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Asunto:[AndaluciaLibre] nº 317 - Andalucía, Balance y perspectivas
Fecha:Sabado, 24 de Febrero, 2007  02:26:33 (+0100)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nº 317
 
Ahora y siempre; Más que nunca
 ¡Viva Andalucía Libre!
 

 Andalucía, tras el Referéndum del Estatuto

Balance y Perspectivas

Andalucía Libre

 

A la hora de redactar este balance del Referéndum estatutario del 18 de Febrero no hemos querido participar en una carrera contra el tiempo. Hemos dejado expresamente pasar unos días para que pudiera comprobarse cuan pronto un acontecimiento de esta entidad comenzaba mediática y políticamente a disolverse en el olvido.

 

En este punto, hemos de advertir que de entre las múltiples reflexiones o lecturas que pueden sustentar los resultados del 18-f, hemos seleccionado y destacado conscientemente aquellas que nos parecen políticamente más sustantivas desde una perspectiva de izquierda independentista andaluza; aún a costa quizá de desequilibrar un tanto el trazo del cuadro resultante a ojos ajenos o extranjeros. Esta opción es consecuencia de nuestro compromiso militante. Siendo hoy Andalucía Libre sólo un mero boletín, también hemos querido exprimir las potencialidades de esta condición, expresándonos con plena libertad, como siempre, bajo nuestra exclusiva responsabilidad.

 
 
El Estatuto y la abstención

 

El referéndum del 18 de Febrero ha supuesto la aprobación definitiva de la Reforma  del Estatuto de Autonomía para Andalucía; un estatuto que hemos denominado de la Dependencia y cuyo significado y contenido político hemos combatido. Será el Estatuto legalmente vigente en próximos días. Este resultado supone una derrota política, nacional y de clase; para Andalucía y para la izquierda andaluza.

 

Es una derrota, primero, porque bajo un Estatuto que valorábamos negativo se regulará el destino de nuestro país durante años. Segundo y  también, por la forma en que se ha producido su aprobación.

 

Veamos los datos.

 

El Estatuto andaluz, apoyado por PSOE, PP y PCE-IU, se ha refrendado con un 63,72% de abstención. Sólo ha votado el 36,28% del censo; menos aun que los que lo hicieron en 2005 en el plebiscito sobre la Constitución europea (40,30%). El porcentaje de participación ha sido inferior al del Estatut catalán de 2006 (49,4%) y sólo superior al del refrendo del Estatuto de Galicia de 1980, en el que sólo votó el 28,2%.

 

Con un censo que sumaba cerca de millón y medio de electores más que su precedente de 1981 –cuyo referéndum tuvo un 53,49% de participación- el nuevo Estatuto ha recibido incluso en cifras absolutas, 272.711 votos afirmativos menos que el que viene a sustituir. Los 1.899.860 síes -el 87,45% de los votantes- sólo representan el 31,42% del censo; 341.620 votos menos que los obtenidos sólo por el PSOE –una de las tres fuerzas parlamentarias impulsoras- en las ultimas elecciones autonómicas de 2004.

 

Los resultados del 18-f ofrecen pues un déficit de legitimidad potencial. Pueden constituirse en un futuro en sostén argumental en Andalucía de un cuestionamiento político del Régimen de dependencia; pero sólo si existe una fuerza política y social que lo estructura y organiza. Al momento presente, ante la inexistencia de esa fuerza, el nuevo Estatuto no sufre de deslegitimación social o popular significativa.

 

Para ver los términos en que hoy se formula políticamente la cuestión, basta recuperar la interpretación de los datos realizada por la dirección estatal del PSOE, que el diario EL PAÍS recoge en su edición del martes 20 de Febrero. Allí, bajo el titular “Zapatero cree que la abstención andaluza es una muestra de desgana pero no de malestar”, se dice “Tanto Zapatero como otros miembros de la Ejecutiva desarrollaron la tesis de que los ciudadanos usan con frecuencia los referendos para castigar a los gobernantes. De la misma dedujeron que los andaluces han mostrado ‘desgana’ o ‘indiferencia’ ante este referéndum pero no han trasladado ‘malestar’ o ‘crispación’. Si en el seno de la sociedad andaluza existieran esos sentimientos, la participación habría sido alta y destinada a votar no. Un no contra el Gobierno”. Muy posiblemente el ‘malestar’ exista, aunque desarticulado y recluido en las catacumbas sociales –y en eso se equivoca la dirección del PSOE- pero desde luego acierta en que no se ha socializado ni ha sido capaz siquiera de elevarse a expresión genérica de rechazo.

