga, donde quedan por elegir también los tres candidatos al Senado.
 
Estas son las cabeceras. Almería: Isabel Rodríguez. Cádiz: Ignacio García. Córdoba: J. Manuel Mariscal. Granada: Pedro Vaquero. Huelva: Diego Valderas. Jaén: José Cabrero. Málaga: Antonio Romero. Sevilla: Concha Caballero.
 
 Cuba
Prohibiciones en Cuba
Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada - México, 15 de enero de 2004
 
¿Qué hacer cuando en medio de crecientes amenazas del gobierno de Estados Unidos a Cuba las autoridades de este país plantean excluir de la Internet a la mayoría de sus habitantes?. Una opción sería no hacer comentarios, como si la nota de Gerardo Arreola no hubiera aparecido en La Jornada el pasado 12 de enero (nota que, por cierto, no ha sido desmentida hasta el momento de escribir estas líneas). Otra opción, que me parece más sensata, es separar la muy seria cuestión del bloqueo estadunidense a Cuba, con todos los problemas que implica, del tema referido al acceso de los cubanos a la Internet.
 
En mayo de 2000, Carlos Lage Dávila, vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba, decía que "sin una democratización real del acceso al desarrollo tecnológico, todas las predicciones de una nueva economía mundial basada en la informática y las comunicaciones sólo serán válidas para una minoría y seguirán siendo un sueño inalcanzable para la inmensa mayoría de la humanidad". (Véase artículo de Schlachter en Granma).
 
En este mismo artículo se menciona que Lage criticó que, de 350 millones de usuarios de la Internet previstos para ese año (2000), 92% pertenecieran a los países desarrollados de Norteamérica, Europa y Asia, "mientras sólo 8% (28 millones) corresponden a Africa, América Latina y el Caribe". En Cuba, según nota de Mayoral en Granma (12/01/04), "las cuentas de correo electrónico superan las 480.000 y aumentan los usuarios de la Internet".
 
Es dudoso que aumente el número de usuarios de la Internet en Cuba, si tomamos en cuenta la nota de Arreola ya mencionada. Más bien, con base en las resoluciones de González Planas, ministro de la Informática y las Comunicaciones, se reducirá el acceso de los cubanos a la información mundial que se produce al margen de los 750 sitios cubanos en la Internet.
 
El mecanismo que se usará, supuestamente a partir del 24 de enero, será bloquear automáticamente las líneas telefónicas para el ingreso a la red. Sólo los extranjeros podrán usar las tarjetas prepagadas que vende la empresa de capital mixto de telecomunicaciones (Etecsa, fundada en 1994) o comprar tiempo en los cibercafés, dice Arreola. Los cubanos, en pocas palabras, no tendrán acceso a la información extranjera, ni por la Internet ni por televisión por cable o satélite, ni en pesos cubanos ni en dólares. ¿Esta es la democratización a la que se refería Lage?.
 
Excluir a los ciudadanos comunes de la información generada en el exterior, en tanto que las elites burocráticas y partidarias sí tienen acceso a ella, no sólo no es democrático, sino que es una medida paternal-autoritaria que trata a los cubanos como menores de edad que no pueden distinguir la propaganda anticubana de la derecha mundial encabezada por Estados Unidos de la información producida en medios serios. Si el régimen de Fidel Castro está tan firme como lo han querido demostrar las manifestaciones masivas en La Habana, ¿por qué tender una cortina tecnológica a la información no seleccionada por los medios cubanos?. ¿De qué se trata de preservar al pueblo cubano que no pertenece al Partido Comunista ni a las juventudes también comunistas?.
 
Un pueblo convencido de su sistema político y de las bondades de lo que su gobierno ha construido después de la revolución de 1959 no tiene por qué caer bajo la influencia contaminante de los países capitalistas. Al contrario, un pueblo bien informado es un pueblo participativo, exigente, con criterio propio, firme en sus convicciones producto de la razón y no de la ignorancia, el miedo o la enajenación. ¿No se criticó desde Cuba y desde los ámbitos progresistas de todo el mundo que Bush interfiriera en la Internet en su propio país y que se prohibiera la exhibición de ciertas películas después de los atentados del 11 de septiembre?. ¿No se criticó igualmente a la Unión Soviética y a sus satélites de Europa del este por bloquear la información de los países capitalistas o por prohibir las fotocopiadoras de uso público antes de que existiera la Internet?.

La medida adoptada por el gobierno de Castro no es ni parece ser democrática. ¿No sería mejor la imagen de Cuba si los logros alcanzados en educación, salud y desarrollo científico se vieran acompañados de un ambiente democrático en todos sentidos?. Si así fuera, ¿qué argumentos esgrimiría el gobierno de Estados Unidos para mantener el bloqueo a la isla y para seguir amenazando, incluso con una agresión armada, al pueblo cubano y a su gobierno?. La democracia no está reñida con la construcción del socialismo. Al contrario, socialismo que no es democrático no es socialismo.

