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Asunto:[AndaluciaLibre] nº 247 - Especial Elecciones en Uruguay
Fecha:Domingo, 31 de Octubre, 2004  16:25:15 (+0100)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>

 
Por la Soberanía Nacional; el Trabajo; el Desarrollo y la Libertad: NO A LA CONSTITUCIÓN EUROPEA

nº 247
 
 
 
Especial Uruguay
 
El 31 de octubre podría cambiar el país
Ricardo Daher
Liberación
 
A 33 años de su creación, la coalición de izquierdas, Frente Amplio, hoy integrada en un frente electoral más amplio, Encuentro Progresista - Nueva Mayoría, está a menos de 30 días de obtener el gobierno mediante elecciones.
 
 
Centenares de miles de personas en el
Acto de cierre de campaña del Frente Amplio
en Montevideo 
 
El domingo 31 de octubre, se celebran las elecciones nacionales para elegir al presidente y vicepresidente de la nación, 30 senadores y 99 diputados. Si ninguno de los candidatos presidenciales logra el 50% más un voto, se deberá realizar un balotaje el último domingo de noviembre, según la reforma constitucional aprobada en 1996, y estrenada en las elecciones de 1999. Hasta entonces, el candidato más votado del partido más votado -cada partido podía presentar varios candidatos presidenciales y acumular votos según la ley de Lemas- accedía a la presidencia, y como había sucedido en las últimas elecciones, no era el candidato individual más votado. Cuando la izquierda estuvo a punto de ser el partido más votado, se reformó la Constitución y se estableció el balotaje. En 1999, Jorge Batlle, candidato del Partido Colorado, ganó la presidencia en una segunda vuelta, después de acordar con el Partido Nacional. Tabaré Vázquez, candidato del Encuentro Progresista-Frente Amplio, fue el más votado en la primera vuelta.
 
Desde su conformación en febrero de 1971, el Frente Amplio -única coalición de partidos y movimientos de izquierda de América Latina que ha sobrevivido 30 años- ha crecido constantemente su caudal electoral. Ese año, el Frente Amplio obtuvo el 18,3%. Después de 12 años de dictadura militar, en las elecciones de 1984, con su candidato prohibido, el general (r ) Líber Seregni, y con miles de uruguayos en el exilio, alcanza en 21,3% de los votos, aunque en la capital, Montevideo, el caudal electoral llegó al 33,7%. Cinco años más tarde, y pese a la separación del Nuevo Espacio, liderado por el senador Rafael Michelini y los demócratas cristianos, la coalición mantuvo su caudal electoral a nivel nacional, con un 21,2% y obtiene el gobierno del departamento de Montevideo, la capital, con la mitad de la población del país, donde logra el 34,5%.
 
Desde entonces, en las elecciones de 1994 y 1999, no sólo mantiene el gobierno en la capital, sino que amplía su respaldo electoral, y crece también en todo el país.

En las elecciones de 1994 el Frente Amplio, ya integrado al Encuentro Progresista -alianza en la que participan sectores desvinculados de los partidos tradicionales y el Partido Demócrata Cristiano- llega al 30.6% de los votos, y en Montevideo supera el 44%. En 1999 -al estrenarse la reforma constitucional- el FA gana la primera vuelta con 40% de los votos y se asegura con ello la bancada parlamentaria mayor. Tabaré Vázquez, su candidato presidencial, obtiene en la segunda vuelta 46%, quedando a ocho puntos de Jorge Batlle, que llega a la presidencia con 54%. En Montevideo, la izquierda que gobierna, logra en las comunales de mayo del 2000 -con la reforma constitucional se separan las elecciones nacionales de las municipales- el 58% de los votos.

Aunque las encuestas han fallado en casi todas las elecciones, sólo han coincidido y acertado en mostrar el crecimiento permanente de la izquierda, para las próximas elecciones auguran un 50% de votos para la izquierda en la primera vuelta, y una votación también del 60% en la capital del país. Estos pronósticos indican que el EP-NM.-FA obtendría unas 17 bancas de las 30 en disputa en el Senado, y cerca de 55 de los 99 diputados de la Cámara de Representantes. Cabe destacar que mientras las bancas al Senado se distribuyen proporcionalmente a los votos obtenidos, en Diputados primero se distribuyen dos lugares a cada departamento de los 19 que integran el país, y el resto en proporción a los votantes. De esta manera, por ejemplo el departamento de Flores, que tiene apenas unos 17.000 habilitados para votar, tiene dos diputados, cuando en Montevideo, cada diputado cuesta más de 24.000 votos.

Con esta bancada, de acceder a la presidencia, la coalición de izquierda tendría la mayoría constitucional para designar sin acuerdos a los ministros de los entes autónomos y servicios descentralizados, Corte Electoral entre otros cargos. Cabe recordar que el actual gobierno no procedió a la designación de nuevos ministros de la Corte Electoral -manteniendo los que asumieron en 1995- para no conceder la representación proporcional que le correspondía a la izquierda. De la misma manera, de no acceder a la presidencia, la izquierda puede impedir la designación de esos mismos cargos al gobierno. Igualmente tendrá mayoría especiales para la censura de ministros en cada cámara.
 
En las próximas elecciones nacionales participan 10 partidos políticos. Según la Constitución aprobada en 1996, cada partido debe designar a su candidato a la presidencia en elecciones internas, y ratificados por una convención partidaria. Las elecciones internas se celebraron el pasado 27 de junio y no en todos los partidos hubo competencia para la nominación. En el Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría, en las internas Tabaré Vázquez fue candidato único. En el gobernante Partido Colorado, se presentaron cuatro candidatos, aunque los dos sectores mayoritarios, Foro Batllista conducido por el ex presidente Julio María Sanguinetti, y la Lista 15, encabezada por el actual presidente de la República, Jorge Batlle, habían acordado un candidato de consenso: el forista Guillermo Stirling, ministro del Interior desde 1999. En el Partido Nacional, la competencia se redujo al ex presidente Luis Alberto Lacalle, al frente de su sector, el Herrerismo, y el senador de Alianza Nacional, ex intendente de Paysandú, Jorge Larrañaga, encabezando una coalición de sectores. Larrañaga impuso su candidatura con más del 60 por ciento de los votos, y se transformó en el único oponente con alguna posibilidad de impedir el acceso de la izquierda al gobierno.

Además de los mencionados partidos, se presentan a las elecciones nacionales sectores como el Partido Independiente que encabeza el diputado Juan Pablo Mieres, escindido del Nuevo Espacio, el Partido Unión Cívica que candidatea a Aldo Lamorte, el Partido Intransigente, encabezado por el ex director de Aduanas, escindido del Partido Colorado, Víctor Lissidini, el Partido de los Trabajadores, el Partido Humanista que participa por primera vez con candidatos sólo en Montevideo y Canelones, entre otros.
 
Según la Corte Electoral, entre listas nacionales (candidatos al Senado) y departamentales (Diputados) se han registrado 2090 listas. Sólo en Montevideo, los ciudadanos podrán optar entre 393 listas de los 10 partidos inscriptos. El Partido Colorado presenta la mayor diversidad en Montevideo, 166 listas departamentales y 82 listas nacionales. El Partido Nacional presenta 57 listas departamentales y 26 nacionales, mientras que el Encuentro Progresista-Frente Amplio- Nueva Mayoría, presentó 17 y 19 listas respectivamente.
Izquierda en Uruguay favorita para triunfo histórico en elecciones del domingo
 
MONTEVIDEO (AFP) - La coalición de izquierdas Frente Amplio (FA), que postula a Vázquez e incluye como principal fuerza a los ex guerrilleros marxistas Tupamaros, llega a la cita como fuerte favorita: casi todas las encuestas anticipan que superará la "mayoría absoluta de votantes" (más del 50%) que le permitirá ganar la presidencia en primera vuelta y obtener el control del Parlamento.

Están habilitados 2,487 millones de ciudadanos a través de 6.559 circuitos para elegir presidente y para renovar totalmente el parlamento de 31 senadores y 99 diputados, y según los antecedentes históricos se espera que se pronuncie más del 90%, porque el voto es obligatorio.

Atrás de Vázquez, que recoge del 51% al 56% de las intenciones de voto según diversos sondeos, se ubican Jorge Larrañaga del Partido Nacional (PN, centroderecha), de 29% a 32%, y Guillermo Stirling, del gobernante Partido Colorado (también centroderecha), con un menguado apoyo de apenas 8% al 12,5%.

De confirmarse en la urnas la tendencia de las encuestadoras, el socialista Vázquez, médico oncólogo de 64 años proveniente de un modesto hogar del capitalino barrio obrero de La Teja y líder del FA, se convertirá en el primer presidente no adherido a los partidos tradicionales desde 1830, cuando Uruguay inició su vida institucional.

El empobrecimiento del país (que perdió 11% de riquezas, 80% de reservas y 45% de depósitos bancarios en la crisis de 2002, cuando el desempleo llegó a casi 20%) contribuyó al aumento del caudal electoral de la izquierda, alimentando una tendencia de crecimiento constante constatada desde la fundación del FA en 1971.

Pese a esa crisis, Uruguay (177.000 km2 - Andalucía, 87.597 km2) exhibe aún la mejor distribución de riquezas en la región más desigual del planeta (según el Banco Mundial, BM), es el segundo menos corrupto en Latinoamérica atrás de Chile (según Transparencia Internacional) y registra uno de los mejores índices en Desarrollo Humano (según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD).

Con 3,4 millones de habitantes, 90% de origen europeo, 7% de afroamericanos, y 3% de otras razas, [Andalucía, 7,5 millones]  el país sufrió -tras la crisis- la duplicación del número de personas pobres (que apenas cubren necesidades básicas) entre la población urbana del país, que pasó de 408.000 (1999) a 849.500 (2003) según estadísticas oficiales.

Vázquez, primer socialista en comandar (de 1990 a 1995) el gobierno municipal de Montevideo, donde vive la mitad de la población urbana, pero luego derrotado en dos elecciones presidenciales (1994 y 1999), puso entonces fuerte énfasis durante su campaña en el combate a la pobreza. En las elecciones anteriores de 1999, Vázquez obtuvo un 40% de los votos en la primera vuelta, pero después perdió el segundo turno ante el actual presidente, el colorado Jorge Batlle, por 54% a 46%.
 
