Inicio > Mis eListas > andalucialibre > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 211 al 240 
AsuntoAutor
nº 217 - El Asunto Andaluci
nº 218 - Astillero Andaluci
nº 219 - Astillero Andaluci
nº 220 - Cortejos Andaluci
nº 221 - Compañero Andaluci
nº 222 - Astillero Andaluci
nº 223 - Luchas an Andaluci
nº 224 - Limpiezas Andaluci
nº 225 - Andalucia Andaluci
nº 226 - Cuaderno Andaluci
nº 227 - Acerinox Andaluci
nº 228 - MASACRE E Andaluci
nº 229 - Reflexion Andaluci
nº 230 - Indignaci Andaluci
nº 231 - Balances Andaluci
nº 232 - Balances Andaluci
nº 233 - Solidarid Andaluci
nº 234 - Bofetadas Boletín
nº 235 - Especial Boletín
nº 236 - XIX March Boletín
nº 237 - Solidarid Boletín
nº 238 - Astillero Boletín
nº 239 - Huelga ro Boletín
nº 240 - ¿Qué hace Boletín
nº 241 - PostEurop Boletín
nº 242 - ANDALUCIA Boletín
nº 243 - Canarias Andaluci
nº 244 - Recopilan Andaluci
nº 245 - Cuba: Ref Andaluci
nº 246 - Pacto Ast Andaluci
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
Andalucía Libre
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 262     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[BoletinAndaluciaLibre] nº 227 - Acerinox - Irlanda - Euskadi -
Fecha:Jueves, 11 de Marzo, 2004  19:14:25 (+0100)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nº 227
 
En este Correo:
 
Andalucía
*Los trabajadores de Acerinox ponen fin a 29 días de huelga
*Granada: Preacuerdo desconvoca huelga de la limpieza hospitalaria
*Enlaces para unas Elecciones
Euskadi
*La sombra del PNV es alargada, Sabino Cuadra Lasarte
*Enlaces - Datos y Analisis
*Enlaces - Hechos y Posicionamientos
*Enlaces - Sitios vascos
Irlanda
*Irlanda y la Autodeterminación,Andalucía Libre
*Los Acuerdos de Viernes Santo - Textos
*Crisis en el Proceso Irlandes: Cronologia y Noticias
*Sitios Irlandeses
*Sugerencias
*Solidaridad con Palestina,
*Directorio de Andalucía en Internet,
*Música de fondo - Ayuda
--oOo--
 
 
 Andalucía
Los trabajadores de Acerinox ponen fin a 29 días de huelga
La huelga indefinida en Acerinox quedó desconvocada ayer, después del laudo de Alonso Rojas para la negociación colectiva
ROSARIO PÉREZ. EUROPA SUR
 
LOS BARRIOS. La mayor parte de los trabajadores de Acerinox dio ayer su visto bueno al laudo arbitral promovido por el alcalde de Los Barrios, Alonso Rojas (PSOE) para poner fin al paro indefinido que sufría la factoría barreña (y que ayer cumplía 29 días) y permitir el comienzo de un proceso de negociación colectiva. El texto elaborado por Rojas, que contaba ya con la aprobación de la empresa, fue sometido en la mañana y en la tarde de ayer a una votación en asamblea. Finalmente, 1.048 trabajadores votaron a favor y 382 en contra, registrándose también dos votos en blanco y un único voto nulo.
 
Según el texto, la duración del próximo convenio colectivo será de cuatro años y habrá una revisión salarial anual que en 2004 será del IPC real más el 0,5%, al igual que ocurrirá en 2007. En 2005 y 2006, a todos los conceptos económicos y salariales del convenio se aplicará el IPC real. Por lo que respecta a la jornada laboral, el personal de jornada partida del primer, segundo y tercer turnos disfrutarán de una reducción de jornada de 8 horas anuales acumulativas durante la vigencia del convenio. En cuanto al personal de quinto turno, se aplicará el régimen rotativo de 6/4 jornadas durante todo el año, o bien se mantendrá el sistema de jornada actual, pero con una reducción efectiva de jornada de 32 horas anuales desde el primer año de vigencia del convenio. Por lo que respecta a la reclamación, por parte de los trabajadores, de una cuarta paga extra, el propio texto del laudo reconoce que éste ha sido "el mayor escollo que se ha venido apreciando en las negociaciones y contactos entre empresa y comité". Finalmente, el laudo arbitral establece que exista un mínimo que "permita, en todo caso, garantizar el 50% de una paga normalizada, manteniendo respecto del 50% restante el sistema de cálculo o devengo que establezcan las partes". En cuanto al denominado "plus de convenio", el texto establece que este nuevo concepto salarial, de naturaleza retributiva, vendría a remunerar cada día asistido al trabajo. "En él se incluiría el concepto actual denominado 'Mejora Regulada' en su integridad, así como el 10% del monto total a que ascienda la Prima de Producción". A este nuevo plus se le incrementarían, linealmente, 3 euros en el primer ejercicio del convenio y otros 3 en el segundo, manteniéndose y consolidándose esos 6 euros a partir de la tercera anualidad, y en lo sucesivo.

Por lo que respecta a la desconvocatoria de la huelga, ésta debía hacerse efectiva dentro de las seis horas inmediatas a la comunicación del laudo. Según explicó a este diario el presidente del comité de empresa, José María Egea, lo que estaba previsto es que los trabajadores del primer turno se incorporaran a sus puestos a las seis de la mañana de hoy. Eso sí, también se preveía que algunos trabajadores se incorporan antes, a fin de ir preparando la nueva puesta en funcionamiento de la acería.
[La facturación del Grupo, tercer fabricante mundial de aceros inoxidables, ha ascendido a 2.913 millones de euros ha sido un 16'5% superior al del ejercicio 2002. El resultado después de impuestos, 125'6 millones de euros ha sido un 28'4% inferior y el cash flow neto, 253'3 millones de euros, un 11'7% inferior. El Consejo de Administración en su reunión celebrada el 26 de febrero ha acordado repartir un segundo dividendo a cuenta del ejercicio 2003 de 0'23 euros por acción, idéntico al del mismo periodo del Ejercicio anterior que se hará efectivo el próximo 5 de Abril.]

