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Asunto:[BoletinAndaluciaLibre] nº 120 - Gibraltar (II) - Memoria de Andalucia - Aic ha Embarek
Fecha:Sabado, 1 de Junio, 2002  14:54:48 (+0200)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nº 120
 
En este Correo:
 
LA CUESTIÓN DE GIBRALTAR (y II)
* Gibraltar: Génesis y naturaleza de una cuestión colonial en Andalucía. Javier González Pulido.
* Bibliografía.
* Enlaces sobre la Colonia de Gibraltar.
* Enlaces sobre otras Colonias y casos coloniales:
   Diego García, Malvinas, Hong-Kong, Macao, Enclaves portugueses en India, Enclaves franceses en India.
* Memoria de Andalucía: El Pacto Autonómico de Antequera - Perlas estatutarias
Nación Andaluza y Asamblea de Andalucía anuncian Acuerdos unitarios.
   Opinión: Interrogantes ante un acuerdo
* Sahara, El tormento de Aicha - Enlaces.
* Argelia, Mascarada electoral - Enlace.
* Túnez, La dictadura de Ben Ali-RCD se pretende vitalicia - Enlaces tunecinos
* Directorio, Música,
 
--oOo--
 
La Cuestión de Gibraltar (II)
 
   
 
 
Gibraltar: Génesis y naturaleza de una cuestión colonial en Andalucía
Javier González Pulido
 
 
Gibraltar desde La Linea, siglo XX
 
 

"¿A quien pertenece legítimamente Gibraltar?". ¿A los llanitos?. ¿A Gran Bretaña?. ¿Al Estado español?. ¿A Andalucía?. Por encima del curso actual de las negociaciones hispano-británicas sobre el destino del Peñón y de los diferentes pronósticos sobre sus resultados, responder adecuadamente a esta pregunta es esencial para entender los acontecimientos y sobre todo para fijar una posición coherente cara al futuro. Hacerlo requiere realizar un repaso sobre la génesis, desarrollo y naturaleza de la presencia colonial británica en Andalucía y su relación con la dominación española sobre nuestra nación.

Gibraltar fue tomado en 1704 durante la llamada Guerra de Sucesión por una escuadra angloholandesa al servicio del pretendiente Habsburgo. Cuatro mil andaluces residentes en el Peñón hubieron de abandonarlo a raíz de su conquista, instalándose en villas vecinas del Campo de Gibraltar, en lo que en un principio creyeron una mudanza temporal. Setenta antiguos vecinos continuaron viviendo en Gibraltar bajo el nuevo poder; a los que se sumaron otros afines a este bando e inmigrantes genoveses y hebreos marroquíes, atraídos por las necesidades de servicio de la nueva guarnición de la Plaza. Llegada la hora del Tratado de Paz de Utrecht (1713) el pujante imperialismo británico obtuvo de la Monarquía española la cesión de la propiedad del castillo y la ciudad de Gibraltar, sin jurisdicción ni soberanía y sin comunicación terrestre con su entorno, a cambio del reconocimiento británico de la dinastía Borbón en el trono español. Como es obvio, en este trato entre las coronas británica y española ni participaron ni fueron consultados en absoluto los habitantes originarios del Peñón ni el resto de los andaluces.

Con todo, las leyes civiles anteriores a la presencia colonial británica siguieron vigentes hasta varias décadas después y como contraprestación al permiso de residir en la Colonia fue practica habitual durante años que, al objeto de evitar deserciones de soldados británicos, el anillo exterior de puestos de guardia de la Colonia estuviera servido por milicianos andaluces, residentes en el Peñón.

Gran Bretaña obtenía una base militar para controlar el estrecho -un eslabón en su cadena de enclaves necesarios para asegurar su hegemonía marítima mundial- desde la que, además, podía permanentemente amenazar directamente a la declinante Monarquía española. Los británicos resistieron con éxito los intentos militares de la Monarquía española por recuperar el Peñón en 1725 y 1779. Más aún, ante la mirada entre impotente y cómplice del Estado español, el colonialismo británico consiguió a lo largo del siglo XIX ampliar irregular y fraudulentamente el territorio de la colonia, usurpando por la vía de los hechos sucesivos trozos del istmo en 1809, 1814, 1829 y 1859 hasta apropiarse del territorio donde hoy se encuentra su aeropuerto, construido en 1938 en plena Guerra civil. Previamente, en 1909, los británicos levantaban la Verja al objeto de consolidar sus anexiones territoriales y facilitar su control de la raya fronteriza. En varias ocasiones (a principios del siglo XIX y en 1883; nuevamente en los primeros años del siglo XX y en las postrimerías de la I Guerra Mundial) militares, marinos y diplomáticos británicos estudiaron con detenimiento la posibilidad de ofrecer la permuta de la colonia de Gibraltar por la colonia española de Ceuta (sola o con Melilla), descartando finalmente el cambio por los problemas diplomáticos que conllevaría con Francia.

Colonialismo sobre Andalucía.

A la  misión inicial prioritariamente militar encomendada a Gibraltar, pronto hubo de sumársele otra mercantil y económica, aunque su población al terminar el siglo XVIII no superaba las 3.000 personas, buena parte de ellas andaluzas. Gibraltar pasó a convertirse durante la primera mitad del siglo XIX en la base principal de entrada del capitalismo imperialista británico en Andalucía, merced al contrabando masivo. Mientras que las exportaciones legales británicas a todo el Estado español rondaban, por ejemplo en 1828, las 300.000 libras anuales, Gibraltar -entonces ya con unos 12.000 habitantes- importaba el solo más de un millón. Estas mercaderías -textiles de algodón, lana e hilo y tabaco, entre otras- estaban destinadas a traspasar ilegalmente la frontera e inundar el mercado andaluz, eliminando con su competencia a las nacientes industrias andaluzas; con el visto bueno de Londres, naturalmente. La incapacidad del Estado español y sus prioridades políticas y económicas, facilitaban por su parte -a través de la miseria y el mantenimiento de la estructura latifundista que corroía Andalucía- las precondiciones sociales que hacían posible la extensión del contrabando y la participación en sus redes de distribución. El contrabando desde Gibraltar contribuyo decisivamente a la capitulación española ante el librecambismo, manteniéndose activo y pujante como una constante de la vida colonial, incluso cuando se alteraban las directrices de la política aduanera fijada por Madrid.

Políticamente, si bien las circunstancias históricas no hicieron necesaria su utilización, como en el caso de otros enclaves coloniales, Gibraltar fue durante toda esta época una cabeza de puente estable fijada en territorio andaluz, preparada para servir como plataforma desde la que defender al Estado español que protegía las cuantiosas inversiones e intereses británicos en Andalucía (sólo hay que recordar, por ejemplo, a Río Tinto).

