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Asunto:[AndaluciaLibre] nº 319 - Estrategia nacional o estrategia estatal - Hi storia: LCR y MC
Fecha:Domingo, 25 de Marzo, 2007  18:00:18 (+0200)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nº 319
 
En este numero:
 
*Andalucía - Debate
- Izquierda y Nacionalismo en Andalucía, Francisco Campos López
- La falsa dicotomía en el problema nacional y la izquierda marxista, Juanma Barrios
- Estrategia nacional o estrategia estatal, Kemal
*Materiales
- LCR. La Cuestión Nacional en el Estado español (1989)
*Memoria Histórica - Izquierda a debate
- LCR, Secuencias de una crisis: La marcha hacia la fusión con MC, Andalucía Libre
1. Nuestra opinión sobre el proyecto de relaciones con MC, CN de Andalucía de la LCR, sep. de 1990
2. Las relaciones MC/LCR, Resolución del CC de la LCR, 21 de Julio de 1990
3. Actas reuniones centrales LCR-MC. Marzo, Abril, Junio, Septiembre, 1990
*Solidaridad con Palestina y la Nación Árabe
*Musica de Fondo:
*Directorio de Andalucía en Internet
--oOo--
 
 Andalucía - Debate
Opinión
Izquierda y Nacionalismo en Andalucía
Francisco Campos López
Er Llano, 20 de Marzo de 2007
 
 
Atribuyen a Goebbels, ministro de propaganda del régimen nazi y padre ideológico del actual sistema occidental de control y manipulación de masas, la afirmación de que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y España, desde su concepción hasta la actualidad, es un preclaro ejemplo del sostenimiento de una “verdad”, de una “realidad” artificial, amparándose en la aplicación de dicho principio. De igual forma que las conocidas matrioskas, esas tradicionales muñecas rusas huecas que en su interior contienen otras, España no es más que una sucesión de mentiras envueltas en más mentiras. Nació de la falsedad y solo mediante ella y la represión puede subsistir. La más reciente de esas falacias es la que afirma la existencia de un antagonismo entre por un lado modernos progresistas constitucionalistas, federalistas, internacionalistas, etc... y, por otro, obsoletos y retrógrados nacionalistas “periféricos”.
 
Partamos de una definición obvia; nacionalista es todo aquel que cree en la existencia de una nación, sea esta cual sea, defiende su pervivencia, sea cual sea las razones que le impulsen, y se considera parte de la misma, sean cuales fuesen sus motivaciones. Son indiferentes los porqués, sean estos de tipo ideológico o “práctico”. Tan nacionalista es, por tanto, el que lucha por Andalucía como por España. Y tan nacionalista son los objetivos de quienes declaran como fin la liberación de Andalucía como los de aquellos otros que, aún envueltos en otras camufladoras banderas, aseguran de hecho mediante sus actuaciones la supervivencia de España. Por tanto no hay en el Estado enfrentamientos entre nacionalistas y no nacionalistas, sino solo entre diversos nacionalistas y nacionalismos. Entre los movimientos de los distintos pueblos y naciones de la península y aquellos otros que, configurada de una forma u otra, defienden la existencia de una Nación llamada España. Es indiferente que se persiga una España centralizada o federal, monárquica o republicana, liberal o socialista; que se haga por convicciones o por motivaciones “tácticas”, lo determinante es que se hace. Y se es lo que hace, no lo que se dice. Defender a España es ser un nacionalista español.
 
Una vez clarificada la definición, es imprescindible subrayar que no hay un solo tipo de nacionalismo, y la indiferenciación entre los mismos a conllevado una confusión entre parte de la izquierda que subsiste aún hoy. Existe un nacionalismo de carácter burgués: opresor, artificial, reaccionario e imperialista; y otro de carácter popular: liberador, natural, progresista y solidario. A esto se refería Blas Infante cuando afirmaba que su nacionalismo no era nacionalista. A que era de raíz popular y no burguesa. A que no era patriotero, de superioridades raciales ni ejércitos victoriosos.
 
El nacionalismo burgués surge de la necesidad de estos de asegurarse el dominio sobre los territorios, y los pueblos que los habitaban, que arrebataron a la aristocracia para su explotación. Mientras a los antiguos príncipes y reyes les bastaba argüir el derecho “natural” para gobernar a los distintos pueblos que les asistía por razón de sangre y designación divina, o por simple derecho de conquista, la burguesía no podía ampararse en razones semejantes y recurrieron a inventar patrias artificiales que abarcaban los límites territoriales arrebatados a los aristócratas. Así, mientras a la antigua aristocracia le bastaba reprimir las ansias de libertad de los pueblos dominados, la burguesía necesitaba negar la propia existencia de los mismos y dotar a las nuevas “naciones” de “pueblos” igualmente artificiosos que sustentaran las mismas. Es así como nacen las “modernas” naciones europeas como Francia, Gran Bretaña o España.
 
El nacionalismo popular es atemporal y responde al orden natural de las cosas. El hombre es un ser social. Si fuese un animal más diríamos que es de los que se caracterizan por vivir y convivir en manada. A lo largo de la historia, los seres humanos se han agrupado en colectividades que por múltiples razones han configurado las distintas naciones o pueblos. Y de la misma forma, y por la misma razones, que los hombres poseen derechos y libertades inalienables individuales, las colectividades de los mismos, sus sociedades o pueblos los poseen igualmente y por extensión. De igual manera que todo hombre detenta el derecho de ser libre y el deber de luchar por su libertad, de autodeterminarse y autogobernarse; sus sociedades, los distintos pueblos o naciones que lo conforman, también los detenta. Seria tan absurdo calificar de reaccionario o insolidario a un hombre que exigiese su libertad y sus derechos, como lo es el designar y etiquetar con dichos adjetivos a un pueblo que reivindique su libertad o derechos colectivos, o a un movimiento político popular que los defienda y reivindique.
 
Aquella izquierda que ha sabido diferenciar entre ambos nacionalismos, ha combatido el burgués y amparado el popular. Normalmente ha estado constituida por aquellos sectores más enraizados en sus pueblos y sus clases populares, habiéndolos conocido en profundidad e interpretando, por tanto, mejor y más correctamente sus ansias y necesidades. Y ello ha sido así porque han surgido y formaban parte del propio pueblo. Otra parte, sin embargo, no ha sabido distinguir y, o bien ha considerado todo nacionalismo negativo, aislándose de las clases populares y autoincapacitándose para ser vanguardia de las mismas, o bien ha defendido como populares y progresistas los nacionalismos burgueses, transformándose por ello en herramientas de las burguesías imperialistas en contra de los pueblos oprimidos y sus capas populares.
 