Los empleados de contratas, en vilo, reclamaron ayer el apoyo de la Junta

Trabajadores de las contratas de Acerinox se concentraron ayer ante la Subdelegación de la Junta de Andalucía en el Campo de Gibraltar para llamar la atención sobre su precaria situación y reclamar el apoyo del Gobierno autonómico. Los representantes de los trabajadores fueron recibidos por el delegado provincial de Empleo y Desarrollo Tecnológico, Agustín Barberá, que reconoció durante su visita a Algeciras que el fin del conflicto de Acerinox no tiene por qué suponer el de los 20 expedientes de regulación de empleo presentados por las empresas auxiliares. Ahora bien, confió en que así sea y en que la situación vuelva a la normalidad. "Una vez resuelto el problema de fondo, es de desear que las relaciones entre las empresas subcontratistas y sus trabajadores puedan reconducirse a través del diálogo", comentó. Barberá dijo que de los veinte expedientes presentados, tres ya han sido desestimados por la Junta, al no haberse justificado la causa de fuerza mayor que propugnaban las empresas. "El resto de los expedientes, argumentados en causas productivas y de otra índole, se irán concluyendo en los próximos días, una vez que se por parte de las empresas se vayan cumpliendo los trámites", añadió. Por su parte, el viceconsejero de Empleo, Antonio Fernández García, afirmó que el organismo autonómico no va a regatear esfuerzos para que, una vez reanudado el diálogo social en Acerinox, se traslade a las empresas auxiliares. "Vamos a intentar que los efectos colaterales de este conflicto sean los menos posibles y esperamos que esos expedientes se replanteen con una perspectiva de diálogo con los trabajadores", señaló.

Posteriormente, el secretario comarcal de CCOO, Miguel Alberto Díaz, confió en que así sea, y aseguró que los sindicatos no piensan quedarse de brazos cruzados. "Vamos a estar muy pendientes de que estos trabajadores no se vean perjudicados, y también vamos a pedir que se les pague el salario atrasado por una situación a la que eran ajenos", comentó.

 
 
 Andalucía
Granada: Preacuerdo desconvoca huelga de la limpieza hospitalaria
Los "servicios mínimos" impuestos por la Junta habían desactivado el impacto de la huelga - Preacuerdo evita Laudo.
GRANADA, 1 de Marzo (EUROPA PRESS)
 
Las trabajadoras del servicio de limpieza de los hospitales de Granada anunciaron hoy la desconvocatoria de la huelga en este servicio después de 21 días de paro, tras alcanzar un preacuerdo con la Patronal en cuanto a sus retribuciones saláriales, según informó una portavoz de los empleados del Hospital Clínico de la capital granadina, María del Mar Guerrero. Según explicó Guerrero, este preacuerdo, alcanzado en una reunión que se ha prolongado durante cuatro horas y media, contempla una subida salarial de 60 euros en el primer año, más 48 euros en el segundo año, así como el ajuste al IPC real para el tercer y cuarto año. [El incremento demandado por las trabajadoras pretendía en principio elevar los sueldos de los 703 euros actuales a 961].  Además, también especifica un incremento del 5,7% del salario base para los trabajadores del fin de semana y la incorporación en 2005 de las empleadas que actualmente desempeñan su labor en jornadas de cuatro horas a jornada completa. Del mismo modo, la portavoz de los trabajadores del Hospital Clínico indicó que, tras alcanzar este convenio, que afecta a un total de 900 trabajadores en este servicio de limpieza, "queda oficialmente desconvocada la huelga".

Para Guerrero, la firma de este preacuerdo laboral, "del cual estamos muy satisfechos", ha sido posible gracias a la intermediación de la viceconsejera de Salud de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, "quien abogó por llegar a una solución pactada, que beneficiase tanto a los trabajadores como a los usuarios del sistema sanitario público". Por último, Guerrero, quien criticó el "desaire" con el que la Patronal ha aceptado dicho acuerdo, subrayó que el mismo también recoge la retirada de las sanciones a varios trabajadores del Hospital de Traumatología, que habían sido interpuestas por la propia Patronal, tras no cumplir, según la empresa, los servicios mínimos [del 100x100] impuestos. La portavoz concluyó que en los próximos días se irán cerrando los flecos que aún permanecen abiertos en este convenio.
 
Para más información, Ver: Andalucía Libre nº 224
 
 
Enlaces para unas Elecciones
 
Análisis y posicionamiento:
 
Y el 14 de Marzo...
Vota las listas de Asamblea de Andalucía
 
 
 Euskadi
La sombra del PNV es alargada
Sabino Cuadra Lasarte - Abogado
GARA - 29/Febrero/2004
 
 
Por la autodeterminación
En la ya lejana transición política, allá por los 70, distintos organismos impulsados por la oposición, como la Junta y la Plataforma Democrática, se revelaron finalmente como los pasos intermedios que precisaron sus impulsores (PSOE, PCE...) para desmantelar sus programas de ruptura democrática (república, autodeterminación, depuración del Ejército...) y terminar aceptando una transición de chichinabo en la que, no sólo tragaron cuantos sapos les impuso el antiguo régimen (monarquía, unidad indivisible de España, nada de depuraciones...), sino que, además, trataron de hacernos creer que la carne cruda de aquel batracio era deliciosa.

Pues bien, algo de esto parece que está sucediendo también con el Plan Ibarretxe. Este aparece cada vez más como el necesario peldaño que precisa el PNV para bajar de las cotas de autodeterminación y territorialidad de Lizarra-Garazi, a los de una mera reforma estatutaria-constitucional (traspaso de transferencias pendientes, mayores competencias, reforma del Senado, oficina en Bruselas...) admisible por el PSE-EE. Tras las elecciones internas del PNV, cada vez quedan menos dudas al respecto. Incluso sus relaciones con el PP (Y vasca, konparsas de Bilbo...) están comenzando a cambiar.