La población colonial sufría en este periodo un doble proceso. Si por una parte su volatilidad natural y el impacto de las sucesivas epidemias, forzaba repetidamente a los británicos a promover nuevas instalaciones provenientes de Italia, Marruecos o Malta, de otra, el impacto del hecho colonial sobre la comarca y el conjunto de Andalucía atraía progresivamente más andaluces a la zona y a la Colonia en búsqueda de sustento. Este proceso acabaría dando lugar al nacimiento de La Línea como suburbio obrero de Gibraltar, al otro lado de la raya. Aún cuando el mando militar británico -omnipotente en la Colonia- mantuvo buen cuidado en dificultar al máximo la residencia de andaluces en el Peñón, sus reiterados intentos de favorecer el establecimiento permanente de ingleses en la Roca -considerados más fiables y leales a la Corona que la abigarrada inmigración mediterránea, demasiado propensa a fundirse con los andaluces en todos los sentidos- tuvieron escasos resultados. De hecho, la cultura dominante en la colonia seguía siendo la andaluza y el castellano hablado en andaluz su lengua habitual; hechos favorecidos por la constante y renovada mezcla entre autóctonos e inmigrantes mediterraneos. El ingles hubo de esperar a 1830 para -al hilo de la declaración de Gibraltar como Colonia de la Corona- ser establecido formalmente como lengua oficial; aún así, el gobernador británico tuvo que mantener hasta 1868 la prohibición estricta de editar un diario en castellano en Gibraltar. Como en otras colonias del tipo enclave, fue una orientación estable del poder colonial británico establecer una diferenciación de estatus entre unos y otros gibraltareños y entre estos y los británicos y aislar y diferenciar en todo lo que estuviera en su mano a la colonia de su entorno nacional natural. A ello se encaminaron las sucesivas normas de residencia dictadas en 1873, 1885 y 1962 que prohibían la pernoctación en Gibraltar de quienes -incluso habiendo nacido en la colonia y aún cuando trabajaran en el Peñón- no disponían de la consideración colonial de gibraltareños.

Aún así -y mientras la economía de Gibraltar sumaba al contrabando orientado a Andalucía, el comercio mediterráneo y luego al servicio de la flota británica, especialmente tras la puesta en funcionamiento del arsenal en 1894- la fuerza de la realidad volvía a imponerse sobre las necesidades de seguridad y legitimación colonial. Si de una parte el poder colonial británico dificultaba el establecimiento de andaluces en la colonia, no podía impedir que, por causas y razones obviamente muy distintas, tanto la burguesía del Peñón como buena parte de su clase trabajadora mudara su vivienda habitual al otro lado de la raya, acudiendo a la colonia sólo a trabajar. Si unos invertían sus capitales en fincas y empresas y querían disfrutar de sus beneficios, superando la claustrofobia de una plaza sometida a estricto control militar; los otros obtenían un cobijo especialmente difícil de obtener en la colonia dadas sus reducidas dimensiones y su insuficiente caserio. El propio Parlamento británico, todavía en 1889, se hacía eco de esta situación concluyendo que ante una eventual evacuación de la población civil gibraltareña en caso de guerra. “la mejor solución, de lejos, sería trasladarla al Campo de Gibraltar, no sólo por su cercanía, sino porque 'se hallaría entre unos habitantes de idéntica religión, idioma y costumbres'

Entretanto, el Estado español -cliente a su vez del imperialismo británico- se limitaba a beneficiarse de las migajas de la relación colonial, a través de las divisas ingresadas por los trabajadores andaluces en el Peñón que sostenían la economía de la colonia cruzando cada día la raya; adelantando lo que luego -cuando la gran emigración andaluza de los sesenta a Europa- sería un fenómeno general, esencial para financiar el desarrollo económico español, sin que los sufrimientos de estos andaluces revirtieran en beneficios palpables para su país. La dependencia de la colonia de la fuerza de trabajo andaluza se hizo evidente en 1940, durante la II Guerra Mundial, cuando los británicos decidieron evacuar a Gran Bretaña y a sus colonias antillanas a toda la población con status gibraltareño, residieran tanto a uno como al otro lado de la verja, lo que dejó en manos de estos trabajadores andaluces el sostenimiento de los servicios a la base y a la guarnición.

Tras el conflicto e iniciada la guerra fría, Gibraltar encontró nuevos ingresos como base militar al servicio de la OTAN, complementaria de las pronto instaladas en otros puntos del territorio andaluz merced a los acuerdos entre el régimen franquista español y EEUU. Gibraltar, junto a Rota, Morón y durante años San Pablo en Sevilla, formó la red de presencia militar imperialista en Andalucía. Con todo, el contrabando continuaba siendo durante todo este periodo un recurso clave para la colonia: baste decir que aún durante la primera mitad de los años sesenta, Gibraltar importaba anualmente más tabaco americano que todo el Estado español junto y más del doble que la República Federal de Alemania. Durante este periodo, los trabajadores andaluces debían soportar simultáneamente, de una parte, no sólo la ausencia de derechos en la colonia (una parte de su salario era pagado habitualmente en especie, con mercaderías destinadas a venderse a este lado de la verja) sino que además estaban obligados a dedicar parte de sus ingresos a contribuir forzosamente a las arcas del sindicato vertical franquista, sufriendo constantes vejaciones y teniendo que sobrevivir aglomerados en una ciudad de La Línea despojada de los más elementales servicios públicos. Sólo la miseria reinante en la Andalucía bajo soberanía española puede explicar la trashumancia cotidiana en estas condiciones al lado británico de la Verja.

El Colonialismo en el Peñón y los mecanismos coloniales británicos.

Afirmar que en el Gibraltar británico siempre ha habido "democracia y libertad" -como dicen ahora algunos defensores del estatus colonial- significa desconocer la propia historia del Peñón. Durante la inmensa mayoría del periodo colonial lo que hubo allí fue el dominio absoluto del poder británico (situación interior coherente con la naturaleza militar de la Plaza). El City Council (Ayuntamiento) sólo fue instaurado en 1922, con cuatro electos por cinco miembros designados por el Gobernador británico. Hubo que esperarse a 1945 para que el City Council tuviera mayoría de miembros electos y aún así el Poder ejecutivo siguió en manos del Gobernador británico de hecho hasta que Londres considero oportuno en 1969 otorgar a Gibraltar su carta constitucional, manteniéndose -no obstante- el grueso de las cuestiones básicas bajo directa supervisión británica. Esa carta otorgada recoge en su preámbulo, dos compromisos políticos británicos bien medidos y que conviene rescatar: 1º. Gibraltar forma parte de los dominios de Su Graciosa Majestad británica y así seguirá hasta que la correspondiente Ley del Parlamento británico establezca otra cosa; . El Gobierno de Su Graciosa Majestad afirma que los ciudadanos de Gibraltar no pasaran a estar bajo la soberanía de otro Estado sin contar con sus deseos. Resulta llamativo que incluso en ese momento Londres se prevenga contra cualquier futura contingencia, dejándose abiertas diversas vias. En el mismo momento que aparentemente fija una posición que va a ser constantemente recordada e interpretada como una garantía de supeditación de Gran Bretaña a la opinión gibraltareña, Londres establece una disociación entre el territorio de Gibraltar -cuyo estatus puede modificarse por una Ley del Parlamento británico, por ejemplo, para ser devuelto en aplicación del Artº X del Tratado de Utrecht- y el estatus de su población, a la que asegura que seguirá siendo británica en tanto lo desee.