Pero hay una tipología aún mas errada y mantenedora de tendencias que en un individuo serían calificables de esquizoides. Se trata de aquella y aquellos capaces de comprender y defender la libertad de cualquier pueblo menos del suyo propio. Y de esa categoría estamos sobrados en nuestra tierra. Son esos capaces de manifestarse por la libertad del pueblo saharaui, del palestino, o de cualquier otro; pero que, simultáneamente, no solo no mueve un dedo por la libertad de su propio pueblo sino que menosprecia a quienes lo proclaman. ¿Qué pensaríais de quienes negasen la autodeterminación del Sahara y propugnasen a lo sumo una autonomía más o menos amplia dentro del Estado marroquí?... Que son unos traidores a la causa del pueblo saharaui, ¿no?... Pues hay grupos aquí que defienden la misma política para Andalucía con respecto a España. ¿Y de aquellos otros que mantuviesen que los palestinos deberían olvidarse de su lucha de liberación nacional y centrarse en reivindicaciones de carácter social o laboral aliándose para ello, además, con la izquierda sionista?... Que no solamente son unos traidores a la causa del pueblo palestino sino que sirven a los intereses de Israel, ¿no?... Pues los hay aquí que defienden esa misma política para el pueblo andaluz y propugnan la unión con la izquierda españolista. Son los mismos que aplauden a rabiar a ciertas personalidades, a “lideres revolucionarios internacionalistas” que gritan sin cesar: “¡¡Patria o muerte...venceremos!!”. ¿Que opinarían y dirían de quien desde posiciones nacionalistas de izquierda gritase con respecto a Andalucía lo mismo?... De todo menos palabras agradables. Si lo dice otro si, pero si es andaluz no.
 
Formamos parte de un pueblo, el más antiguo de Europa, que viene arrastrando más de quinientos años de opresión. Andalucía ha padecido el mayor genocidio contra un pueblo que ha conocido la Historia. Tal ha sido el grado alcanzado por el mismo que por ignorar ignoramos hasta quienes somos y quienes hemos sido, llegándonos a identificar con el conquistador. España es el resultado de la transformación del nacionalismo castellano en imperialismo. España se forma por un lado por la unión de las coronas aragonesa y castellana y, por otro, por las conquistas respectivas a sangre y fuego de Valencia y Andalucía. Cuando las tropas castellanas entran en el valle del Guadalquivir y las sierras que lo circundan les arrebatan sus tierras a los campesinos y sus líderes se las apropian, obligando a sus antiguos dueños a continuar trabajándolas en beneficio del nuevo Señor. Así nacen los “señoritos” y los jornaleros sin tierra. Nos roban también nuestras industrias y minas, barcos y casas. Pero no se conforman con esto, también quieren robarnos nuestra alma. Inician una etapa de represión para arrancarnos nuestra cultura, nuestra tradición y hasta nuestra conciencia de nosotros mismos. Nos quitan nuestros nombres y nos ponen los suyos, nos quitan nuestra lengua y nos imponen la suya. O aceptábamos convertirnos en copias de ellos o no nos quedaba mas camino que el de la muerte o el del exilio... Así surge la que hoy creemos que es nuestra cultura popular...no es la nuestra, es en gran parte la que ellos nos impusieron. Ningún pueblo resistió tanto. Durante centenares de años luchamos por nuestra libertad. Ningún otro pueblo ha sufrido tanto. Ninguno está, como consecuencia, tan alienado.
 
Este y no otro es el origen y el porque de nuestros males. Es la consecuencia de la invasión, colonización y represión que sufrió nuestra tierra y que perdura hasta nuestros días. Y solo analizando nuestras circunstancias desde la perspectiva colonial y de país ocupado podremos acertar en los diagnósticos y alternativas. Solo comprenderemos nuestra problemática cultural, social, económica, política, e incluso psicológica, si la visualizamos desde esta óptica. Somos una colonia y como tal somos tratados. Somos el tercer mundo de España. Y cuando un pueblo está ocupado y colonizado la política primigenia que se plantea es la de unidad nacional y la lucha prioritaria la de liberación. Se es consciente de que cualquier otra problemática esta subordinada a la consecución de dichos objetivos. A lo largo del pasado siglo, allí donde ha habido un país ocupado y colonizado, la política de las izquierdas locales ha pasado por propugnar la unidad de todos ,sin incluir lógicamente a colonizadores o sus colaboradores, en torno a la común meta de liberación nacional. Las luchas sociales eran, en esas circunstancias, ante todo herramientas que contribuyeran al prioritario fin liberador. Eran solo medios, pues eran conscientes de que los objetivos sociales solo eran realmente alcanzables en el marco de una nación y un pueblo libres. De igual manera y por las mismas causas, ser nacionalistas y priorizar el nacionalismo en la izquierda andaluza no es una locura o tan siquiera una opción más, tampoco se puede ser nacionalista por razones de “oportunidad”, sino que es la única base sólida y una necesidad insustituible. Nunca tendrá resolución la problemática de las clases populares en general y de la trabajadora en particular mientras Andalucía no sea libre. ¿Os imagináis a un esclavo luchando por mejoras sociales o de condiciones de trabajo en lugar de por romper las cadenas?... ¿Y que pensaríais de quienes propugnasen dicha “táctica”?... ¿A quienes están sirviendo, consciente o inconscientemente, a los intereses de los esclavos o a los de sus amos?
 
El franquismo fue la necesidad de encauzar a los pueblos peninsulares. En los años treinta éramos los más concienciados tanto como pueblos como socialmente. En ningún otro lugar los pueblos estaban tomando tal grado de conciencia de si mismos y las clases populares estaban tan concienciadas socialmente. De hay que el 18 de Julio no se limitase a un golpe de estado y el régimen fascista perdurase durante casi cuarenta años. Se imponía la necesidad de destruir esa generación y amamantar a otra carente de sus atributos, diametralmente opuesta de la anterior. Completamente adocenada y desideologizada. Ganada para la causa del capital y de la España una y grande. Y en gran parte se logró. Tal ha sido el éxito que hoy gran parte de la izquierda actual le hace el juego al capital y sirve a los intereses del nacionalismo español. Hasta allí donde mejor se resistió, como fue en Euskadi y Cataluña, cuajo la idea de España... Ellos no se consideran España, claro, pero creen que España es una realidad conformada por el resto de la península.
 