Entrevista a Tabaré Vázquez:
Lagos, Kirchner, Lula y Chávez han demostrado que la izquierda latinoamericana tiene la madurez, el conocimiento y la capacidad suficiente para gobernar
Juan Castro Olivera - Buenos Aires, 19-10-04
La Nación - Correspondencia de Prensa
 
 
Danilo Astori y Tabaré Vázquez
–Según sus declaraciones, por momentos daría la impresión de que la llegada de la izquierda al gobierno uruguayo no implicaría que mucho vaya a cambiar en el país...
–No, no. Se viene un Uruguay distinto. Llegamos al gobierno no para hacerlo un poco mejor que los partidos tradicionales sino para introducir cambios. Será una renovación de actitudes y de forma de gobernar. Esto se verá inmediatamente. Vamos a poner en ejercicio valores como la transparencia y la honestidad en todos los procedimientos. Austeridad en los dineros públicos y lucha contra toda forma de corrupción, con tolerancia y respeto a nuestros adversarios.
 
–¿No cree que tiene mucho que agradecer a Lula por mostrar una izquierda que sabe convivir con la clase empresarial?
–Claro, hay mucho que agradecer a Lula, que tiene un gobierno exitoso. Pero tanto lo de Lagos, en Chile; como lo de Kirchner, en la Argentina; lo de Lula, en Brasil; como lo de Chávez, en Venezuela, ha ido demostrando que la izquierda latinoamericana tiene la madurez, el conocimiento y la capacidad suficiente para gobernar. Ninguna de estas experiencias puede extrapolarse al Uruguay, pero este viento de cambio en la comarca del Sur marca tiempos nuevos para nuestros países, que tendremos que consolidar con mucho trabajo.
 
–Pero hay un núcleo duro en el Frente Amplio que puede exigirle que se aplique una política de izquierda más radical...
–No existe hoy esa posibilidad, porque el Frente Amplio ha elaborado un programa que se trabajó con todos los sectores de la sociedad civil, y que se discutió en profundidad en un congreso de la fuerza política. Hoy hay un programa único que toda la izquierda va a acatar. Vamos a cumplir con ese programa.
 
–¿Siente que logró llevar tranquilidad al empresariado?
–Estamos a 15 días de las elecciones presidenciales y el dólar se ha mantenido en su nivel, el riesgo país sigue bajo y no hay ninguna alarma en el sector financiero. Los empresarios saben que van a tener reglas de juego claras, precisas, estables. Con un marco jurídico que va a ser respetado. Vamos a apoyar la inversión con distintos procedimientos, como subsidios y exoneraciones impositivas.
 
–Sus adversarios dicen que Danilo Astori será un ministro de Economía sólo para acceder al gobierno y por unos pocos meses.
–El senador Astori va a ser ministro de Economía los 5 años de mi gobierno. Ya lo he hablado con él, y eso es lo que pretendo.
 
–¿Cree que ésta vez puede ganar en primera vuelta?
–No sólo por las encuestas, sino también por lo que hemos visto recorriendo el país. Estoy convencido de que esta vez ganamos.
 
–¿Cree que el miedo a un regreso de los tupamaros que está circulando en la campaña electoral puede restarle votos?
–Los dirigentes de los partidos políticos tradicionales del Uruguay han perdido la capacidad de respuesta a los planteos que el Frente Amplio viene haciendo. Esta dirigencia no logra plantear hechos políticos que conciten la atención de los uruguayos y ha perdido credibilidad, por eso surge como actividad refleja responder de esta manera.
 
–Usted afirma que los tupamaros están integrados al sistema político uruguayo. En ese sentido, ¿se da un proceso paralelo al que ocurre en la Argentina con los montoneros?
–Tengo mucho cuidado de no ingresar en aspectos políticos que corresponden a otros países, por más que se trate de pueblos hermanos como la Argentina. No se pueden extrapolar las experiencias políticas de una sociedad, son realidades distintas. El Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros está fuertemente integrado al sistema hace ya años, tiene legisladores departamentales, nacionales, y ha dado muestras de su adhesión al sistema democrático. Los mitos y cucos de cosas que sucedieron hace 30 años están superados.
 
–Los partidos tradicionales van a pasarle facturas por los muchos años que el Frente Amplio fue oposición.
–La izquierda uruguaya actuó con gran responsabilidad, y esto quedó en evidencia en la crisis de 2002. Nosotros vamos a buscar acuerdos programáticos y vamos a buscar ampliar la base de sustentabilidad política. Los cambios que necesita el Uruguay requieren de la mayor participación posible. Pretendemos tener un gabinete abierto.
 
–¿Puede haber una revisión de las leyes de amnistía?
–El tema se llevó a consulta popular con un resultado adverso para nuestra fuerza. Siempre hemos defendido el método de la consulta popular, y tenemos que hacerlo también si el resultado es adverso. Vamos a cumplir todos los artículos de esa ley, incluso el artículo 4° que obliga al Ejecutivo a hacer una investigación administrativa para saber qué pasó con los uruguayos detenidos y desaparecidos, y con los niños desaparecidos. Vamos a hacer todas las investigaciones necesarias, no para poner preso a nadie, porque la ley no lo permite, pero sí para que la sociedad uruguaya sepa lo que pasó.
 
–Usted investigó el cáncer durante años como médico. ¿Cual es hoy el cáncer del Uruguay?
–La desigualdad y la pobreza que afecta a un tercio de los uruguayos. En Uruguay hubo gente que comió pasto en el peor momento de la crisis. No puede haber niños desnutridos en un país con tantos recursos.
 
–¿Le dará prioridad a la relación con Estados Unidos? ¿Piensa viajar pronto a Washington?
–El primer viaje que haré como presidente será a los países de la región, la Argentina, Brasil, Paraguay y Chile. La prioridad será fortalecer institucionalmente el Mercosur, y a partir de esto abrirnos al resto del mundo. Con Estados Unidos vamos a tener una relación correcta, como debe ser. No de un presidente que es amigo de otro presidente, sino a través de las vías institucionales, y con mutuo respeto.
 
–¿Prefiere un triunfo de Bush o de Kerry en las elecciones de EE.UU.?
–No voy a opinar sobre política interna de otro país. Pero nuestra fuerza política no está de acuerdo con la actitud belicista del gobierno de Estados Unidos, y con una actitud que no respetó e ignoró el derecho internacional.
Frente Amplio: Resumen de propuestas y compromisos
 
 
Entrevista a Danilo Astori, propuesto para ministro de Economía en un gobierno del Frente Amplio
Hoy, romper con el FMI y repudiar la deuda externa significa aislarse
Semanario Búsqueda - Montevideo. 21-10-04
Correspondencia de Prensa (fragmento)
 
En la entrevista, el economista y senador Danilo Astori (Asamblea Uruguay) asegura que el Frente Amplio tiene muchos cuadros capaces de gobernar y que el diálogo con toda la sociedad va a ser fluido y sin resquemores. Astori dice que “en el mundo de hoy, romper con el FMI y repudiar la deuda significa aislarse e ir hacia una suerte de Africanización”
Durante el almuerzo al que esta semana asistió Tabaré Vázquez en Buenos Aires en el programa de Mirta Legrand, el actor Juan Manuel Tenuta, un frenteamplista de la primera hora, dijo en medio de un apoyo fervoroso al Frente Amplio que por primera vez habrá en toda la historia del Uruguay un "gobierno artiguista". Algo parecido deben pensar muchos frenteamplistas. Pero Artigas es el héroe nacional del Uruguay. ¿Esto quiere decir que todos los gobiernos que hubo en el país hasta ahora han traicionado a Artigas?
No. Tenuta tiene toda una historia de frenteamplista, desde el 5 de febrero de 1971. Sé que Tenuta dijo eso con mucha emoción y que se le llenaron los ojos de lágrimas cuando lo hizo. Pero hay una explicación para esto: desde aquel acto multitudinario del 26 de marzo de 1971, Seregni empezó a inculcar en el Frente un profundo culto a Artigas. Aquel discurso, que estaba lleno de citas, terminó con esta frase: "guíanos, padre Artigas". Y luego, casi con unción religiosa, Seregni recordó frases, consignas, hizo coincidir eventos del Frente con eventos de la gesta artiguista, su instituto se llamaba "1815" y el acto del 26 de marzo de 1971 no se hizo en esa fecha porque hubiera en el Frente un movimiento que se llamaba "26 de Marzo", sino porque el 26 de marzo de 1815 fue izada por primera vez la bandera roja, azul y blanca. De modo que Seregni, como nadie, inculcó los valores artiguistas en el Frente, que se siguen manteniendo como bandera. El frenteamplista está muy asociado a la gesta artiguista por razones emocionales, además.

¿Y no somos todos los uruguayos los que deberíamos estar asociados a la gesta artiguista? ¿No es Artigas el héroe nacional uruguayo?
Por supuesto. Pero yo me animaría a decir que ningún actor político de este país, al menos en esta historia contemporánea, cultivó tanto como Seregni los valores artiguistas. Ninguno. Y hemos tenido grandes actores políticos en este país: José Batlle y Ordóñez, Julio César Grauert, Aparicio Saravia, Leandro Gómez, Wilson Ferreira Aldunate...pero nadie como Seregni cultivó tanto los valores artiguistas. Lo cual no quiere decir que los demás hayan traicionado a Artigas. Pero nosotros estamos convencidos de que el proyecto artiguista, en su médula, está vivo ahora, a principios del siglo XXI. Marca tres caminos del país que son absolutamente necesarios y que se reflejan en el programa de la izquierda: 1) el ideal de justicia. Está en el reglamento provisorio de tierras a principios del siglo XIX y es el primer pilar de la ideología artiguista; 2) la visión federal. La unidad de la región para acumular fuerzas y tener un proyecto político y económico viable para cada uno de los integrantes. El Mercosur, ampliado por otros países de la región, es un proyecto estratégico, no como estación terminal, sino como punto de partida para relacionarse con el resto del mundo. Pero es un punto de partida esencial: sin él se empieza diferente y se termina antes también; 3) la concepción republicana y democrática de las regiones, como decía Artigas, supone llevar el poder adonde está la gente, al contrario de Buenos Aires que lo quería concentrar en la metrópoli. A esto nosotros le llamamos descentralización, pero no en el sentido de abrir sucursales de oficinas públicas en el interior, sino en el sentido de que la gente pueda decidir cosas por sí misma. Por ejemplo, en Uruguay no se puede levantar un poste de alumbrado de UTE o definir una línea telefónica o servicios de agua y saneamiento de OSE, sin que lo decida Montevideo.
 