Recordar estos hechos, por supuesto, no significa atenuar en absoluto el carácter despótico de la Monarquía española o el represivo y criminal del fascismo franquista o incluso olvidar que el Peñón sirviera de refugio a represaliados políticos del otro lado (siempre en la cantidad y según las conveniencias de los británicos). Que a la población residente en Gibraltar -entre 1714 y 1945, como mínimo- no le importara mucho vivir bajo esas condiciones políticas descritas era absolutamente lógico dadas las motivaciones de esa residencia y especialmente dado que, por entonces, era algo meridianamente claro para todos que Gibraltar era propiedad británica y que los que habían accedido al estatus de gibraltareños reconocidos por el poder colonial bastante tenían con vivir y sobrevivir a su amparo.  La democratización progresiva y limitada del régimen colonial del peñón no es previa sino posterior a las reclamaciones en la ONU y a las resoluciones consecuentes y –al igual que en el caso de Ceuta y Melilla- llegó en el momento histórico y con las condiciones que le eran convenientes a la potencia colonial respectiva

De hecho, es notorio que los británicos durante la mayor parte de su dominio sobre la Roca consideraron que lo fundamental de Gibraltar era lógicamente su condición de base militar británica y que la población gibraltareña era un añadido accesorio al hecho colonial, que se justificaba sólo en tanto en cuanto sirviera al sostenimiento de la base. De ahí que, administrativamente, una vez declarada colonia y tras pasar de depender de la oficina de guerra a la de colonias, incluyeran rutinariamente a Gibraltar entre sus territorios de ultramar, lo que luego daría lugar a su inclusión en la lista de territorios no autónomos de la ONU. Sólo una vez que el Estado español convirtiera el asunto de Gibraltar en un elemento de autolegitimación interna y trasladara la cuestión a la ONU, el imperialismo británico comenzó a caer en la cuenta de la conveniencia de destacar a esos anteriormente ignorados y despreciados gibraltareños, como pantalla tras la que defender el mantenimiento del hecho colonial. Consecuentemente, aún cuando dentro de la Roca no se había manifestado todavía la menor reivindicación política y era ampliamente dominante el conformismo con el estatus colonial, Gran Bretaña pasó a principios de la década de los sesenta con toda desenvoltura de justificar su presencia en el Peñón por su derecho histórico de conquista a argumentarla como un servicio pretendidamente desinteresado a la preservación de unos presuntos "derechos gibraltareños", anteriormente ignotos, auspiciando y fomentando su protagonismo. Paralelamente, en 1964 y sin ningún escrúpulo, Gran Bretaña se anexiona formalmente el Istmo, ya ocupado.  Al respecto, un Informe confidencial del Foreign Office, elaborado en 1971 y desclasificado recientemente, reconoce que “hasta 1922, los gibraltareños sólo controlaban los asuntos municipales y no aspiraban a ejercer otras responsabilidades, que, gustosamente, dejaban en manos británicas. Pero en 1950, al igual que hicimos con la Educación, le concedimos a esta diminuta fortaleza unas instituciones copiadas de las nuestras, a pesar de que el entonces primer ministro laborista [Clement Attlee] defendía que sería mucho más realista mantener el modelo municipal (...). En la década de los 60 aceleramos ese proceso con la vana esperanza de impresionar a las Naciones Unidas, otorgando a los gibraltareños una Constitución que les viene grande varias tallas, lo que les animó a comportarse de forma arrogante y poco realista”. En el Peñón por entonces lo único que estaba suficientemente claro era que, comparativamente, no había color entre permanecer bajo la prospera soberanía colonial británica -aun sobrellevando discriminaciones en relación a la ciudadanía de la metrópoli- o pasar a la mísera y represiva condición de la Andalucía bajo soberanía española, conocida directisimamente por toda la población con estatus gibraltareño, sea por lazos familiares, por residencia o por beneficiarse de ella a través de sus múltiples negocios. La situación política y social a ambos lados de la Verja favorecía que este proyecto británico de reformulación del pacto colonial encontrara eco y sostén entre la población radicada en el Peñón. Así es como, en resumen, se pasa del lado británico sin solución de continuidad de la internacionalmente impresentable reivindicación explicita de mantenimiento indefinido de la situación colonial a la apropiación formal de un derecho como el de autodeterminación, previsto y destinado para situaciones de otra naturaleza (en el caso de la ONU, para realidades coloniales y no colonialistas y en el de los principios de la izquierda, también para situaciones de opresión nacional) como mecanismo oportunista para perpetuar precisamente esa situación colonial.

El colonialismo británico, por otra parte, ya tenía sobrada experiencia histórica en generar escenarios que, una vez convenientemente prefigurados, pudieran justificar su continuidad bajo nuevas fachadas arguméntales falsamente democráticas. Así había diseñado -por ejemplo- a principios de la década de los años veinte, una Irlanda del Norte mayoritariamente unionista, escindiendo la región histórica irlandesa del Ulster, para asegurarse una mayoría probritánica que le permitiera mantenerse directamente en una parte de Irlanda y condicionar políticamente el desarrollo del resto y que todavía en marzo de 1973 le permitía organizar un referéndum en el Norte (boicoteado por republicanos y nacionalistas) para relegitimar la opción unionista probritánica. Previamente, en 1965, sólo el nuevo contexto internacional le había impedido validar semejantes procedimientos en la Rhodesia racista, no reconociendo formalmente su independencia unilateral tras el pretendido ejercicio de la autodeterminación por los colonos blancos, pero tolerándola de hecho. Con el mismo método, el imperialismo británico organizaba en 1967 un referéndum en el Peñón -limitado a los ciudadanos con estatus gibraltareño y que obviamente no incluía en la consulta siquiera a los andaluces con pasaporte español que trabajaban desde hace decenios en el Peñón- destinado a apoyar su presencia en la Roca. Esta maniobra británica provocaba la aprobación en la ONU de la Resolución 2.353 (XXII) de 8 de enero de 1968 (con 73 votos a favor -de América Latina, África, países árabes y del Este-, 19 en contra -Gran Bretaña y la Comomwealth- y 27 abstenciones -EEUU y Europa occidental-), en la que la ONU, tras considerar "que toda situación colonial que destruya parcial o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y específicamente con el párrafo 6 de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General" denunciaba la operación británica declarando que "la celebración por la Potencia administradora del referéndum de 10 de septiembre de 1967 contraviene las disposiciones de la resolución 2231 (XXI) de la Asamblea General y las de la resolución aprobada el 1º de septiembre de 1967 por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales".

No habría que esperar mucho para ver de nuevo en acción el cinismo del discurso colonial británico en casos similares al de Gibraltar. Simultáneamente a estos hechos desde 1965 -y mientras Londres se llenaba la boca de autodeterminaciones en Gibraltar- se dedicaba, primero, a separar arbitrariamente al archipiélago índico de Chagos de su colonia de Isla Mauricio; luego, en 1966, alquilaba por 50 años su isla mayor de Diego García a los EEUU para que construyeran allí una gran base aeronaval, sin consulta alguna ni a sus habitantes ni a los del conjunto de su colonia de Mauricio. Más aún, entre 1969 y 1970, Gran Bretaña se dedicaba a deportar a toda la población autóctona chagosiana, forzándola a emigrar a Mauricio y las Seychelles, imponiendo sobre el episodio un telón de silencio con la colaboración de la gran prensa internacional. No satisfecho con este despojo, el colonialismo británico -y sus socios yanquis- se dedicaría durante años a afirmar falsamente que Diego García "estaba deshabitada" hasta la instalación de la base militar angloyanqui. Está claro que el tan diferente trato a chagosianos y gibraltareños sólo mostraba la tradicional hipocresía imperialista y cómo Londres mantenía la costumbre de sólo recordar presuntos derechos cuando estos coincidían con sus intereses.