Y si tal grado de confusión se ha producido en dichos lugares, imaginaros en el resto, y sobre todo en Andalucía, esta tierra que por perder llego a perder incluso su nombre, siendo durante mucho tiempo denominada “Castilla Novísima” y catalogada significativamente por la Iglesia hasta hace poco como “tierra de misión”. Sí, si en algún lugar ha triunfado plenamente el plan previsto ha sido aquí, hasta en aquellos destinados a cambiar la situación. Pero sólo la represión ha mantenido artificialmente viva a España. Cualquier resquicio de libertad ha conllevado un despertar de los pueblos ibéricos y el surgimiento de sus propias izquierdas transformadoras. Y son estas las que, por estar ancladas en la realidad, están llamadas a perdurar y alcanzar sus objetivos. Las españolistas tendrán el mismo destino que el artificioso marco social que defienden; su marginalidad y desaparición superadas por la historia y el impulso de los distintos pueblos. Su hipócrita y falso antinacionalismo, envuelto en la bandera bicolor o tricolor de la Nación Española, esta destinado a representar el mismo papel que el de la socialdemocracia europea durante la I Guerra mundial. El de ser fieles siervos de los intereses imperialistas del nacionalismo burgués.
 
Andalucía necesita su propia izquierda transformadora que impulse el renacimiento de la conciencia popular, la unidad de todos los nacionalistas y sea vanguardia de la lucha de liberación nacional. Esta es una tarea histórica e ineludible para cualquier andaluz de conciencia y con conciencia social. Pero para que se conforme y consolide necesita actuar de manera autónoma con respecto a cualquier movimiento que no sea de estricta obediencia andaluza. Nunca podrá surgir ni fortalecerse bajo el amparo o junto con la izquierda españolista. Porque la izquierda españolista es la guardiana de los intereses de la burguesía opresora. Su papel es el de “cambiar algunas cosas para que nada cambie”. En aquellos otros pueblos peninsulares poseedores de sus propias izquierdas, estas han surgido de manera independiente de la izquierda españolista. No existen gracias a ella sino a pesar de ella. Y allí donde crece la izquierda nacionalista, la españolista se bate en retirada. Se convierte en minoritaria, solo seguida por aquellos sectores mas desclasados o ajenos al propio pueblo junto al que conviven pero del que no forman parte y son fácilmente manipulables por intereses ajenos al mismo. La izquierda española no es el amigo al que unirse, sino el enemigo al que desenmascarar y combatir. Es esa falsa izquierda al servicio del sistema, capataz de sus intereses, controladora y adormecedora del pueblo andaluz. Por pocos que seamos solos, menos seremos con ellos, porque no seremos nada, ni izquierda ni andaluces. Ellos están ahí para impedir que nosotros seamos no para ayudarnos a ser. Recordad el nombre del partido de la izquierda nacionalista irlandesa: Sinn Fein, “Nosotros solos”. Pues eso lo resume todo; nosotros solos... una izquierda solo andaluza, formada solo por andaluces y al servicio solo del pueblo andaluz. Ese es el reto y en asumirlo estará el principio de la “larga marcha” que conducirá a la liberación de nuestro pueblo. Y si no somos capaces de verlo otros lo harán, es inevitable. Andalucía volverá a ser libre. Nuestra inconsecuencia solo supondrá un breve retraso en nuestro destino: volver a ser lo que fuimos. Levantémonos y pidamos tierra y libertad, nuestra tierra y nuestra libertad.

Opinión
La falsa dicotomía en el problema nacional y la izquierda marxista
Juanma Barrios*
Espacio Alternativo, 22 de Marzo de 2007
 
Pintada de Espacio Alternativo en Granada, Mayo 2005
 
Estoy convencido de que las palabras que siguen irritarán a muchos, pero creo que ya es hora de asumir que desde hace años la cuestión nacional ha sido para la izquierda revolucionaria un elemento de fragmentación de fuerzas y aislamiento social más que una herramienta para debilitar al estado burgués; sólo el País Vasco y Cataluña, y parcialmente Galicia, escapan a esta consideración. El nacionalismo andaluz, por ejemplo, ha demostrado su extrema debilidad en el reciente referéndum estatutario, que ha dejado en completo ridículo a los que hablaban de autodeterminación e independencia, y se encontraron con un pueblo que oscila entre aquellos a los que no les interesa el tema en absoluto y los que respaldan un nuevo estatuto que desde luego consagra la unidad de España.
 
Mientras tanto, el nacionalismo español no deja de crecer, y no sólo en la derecha liderada por el PP, sino en la amplísima base social del PSOE. Frente a este hecho, la izquierda revolucionaria no encuentra más respuesta que la de repetir que “España es una cárcel de naciones”, discurso válido durante la dictadura de Franco, pero desfasado tras casi tres décadas de un estado de las autonomías que ha cambiado la realidad española, aunque no sea de la manera que nos habría gustado.
 
Ya es hora de que abandonemos la dicotomía centralismo/independentismo, producto de la concepción burguesa del estado-nación, y nos demos cuenta de que hay otros caminos, para empezar el de construir un estado plurinacional que se reconozca como tal. No olvidemos que a lo largo de la historia la inmensa mayoría de los estados han sido multiétnicos y que en la actualidad esto sigue siendo así. El historiador marxista Josep Fontana lo ha explicado de forma muy clara en diversas ocasiones, sin que en la izquierda revolucionaria salgamos de nuestro autismo: "...debería criticarse el hecho de que seguimos usando todos los elementos separadores y agresivos que la teoría del Estado-nación ha generado. Y que ha causado millones de muertes totalmente innecesarias. La gente debe entender que el Estado plurinacional no es una forma de utopía del futuro, sino la forma natural de vivir. Lo fue hasta que, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, a determinadas finalidades convino otra cosa" [entrevista por Frances Arroyo en Nou Cicle realizada en marzo de 2006].
 
Y como el mismo historiador señala, en un planeta en el que existen 2000 etnias y unos 200 estados, ¿cuántas guerras serían necesarias para lograr el mapa perfecto?. Si añadimos que raro es el pueblo sin estado que vive en un territorio de población homogénea o el estado que abraza la totalidad de su etnia, ¿cuántas limpiezas étnicas serían precisas?
 
No trato con ello de minimizar lo que ha sido la opresión nacional en España, sobre la que sería el primero en relatar una interminable serie de agravios indignantes. Pero que la alternativa al Estado nación español sean varios estados nacionales, me parece un planteamiento utópico no sólo irrealizable dada la correlación de fuerzas, sino también peligroso.
 
Hace unos meses pudimos comprobar que los catalanes mostraban un desinterés significativo por su nuevo estatuto, mientras que los que acudieron a las urnas respaldaron de manera muy clara el nuevo marco autonómico. Por otra parte, en los últimos años estamos asistiendo a la derrota del ala militar de la izquierda abertzale, que en su caída está arrastrando al independentismo político y fortaleciendo a la derecha españolista; mientras, el nacionalismo pactista se mantiene fuerte, y PP y PSOE conservan un tozudo 45% del electorado vasco y la gran mayoría del navarro.
 
