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Asunto:[BoletinAndaluciaLibre] nș 97 - Financiación aut.- Génova - PSA - Euro -
Fecha:Miercoles, 22 de Agosto, 2001  22:55:19 (+0200)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nș 97
Cita Nacional:
Granada, 2 de Enero de 2002
Toma NO; Viva Andalucía Libre
 
En este Correo:
 
*Acuerdos de financiación Autonomica: Andalucía sigue expoliada.
*El PSA se plantea defender la autodeterminación de Andalucía
  Opinión: De cal y de arena
*Pedro Montes y Diosdado Toledano, "Globalización" = Capitalismo + Neoliberalismo 
Opinión: Reflexiones desde Andalucía a partir de Génova
*Euskadi:Tasio, El PNV y la autodeterminación
*Sugerencias, Enlaces, Directorio, Música.
 
--oOo--
 
 
 Andalucía
Acuerdo de Financiación Autonómica
Andalucía sigue expoliada
Andalucía Libre
El pasado mes de Julio, PP y PSOE saldaron un nuevo Acuerdo sobre el modelo de financiación de las Comunidades Autonomas de regimen general (todas, excepto las dos vascas: la del Pais Vasco y la de Navarra, que disfrutan del privilegio de contar con sendos Conciertos economicos). El desarrollo detallado del proceso de negociación y sus contenidos puede seguirse en el Dossier de Prensa que hemos colocado en nuestra pagina Archivo de Documentos, Carpeta "Ataques Legislativos españoles", del que se puede descargar.
 
El contexto general del Acuerdo, que tiene pretensión de ser indefinido y no quinquenal como hasta ahora, está definido por la ortodoxia neoliberal y el compromiso ultraespañolista de la política del PP.
 
La política del Gobierno español del PP combina, de un lado, la aceptación entusiasta del corsé neoliberal que viene de la Unión Europea a través del Proyecto de Ley de Estabilidad Presupuestaria -que impide a las CCAA desarrollar políticas presupuestarias expansivas a cuenta de imponer la coherencia de todas las Administraciones para mantener el déficit cero- con su proyecto estratégico de reespañolización. El modelo pactado por PP-PSOE desarrolla y consolida la practica actual que prima y establece de hecho una homogeneidad en las políticas económicas del Gobierno español y de las CCAA. A la limitación de competencias le suma la negación a las CCAA de capacidades fiscales normativas significativas y sustantivas, haciéndolas dependientes de las transferencias estatales. Reservándose para España el impuesto de sociedades, otorgando sólo el 30% del IRPF y el de patrimonio y transfiriendo las cuantías de impuestos indirectos fijados por el Estado, el Gobierno español pretende asegurarse que las políticas económicas de las CCAA habrán de limitarse a complementar en lo accesorio la política general dictada desde Madrid. Concede lo justo para permitir algunos gestos estéticos diferenciados desde los Gobiernos autónomos, pero, a la vez, se asegura que estos dispongan de recursos normativos claramente insuficientes para basar una política económica realmente alternativa a la española, con lo que esto implica de favorecer la uniformidad española.
 
El acuerdo político PP-PSOE (con la adhesión de PA, Coalición Canarias y CiU) evidencia su coincidencia básica en el modelo social e interterritorial vigente. Los cambios en relación con el régimen de financiación autonómica precedente, a través de la inclusión de una cesta de impuestos indirectos siguiendo la propuesta formulada en su día por la Junta, se explican precisamente por la regresividad del sistema fiscal español que favorece descaradamente a las rentas del capital. Las sucesivas reformas reaccionarias del IRPF y la escandalosa evasión fiscal masiva, si de una parte han favorecido la acumulación de capital por la gran burguesía, de otra -por la disminución de la recaudación- inducían a buscar en otro lado fuentes de financiación para quienes no cuestionan esta situación. Al reservarse el impuesto de sociedades, el Gobierno español se asegura además una garantía adicional en la preservación de esta situación.
 
Desde el punto de vista tanto de PP como de PSOE, alcanzar este acuerdo les concede a ambos una imagen de responsabilidad institucional y española. Las aparentes concesiones coyunturales desde el Gobierno español del PP a las CCAA gobernadas por el PSOE, serán convenientemente compensadas a través de la continuidad de las políticas de inversiones estatales directas preferentes en las CCAA gobernadas por el PP (Galicia, provincia de Madrid, Castilla-León...), claramente favorecidas y financiadas a través del desvío hacia ellas de fondos, por ejemplo de origen europeo, inicialmente destinados a Andalucía.
 
La gestación del acuerdo, eso si, ha tenido la virtud de mostrar para todo el que quiera reconocerlo, que el reparto de recursos responde exclusivamente a factores de fuerza y proyectos políticos. Se han pactado políticamente cantidades, dentro de un contexto estratégico y doctrinal compartido y luego se le ha endilgado a los técnicos la tarea de buscar las ecuaciones matemáticas pertinentes para darle una apariencia tecnocrática.
 
Una conclusión importante a destacar desde Andalucía es que el modelo aprobado preserva el orden desigual que condena a nuestra Nación al subdesarrollo y la dependencia. El Gobierno andaluz PSOE-PA-Verdes se ha olvidado de los 650.000 millones robados por España a Andalucía en la distribución de fondos de la UE (ver Andalucía Libre nș 81), de la nivelación de recursos (llamada deuda histórica) que se elude desde Madrid desde 1981 o de los dineros sustraídos en los últimos años a cuenta de las discriminaciones sufridas por Andalucía tanto en transferencias de recursos como en inversiones directas (que, en su día la Junta, cuantificaba en cientos de miles de millones). Con ser esto muy grave en lo inmediato, lo esencial de esta nueva traición a los intereses nacionales andaluces desde el Gobierno andaluz, radica en su enésima aceptación de un sistema que impide la devolución desde España de recursos en cuantía suficiente para sustentar el desarrollo andaluz y que no sitúa a Andalucía en condición singular, diluyéndola entre el resto de CCAA españolas.
 