En el caso de las Islas Malvinas, los británicos pasaron a su vez, de sustentarse en el derecho de conquista (1936) a la referencia a los deseos de los colonos malvinenses al estilo gibraltareño (1964) para luego, a partir de 1966 y especialmente de finales de 1968, acordar con la Argentina una transferencia de soberanía aplazada hasta 1978, opción de la que se arrepentirían; transformándola primero en una oferta de Co-Soberanía (1974) y posteriormente de Arrendamiento temporal argentino a Gran Bretaña (1980), para terminar, en 1981, retornando a la posición de 1964, al hilo del avance en las prospecciones de los yacimientos de la zona y en el conocimiento de sus recursos; postura consolidada tras la derrota de la dictadura argentina en la guerra angloargentina de 1982. Precisamente en ese año, comenzaban también las negociaciones sobre Hong-Kong entre Gran Bretaña y la Republica Popular de China que culminarían en 1985; acordándose la retrocesión de la colonia (Isla y Nuevos Territorios) a la soberanía china en 1997, sin que Londres se atreviera siquiera a plantear la posibilidad de consultar al respecto de ninguna manera a la población china hongkonesa. Prueba adicional de esta duplicidad británica se puede encontrar en el ya citado Informe del Foreign Office relativo a Gibraltar cuando explica que “Durante las conversaciones celebradas en Londres en 1966 ofrecimos a España la vuelta de Gibraltar al modelo municipal, y España no se opuso a ello. La ruptura de las conversaciones nos liberó de mantener esa oferta, pero ello no nos obligaba a hacer justamente lo contrario, como fue la convocatoria del referéndum en 1967 y la aprobación de la Constitución gibraltareña en 1969 (...). En realidad, las nuevas instituciones políticas representan poco más que un estuco decorativo y podrían ser reconstruidas siguiendo el modelo municipal, sin causar por ello un gran daño a la estructura de la sociedad gibraltareña (...).”

Evolución del contencioso (1967-2001).

La reivindicación sobre Gibraltar formaba parte esencial de la demagogia españolista del franquismo y le servía además como coartada y cobertura para intentar encubrir su enfeudamiento y dependencia del imperialismo.

A partir de 1966, comenzaron a ponerse en vigor algunas restricciones al trafico aéreo británico desde la Colonia que estaba obligado por las dimensiones del Peñón a sobrevolar espacio aéreo español. La posición del régimen español era reclamar la devolución -rechazando expresamente cualquier co/soberanía- a cambio de mantener la base militar británica y diversas ofertas economicas. Tras la concesión por Gran Bretaña de la Constitución interna a Gibraltar en mayo de 1969, el Estado español retiró a primeros de junio los permisos de trabajo a los cerca de cinco mil andaluces que todavía cruzaban cotidianamente la verja para trabajar en Gibraltar y a finales de ese mismo mes la cerró y suspendió el ferry que unía Gibraltar con Algeciras. El 1 de octubre de 1969 cortó las comunicaciones telefónicas y telegráficas.

El cierre español separó a familias andaluzas con miembros a ambos lados de la Verja y llevó al campo de Gibraltar a una profunda crisis económica porque si bien la Colonia subsistía parasitando su entorno, no por ello dejaba de provocar a la vez, ante la ausencia de otros recursos de subsistencia, una honda dependencia entre su comarca y su cabecera colonial. La decisión tomada en Madrid dejó sin alternativas laborales a miles de andaluces, forzando una nueva oleada emigratoria, en tanto las promesas de desarrollo compensatorio quedaban en casi nada, como por otra parte ocurría también en el resto de Andalucía. Dentro de la Colonia, la mano de obra andaluza con pasaporte español fue sustituida por inmigrantes marroquíes y la economía fue sustentada desde Londres a partir del servicio a la flota británica.

Entre 1977 y 1982, sucesivos Gobiernos españoles se plantearon la reapertura de la verja a cambio de la simple promesa británica de estudiar todos los aspectos del contencioso. Hasta principios de 1982 el Gobierno británico no aceptó el principio de reciprocidad para los andaluces con pasaporte español en la Colonia en cuanto a sus derechos a poder pernoctar en el Peñón y a la igualdad en materias de empleo, salarios, seguridad social y derecho a formar parte de sindicatos. Gran Bretaña amenazó con vetar la entrada del Estado español en la Unión Europea y el Gobierno español se plegó, reanudándose el trafico peatonal en la raya a finales de 1982 y el total sin restricciones en 1985. Pese a lo que superficialmente pudiera haber sido previsible, tanto la entrada del Estado español en la UE como en la OTAN sólo afectaron a la situación colonial en cuanto que la consolidaron, ya que los intereses esenciales del Estado y la burguesía españolas por su incorporación subordinada a ambos organismos primaron -según las previsiones de Londres- sobre cualquier demanda previa, sacrificándose también en este asunto los intereses andaluces. El Gobierno español del PSOE se limitó a condicionar en Bruselas las directivas comunitarias (como la del transporte aéreo) que pudieran implicar algún reconocimiento formal del hecho colonial. Como consecuencia de ello y para evitarse molestias y gastos innecesarios, Gran Bretaña recuperaba en 1987 su vieja oferta de veinte años atrás de doble terminal conjunta en el aeropuerto gibraltareño que terminaría finalmente inaplicada por el bloqueo y oposición del Gobierno colonial, prioritariamente preocupado por preservar el status-quo colonial a cuyo amparo se producían en la colonia cambios económicos y sociales significativos. En 1991, el Gobierno español de Felipe González planteaba -sin eco alguno- la oferta de co-soberanía, lo que suponía reconocer un evidente retroceso, tras la impotencia demostrada por influir sobre la posición británica. Siguiendo esta tónica, el Gobierno español del PP ofrecía en 1997 -sin ningún resultado- mantener las ventajas fiscales y aduaneras de la colonia durante otros 50 años de co-soberanía con Gran Bretaña, es decir, continuar con la relación colonial y parasitaria, con el compromiso de Londres de cesar en esa lejana fecha en sus funciones en el Peñón. Habría que esperar años para que se produjeran cambios significativos.

Durante todo este tiempo, Andalucía sigue estando políticamente ausente de la cuestión por expresa voluntad de los partidos españoles. Es oportuno recordar que en el Anteproyecto de estatuto de autonomía para Andalucía de 1980, todavía su Disposición adicional tercera establecía automáticamente la inclusión en Andalucía del territorio de Gibraltar -citado con todas sus letras- una vez descolonizado, "sin perjuicio del estatuto personal de sus habitantes". A partir de ahí y a través de sucesivas modificaciones, esta declaración acaba transformándose en una propuesta bien distinta que, presentada por Soledad Becerril (UCD, ahora PP) contaría finalmente con el apoyo de todos los partidos presentes. El texto definitivo dice que "la ampliación de la Comunidad Autónoma a territorios históricos no integrados en otra Comunidad autónoma se resolverá por las Cortes Generales, previo acuerdo de las partes interesadas, sin que ello suponga reforma del presente estatuto, una vez que dichos territorios hayan vuelto a la soberanía española", con lo que no sólo se remite la decisión sobre la reunificación del territorio andaluz a las Cortes españolas o se abre la posibilidad del mantenimiento de su escisión en relación al resto de Andalucía, aún en el caso de volver a soberanía española, sino que, sobre todo, se pretende remarcar que la cuestión de Gibraltar es algo en que no tiene nada que hacer, decir o actuar el propio país sobre cuyo territorio se instaló la colonia o el propio pueblo al que pertenecen las personas directamente afectadas, a un lado y otro de la verja.