 

Ciertamente, la alta abstención –mayor de la prevista- ha molestado a los impulsores del SI y singularmente a las direcciones de PSOE-IU. De ahí que se haya recurrido a variadas excusas para explicarla: falta de información sobre lo que se votaba; ausencia de tensión sobre el resultado por la previsible victoria del ‘sí’ combinada con desmovilización de los electorados del PSOE e IU ante su coincidencia con el PP, que privaba de sentido al ‘voto a la contra’; indiferencia por ausencia de demanda social o por considerar que el Estatuto no afecta a la vida cotidiana.

 

La izquierda andaluza –es decir, la izquierda independentista- cometería un error si se limitara a seguirles el hilo a estas justificaciones, restringiéndose a descalificarlas en su mismo plano de argumentación sin a la vez añadirles las necesarias reflexiones autocríticas.

 

Es verdad que ha faltado información sobre el Estatuto (y los embustes con que iba acompañado) pero también es verdad que esa carencia no se ha cubierto tampoco socialmente desde las fuerzas del NO y en especial desde la izquierda. Es verdad también que el Estatuto propuesto significaba, en tanto estafa política, primordialmente continuidad y por tanto no mejoraba la cotidianidad social pero también lo es que su elaboración ofrecía una oportunidad para plantear y plasmar alternativas y reivindicaciones y que la no percepción de esta ‘ventana de abertura’ evidencia no sólo el conformismo social sino también el escaso eco, implantación y credibilidad social de quienes rechazábamos con el Estatuto el modelo nacional y social vigente y explicábamos que la satisfacción de las demandas nacionales y sociales esenciales requerían la construcción de un marco político nacional distinto.

 

La tan reiterada acusación sobre la “falta de demanda social” referida al nuevo Estatuto -especialmente desde la derecha extrema españolista del PP- sólo ha sido y es otra forma demagógica de expresar la defensa de la continuidad del orden presente. En ultima instancia, no ha habido “demanda social” por las mismas razones que tampoco ha existido “demanda social” para oponerse a otras agresiones como, por ejemplo, la ampliación del periodo de cotización exigible para tener derecho a jubilación, que España aprobaba simbólicamente el viernes víspera del referéndum andaluz.

 

Lo que hemos de retener de los resultados del 18-f es el cuadro general que nos ofrecen del país, la sociedad y la clase obrera que tenemos. Un país, una sociedad  y una clase obrera, atomizadas, desestructuradas, impotentes; sin vanguardias sólidas, sin programa nacional y proyecto global alternativo.

 

Quienes desde autoadscripciones de izquierda hacen lectura positiva de la abstención del 18-f bien sufren de alucinaciones, bien hacen de la necesidad virtud y elevan a teoría su aislamiento y marginalidad. Aún con toda la diversidad propia de los plebiscitos y la pluralidad inherente a cada una de las opciones propuestas –si o no- no se pueden sumar entre si una expresión de rechazo como el NO y una aceptación pasiva como ha sido socialmente la abstención. No estaremos mejor creyéndonos falsamente más de lo que somos.

 

La abstención del 18-f no tiene nada en común siquiera con la histórica abstención libertaria, con todas las limitaciones políticas que esta conllevaba. En esos tiempos ya lejanos, cuando la CNT-FAI decidía propugnar efectivamente la abstención –porque en otras ocasiones, conviene también recordarlo, dejaba de hecho bajomano vía libre a votar por los republicanos liberales- no se encubría simplemente bajo el manto de la pasividad sino que se dedicaba a difundir la necesidad de la insurrección y aún la preparaba. Nada que ver con lo ocurrido ahora.