A este respecto, sólo cabe recordar como ejemplo de lo que esta situación implica el ridículo monto del llamado Fondo de Compensación Interterritorial (FCI), el instrumento que, según la Constitución española, debería eliminar las desigualdades interterritoriales. Los ingresos presupuestados de la Junta de Andalucía provenientes del FCI para 2001 ascienden a 61.803 millones de pesetas -371,4 millones de Euros- (¡el 2,2% de los ingresos!). Como ya hemos dicho aquí anteriormente (ver Andalucía Libre, nș 89 y nș 94) Andalucía necesita imperiosamente, en el caso de mantenerse dentro del Estado español, un Concierto Económico y un sistema fiscal propio que permitan desarrollar y financiar una política de desarrollo específica para salir de la dependencia. Continuar como hasta ahora implica apostar, no sólo por que continúe la desigualdad y la dependencia, sino porque estas se incrementen progresivamente y dificultar que desde Andalucía se pueda poner en practica una política socialmente reequilibradora, que anule los efectos neoliberales de la política española.
 
 
 
El PSA se plantea defender la autodeterminación de Andalucía
Los dirigentes de la formación argumentan que esta medida obligaría a modificar tanto el Estatuto de autonomía como la Constitución
 
Ideal / Granada

El Partido Socialista Andaluz (PSA) se plantea introducir en su ideario político la «autodeterminación» de Andalucía, según reveló ayer Hilario Aranda, miembro de la gestora del partido en Granada, que prepara el congreso de refundación de la formación que se celebrará en esta ciudad en noviembre próximo.

Aranda dijo, en rueda de prensa, que la autodeterminación de Andalucía que estudia defender el PSA obligará a modificar no sólo el Estatuto de autonomía -cuya reforma que plantea ahora el presidente andaluz, Manuel Chaves, consideró tardía-, sino también la Constitución para posibilitar la autodeterminación o un «estado federal», para lo cual abogó por abrir un «profundo debate» entre los andaluces.  

Añadió Aranda, que es el director gerente del Auditorio Municipal Manuel de Falla, que este planteamiento deberá ser revisado cada cuatro años por la formación andalucista, que definió como «nacionalista de izquierdas» para diferenciarlas de otros partidos, en alusión al PA. Subrayó que el PSA no es una «escisión», si no un nuevo proyecto heredero de aquel partido «clave» de la transición política.

Pese a la firmeza con que se refirió a este postulado, el concejal de Cultura, Turismo y Deporte de Granada, Jesús Valenzuela, que como Aranda, se ha integrado al PSA, tras abandonar el PA, no quiso abordar este asunto al señalar que Andalucía antes de plantearse la autodeterminación debe avanzar en muchos otros temas. Valenzuela, que es el cargo público más destacado que hasta el momento se ha sumado al PSA, reivindicó para este partido el ideario de Blas Infante que, según dijo, «no ha muerto», sino que «sigue vigente».

Preguntado por las diferencias entre el PSA y el PA -partido que le abrió un expediente de expulsión-, Valenzuela, que se refirió a los integrantes del PA como «compañeros», señaló que la diferencia fundamental es que al PA «le falta compromiso social» y que el PSA «sí lo tiene». Además, se refirió al PA como «partido bonsai», en referencia a que «no crece» y a su falta de implantación en toda la comunidad.

 
Opinion
De cal y de arena
Es su sino; el sino del PSA. En la misma noticia, una de cal y otra de arena. La de cal: el anuncio de que el PSA se plantea la posibilidad de asumir el derecho a la autodeterminación de Andalucía. La de arena, que en la misma comparecencia que se produce el anuncio, el cargo público que se encuentra al lado -Valenzuela, concejal de Granada- no quiere saber nada del asunto, empieza por relativizarlo con el conocido recurso a las prioridades y de hecho desautoriza, relativiza y niega lo previamente declarado.
 
Si fuéramos sectarios, desde nuestra desconfianza y prevención ante bastante de lo que el PSA ampara y recoge, la reacción lógica sería desear que el PSA no defendiera el derecho a la autodeterminación de nuestra Nación para así facilitar su critica. Sin embargo, como no lo somos, creemos, por el contrario, que sería positivo que lo aprobara y asumiese. Cuantas más fuerzas compartan y defiendan este derecho, por mucho que lo hagan de una forma que nos parezca formal, retórica o inconsecuente, mejor para Andalucía. 
 
Además, sería en extremo incongruente que el PSA, autodefinido partido nacionalista de izquierda, naciese sin asumir ese principio irrenunciable para todo demócrata y no digamos nacionalista. Sería de sainete que esto ocurriera y que fuerzas como la sucursal de IU en Andalucía, por ejemplo, pudieran alardear y refregarle por el hocico al PSA que ellas sí lo tienen incluido entre sus papeles; por mucho que este inoperante,  bien oculto y cubierto de polvo de tan escondido que lo tienen. Asumiendo la autodeterminación, como mínimo, el PSA se situaría, en principio, a la altura de IU, lo que no es mucho pero sí algo; más aún teniendo en cuenta que el PSA, a diferencia de IU, es un partido de ámbito nacional, con todo lo que ello implica.
 