Evolución en la Colonia

Activistas de Greenpeace abordan el submarino nuclear 
británico averiado Tireless, atracado en Gibraltar (Enero 2001)

En 1988 la alcaldía de Gibraltar pasó de las manos de sir Joshua Hassan -representante de la burguesía tradicional de la Roca- a las de Joe Bossano, un populista al estilo de los radicales pied-noir de la Argelia francesa, que impulsaría con éxito la reorientación de la economía colonial a su presente situación de paraíso fiscal, aprovechando las peculiaridades de su estatuto en relación tanto con la UE como con Gran Bretaña. Este pretendido socialista, entendió pronto que la continuidad de la situación privilegiada de la población del Peñón estaba ligada al mantenimiento de los lazos coloniales con Gran Bretaña pero que, estos a su vez, debían engrasarse con una economía saneada y que no fuera directamente tan dependiente como hasta entonces del presupuesto público de la Metrópoli y estuviera, por contra, más ligada a los intereses del capital financiero británico. Para ello, optó por potenciar a Gibraltar como refugio de capitales, aprovechando su legislación opaca, obteniendo así los recursos directos e indirectos esenciales sobre los que sostener la economía del Peñón. A Gibraltar afluyó el dinero negro, los fondos del narcotráfico internacional y los capitales evadidos del fisco, especialmente de la propia Andalucía. Se constituyeron, según afirma el dirigente del Partido Liberal gibraltareño Joseph García, 80.000 sociedades de las que 50.000 mantienen actividad y los fondos depositados en los bancos del Peñón subieron a 5.000 millones de libras (8.100 millones de euros/1,34 billones de pesetas) provocando siete millones de visitas al Peñón a lo largo de estos años. Los bufetes, agencias, bancos y entidades financieras radicadas en Gibraltar, a su vez, procedieron a reinvertir sus ganancias en territorios aledaños de Andalucía, tomando posiciones en la hosteleria, el comercio, las propiedades rusticas, los transportes etc. Este nuevo maná sobrevenido -renta per capita quintuplicada en veinte años, desde la apertura de la verja; más del doble que la de sus vecinos andaluces de los otro lado- le dio a la colonia una renovada capacidad de presión en la Metrópoli británica y consolidó logicamemente la querencia mayoritaria de la población colonial por el mantenimiento de su estatus privilegiado. Los provechos para el capital metropolitano fueron también obvios. Por todo esto, no le fue costoso al propio Gobierno Bossano tomar la decisión política de erradicar el contrabando de droga a principios de los noventa, cuyos beneficios -aún siendo importantes- resultaban ridículos al lado de los derivados de su carácter de plaza financiera y no compensaban ni las tensiones sociales internas dentro de la Colonia ni los costes de imagen exterior que implicaban.

Gibraltar, con unos 500 militares, un puerto y un aeropuerto, sigue siendo un punto clave del despliegue militar británico, resto de su antiguo imperio, como demostró durante la guerra de las Malvinas, en 1982. Además, la base del Peñón (que ocupa el 40% de su territorio), en un extremo, y las de Chipre, en el otro, otorgan a Gran Bretaña carácter de potencia mediterránea. Gibraltar cuenta con una galería de túneles subterráneos que amplía considerablemente su superficie útil. Allí  tiene su sede el Royal Naval Comunications Centre que mediante una red de sensores sumergidos, capaces de discernir la más liviana alteración en medio de las fuertes corrientes del Estrecho, controla el tránsito de submarinos. Su papel fue esencial durante la Guerra Fría, ya que Gibraltar era paso obligado para los buques soviéticos de las flotas del Báltico o el Mar Negro que pretendían entrar o salir del Mediterráneo. Además ayuda a los submarinos propios a transitar sin riesgo, y sin emerger a la superficie, por un zona de orografía especialmente difícil. Los británicos comparten estas capacidades con los Estados Unidos, que son su verdadero beneficiario.

La demostrada lealtad del Gobierno colonial a estos intereses militares del imperialismo británico, conforman otra pata básica para el mantenimiento de los lazos coloniales. El carácter de esta relación pudo demostrarse recientemente en el escandaloso asunto del submarino nuclear británico Tireless, que pudo permanecer atracado averiado un año en el muelle de la Colonia sin mayores inconvenientes, en un ejercicio renovado de fidelidad y servilismo a Gran Bretaña, permitiendo su reparación a una conveniente distancia de las costas británicas. El resto del pueblo andaluz tuvo que limitarse a protestar desde el otro lado de la verja ante el riesgo evidente de una operación que puso en peligro la vida, los recursos y la salud de millones de andaluces, manifestando de nuevo la intima e indisociable vinculación entre Gibraltar y su entorno. El Gobierno español actuó, por enésima vez, como cómplice del Gobierno británico, avalándole y respaldandole. Hace pocos meses, una unidad de infantería de marina británica en practicas de combate se equivocó de ruta y dada la estrechez del territorio de la colonia, confundió su playa con la cercana de La Línea, donde procedió a desembarcar con toda la parafernalia bélica propia de estos ejercicios. Al punto hubieron de retirarse apurados una vez que los gestos y los gritos de los pescadores y vecinos les hicieron notar que estaban invadiendo territorio andaluz a destiempo. Uno y otro episodio -tan serio uno como chusco el otro- demuestran tanto que el carácter de cabeza de puente de la Roca sigue vigente -según la vieja tradición británica- como que el Gobierno de la Colonia entiende perfectamente que su apoyo a su mantenimiento es una de sus condiciones de pervivencia.

La coyuntura y las negociaciones hispano-británicas

A partir de mediados de 2001 se va a generar un nuevo escenario sobre la cuestión gibraltareña que a la altura de Noviembre toma carta de naturaleza con el anuncio de que los Gobiernos español y británico esperan poder llegar antes del final de 2002 (luego acortado a finales del verano de ese año) a un acuerdo sobre la Colonia, incluyendo la cuestión de la soberanía.

El espectacular anuncio sorprende a las fuerzas vivas gibraltareñas en medio de un debate de reforma de sus instituciones que centra por entonces su atención y que concluirán en febrero de 2002, por el que pretenden blindar su situación y dar pasos hacia conseguir su objetivo de asimilar su régimen al de la Isla de Man, aunque como para que entre en vigor depende del voto favorable del Parlamento británico, mantendrán la reforma en el congelador. 

Como suele suceder en estos casos, este giro responde a una convergencia de procesos y causas.

De una parte, Gran Bretaña acababa de verse forzada en la OCDE a hacerse responsable y actuar para controlar y restringir las funciones de paraíso fiscal del Peñón, al objeto de sacarlo de la "lista negra" internacional de territorios fraudulentos. Aunque el Gobierno de la Colonia, meses después, pretenderá que tiene disposición a hacer las modificaciones justas para contribuir a este objetivo, desde el punto de vista de Londres parece ya claro que el modelo económico gibraltareño vigente ha de reformularse necesariamente para poder subsistir, dejando de funcionar como una plaza fiscal extracomunitaria y asimilándose paulatinamente al régimen de los más permisivos estados de la Unión Europea como Luxemburgo. La conciencia de este hecho tiene evidentes consecuencias, no sólo para el mantenimiento de la viabilidad social del Peñón sino también para preservar los intereses metropolitanos que, como es sabido, tienen en Gibraltar una excelente plataforma para su intervención en Andalucía y otras zonas aledañas. Los británicos son conscientes que esta trasmutación requiere de la connivencia del Estado español, tanto en lo inmediato como en Bruselas.