Debate sobre Cuba
Más Cuba en ANDALUCIA LIBRE
 
 
 
  descubren en El Camajan la trama de Elizardo Sánchez;
"a quien le hicieron creer que podía ser el número uno de la “disidencia” fabricada por el imperio como “alternativa flexible” a la intolerancia de la mafia de Miami y que se acomodó en la idea"
 
Pensamiento
La batalla de las ideas en la construcción de alternativas
Perry Anderson*
La Jiribilla| Nro. 129

Mi tema de esta noche es la batalla de ideas en la construcción de alternativas. ¿Cómo podemos comprender este campo de batalla? Es un terreno todavía dominado, obviamente, por las fuerzas que representan lo que desde nuestra perspectiva llamamos una nueva hegemonía mundial. Pues bien, para abordar la cuestión de alternativas, es preciso primero contemplar los componentes de esta nueva hegemonía. En nuestra visión esta representa algo nuevo. ¿En qué consiste esta novedad?. Si Marx tenía razón, diciendo que las ideas dominantes en el mundo son siempre las ideas de las clases dominantes, es muy claro que estas clases -en sí- no han cambiado nada en los últimos cien años. Los dueños del mundo siguen siendo los propietarios de los medios materiales de producción, a escala nacional e internacional. Sin embargo, es igualmente claro que las formas de su dominación ideológica si han cambiado significativamente. Quiero comenzar mi intervención con algunas observaciones a propósito, tratando de focalizar más precisamente los tiempos y los contornos de esta mutación.

Si miramos la situación mundial después de la derrota del fascismo en 1945, con el inmediato comienzo de la Guerra Fría, dividiendo a los antiguos aliados de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto entre los dos bloques –el Occidente liderado por los EE.UU. Y el Oriente liderado por la Unión Soviética– este conflicto se configuraba, objetivamente, como una lucha entre el capitalismo y el comunismo, y fue proclamada como tal del lado oriental, es decir por los soviéticos. En cuanto al sector occidental, los términos oficiales de la lucha eran completamente distintos. En occidente, la Guerra Fría era presentada como una batalla entre la democracia y el totalitarismo. Para describir al bloque occidental, no se utilizaba el término de «capitalismo», considerado básicamente un término del enemigo, un arma contra el sistema en vez de una descripción del mismo. Se hablaba de la ‘libre empresa’ y -sobre todo- del «Mundo Libre», no del «Mundo Capitalista».

Ahora bien, en este sentido, el fin de la Guerra Fría produjo una configuración ideológica enteramente nueva. Por primera vez en la historia, el capitalismo comenzó a proclamarse como tal, con una ideología que anunciaba la llegada de un punto final del desarrollo social, con la construcción de un orden basado en mercados libres, mas allá del cual no se pueden imaginar mejoras substanciales. Francis Fukuyama dio la expresión teórica más amplia y ambiciosa de esta visión del mundo en su libro «El Fin de la Historia». Pero en otras expresiones más vagas y populares, también se difundió el mismo mensaje: el capitalismo es el destino universal y permanente de la humanidad. No hay nada fuera de este destino pleno. Aquí se encuentra el núcleo del neo-liberalismo como doctrina económica, todavía masivamente dominante a nivel de los gobiernos en todo el mundo.

Esta jactancia fanfarrona de un capitalismo desregulado, como el mejor posible de todos los mundos, es una novedad del sistema hegemónico actual. Ni siquiera en el siglo diecinueve, en los tiempos victorianos, se proclamaba tan clamorosamente las virtudes y necesidades del reino del capital. Las raíces de este cambio histórico son claras: es un producto de la victoria cabal de occidente en la Guerra Fría, no simplemente de la derrota sino mas bien de la desaparición total de su adversario soviético, y de la euforia consiguiente de las clases poseedoras, que ahora no necesitaban mas eufemismos o circunlocuciones para disfrazar la naturaleza de su dominio.

Pero si la contradicción principal del periodo de la Guerra Fría había sido el conflicto entre capitalismo y comunismo, este había estado siempre sobredeterminado por otra contradicción global: por la lucha entre los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo y las potencias coloniales e imperialistas del Primer Mundo. A veces las dos luchas se fusionaron o entrecruzaron, como aquí en Cuba, o en China y Vietnam. El resultado de una larga historia de combates anti-imperialistas fue la emergencia en todo el mundo de estados nacionales formalmente emancipados de la subyugación colonial y dotados de una independencia jurídica, gozando incluso de sede en las Naciones Unidas. El principio de la soberanía nacional –muchas veces violado en la práctica por las grandes potencias, pero jamás puesto en duda, esto es, siempre afirmado por el derecho internacional e inscrito solemnemente en la Carta de las Naciones Unidos- ha sido la gran conquista de esta ola de luchas en el Tercer Mundo.

Pero en sus luchas contra el imperialismo, los movimientos de liberación nacional se vieron beneficiados –objetivamente– por la existencia y la fuerza del campo soviético. Digo objetivamente porque no siempre -aunque lo haya hecho en muchos casos– la Unión Soviética ayudo, subjetivamente, a los movimientos en cuestión. Sin embargo, aun cuando le faltara un apoyo material o directo por parte la Unión Soviética, la simple existencia del campo comunista impedía a Occidente, y sobre todo a los Estados Unidos, aplastar con todos los medios a su disposición y sin temor de resistencias o represalias, estas luchas. La correlación de fuerzas globales no permitía, después de la Segunda Guerra Mundial, el tipo de campañas de exterminio libremente practicados (por Francia en Marruecos o Inglaterra en Iraq) después de la Primera Guerra Mundial. Incluso los Estados Unidos siempre trataron de presentarse ante los países del Tercer Mundo como un país anti-colonialista, como el producto de la primera revolución anti-colonialista del continente americano. La competencia diplomática y política entre Occidente y Oriente en el Tercer Mundo favorecía a los movimientos de liberación nacional.