¿Puede ocurrir, en el caso de una victoria del Frente Amplio, que así como Hugo Chávez “refundó” Venezuela, hizo una Constitución a su medida y hasta le cambió el nombre a la nación, que ahora se llama “República Bolivariana de Venezuela”, aquí ocurran cosas como que el Uruguay pase a llamarse “República Artiguista del Uruguay” y que Tabaré Vázquez aproveche su popularidad para también hacer aprobar una Constitución a su medida?
No, es impensable. Es impensable. Los procesos políticos son absolutamente diferentes. El presente de Venezuela es diferente al presente del Uruguay, pero los pasados también lo son. Chávez encarna un intento de salida a un pasado completamente distinto al pasado uruguayo. En Uruguay es absolutamente impensable reproducir un fenómeno de ese tipo por razones históricas y culturales.
 
¿qué podemos esperar los uruguayos de un gobierno del Frente Amplio?
Yo sostengo que la tarea de ejercer el gobierno será una formidable contribución a la renovación del Frente. Tengo la hipótesis, que la he defendido en las páginas de Búsqueda en más de un reportaje, que el gobierno le va a hacer mucho bien al Frente. Nosotros estamos tratando de llegar para que le haga bien al Uruguay, pero nos va a hacer bien a nosotros. Muchas veces me dicen que he tenido muchas diferencias con el resto del Frente. Y es verdad; las he tenido, y sobre temas en los cuales, en la inmensa mayoría de los casos, sigo convencido de que tenía razón. Estoy dispuesto, por cierto, a que se me demuestre lo contrario si estoy equivocado, porque si no sería un dogmático. Pero cuando lleguemos al gobierno, esas diferencias pasarán a un segundo plano. Estoy seguro de que guiando la acción de gobierno un programa común y, sobre todo, teniendo que tomar decisiones todos los días, que van a ser difíciles porque el país no nada en la abundancia, las discrepancias internas sobre temas concretos pasan a un segundo plano. Y, además, el Frente en el gobierno avanzaría mucho en el reconocimiento de acciones que adoptaban los adversarios y las criticábamos, pero que luego las vamos a tener que practicar. Vamos a aprender desde el gobierno aristas que antes no veíamos y vamos a comprender visiones que antes criticábamos. Y las vamos a ver porque estaremos en el gobierno con la responsabilidad de decidir, la mayoría de las veces sin opciones o con pocas opciones.
 
Pero si en la campaña se está dando claramente el esquema de “ellos” y “nosotros”, ¿por qué habría que creerle a usted que, si el Frente Amplio alcanza el gobierno, eso no se reproducirá desde el propio gobierno?
Lo que puedo comentar sobre eso es la actitud que yo le he visto a Vázquez en todos los actos de la campaña, sin excepción. Llega siempre a un pasaje del discurso en el que él señala que, aun ganando en la primera vuelta, hay que tender la mano a todos los uruguayos para buscar los entendimientos necesarios que nos permitan construir el país. Podemos encontrar, ciertamente, discursos duros, pero los últimos han sido claramente discursos de conciliación.
 
¿Usted dice que ni un solo problema importante de los que tiene Uruguay por delante puede ser resuelto solamente por el Frente Amplio?
Ni uno. Ni uno. Por ejemplo, el problema productivo. Este país precisa una suerte de modelo de especialización productiva que sea apoyado por políticas públicas permanentes. Algo así como la identidad del Uruguay. Que el mundo sepa que el Uruguay es esto, que el inversor sepa que el Uruguay es esto y que ahí prospera. Otro ejemplo: el sistema financiero. Necesitamos un mercado de capitales, ojalá crecientemente en moneda nacional, de mediano y largo plazo. Y eso no se hace de un día para otro. Tenemos que hacer una reforma del Estado monumental, algo que tampoco se hace de un día para otro y con el agregado de que hay, en este tema, factores culturales por los cuales la prebenda, el privilegio, la pequeña ventaja es bien vista o por lo menos no es mal vista, es perdonada, y es usada para perpetuarse en el poder. Hay toda una visión de eso que hay que cambiar. Tienen que llegar los que saben a dirigir las instituciones públicas, no los que pertenecen a tal partido o a tal sector. Si nosotros llegamos al gobierno para hacer la cuota al revés, estamos perdidos. Ahí habremos fracasado y dentro de cinco años nos sustituyen de nuevo. El Uruguay seguirá igual y, además, chau a la izquierda por mucho tiempo. De modo que en todos y cada uno de esos problemas necesitamos políticas de Estado o, por lo menos, lineamientos que se mantengan más allá de los recambios en el gobierno, con una base de sustentación acordada por todo el sistema político. Si no, es imposible y, además, el Uruguay no será un país creíble.
 
¿Entonces cree que se va a dar un proceso similar al que se ha dado en Brasil, con el gobierno de Lula?
Es interesante, porque también en el caso del PT se dio que Lula criticó reformas de Fernando Henrique Cardoso, que luego llevó adelante. Y yo no lo voy a juzgar porque él estaba haciendo el camino político que entendía correcto. Brasil es un ejemplo de transición política que ojalá pueda ser aplicado aquí en el Uruguay. Lo que hicieron Cardoso-Lula o Lula-Cardoso fue magistral como transición política. ¿Qué pasó con el partido de Lula después de que éste se instaló en el gobierno? Tuvo algunas pequeñas escisiones. Yo aspiro a que nosotros no tengamos ninguna. Si usted me pregunta si puede haber discrepancias del tono marcado en Brasil en un gobierno de izquierda en el Uruguay, yo le contesto que sí. No las deseo ni las anuncio, pero las puede haber. Ahora, el tronco de la fuerza va a estar alineado en una misma labor de gobierno.

Pero hay sectores frentistas que siguen pregonando, por ejemplo, no pagar la deuda externa.
Y están fuera del programa del Frente Amplio. En estos días, hay algunos sectores del Frente que, efectivamente, han impreso en folletos la consigna de no pagar la deuda externa. Pero eso no está en el programa del Frente.

dicen que la izquierda aún no le ha explicado a su gente que cambió y por qué cambió. No le ha explicado lo suficiente que el mundo cambió y que las ideas del ’71 para romper con el FMI, repudiar la deuda y estatizar la banca ya no funcionan en el 2004. ¿Usted también cree que falta explicar a los frenteamplistas de la primera hora el qué y el por qué de los cambios?
Sí. Comparto totalmente el juicio. No quiero que esto luzca soberbio porque no lo digo con esa intención, pero me parece que hay un solo sector que ha explicado estas cosas: Asamblea Uruguay. Pero lo tenemos que hacer como colectivo. Hay que explicar que, en el mundo de hoy, romper con el FMI y repudiar la deuda significa para Uruguay aislarse del mundo e ir hacia una suerte de africanización de la sociedad. Hay que explicar que estatizar la banca es una consigna barrida por la historia porque ya no hay más bancos nacionales privados. Y, obviamente, si a alguien se le ocurre que el Uruguay debe estatizar el Citibank o el BankBoston o el Santander o el ABN-Amro, lo único que logrará es que esos bancos huyan del país, lo cual muestra lo absurdo del planteo. Por eso creo, como Garcé y Yaffé, que hay que reforzar la explicación y que hay que explicar bien todo esto, porque hay mucha gente de buena fe que a veces no entiende actitudes políticas, precisamente porque no tiene los fundamentos de por qué se toman. Tampoco está bien explicado lo que ocurrió con el llamado “socialismo real”. Y mucho menos explicado está el impacto y las consecuencias que eso tuvo en la izquierda en el mundo. No está explicado. Y todavía menos explicada está, en términos filosóficos, la pugna entre libertad e igualdad. Estamos en deuda con todo eso.

¿Y eso no puede transformarse en un problema para un gobierno del Frente Amplio en términos de eventuales frustraciones que pueda sufrir el militante o el adherente frentista tradicional? Imagínese a usted reuniéndose con funcionarios del FMI para renegociar vencimientos de deudas, conseguir otro crédito “stand by” o alguna otra cosa. E imagínese a ese militante o adherente frentista tradicional preguntándose: “¿y esto cómo es?. ¿No era que hasta hace poco pintábamos las paredes contra el FMI y ahora vamos a arreglarnos con ellos?”
Pero usted deberá reconocerme que ahí hemos avanzado mucho. Hace un año que venimos hablando sobre este tema con la gente y hemos avanzado con la gente. Uno va hoy a una reunión con frentistas a un acto y nadie postula la ruptura con el FMI o no pagar la deuda. Puede haber sí sectores minoritarios que lo digan. Pero el Frente como colectivo ha avanzado muchísimo en estos temas. Falta, es cierto, una explicación desde la perspectiva de las convicciones y de los valores. Falta explicar por qué, para hacer lo mismo que quisimos hacer siempre, hoy hay que recorrer caminos diferentes. A mí no me gusta estar endeudado hasta el pescuezo, pero estamos endeudados hasta el pescuezo y eso hay que asumirlo desde el gobierno. Esta semana, hablando con un periodista de Canal 10, le decía que necesitamos inversión. Me preguntó si estaba aludiendo a inversión pública o privada. “Privada”, le contesté sin dudar, porque además no hay mucho resto en el Estado para hacer inversiones públicas. Y esto es parte de la explicación que debemos: si uno rompe con el FMI, no paga la deuda y rompe con el mundo, no viene nada de inversión y se va para otro lado. Entonces no podemos generar fuentes de trabajo y el millón de pobres que tenemos hoy seguirá allí y aumentando. A las grandes metas de siempre no se llega por los caminos que se postulaban antes; se llega por otros. ¿Cuáles son las grandes metas? Hacer de este país un lugar hospitalario, donde la gente pueda vivir de su trabajo tranquilamente con su familia y realizarse como ser humano. La izquierda no le puede trazar la vida a nadie y debe apostar a la libertad y a la soberanía de cada individuo, pero tiene la obligación de darle una oportunidad, de que empiece, de que arranque. Y después cada uno hará su vida.

En 1971, cuando se creó el Frente Amplio, ¿el horizonte era otro?
Claro. Cuando nacimos como Frente en el ’71, y yo estaba ahí, sentíamos mucho más un rol de misioneros. Sentíamos que veníamos a cumplir una misión en esta vida que era salvar a este país. Hoy hemos aprendido que las cosas son un poco más complicadas. La falta de explicación de que veníamos hablando incluye que los caminos que se promovían antes por la izquierda en todo el mundo se revelaron infructuosos para lograr lo que se pretendía. Es decir, tomar el atajo de recortar la libertad para lograr la justicia terminó simplemente recortando la libertad y aumentando las injusticias. No funcionó. Yo he citado una frase de Vittorio De Sicca: “queríamos cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros”. Eso se puede interpretar de dos modos: desde una perspectiva pesimista, diciendo que “acá no se puede hacer nada porque el mundo nos cambió a nosotros”, o desde una perspectiva constructiva, diciendo que “queríamos cambiar el mundo, pero aprendimos del mundo que también tiene que entrar en nosotros y hacernos ver que es un poco más complejo”.