A otro nivel, Gran Bretaña considera que el constante recordatorio del caso gibraltareño en la elaboración de directivas y acuerdos comunitarios, es un elemento molesto que contribuye a dificultar la gestión de sus intereses esenciales y que puede ser usado en su contra no sólo por el Estado español sino por otros socios-rivales en el seno de la UE. El Gobierno laborista de Blair, de otro lado, no sólo ha tomado nota de su alto nivel de coincidencia política con el Gobierno español (modelo europeo, servilismo hacia Washington, etc) sino que aspira a ganar un aliado estable en la UE que pueda ayudarle a contrapesar el creciente poderío de Alemania y mantener el marcaje sobre Francia. Resolver el contencioso de Gibraltar aparece como condición necesaria para poder avanzar en este objetivo.

Además, el caso de Gibraltar se inserta dentro del Gran Juego en curso en el área del Magreb. Tanto el imperialismo francés como el yanqui o el español siguen atentamente la evolución de los acontecimientos en Marruecos, Argelia, Tunez... Comparten la preocupación por sostener a los regímenes neo-coloniales de la zona: la Monarquía marroquí, el Régimen militar argelino y la dictadura de Ben Ali, a la vez que disputan por preservar o incrementar sus respectivas influencias.

En ese contexto, entre otros datos y elementos, cabe recordar la propuesta de cooptación de las elites del Polisario que subyacía en el primer Plan Baker sobre el Sahara (sostenido por Francia y EEUU) que propone la autonomía saharaui bajo el Majzen marroquí -en principio, no rechazado frontalmente por Argel- la subsiguiente propuesta de división del territorio entre Marruecos y la RASD (aceptada por Argel y el Polisario y rechazada por Rabat) y la ultima apuesta nítida de EEUU y Francia en la ONU por su mantenimiento en Marruecos (que conlleva el fracaso del Polisario en sus prolongados intentos de aparecer ante EEUU como una opción alternativa, aceptable para sus intereses). Parece clara la preocupación existente por la estabilidad de la Monarquía marroquí y la convicción existente en la conveniencia de darle éxitos en el terreno exterior que puedan contribuir a su consolidación en el interior. La resolución del caso de Gibraltar, en ese marco, conduciría a la devolución pactada en un plazo u otro de Ceuta y Melilla a Marruecos, desactivando tentaciones de imprevisibles consecuencias y una permanente amenaza de conflicto en la zona. Así lo reconocía el diario EL PAIS -rompiendo el uniforme discurso español al respecto- en su editorial del 3 de Noviembre de 2001: "La perspectiva de una solución, aunque sea a largo plazo, del secular contencioso del Peñón abrirá la cuestión de la soberanía de Ceuta y Melilla. Son problemas histórica y jurídicamente muy distintos, pero la psicología de los mapas lleva a pensar que por la puerta abierta del otro lado del Estrecho, Marruecos intentará hacer entrar también su reivindicación sobre las dos ciudades norteafricanas. Sin duda, el Gobierno de Aznar, como sus predecesores, es consciente de ello, y también de que no cabe descartar salidas imaginativas, siempre y cuando Marruecos avance por la vía de su democratización.". A esto cabe añadir el proyecto de asociación de Marruecos (y del resto del Magreb) a la UE para consolidar su relación neocolonial (siguiendo el modelo del ALCA en América Latina), proceso cuyos costes fundamentales en Europa caerían nuevamente sobre las espaldas de Andalucía y que beneficiaria especialmente a Francia. En este Gran Juego, en el que los británicos van de la mano de EEUU, el Gobierno español actúa reforzando sus posiciones en Argelia, estableciendo mayores lazos con Túnez y una vez que EEUU -aun sin poner todo su peso sobre la mesa- y Francia se alinean claramente con su aliado de Rabat en el caso del Sahara, redescubriendo en la ONU un novedoso y sorprendente prurito ético en forma de compromiso con el derecho a la autodeterminación del Sahara. El propósito español, cabe suponer, es que el conflicto saharaui siga abierto y el régimen de Marruecos no cierre sus debilidades en el Sur al menos hasta el momento en que el Estado español, una vez encarrilado el asunto de Gibraltar, este en disposición de afrontar el asunto de los Presidios de Ceuta y Melilla en mejores condiciones y con menores costes internos. Por supuesto, el Gobierno español sigue y seguirá públicamente defendiendo para consumo interno la insostenible y ridícula posición que pretende diferenciar la condición de los tres enclaves.

Las conversaciones hispano-británicas parten del acuerdo de obtener una Declaración conjunta entre ambos Estados que de paso a un nuevo Tratado sustituya al Tratado de Utrecht, estableciendo la co-soberanía del Estado español y de Gran Bretaña sobre el Peñón en su conjunto, incluida la base militar -que sería concedida a Gran Bretaña según el modelo de Rota y Morón- y el Istmo ocupado ilegalmente. En un principio lo que se transmite a la opinión pública es que esta situación de soberanía compartida se acordaría por un plazo de 50 o 100 años, para luego abrirse la posibilidad de una retrocesión plena al Estado español que -como heredero de la Corona española- conservaría su derecho de tanteo establecido en Utrecht. Una vez pactados todos los términos del nuevo acuerdo y aprobado por los respectivos parlamentos estatales, este sería declarado vigente, si bien su puesta en practica requeriría el visto bueno de Gran Bretaña que, a su vez, lo condicionaría a obtener el consentimiento de la Colonia de Gibraltar. No habría que esperar a ese momento sin embargo para comenzar a ir ejecutando otros aspectos como el apoyo español al mantenimiento de Gibraltar como puerto franco, exento del IVA; la inversión de ayudas de la UE en la comarca para potenciar la centralidad de Gibraltar y su complementariedad con otros recursos estratégicos como el puerto de Algeciras, la eliminación de los controles españoles en la Verja (una vez adherido Gibraltar al espacio Schengen), la extensión a los gibraltareños de los beneficios de atención sanitaria, etc, el pago de las deudas gibraltareñas de las pensiones a los jubilados andaluces que antaño trabajaron en la Colonia y la utilización conjunta del aeropuerto de Gibraltar, permitiendo su uso sin restricciones. El acuerdo incluiría la perspectiva de la concesión de una doble ciudadanía a la población del Peñón.

De hecho, lo que en un principio se vende, ya incluye una aceptación del veto gibraltareño (que es una forma de reconocerle cierto derecho a la autodeterminación) y supone la conformidad española del mantenimiento de la presencia británica en lo político, económico y militar sobre una parte del territorio andaluz, sostenida no ya en una victoria militar refrendada en un tratado del siglo XVIII sino en un pretendidamente más presentable acuerdo del siglo XXI, a cambio de poder colocar su bandera en el Peñón junto a la británica.