Ahora, con la desaparición del campo comunista, las inhibiciones tradicionales que condicionaban al Norte en sus relaciones con el Sur, lógicamente se desvanecieron también. Este es el segundo gran cambio de la última década. Su expresión en el campo de batalla de las ideas ha sido un creciente asalto contra el principio de la soberanía nacional. Aquí el momento decisivo ha sido la guerra de los Balcanes en 1999. La agresión militar contra Yugoslavia lanzada por la OTAN fue abiertamente justificada como una superación histórica del fetiche de la soberanía nacional, en nombre de valores más altos –o sea, en nombre del valor de los derechos humanos. Desde entonces, un ejercito de juristas, filósofos, e ideólogos han construido una nueva doctrina de ‘humanismo militar’, buscando demostrar que la soberanía nacional es un anacronismo peligroso en esta época de globalización, y que puede y debe pisotearse para universalizar los derechos humanos, tal como estos son entendidos por los países mas avanzados y, por supuesto, ilustrados. Desde el punto de vista del primer ministro británico -el social-demócrata Blair- hasta el punto de vista de filósofos liberales celebres como John Rawls, Jurgen Habermas y/o Norberto Bobbio, se sostiene que existe una nueva ‘ley de los pueblos’ –ese es el titulo exquisito del ultimo libro de Rawls– que esta siendo preconizada para legitimar e incentivar intervenciones militares por parte de los ‘pueblos democráticos’ –otra expresión espléndida de Rawls– y con el fin de llevar la libertad a los pueblos ‘no-democráticos’. Hoy, en Irak, vemos el fruto de esta «apoteosis» de los derechos humanos.

Así, se puede decir que en el campo de ideas, la nueva hegemonía mundial esta basada en dos mutaciones fundamentales del discurso dominante de la época de la Guerra Fría: primero, la promulgación del capitalismo, declarado como tal, no simplemente como un sistema socio-económico preferible al socialismo, sino como el único modo de organizar la vida moderna concebible para la humanidad, para siempre. Segundo, la anulación abierta de la soberanía nacional como clave de las relaciones internacionales entre los estados, en nombre de los derechos humanos. Podemos dar cuenta de una conexión estructural entres estos dos cambios. Pues un reino ilimitado del capital –es decir de los mercados financieros contemporáneos– presupone una cancelación de hecho de muchos de las prerrogativas clásicas de un estado nacional que pierde su capacidad de controlar la tasa de cambio, la tasa de interés, su política fiscal y finalmente la estructura misma de su presupuesto nacional. En este sentido, la anulación jurídica de la soberanía nacional -en provecho del humanismo militar– completa y formaliza un proceso de erosión ya bastante avanzado.

Pero hay un tercer cambio, el más inesperado, que se delinea hoy en día. Mientras el neo-liberalismo ofrece un marco socio-económico universal, el humanismo militar propone un marco político universal. Ahora bien, ¿son suficientes, estos dos transformaciones ideológicas, para constituir una nueva hegemonía mundial? No, porque una hegemonía exige algo mas, exige la existencia de una potencia particular que organice y haga cumplir las reglas generales del sistema. En una palabra, no hay hegemonía internacional sin estado hegemónico. Esto ha sido uno de los puntos fundamentales tanto de la teoría marxista de la hegemonía forjada por Antonio Gramsci, como de las teorías anteriores del Realpolitik alemán –cuyo matiz político en cambio era conservador. Una potencia hegemónica tiene que ser un estado particular -con una serie de atributos que, por definición, no pueden ser compartidos por otros estados, dado que son estas peculiaridades las que precisamente lo hacen una super-potencia por encima de los otros estados. Un estado particular capaz, pues, de desempeñar un papel universal como garantía del «buen funcionamiento» del sistema. Desde 1945 esta potencia ha sido los EE.UU. Pero con el colapso del bloque soviético, el ámbito de su hegemonía se ha extendido enormemente, volviéndose por primera vez verdaderamente global.

¿Como se articula, entonces, esta nueva prepotencia norte-americana con las innovaciones ideológicas del neo-liberalismo y del humanismo militar? En la forma –que hubiera sido impensable solamente algunos anos atrás– de una rehabilitación plena y cándida del imperialismo, como un régimen político de alto valor, modernizante y civilizador. Fue el consejero de Blair en materias de seguridad nacional, Robert Cooper, una especie de mini-Kissinger de Downing Street, que inicio esta transvaluación contemporánea del imperialismo, dando como ejemplo conmovedor el asalto de la OTAN contra Yugoslavia. Después el nieto de Lyndon Johnson, el jurista constitucional y estratega nuclear Philip Bobbit (coordinador de los servicios de espionaje en el Consejo Nacional de Seguridad de Clinton) con su libro enorme El Escudo de Aquiles, predijo la teorización más radical y ambiciosa de la nueva hegemonía norteamericana. Hoy, artículos, ensayos y libros, celebrando el Impero Americano –típicamente embellecidos por largas comparaciones con el Impero Romano y su papel civilizador– caen en cascadas de las imprentas en los EE.UU.

Se debe subrayar que esta euforia neo-imperialista no es un exceso efímero de la derecha norte-americana; hay tanto demócratas como republicanos en el rango de sus próceres. Para cada Robert Kagan o Max Boot por un lado, hay un Philip Bobbitt o Michael Ignatieff por el otro. Seria un error grave ilusionarse que es solamente con Reagan o con los Bush que estas ideas han crecido; no, también Carter y Clinton, con sus Zbigniew Brzezinskis y Samuel Bergers al lado, han jugado un papel igualmente fundamental en su desarrollo.
 