Usted dice en el libro de Miguel Angel Campodónico “Radicales y moderados. Vida y pensamiento político de Danilo Astori”,  que si el Frente llega al gobierno y está solamente cinco años será “un fracaso absoluto”. ¿Por qué?
Yo tengo la hipótesis de que cuando el Partido Colorado perdió la elección en 1958, la perdió porque ya había empezado la caída del país. El Partido Colorado no se fue de un siglo de gobierno por casualidad. La producción venía cayendo abruptamente, empezaba un terrible déficit público, la deuda externa comenzó allí, el país encaminó su primer acuerdo con el FMI, la gente, en un país que había sido de inmigrantes, comenzó a emigrar y empezaron todos los problemas. Entonces, hace 50 años que el pueblo uruguayo está buscando el rumbo. Se probó todo y no se solucionaron los problemas. En 1958, el pueblo llamó al Partido Nacional. A los ocho años volvió a llamar al Partido Colorado ya con un país con lucha armada, mucho más enfrentado y ofuscado, con problemas más hondos. Nació el Frente Amplio en 1971 no por casualidad. Después vino la dictadura y luego estos 20 años de democracia. Entonces ahora están culminando 50 años de búsqueda con una propuesta diferente que no dice nada misterioso: dice “hagamos los cambios que este país reclama y que no se hicieron”. Esa es la “fórmula” frentista. Si en el 2010 el pueblo uruguayo vuelve a decir “no, vengan de nuevo ustedes porque esto no funciona”, eso sería un fracaso total y rotundo que acabaría con la izquierda por un rato largo. No sería un drama para la democracia; son las reglas de juego. Pero habríamos fracasado sin duda alguna.

Usted ha mencionado a Lula. ¿Ese sería el modelo a seguir en Uruguay?
Mire: Lula ha dado lecciones formidables. Lula tomó la decisión política de dedicar todo su primer tramo del gobierno a ganar confianza y credibilidad. Dijo: “yo quiero eliminar el hambre en Brasil, pero no me vengo a hacer el loco”. El hambre en Brasil y la pobreza en Uruguay se pueden eliminar en un escenario de prolijidad económica. La frase de Lula a los inversores es imponente como síntesis política: “señores, inviertan porque los únicos riesgos que van a correr son los del capitalismo”. ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir: “conmigo no tienen problemas. Ahora, no los voy a salvar si pierden”. Eso es una lección política.
 
En el libro de Campodónico, usted también alude a la cuestión de la violación a los derechos humanos en el período de la dictadura y dice que el Uruguay “encontró, mal que nos pese, una salida que votó la gente”. Y advierte: “seguir por vías directas o indirectas, abiertas o encubiertas, procurando de alguna manera desconocer ese pronunciamiento popular es un error tremendo”.¿Por qué “es un error tremendo”?
Porque significa reabrir un camino, un proceso y un trámite que ya tuvo su laudo y ya tuvo su juicio soberano. Sí creo que se puede por la vía del recato, con mucho cuidado, sin reflectores, dar satisfacción y encontrar respuestas. Por eso a mí me gustó mucho la idea de la Comisión para la Paz, que permitió un avance enorme. Si hubiera posibilidades de seguir un tránsito muy cuidadoso en el futuro respecto a este tema, está todo bien. Pero reabrir el proceso ya definido por el soberano sería un error y podría generar los revanchismos que yo creo estar seguro de que no van a ocurrir sin que se los provoque. Además, hay otra dimensión de los derechos humanos. Nosotros, como consecuencia lógica de la dictadura, hemos asimilado la violación a los derechos humanos a la tortura practicada contra presos políticos, a la picana eléctrica o las desapariciones forzadas de personas. Todo eso fue horrible y no hay duda de ello. Pero eso ocurrió hace 30 años. Hoy, en el 2004, hay cientos de niños, mujeres y hombres que se meten adentro de los contenedores de basura que existen en Montevideo, revolviendo entre los desperdicios que los demás tiramos, y ahí se están violando todos los días derechos humanos. Si la sociedad pone toda su energía en buscar dónde están los restos de una persona que murió hace 30 años a manos de la dictadura y prioriza eso frente a lo que ocurre hoy, se va a estar equivocando severamente. No porque aquello no merezca conocerse sino porque el día tiene 24 horas, hay un tiempo finito para hacer cosas, tenemos recursos limitados y la prioridad absoluta de un gobierno del Frente será defender los derechos humanos de los niños, mujeres y hombres que los tienen violados hoy. No tengo la más mínima duda ni la más mínima vacilación sobre qué debe ser prioritario en esta materia. No podemos perder un solo segundo siquiera en pensarlo.
Uruguay en ANDALUCÍA LIBRE
De la hegemonía cultural a la hegemonía política
La izquierda uruguaya
Raúl Zibechi
 
El Frente Amplio es un caso único en América Latina, en virtud de la profunda penetración que la izquierda consiguió en la sociedad uruguaya. La hegemonía política, que está a punto de conseguir, fue precedida por una hegemonía cultural construida en las tres últimas décadas.

Desde el punto de vista de las alianzas, el programa y las estrategias, la izquierda política uruguaya agrupada en el "Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría" es una fuerza de centroizquierda, que incluye desde los revolucionarios radicales hasta personalidades de centroderecha. Pero si la observamos desde la base, estamos ante una extensa red sociocultural que llega a todos los rincones del país y a todos los sectores sociales, e incluye las más diversas manifestaciones de la vida: desde las relaciones familiares hasta el deporte y la cultura.

Una y otra realidad han conseguido convivir en armonía –no exenta de desencuentros puntuales- del mismo modo que los diversos sectores que componen la alianza han alcanzado formas de cohabitación estables y duraderas, sobre la base de dejar de lado las disputas ideológicas y concentrar fuerzas en la conquista del gobierno.

La unidad como estrategia

Cuando fue fundado en 1971, el Frente Amplio recogió dos de las tres tradiciones de la izquierda uruguaya: comunistas y socialistas se unían por primera vez, quedando fuera sólo las corrientes anarquistas(1). En esa alianza, participaron desde el comienzo sectores que se identificaron con la lucha armada del Movimiento de Liberación Nacional-Tuparamos. Hasta ahí se trataba de los acuerdos habituales en la izquierda. Sin embargo, confluyó también la Democracia Cristiana (que en otros países, y en esos años, rechazó cualquier colaboración con la izquierda), y sectores desgajados de los partidos tradicionales, entre ellos destacados ex ministros como Zelmar Michelini, y grupos nacionalistas, o blancos, que abandonaron su partido en diversos momentos de los conflictivos años 60.

Sellar la unidad de semejante heterogeneidad, no fue sencillo. Fueron los comunistas quienes mostraron mayor flexibilidad para atraer aliados, cediendo en los puntos que provocaban más fricciones. La izquierda tuvo habilidad como para colocar a su frente –en un momento de gran polarización política con la guerrilla y los sindicatos- a un general de larga y destacada carrera en las fuerzas armadas: Liber Seregni. Desconocido hasta el momento en que fue proclamado como candidato a la presidencia por el Frente Amplio, Seregni mostró habilidades de estratega, priorizando la negociación y el diálogo por sobre la confrontación y el ensanche del espectro de alianzas sin medir las opciones ideológicas; actitudes que en su momento pudieron ser atacadas por excesivamente pragmáticas, pero que rindieron casi siempre buenos dividendos.

Sin embargo, fue la dictadura (1973-1985) la que selló la unidad de la fuerza recién nacida y buena parte de su legitimidad. A partir de la reinstalación de la democracia, la izquierda no sólo recuperó su legalidad sino un lugar muy destacado en el escenario político. La legitimación fue notoria a través del reconocimiento de sus dirigentes, que trascendió fronteras políticas e ideológicas, no sólo en el caso de Seregni, sino también de dirigentes tupamaros como Raúl Sendic, que soportó con entereza trece años de torturas y prisión en condiciones muy duras, pasando meses en aljibes con el agua hasta los tobillos. La dictadura consolidó la identidad de la izquierda, tanto a nivel de las bases como de los dirigentes, a través de una suerte de "pacto de sangre" que selló lealtades. En paralelo, los cambios políticos operados por las dictaduras, y luego profundizados por el neoliberalismo, fueron homogeneizando la variedad de estrategias y formas de lucha, que quedaron focalizadas en las elecciones y el cambio a través del acceso constitucional al gobierno.

La hegemonía cultural

Fue bajo el autoritarismo cuando la izquierda, como cultura de oposición y resistencia, se fue haciendo hegemónica en las principales manifestaciones culturales y de la vida cotidiana colectiva. Pese a la dura represión y la emigración masiva, la cultura de izquierda se conservó replegándose en el entorno familiar, donde perduró con fuerza y se recreó en base a solidaridades fuertes. En este punto, debe introducirse un breve paréntesis, ya que la peculiar historia del Uruguay está impresa de muchas maneras en la propia izquierda, pero a su vez es un factor clave para explicar su fuerza actual.

Uruguay no tuvo oligarquía, y fue gobernado desde comienzos del siglo XX por una "clase política" separada de la burguesía comercial, dominante en lo económico. La impronta de José Batlle y Ordóñez (el "batllismo"), dos veces presidente luego de 1904, arquitecto de una avanzada legislación social, de un Estado laico con vocación social y empresarial, y árbitro conciliador de las disputas sociales, generó un clima de paz y estabilidad. La baja densidad de población, el abrumador predominio de la población europea y la escasez de conflictos internos de envergadura a partir de la derrota, en 1904, de las episódicas insurrecciones rurales acaudilladas por los "blancos", pavimentaron el proyecto socialdemócrata. La homogeneidad étnica y sociocultural se tradujo en el predominio de una cultura de clases medias, que hizo de la educación su forma de ascenso social. La historia del país fue modelada por el "batllismo", aunque con el tiempo el Partido Colorado se convirtió en una suerte de "partido de Estado", y con ello apareció la corrupción, el clientelismo y formas diversas de autoritarismo, aún en democracia.

Al hundirse el país batllista luego del fracaso del modelo de sustitución de importaciones, hacia fines de los 50, la izquierda fue la heredera de aquel imaginario de progreso en paz e igualdad de oportunidades, con un Estado regulador y contenedor de las diferencias de clase. También puede decirse que sin la peculiar historia del "país batllista", no hubiera sido posible construir una izquierda unitaria, creíble para la inmensa mayoría de los uruguayos de todos los sectores sociales.