Para realizar este tránsito con comodidad, el PNV necesita debilitar todo lo posible a esa amplia izquierda abertzale que, desde hace veinticinco años, ha mantenido viva ­en la práctica, no sólo en los mítines de los Aberri Eguna­ la aspiración de soberanía y autodeterminación para Euskal Herria. Para ello, el PNV ha tomado prestados desde siempre, y muy gustosamente, todos los regalos antidemocráticos del Estado (­ley antiterrorista...­) y, últimamente, tras las pasadas ilegalizaciones, no ha dudado incluso en enviar a su Policía a clausurar sedes, reprimir manifestaciones y concentraciones, o, en el colmo de la pleitesía, plegarse a las paranoias del PP y atentar contra la libertad de expresión y las fiestas populares del carnaval bilbaino.

El PNV ha optado ya. El Plan Ibarretxe es, cada vez más, un señuelo electoral cuya finalidad es cubrir con humo el espacio que nos separa de las próximas elecciones autonómicas vascongadas. En ellas espera se produzca (y arrimará para ello el hombro cuanto sea preciso) la expulsión definitiva de Batasuna del Parlamento de Gasteiz. Esa es, de forma cada vez más clara, su apuesta política: debilitar todo lo posible a las fuerzas de izquierda y abertzales, para así realizar mejor su reforma estatutaria. Ahí se acabará en lo esencial el Plan Ibarretxe. Después dará las gracias a sus actuales compañeros de viaje por los servicios prestados, y una cuchara de propina con la cual rebañar el máximo posible el botín electoral derivado de las ilegalizaciones.

Siendo éste el panorama político que tenemos, resulta curioso ver como, en la recién conformada Nafarroa Bai, se aceptan los chantajes del PNV («o Batasuna o yo» vinieron a decir), prefiriéndose así la compañía de este partido antes que la de la formación ilegalizada. Y esto lo decimos, no sólo por razones cuantitativas (el apoyo electoral del PNV en Nafarroa es el chocolate del loro, comparado con el de Batasuna), sino esencialmente cualitativas. Veamos.

Se ha dicho por parte de Nafarroa Bai que las diferencias con Batasuna eran «el rechazo expreso y rotundo a cualquier tipo de violencia, la defensa del derecho de decisión de navarros y navarras sobre todo lo que compete a Navarrra, así como el derecho de autodeterminación de Euskal Herria». Sin embargo, lo anterior no suena muy convincente, ya que: ¿qué se entiende por «rechazo expreso y rotundo a cualquier tipo de violencia?» ¿Tan solo el condenar las acciones de ETA, o tiene también que ver con la aplicación de la ley antiterrorista en las comisarías de la Ertzaintza sin tener obligación legal alguna para ello; con haber compartido en Ajuria Enea mesa, cubiertos y menú con quienes impulsaban a la par el pacifismo del GAL; con que Ardanza y Arzalluz defendieran en su día el sí a la OTAN; con aplaudir el golpe de estado contra Chávez en Venezuela, o con enviar a la Ertzaintza a cargar violentamente contra todo tipo de manifestaciones populares, incluida la última de los trabajadores de la Naval?

Por otro lado, cuando se habla de defender el derecho de decisión de navarros y navarras en todo lo referente a Navarra, parece olvidarse que el propio nacimiento de EA como partido tuvo mucho que ver con la expulsión de todo el Napar Buru Batzar, al no respetar éste el pacto PNV-Coalición popular y no entregar el Gobierno de Navarra a UPN-CP, en contraprestación a que CP había dado su voto al PNV para que consiguiera las alcaldías capitalinas vascas. ¿Acaso no ha sido esta concepción de Nafarroa, como adorno dominguero de los Aberri Eguna y moneda de cambio con la que comerciar los días de labor, lo que ha hecho del PNV una opción marginal en Nafarroa?

Y, por último, ¿no suena quizás a hueco eso de hablar de la defensa de una Navarra «progresista» en la política social, económica, exterior, educativa y cultural y, al mismo tiempo que se distancia de Batasuna, se abrace uno al PNV? ¿Nadie se acuerda acaso de la postura de este partido ante el aborto y Lemoiz; ante las reconversiones industriales y la renta básica; ante la Y vasca y las incineradoras; ante las reivindicaciones de ELA-LAB relativas al marco vasco de relaciones laborales...? ¿Conduce a algo bueno taparse los ojos ante esto y seguir voceando «progresismos» vacíos de contenido?. ¿Qué opinan Aralar y Batzarre, opciones de izquierda, de todo lo anterior?

En general, los partidos políticos están quedando bastante por detrás de las exigencias que el momento político requiere. Afortunadamente, a nivel sindical, social, euskaltzale... se está mostrando una responsabilidad y madurez muy superior a la evidenciada por aquéllos. La concepción de la política como algo esencialmente electoral-institucional, en la que la conquista del voto es principio y fin de todas las cosas, es un veneno que está castrando la búsqueda de salidas políticas de fondo. Otro gallo nos cantaría, por supuesto, si se pusiera en práctica siquiera la cuarta parte de las hermosas páginas que las resoluciones de sus congresos dedican a ensalzar la desobediencia civil o el pase foral. Por el contrario, frente a ello, se levanta la estrategia del «blindaje», de la que ninguna resolución congresual dice nada al respecto.

El PNV tiene tomada ya su decisión, y esta no pasa por recuperar planteamientos de soberanía, sino de volver mucho más atrás, a los tiempos de la transición y el plato de lentejas (con más o menos «sacramentos», pero lentejas). Pero es que, además, la sombra autonomista y vascongada del Plan Ibarretxe está llegando también a Nafarroa, gracias al puente de plata que para ello se le está tendiendo graciosa y gratuitamente.