Los dos gobiernos intentan conseguir la participación del Gobierno de la Colonia -como en anteriores rondas- sin exito. Las razones que expone el Gobierno colonial son claras: no solamente exigen tener derecho de veto sobre el resultado final sino sobre todas y cada una de las etapas, acuerdos y compromisos, que es la que forma en que entienden que pueden bloquear mejor cualquier posible cambio. Hay que comprender que desde la perspectiva gibraltareña -aparte la retórica sobre sus presuntos derechos como pueblo- existe una postura firmemente asentada que entiende que, incluso en el caso de tener que alterar en algo su actual posición como paraíso fiscal, manteniendo la relación colonial con Gran Bretaña pueden reactualizar con mayores garantías su papel de centro financiero sin que, merced a la condición de aliado del Estado español en la OTAN y socio en la UE, ello implique obstáculos sensibles, pudiendo preservar todas las ventajas de su actual estatus, incluidas sus residencias a este lado de la Verja. A este propósito se encamina el discurso y la incesante actividad de su alcalde-ministro Peter Caruana y del lobby gibraltareño. Caruana se niega a participar en las conversaciones sin derecho a veto; habla en Cataluña y en Estrasburgo de la autodeterminación gibraltareña; en Londres reclama primero nuevamente el régimen de la Isla de Man; a continuación recuerda en dos ocasiones el paralelismo entre Gibraltar y Ceuta y Melilla (sin abusar del argumento, para evitar sus riesgos de boomerang político en contra de sus intereses) e incluso apunta que no vería mal que Gibraltar obtuviera un status similar al de Andorra (un estado soberano con dos coprincipes) o lo que es políticamente similar, convertir a Gibraltar en una nueva versión de Mónaco en la costa andaluza.

Mientras el lobby gibraltareño invita a una ristra de parlamentarios británicos con sus familias al Peñón e invierte millones de euros, financiando viajes, publicando anuncios con la bandera británica en la prensa londinense e implicando en su causa al Partido Conservador británico, en la Colonia se genera un ambiente de repulsa a "la traición de los ingleses". Tras varios actos organizados por la oposición de Bossano (que suele acudir a la televisión con una corbata con los colores de la bandera británica) destinados a preparar el ambiente, se convoca mancomunadamente por patronal, partidos y sindicatos una Huelga General y una manifestación en el Peñón en protesta por el proceso en curso entre Londres y Madrid. Ese día la frontera se colapsa durante horas por las colas de gibraltareños residentes a este lado de la raya que acuden en masa a manifestar en castellano e ingles su condición británica. Cuando posteriormente Straw, ministro británico de exteriores, acuda a la Colonia en Abril -donde dice con todo descaro que el fundamento de la presencia británica allí nace "del Tratado de Utrecht y la Constitución gibraltareña"(sic) aprobada, recordémoslo, por el Parlamento británico- estará a punto de ser agredido por una masa de encrespados gibraltareños que, enarbolando banderas británicas y la más reciente del Peñón, endilgaran al ministro una abigarrada, colorista y bicultural colección de insultos en ingles y castellano.

Tras el viaje comienzan a aparecer en la prensa anuncios de dificultades. Un día se dice que Gran Bretaña no se conforma ya con que el Estado español acepte el carácter indefinido de la soberanía compartida (cuando se empezó hablando de 50 años) sino que lo pretende permanente. Otro aparecen fuentes del ministro de Defensa británico recordando la importancia de la base y sugiriendo que se la excluya de cualquier acuerdo -incluso en las condiciones de las bases yanquis- conservando sobre ella plena soberanía a la manera que Gran Bretaña ejerce en sus bases en el Chipre griego. Finalmente, el ministro Straw, a finales de mayo, se descuelga con unas declaraciones a la BBC en las que, desdiciéndose incluso de lo ya afirmado por el mismo en el propio Parlamento británico en febrero, convierte la opinión gibraltareña en definitiva. Si en Febrero, la posición del Gobierno británico era que la Declaración conjunta angloespañola seguiría vigente aún inaplicada, incluso en el caso de recibir el previsible rechazo de las instituciones y la población de la Colonia ahora dice que la oposición de Gibraltar la haría decaer en su totalidad, invalidándola y retrotrayendo la situación a la existente en julio de 2001. La satisfacción en Gibraltar ante este cambio resulta comprensible y explica porque Caruana se opone con vigor a las propuestas de los más ultras de convocar ya un referéndum unilateral a la manera rhodesiana, prefiriendo esperar y eludir, al menos de momento, un enfrentamiento directo con Londres. 

A fecha de hoy, resulta difícil aclarar si todos estos últimos hechos responden a intentos británicos por consolidar y ampliar sus ventajas ya obtenidas tanto directamente en Gibraltar como en el conjunto de la relación hispanobritánica, jugando con los costes de imagen que implicaría al Gobierno español del PP un fracaso del proceso o si responde realmente a una victoria del grupo de presión gibraltareño en Gran Bretaña. Hay que tener en cuenta que el mero cambio británico desde el inmovilismo anterior ya ha sido presentado por el Gobierno español ante la opinión pública andaluza y española como un progreso; que no ha habido interés alguno por informar de que la mayoría de las propuestas británicas no son novedosas ni en relación al caso concreto de Gibraltar ni en lo tocante a otros casos de enclaves coloniales británicos y que tampoco ni la oposición española ni los grandes medios de comunicación han tenido el menor interés por constatar que todo el marco de negociación en curso implica una consolidación de facto y de iure de la presencia británica y el hecho colonial. Un efecto secundario de la frustración del proceso sería destrozar uno de los argumentos implícitos en la línea de explicación oficial: "que Londres actuaba de esta nueva forma porque el peso internacional del Estado español no es hoy el de antes sino el de una potencia emergente", tesis con la que el Gobierno del PP continua precedentes discursos de Gobiernos del PSOE.

La naturaleza del Conflicto y la posición andaluza.

En 1936, en pleno periodo colonial francés, Argel tenía 175.000 habitantes europeos y 76.000 argelinos. Orán, 148.000 europeos y 46.000 argelinos. Bone-Annaba, 45.000 europeos y 38.000 argelinos y sólo los colonos europeos disfrutaban en la practica de ciertos derechos políticos. Según el actual criterio gibraltareño y británico, estas ciudades podrían haber tenido derecho a la autodeterminación para que su población colonial decidiera mantenerse bajo soberanía de Francia tras la independencia de Argelia. ¿Absurdo, verdad?. Pues el colonialismo francés contemplo hipótesis similares y por evitar esta circunstancia y la separación del Sahara, la guerra argelina se prolongo años. Es el mismo criterio que se guarda el Estado español en la recamara para legitimar hoy la presencia colonial española en Ceuta y Melilla; dándose la paradoja de que un Estado opresor como el español que niega el derecho a la autodeterminación a las naciones integradas en sus fronteras se beneficiaria de su aplicación justo donde no es procedente. Pensemos que si en la base de Guantánamo, los EEUU hubieran instalado población yanqui -o simplemente caribeña anglófona o francófona- desde su apropiación en 1900 y/o por ejemplo le hubieran sumado unos cuantos cubanos anticastristas después de 1959, estaría construido en Cuba un escenario similar al que existe en Andalucía en relación a Gibraltar: los EEUU podrían decirle a Cuba que, aun cuando su presencia deriva formalmente de la Enmienda Platt, ahora su ocupación ha de mantenerse para proteger los deseos de estos hipotéticos neoguantanameros. En 1948, India requirió a Portugal la devolución de los enclaves de Goa, Diu y Damao. Tras una sucesión de incidentes y reclamaciones, a la altura de 1960 un sector de las elites de Goa (indios de confesión católica y casta brahmánica) auspiciaron un movimiento de autonomía que cambiara el estatus de los enclaves, permaneciendo bajo soberanía colonial portuguesa. La Dictadura fascista de Salazar rechazó el cambio por no caer en contradicción con lo que era su política colonial en África (Angola, etc). La contundente respuesta de India fue ocupar los enclaves con sus tropas en 1961. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución condenando a India que no entro en vigor por el veto de la URSS. India nunca había llegado siquiera a plantear la cuestión en la ONU.