La fortaleza del Estado y del nacionalismo españoles no pueden ser ignorados, ni atribuidos sólo al dominio mediático de una burguesía centralista. Por otra parte, creo que ya está bien de definir con epítetos insultantes a las diversas fuerzas políticas adversarias y, lo que es más grave, elaborar los análisis políticos a partir de caricaturas. Ni CIU ni PNV son partidos “regionalistas”, como les acusan los independentistas de sus respectivos países, ni el españolismo del PP y el PSOE son equiparables, porque el PP es un partido nacional-católico, heredero de la concepción franquista de España, y el PSOE es un partido que cree sinceramente en el Estado de la autonomías, aunque en su seno haya federalistas defensores del carácter plurinacional del país y centralistas próximos a los planteamientos del PP, que son aquellos que más eco encuentran en los medios de difusión del grupo PRISA. En cuanto a IU, pueden criticarse las debilidades de su discurso federalista y aún más de su praxis, pero desde luego que no se la puede lanzar al saco del españolismo. Las simplificaciones ayudan poco a comprender la realidad, las simplezas menos.
 
La crisis del Estado español en el franquismo final y en la Transición, sumada a la vitalidad del independentismo vasco, arrastraron a no pocas organizaciones de izquierda marxista, entre ellas la LCR y el MC, a posiciones abiertamente nacionalistas en ciertas comunidades autónomas. El insulto de españolista las atemorizaba y no fueron capaces de elaborar una alternativa a la dicotomía centralismo/independentismo. De los textos de Lenin sobre la cuestión nacional y el imperialismo hacían una lectura que daba la razón a los independentistas del presente, cuando ningún bolchevique apostó por la descomposición del imperio zarista en una miríada de pequeños países manipulables por las potencias occidentales, sino por la erección de un nuevo estado plurinacional. Por otra parte, Marx o Engels, Lenin o Trotski, distinguían claramente entre las naciones que habían luchado decididamente y por largos periodos históricos por su independencia, como Irlanda o Polonia, y otros grupos étnicos acomodados a vivir sin estado. No era desde luego para aquellos revolucionarios lo mismo Irlanda que el País de Gales, ni Polonia que Bielorrusia; no se trataba de que unos pueblos fueran menos que otros, sino de que la cuestión nacional representaba problemas políticos muy diferentes. Nuestros actuales independentistas de Andalucía, divididos en minúsculos grupos, hablan de autodeterminación e independencia con el mismo desparpajo que los vascos, sin darse cuenta de que no son equiparables las tradiciones de lucha y los sentimientos nacionales, y que lo que en el País Vasco puede ser una eficaz bandera de combate, en Andalucía sólo conduce al más obtuso aislamiento. Cuando no hay ni un solo partido nacionalista que se siente en el parlamento andaluz —el Partido Andalucista es una agrupación electoral que ha demostrado sobradamente su vacío ideológico— creo que lo razonable no es plantear un debate polarizador, porque aunque la abrumadora mayoría se siente a la par andaluza y española, si se la empujara a elegir la echaríamos en brazos del españolismo. Y creo que esta reflexión valdría para otras comunidades autónomas donde hay grupúsculos independentistas que no miden el alcance de los sentimientos nacionales o regionales de los pueblos a los que aspiran a liderar.
 
En fin, opino que en la izquierda del Estado español es el momento de poner claramente la lucha contra la desigualdad social y la explotación en el centro de nuestras preocupaciones, sin olvidar que aún nos queda por recorrer un tramo importante del camino hacia un estado plurinacional. Ambas luchas no son desde luego incompatibles, pero las prioridades son las prioridades, y los marxistas no podemos olvidar las nuestras, como no las olvidan los nacionalistas.
 
*Militante del Espacio Alternativo - Granada
[Espacio Alternativo forma parte del BAI junto a CUT-BAI, Jaleo y PCPE]
 
Enlace Relacionado
Andalucía Libre nº 317, 24 de Febrero de 2007
 
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Opinión
La Cuestión Nacional en el VIII Congreso estatal de la LCR
A modo de introducción
Estrategia nacional o estrategia estatal
 
Granada, 1º de Mayo de 1985
"Andalucía es una Nación ¡Soberanía ya! Tierra, Trabajo, Libertad"

El bloque de documentos sobre la Cuestión Nacional en el Estado español aprobados por la LCR en su VIII Congreso estatal de mayo de 1989, constituyen en su conjunto y aún hoy, un material político, analítico y teórico de extremo interés.
 
Al difundir estos textos desde Andalucía Libre, aquí y ahora, pretendemos de una parte contribuir a la memoria de la izquierda andaluza, haciéndolos asequibles especialmente a las nuevas generaciones militantes que los desconocen; contrapesando olvidos y desconocimientos, fruto de las discontinuidades y derrotas.
 
No obstante, nuestro objetivo no es sólo ni fundamentalmente histórico. Prioritariamente queremos facilitar el acceso a unas aportaciones todavía útiles para afrontar cuestiones que siguen siendo tremendamente polémicas en nuestros días y que constituyen elementos centrales y definitorios de delimitación política -incluso entre quienes se proclaman comprometidos con los derechos nacionales de Andalucía y su emancipación desde una perspectiva socialista- como pueden ser la relación entre lo nacional y lo estatal y consecuentemente los ámbitos adecuados y coherentes de organización política y social para la izquierda andaluza o la definición del objetivo político estratégico necesario para la emancipación de Andalucía como Nación. 
 
Recuperar unas reflexiones no supone compartir todas o algunas o muchas de sus premisas y conclusiones; incluso si se asumieron en su momento. Así ocurre en este caso. No nos preocupa en absoluto constatar las evoluciones intelectuales y aún rupturas políticas, personales o colectivas.  De todas formas, este aspecto nos parece aquí secundario. Como el tan conocido y practicado 'ajuste de cuentas' nos parece pueril y estéril, hemos optado por el rigor documental, como se intenta en este dossier, para que las opiniones actuales no distorsionen el contexto pasado.
 
Como es sabido, desde Andalucía Libre hace años que venimos defendiendo que la construcción de una izquierda andaluza fuerte y eficaz para alcanzar la liberación nacional y la emancipación social de Andalucía implica ineluctablemente asumir los objetivos y estrategia independentistas. En multitud de ocasiones hemos planteado que el esfuerzo necesario para conducir al éxito a este proyecto requiere confrontarse política y analíticamente, entre otras tareas, con las diversas estrategias estatalistas y españolistas que mantienen política, ideológica y orgánicamente colonizada y por tanto inoperante a buena parte de nuestra izquierda.
 
Desde esta posición, nuestra motivación fundamental al editar este Material con los textos del VIII Congreso estatal de la LCR quizá resulte paradójica para algunos, pero lo hemos hecho porque –tras comparar sus contenidos con otros muchos, pasados y presentes- seguimos encontrando ahí la formulación más elaborada, articulada y sutil en la cuestión nacional –sin españolismos burdos- de una estrategia estatalista que rechazamos. Por eso precisamente la escogemos como contrapunto sugerente para la formación y el debate. Que en 2006 estas posiciones de la LCR de 1989 no dispongan de soporte orgánico alguno en Andalucía ni nadie las defienda, no les resta valor para cumplir este cometido. 
 