Es hora de que las fuerzas democráticas, abertzales y de izquierdas muestren sus cartas con claridad. Y aprendiendo de los sindicatos y otros grupos sociales, en vez de hablar de lo que divide, o exigir abstractas profesiones de fe ­hipócritas en muchos casos­ y contundentes condenas del Maligno, avancen por un camino en positivo que apunte hacia la conquista de un marco de libertad, democracia y soberanía para Euskal Herria. Este camino, por supuesto, debería estar empedrado también de medidas de distensión y tregua. Y nadie debiera esperar o exigir que sean los demás quienes den el primer paso. ¡Sin estos mimbres, difícil será poder hacer cesto alguno! - 

[Nafarroa es el nombre en vasco de Navarra]

Datos y Análisis

(Documentos, Opiniones, Enlaces)
Andalucía Libre (5/11/2002) 
Andalucía Libre (1/10/2003)
 
Recopilación de artículos de opinión sobre la cuestión vasca
publicados en ANDALUCÍA LIBRE
(2000-Noviembre 2002)
 
La situación vasca.
Hechos y posicionamientos
La situación en diciembre de 2003
Posición del PNV y del PSOE
Intentos unitarios frustrados
Diferencias en la izquierda abertzale
Estrategias y Posicionamientos
Sitios Vascos
 
 Irlanda
Aclarando conceptos
Irlanda y la Autodeterminación
Andalucía Libre
 
El proceso abierto en Irlanda del Norte con los Acuerdos de Viernes Santo de 1998 se encuentra hoy en una profunda crisis. Aquí no vamos a dedicarnos ahora a analizar la coyuntura irlandesa sino a intentar situarlo en su origen y desarrollo, aclarando conceptos y posiciones, especialmente desde la perspectiva de Andalucía y del resto de las naciones oprimidas del Estado español. 
 
 
Desde Andalucía y el resto de naciones oprimidas del Estado español la percepción simplificada ampliamente dominante de los Acuerdos de Viernes Santo, ha sido hasta hoy que suponían un pacto por el que Gran Bretaña reconocía el derecho a la autodeterminación de Irlanda del Norte a cambio del abandono de la lucha armada por parte del IRA. Subsidiariamente, el acuerdo implicaba el establecimiento de un régimen transitorio indefinido de Gobierno autonómico bicomunal (republicano/católico - unionista/protestante) -hasta que se planteara el ejercicio de ese derecho a la autodeterminación- que afrontara entretanto una normalización democrática en la provincia. El pacto implicaba una amnistía para todos los presos políticos que aceptaran el acuerdo. Un patronazgo conjunto de Gran Bretaña y de la República de Irlanda sobre el proceso, con el apoyo de EEUU, completaba el escenario.
 
La valoración política habitual consecuente era que el Acuerdo era fruto combinado de tres presuntos factores encadenados: 1º. La convicción por parte del IRA de la imposibilidad de conseguir la victoria política a traves de su acción militar; 2º. La idea simétrica en el Gobierno británico de la inviabilidad de pretender la eliminación del IRA; 3º. El pretendido desinterés británico por el futuro de la provincia, que le hacia admitir el derecho a su autodeterminación. La conclusión valorativa subsiguiente era que el Acuerdo era por tanto susceptible de ser visto como expresión de un cierto "empate" -e incluso de una victoria limitada republicana- y que podía servir por tanto de modelo, especialmente en el caso vasco. En la formación de esta opinión jugaba importante papel el contraste entre el tajante rechazo a cualquier posibilidad -presente o futura- de ejercer el derecho a la autodeterminación por parte del Estado español frente a su aceptación británica en el caso norirlandes.
 
No cabe negar el derecho e incluso la posible conveniencia política instrumental de utilizar aquí esta diferente posición de los estados afectados, para ilustrar la cerrazón opresiva del Estado español. No obstante, este efecto puede conllevar, por ocultación de los datos reales del proceso irlandés, un sobrevenido efecto de confusión con consecuencias inconvenientes en su lectura nacional y peninsular. Realmente, el Acuerdo lo que rubrica es el agotamiento de la estrategia que animó al IRA y al movimiento republicano -al menos desde 1969- y como mínimo, un aplazamiento de los objetivos políticos por los que combatio. Ciertamente, el nuevo estatus cambia los terminos del Régimen británico de opresión sectaria unionista en que se desenvolvió la provincia desde la partición hasta la renovación cualitativa de la lucha republicana-nacionalista en 1969, pero ni admite sus demandas esenciales ni supone nuevas concesiones cualitativas por parte británica. Para ilustrarlo, conviene repasar brevemente la historia.
 
La construcción británica del problema irlandés.
 
Irlanda fue la primera colonia británica. En sucesivas oleadas desde el siglo XII el feudalismo ingles fue tomando paulatina posesión formal y real de la isla vecina, instaurando su dominio paulatino sobre la sociedad comunal irlandesa de base céltica. Las diversas inmigraciones inglesas fueron introduciendo en Irlanda un componente anglo-irlandés, que terminó fundiéndose en una nueva realidad irlandesa. La Revolución burguesa inglesa en el siglo XVII -primero con Cromwell y después con Guillermo de Orange- modificó los términos políticos y sociales de la relación colonial, introduciendo en la isla una inmigración de origen ingles y escocés cohesionada en torno al protestantismo como seña de identidad comunal, el predominio económico gracias al despojo de los autóctonos como soporte social y la supremacía política en la isla merced a la discriminación y la lealtad a la Corona inglesa (y a su dominación sobre Irlanda) como función política. Aunque presente en toda la isla, esta inmigración cobró predominio demográfico en algunos condados de la región irlandesa del Ulster. Gran Bretaña, como respuesta a las protestas y revueltas irlandesas y a sus necesidades imperialistas, alteró la formula de la incorporación irlandesa, anexándola al nuevo Reino Unido a principios del siglo XIX. Tras sucesivos episodios y avatares, Irlanda terminó ese siglo polarizada en torno a dos posturas: la de los irlandeses nacionalistas que demandaban su independencia o autogobierno y la de los irlandeses "lealistas", fieles a la Corona británica.
 
La rebelión de la Pascua de 1916 contra el dominio británico encabezada por el republicano socialista James Connolly abrió el periodo previo que conduciría a la lucha por la independencia. A finales de 1918 las elecciones al Parlamento británico en Irlanda dieron la victoria y 69 escaños al independentista Sinn Fein (47,7% de los votos a escala nacional, 24% en el Ulster); 6 a los autonomistas moderados (23% nacional) y 26 a los unionistas probritánicos (30% nacional, 60,1% en el Ulster). Los diputados independentistas renunciaron a acudir al Parlamento ingles, se constituyeron en enero de 1919 en Asamblea Nacional (Dail Eireann), proclamaron la independencia de la República irlandesa, elaboraron una Constitución provisional y el IRA inicio la lucha armada contra la dominación británica para que fueran respetados los acuerdos y la legitimidad irlandesa.
 