 

La abstención andaluza del 18-f tiene mucha más relación con el fatalismo, la ignorancia o la despolitización que con la rebeldía. Su referente no es el boicot activo sino el sometimiento pasivo. De existir un modelo social que la explique es el de los Estados Unidos, donde históricamente el sistema se asienta sobre el abstencionismo y la división popular.

 

Intentar justificarla como presunta opción antagonista encubriéndose tras la adjudicación en exclusiva de la defensa del NO al Partido Andalucista es un recurso torpe y cobarde. No sólo porque empíricamente el NO de izquierdas e independentista haya precedido al NO andalucista en tiempos y argumentos sino porque incluso de no haber sido así, la batalla política por protagonizar el NO estaba abierta desde el mismo inicio del proceso estatutario. Refugiarse en la abstención es pues sólo un recurso estético para quienes han renunciado a desarrollar esa pelea antes del 18-f y después del 18-f quieren eludir la evidencia de que comparten la derrota del NO, que es también objetivamente su derrota -como la de todos aquellos que en Andalucía apuestan por otro modelo político y social- diluyéndose y camuflándose bajo el aparentemente más potente manto abstencionista.

 

El alcance político de la abstención del 18-f podrá comprobarse muy pronto. Llegaran las elecciones municipales en Mayo (y luego sucesivos comicios) y el 63,72% disminuirá dramáticamente. ¿En que quedaran entonces todas sus excusas?.

 

Limites y carencias del NO

 

El no obtuvo en el referéndum del 18-f, 206.001 votos, el 9,48% de los votantes. Esto significa el 3,40% sobre el censo global, cifra esta ultima que nunca debemos olvidar y que describe bien sus limites. Propugnaron el NO, el Partido Andalucista (5 diputados, 6,20% en las elecciones de 2004), más soberanistas e  independentistas andaluces y una parte de la extrema izquierda española (no toda; por ejemplo, los microsindicatos ideológicos anarquistas, CNT y CGT, o pidieron la abstención o hicieron mutis; que a efectos prácticos es lo mismo).

 

En la clausura de la campaña andalucista previa al 18-f, su secretario general Julián Álvarez -en un ejercicio de inteligencia política- subrayaba que el NO trascendía los estrechos márgenes de su electorado estricto y agradecía expresamente la contribución de otras fuerzas, colectivos y personas para el NO. Tenía razones para ello.

 

El ‘Voto NO’ no fue sólo un voto PA. Ni cuantitativa ni cualitativamente. De hecho, fueron los otros componentes del NO quienes le dieron fundamentalmente credibilidad y argumentación al rechazo al Estatuto y consiguieron –al menos significativamente- convertirlo en algo más que una mera traslación del voto andalucista. 

 

El triunfalismo del PA en la noche electoral ante los resultados del referéndum puede entenderse como muestra de alivio del momento y como reacción al acoso político y mediático sufrido a manos del bloque del sí, especialmente del PSOE/IU. Sin embargo, haría bien la dirección andalucista constatando tanto la escasa magnitud general del rechazo activo al Estatuto como el hecho específico de que no es políticamente ‘propietaria’ de ese voto NO. Citar –como ha hecho para responder a los ataques- los datos de localidades “como San Fernando, con un 16,16% de votos ‘no’; Cabra, con un 15,32; Niebla, con un 15,51 o Vera, Ubrique, Zahara, Écija. Coín o Ronda” no puede esconder ni el problema general que manifiesta la ausencia de correlación nacional entre voto NO y electorado andalucista ni otras sonoras fugas locales en particular; tanto si comparan resultados del no con votaciones del PA en elecciones autonómicas y mucho más si se hace con municipales.

 

El Partido Andalucista –conviene recordarlo- obtuvo en las elecciones autonómicas de 2004 275.940 votos. Esto significa que como mínimo –incluso adjudicándole el 100% del NO, lo que es a todas luces insostenible- al menos un 25% del electorado andalucista no siguió sus consignas partidarias en una consulta relacionada con el núcleo vital de su existencia y personalidad políticas. También resulta significativo apuntar que el NO obtuvo más votos en datos absolutos en las circunscripciones de Almería y Granada que sufragios recibió el PA en anteriores elecciones.