La izquierda consiguió la hegemonía cultural mucho antes de ser mayoría electoral. La Universidad estatal y el teatro son, desde hace más de medio siglo, baluartes no partidizados de una izquierda de capas medias. Hacia los 60, la cultura de izquierda era ya hegemónica entre los profesionales y los universitarios(2) . Con los años, la izquierda como sentimiento se fue haciendo mayoritaria en la música popular, en el carnaval y en las principales manifestaciones de masas, incluyendo a algunas destacadas estrellas del fútbol, que no ocultan sus preferencias por el Frente Amplio. La gestión municipal de Montevideo, desde 1990, donde reside la mitad de la población del país, contribuyó a afianzar y profundizar esa hegemonía cultural y social, sin la cual la izquierda no podría soñar con llegar a ser gobierno. Pero, ¿en qué consiste esa hegemonía? En que las ideas-fuerza que encarna el Frente Amplio (Estado social, gobierno honesto, soberanía nacional, justicia social, entre otros) se han convertido en el "sentido común" de los uruguayos de comienzos del siglo XXI.

Una red social de base

Desde sus primeros pasos, el Frente Amplio aportó una originalidad que será con los años una de las claves de su penetración en la sociedad: los comités de base, donde se agrupan militantes y activistas de todas las corrientes que lo integran. La tupida red de comités se convirtió en espacios de socialización, en los que se fue fraguando una identidad frenteamplista que subsumió las identidades previas de los sectores que lo conforman. Esta es una de las peculiaridades de la izquierda uruguaya: la unidad es mucho más que la suma de las partes, es "otra cosa", que marca diferencias con otros modelos y procesos.

La red capilar de la izquierda es impresionante. Hace dos años el Frente Amplio (FA) tenía 207.000 adherentes o afiliados, en un país de 3 millones de habitantes, o sea uno cada poco más de diez adultos(3). En las elecciones de 1999 el FA cosechó unos 800 mil votos, lo que supone que están "organizados" nada menos que uno de cada cuatro votantes y uno de cada diez electores. Actualmente hay unos 300 comités de base, pero en la transición democrática llegaron a existir unos 500 comités sólo en Montevideo (1,2 millones de habitantes), uno cada 2.500 habitantes. Una red semejante está en la base del sostenido crecimiento de la izquierda uruguaya, pero es además lo que le permitió permanecer y seguir adelante pese al fracaso del socialismo y a las sucesivas derrotas electorales.

Un hito trascendental para comprender el crecimiento de la izquierda, fue la aprobación en 1986 de la ley de caducidad (o ley de impunidad). Aprobada por blancos y colorados, sancionó que el Estado uruguayo renuncia a juzgar y castigar a los militares implicados en las violaciones de los derechos humanos. Para una población acostumbrada a vivir en un país donde todos eran iguales ante la ley, fue un mazazo. La reacción fue el nacimiento de un impresionante movimiento social para derogar la ley de impunidad, que se tradujo en la formación de unas 300 comisiones barriales en todo el país, integradas no sólo por frenteamplistas sino también por blancos y colorados progresistas. El debate nacional generado durante más de dos años en las redes sociales de base, rompió los límites políticos, sociales y geográficos de una izquierda que hasta ese momento estaba confinada a la capital. A partir de ese momento, y pese a la derrota del referéndum, arribaron al Frente Amplio nuevos sectores desgajados de los partidos tradicionales, que fueron recogidos en la sigla Encuentro Progresista, primero, y Nueva Mayoría, más tarde.

Para la izquierda fue posible frenar las privatizaciones y el neoliberalismo, otra peculiaridad del proceso uruguayo, no sólo a través de la movilización sino de la recuperación de la potente tradición estatista nacida con el batllismo. De ahí que el referéndum contra las privatizaciones de 1992 tuviera el 70% de respaldo, mientras la izquierda no llegaba aún al 30% de los votos. En pleno auge privatizador en todo el mundo, el "sentido común" de los uruguayos indicaba que era un mal camino. En cierto momento a lo largo de las dos últimas décadas, ese sentido común se fue volcando a la izquierda, que quedó a su vez como la única fuerza política capaz de ponerlo en movimiento.

Crisis neoliberal y acceso al gobierno

La crisis del neoliberalismo aceleró el fin de los gobiernos de la derecha, pero en realidad el triunfo de la izquierda era sólo cuestión de tiempo, ya que tendencias presentes en la sociedad, históricas pero también generacionales, fueron erosionando de forma irreversible la hegemonía de los partidos tradicionales.

La crisis económica de 2002, fue letal para la derecha. Una idea del tamaño del cambio en curso, es el desmoronamiento del Partido Colorado, que pasó en pocos años de más del 40% del apoyo popular a un raquítico 10% de las intenciones de voto. La recesión se instaló en Uruguay en 1999, de la mano del estancamiento de la economía argentina. Entre enero y julio de 2002 el riesgo país pasó de 220 a 3.000 puntos; la corrida financiera se llevó el 45% de los depósitos bancarios; el precio del dólar se duplicó y el producto bruto interno cayó a la mitad del de 1998. La desocupación trepó al 20% y el porcentaje de la población por debajo del índice de pobreza alcanzó el 40%.

En Uruguay la crisis del modelo no generó una situación de crisis política ni de desestabilización, y fue canalizada hacia el terreno electoral, en un país donde el Estado, aún debilitado, todavía funciona; donde la cultura política desplazó, hace mucho tiempo, el centro de gravedad de lo político-social a lo político- electoral.

¿Podrá esta izquierda cambiar el país? Depende qué entendamos por cambiar. Si se trata de gestiones estatales más honestas, más ordenadas y más favorables a los pobres, ello está fuera de duda. Si se trata de salir del neoliberalismo y contribuir a implantar un modelo de desarrollo más justo y equilibrado, parece dudoso que una izquierda moderada en un pequeño país muy endeudado, pueda gestionar cambios de rumbo de larga duración. La impresión es que todo dependerá de la relación de fuerzas regional –en particular de los papeles que decidan jugar Brasil y Argentina-, pero también de que el debilitado movimiento social -centrado aún en los trabajadores con empleo fijo-, consiga superar su crisis e incluir a los nuevos pobres, que son los más interesados en cambios radicales de largo aliento.

Notas:

(1) El Frente Amplio recogió íntegramente el programa de la Convención Nacional de Trabajadores, creada en 1964, y del Congreso del Pueblo, confluencia de más de 700 organizaciones sociales, que sesionó en 1965: nacionalización de la banca y el comercio exterior, no pago de la deuda externa, reforma agraria.
(2) Dos muestras de esta presencia son el semanario Marcha, uno de los más prestigiosos de América Latina; y la creación del colegio de médicos que fue bautizado, ya en 1920, como Sindicato Médico del Uruguay, que alentó el sistema mutual en la salud al que están afiliados desde hace décadas la mayoría de los montevideanos.
(3) Los "adherentes" pagan una cuota mensual y eligen las autoridades de su comité y del Frente Amplio; los comités de base se agrupan en coordinadoras zonales de las que existen 18 en Montevideo y otras tantas en el Interior. Las bases tienen delegados en el Plenario Nacional y la Mesa Política, órganos permanentes de dirección entre congresos.

entrevista a Raúl Zibechi
La izquierda apuesta a ser gobierno
Sergio Ferrari
Rebelión

En una Latinoamérica que no se cansa de dar sorpresas políticas y sociales, las elecciones generales del último domingo de octubre en Uruguay anticipan más novedades. De confirmarse las encuestas de mediados de mes, el Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría -que reúne a una quincena de corrientes, espacios y sublemas de izquierda- llegará al gobierno por primera vez en su historia. "Un momento muy particular" enfatiza en entrevista exclusiva Raúl Zibechi, periodista, analista y escritor. Responsable de la sección internacional del prestigioso semanario "Brecha" editado en Montevideo. Autor de varios libros sobre movimientos sociales, el último de los cuales se titula "Genealogía de la revuelta. Argentina: una sociedad en movimiento".
P: ¿A escasos días de las elecciones, cuáles son las previsiones?
R: Todas las encuestas colocan en un primer lugar muy cómodo al Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría. Las previsiones de voto de la candidatura de Tabaré Vázquez a la presidencia oscilan entre un mínimo de 46% hasta un 55% del electorado según las diferentes empresas de sondeo. Lo más destacado es que esta tendencia sigue consolidándose y en la mayoría de las encuestas Vázquez obtiene más de la mitad de los votos. El Partido Colorado, que postula a su ex-ministro del interior Guillermo Stirling, se acerca al 10%, lo que implicaría una verdadera debacle para un partido que gobernó durante más de un siglo. El Partido Nacional, cuyo candidato es el senador Jorge Larrañaga, ex alcalde de la ciudad de Paysandú, cuenta con un 32% de las intenciones de voto. O sea, puede darse prácticamente por seguro que Vázquez será el próximo presidente de los uruguayos.
 
P: En un país conocido por su alta cultura política, ¿ha habido una discusión programática de fondo durante el proceso pre-electoral?
R: Una campaña electoral nunca es el mejor momento ni el ambiente más propicio para debatir cuestiones de fondo. De todos modos, hay diferencias marcadas así como perfiles y propuestas diversas. El Colorado se presenta como el partido de la ley y el orden, así lo dicen algunos de sus anuncios publicitarios, y sostiene que gracias a su gestión en el actual gobierno se pudo superar la crisis económico-financiera de 2002. Los nacionalistas toman distancias del gobierno - en el que participaron durante la mayor parte del tiempo-, ya que su gestión fue muy mala. Hay que recordar que el país redujo su Producto Interno Bruto a la mitad, la deuda externa es superior al producto anual y la desocupación trepó hasta niveles históricos. La izquierda, por su parte, propone dos ejes básicos: honestidad - transparencia y volver al Uruguay productivo.
 
P: Hemos hablado de los partidos en disputa. ¿ Cuál es el perfil de los candidatos mismos?
Stirling, el oficialista, representa el continuismo con las políticas neoliberales y con el tipo de gestión estatal autoritaria hipercentralizada. Larrañaga, el más joven de los tres, expresa una cierta renovación de su partido sobre todo del interior del país, con una cultura más descentralista, pero sin ideas nuevas en lo económico. Vázquez es la síntesis de la izquierda uruguaya: profesional médico, busca cambios con moderación. Es un excelente comunicador y el único candidato limpio, en el sentido que no estuvo implicado ni en corrupción, ni en autoritarismo, ni en las gestiones económicas que destruyeron el país. Ha sido una constante en los últimos gobiernos de coalición de nacionalistas y colorados los escándalos de corrupción.
 