Si -dicho en paréntesis- tanto el neo-liberalismo como el neo-imperialismo han sido políticamente bipartidarios en los EE.UU., y también en su aliado mas estrecho el Reino Unido, no es que el papel de la Centro-Derecha y de la Centro-Izquierda han sido idénticos en su emergencia y consolidación. En ambos casos, hubo una breve pero significativa iniciación del fenómeno por la Centro-Izquierda, seguida por su ampliación dinámica bajo la Centro-Derecha, y finalmente de su estabilización como sistema normal por la Centro-Izquierda. Así, el monetarismo neo-liberal se inicio en el Norte bajo los gobiernos de Carter y Callaghan en los tardíos anos setenta; fue dinamizado y ampliado enormemente bajo Reagan y Thatcher; y finalmente afianzado como rutina con Clinton y Blair. De modo análogo, las primeras iniciativas audazmente neo-imperiales fueron conformadas en Afghanistán por Brzezinski; extendidas a Nicaragua, Grenada, Libia y otros sitios bajo Casey y Weinberger; y fueron normalizadas como sistema, en el Medio Oriente y en los Balcanes por Albright y Berger.

Ahora, en un segundo turno, hay una ampliación y radicalización -más allá de los mandos de Clinton- bajo Bush. Podemos esperar, si fuese elegido un Presidente demócrata en el año próximo, que las nuevas fronteras de las operaciones neo-imperialistas establecidas por Rumsfeld serían consolidadas como los parámetros normales de la hegemonía norteamericana en el futuro, aunque con un retórica más mansa y llorosa que la republicana. Todo pasa como si cada vez que el sistema «se atasca» con la Centro-Izquierda, acelera a toda velocidad con la Centro-Derecha, y luego regresa a una velocidad estable, de crucero, una vez más con el Centro-Izquierda.

Ahora, si tales son hoy en día los rasgos principales de la nueva hegemonía mundial en el campo de batalla de las ideas, ¿dónde se localizan los principales focos de resistencia a esta hegemonía, y qué formas específicas toman? Si miramos al escenario político global, podemos distinguir tres zonas geográficas distintas donde aparecen reacciones adversas a la hegemonía norte-americana. En los inicios de este año, Europa ha visto las manifestaciones callejeras más grandes de toda su historia en contra de la guerra que se preparaba en el Medio Oriente. En España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra, millones de personas han expresado su oposición a la invasión de Irak, como también muchos ciudadanos norteamericanos mismos. Pero el centro de gravedad del movimiento pacifista internacional ha sido innegablemente europeo. ¿Cuanta esperanza se puede tener en esta importante reacción de la opinión publica europea?

No fue este un impulso inmediato o efímero, pues la hostilidad continua a la política de la Casa Blanca sigue apareciendo reflejada en todos los sondeos posteriores a la guerra, como también en un torrente de artículos, manifiestos e intervenciones en los medios masivos de comunicación de los principales países del continente. Un tema concreto de esta ola reciente de anti-americanismo es la afirmación de una identidad histórica, propia de las sociedades europeas y absolutamente distinta de la de los EE.UU. El filósofo Habermas y muchos otros intelectuales y políticos europeos teorizan esta diferencia como un contraste de valores –Europa sigue siendo socialmente mas responsable con su estado de bienestar, mas humana con su negativa a sostener una legislación punitiva como la pena capital, mas tolerante y menos religiosa en sus costumbres, mas pacifica en sus relaciones exteriores, que América el Norte.

¿Cómo evaluar a estas pretensiones? Es claro que el modelo capitalista europeo ha sido, desde la Segunda Guerra Mundial, mas regulador e intervencionista que el norteamericano, y que ningún estado europeo, y aun menos la Unión Europea, goza de un poder militar lejanamente comparable con el que esta a disposición de Washington. Pero hoy en día el neo-liberalismo reina en todas las sociedades europeas con los mismos lemas que en el resto del mundo –en términos de reducción de los gastos del estado, disminución de los beneficios sociales, desregulación de los mercados, privatización de las industrias y los servicios públicos. En este sentido, las diferencias estructurales entre la Unión Europea y los EE.UU son cada vez menores. Lo que aparece es una vaga noción que da cuenta de la existencia de una distancia cultural entre dichas unidades políticas, aunque obviamente, las sociedades europeas se encuentran cada año que pasa mas subordinadas a los productos de Hollywood y de Sillicon Valley. Sin embargo, esta distancia o reacción cultural a la que hacíamos referencia anteriormente constituye una base muy débil en términos de una resistencia política duradera frente a los EE.UU. Eso se ve muy claramente en el hecho de que la mayoría abrumadora de los manifestantes contra la guerra de Iraq han apoyado fervorosamente la guerra contra Yugoslavia, cuya justificación y modus operandi eran mas o menos idénticas –la diferencia principal que se presenta es que entonces el presidente era Clinton, un demócrata suntuoso y efusivo con el que tantos europeos se identificaban, y no el republicano Bush, que les parece un vaquero inaceptablemente hosco y rústico.

En otras palabras, no hay oposición de principio contra el neo-imperialismo en estos medios europeos; solamente hay una aversión «de etiqueta» contra su mandatario actual. Por ello, no es casual que después de la conquista de Iraq, el movimiento pacifista europeo se encuentre en una situación de reflujo, aceptando el hecho consumado, y sin expresar algún tipo de manifestación significativa de solidaridad con la resistencia nacional a la ocupación. A esto se suma el hecho de que los gobiernos europeos que se han opuesto inicialmente a la invasión de Iraq (tal como Alemania, Francia y Bélgica) se han rápidamente acomodado a la conquista, buscando reparar tímidamente sus relaciones con Washington.