La respuesta británica fue aprobar en Londres en diciembre de 1920 la Ley para el Gobierno de Irlanda, -ya esbozada en ambientes gubernamentales británicos desde el impacto del levantamiento de 1916- dividiendo la isla en dos partes autónomas separadas, ambas bajo su soberania. "Irlanda del Norte", instaurada en seis de los nueve condados del Ulster para asegurar el predominio unionista e "Irlanda del Sur", acogiendo a los restantes 26 condados irlandeses. Los británicos concedían a este nuevo sujeto político norirlandes la capacidad de decidir en solitario y vetar por tanto la reunificación irlandesa. La determinación concreta de la frontera interirlandesa fue establecida desde Londres para blindar esa mayoría parcial construida; de ahí la exclusión de los tres restantes condados del Ulster.
 
El nacionalismo republicano irlandés rechazo la división impuesta desde Londres. No obstante, en plena guerra y para revalidar su apoyo popular participó en una nuevas elecciones -esta vez ya separadas- en los dos parlamentos en mayo de 1921, obteniendo en el Sur, 124 de los 128 escaños en disputa, volviendo a proclamar allí las disposiciones republicanas e independentistas de 1919. En el Norte, en unas elecciones marcadas por la presión paramilitar y bajo la protección británica, los unionistas se endosaron el 80% de los votos.
 
Como salida a la guerra y al bloqueo de la situación, una delegación irlandesa liderada por Griffith y Collins firmó en Inglaterra en diciembre de 1921 el Tratado por el que Londres reconocía al Estado Libre de Irlanda, con un status de dominio semejante al entonces vigente en Canadá. El nuevo Estado irlandés reconocía lealtad a la Corona británica -es decir, abandonaba su proclamación republicana-, admitía la supervisión británica en defensa y la presencia de bases navales inglesas en puertos irlandeses y aceptaba la división de Irlanda en los términos de 1920. El Dail irlandés aprobó en enero de 1922 el Tratado por 64 votos frente a 57. Este voto significaba acatar la renuncia a la República y a la unidad irlandesa. El Parlamento británico aprobó entonces la Constitución del Estado Libre. La aceptación o no del Tratado provocó entre junio de 1922 y mayo de 1923 una guerra civil irlandesa entre partidarios y opuestos, que terminó con la victoria de los favorables a su aceptación. 
 
La división de Irlanda quedó impuesta. En el Sur, se suprimió el juramento de lealtad a la Corona británica en 1932, se abolió el puesto de Gobernador General en 1936 y se aprobó una nueva Constitución en 1937. Esta Constitución de Eire afirmaba que el territorio nacional irlandés comprendía "toda la isla, islotes y aguas adyacentes", con la reserva de que, "en espera de la reintegración de todo el territorio nacional", la legislación irlandesa sólo se aplicaría a los 26 condados. En 1938 la marina británica abandonaba sus bases en los puertos irlandeses del Tratado. En 1939, al estallar la II Guerra Mundial, Churchill ofreció a Dublin "una Irlanda unida después de la guerra", a cambio de su entrada en el conflicto. El Gobierno irlandés optó por la neutralidad como afirmación de su independencia. En 1949, Irlanda se proclamó formalmente República. Durante todo este periodo, las relaciones angloirlandesas y la pugna por afirmar paulatinamente la independencia marcaron el signo de la evolución irlandesa, sin evitar el mantenimiento de notorios lazos de subordinación económica a Londres y soportar su influencia política. El aplastamiento combinado de la resistencia republicana en el Norte -merced a la directa presencia británica- y en el Sur -a traves primero de los partidarios del Tratado y luego de los evolucionistas- llevó consigo a la instauración de un doble régimen social e ideológicamente reaccionario a ambos lados de la línea: en el Norte, con la supremacía sectaria unionista; en el Sur, con una influencia asfixiante de la jerarquía católica.
 
El Norte tras la partición.
 
Desde la partición, el Régimen unionista en el Norte se aseguró su predominio en la inventada "Irlanda del Norte" mediante el monopolio de la policía, unas circunscripciones y un régimen electoral trucados, la discriminación social y la persistencia de una legislación de excepción que amparaba la arbitrariedad represiva: detenciones y encarcelamientos sin juicio, multas, exclusiones... Portavoces del Gobierno racista sudafricano llegaron a afirmar que de disponer de los recursos que ofrecía la legislación norirlandesa no les hubiera hecho falta imponer el apartheid para asegurar la "supremacía blanca". El Parlamento unionista norirlandes de Stormont organizaba y encarnaba este régimen que permitía a Gran Bretaña controlar indirectamente a la provincia e influir decisivamente en el conjunto de Irlanda, bajo la pantalla del "respeto" a una voluntad mayoritaria norirlandesa que previamente había construido.
 
El 18 de Abril de 1949 el Parlamento británico aprobó la Ley de Irlanda. Allí se declaraba que "Irlanda del Norte continua formando parte de los dominios de Su Majestad Británica y del Reino Unido y por la presente se afirma que, bajo ninguna circunstancia, Irlanda del Norte ni ninguna parte de ella, dejaran de formar parte de los dominios de Su Majestad y del Reino Unido sin el consentimiento del Parlamento de Irlanda del Norte". Westminster confería a su dominio norirlandés la misma capacidad que luego ejercería unilateralmente la Rhodesia blanca o que posteriormente regalaría parcialmente a los gibraltareños con estatus colonial. Progresivamente, los irlandeses lealistas o unionistas de Irlanda del Norte irían cambiando en su autoconsideración, dejando de reconocerse como "irlandeses" para pasar a preferir verse como "británicos" (en duplicidad de motivaciones e intereses de ida y vuelta que recuerdan inevitablemente a Gibraltar). El alcance de la represión institucional vigente en Irlanda del Norte en este periodo puede mostrarse simbólicamente, recordando la Ley de Banderas y Emblemas Ilegales de 1954, que convertía en delito colocar o enarbolar en la provincia la bandera tricolor irlandesa.
 