Y sin embargo, las mismas declaraciones de Valenzuela nos devuelven a la mezquina, patética y triste realidad. Siguiendo la tradición andalucista, henos aquí de nuevo encarnada la cobardía política y la estulticia, avisándonos por enésima vez de cuan cortos son los limites -en todos los sentidos- entre los que algunos se mueven. En fin, esperemos que el instinto de conservación política de algunos y la coherencia nacionalista de otros, se aúnen para que, finalmente, el PSA asuma la autodeterminación de Andalucía. Que luego ya nos encargaremos de recordarlo.
Opiniones sobre la Globalizacion
"Globalización" = Capitalismo + Neoliberalismo
Pedro Montes y Diosdado Toledano* 
 
Carlo Giulani, asesinado en Genova
por la policia italiana
 

Para desmitificar la "globalización" se ha escrito que comenzó en 1519/22, cuando la expedición de Fernando Magallanes completó por primer vez la vuelta al mundo. No obstante, aun si admitimos que la "globalización" es un fenómeno nuevo,  caracterizado por unas crecientes y muy intensas relaciones económica de todos los países,  no existen, sobre el papel,  razones para que este nuevo estado de cosas, cuyo impulso último viene dado por el desarrollo de las fuerzas productivas, afectara negativamente al objetivo de promover un mundo donde el conjunto de los habitantes del Planeta se beneficiara de las conquistas que el hombre ha logrado a lo largo de su historia.

Antes muy al  contrario. El desarrollo de las comunicaciones y el transporte, la aparición de nuevos productos, la modernización de los procesos productivos, las técnicas de preservación de las mercancías, estos y otros avances, ciertamente maravillosos, podrían dar lugar a un intercambio creciente y a una dependencia cada vez mayor entre todos los países, que podrían resultar beneficiosos para el conjunto de todos ellos, permitiendo que las posibilidades que otorga la ciencia y la tecnología  hicieran más fácil, plena y, si cabe la palabra, más feliz, la existencia de toda la humanidad.

El problema surge porque, para empezar,  la "globalización"  es una nueva fase del desarrollo del capitalismo, y hablando de un sistema que descansa en la división de clases y en la desigualdad no cabe pensar en la neutralidad del fenómeno. Y, para seguir, porque la globalización es en gran medida un producto del neoliberalismo,  bajo cuya hegemonía está hoy concebido el orden económico mundial, el cual exacerba y amplifica los aspectos más aberrantes del sistema.

Recuerda este asunto el viejo debate y los conflictos que se dieron entre el maquinismo y el empleo a lo largo del siglo XIX en los primeros países industrializados. Nada objetivamente negativo aportaban las máquinas para crear riqueza y para liberar al hombre de los trabajos más penosos y embrutecedores, sino todo lo contrario, salvo que en manos de los patronos y con los criterios de la gestión capitalista las máquinas arrojaban a la miseria y al desempleo a masas  ingentes de trabajadores.

De la misma manera,  la "globalización" podría rendir beneficios espléndidos a la humanidad,  los cuales podrían esparcirse  por todos los confines de la Tierra  si no fuera porque no está concebida para ello, sino para servir los intereses de las clases dominantes y para la perpetuación del propio sistema a través del mecanismo de aumentar la explotación de los trabajadores en cada país y la explotación de los países del Tercer Mundo por las potencias económicas mundiales.

En efecto,  la "globalización" no es un fenómeno abstracto, sino la concreción de una nueva fase del desarrollo del capitalismo. Es la expresión actual de la  tendencia permanente, predicha por Marx, a la concentración y la centralización del capital. En el estadio alcanzado el capitalismo, esa tendencia ha desbordado de forma turbulenta los limites de los espacios económicos que representan los Estados.

Como es sabido, hay un cierto debate sobre si la globalización económica es ahora incomparablemente más intensa que en otras etapas del pasado, si nos atenemos a las relaciones o los intercambios de bienes y servicios entre países. Sin entrar en este debate, parece fuera de toda duda que en estos momentos la "globalización" es una es una realidad cualitativamente distinta a como lo fue en cualquiera otra fase del capitalismo en el pasado.

Por un lado, bastaría considerar que el cambio sustantivo introducido por el proceso actual  de "globalización" no es que el desarrollo económico y los avances técnicos  permitan unos mayores intercambios de mercancías y servicios entre países en el contexto de la liberalización y la abolición de las barreras comerciales, sino que la propia producción puede llevarse a cabo con un grado de internacionalización impensable hasta ahora.

Por otro, basta tener en cuenta el desarrollo de la esfera financiera que ha tenido lugar para dejar sentado que el capitalismo ha entrado en una nueva era. La movilidad absoluta de los capitales, combinada con las tecnologías de la informática y las comunicaciones, han convertido al mundo en un centro financiero único, con masas enormes de capitales desplazándose, y especulando, como si fueran estrellas errantes en el firmamento financiero que envuelve la economía real.

Es pertinente, pues, hablar de la "globalización" como de un nuevo estadio del capitalismo, siendo uno de sus rasgos mas destacados el relevante papel que han adquirido las corporaciones multinacionales. Estas constituyen la base de la estructura de la economía mundial, son depositarias de resortes fundamentales para su control (la investigación y tecnología) y concentran gran parte del poder real que rige los destinos del Planeta.

El peso de las multinacionales está fuera de discusión y es aplastante en cuanto al porcentaje que aparan de la  producción, las inversiones y el comercio mundial, si bien por el   vertiginoso proceso de fusiones, alianzas y absorciones que esta teniendo lugar en todos los sectores a escala mundial -bancos, seguros, comunicaciones, informática, automóvil, industria química, farmacéutica, energía, aeronáutica...- realmente nada escapa a este proceso de concentración,   es difícil hacer un retrato fijo de su importancia abrumadora. Las cifras quedan rápidamente obsoletas y las que reflejaban la realidad de  ayer parecen  irrelevantes hoy. No obstante,  tomando incluso como referencia datos de cualquiera de los últimos años, el cuadro que resultante es de sobra contundente.

En el mundo existen más de 35.000 empresas multinacionales, entendiendo por tales a aquellas que operan en varios países. Su participación en el comercio mundial es del 70% del total. Más del 40% de las transacciones internacionales de mercancías y servicios se realiza entre multinacionales o entre las casas matrices de estas y sus filiales. Controlan el 75% de las inversiones mundiales.