Pasemos ahora al Medio Oriente mismo. Aquí, el escenario es totalmente distinto, pues se combate armas en mano contra la nueva hegemonía mundial. Tanto en Afganistán como en Irak, a la conquista–relámpago norteamericana le siguió una resistencia guerrillera tenaz en el espacio territorial, la cual sigue causando dificultades serias para los EE.UU. Además, no hay la más mínima duda del apoyo masivo de la opinión pública árabe de toda la región respecto a estas luchas de liberación nacional contra los ocupantes y sus títeres. Seria sorprendente si el mundo árabe no reaccionara de tal modo frente a las agresiones norteamericanas, dado que estas se desarrollan en una zona ex-colonial que experimenta cada día, con la bendición de Washington, la expansión del colonialismo israelí en los territorios palestinos. Este trasfondo histórico separa desde el principio el modo en que se lleva a cabo la oposición árabe y la oposición europea en relación a la nueva hegemonía mundial, y para esto hay que tener en cuenta que diversas potencias europeas fueron ellas mismas los colonizadores originales de la región. Pero hay dos factores más que diferencian la resistencia árabe de la europea.

Aquí también entra en juego un contraste cultural con la super-potencia, el cual es mucho mas profundo porque se sostiene en una religión milenaria, el Islam. El islamismo contemporáneo, con toda la variedad de sus matices, es infinitamente más impermeable a la penetración de la cultura e ideología norteamericana que la vaga identidad bienestarista de la que se jactan los europeos. Como lo hemos visto repetidamente, aquel es capaz de inspirar actos de contra-ataque de una ferocidad sin par. Además, esta antigua fe religiosa se conjuga con un sentimiento absolutamente moderno de nacionalismo moderno, rebelándose contra las miserias y humillaciones de una zona regida durante décadas por regímenes feudales o títeres corruptos y brutales. La combinación de lo cultural-religioso y de lo nacional hace de la resistencia islamo-árabe contemporánea una fuerza que no se agotara fácilmente. Pero al mismo tiempo, esta tiene sus límites. Le falta lo social – es decir una visión creíble de una sociedad moderna alternativa a lo que busca imponer en el Medio Oriente la potencia hegemónica. La Sharia no es un ideal capaz de enfrentar los retos del neo-liberalismo. Mientras tanto, siguen oprimiendo sus pueblos los diversos regímenes tiránicos y atrasados de la región, todos – sin excepción alguna – prontos a colaborar con los EE. UU. Como ha demostrado ad libitum la Liga árabe, y la experiencia del la primera guerra del Golfo.

El tercer foco de resistencia se halla aquí, en América Latina. Tres rasgos decisivos distinguen esta zona de las anteriores. En primer lugar, en América Latina se encuentra una combinación de factores mucho mas fuerte y prometedora que en Europa o en Medio Oriente, pues aquí y solamente aquí, la resistencia al neo-liberalismo y al neo-imperialismo conjuga no solamente lo cultural sino lo social con lo nacional – es decir, comporta una visión emergente de otro tipo de organización de la sociedad, y otro modelo de relaciones entre los estados. En segundo lugar, América Latina -y esto es un hecho que a menudo se olvida- es la única área del mundo con una historia continua de trastornos revolucionarios y luchas políticas radicales desde un siglo. Ni en Asia, ni en Africa, ni en Europa, encontramos equivalentes a la cadena de revueltas y revoluciones que han marcado la especifica experiencia latinoamericana, la cual, de aquí a un siglo atrás viene dando cuenta de nuevas explosiones que se suceden a derrotas. El siglo XX ha empezado con la revolución Mexicana que tuvo lugar antes de la Primera Guerra Mundial. Se trata de una revolución victoriosa pero que también fue esterilizada en lo que hace a muchas de sus aspiraciones populares. Entre las dos guerras, hay una serie de levantamientos heroicos y experimentos políticos derrotados: el Sandinismo en Nicaragua, la revuelta aprista en Perú, la insurrección en El Salvador, la revolución de 1933 en Cuba, la intentona en Brasil, la breve república socialista y el frente popular en Chile.

Pero con la Segunda Guerra Mundial comienza un nuevo ciclo, con el primer peronismo – en su fase jacobina– en Argentina, el bogotazo en Colombia y la revolución Boliviana de 52. Al final de la década estalla la revolución cubana. Sigue una ola de luchas guerrilleras a través del continente, y la elección del gobierno de Allende en Chile. Todas estas experiencias fueron aplastadas con el ciclo de dictaduras militares que comenzaron en Brasil en el 64 y luego allanaron el camino a Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina en los años setenta de plomo. A mediados de la década, la reacción parecía victoriosa casi en todas partes. De nuevo, sin embargo, se encendió el fuego de la resistencia con el triunfo de la revolución sandinista, la lucha de los guerrilleros salvadoreños, y la campana masiva para elecciones directas en Brasil. También esta ola de insurgencia popular fue desmontada o destruida impiadosamente. A mediados de los años noventa, reinaba casi en todos los países latino-americanas versiones criollas del neo-liberalismo norte-americano, instalados o apoyados por Washington – los regímenes de Menem en Argentina, Fujimori en Perú, Cardoso en Brasil, Salinas en México, Sánchez Losada en Bolivia, etcétera. Finalmente, con una democracia estable restaurada, y políticas económicas excelentes, creía el Departamento del Estado, América Latina se había convertido en una retaguardia segura y tranquila del Impero global. Hoy en día, el paisaje político se ha cambiado de nuevo radicalmente. El ciclo popular mas reciente, que comenzó con la revuelta zapatista en Chiapas, ya ha visto la llegada al poder de Chávez en Venezuela, las victorias de Lula y Kirchner en Brasil y Argentina, el derrumbe de Sánchez Losada en Bolivia, y los estallidos sociales repetidos en Perú y Ecuador.