 

Políticamente, puede concluirse que optar en la campaña andalucista por “la versión blanda” en propaganda y discurso –el énfasis en los ‘60.000 millones’, las referencias a Cataluña en clave de agravio comparativo o sobre todo la omisión de la reivindicación de nación- fue un error (que quizá sólo puede explicarse por razones de equilibrios internos). No evitó la indisciplina de voto del sector más regionalista y moderado de su base electoral –y su reflejo cuantitativo- y a la vez debilitó el impacto político de su discurso y de su resultado. Resulta evidente que si el PA hubiera remachado y destacado en campaña, por ejemplo, la no definición de Andalucía como Nación como elemento central de su rechazo al Estatuto –tal y como hicimos los independentistas, junto a otras razones- las prefabricadas disputas postelectorales sobre procedencias de voto desde el bloque del SI no se hubieran siquiera planteado, porque no hubiera sido creíble ni siquiera aducir, ni a modo de cortina de humo, trasvases puntuales de voto ultraespañolista a un NO identificado en su totalidad, al menos, con la afirmación de Andalucía como nación.

 

Sociológicamente, es verdad que ese ultimo pase posiblemente se ha producido, pero en cuantía global muy reducida y muy restringido geográficamente a algunos barrios centrales o residenciales de algunas grandes ciudades. De igual modo que seguramente ha habido algunos despistados que se han podido creer, por ejemplo, el presunto discurso andalucista proSÍ del PSA. Estos episodios son propios de las consultas plebiscitarias y no afectan al sentido político general de los resultados. El NO plural -política, social y electoralmente- es políticamente de quienes lo han trabajado y reivindicado y sobre todo de quienes pueden desarrollarlo –en un sentido u otro- en el futuro; lo que en el caso del 18-f lo adjudica en sentido amplio –aún en proporciones desiguales- al andalucismo genérico y al soberanismo e independentismo.

 

El binomio político-sindical CUT-BAI y SOC era otra fuerza que defendía el NO. CUT-BAI ha aportado el único triunfo local del NO a escala nacional en Marinaleda (censo 2.067; participación 64,01%; NO, 59,63%) y un digno resultado del NO en El Coronil (censo 3.983; participación, 45,49%; NO, 28,56%).

 

Dicho esto, el referéndum del 18-f ha puesto de manifiesto la existencia en CUT-BAI de un serio problema político interno ya que en el resto de localidades donde tiene presencia significativa -incluso institucional a nivel municipal- su existencia y trabajo se ha constatado irrelevante a la hora de los resultados del NO, con porcentajes en la media o incluso por debajo.

 

El fenómeno sólo cabe entenderse atendiendo a dos líneas de explicación, ambas muy preocupantes y que deberían motivar una seria reflexión, toda vez que en la Asamblea Nacional de CUT-BAI la petición del voto NO obtuvo un 95% de apoyo frente a sólo un 5% de abstenciones. 1ª. Se ha hecho campaña por el NO, pero sus militantes, simpatizantes o votantes no han seguido sus recomendaciones; 2ª. En los pueblos aludidos (que son prácticamente todos, menos Marinaleda y El Coronil) se ha desconocido localmente su decisión y orientación nacional y no se ha propugnado el NO.

 

Resulta razonable presumir que la ambivalente actuación de CUT-BAI en el proceso interno de IU durante toda la tramitación estatutaria, más el nefasto “pacto de caballeros” con la dirección de IU de reparto de zonas y no agresión –ya reconocido públicamente por Sánchez Gordillo: "El PCA se dedicaba a sus pueblos y nosotros a los nuestros"- han contribuido a generar desorientación política y pasividad militante, exacerbando los efectos desmoralizadores de la ya prolongada permanencia de CUT-BAI en el seno de IU.