Entre ellas, a su vez, se da un extraordinario grado de concentración, cada vez mas acentuado si cabe. Los 100 grupos industriales mayores del mundo (se subraya, sólo los 100 y sólo los industriales, no de servicios ni financieros), ocupan a unos 14 millones de personas, una cifra equivalente al 32% del empleo industrial de la Unión Europea y a 6,5 veces los asalariados de la industria española. En algunos  sectores alcanzan posiciones de monopolio u oligopolio a escala mundial y, por supuesto, atendiendo a su origen, sus “patrias” se sitúan en  la Unión Europea, Estados Unidos y Japón.

Pero la importancia de las multinacionales rebasa con creces los aspectos cuantitativos derivados de su actividad y de la  mayor o menor penetración de sus mercancías en los mercados internacionales.

Tienen una gran influencia en las relaciones económicas y políticas internacionales. Han desempeñado un papel decisivo en el proceso de integración europea y en los que tienen lugar en otras partes del mundo. Dentro de algunos estados pequeños, y no tan pequeños,  tienen un poder casi definitivo, al punto de dirigir la política económica e imponer a los gobiernos sus decisiones.

Por otra parte, concentran la investigación y la inmensa mayoría de los avances tecnológicos parte de ellas. Son las depositarias y dueñas de la tecnología. La mejora de los productos y de los procesos de producción casi siempre tienen su origen en una multinacional o, para que tengan éxito, ha de acabar siendo absorbidos por una de ellas.

En fin,  las multinacionales son el centro de una red de empresas proveedoras, de comercialización de sus productos, de asistencia técnica posventa y de servicios relacionados con sus productos o su actividad, de modo que su influencia y poder económicos superan ampliamente las cifras directas de su volumen de negocios o los enormes recursos financieros que manejan o son capaces de mover.

Cabe afirmar, por tanto, que las multinacionales son la fórmula, el modo en que se canaliza el proceso actual de concentración del capital. Desempeñan  un  papel crucial y representan la forma organizativa por medio de la cual el gran capital ejerce su hegemonía en el momento presente. Un producto inevitable del nuevo estadio del capitalismo y de ese rasgo particular de la hegemonía de las multinacionales es la "globalización".

Ahora bien, sería un error pensar que la "globalización" es sólo o fundamentalmente fruto  del desarrollo económico y de las leyes de evolución del capital. La "globalización" esta impulsada porque responde a un proyecto político de los sectores dominantes de la burguesía y porque se ha convertido en un arma ideológica de gran eficacia en la lucha de clases. Por ello, la "globalización" es también un producto de la doctrina neoliberal.

En cuanto parte de un proyecto político, se trata de construir con la "globalización"  una organización económica internacional en la que la libre circulación de mercancías y los flujos financieros no encuentre el más mínimo obstáculo para rentabilizar el capital.  Se trata también de impedir  que los gobiernos puedan realizar cualquier política social contradictoria con las exigencias del mercado y se pretende arrastrar a dificultades insuperables a los países o sociedades que desafíen sus leyes.

En cuanto arma ideológica, facilita la imposición de las políticas que el capital necesita para recuperar su rentabilidad y salir de la onda larga depresiva que esta viviendo el capitalismo desde el comienzo de los años setenta. Con la "globalización" se exalta la competitividad como valor  o  necesidad supremos, lo que justifica las políticas restrictivas, las agresiones al estado del bienestar, la "flexibilización" del mercado de trabajo, la desregulación económica, el retroceso del poder económico del Estado, etc., todo ello, tan caro y coherente con los intereses del capital.

Hasta tal punto se emplea como arma la "globalización" que, por un lado, es menor que la que exageran sus apólogos. Los países no compiten en todo y todos entre sí indiscriminadamente. Los defensores del sistema ponen ahínco y énfasis en resaltar la importancia del fenómeno de la globalización, para abrumar, para  aniquilar toda esperanza, para subrayar que no hay escape a la situación y que no caben alternativas distintas de las que impone en orden neoliberal, con el mercado como supremo regulador de las relaciones sociales dentro de que de cada país y a escala internacional.

Por otro lado, la "globalización" es mayor que lo que justificaría el desarrollo de las fuerzas productivas y el avance tecnológico. Tiene poco sentido el vaivén, él trafico inmenso al que están sometidas las mercancías y los procesos productivos. Las comunidades, las economías estatales, podían estar en condiciones de producir lo fundamental que necesitan, limitándose a intercambiar en el grado necesario para cubrir las carencias naturales por recursos, clima y desfases tecnológicos, a cambio de los excedentes derivados de las propias condiciones naturales y económicas, pero ello choca con los intereses de los grandes núcleos de poder que se han conformado a escala mundial.

El neoliberalismo ha conseguido así, y de un modo coherente con sus dogmas, no sólo implantar el libre mercado en el interior de los países, suprimiendo la regulación y las intervenciones estatales,  sino que las relaciones entre países,  el mundo en su totalidad, tiende a funcionar básicamente con las leyes del libre mercado, sin interferencias de ningún tipo.

La "globalización" queda definida y se caracteriza por tanto:  por el predominio del comercio libre; por unos intercambios de bienes y servicios muy intensos entre los países; en particular entre los que componen una área económica (el mundo tripolar, con Estado Unidos, la Unión Europea y Japón como centros); por una gran dependencia y fuertes relaciones entre ellos –tecnológica, materias primas, nuevos productos, financiera, servicios-; y, en fin,  por una libertad plena de los movimientos de capital que, apoyada en los avances de al informática y las comunicaciones, permiten hablar de una "globalización" financiera prácticamente  total.

Las consecuencias de este nuevo orden se conocen suficientemente,  aunque es necesario resaltar su carácter inexorable. Teniendo en cuenta las condiciones de partida y las reglas de funcionamiento establecidas no podían ser otras.

El auge de libre cambio y la expansión del comercio mundial no podían ser neutrales, por la razón obvia de la muy diferente posición competitiva de los países en el mercado mundial, determinada por factores económicos profundos difíciles de modificar.