P: ¿ Qué significaría en concreto una victoria de la izquierda?…¿Y una eventual o inesperada derrota…?
R: Mirado en perspectiva, creo que en el corto plazo no habrá grandes cambios. Si la izquierda no gana, seguiría la sangría de la emigración, se agravarían los problemas sociales y sobre todo la desesperanza. No olvidemos que Uruguay es el tercer país del mundo en índice de suicidios y el primero de América Latina. Los cambios , a corto plazo, vendrán por el lado de una mejor gestión, más ordenada y transparente, a partir de la voluntad política de distribuir recursos hacia los más pobres, el 30% de la población y el 60% de los niños. De todos modos, el futuro de un país tan pequeño y tan endeudado, dependerá en gran medida, a mediano plazo, de lo que suceda con los gobiernos de Argentina y Brasil, países de los cuales somos muy dependientes.
 
P: Antes de entrar a la temática geopolítica…¿ la izquierda podría gobernar sola o debería, como en el caso del PT brasileño, establecer alianzas con fuerzas de centro o derecha?
R: La izquierda tendrá mayoría parlamentaria de modo que no necesita hacer alianzas. Hay acuerdos con sectores sociales como los productores agropecuarios, y algunos industriales, con la intención de reactivar la producción, especialmente en los rubros vinculados a la exportación. Hay propuestas de generar agroindustrias, que pueden ser dinamizadoras del sector, ya que el mercado interno es pequeño .
 
P: ¿Una victoria del Frente Amplio traería algo distinto y novedoso con respecto a lo que vive Brasil luego de la victoria del PT?¿ Podría implicar un concepto-proyecto innovador?
R: No creo. Las diferencias entre los gobiernos progresistas de América Latina son de matices. Diría que entre Lula (Brasil), Néstor Kirchner (Argentina) y Ricardo Lagos (Chile), hay muchas más cosas en común que diferencias. Otra cosa es Venezuela, donde la dinámica es muy particular y hay una clara tensión para salir del modelo neoliberal. Hace pocos días, Tabaré Vázquez dijo que su gobierno tomaría como referencias a los de Lula y Lagos. No mencionó a Kirchner, quizá para no irritar a las clases medias.

P: ¿Qué repercusiones tendría una victoria de la izquierda uruguaya para América del Sur y América Latina en su conjunto?
R: Consolidaría el polo de gobiernos que rechaza el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas) y que procura establecer relaciones menos dependientes con Estados Unidos y la Unión Europea. También es posible que estos gobiernos fortalezcan el Mercosur (acuerdo económico regional) , que está atravesando un momento difícil. En todo caso, América Latina, y en concreto Sudamérica, atraviesan una situación compleja. Se vive un equilibrio muy inestable por la permanente incidencia de Estados Unidos que ha hecho pie en Colombia, y desde allí presiona sobre toda el área andina, Venezuela, Bolivia, Perú y Ecuador. Además, Washington tiene una relación muy privilegiada con Chile, que pese a tener un gobierno de izquierda ha sido muy pro- estadounidense. Por otro lado, sólo Venezuela empuja con fuerza para re-equilibrar estas presiones, acompañada por Brasil, quien sin embargo tiene intereses más globales, que trascienden el continente. En este contexto, la posible reconstrucción del Mercosur jugaría un papel importante.
 
P: El tema de las relaciones entre movimientos sociales y partidos políticos y poder estará bien presente en enero próximo en el 5to. Foro Social Mundial de Porto Alegre. ¿La actual dinámica uruguaya podrá aportar sensiblemente a este debate? ¿ Cuál es el estado actual de los movimientos sociales en Uruguay?
R: Es un tema difícil y complejo. Las relaciones entre movimientos y gobiernos de izquierda no han sido buenas. En Ecuador, muy malas. En Brasil regulares, en Argentina navegan entre la cooptación y la movilización. En Uruguay, los movimientos pasan por un período de debilidad. El movimiento obrero está muy golpeado por la desocupación y por que no ha sido capaz de organizar a los "sin", es decir los sin trabajo, los sin tierra, etc. como sucede en otros países del continente. De todos modos, la fuerte tradicion sindical y organizativa que tenemos puede jugar a favor de una reactivación de las organizaciones populares. Pero habrá que esperar, no soy muy optimista en el corto plazo.
 
P: Para concluir: el tema de la recuperación de la memoria colectiva adquiere una importancia significativa en toda América Latina . ¿En qué medida esa temática también está presente o marcará la eventual victoria de la izquierda uruguaya?
R: El ejemplo de Argentina debería servirnos de estímulo, en el sentido que se pueden revisar leyes injustas del pasado (en Uruguay se aprobó una ley con voto popular que otorga impunidad a los militares genocidas), sin que haya ningún problema político de desestabilización o peligro de golpismo. Pero esto va a depender más que del gobierno, de la presión que haga la gente. Los argentinos dicen que la dictadura terminó efectivamente el 19 y 20 de diciembre del 2001, cuando la gente salió a la calle a pesar del Estado de Sitio, perdiendo el miedo. Ojalá que el gobierno de la izquierda represente, en lo simbólico, el fin de nuestra dictadura, el fin del miedo que aún hoy nos paraliza y hace que miles de jóvenes se vayan del país. Con sólo eso, ya habría valido la pena.
 
COMO RELANZAR LA "SUIZA DE AMÉRICA"…

Tal como lo subraya el periodista Raúl Zibechi el aparato productivo del Uruguay, la otrora Suiza de América, "está deshecho". Y agrega que " la crisis social es más honda que la de Argentina, aunque menos visible por la presencia que aún mantiene el Estado uruguayo". Algunos datos son ilustrativos de este país de 176 mil kilómetros cuadrados y cerca de 3.4 millones de habitantes: la emigración en las últimas décadas del 20%; más del 60% de la población activa realiza tareas informales, está desocupada o subocupada; el salario mínimo es el más bajo de la región con unos 50 dólares por mes. Casi un 25% de los habitantes de Montevideo vive en asentamientos irregulares ya que perdieron sus viviendas. "Estas cifras dan una idea del terrible costo social que impuso el neoliberalismo en Uruguay", enfatiza el Responsable de Internacionales de "Brecha". Datos del último Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD) certifican ese deterioro acelerado. Mientras que, pese a la profunda crisis, Argentina logró mantenerse en el puesto 34, Uruguay pasó al sitio 46, luego de ocupar el 29 en 1990.
 
Con este marco de fondo, la reactivación productiva y el aumento del crecimiento económico anual -por el momento el más bajo de toda la subregión- aparecen como desafíos esenciales. La gran pregunta que se presenta de cara a las elecciones, es ¿ con qué modelo y proyecto de puede lograr la reactivación? Por el momento, los principales dirigentes frenteamplistas se preocupan por tranquilizar al mundo financiero internacional y sus instituciones. Tal como lo señala Zibechi en un reciente análisis publicado en ALAI (Agencia Latinoamericana de Información) Tabaré Vázquez anticipó que Danilo Astori será su ministro de economía en caso de ganar las elecciones. Luego de ofrecer sin éxito dicha cartera a Enrique Iglesias, economista uruguayo que preside el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En recientes declaraciones de prensa, Astori - quien se considera discípulo de Iglesias- salió en defensa del Fondo Monetario Internacional, porque "no impone recetas y analiza resultados esperados y su consistencia con el programa ofrecido" y destacó la preocupación tanto del Banco Mundial como del BID por "los temas sociales"

Entrevista con Ernesto Herrera (Corriente de Izquierda)
La izquierda radical a contramano de lo “posible”
 
Uruguay se encuentra en vísperas de una elección nacional decisiva. Tabaré Vázquez, derrotado en otras ocasiones, esta vez se encuentra adelante en todas las encuestas y muy probablemente sea el vencedor. Allá como aquí, la “izquierda ha rebajado su programa y ampliado las alianzas hacia la derecha. Las analogías posibles con la situación brasilera son muchas." La revista Marxismo Revolucionario Atual buscando comprender un poco mejor lo que ocurre en el subcontinente, entrevistó al compañero Ernesto Herrera, militante uruguayo y dirigente de la Corriente de Izquierda, una de las fuerzas que componen el Frente Amplio.
MRA: Todo indica que la victoria electoral está vez es inevitable...
Es lo más probable. Las últimas encuestas le asignan al Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría (así se presenta la alianza electoral) una ventaja que puede ser decisiva para ganar ya el 31 de octubre, es decir, en el primer turno.  Tabaré Vázquez (Encuentro Progresista) supera el 50% de la intención de voto; Jorge Larrañaga (Partido Nacional) tiene un 32%; y Federico Stirling (Partido Colorado) un 11%. Igualmente hay que manejarse con cierta prudencia todavía, porque el tramo final de la campaña electoral recién comienza y no se puede descartar un segundo turno donde las cosas se complicarían.
 
De todas maneras y considerando la hipótesis más probable, la izquierda alcanzaría luego de varios intentos frustrados, el gobierno nacional…
Es cierto, nadie piensa que Tabaré Vázquez pueda perder. Esa es la percepción general en el movimiento social, en las organizaciones sindicales y estudiantiles, en los barrios populares, en la clase media descontenta y, sobre todo, en la militancia de los partidos de izquierda. También entre las clases propietarias y los medios de comunicación controlados por los poderes económicos. Incluso instituciones financieras internacionales como el FMI y el BID asumen esta realidad, por eso ya se ha realizado varias reuniones con los asesores económicos de Tabaré Vázquez.

Ahora, se debe matizar lo de izquierda, las palabras tienen su significado y es mejor no entreverlas. Toda la propuesta programática del “cambio posible” se presenta bajo el signo progresista y a la alianza político-electoral como de centroizquierda. El discurso de las figuras principales del Encuentro Progresista y el Frente Amplio ha sido el de diferenciarse de lo que entendemos por izquierda en el más estricto sentido del término, y de tomar distancia de todo aquello que pueda identificarse con protesta y rebeldía social, lucha de clases y manifestación de anti-imperialismo.
 
Pero un triunfo de Tabaré Vázquez tendrá un impacto fuerte sobre el sistema político…
Derrotar a la derecha y alcanzar el gobierno nacional es un acontecimiento trascendente, porque será un golpe letal para un bipartidismo burgués en pleno proceso de descomposición y esto tendrá consecuencias sobre los puestos de mando ejecutivo del Estado capitalista.