Tercer rasgo distintivo del escenario latinoamericano: aquí, y solamente aquí, encontramos coaliciones de gobiernos y de movimientos en una frente amplio de resistencia a la nueva hegemonía mundial. En Europa, el movimiento pacifista y alterglobalista ha sido mucho más extenso que la oposición diplomática de algunos gobiernos a la guerra de Iraq. Esta asimetría entre la calle y el palacio ha sido una de las características mas significativas de la situación europea, donde la mayoría de los gobiernos –incluyendo no solamente Gran Bretaña, sino España, Italia, Holanda, Portugal, Dinamarca y todos los nuevos satélites de Washington en Europa del Este- no solamente apoyaron la agresión contra Iraq, sino participan en la ocupación, mientras que la mayoría de sus poblaciones se opusieron a la Guerra. En Medio Oriente, esta asimetría entre la hostilidad casi unánime de la calle a la conquista de Iraq y la complicidad casi unánime de los regímenes con el agresor es aun mas dramática, o en efecto, total.

En América Latina, en contraste, se ve una serie de gobiernos que en grados –y campos– diversos tratan de resistir a la voluntad de la potencia hegemónica, y un conjunto de movimientos sociales típicamente mas radicales que luchan para un mundo diferente, sin inhibiciones diplomáticas o ideológicas; allí se encuentran desde los Zapatistas en México y los Sem Terra en Brasil, a los cocaleros y mineros de Bolivia, los piqueteros de Argentina, los huelguistas de Perú, el bloque indígena en Ecuador, y tantos otros. Esta constelación dota el frente de resistencia de un repertorio de tácticas y acciones, y de un potencial estratégico, superior a cualquier otra parte del mundo. En Asia, por ejemplo, pueden haber gobiernos mas firmes en su oposición a los mandos económicos y ideológicos norteamericanos -la Malasia de Mahathir es un caso obvio- pero faltan poderosos movimientos sociales; y donde existen tales movimientos, los gobiernos típicamente se muestran mas o menos serviles, como en Corea del Sur, cuyo Presidente ahora promete tropas para ayudar a la ocupación de Irak.

Entonces, es lógico que si miramos a las dos iniciativas más impresionantes de resistencia internacional a la nueva hegemonía mundial, ambas se originaron aquí en América Latina. La primera, por supuesto, ha sido la emergencia del Foro Social Mundial, con sus raíz simbólica en Porto Alegre; y la segunda, la creación del G-22, en Cancún. En ambos casos, lo notable es un verdadero frente intercontinental de resistencia, que englobo de manera muy diversa movimientos en un caso y gobiernos en el otro. Ahora bien, tanto el Foro Social como el G-22 han concentrado sus esfuerzos de resistencia en el sector neoliberal del frente enemigo, es decir, esencialmente en la agenda económica de la potencia hegemónica y sus aliados en los países ricos. Aquí, correctamente, los blancos centrales han sido el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. En esta batalla de ideas, la noción de mercados libres –es decir, sistemas de intercambio de las mercancías, del trabajo, y del capital puros y autónomos, sin interferencias políticas u otras– ha sido cada vez mas claramente expuesta con una mitificación. Todos los mercados, en todos los tiempos, son construidos y regulados políticamente: la única cuestión pertinente es que tipo de política los moldean y determinan. El neoliberalismo busca imponer su ‘Gran Transformación’ (para usar la formula acunada por Karl Polanyi) para el advenimiento del liberalismo clásico del laissez-faire en la época victoriana. Como su predecesor, este proyecto –a escala mundial– comporta la imposición de reglas de comercio que favorecen los intereses de los estados y corporaciones metropolitanos en detrimento de los intereses de los países periféricos. El proteccionismo, se vuelve un privilegio reservado al Norte, mientras que en el Sur es visto como una infracción a las leyes fundamentales de toda economía sana. Comparada con estas hipocresías, la noción medieval de un ‘precio justo’ podría parecer un modelo de ilustración. El ataque que se llevo a cabo en Cancún contra las arrogancias ideológicas y abusos prácticos de la potencia hegemónica y sus aliados fue un acierto.

Sin embargo -y aquí las discrepancias entre gobiernos y movimientos se destacan –resistir a las pretensiones hegemónicas en el área del comercio, defender por ejemplo- el MERCOSUR contra el ALCA– no puede conducir a resultados muy animadores, si al mismo tiempo se obedece dócilmente al Fondo Monetario lnternacional y los ‘mercados financieros’ en materias tan cruciales como la tasas de interés, el patrón fiscal, el sistema de pensiones, el así llamado superávit primario, para no hablar de respuestas a la exigencia popular de una redistribución igualitaria de tierras. Aquí el rol de los movimientos sociales se vuelve decisivo. Solo su capacidad de movilizar a las masas –campesinos, obreros, informales, empleados– y combatir, si necesario sin treguas, gobiernos oscilantes u oportunistas, puede asegurar políticas sociales mas igualitarias y justas. La democracia de la que se jactaban los gobiernos neo-liberales de la último década siempre ha sido un asunto restringido y elitista, con baja participación electoral, y alta interferencia del poder del dinero. La democracia de que necesita una resistencia efectiva a la nueva hegemonía mundial es algo distinto: requiere de un ejercicio del poder desde abajo, cuyas formas embrionarias se van delineando en los presupuestos populares de Porto Alegre, los comités de la insurgencia boliviana, la auto-organización de los ranchitos venezolanos, las ocupaciones de los Sem Terra.