El libre comercio es una carrera continua en la que no todos los países participan en igualdad de condiciones y como no podía ser de otro modo, los países industrializados han acabado por arrasar a muchas de las economías del Tercer Mundo, destruyendo o desarticulando sus estructuras productivas, supeditando los procesos productivos al control y dominio de las multinacionales, imponiendo pautas de consumo y haciéndose el capital  extranjero con las empresas importantes y los sectores rentables.

En líneas generales, con la excepción destacada de los Estados Unidos, que por su privilegiada posición de emisor de la más importante moneda de reserva internacional ha podido permitirse un prolongado e intenso déficit de la balanza de pagos, los países industrializados (Japón, la Unión Europea en su conjunto) se han beneficiado de la exaltación del libre cambio. Han registrado excedentes e invadido los marcados de los países atrasados, que, por su parte,  han  acumulado, en la mayoría de los casos, importantes déficits comerciales y déficits corrientes, incurriendo en  un creciente endeudamiento.

De este modo, uno de los rasgos fundamentales de la situación económica surgida con el predominio del neoliberalismo y la "globalización" son los agudos desequilibrios que se dan entre los países del Norte y del Sur, lo que ha introducido una gran inestabilidad en el sistema financiero internacional. Por su intensidad, son insostenibles en el tiempo, y expresan elocuentemente el modo desigual en que el modelo neoliberal repercute en los países dominantes y en los subordinados: en provecho de los primeros y perjuicio de los segundos.

Las últimas grandes convulsiones económicas –la que se originó en el sudeste asiático en el verano de 1997 y la que se viene desarrollando en América Latina desde 1998-, tuvieron como sustrato estos acusados desequilibrios de las cuentas exteriores de la mayoría de los países. Unos, los fuertes y avanzados,  acumulan superávits, fuentes de fondos para especulación, las exportaciones de capital y la extensión de sus multinacionales, y otros incurren en sistemáticos déficits,  que en algún momento del tiempo los mercados califican de insostenibles.

En una primera fase, las facilidades de financiación otorgadas por la "desregualación" y la hiperactividad de los mercados ocultaban el  problema, al tiempo que permitían la colocación de los excedentes de los países con superávits de la balanza de pagos.

Con el tiempo,  la situación ha llegado a ser fuente de graves desequilibrios,  generándose para esos países un volumen de deuda externa y unos compromisos de pago -intereses y amortizaciones- imposibles de cumplir. En un momento dado, aparecidas las dificultades, se originan cambios acelerados del sentido de los flujos financieros - la huida de capitales -, obligándolos a drásticas devaluaciones (como las que tuvieron que asumir los países del sudeste asiático o Brasil)  y colocándolos  al borde de la bancarrota.

Los Estados,  atrapados por una deuda externa tan extorsionadora como impagable,  Han perdido toda autonomía y están supeditados a las directrices del FMI - el guardián del “desorden” económico mundial-, cuyos  planes de ajuste estructural los mantiene estrangulados.

Las dramáticas consecuencias políticas y sociales de la "globalización" capitalista son tan escandalosas como inocultables. Las desigualdades se han recrudecido en todos los ordenes, dentro de cada uno los países, y en particular entre el Norte y el Sur. La proporción entre la renta por habitante de los países más ricos y los más pobres era en 1960 de 30 a 1. Ahora ya es de 75 a 1, y la brecha tiende a aumentar.

Por lo demás, por si no fuera suficiente este dominio real, las multinacionales pretenden darle naturaleza legal a su hegemonía y capacidad de avasallar. Tal fue el objetivo del AMI, el cual  empezó a negociar en septiembre de 1995 en el más absoluto secreto en el seno de la  de la OCDE (los 29 países más ricos del mundo), para colocar a la comunidad internacional ante hechos consumados. Fue propuesto e impulsado por 477 empresas de las 500 empresas mayores del mundo, que componen la lista de oro de la revista FORTUNE. Descubierto, difundidos y denunciados sus propósitos,  fue guardado en el cajón en el segundo semestre 1998, pero amenaza con reaparecer con otra piel en cualquier momento. Las multinacionales no han cejado en su intento de que su poder  acabe consagrado como Derecho Internacional, pretendiendo nada menos que hacer ilegales las luchas legitimas de los pueblos. 

De todo lo anterior surgen algunas conclusiones políticas bastante terminantes, tan fáciles de exponer como difíciles de concretar y llevar a la practica ante el dominio que ha logrado el capital y el dogal que ha impuesto con la "globalización".  Los objetivos esenciales de poner los recursos materiales y humanos al servicio de las necesidades de la humanidad y de aprovechar los avances tecnológicos para mejorar y extender el bienestar choca frontalmente con la "globalización" derivada del neoliberalismo. A este hay que combatirlo en todas sus expresiones y en todos los ámbitos. Ahora bien, liquidar la rabia no significa acabar con la bestia que la engendra, es decir, el capitalismo.

*Pedro Montes es economista. Forma parte de la Plataforma de Izquierdas de Madrid de IU. Electo a la la Presidencia Federal de IU por la Lista de Izquierda que encabezó Nines Maestro.
*Diosdado Toledano, trabajador de SEAT. Militante del Col.lectiu per una Esquerra Alternativa de Catalunya. Electo para la dirección de EUiA (rama catalana de IU) y miembro del Consejo Politico Federal de IU.
Ambos pertenecen al colectivo Quadernos Internacionales, sección de la IV Internacional en el Estado español.
Reflexiones desde Andalucía a partir de Genova
Andalucía Libre
 
Concentración de protesta tras los sucesos de Génova
ante el Consulado de Italia en Sevilla
 
En el Andalucía Libre nș 95 ya reflexionábamos sobre el fundamento y desarrollo del llamado movimiento antiglobalización y alertábamos tanto sobre las futuras actuaciones represivas gubernamentales como sobre los riesgos de reproducción de malos enfoques desde algunos sectores de ese movimiento en respuesta a las iniciativas políticas -tanto policiales como mediáticas- de los gobiernos capitalistas.
 