Por ejemplo, que se anuncie que un dirigente histórico de los tupamaros (como el senador José Mujica) pueda ser el ministro de Producción y Desarrollo, o que algunos dirigentes socialistas, comunistas, y hasta sindicalistas, ocupen funciones de gobierno o asuman parte de los 3 mil “cargos de confianza” que hay en el Estado, son señales que un cambio en el sistema político va a ocurrir. Pero todo esto se inscribe en la idea de un recambio sin ruptura. La campaña electoral -prácticamente sin movilizaciones de masas- anticipa el tipo de gobierno que se propone. El “cambio posible” está vinculado a la “superación de la pobreza”, a revertir “el estancamiento del país”, al “tránsito pacífico”, y a la identificación con las “tradiciones democráticas y progresistas” que impactan sobre todo en el “ciudadano de centro”. No se pueden confundir las cosas: nada de esto modifica lo esencial de la naturaleza del régimen de dominación, aún si aceptamos la tesis que un triunfo progresista puede abrir una fase de relativa inestabilidad en términos políticos como consecuencia del propio recambio en el personal gobernante del Estado capitalista.
 
Entonces no coincides con otras opiniones de la izquierda de que un gobierno progresista podría concebirse como “una derrota histórica” de la derecha política y el neoliberalismo…
En el Frente Amplio se acuño el concepto de “lealtad institucional” (en su momento, la Corriente de Izquierda fue la única organización frentista que se opuso a esto).  La conclusión es muy simple; el “respeto irrestricto” a todas las reglas de juego de la “democracia representativa”. El eje central de la propuesta progresista es asegurar que ese “cambio posible” se realice en un cuadro de “gobernabilidad democrática” que sea capaz de encauzar eventuales desbordes sociales,  reducir las demandas de tipo “corporativista”, y desarticular cualquier movimiento de superación de la democracia liberal.  

Es cierto que los políticos más conservadores y reaccionarios quedarán afuera del gobierno. Pero la estrategia del progresismo incluye la formación de un gobierno de coalición con fracciones y dirigentes de los partidos burgueses, con capas significativas de las clases propietarias. Y la estrategia de alianza con fracciones de la burguesía es vital para sostener el proyecto de “Uruguay productivo” que está basado en la idea de una amplia “concertación para el crecimiento”. Por eso, se aceleran los pasos para establecer mecanismos de negociación que aseguren la paz social entre patrones y trabajadores. Si a esto le agregamos la crisis política de los partidos de la derecha, se puede entender mejor por qué ya no existe un veto de las elites burguesas, ni de los militares, ni del imperialismo, a un eventual progresista. Entonces, de ninguna manera se puede hablar de una “derrota histórica” de la derecha, es una exageración.
 
¿Tampoco se puede hablar de una victoria popular entonces?
En un aspecto sí, porque la inmensa mayoría del movimiento popular, de los trabajadores, los desempleados, los militantes de la izquierda, los jóvenes,  las organizaciones de derechos humanos, lo sentirán como un triunfo político propio, lo asumirán como el resultado de una larga historia de acumulación de luchas obreras, estudiantiles, de movilizaciones democráticas, de resistencias antineoliberales…

Pero no sería responsable decir que estamos ante un paso adelante en la conciencia democrática radical, antiimperialista o anticapitalista, menos todavía que se han modificado las relaciones de fuerzas entre trabajo y capital. Y es muy discutible afirmar que una victoria del Frente Amplio puede abrir una dinámica en dirección a la agudización de la lucha de clases. Hay que tratar de distinguir. Es verdad que hay una capa de militantes y luchadores sociales que sienten que llegó “la hora del pueblo”, de las trasformaciones, y que ven la conquista del gobierno como una vía de aproximación al poder…como en la estrategia de revolución por etapas en los años ´60 y ´70. Esta idea está presente todavía y atraviesa a las diferentes organizaciones frentistas…incluso muchos militantes tupamaros creen que la derechización de sus principales dirigentes y la propuesta de alianza con la “burguesía nacional” es una simple operación de maquillaje para ganar las elecciones.

Sin embargo, hay otras cuestiones a considerar, como por ejemplo, que casi el 40% del actual electorado del Frente Amplio se considera “demócrata de centroizquierda”, que el componente obrero, clasista, es mucho menor en la estructura frentista, y que las posiciones “moderadas” se impusieron ampliamente en el último Congreso del Frente Amplio (diciembre 2003). Todo ello favorece la estrategia del “cambio posible”.
 
En términos de programa de gobierno ¿se proponen cambios sustanciales?
El carácter de centroizquierda de la alianza EP-FA-NM, sepulta toda relación con el programa fundacional del Frente Amplio en 1971. Un programa democrático, antioligárquico y antiimperialista, que sin definirse socialista adquiría (en el cuadro de una coyuntura pre-revolucionaria nacional y regional) una dinámica anticapitalista. Las 30 medidas de gobierno del ´71 tenían, en ese sentido, el mismo carácter que las 40 medidas de la Unidad Popular en el Chile de Allende.

La reforma agraria, la nacionalización de la banca, el monopolio estatal del comercio exterior, el no pago de la deuda externa, por ejemplo, fueron borrados del mapa. Hoy, ni siquiera está planteada la eliminación del secreto bancario, ni una reforma tributaria radical que metan la mano en las ganancias capitalistas y las grandes fortunas, y tase el movimiento del capital financiero-especulativo. No se plantea una ruptura con el núcleo duro de la matriz neoliberal, ni con los condicionamientos que vienen de las instituciones financieras internacionales. Se van a seguir respetando los compromisos que imponen las Cartas de Intención y el superávit primario del FMI, el pago de los intereses de la deuda externa (que significan el 35% de lo que el país exporta), el mantenimiento de las AFPS (fondos de pensión privados) y la “reforma” del Estado. Hay que tener en cuenta, además, que el anuncio sobre quien será el ministro de Economía (Danilo Astori, senador y economista del ala social-liberal del FA] se hizo nada menos que en Washington.

El programa del progresismo no es una amenaza para los capitalistas. El impuesto a la renta de los ricos como mecanismo de “redistribución de la riqueza” se piensa aplicar tan gradualmente que probablemente no tenga ningún resultado; no habrá un “salariazo” para recuperar el ingreso confiscado, y ni siquiera se propone eliminar los impuestos a los salarios y jubilaciones o rebajar el IVA (que hoy es del 23%). Incluso, unas semanas atrás, la dirección del Frente Amplio se negó a votar un porcentaje de aumento del salario mínimo (actualmente de 75 dólares) para el caso de ganar el gobierno.

La únicas medidas que aparecen como distintas en el libreto, son un Plan de Emergencia Social, y la de utilizar parte de las voluminosas ganancias de las AFAPs para un plan de viviendas como forma de reactivar el empleo. Hay planteos de aumentar la inversión en salud y en educación, pero no se arriesgan medidas concretas. Tanto las resoluciones políticas del II como del III Congreso de la Corriente de Izquierda (2001 y 2002) definieron la naturaleza del programa frentista como un “reformismo sin reformas”: es decir, sin las reformas estructurales necesarias para revertir el proceso de desnacionalización y privatización de la economía. Esa definición es más válida que nunca.
 
De esto que tú dices ¿se puede concluir en que habrá un continuismo neoliberal como en el gobierno Lula, y que el proceso privatizador se profundizará?
Habrá como un neoliberalismo mitigado, donde la “justicia distributiva” se focalizará en los “sectores vulnerables” penalizados y excluidos. El Plan de Emergencia Social, por ejemplo, apunta a “reorientar las prioridades sociales” en un sentido compensatorio y asistencialista. Y ese Plan se piensa financiar con parte de la renta que dejan las empresas públicas y con “préstamos sociales” que el BID ya se comprometió a conceder. Pero insisto, no habrá ruptura con un modelo que cobija la guerra social del capital contra el trabajo, destruyendo conquistas y derechos, desestabilizando a los que tienen empleo estable, enfrentando a los “privilegiados” (trabajadores públicos) con trabajadores del sector privado y/o “informales”,  fracturando cohesiones y lazos sociales colectivos.

Se habla mucho de recuperar el rol “regulador” del Estado, de “retomar el control soberano de las decisiones” y restablecer el papel social y “protector” del Estado, pero esto choca con la barrera de la mundialización capitalista, con las condiciones que imponen las instituciones financieras internacionales. Y un gobierno progresista no se plantea interpelar ninguna de esas condiciones.

En cuanto al proceso privatizador, creo que habrá algunas diferencias respecto a lo que ocurre en Brasil. Los gobiernos del Partido Colorado y del Partido Nacional no consiguieron aplicar una agenda neoliberal en términos de privatizaciones como en otros países de América del Sur, entonces no tenemos una “herencia maldita” en este terreno. Hubo tercerizaciones, concesiones, flexibilización laboral, pero el proceso de grandes privatizaciones ha sido más lento. Y en esto jugó un papel central la resistencia y la movilización popular. Hay que recordar que se organizaron y se ganaron dos Referéndum (diciembre de 1992 y diciembre de 2003) que impidieron las privatizaciones de las grandes empresas públicas (telecomunicaciones, electricidad, petrolera),  y que el próximo 31 de octubre también se vota un Plebiscito que incorpora a la Constitución un artículo prohibiendo la privatización del agua o cualquier tipo de concesión a empresas privadas en esa área. Esto pone un límite a cualquier intento de avanzar en el desmantelamiento de las empresas estatales. En este sentido, la resistencia social ha sido muy radical y la conciencia popular es muy fuerte: bastaría decir que Uruguay (junto con Argentina) es el país de América del Sur donde las privatizaciones tienen un índice de rechazo más elevado.

Evidente, no se puede descartar a priori absolutamente nada, ni siquiera un curso tan descaradamente neoliberal como el de Lula, pero lo que digo es que aquí existen algunos límites difíciles de franquear. Tanto Tabaré Vázquez como algunos de sus asesores económicos contemplan la posibilidad de “asociar” a las empresas públicas con capitales privados (sobre todo extranjeros), incluso Danilo Astori y otros dirigentes del Encuentro Progresista son partidarios de eliminar el status de inamovilidad de los funcionarios públicos, pero eso no podrán hacerlo sin tener que enfrentar una gran resistencia con los trabajadores. Es más, una iniciativa de esa naturaleza generaría un conflicto con las direcciones sindicales y de la central obrera (PIT-CNT) porque casi un 65% de los afiliados sindicales son empleados públicos, y la alianza con las  direcciones sindicales colaboracionistas es decisiva para garantizar la paz social.
 
Los gobiernos de Argentina y Brasil ven con simpatía la posibilidad de un gobierno de Tabaré Vázquez…
Sin duda. Un gobierno progresista tendrá los flancos bien cubiertos en la medida que los gobiernos de Kirchner y Lula son afines por razones ideológicas, y por razones de geopolítica regional.  Un gobierno del Encuentro Progresista, refuerza la percepción de mucha gente sobre un Mercosur “antineoliberal” en condiciones más favorables para negociar con Estados Unidos el ALCA y con la Unión Europea…aunque el reciente acuerdo comercial firmado entre el Mercosur y la Unión Europea es tan malo como el ALCA. Pero se trata de negociar los términos de la dependencia, no más.
 