Si bien es cierto que hay muchos brotes prometedores de resistencia regional e internacional contra el neo-liberalismo, también cabe preguntarse: ¿Cuál es la situación respecto al frente de combate contra el neo-imperialismo?. Aquí el escenario sigue siendo más sombrío. Los primeros Foros Sociales han evitado cuidadosamente el tópico -aparentemente demasiado candente- del nuevo belicismo norteamericano. En Europa, hubo no poca gente que engullendo la idea de un humanismo militar en defensa de los derechos humanos apoyaron el bombardeo de Belgrado. Entre los gobiernos, naturalmente, se ve aun menos apetito para enfrentar la potencia hegemónica en su terreno más fuerte, el campo militar. La reacción de los varios gobiernos latinoamericanos a la invasión de Iraq se podría resumir en el repudio inmediato del cual fue objeto el desgraciado embajador chileno en las Naciones Unidas por parte del Presidente socialdemócrata Lagos, cuando en un momento distraído de una charla informal condeno la agresión anglo-americana, y por ello recibió una telegrama furioso por parte de la Moneda en donde se le ordenaba rectificar su lapsus. Chile no condenó la agresión, la ‘lamentó’. Los otros gobiernos latinoamericanos no han demostrado mayor coraje: las únicas dos excepciones fueron Cuba y Venezuela.

Ahora bien, este frente de resistencia a la nueva hegemonía mundial exige una crítica consistente de sus conceptos-claves. Aquí la batalla de ideas para la construcción de una alternativa tiene que concentrar sus miras en dos puntos decisivos: los derechos humanos y las Naciones Unidas, que se han vuelto hoy en día instrumentos de las estrategia global de la potencia hegemónica. Tomemos primero los derechos humanos. Históricamente, la declaración que la introdujo al mundo, de 1789, ha sido uno de las grandes proezas políticas de la revolución francesa. Pero, como era de esperar, a esta noción –fruto de la ideología de una gran revolución burguesa– le faltaba una base filosófica que la sostenga. El derecho no es un fenómeno antropológico: es un concepto jurídico, que no tiene significado fuera de un marco legal que instituye tal o cual derecho en un código de leyes. No puede haber derechos humanos en abstracto, es decir, trascendente respecto a cualquier estado concreto, sin la existencia de un código de leyes. Hablar de derechos humanos como si estos pudiesen pre-existir mas allá de las leyes que les darían vida -como es común- es una mitificación. Fue por eso que el pensador utilitarista clásico, Jeremy Bentham, las denominó “tonterías en zancos” y Marx, cuya opinión de Bentham no era muy alta, en este punto le dio toda la razón, sin dudar en citarlo a tal propósito.

El hecho obvio es que no puede haber derechos humanos como si fuesen datos de una antropología universal, no solamente por que su idea es un fenómeno relativamente reciente, sino también por que no hay ningún consenso universal en la lista de tales derechos. De acuerdo con la ideología dominante, la propiedad privada –inclusive, naturalmente la que concierne los medios de producción- es considerada un derecho humano fundamental – proclamado como tal, por ejemplo, en la guerra contra Yugoslavia, cuando el ultimátum norte-americano a Rambouillet que deflagró el ataque del OTAN exigió no solamente libertad y seguridad para la población de Kosovo, el libre movimiento de las tropas de la OTAN a través del territorio yugoslavo, sino también tranquilamente estipulo -cito– que ‘Kosovo tiene que ser una economía del mercado’. Incluso, dentro de los parámetros de la ideología dominante en los EE.UU, se contrapone diariamente el derecho a decidir con el derecho a vivir respecto al tema del aborto. No hay ningún criterio racional para discriminar entre tales construcciones, pues los derechos son constitutivamente maleables y arbitrarios como toda noción política: cualquiera puede inventar uno a su propio antojo. Lo que normalmente representan son intereses y es el poder relativo de estos intereses lo que determina cual de las diversas construcciones rivales predomina. El derecho al empleo, por ejemplo, no tiene ningún estatuto en las doctrinas constitucionales de los países del Norte; el derecho a la herencia, sí.

Entender esto no implica ninguna postura nihilista. Si bien los derechos humanos (pero no los derechos legales) son una confusión filosófica, existen necesidades humanas que en efecto prescinden de cualquier marco jurídico, y corresponden en parte a fenómenos antropológicos universales -tales como la necesidad de alimentación, de abrigo, de protección contra la tortura o el maltrato– y en parte corresponden a exigencias que son, hegelianamente, productos del desarrollo histórico, tales como las libertades de expresión, diversión, organización, y otras. En este sentido, en vez de derechos, es siempre preferible hablar de necesidades: una noción más materialista, y menos equivoca.

Pasemos ahora a nuestro humanismo militar, escudo ilustrado de los derechos humanos en la nueva hegemonía mundial. He observado que el Foro Social y más generalmente los movimientos alterglobalistas han prestado poca atención al neoimperialismo, prefiriendo concentrar su fuego en el neoliberalismo. Sin embargo, hay un lema internacional movilizador muy sencillo que podrían adoptar. Este consiste en exigir el cierre de todas –repito todas– las bases militares extranjeras en todo el mundo. Actualmente, los EE.UU mantienen tales bases en más de cien -repito: cien– países a través del planeta. Debemos exigir que cada una de estas bases sea cerrada y evacuada, desde la más antigua e infame de todas, aquí en Guantánamo, hasta las más nuevas, en Kabul, Bishkek y Baghdad. Lo mismo para las bases británicas, franceses, rusas y otras. ¿Qué justificación tiene estos tumores innumerables en el flanco de la soberanía nacional, si no es simplemente la raison d’etre del Impero y sus aliados?.