Al mes del asesinato policial de Carlo Giulani, nos parece interesante volver a abordar brevemente estas cuestiones.
 
Parece claro que Génova ha supuesto tanto un salto cualitativo en la protesta como en su represión. Los Gobiernos capitalistas llegaban a la cumbre del G-8 preocupados por la imagen de rechazo popular a sus políticas e indignados por tener que recurrir sistemáticamente a la reclusión en recintos fortificados para poder desarrollar sus encuentros. El reaccionario Gobierno Berlusconi preparó la cumbre de Génova como una posibilidad de mostrar ante Italia en particular y el Mundo en general, lo que significaba el ejercicio contundente del principio de autoridad y como primer escalón para romper el asedio del movimiento anticapitalista y recuperar la calle a la normalidad establecida. Son conocidos tanto sus operativos previos (recurriendo incluso a la explosión de artefactos) como durante la Cumbre. En resumen, el Gobierno italiano pretendió combinar la provocación e infiltración -tanto para controlar los hechos como para generar las imágenes que pudieran convenirle- con la represión indiscriminada -para desalentar la participación-, con la búsqueda de la escisión del movimiento por la vía de la criminalización de un sector radical -cubierto bajo la denominación genérica de anarquista y el nombre de Black Bloc- hecho responsable de todo y la búsqueda consciente del aislamiento de la protesta de la población en general -llamamientos a abandonar Génova o destrucción irracional de bienes modestos-. Sin embargo, a la hora de pasar de lo proyectado a los hechos, los efectos imprevistos del Plan Berlusconi se volvieron contra el propio Gobierno como un boomerang. Increíblemente, el Gobierno italiano no previo que la mentalización represiva fascistoide de los Carabinieri para hacer frente a la protesta conllevaba el riesgo de sobreactuación: el asesinato de Giulani y sus inmediatos efectos en la opinión pública nacional e internacional fue su más clara consecuencia (no es lo mismo asesinar en Génova que en Port Moresby). Y que ello lo reconvertiría internacionalmente de presunto defensor del orden en el responsable del desorden. Las provocaciones de infiltrados sólo consiguieron extender esa impresión. La brutal represión indiscriminada y generalizada de las protestas masivas identificó claramente en el Gobierno al culpable de la situación, relegitimó la protesta ante el conjunto mayoritario de la población y soldó entre sí a los diversos componentes del movimiento. Las detenciones arbitrarias, los golpes y torturas, los cánticos fascistas de la policía etc en un combinado incontrolado, acentuaron si cabe este balance. El resultado global de todo ello fue negativo para los intereses e intenciones del Gobierno Berlusconi.
 
Aún así, esta victoria política de la protesta anticapitalista pudo ser limitada en sus daños por la inmediata reacción de algunos sectores políticamente moderados del movimiento que, al margen de los hechos concretos de Génova, aprovecharon los acontecimientos para expresar sus prejuicios ideológicos y politicos. Su agenda de preocupaciones, filias y fobias se extendió por la Red y encontró rápido eco en los medios internacionales, interesados como es obvio en controlar los efectos de los sucesos y consolidar dos imágenes separadas y enfrentadas: un movimiento ético responsable, pacifico y políticamente inocuo, con el que es factible dialogar y al que es posible reintegrar, de una parte; un sector extremista, marginal, lumpen, violento, irracional y criminal, de otra, al que sólo cabe obviar y reprimir para proteger no sólo a la sociedad en general sino también a los sectores sanos del movimiento de protesta.
 
Lo que se debate y lo que no se debate.
 
Llama poderosamente la atención los temas que han concentrado el debate a partir de Génova, en continuidad con los que anteriormente motivaban el grueso de las discusiones. No se discute sobre la importante cuestión de la evidente limitación política de los actos antiglobalización, comparando sus realizaciones con la escena política cotidiana. Tampoco se hace balance de la actuación política de la socialdemocracia social-liberal, los PCs o los grandes sindicatos. No se reflexiona colectivamente sobre la actitud a tomar ante la UE en general o su ampliación al Este en particular. No se repasa siquiera la validez de algunas de las reivindicaciones levantadas por algunos de los sectores del movimiento, por ejemplo la Tasa Tobin. Tampoco se reflexiona ni se discute mucho sobre los posibles efectos de hacer converger y concentrar las demandas con algunos procesos de crisis política y social reales de dimensión nacional pero con evidente repercusión internacional, como por ejemplo la crisis argentina, en la forma de apoyar la anulación de su deuda externa, etc. En todo esto y otros múltiples temas posibles, el movimiento no sólo sigue siendo un magma disperso, heterogéneo, contradictorio, sino que además se acepta que esta dispersión persista, sin que ello sea causa de preocupación o enfrentamiento.
 
Mientras que la tolerancia es total a la hora de las alternativas (por qué y para qué se lucha), el debate se centra en términos paulatinamente más excluyentes en el cómo, convirtiendo a los métodos -además estereotipados y simplificados- en punto de descalificación, delimitación y cuasiruptura. Además, inevitablemente, el debate consecuente se plantea en términos caóticos y confusos. Resulta muy difícil integrar en posiciones presuntamente genéricas apreciaciones nacidas de una casuística infinita de hechos, donde además ni siquiera los testigos presénciales aciertan en muchas ocasiones a coincidir en la descripción de los acontecimientos y comportamientos y dónde, aparte de la tendencia a presentar las cosas de forma distinta según se dirijan a los que estuvieron allí o bien a la mayoría que no estuvo, no suele tenerse en cuenta como factor clave la actuación del enemigo gubernamental. El resultado de este planteamiento suelen ser posicionamientos apriorísticos, abstractos, genéricos y cargados de prejuicios que en muchas ocasiones rayan el absurdo. Así hemos podido leer a Susan George (de ATTAC-Francia) argumentando contra los llamados radicales, entre otros muchos cargos, porque no acuden a las reuniones preparatorias y luego se aprovechan, como si las reuniones a las que pudiera acudir George fueran el centro del mundo o la participación en las tareas logísticas preparatorias fueran un visado imprescindible para participar en estas o cualesquiera protestas. Mas sería, aunque no más fundada, es su acusación contra el recurso a la violencia de respuesta (que, por cierto, es practicada no solo por los denominados radicales) por dos razones: una general y estratégica, la revolución es imposible e inconveniente o si es posible y conveniente será no-violenta; otra coyuntural, aleja a sectores y dificulta su implicación en la protesta.
 