Lo dicho resultará más claro si resumimos a continuación los documentos reproducidos en el Material.
 
En su Informe sobre la Cuestión Nacional (que incluye un repaso histórico a la cuestión), sus Tesis sobre la Cuestión Nacional o su Resolución sobre Modelo de Partido se encuentran condensados, a la vez, tanto un resumen de la propia trayectoria de la LCR[1] –o al menos, un reflejo de cómo era leída entonces por la organización- como un serio esfuerzo de elaboración política y estratégica ante el problema nacional, que aún ahora trasciende su propia experiencia específica. Puede decirse que la LCR llegó al máximo posible en relación a esta cuestión por parte de una organización de izquierda estatal.
 
No en balde en ese Congreso la LCR aprobó, entre otras propuestas, apoyar la independencia  nacional de Euskadi y Cataluña como concreción de su derecho a la autodeterminación; descartó apellidar al derecho a la autodeterminación con cualquier propuesta apriorística unionista -incluida su hasta entonces tradicional “Libre Federación de Repúblicas”[2]- tal como era y es costumbre ritual en la extrema izquierda; realizó un análisis del origen y consecuencias del españolismo y se comprometió a promover la conciencia nacional de las naciones sin Estado.
 
Además intentó dotarse de una formula organizativa que quería coherente a su nuevo proyecto estratégico, queriendo conciliar lo nacional y lo estatal. Así, desarrollando y formalizando una practica precedente, aprobó que la LCR vasca –LKI- se definiera  como partido nacional soberano -estatus al que también accedió la LCR catalana- lo que implicaba reconocer que disponía en su ámbito nacional de la capacidad de decisión política y organizativa en ultima instancia. Así la LCR resultante de este congreso quedaba como una confederación a tres; integrada, de momento, por las organizaciones de Euskadi, de Cataluña y de la LCR del resto del Estado español (que a su vez, incluía las organizaciones nacionales de Andalucía, Canarias o Galicia, a las que su desarrollo militante aún no les hacia posible acceder a esa situación).
 
Un adelanto para el debate actual
 
Para ampliar la perspectiva y describir su implicación nacional, ubicando sus limitaciones  políticas y sirviendo además para insertarla en su contexto, incluimos además en el Material una aportación para el debate congresual elaborada entonces desde Andalucía por Kemal: Notas sobre la Cuestión Nacional. Dejando aparte los aspectos positivos ya citados y algunos otros -como la relativización y alejamiento de los marcos estatales preexistentes- los limites políticos del debate de 1989 y de sus conclusiones aparecen nítidos en este texto. 
 
Así, por ejemplo,  se dice allí:
 
“El proyecto de tesis propone una modificación importante. Dejar de considerar que la existencia del Estado determina la existencia de un plan estratégico central a desarrollar tácticamente a nivel nacional para reconocer que existen tareas y dinámicas estratégicas nacionales y estatales, interrelacionadas pero autónomas, que conllevan sus propias mediaciones tácticas y organizativas. Eso sí, ambas tienen un determinante terminal común: la destrucción del Estado burgués español; meta que, por su envergadura, se considera planteable necesariamente sólo a escala estatal[3]. Es decir, no creemos que la Liberación Nacional se pueda obtener con el objetivo de la ruptura territorial con el Estado sino con la destrucción del Estado[4]
. Consecuentemente, el partido comunista revolucionario ha de construirse con sus dos dimensiones -nacional y estatal- de manera que se encuentre preparado para afrontar tanto sus tareas nacionales como estatales o internacionales”
 
Se suceden aquí encabalgadas varias premisas erróneas. De entrada, afirmar temerariamente que la “Liberación Nacional no se puede obtener mediante la ruptura territorial con el Estado sino con la destrucción del Estado” es una previsión estratégica arbitraria. Convierte lo que entonces era apuesta o deseo solidario en pronostico cerrado.
 
Más aún, establece implícitamente una jerarquía de objetivos que desmiente y desvaloriza la pretendida nueva equiparación entre tareas estratégicas nacionales y estatales. Si todo –incluida la autodeterminación o la independencia- depende de la “destrucción del Estado español”, entendido como totalidad institucional y territorial, es lógico que termine predominando la dimensión estatal y que ello implique la supeditación de lo nacional a lo estatal, único marco en donde se afirma que podrá resolverse.
 
Ya se podía defender en Notas sobre la Cuestión Nacional que:
 
“Hoy lo que tenemos que subrayar en la autodeterminación es lo que ésta implica de ruptura con ese Estado que hoy existe, de soberanía nacional plena de la nación oprimida. Tenemos que dotarnos de las reivindicaciones que, atendiendo a la realidad de cada país y de la lucha nacional que en él se desarrolla, sirven mejor a estos objetivos”
 
La conclusión consecuente con esta reflexión –y con otras que aparecen en esa aportación- y que no se asumía, era alterar radicalmente la primacía de marcos y objetivos y convertir la emancipación nacional de Andalucía y su liberación social en central, extrayendo de esta conclusión todas sus implicaciones políticas, ideológicas y organizativas. Conllevaba avanzar en la definición del modelo para la Nación a reivindicar que -a partir de la valoración positiva de la ruptura, que ya se incluía- no podía ser otro en pura lógica que la demanda expresa y abierta de independencia nacional; aunque luego se concretará tácticamente a las diversas coyunturas.
 
En la practica, sin embargo, esta línea seguía condicionada por una hipótesis estratégica estatalista que conllevaba subordinar la emancipación nacional de Andalucía a la desaparición de España o del Estado español y en consonancia a esa tesis, colocar en servidumbre la dinámica, ritmos y objetivos nacionales en alianzas y prioridades a los estatales. No se caía en la cuenta de que si bien situar como centro lo nacional, aparte de ubicarse correctamente en la propia Nación, podía conducir también –o no- a esa disgregación estatal; sostener por el contrario la centralidad estratégica estatal -al menos en su fase resolutiva- implicaba, especialmente en el caso andaluz, castrar toda posibilidad de desarrollo emancipador nacional y por ende fortalecer al Estado español que se pretendía combatir.
 
Los textos congresuales comentados incluían, ciertamente, la posibilidad de que el Estado español “quedara paralizado” en su capacidad represiva una vez conquistada la soberanía nacional –lo que en coherencia significaba que esta era alcanzable, al menos en principio, en un proceso nacional- pero este reconocimiento volvía a ningunearse al adjuntarle que “las movilizaciones necesarias” para sostenerla serían efectivas sólo
“si tienen una dimensión estatal”.
 