 

Llegados a un momento político crucial, situados en medio de una contradicción evidente entre su posición política como organización y la postura de la coalición que les da acceso a representación institucional, los hechos parecen acreditar que -sea por no entender la entidad política de la cuestión o aún entendiéndola, por minusvalorarla o por compartir en realidad la posición del PCE-IU; sea por evitarse conflictos locales con las elecciones municipales en lontananza- la inmensa mayoría de las organizaciones locales de CUT-BAI (con las dos excepciones citadas) han optado de hecho por asimilarse en la practica al resto de IU.

 

La implicación personal de Juan Manuel Sánchez Gordillo –alcalde de Marinaleda y coordinador general de CUT-BAI- en la campaña del NO a nivel nacional no le resta –sino al contrario- importancia política al dato.

 

Aun con una relevancia política obviamente menor, también ha de constatarse entre los resultados que en Brenes (censo 8.977), única localidad andaluza con alcaldía del PCPE –una pequeña organización de origen brezneviano que también pedía el NO- el voto NO –con una abstención del 57,16%- se ha limitado a un 3,13%, o lo que es lo mismo: un 6,07% menos de apoyo al NO que la media provincial de Sevilla o un 6,35% menos que la media nacional.

 

Visto en general el NO ha tenido una gestación y expresión molecular; deudora de la muy débil implantación militante a escala nacional de las fuerzas que lo han impulsado.

 

Nuestro balance particular

 

Por lo que a Andalucía Libre respecta estamos satisfechos del trabajo realizado en nuestro ámbito específico de actuación activista como boletín digital, es decir, como instrumento de formación, agitación y propaganda independentista.

 

Desde un principio afrontamos la batalla del Estatuto como algo que iba más allá de la campaña de un referéndum; como un escenario en donde contraponer visiones y  proyectos posibles para Andalucía. Siempre hemos trabajado con la perspectiva de sembrar para el futuro, dando argumentos para el rechazo y también testimonio de oposición.

 

Con nuestra labor creemos haber contribuido en algo a configurar el giro hacia el NO del PA (lo que no era por cierto, conviene recordarlo, nada previsible al comienzo del proceso, dadas sus posiciones o su carencia de ellas); haber ayudado al posicionamiento por el NO de CUT-BAI y en general haber suministrado informaciones, análisis y datos útiles para acercar y afianzar en el NO a personas y organizaciones de muy diversa adscripción. A lo largo de los meses de debate estatutario nos preocupamos especialmente de fundamentar el NO como única expresión política de rechazo coherente, incluso si la derecha ultra españolista del PP hubiera optado de forma oportunista por esa vía. También hemos pugnado –con desigual suerte y escaso éxito en general- por implicar en el debate y atraer hacia el NO activo a diversos colectivos de la llamada 'izquierda social'. 

 

Hemos de reconocer que no hemos conseguido ni inclinar hacia el NO a la sucursal andaluza de IU ni aún convertir a la hora de la verdad en pronunciamientos públicos por el NO las comunicaciones criticas recibidas de su seno. 

 

Durante este periodo, hemos remachado sobre la centralidad política del proceso y hemos intentado plantear alternativas de transición, concretas y sectoriales, con el máximo rigor y fundamento que nos ha sido posible, para demostrar la viabilidad y necesidad del NO, más allá de la mera enumeración de principios.

 

De igual modo, hemos intentado servir de plataforma de difusión plural para las diversas expresiones del NO, publicando sus elaboraciones. Llegada la hora de la campaña del referéndum hemos intentado contribuir a facilitar todas las actividades del NO, al margen de quien las impulsaba, que nos han llegado.

 

Con el esfuerzo realizado, hemos querido situar especialmente al PCE-IU (y al PSA de Pacheco) frente a su realidad, permitiendo fijar la experiencia al máximo a efectos pedagógicos cara a las nuevas generaciones militantes, que no habían vivido traiciones precedentes. Por contraste, lo que hemos hecho desde este modestísimo instrumento de izquierda andaluza que es Andalucía Libre también creemos que ha servido para colocar en su sitio a la extrema izquierda española actuante en Andalucía.