Las bases militares norteamericanas constituyen la infraestructura estratégica fundamental de la potencia hegemónica. Las Naciones Unidas, ellas, proveen una superestructura imprescindible de sus nuevas formas de dominación. Desde la primera Guerra del Golfo en adelante, la ONU ha funcionado como un instrumento dócil de sus sucesivas agresiones, manteniendo durante una década el bloqueo criminal de Iraq, que ha causado entre 300 y 500 mil muertos, la mayoría niños, consagrando el ataque de la OTAN contra Yugoslavia, donde propicio y sigue propiciando servicios pos-ventas a los agresores en Kosovo, y ahora colaborando con los ocupantes de Irak para edificar un gobierno de marionetas norteamericanas en Bagdad, y coleccionando fondos de otros países para financiar los costos de la conquista del país. Desde el desaparición de la Unión Soviética, el mando de Washington sobre la ONU se volvió casi ilimitado. La Casa Blanca escogió directamente, sin ningún pudor, el actual Secretario-General como su mayordomo administrativo en Manhattan, descartando su predecesor como insuficientemente servil a los Estados Unidos. El FBI abiertamente escucha a escondidas a todas las delegaciones extranjeras en la Asamblea General. La CIA penetró -sin siquiera desmentir sus actividades- como es de conocimiento público, el cuerpo de los así llamados inspectores en Iraq, de pie a cabeza. No hay medida de soborno o chantaje que no utilice diariamente el Departamento de Estado para doblegar a los representantes de las naciones a su voluntad. Hay ocasiones, aunque cada vez mas raras, cuando la ONU no aprueba explícitamente los proyectos y decisiones de los EE.UU en los que Washington toma la iniciativa unilateralmente, y entonces la ONU lo autoriza post-facto, como un hecho consumado. Lo que jamás acontece ahora es que la ONU rechaza o condena una acción estadounidense.

La raíz de esta situación es muy simple. La ONU fue construida en los tiempos de Roosevelt y Truman como una maquina de dominación de las grandes potencias sobre los demás países del mundo, con una fachada de igualdad y democracia en la Asamblea General, y una concentración férrea del poder en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, arbitrariamente escogido entre los vítores de una Guerra que no tiene ninguna relevancia hoy. Esta estructura profundamente oligárquica se presta a cualquier tipo de mando y manipulación diplomáticos. Es esto lo que ha conducido a la organización -que en principio debería ser un baluarte de la soberanía nacional de los países pobres del mundo- a su prostitución actual, convertida en una mera mascara para la demolición de esta soberanía en nombre de los derechos humanos, transformados a su vez –naturalmente- en el derecho de la potencia hegemónica de bloquear, bombardear, invadir y ocupar países menores, según le venga en gana.

¿Que remedio es concebible a esta situación?. Todos los proyectos de reforma de Consejo de Seguridad se han hundido a partir del rechazo de los monopolistas del veto a renunciar a sus privilegios, que ellos tienen además el poder de proteger. Todos los reclamos de la Asamblea General para una democratización de la organización han sido, y serán, en vano. La única solución plausible a este impasse parecería ser el retiro de la organización de uno o varios países grandes del Tercer Mundo, que podrían deslegitimarla hasta que el Consejo de Seguridad sea forzado a aceptar su ampliación y una redistribución de poderes reales dentro de la Asamblea General. De la misma manera, además, la única esperanza de desarme nuclear serio es el retiro de uno o varios países del Tercer Mundo del infame Tratado de No-Proliferación Nuclear – que debiera ser llamado el Tratado para la preservación del oligopolio nuclear– para forzar a los verdaderos detectores arrogantes de los armamentos de destrucción masiva a renunciar a sus privilegios. Samir Amin ha hablado aquí de necesidad de restaurar cualquier resistencia seria a la nueva hegemonía mundial. Estoy de acuerdo. Añadiré que los principios de tal igualdad tienen que ser no solamente económicos y sociales dentro las naciones, sino también políticos y militares entre las naciones.

Estamos lejos de esto hoy. Tan lejos como puede verse en la última resolución del Consejo de Seguridad, votada en este mismo mes de octubre. En esta, el órgano supremo de las Naciones Unidas ha solemnemente dado su bienvenida al consejo títere de las fuerzas de ocupación de Irak designándolo como la encarnación de la soberanía Iraquí, condenado los actos de resistencia a la ocupación, llamado a todos los países a ayudar en la reconstrucción de Iraq bajo los designios de esas mismas fuerzas títeres, y nombrado a los Estados Unidos como el mandatario reconocido de una fuerza multinacional de ocupación del país. Esta resolución, que no es otra cosa que el acto de bendición de la ONU a la conquista de Irak, fue aprobada unánimemente. La firmaron: Francia, Rusia, China, Alemania, España, Bulgaria, México, Chile, Guinea, Camerún, Angola, Siria, Pakistán, Reino Unido y Estados Unidos. La Francia supuestamente gaullista, la China supuestamente popular, Alemania y Chile supuestamente social-demócratas, Siria supuestamente baasista, Angola rescatada una vez por Cuba de su propia invasión, para no hablar de los demás clientes mas familiares de los EE.UU –todos cómplices de la recolonización de Iraq. Esta es la nueva hegemonía mundial. Combatámosla.


*Perry Anderson es editor de la New Left Review y Profesor Titular de Historia Social Europea de la Universidad de California, Los Angeles. Conferencia impartida en la III Conferencia Científica del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales- CLACSO- La Habana, Cuba, 30 de octubre de 2003. Cuba
 
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