Sin desmerecer el efecto benéfico y positivo de una crisis estatal o de una solidaridad española efectiva, el enfoque presente, tanto en el texto de Kemal como en las Tesis, venía a negar la posibilidad de alcanzar la Soberanía Nacional o la independencia sólo o esencialmente a partir de las propias fuerzas nacionales; sin contemplar siquiera la hipótesis de un proceso nacional de alcance lo suficientemente profundo como para que el Estado español –incluso conservando su capacidad operativa fuera de Andalucía- reconociera que los costes de impedirlo eran tan altos como para hacer inviable una intervención contra Andalucía. Por otra parte, se obviaba la evidencia de que la consecución de esta “paralización” ayudada por movilizaciones de fuera de la nación, no implicaba necesariamente la existencia de un “partido con dimensión estatal” -como sí ocurría en el esquema estratégico anterior formalmente superado en el Congreso- siendo hipotéticamente posible sin su existencia.
 
De hecho, toda la argumentación estaba construida para afirmar la utilidad –y por tanto necesidad- del mantenimiento de un partido estatal (aunque fuera una suma confederal de partidos nacionales), también para la emancipación nacional. Procesos políticos y sociales nacionales de amplitud masiva eran leídos y retocados para avalar lo que en comparación resultaban minúsculas continuidades organizativas. Incluso el reconocimiento expreso recogido tanto en el texto como en los documentos congresuales de que la clase obrera debía elevarse a la condición de clase nacional en las naciones oprimidas, quedaba desmentido al volver a verla como sujeto social anacional, lo que se traducía en la practica como “estatal-español”. El atavismo estatalista que se echaba por la puerta, se colaba de nuevo por la ventana.
 
No ser consciente de esas implicaciones hacia posible creer entonces que eran conciliables contradicciones evidentes. Aún defendiendo sinceramente la Soberanía Nacional, sin descartar la independencia, la circunstancia de participar aún de una lectura simplificada y esquemática del modelo insurreccional leninista y de no extraer las conclusiones debidas de toda la historia de Andalucía y las otras naciones del Estado español durante el siglo XX hasta esa fecha, conducía a intentar ingenuamente resolver por elevación las incoherencias políticas de los textos congresuales y así Kemal escribía:
 
“La estructura del partido no tiene porqué prefigurar el modelo de relaciones entre las naciones. Se puede construir la nación, hacer política nacional, luchar por la independencia... en un partido que sea nacional y estatal con la capacidad de decisión última conferida al CC. El partido es un instrumento de combate; tiene que ser ágil, golpear fuerte y rápido cuando sea necesario. Cuando decimos que la Liberación Nacional está unida a la Revolución Socialista estamos diciendo que se necesita una dirección política estatal que en coyunturas de crisis pueda decidir y una organización que se vaya construyendo ya desde hoy educándose en ello.”
 
La propia tesis 13 respondía a esta cuestión, aunque no extraía la conclusión lógica de su propio razonamiento, cuando para defender el modelo partidario nacional y estatal, argüía:
 
“El partido a construir no debe ser la consecuencia mecánica de un proyecto estratégico necesariamente general, ni tampoco el simple reflejo de las tareas asumibles en cada momento, con sucesivas adaptaciones a la realidad cambiante. Debe ser una opción, a medio y largo plazo, de construir una vanguardia revolucionaria a través de las luchas, capaz de relacionar las tareas actuales con el proyecto estratégico, y que tenga en cuenta la realidad concreta (...) en cada momento (importancia numérica, implantación, influencia social, formación, experiencia. etc).”
 
Bien se podía destacar en Notas... que:
 
“Los proyectos reafirman que favorecemos el desarrollo de la conciencia nacional de las naciones oprimidas, que laboramos por su construcción nacional desde nuestro propio proyecto nacional como comunistas. No se la ve pues como una tarea ajena a la que, una vez que ya ha obtenido un apoyo social sustancial, damos una salida democrática; queremos participar en ese combate en todas sus fases. No tomamos como referencia para actuar como patriotas de esas naciones o proyectos nacionales la presencia o fortaleza de corrientes nacionalistas radicales. Optamos por ello al constatar que se han producido demandas políticas de autogobierno y que éstas se encuentran vinculadas a una situación de opresión específica valorando que el progreso de esta conciencia y de las reivindicaciones a ella conectadas juegan un papel positivo”
 
Seguían sin extraerse todas las implicaciones de este posicionamiento. Se confundía el tener presente el contexto estatal, continental y mundial con mantener una estrategia que seguía siendo en ultima instancia estatalista. Sin tomar conciencia de todas las consecuencias de la necesidad ya asumida de generar una lucha  socialista contra España y el Estado español desde y por Andalucía, no se aquilataban todas las diferencias existentes entre, por ejemplo, formar parte de una Internacional y ser parte de una organización cuyo ámbito es justo el del Estado opresor con el que se quiere romper. Se eludía la incomoda constatación de que no es materialmente posible luchar por la soberanía e independencia nacional en y desde una fuerza dependiente ni construir una organización nacional como sección de una estatal.
 
Han transcurrido 17 años desde la redacción de estos textos y más de 30 desde el inicio de la Transición.
 
La experiencia transcurrida -con todos sus avatares- hace hoy aun si cabe más quiméricas que  entonces las bases políticas y teóricas que sostenían cualquier estrategia estatalista y más insustanciales las argumentaciones al uso que pretenden sostenerlas.
 
La practica de organizaciones políticas y sociales como PSOE, PCE-IU, CCOO o UGT han demostrado que a efectos andaluces su recurso demagógico a la 'solidaridad', no es más que una envoltura para perpetuar la opresión de Andalucía y especialmente de su clase obrera y su supeditación a sus intereses burocráticos y a su sometimiento a España. Las organizaciones estatales a su izquierda –de cualesquiera definición- en Andalucía han evidenciado su inoperancia; incluso cuando han recurrido a camuflarse como 'nacionales'. La dependencia conduce a la impotencia.
 
El estatalismo de izquierdas –cuya versión extrema es la secta maoespañolista UCE- se ha demostrado un secuaz objetivo del Estado español. Los procesos de radicalización vividos –con todos los limites y contradicciones habidos y por haber- manifiestan con nitidez que las alternativas son o bien una 'Andalucía Libre' –o una Euskadi, Canarias o Cataluña... Libres- y por tanto independientes o bien una 'Andalucía española' y por tanto sometida (y lo mismo puede decirse en relación a las otras naciones).
 