 

Es el momento también de reconocer especial y singularmente la entrega y el esfuerzo de los militantes de Jaleo, de Nación Andaluza, de otras organizaciones o simplemente de andaluces de conciencia que han compartido esta causa y que nos han facilitado la labor remitiéndonos originales o indicándonos fuentes o colaborando en la extensión de nuestro mensaje.

 

Obviamente, la derrota del NO es también nuestra derrota. Sus magros resultados los sentimos también como nuestros. La imagen que nos proyectan de nuestra Patria nos duele.

 

El Estatuto de la Dependencia refrendado el 18-f, conviene decirlo al menos hoy, es tan reformable legalmente en lo sustancial como la Constitución española. Es decir, nada. Si algún día decae este Estatuto lo hará a la manera extraestatutaria en que lo hicieron las constituciones de la III o IV Republica francesas. Ninguna novedad. Siempre hemos sabido que la Liberación Nacional de Andalucía exigirá para plasmarse llegada la hora, de la vía revolucionaria. No obstante, acercar esa circunstancia implica, entre otros muchos requisitos, no perderse en laberintos españoles, incidir incansablemente en su ilegitimidad y envolver el proyecto de una Andalucía Libre bajo el paraguas de la exigencia de un nuevo Estatuto.   

 

Perspectivas desde el NO

 

'¿Quien administra el NO?'. Es una pregunta que ya emergió al final de campaña, que la sobrevoló y que ahora impregna reflexiones y balances.

 
Un principio permanente a tener presente siempre:
el enemigo de Andalucía se llama España
 
Es verdad que la campaña del Referéndum ha conllevado algunas aclaraciones conexas. Por ejemplo, ha liquidado la disputa interna dentro del espacio andalucista en demérito del PSA de Pedro Pacheco, cuyo SÍ lo ha dejado irreversiblemente descalificado; retratado como un mero artificio decorativo para embellecer una simple ambición personal.
 
Por lo demás, el NO no tiene dueño; al menos a corto plazo. 
 
Quien mejor lo tiene a priori para intentar su articulación y apropiación por su condición de fuerza parlamentaria, el Partido Andalucista, sufre aún de demasiadas limitaciones políticas como planteárselo con éxito; por mucho que su líder Julián Álvarez lo declarara expresamente como aspiración en su cierre de campaña (ver Andalucía Libre nº 316), llamando a agrupar las fuerzas del NO en su torno para construir "la alternativa a Chaves". Un llamamiento que fundamentaba, comprometiéndose a convertir el NO estatutario en eje central de su actuación política; erigiéndolo en condición previa no sólo a cualquier pacto de Gobierno sino incluso a un apoyo presupuestario o legislativo significativo.
 
El PA de Álvarez manifiesta signos de evolución en relación con su pasado, ciertamente. La apuesta por el NO al Estatuto, abriéndose así espacio político, es la mejor prueba. Su abandono paulatino por una parte de los elementos más claramente oportunistas y desideologizados de la fase anterior (los González, Benavides, etc) también lo manifiesta; aunque la pasividad -cuando no directo boicoteo- de una parte de sus cargos municipales durante la campaña estatutaria también muestra cuan grande todavía es el fardo que arrastra.
 
Sin embargo, lo más significativo de la situación es que los limites políticos de esta evolución andalucista son demasiado notorios. El PA sigue políticamente sin superar el nivel de un regionalismo más o menos fuerte, sin acceder a una clara definición nacionalista y sin rechazar la españolidad andaluza. La deslealtad constitucional está fuera de su horizonte. Sus carencias en cuadros y discurso políticos son evidentes, incluso para quienes no conocen el trasfondo y los intríngulis de sus sucesivos posicionamientos estatutarios. La referencia extemporánea y por la derecha de Álvarez al caso del vasco De Juana Chaos en su clausura de campaña -que no le aportaba nada y resultaba gratuita- denota hasta que punto funcionan aún tics del pasado. Por otra parte, su estructura partidaria, tradición política y formas de funcionamiento no favorecen siquiera la generación de ilusiones de tomárselo a la manera de un posibilista "frente nacional" provisional. Todo esto deja la oferta de Álvarez muy reducida en la practica a un canto de sirena destinado al fichaje de alguna 'personalidad' aislada.
 