En 1935-1936 y nuevamente en 1938, el IRA organizo una campaña de acciones armadas, preferentemente en la frontera interirlandesa, que fracasó por la represión combinada a los dos lados de la línea, su desenfoque político y por la atonía de la población republicana del Norte, aún impactada por su abandono por el Sur y por la omnipresente hegemonía y coacción unionista. En 1939, una campaña de bombas en Inglaterra también fracasó. Una nueva ofensiva en 1956, en forma de acciones de guerrilla rural, tampoco tuvo exito.
 
En 1968-1969, sin embargo, una campaña por el respeto a los derechos democráticos y civiles, impulsada por nuevas organizaciones como la NICRA y Democracy's People, consiguió remover el escenario político y social de la Provincia. El viejo e impotente Partido Nacionalista (antecedente del SDLP) que había intentado preservar algunos derechos de la población católica-republicana bajo el Régimen unionista y sin cuestionarlo -sirviendo intereses de una minúscula burguesía, de los notables rurales y de la Iglesia católica- quedó paralizado y desacreditado. La respuesta británica tomó formas combinadas de represión a traves de las fuerzas policiales y de las formaciones paramilitares unionistas. El IRA Provisional -fruto de una escisión- reanudó sus acciones para defender las protestas y los barrios de mayoría republicana del acoso.
 
La escalada de protestas consecuente obligó a la suspensión por Londres en Marzo de 1972 del Gobierno y el Parlamento unionista norirlandés, teniendo que recurrir a su gobierno directo sobre la provincia y al envió de más tropas británicas.
 
La estrategia británica.
 
El 8 de Marzo de 1973,  los británicos organizaron en la provincia de Irlanda del Norte, un referéndum por el que se consultaba a la población norirlandesa sobre su voluntad o no, de permanecer dentro y formar parte de Gran Bretaña. Participó el 59% del censo norirlandes. El 41% lo boicoteo, siguiendo las indicaciones del SDLP, el IRA, Sinn Fein y de la izquierda socialista republicana. Como era previsible el 99%  de los participantes se pronuncio favorable a la opción británica. El rechazo del movimiento republicano a esta consulta "a la gibraltareña" se argumentaba por la desigualdad entre las posibilidades y derechos de las opciones sometidas a consulta (que implicaban además para el sector unionista la preservación de sus privilegios sociales) y su celebración bajo control y presencia británica. No obstante, la base fundamental del rechazo a este referéndum radicaba en una oposición de principio. Los patriotas y antiimperialistas irlandeses no le reconocían legitimidad al sujeto político y al ámbito de decisión norirlandes; efectivo y actuante sólo gracias a la decisión y al amparo británicos. Para el movimiento republicano irlandés, el ámbito democrático de decisión era el conjunto de la nación irlandesa, rota como consecuencia primero del colonialismo directo británico y luego de la partición impuesta por Londres. Desde su punto de vista, era en toda Irlanda donde sólo podía y debía decidirse el nuevo modelo político y social de la nación irlandesa, dando fin a los regímenes surgidos al Norte y al Sur de la raya creada por la partición.
 
En Mayo de 1973 el Parlamento británico aprobó una nueva Ley para Irlanda que restablecía una asamblea norirlandesa con elección proporcional y un Gobierno autónomo, designado de entre los diputados elector por el ministro británico encargado de Irlanda del Norte. Los unionistas y el SDLP apoyaron el nuevo estatuto. En Noviembre de 1973, unionistas, SDLP y la Alianza (un partido que se pretendía por encima del problema nacional) aceptaron formar un Gobierno tripartito. Entre el 6 y 9 de Diciembre de 1973, ese Ejecutivo norirlandes designado participo en una Conferencia Tripartita organizada en Sunningdale por los Gobiernos de Londres y de Dublin. En ese encuentro, el Gobierno derechista de la República de Irlanda -en contradicción con su propia Constitución- aceptó formalmente el principio de que Irlanda del Norte formara parte de Gran Bretaña hasta que una mayoría del electorado de la provincia decidiera lo contrario y se declaro dispuesto a intensificar su colaboración antiterrorista. El escándalo en Irlanda fue mayúsculo, obligando al Gobierno de Dublín a volver sobre sus compromisos. Por otro lado, el sector unionista más extremo ni siquiera admitía la presencia subordinada del "desleal" SDLP en Belfast. Orangistas y paramilitares organizaron a traves de sus sindicatos una Huelga general de protesta que duró 15 días y obligó a los unionistas a abandonar el Gobierno y hacerlo caer en mayo de 1974. Volvió el gobierno directo británico y una administración de facto unionista. En 1980 el Gobierno Thatcher intensificó sus relaciones intimas con Dublin.
 
Consecuencia aplazada de esta presión fue en 1984 la celebración en el Sur del llamado Foro por la Nueva Irlanda. En ese evento, las tres fuerzas políticas fundamentales de la República -Fine Gael, Fianna Fail y Laboristas- aceptaron públicamente las tesis británicas, uniéndose así al norirlandes SDLP. Los implicados admitían que el consentimiento de la mayoría de la población de la provincia era condición previa para afrontar la consumación de una Irlanda unida.
 
Asi quedo abierto el camino para que el 15 de Noviembre de 1985, en el castillo de Hillsborough, cerca de Belfast, residencia del ministro británico para Irlanda del Norte, los primeros ministros Thatcher y FitzGerald firmaran el Acuerdo Anglo-Irlandes. A cambio de reconocer a la República de Irlanda el "derecho a presentar opiniones y propuestas" sobre la administración del Norte, especialmente en materia de seguridad, prisiones y orden publico -es decir, a colaborar en el mantenimiento del Régimen británico-, Gran Bretaña obtenía que la República irlandesa declarara en un nuevo Tratado que "Todo cambio en la situación de Irlanda del Norte podrá producirse únicamente con el consentimiento de la mayoría del pueblo de Irlanda del Norte y el deseo actual de una mayoría del pueblo es que no haya ningún cambio". Otra consecuencia fue una mayor colaboración en la acción policial y un apoyo político mutuo entre Londres y Dublin. Gerry Adams, portavoz del Sinn Fein, todavía cinco años después del acuerdo seguía opinando así al respecto: "Es un disparate el argumento de la necesidad del consentimiento de esta minoría nacional [refiriéndose a los unionistas], elevada a rango de mayoría en un Estado no democrático, creado artificialmente, para que tenga lugar cualquier tipo de cambio constitucional" (The Irish Times, 17/11/1990).  Mientras tanto, en Irlanda del Norte seguía la actuación del IRA, la represión paramilitar y policial unionista... En 1981, diez militantes del IRA morían en huelga de hambre, haciendo famoso internacionalmente el nombre de Bobby Sands. Entre 1982 y 1986, Londres intentó consolidar sin éxito una nueva asamblea consultiva con la colaboración del SDLP.
 