La miscelánea de federalismos y confederalismos varios –eufemismos de España- han ratificado que sólo actúan eficazmente a efectos narcóticos en contra de la extensión de la conciencia nacional andaluza; propalando confusión o pasividad cuando no directamente colaboración o colusión con el españolismo. Sus posicionamientos directamente ofensivos cara a los intereses nacionales andaluces en los recientes debates estatutarios han vuelto a evidenciar que Andalucía como Nación y los trabajadores andaluces como clase sólo pueden confiar para su emancipación en si mismos y que cualquier relación nacional futura digna sólo es viable desde la independencia. Sus silencios o posturas ante el debate estatutario andaluz lo reiteran. Así pues, la única solidaridad efectiva para con Andalucía que cabe reclamarles a estas alturas es que, reconociéndonos como Nación, cesen en sus interferencias en Andalucía e impulsen o reconozcan la emancipación de sus secciones andaluzas de su tutela.
 
En Andalucía la resistencia frente a la asimilación española, la normalización nacional y la ruptura con el subdesarrollo y la dependencia requieren avanzar en la definición de un modelo alternativo que sólo puede partir de asentarse en la reivindicación de la independencia nacional y en la construcción de una izquierda andaluza que desplace a la fracasada izquierda sudespañola.
 
Cierre e invitación
 
Para concluir esta introducción y sin animo de ni siquiera apuntar un balance general que no procede incluir aquí y que excede el objeto de esta introducción, cabe añadir simplificadamente -y a titulo estrictamente informativo- que las carencias políticas acumuladas en general por la LCR a lo largo de su historia –y en lo tocante a lo nacional, entre otras, el predominio de su organización vasca- condujeron, vía fusión con la secta postmaoista MC, a su desaparición en 1991 y consecuentemente al fracaso practico de esta reflexión y a su conclusión.
 
Desde estonces los diversos descendientes –directos o indirectos- de la LCR en el Estado español –que no herederos- hemos ido construyendo por separado reflexiones y practicas divergentes sobre lo nacional. En unos casos avanzando a partir de ese punto, reflexionando críticamente sobre sus limites y en otros, instalándose en la regresión a posturas estatalistas más o menos sofisticadas, que la misma LCR llegó en su momento a considerar francamente obsoletas; al menos teóricamente.
 
Es desde la perspectiva de la que aquí hemos ofrecido un adelanto y un breve resumen que pensamos que estos textos siguen teniendo actualidad como espejo sobre el que desarrollar por contraste y más allá de lo coyuntural o anecdótico, los argumentos y fundamentos políticos de una estrategia de izquierda independentista andaluza.

Kemal,
Andalucía, 19 de Septiembre de 2006
Notas

[1] Entre los documentos que forman parte de esta trayectoria y convergen para dar lugar a estas elaboraciones se encuentra Los Comunistas Revolucionarios y la lucha por la Liberación Nacional de Andalucía, Declaración del CN de la LCR de Andalucía, Septiembre de 1988. Este texto esta asequible para descarga en Andalucía Libre - Archivo de Documentos, Carpeta Andalucía Libre
 
[2] Una consigna y un objetivo estratégico que cumplía hasta entonces funciones ideológicas y políticas similares a las que van inscritas en las actuales 'III República (española)' o 'República Confederal'; que hoy asumen y defienden las organizaciones de la extrema izquierda española en Andalucía y aún alguna organización política de ámbito nacional como CUT-BAI. Aunque este era su cometido esencial, aunque sea a nivel de matiz, cabe reseñar que la formulación de 'Libre Federación de Republicas' –quizá por necesidades vasco/catalanas- hacía hincapié en la previa autodeterminación y sobre todo en la multiplicidad estatal consecuente, preexistente a la pretendida federación propugnada.
 
[3] La Tesis 13 lo manifiesta con énfasis cuando decía: “Sin embargo, la destrucción del Estado burgués español no puede conseguirse a nivel de una nacionalidad, sino que exige una ofensiva conjunta (y, por tanto, más compleja que la solidaridad o la simple coordinación) de todos los pueblos del Estado, la vertebración de una amplia mayoría social con la clase obrera como centro de gravedad.”
 
[4] En la tesis 7 de las Tesis sobre la Cuestión Nacional, aprobadas en el Congreso, se reitera como resumen de la hipótesis estratégica que asumía la LCR: “Por estas razones, la autodeterminación sólo puede conquistarse por medio de grandes luchas de masas que se enfrenten al Estado y sean capaces de destruirlo o, por lo menos, de paralizar su capacidad de intervención represiva una vez conquistada la soberanía (lo cual sólo es posible si tienen una dimensión estatal).
 
 
 Memoria Historica - Izquierda a debate

A modo de introducción

LCR, Secuencia de una crisis:

La marcha hacia la fusión con MC

Andalucía Libre

 
Desde hace tiempo venimos incorporando a nuestro Archivo de Documentos, al ritmo que nos permiten nuestras tareas y el trabajo que implica su selección, búsqueda y digitalización, textos sobre el proceso LCR-MC, como una contribución a la recuperación de la memoria histórica y al debate y formación de la izquierda andaluza.

Como hemos apuntado en anteriores entregas (1) pensamos que este proceso tiene interés en sí mismo; más allá de a quienes afectó, porque en su desarrollo se plantean y dilucidan –aunque sea en forma particular- cuestiones políticas que conservan plena actualidad y están en el centro de múltiples debates de hoy.

Aparte de esta motivación central y básica, nos parece también una obligación ética y política, cara a las nuevas generaciones militantes, facilitarles en lo que nos sea posible un material histórico documental que evite deslizamientos hacia la hagiografía o la mitificación del pasado –incluido, por supuesto, el de quienes hacemos hoy Andalucía Libre- aportando a la vez luces y sombras, de manera que tengan elementos para desarrollar su propia reflexión. Desde el inicio de nuestra trayectoria militante siempre hemos creído que no es posible vencer a un enemigo nacional y social tan poderoso como con el que nos enfrentamos sin disponer de una vanguardia militante nacional critica, capaz de elaborar conclusiones sobre aciertos y errores pasados y a partir de ahí, de construir sus propias respuestas ante los múltiples y complejos desafíos presentes y por venir,  a confrontar y superar.
 
Por supuesto, sabemos que al común de los andaluces estos debates –como en general el enfoque de la realidad que hacemos regularmente en Andalucía Libre- les quedan lejos de sus preocupaciones inmediatas. No más, ciertamente, que los que emanan del resto de la izquierda. Aún así, sabiendo que en principio hoy su publico es pequeño, no por ello desmerece la importancia que le damos a su conocimiento para el destino futuro de nuestra Patria y nuestra clase, porque pensamos que la actitud y compromiso de quienes nos leen es un valor importante para recuperarnos de las derrotas históricas sufridas y acercarnos algún día a la victoria. Este es uno de los sentidos generales de nuestro trabajo.
 