Recordando experiencias.
 
Estos argumentos e interpretaciones recuerdan a otros que ya fueron usados en su día en Andalucía en los buenos momentos del movimiento antiOTAN o del movimiento por la insumisión al servicio militar. 
 
Dejemos al margen el apriorismo ideológico a cuenta del debate sobre la necesidad, posibilidad y métodos de la Revolución, la Ruptura, el Cambio o como queramos llamarle, que aparte de su complejidad deriva fácilmente en pura semántica. Baste afirmar aquí -para no escurrir el bulto- que por nuestra parte en este asunto, lo que leemos de la historia y de la experiencia practica nos acredita que el análisis clásico de la izquierda revolucionaria sigue conservando validez en lo fundamental; aunque ello no solucione mecánica ni mágicamente por supuesto los problemas prácticos para resolver tan crucial y enrevesada cuestión. 
 
En todo caso parece evidente que los métodos usuales y mayoritarios en los últimos tiempos, convertidos en recurso único, no han sido eficaces ni para evitar los retrocesos que han provocado la misma emersión del movimiento antiglobalización ni han facilitado la incorporación de nuevas generaciones. Ciertamente, tampoco sería inteligente caer en el absoluto desde el extremo contrario. El sentido común induce rápido a preferir una sana combinación al estilo de los trabajadores surcoreanos, Miniwatt en Cataluña o la huelga de Autobuses Comes en Cádiz. En este sentido, parece claro que precisamente las imágenes de enfrentamiento radical que han difundido los medios no han conseguido su objetivo de aislarlo o disminuir su expansión, sino que por el contrario le han conferido una marca novedosa, atractiva por lo que implica de contundencia y de expresión de rabia por todas las consecuencias cotidianas de la situación imperante.
 
En su día en el movimiento antiOTAN la ambición de masividad y la preocupación por no facilitar titulares criminalizadores a la prensa atlantista, llevó a una restricción y uniformidad excesivas, sin que ello impidiera finalmente la derrota en el Referéndum y sin que a su calor pudieran consolidarse experiencias y aprendizajes muy necesarios, tanto para los directos participantes como para el conjunto de la sociedad. También en el movimiento por la insumisión, un enfoque erróneo permitió que el discurso gandhiano, en lugar de quedar restringido sólo a quienes lo compartían honestamente, se extendiera impregnando en su conjunto la expresión pública de ese movimiento a lo que se sumo el recurso jurídico al amparo de los derechos constitucionales formales. El resultado de todo ello fue que se sustituyó la mili obligatoria por un Ejercito mercenario -más operativo y funcional para las necesidades e intereses actuales del Estado español- sin que quedaran de esa experiencia restos ni enseñanzas políticas significativas y sí cierta contribución indeseada e imprevista al adocenamiento colectivo.
 
Puntos en común entre estos movimientos históricos y el actual conocido como antiglobalización, son su pluralidad y que a partir de ellos, emergen sectores -tanto de antiguos activistas que hallan justificación para reincorporarse como de jóvenes que lo tienen como su primera experiencia- que encuentran ocasión a partir de él de expresar su rechazo al orden político y social vigente y una oportunidad para educarse, experimentar y organizarse colectivamente. Cuestión clave para el futuro es que esta experiencia sea lo más compleja, completa, dialéctica y consecuente posible, evitando los riesgos simétricos tanto de un nihilismo activista como de la rutina procesional.
 
La actuación del enemigo.
 
Los gobiernos se han preocupado por este movimiento. No sólo por sus efectos inmediatos sino sobre todo por los que puede conllevar en un futuro, revivificando a las organizaciones nacionales existentes y al movimiento social en su conjunto. A diferencia de buena parte de la sociedad, el Estado capitalista tiene sobrados instrumentos para mantener la memoria colectiva y por si esto no fuera suficiente cuenta con los consejos de los renegados exizquierdistas que le aportan su propia experiencia.
 
Para eliminarlo, sus objetivos son integrarlo y dividirlo. Como siempre, su ofensiva la intentan presentar como defensiva. De ahí toda la panoplia de recursos que hemos descrito a cuenta de la actuación de Berlusconi. Pero también, como ha ocurrido en otras ocasiones, estos en muchas ocasiones provocan efectos contrarios a los previstos y deseados.
 
Sí en su época las imágenes de movimientos estudiantiles de otros países en los ochenta -para mostrar por comparación la tranquilidad propia- ayudaron a reproducir protestas, de igual modo, las que ahora ofrecen de enfrentamientos, los normalizan, haciendo redescubrir experiencias perdidas o dormidas. Hay que subrayar al respecto que el mensaje de estas imágenes -por mucho que se puedan manipular- no es el de una violencia premeditada y fría -sea de la intensidad que fuere- como puede achacársele por ejemplo a la kale borroka, sino una respuesta defensiva concreta, proporcionada y justificada.
 