Uno de los rasgos distintivos del Frente Amplio, era el de su organización de base territorial, participativa, que ejercía un control sobre la dirección ¿eso se mantiene?
Todo el reciclaje ideológico-programático vino acompañado por un elemento clave: el vaciamiento y la desnaturalización de los Comités de Base. Esos Comités, instalados en barrios, obras, fábricas, centros de estudios y círculos intelectuales, fueron en su inicio la verdadera columna vertebral del Frente. Actuaron como organizadores, agitadores y propagandistas; como la incipiente experiencia de una democracia participativa desde abajo, donde la reflexión y los debates en estado de asamblea no paralizaban sino, por el contrario, fortalecían una acción política y social de confrontación. En tal sentido, los Comités de Base del Frente Amplio fueron hermanos gemelos de los Comités de Unidad Popular en Chile.

Nada de eso existe hoy. Tanto los Comités de Base, las Coordinadoras y el Plenario Nacional, son una caricatura funcional a lo que ya viene cocinado desde la cúpula cerrada que manejan Tabaré Vázquez y la bancada parlamentaria. La estructura orgánica es un pesado aparato burocrático, donde la democracia brilla por su ausencia y en la cual la militancia más dinámica, joven, combativa e involucrada con las luchas sociales, directamente no participa.
 
¿Cuáles son las fuerzas mayoritarias hoy en el Frente Amplio?
El Movimiento de Participación Popular (una alianza de los tupamaros con sectores de izquierda nacionalista y fracciones burguesas que rompieron con los partidos tradicionales de la derecha), y el Partido Socialista (que integra la socialdemocracia internacional y que se referencia con el PSOE y el PS francés). Luego vienen Asamblea Uruguay y la Vertiente Artiguista (que son una mezcla de social-liberalismo, tercera vía y socialdemocracia).
 
¿El Partido Comunista continúa teniendo un peso importante?
Está muy debilitado. Mantiene una implantación considerable en los sindicatos y en algunos barrios populares. Recientemente, tuvo una crisis interna que llevó a la escisión de su organización juvenil que hoy vacila entre apoyar a la izquierda radical o directamente no participar en las elecciones. La escisión respondió a que el PC ha venido acompañando la estrategia de las fuerzas mayoritarias del Frente Amplio.

En este cuadro que tú describes, me imagino que la situación de la izquierda radical será muy difícil…
La izquierda radical se encuentra a la defensiva, en abierta dispersión, y enfrenta un escenario donde la acumulación revolucionaria –como eje de delimitación en el campo de la lucha de clases-  debe ser (re)pensada y (re)organizada. Está en un verdadero laberinto. A contramano de lo “posible”. Y existen dos tipos de peligros: adaptarse a la presión triunfalista del progresismo (para no quedar a la intemperie) o por el contrario, replegarse a la espera del “desengaño” que generaría una experiencia “reformista” en el gobierno. Además su visibilidad electoral es mínima; si contamos al Movimiento 26 de Marzo (castrista, marxista-leninista) y a la Corriente de Izquierda como las fuerzas más expresivas de la izquierda radical, alcanzan el 3% de la votación del Frente Amplio. Eso ni siquiera asegura la elección de un diputado nacional.
 
¿Existe una coordinación o acuerdos programáticos unitarios de esta izquierda radical en el Frente Amplio?
Muy poco. Apenas un acuerdo puntual en lo que aquí se llama “acuerdo técnico” para acumular votos que, bajo el lema “Por un país soberano”, se incluyen la moratoria y la auditoría de la deuda externa, la eliminación del secreto bancario, la eliminación de las AFPs, y la derogación de la Ley de Impunidad al terrorismo de Estado bajo la dictadura militar (ley que un gobierno del Encuentro Progresista piensa mantener). La Corriente de Izquierda por su parte, propone una Ley de Iniciativa Popular donde se establecen derechos económicos, sociales y democráticos para los trabajadores. Pero no se puede decir que haya una coordinación ni un acuerdo programático claro, por ejemplo, en la Convención Nacional del Encuentro Progresista (junio 2004), la Corriente de Izquierda votó en completa soledad contra la propuesta de programa de gobierno.
 
¿Y el momento de la Corriente de Izquierda?
Hay que poner las cosas en su justo término. La Corriente de Izquierda es una pequeña organización, con varios centenares de militantes implantados en todo el país y en los principales movimientos. Es una fuerza política muy activa en todas las luchas sociales. Pero no deja de ser una fuerza muy minoritaria. Inclusive a un escala electoral, donde puede tener un techo de 10 mil votos…poco más, poco menos. Al mismo tiempo, sufre de los dos peligros que antes te señalaba. En tal sentido, no se puede ocultar que atravesamos por una crisis en la perspectiva de acumulación y de incertidumbres en cómo orientarnos en esa necesidad de reorganizar a las fuerzas revolucionarias.
 
Por fuera del Frente Amplio ¿existen fuerzas significativas de izquierda radical?
Sobre todo en movimientos sociales como el de los derechos humanos, ollas populares, organizaciones juveniles, y algunos sindicatos clasistas. Allí se amplifican las prácticas contestarias y de críticas a la izquierda institucionalizada. Se trata de sectores que toman como referencia -aún de manera confusa- otras experiencias latinoamericanas: el zapatismo, los piqueteros, las asambleas barriales, los movimientos insurrecciónales bolivianos, los sin tierra de Brasil. Muchos de estos militantes han participado junto a la izquierda frentista de los Foros Sociales Mundiales en Porto Alegre y en los Foros Regionales, en las campañas antiimperialistas contra la guerra, contra el pago de la deuda externa y el ALCA, en los movimientos de solidaridad con Cuba y Venezuela, contra el Plan Colombia.
 
Todos los análisis e informaciones sobre la situación económica, coinciden en que hay una cierta recuperación, pero que la crisis social es muy grave…
La “recuperación” está basada, en lo fundamental, en una coyuntura internacional favorable para los precios de las exportaciones de carne, lana, lácteos. El sector agro-exportador viene acumulando ganancias cada vez mayores. Esto da la sensación que la crisis económico-financiera de 2002 fue superada. Pero no es verdad, y no solo porque el “efecto derrame” nadie lo percibe. La crisis socio-económica es de una brutalidad aplastante. Más de 850 mil  personas viven en la pobreza (la población total del país es 3 millones 200 mil); el 54% de los niños viven en hogares pobres, y la indigencia se ha multiplicado por tres desde 2002. Los desempleados son 200 mil y los trabajadores precarios 550 mil, en una población económicamente activa de poco más de 1 millón 300 mil. Mientras que el salario real cayó casi un 30% en dos años. Es evidente que en este cuadro desolador, el Plan de Emergencia Social del progresismo no resuelve el problema del empobrecimiento general de la población. Y que apenas se trata de llevar un paliativo a los sectores “más cadenciados”.
 
¿Esta situación de crisis ha generado una respuesta, una resistencia social?
En este proceso de crisis, la resistencia popular ha sido muy amplia, prolongada, desarrollando una multiplicidad de luchas, demandas, y formas de organización y auto-organización. Desde los sindicatos, las cooperativas de vivienda, los desempleados, estudiantes de los liceos, y los movimientos barriales. Pero ha sido una resistencia fragmentada. De todas maneras, si bien atravesamos un período de lucha defensiva, la brutalidad de la ofensiva burguesa y el desastre socio-económico causado, genera condiciones para desarrollar una potencialidad revolucionaria en capas significativas del movimiento obrero, popular, juvenil.

Capas de luchadoras y luchadores sociales que asumen concientemente, la necesidad de romper con la lógica del pacto social, del “país productivo” y, en definitiva, con la lógica de reducir la protesta social a la defensa de las “conquistas parciales” tal cual lo pregona el reformismo. Seguramente, la mayoría de estas y estos luchadores sociales votarán al progresismo como una forma combinada de voto castigo-voto útil para desalojar a la derecha burguesa del gobierno. Pero esto no significa una aprobación de la política progresista, ni un cheque en blanco, ni ilusiones sobre cambios sustanciales bajo un gobierno de Tabaré Vázquez. Por el contrario, esta capa de militantes y organizadores populares, agitadores sociales, y cuadros políticos radicales, inscriben su voto castigo-voto útil en el marco de una continuidad y profundización del proceso de resistencia y acumulación revolucionaria. Es en estas capas de luchadores y luchadoras sociales que una izquierda radical debe actuar. No para imponer elaboraciones o “línea” desde fuera, ni para constituirse en una espacie de estados mayores que conducen a las tropas al combate. Porque es decisivo el respeto de las fuerzas socialistas revolucionarias de la autonomía de los movimientos sociales en lo que se refiere a su capacidad de definir los pasos y los objetivos del enfrentamiento con las clases propietarias y el programa neoliberal.
 
¿Se discute la posibilidad de una ruptura de la izquierda radical con el Frente Amplio?
En voz baja por ahora. En algunas franjas de militantes empieza a mirarse con más atención la experiencia que dio origen a la constitución del P-SOL en Brasil, luego de la capitulación de Lula y la debacle de la “izquierda” petista. Otros dicen: “nos quedamos hasta que nos echen”. Pero sí, indudablemente, el horizonte de una ruptura está colocado y no como algo de largo plazo. En la Corriente de Izquierda, por ejemplo, muchos compañeros ya coincidimos en que la dirección del Frente Amplio es irrecuperable (desde hace bastante tiempo), no ya para un programa anticapitalista, sino para uno de reformas más o menos profundas, y que el proceso de derechización responde, entre otras razones, a la ausencia de una alternativa fuerte por izquierda. Es decir, a la incapacidad de tomar iniciativas y disputar relaciones de fuerza. Esta cuestión estará en la agenda de nuestro IV Congreso Nacional cuya fecha será fijada luego de las elecciones.
 
Montevideo 1º de octubre 2004
* Miembro de la dirección nacional de la Corriente de Izquierda (CI), reagrupamiento radical en el Frente Amplio. Editor del boletín electrónico Correspondencia de Prensa. Co-autor junto a Charles-André Udry de “América Latina: crisis continental y construcción de alternativas radicales”, enero 2004.
 
Pronunciamientos
 
Entrevista a tupamaro José Mujica
 
Entrevista a Raúl Sendic (Movimiento 26 de Marzo)
 
Entrevista a Hugo Cores, (Partido por la Victoria del Pueblo)
 
Entrevista a Jorge Zabalza (exdirigente tupamaro)
 
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