Además, la cercanía de las elecciones municipales de Mayo es el peor escenario posible para que el PA consolide estas aspiraciones. Más aún, el PA puede dilapidar de un plumazo todo el patrimonio ganado con el NO al Estatuto.
 
Bastara para ello que los resultados permitan que se confirmen los ofrecimientos -avalados por el mismo Álvarez- de alianza andalucista al ultraespañolista PP para desplazar al PSOE de la alcaldía de Sevilla. Aún antes de que esta coyuntura se concrete, dependiendo de los resultados, tras el discurso y actuación ultraespañolista del PP durante la tramitación estatutaria resulta incoherente -incluso en el plano municipal- una comparecencia electoral andalucista que no aclare desde un principio, con nitidez y de antemano su rechazo nacional general a cualquier alianza con el PP, en beneficio ajeno o propio. Porque si se ha comprobado que PSOE, PP y PCE-IU comparten el mismo modelo político de "Andalucía española", también resulta evidente que la forma de desgastarlo en su conjunto comienza por aislar al eslabón más débil de la cadena, el PP, situando a sus socios estatutarios ante el ejemplo. No hay credibilidad nacional sin coherencia local. Nadie puede creerse un compromiso para "liberar Andalucía" -incluso en su lectura más edulcorada posible- yendo de la mano del PP. He aquí que muy pronto los intereses personales inmediatos de algunos escalones del PA entraran en contradicción con cualquier perspectiva seria de consolidarlo como proyecto nacional y está por ver que Álvarez tenga la fuerza y la voluntad suficientes para salir airoso de la prueba.
 
El NO ha sido plural, incluso si contamos sólo su aportación extramuros del PA. Converger en el NO -es decir, en el rechazo a un texto- no implica otras coincidencias políticas, incluso sólo dentro del campo nacionalista. Es verdad que la debilidad compartida empuja al agrupamiento pero también lo es que, más allá de la unidad de acción para actividades concretas o la colaboración en terrenos como la recuperación cultural, las diferencias de análisis, objetivos y estrategias políticas -cuando existen y son sólidas- terminan convirtiendo en frágil, formal o aparente cualquier atisbo unitario que pueda plantearse sobre bases voluntaristas, provocando un efecto de parálisis en lugar de un estimulo para la acción. Este problema político no se arregla simplemente, considerando menores o infundadas las posiciones ajenas y llamando a agruparse en torno a las propias.
 
Dentro de esa pluralidad en el especifico espacio independentista, sobrevuela desde hace tiempo el debate sobre el presente o el futuro del BAI (o Bloque Andaluz de Izquierdas). 
 
El BAI es un frente compuesto formalmente por cinco componentes, a saber: la CUT-BAI (integrada en IU), la organización juvenil independentista Jaleo, personas sin adscripción y las sucursales andaluzas del PCPE y Espacio Alternativo; operativo esencialmente y en forma desigual en las ciudades de Sevilla y Málaga.
 
Para cada una de estas fuerzas, el BAI ha significado y significa algo particular y distinto. Para la CUT-BAI, una vía de relación potencial fuera de IU, congelada hasta mejores días; para Jaleo un marco de actuación (y esperamos y deseamos un espacio de reclutamiento y fortalecimiento militante); para los sin-partido una plataforma de izquierda y nacionalista y para el PCPE y EA -en diferente proporción, según cada caso- una marca y forma de salir del aislamiento, de relacionarse con CUT-BAI y de adquirir pedigrí verdiblanco.
 
Para un sector de CUT-BAI, por su parte, el BAI cumple funciones de hipotético corredor no traumático para la siempre aplazada salida de IU. Se trataría, según esta tesis, de que el fortalecimiento del BAI (o la extensión del SAT) convencerían a los sectores de CUT-BAI menos proclives a salirse de que la separación de IU podría realizarse sin costes significativos. De ahí que el BAI debería fortalecerse previamente a la salida de IU. Ocurre, como es lógico, que mientras tanto, al mantenerse CUT-BAI en IU, el BAI queda en el aire, marcado por la espera al socio que no acaba de llegar, tocado del ala por las contradicciones políticas que amontona en su seno e imposibilitado de crecimiento y consolidación sensible. Además, incluso de producirse esa hipotética salida de CUT-BAI de IU, no por ello, el BAI -o lo que pudiera sustituirle- solventaría mágicamente sus problemas o se evitaría afrontar la natural y dura tarea de construcción pendiente.
 