En esta ocasión, reproducimos materiales que –combinados con los anteriormente publicados- creemos que pueden contribuir a explicar porqué y cómo se produjo la fusión LCR-MC y porqué esta fue un fracaso. También incluimos –porque nos parece particularmente importante- materiales específicamente andaluces sobre este proceso, aún menos conocidos que el resto y que creemos de interes. Como hasta la fecha –más allá de estas breves introducciones- nos abstenemos de incluir relatos y valoraciones –esencialmente por falta de tiempo y por atender a otras prioridades- y dejamos esencialmente a los documentos originales que hablen por sí mismos.
 
Entrando en harina, el Comité Central de la LCR aprobó el 21 de Julio de 1990 su proyecto de resolución Las Relaciones MC/LCR -con 16 votos a favor, 3 en contra y 3 abstenciones- por el que tras constatar el hecho consumado de lo que entonces ya parecía inevitable y próxima unificación de LKI y MC en Euskadi y los primeros escarceos hacia una operación similar en Cataluña, modificaba los criterios políticos generales mantenidos hasta ese momento sobre las relaciones con el MC (aprobados en el VIII Congreso estatal de 1989) y daba paso franco hacia la unificación estatal de LCR y MC. Uno de esos tres miembros del CC de la LCR que votaron en contra era el Responsable político nacional de la LCR de Andalucía (único andaluz entonces en el CC).
 
El Comité Nacional de Andalucía de la LCR debatió ese texto del CC y a titulo indicativo lo sometió a votación, rechazándolo: la posición del CC obtuvo 2 votos favorables, 4 en contra y 3 abstenciones.
 
La mayoría del CN suscribió entonces (Septiembre de 1990) un texto –Nuestra opinión sobre el proyecto de relaciones con MC- en el que atendiendo a la realidad nacional y al balance de las relaciones existentes en Andalucía con el MC, se pronunciaba contra el proceso de fusión, tal y como en ese momento se planteaba desde el CC. Las formas y alcances de la argumentación han de situarse y leerse ubicándolas en un contexto general estatal de muy fuerte presión hacia la unificación. Comprobar la entidad y secuencia de esa presión puede hacerse consultando las Actas de las reuniones centrales LCR-MC, que también se reproducen
 
Pocos días después de realizado este Pleno Nacional y mientras se preparaba la edición y distribución de este documento, la dirección central de MC aceptó formalmente el “pluralismo” para el futuro partido unificado en una reunión estatal con sus homólogos de la LCR. El objeto de esta declaración de MC era desbloquear la situación (y avanzar en su objetivo de absorber o desmenuzar a la LCR). Entonces, el Comité Ejecutivo estatal de la LCR se pronunció unánimemente a favor de iniciar el proceso de fusión. El CN, influido por esos dos nuevos datos y constatando su soledad en el marco de un proceso estatal que aparecía ya incontenible, desistió de difundir y publicar estatalmente este texto.
 
Esta decisión del CN  puede explicarse –entre otras consideraciones- por su dependencia de la dirección central de la LCR –en todos los ordenes-, fruto de su juventud y debilidad políticas y sobre todo de su incapacidad para ni siquiera plantearse y asumir un curso nacional propio, separado del resto de la LCR. Consecuencias todas de la deseducación implícita en el hecho de formar parte de un partido estatal, que el empeño voluntarista de construirlo simultáneamente como partido nacional no pudo superar y se manifestaron con toda su crudeza –tal y como suele ocurrir- en un momento crucial.
 
Para valorar el alcance y profundidad de esta dependencia –que para algunos de los afectados, en diferentes proporciones, nacía de las ataduras inscritas en las concepciones estratégicas descritas en Estrategia Nacional o Estrategia estatal y para otros de relaciones de confianza personal o del tan conocido complejo de inferioridad nacional de los andaluces- téngase en cuenta un dato: aún hubieron de transcurrir tres años más de turbulento y sicótico proceso con el MC y de paralelo y simultaneo proceso de  crisis, contradicciones, incoherencias y conflictos en la exLCR – aún más frustrantes, si cabe- para que por parte de algunos -y no todos- de los supervivientes de la crisis pudiera abordarse, cuestionarse y resolverse esta cuestión. Sólo entonces –rotos definitiva e irreversiblemente los vínculos con la mayor parte de la exLCR y especialmente con su equipo histórico de dirección estatal- pudieron extraerse en Andalucía las lecciones evidentes de la experiencia vivida; permitiéndose así desarrollar sin restricciones una reflexión política nacional  propia, de alcance general, sin anteojeras y un curso político independiente. Y aún con todo esto –tal y como es habitual en procesos de este tipo- los condicionantes de la situación nacional andaluza en general y de su izquierda en particular, no dejaron ni han dejado de influir, facilitando amnesias selectivas, particulares cláusulas de ‘punto final’ y recaídas conversas en concepciones políticas cuyas consecuencias llevaron al derroche y dilapidación de esfuerzos militantes y a un desastre político incuestionable.
 
Este material se inicia con la reproducción del texto aprobado por el Comité Nacional de Andalucía. Le sigue la Resolución del Comité Central de la LCR a la que se opone. Finalmente, se incluyen las Actas -tomadas por la delegación de la dirección central de la LCR- de las reuniones que por entonces se mantenían regularmente con la dirección central del MC, en los puntos relativos a las relaciones entre ambas organizaciones en las que puede seguirse paso a paso la gestación de la fusión y sus  condiciones. Atención particular a las fechas de los diversos textos. La cronología es importante.
 
(1) Ver más abajo enlaces a las introducciones anteriormente publicadas en Andalucía Libre 
 
Índice del Material:
 
1. Nuestra opinión sobre el proyecto de relaciones con MC, CN de Andalucía de la LCR, sep. de 1990
2. Las relaciones MC/LCR, Resolución del CC de la LCR, aprobada el 21 de Julio de 1990
3. Actas reuniones centrales LCR-MC. Marzo, Abril, Junio, Septiembre, 1990
Sobre El Proceso LCR-MC y la IV Internacional en Andalucía Libre: XV Congreso Mundial-Sugerencias, Andalucía Libre nº 143, octubre, 2002; Nota-Desvinculación de Andalucia Libre de Quadernos Internacionales, Andalucía Libre nº 159, febrero 2003; Cuba Sí - A proposito de la Declaración de la IV Internacional, Andalucía Libre nº 189, mayo 2003; Historia de la IV Internacional en Andalucía (1) - El fracaso de la unificación LCR-MC, Andalucía Libre nº 191, junio 2003; Historia de la IV Internacional en Andalucía (2) - El Boletin 27, Andalucía Libre nº 196, septiembre 2003.
 
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Música de fondo: Como quieres que te quiera, Rosario Flores
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[Adjunto no mostrado: Rosario Flores, Como quieres que te quiera.mid (audio/mid) ]

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