Camino del acuerdo
 
Durante 1993 conversaciones exploratorias secretas entre las diversas partes, terminaron conduciendo a la Declaración de Downing Street del 15 de Diciembre de los premiers John Mayor y Albert Reynolds en la que los gobiernos británico e irlandés reafirmaban que ambos apoyarían "los deseos de la mayoría del pueblo de Irlanda del Norte con respecto a sus preferencias en favor de la unión con el Reino Unido o de una Irlanda unida soberana". El 31 de Agosto de 1994 el IRA declaraba "el cese completo de sus acciones militares". Las negociaciones en curso combinaron acompasada y paralelamente la resolución de las cuestiones ligadas a la actuación del IRA (y de los paramilitares unionistas) con el diseño del modelo político resultante del acuerdo. El 9 de Febrero de 1996 el IRA rompió su tregua a consecuencia de diferencias surgidas durante el proceso.
 
El 30 de Mayo de 1996, se realizaron elecciones para constituir un Foro consultivo norirlandes que legitimara la presencia de fuerzas políticas en la mesa de negociación. El unionista UUP obtuvo el 24,4%, el SDLP nacionalista moderado el 21,4%; los unionistas extremistas del UDP, el 18,8%; el Sinn Fein subió de su 11% habitual al 15,5% y la liberal Alianza se quedó en el 6,5%. En julio de 1997 el IRA restableció su tregua y en septiembre el Sinn Fein se incorporó de nuevo públicamente al proceso. En octubre, una asamblea del IRA rubricó su apoyo.  
 
Tras diversos y complejos avatares, se llegó a un acuerdo que desarrollaba el Marco para el futuro, acordado por Londres y Dublín en 1995.
 
El Acuerdo del Viernes Santo (Abril de 1998) establecía que el IRA y los paramilitares tenían dos años para entregar o desactivar su armamento, plazo en el que concluiría la excarcelación de todos los presos. Se establecía una Asamblea legislativa autónoma norirlandesa de 108 diputados, electa mediante representación proporcional (seis electos por las 18 circunscripciones diseñadas). La asamblea elegiría un Comité Ejecutivo de doce miembros, proporcional a su vez a la composición de la Asamblea (lo que abría la posibilidad de que hubiera "ministros" norirlandeses del Sinn Fein en Ejecutivos compartidos con unionistas). Las decisiones adoptadas requerirían doble mayoría para hacerse efectivas: mayoría en el bloque unionista y mayoría en el bloque nacionalista. Esto implicaba previamente la formación de bloques de adscripción comunitaria, practica en la que los británicos ya tienen histórica experiencia (India, años 20; Chipre, etc). El futuro de la policía norirlandesa RUC -un declarado instrumento represivo unionista- quedaba al amparo de los trabajos de una comisión. La República de Irlanda eliminaría los artículos 2 y 3 de su Constitución en los que se recogía la reivindicación del Norte y reconocería la doble identidad y ciudadanía irlandesa y británica de la población norirlandesa. El acuerdo sería ratificado por referendums simultáneos en el Norte y el Sur el 22 de Mayo. Los plebiscitos fueron apoyados por el 74% de los votantes del Norte y por el 94% del Sur.
 
Después del Acuerdo
 
Seis años después, aunque no se ha reanudado la lucha armada, el modelo político surgido de los acuerdos va acumulando crisis y suspensiones y aun dista de haberse estabilizado. De hecho, los unionistas siguen conjugando en la practica su tradicional doble veto: veto a la unificación irlandesa y veto a la igualdad de los no-unionistas, ambos elementos claves para la pervivencia de su identidad sectaria, además nuevamente relegitimada y adecentada con los Acuerdos al ponerla en pie de igualdad con la identidad nacional irlandesa laica. El mecanismo de representación garantizada comunal -presentada como un seguro para la "minoría" nacionalista- ha vuelto a actuar como mecanismo de congelación vertical de las fracturas heredadas. La tutela británica persiste, dificultando las nuevas condiciones de su ejercicio la posibilidad de reorientar las líneas de polarización política y social. El Acuerdo ha disminuido asimismo el impacto en el Sur de la situación del Norte, aunque el cese de la lucha armada en el Norte haya permitido asimismo al Sinn Fein en el Sur desarrollar funciones de oposición más global y menos monotemática que con anterioridad, cuando su discurso se reducía casi en su totalidad a la cuestión antirepresiva y a la solidaridad con el Norte. El estancamiento pareciera como si hiciera depender el futuro norirlandés sólo de un doble proceso político y demográfico: la sustitución del SDLP por el Sinn Fein como representante mayoritario en el campo nacionalista y las esperanzas en las consecuencias de la progresión demográfica vegetativa nacionalista.
 
Las ultimas elecciones celebradas en Irlanda del Norte (noviembre de 2003) para su Asamblea han constatado nuevas correlaciones. El unionismo extremista del DUP ha subido hasta el 25,7% (30 escaños); el Sinn Fein se ha colocado en el 23,5% (24); el unionista UUP, antaño hegemónico en su campo, se ha quedado en un 22,7% (27); el moderado SDLP obtiene el 17% (18 esc.); la liberal Alianza, 3,7% (6); otro unionista radical, el PUP 1,2% (1) y otro más, UKUP, 0,8% (1). Lo que da un 51,6% unionista frente a un 40,5% nacionalista , pero con predominio del Sinn Fein. En escaños, 59 frente a 32. Por lo que toca a la República de Irlanda, el Sinn Fein obtuvo en mayo de 2002 un 6,5% y 5 escaños en el Dáil Eireann.
 