Mientras el futuro del BAI se mantiene en el interminable debate sobre si la CUT se irá o no de IU y cuando, queda en segundo plano una cuestión mucho más importante: las condiciones políticas mínimas de convergencia. La verdad es que, previamente a todas las cuestiones posibles planteables, resalta una precondición obvia: no tiene ahora ni puede tener en el futuro credibilidad alguna una fuerza política pretendidamente nacional que integra en su seno organizaciones o colectivos que, de entrada, funcionan desde la dependencia política, organizativa o ideológica y que comparten un proyecto de ámbito español. No se puede combatir la dependencia de la Nación desde la propia dependencia orgánica. Este problema -que afecta a PCPE y a EA- persistiría inhabilitando políticamente al BAI, incluso si la CUT abandonará IU y sólo tiene solución si PCPE y EA de Andalucía, optando por un proyecto estrategico nacional, rompieran con sus matrices españolas.
 
No estamos planteando que la viabilidad de cualquier hipotético marco unitario futuro de la izquierda andaluza tuviera a priori necesariamente una definición expresamente independentista. Ahora bien, sí nos parece que el ámbito y compromiso político y orgánico nacional sin dependencias españolas (lo que implica el rechazo a toda simbología española); la defensa de la Soberanía Nacional y el derecho a la Autodeterminación de Andalucía (sin ninguna adherencia unionista en ninguna formula); la deslealtad política al Régimen español; la asunción de una posición de izquierda y el respeto a la pluralidad ideológica y a los derechos democráticos en su seno, serían requisitos mínimos necesarios para facilitar su utilidad como instrumento y su capacidad para generar discurso y construir un programa político adecuado.
 
Por lo que nos toca, ocurra lo que ocurra, seguiremos trabajando por fortalecer en lo posible en todos los ámbitos a la izquierda andaluza, es decir, a la izquierda independentista.
 
 
 
 

Otros balances en la Red 

Análisis General del Proceso de Reforma Estatutaria:
Andalucia Libre nº 316, 17 de Febrero de 2007
Andalucía Libre nº 315, 12 de Febrero de 2007
Andalucía Libre nº 293, 7 de mayo de 2006 
Andalucía, a la hora de la reforma estatutaria
Andalucía Libre nº 266, 24 de julio de 2005
Andalucía Libre nº 284, 1 de marzo de 2006
Debate: las características del Estatuto y el posicionamiento de la izquierda
Andalucía Libre nº 94. 11 de Julio de 2001
 
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Fe de Erratas

 

En el articulo de ANDALUCIA LIBRE nº 316, El Jano Español: PP e IU ante el Estatuto, Las dos caras de España a la hora de la doma y sujeción de Andalucía, donde dice: "-y son ya dos de cinco diputados que tiene IU en el Parlamento español los que tienen esa doble condición-" debe decir: "-y son ya dos de seis diputados que tiene IU en el Parlamento andaluz los que tienen esa doble condición-"
 
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POR UN SISTEMA ANDALUZ DE ENSEÑANZA , LAICO, PUBLICO, NACIONAL.
NINGÚN PRIVILEGIO LEGAL NI FISCAL PARA LAS ENTIDADES RELIGIOSAS.
POR LOS DERECHOS DE LAS MUJERES Y LOS HOMOSEXUALES:
TOLERANCIA CERO A TODAS  LAS INTROMISIONES CLERICALES
¿Inquisiciones, Teocracias, Integrismos...?. NUNCA MÁS
 
 
Música de fondo: Nazareno y Gitano
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[Adjunto no mostrado: And - Nazareno y gitano.mid (audio/mid) ]

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