La utilización de la provocación y la infiltración es un método muy viejo. Pero, sin remontarnos al caso del Pope Gapon en la Rusia de 1905, sus consecuencias pueden ser las contrarias de las buscadas. No sólo porque una vez descubierta -sea en Barcelona o en Génova- deslegitiman a los aparatos represivos, ilustran sobre la naturaleza real del Estado capitalista y mueven a tomar las precauciones debidas, sino también porque, a veces, la lógica represiva va por delante de la experiencia concreta e indeseadamente ilustra al movimiento sobre recursos posibles. Por supuesto, hay que estar alerta para erradicarla y para no dejarse instrumentalizar, pero sin caer en paranoias y mucho menos en confundir la polémica política con la calumnia; fenómenos que son siempre mucho más dañinos que la misma provocación. 
 
La represión indiscriminada que busca dificultar la participación, también ilustra en la practica sobre cuales son los fundamentos y funciones de instituciones, de igual moodo que la vulneración de derechos formales. Difícil resulta superar como pedagogía sobre la naturaleza real del discurso europeísta los llamados de Aznar o Berlusconi a suspender la libre circulación de personas dentro de la UE en el espacio Schengen para impedir la presencia en las protestas; la publicidad de la colaboración entre servicios policiales para el espionaje y la detención de activistas simultáneamente a la difusión de noticias sobre detenciones indefinidas e injustificadas o torturas o la inactividad y complicidad de las represerntaciones diplomáticas mientras de retiene y golpea a sus ciudadanos.
 
La clave
 
En nuestro numero 95 apuntábamos algunos criterios:
1ș. Las citas no son propiedad de nadie. No obstante hay que dialogar, respetar todos los trabajos hechos, no interferirse mutuamente y colaborar en lo que sea posible.
2ș. Las formas de protesta pueden ser políticamente complementarias si están claramente delimitadas, al menos en un principio, de tal manera que cada cual sepa a lo que va y no se utilice a nadie en contra de su voluntad, de tal manera que sea posible el participar en las protestas a todo tipo de personas (mayores, familias, etc), siempre claro que los estados mantengan abierta esa posibilidad.
3ș. Incluso las actuaciones más comprometidas no han de resultar nunca gratuitas o irracionales y siempre han de partir de una actitud de defensiva contundente. No tiene nada que ver emprenderla con lunas de comercios, farolas o cabinas al arrope de una manifestación masiva pacifica con plantearse entrar a protestar dentro del perímetro policialmente acotado y/o responder proporcionadamente en su caso a las agresiones que puedan producirse.
4ș. La pluralidad y el debate ha de ir unida a la solidaridad, de manera que nunca se pierda de vista quien es el enemigo.
La experiencia de Génova ha suscitado reflexiones de interés que partiendo del respeto a la pluralidad del movimiento y de la clara caracterización del enemigo, aprenden de los sucesos. De ellas se desprenden conclusiones que desarrollan criterios y practicas concretas. Algunas de ellas están reproducidas en los enlaces que abajo sugerimos.
 
En cualquier caso, nos parece que la clave del inmediato futuro está dentro del propio movimiento activista antiglobalización. Y puede resumirse facil. En lugar de buscar excomuniones, auspiciar o acompañar divisiones inducidas o hacer de coro cuando desde los gobiernos y sus prensas se busque la criminalización, la respuesta ha de ser pronta y simple: "Todos/as somos anarquistas-Todos/as somos Black bloc". Y resulta muy fácil conciliar esta actitud con el debate político franco y claro, si esa es la voluntad.
Enlaces sobre los sucesos de Génova:
 
 
 Euskadi
 
Tasio en Gara
 
Sugerencias
 
El proximo 15 de Septiembre todas nuestras cuentas y cartillas de ahorro pasaran automáticamente a ser cuantificadas en Euros. No hay pues mejor ocasión para dedicarse a la lectura del ultimo libro de Pedro Montes, La historia inacabada del Euro, Editorial Trotta, Madrid, 2001, 204 pp.
 
En sus paginas, Montes nos recuerda el camino que llevó a la Unión Europea al Euro y cómo y de qué forma se concedio el aprobado general, que convenientemente maquillado y ocultos sus costes sociales, dio lugar a la euforia europeista. Subraya y demuestra el caracter de apuesta política de la unión monetaria y pone sobre la mesa, entre otras, no sólo cifras esclarecedoras sobre la evolución de las paridades monetarias sino argumentos sólidos sobre los fundamentos económicos profundos que convierten en sumamente arriesgado el esperimento de la moneda única. Paralelamente, describe rigurosamente como la senda hacía el Euro acompañó y justificó la reestructuración capitalista de la economia española segun los principios neoliberales -iniciada con el PSOE y continuada con el PP- y los enormes retrocesos sociales que todo esto provocó. Mirando adelante, y más allá de la depreciación que ha sufrido el Euro desde su nacimiento, Montes diagnostica los riesgos estables de la moneda única en general y para el Estado español en particular. Una conclusión que particularmente nos ha llamado la atención, que nos parece perfectamente aplicable a Andalucía y que Montes argumenta en sus paginas, es la estabilización y acentuación de papeles relativos a las diferentes economias que impone el entramado politico y economico que acompaña al Euro. Dicho en otras palabras, que el Euro y las politicas que le han precedido y que le seguiran, condenan a Andalucía al subdesarrollo y al desempleo estructural y dificultan enormemente la plasmación de politicas alternativas. El autor pone en su sitio real al imperialismo español y reseña los costes inherentes a la opción de la UE por la ampliación al Este. Todo esto y más, como suele decirse, en un libro practico, fácil de leer e imprescindible para afrontar politicamente con datos desde la izquierda el nuevo tiempo que nos amenaza.
 
*Ya se encuentra operativo y funcionando el portal nacionalista Galiza Livre. Muy a tiempo cuando se atisban ya en el horizonte las elecciones gallegas.
 
 
Solidaridad con Palestina
 
 
 Victor Jara, Charagua
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Directorio de Andalucía en Internet
 
 









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