Conclusiones
 
Reconocer que el Acuerdo de Viernes Santo no fue una victoria del movimiento republicano irlandés (o lo que es lo mismo, que fue una derrota atenuada, un repliegue ordenado o como quiera denominársele) parece obvio a poco que se miren los objetivos inicialmente propuestos y los resultados realmente alcanzados. Reconocerlo, asimismo, tampoco significa postular la continuidad o recuperación de la estrategia que tenia como eje la actuación del IRA y que había dado manifiestas muestras de sus limitaciones y agotamiento a la hora en que fue sustituida por la vigente. Sin entrar en mayores detalles analíticos o criticas sobre la política y evolución del Sinn Fein y del resto del movimiento republicano, parece cierto, sin embargo, que al menos, la aceptación de los hechos y los cambios producidos permitió la posibilidad de una resituación, saldar los costes heredados y con todo ello facilitar la apertura de una ventana de disputa de futuro, trasladando la acumulación política tan trabajosamente ganada (o una parte de ella) a un nuevo escenario. El Acuerdo de 1998 implicaba aceptar (aunque no acatar) la derrota de 1922 y trabajar políticamente sobre las condiciones creadas a partir de ella, modificadas obviamente por decenios de lucha y conflicto. Esto es lo que significa aceptar la llamada "autodeterminación" norirlandesa.
 
Las semejanzas y a la vez las diferencias con nuestra compleja escena estatal saltan a la vista. De entrada -algo que suele olvidarse- la secesión norirlandesa y la reunificación irlandesa no entrañan para Gran Bretaña los mismos efectos demostrativos y peligros de contagio y escalada inmediata que para el Estado español (con todo lo que conlleva los progresos actuales de las causas nacionales en Gales y especialmente en Escocia). Gran Bretaña puede sobrevivir a la unidad irlandesa. Cabe preguntarse: ¿podría sobrevivir y por cuanto tiempo España a la independencia de una de sus naciones oprimidas?. El imperialismo británico -a diferencia del españolismo- tiene toda una tradición y una sobrada experiencia en el uso combinado de la porra y de la urna, de ahí sus diferentes practicas y actitudes en torno al concepto de autodeterminación.
 
Tampoco cabe olvidar que la legitimidad histórica contemporánea de la reivindicación irlandesa -que ha servido para vivificarla por noventa años- arranca de unas elecciones ganadas en 1918 -con el 47,7% de los votos, es decir, con menos del 51%, por cierto- que, a partir de ahí, han dado soporte y autoridad a diversas formas de lucha y resistencia. Tambien cabe recordar que, desde ese punto de origen, junto a periodos de acción armada minoritaria -con muy diferente efecto y resultado- ha habido otros, en las que esta se ha suspendido y por largo tiempo.
 
Otro dato trascendente es que no cabe la neutralidad liberal o el escapismo falsamente socialista ante lo que puede denominarse "conflicto de identidades". La autoconsideración unionista es esencialmente tan irrecuperablemente reaccionaria en Irlanda como la española en Andalucía y de igual modo que no cabe un "unionismo progresista", tampoco es posible un "españolismo de izquierdas"; sea directamente, con revestimiento cosmopolita o incluso con una pose formalmente autodeterminista planteada como rodeo para volver a encerrarnos en un corral español (sea de cualquier color). Lo que no obsta para que, desde el lado republicano o nacional, sea necesaria también la pugna paralela por establecer los perfiles de un modelo alternativo nacional de contenidos socialistas contrapuesto frente a otras propuestas reaccionarias, burguesas o clericales. Esta contraposición es valida incluso en escenarios distintos y diferentes; siendo inherentes a naciones que comparten su cualidad de ser construidas no desde el Estado sino frente y contra el Estado existente. El unionismo -como el españolismo- sólo se merecen "tolerancia cero", desde la conciencia de su condición alienante intrínsecamente reaccionaria y han de ser combatidos política, social, cultural y economicamente con la misma constancia y multipolaridad que las concepciones capitalistas, patriarcales, clericales o aristocráticas. Nada tienen que ver el unionismo o el españolismo con la solidaridad, cuando son su misma negación. Nada tienen que ver con la fraternidad ni el internacionalismo, cuando llevan consigo adheridas la opresión condensada de centurias de miseria, desprecio y explotación. La pedagogía en ese combate puede cambiar, adaptándose a las respectivas fuerzas y circunstancias, pero en ambos casos, no se puede cejar en el objetivo de derrotarlos.
 
En cualquier caso, la experiencia irlandesa sigue siendo buena fuente nutricia para múltiples reflexiones y debates.
 
LOS ACUERDOS DE VIERNES SANTO EN IRLANDA
Belfast, 10 de Abril de 1998
 
Zona Naranja: Irlanda del Norte
Más zona verde claro: región del Ulster
Zona verde oscuro: resto de Irlanda
 
(en ingles)
 
Crisis en el Proceso Irlandes
Enlaces Irlandeses
 
Sugerencias
 
*La Tragedia del PC Polaco entre las dos Guerras Mundiales, de Isaac Deutscher. No sólo un magnifico texto informativo sobre la historia de la izquierda; tambien un análisis sobre lo que significó la degeneración estalinista de la Komintern que trasciende el concreto caso polaco.
 
*Textos sobre la independencia de Ucrania, de León Trotsky. En 1939-40 Trotsky defendía la opción independentista en Ucrania en relación a la URSS de Stalin. Una lección de analisis concreto y posición revolucionaria de hace más de 50 años que todavia sigue siendo instructiva y util para confrontar con las posiciones de algunos cosmopolitas-unionistas de hoy. 
 
Ambos textos estan recogidos en nuestro
 
--oOo--
Solidaridad con Palestina
Enlaces:
 
 Música de fondo: Irlanda
 
 Ayuda a ANDALUCÍA LIBRE
a nombre de J.G.P., en la Cuenta Corriente del BBVA: 0182  3344  24  0202889151
 
Contribuye, Lee y Difunde ANDALUCÍA LIBRE
Ayúdanos a trabajar por una Andalucía Independiente y Socialista
Transfiérenos mensualmente lo que puedas (5, 10... )
 
Publicidad del Servidor E-Listas















[Adjunto no mostrado: Irlanda fogdew.mid (audio/mid) ]

Free Website Counter
Hit Counters