Las colonias de tipo enclave -como es el caso de Gibraltar- tienen características propias. Surgieron históricamente como bases militares o factorías comerciales (o una combinación de ambas) desde las que controlar de forma indirecta el territorio anejo (aún cuando, en algún caso, posteriormente también sirvieran de retaguardia logística para su ocupación directa como ocurrió en Marruecos).  Las potencias coloniales fueron las que decidieron quienes y cuantos se mantenían dentro del perímetro de esos enclaves, según sus intereses y las circunstancias de cada caso y a partir del hecho colonial configuraron poblaciones, bien a través de la inmigración, bien a través de la cooptación de elementos autóctonos favorecidos de forma desigual por la situación colonial o por una combinación de ambas opciones. Cuando a la potencia colonial le convino, no hubo escrúpulos en expulsar a los pobladores autóctonos o deportar el numero conveniente para mantener los equilibrios deseados o dificultar o impedir la residencia de personas del entorno que a medio plazo pudieran suponer un peligro para la seguridad e intereses coloniales.  Siendo como son colonias, durante la mayor parte de su existencia han actuado básicamente como guarniciones, almacenes o presidios –según los casos- y han estado a disposición de la potencia colonial para ser cedidos o intercambiados o devueltos, sin consideración alguna a quienes vivían allá acogidos a esa situación y a consecuencia de ella. Toda su vida ha girado en torno a dos hechos: A. Su dependencia de la potencia colonial, porque sin ella hubieran sido recuperados por los países y pueblos despojados. B. Su relación colonial con su entorno que es tan intima como desigual y que además, en casos como los de Gibraltar o Hong-Kong, incluía además una apropiación ilegitima de terrenos posteriores a su primera anexión, fundamentales para el funcionamiento de esas colonias (cabe imaginar que pasaría en Gibraltar si la Verja volviera a los limites del Tratado de Utrecht). Todas estas entidades son inviables si no se produce el asentimiento, la explotación parasitaria o el sometimiento de su entorno, a cuyo futuro están ligados (el ultimo ejemplo, las 100.000 líneas telefónicas adicionales solicitadas por Gibraltar para menos de 30.000 personas con estatus legal gibraltareño).

En el caso concreto de Gibraltar son obvias la responsabilidad, la torpeza o incluso los crímenes del Estado español. La situación de Gibraltar tiene, desde su origen, mucho que ver con la dominación del Estado español sobre Andalucía. Gibraltar no es un islote perdido en medio del océano. No se puede entender la formación y funciones de Gibraltar sin Andalucía (de igual modo que ocurre con Ceuta y Melilla y Marruecos, en este caso al servicio del colonialismo español). De igual manera, la pervivencia de la presencia colonial británica es inexplicable sin a la vez tomar nota de las circunstancias históricas de la dominación española sobre Andalucía (como ocurre, a su vez, con la persistencia de la española en Ceuta/Melilla, que no se puede explicar separadamente, primero, de la intervención colonial española en Marruecos y el Norte de África y luego de la naturaleza reaccionaria y neocolonial del Régimen monárquico marroquí). La Monarquía española entregó Gibraltar, pasando del deseo de sus habitantes andaluces de la época; luego no fue capaz de recuperarlo; le permitió sobrevivir como foco de contrabando a causa de su política de despojo y empobrecimiento de Andalucía etc.

Afortunadamente, los gibraltareños actuales son culturalmente andaluces, como resulta evidente para cualquiera que visite el Peñón; por mucho que en sus linajes familiares haya, en determinados casos, procedencias italianas, hebreas, maltesas... Gibraltar no es una nación. No sólo Gibraltar forma parte del territorio andaluz sino que su población, si pertenece a algún ámbito histórico y cultural es indiscutiblemente al andaluz (con sus peculiaridades).  De hecho su población lo que habla usualmente en la calle es castellano en la modalidad lingüística andaluza (aunque también tenga conocimiento y use el ingles en otros ámbitos y para otras funciones publicas).

Otra cuestión distinta es que, mayoritariamente, los gibraltareños defiendan políticamente hoy el mantenimiento de las situaciones de privilegio económico unidas a la dependencia colonial, al calor de las cuales se ha conformado la forma de vida gibraltareña: ayer, a costa del contrabando masivo; luego del servicio a los británicos durante el cierre de la Verja; luego del narcotráfico; ahora a través del paraíso fiscal para lavado de dinero negro y la evasión tributaria desde Andalucía... Gibraltar en relación al Campo (donde, además, residen y tienen propiedades buena parte de las personas con estatus gibraltareño) ha actuado y actúa como una City en relación a los suburbios (el Campo); en el conflicto hay pues también un componente clasista implícito, aún envuelto en diversos envoltorios. Lo singular de Gibraltar es precisamente que esa condición cultural andaluza coexista con una ampliamente mayoritaria posición política favorable al mantenimiento de una situación colonial. Es evidente que en el rechazo gibraltareño hay junto a resabios justos por lo que ven al otro lado de la Verja, otro tipo de comportamientos que responden a la actitud e intereses de una burguesía intermediaria que se ha configurado al calor de la situación colonial y que impregna ideológicamente en Gibraltar incluso a muchos de quienes no tienen directamente arte ni parte en sus negocios. Como es obvio, la prosperidad gibraltareña en comparación con la pobreza andaluza no es algo genético (no sólo sería un argumento racista afirmarlo, sino que además no casaría bien con el hecho de la abundante cantidad de antecedentes, antepasados y familiares andaluces de la actual población gibraltareña) sino consecuencia de cómo se han formulado las relaciones económicas y sociales en la Comarca al amparo de la ocupación británica en concreto, de un lado, y la dominación española en general sobre Andalucía, de otro.

La capacidad histórica de fusión y de asimilación cultural ha sido tan fructífera, que lo que hoy hay allí no es un problema ni nacional ni étnico sino simplemente político, ideológico, social y económico, que cristaliza del lado gibraltareño en una defensa de un estatus. Una cuestión, complicada aún más si cabe porque la nación a la que naturalmente pertenece el enclave -Andalucía- no dispone de Estado nacional propio y es representada en el contencioso por un Estado -el español- que no sólo tiene intereses propios diferenciados a los de Andalucía sino que, además, es aliado del poder colonial. Complejidad que se evidencia, además, al comprobar, como las pretendidas reivindicaciones especificas gibraltareñas se realizan bajo el amparo de la bandera británica (a la manera de los unionistas norirlandeses), reclamando la protección de Londres y aspirando a reproducir, tomándolos como modelos, a territorios británicos como la Isla de Man, es decir, a perpetuar situaciones reaccionarias, construidas a partir de simultanear la condición de paraíso fiscal y base militar, destinados inevitablemente a afectar parasitariamente al resto de Andalucía. De hecho, conviene recordarlo, el discurso político de los portavoces políticos de la población colonial es múltiple. En unos momentos y circunstancias -por ejemplo, al dirigirse a sectores de naciones oprimidas del Estado español o en ámbitos europeos- intenta usar de forma torticera la autodeterminación, afirmándose y presentándose como "pueblo" aunque cuando concretan que demanda encierran con ello, aclaran que lo que pretenden no es "una inviable independencia" (Caruana dixit) sino reproducir los modelos citados. Simultánea y paralelamente, sin el menor reparo, no tienen problema en definirse en Londres como "ingleses", cuando así les conviene para articular apoyos mediáticos, políticos o comerciales en Gran Bretaña de nostálgicos del Imperio. Aparte de consideraciones generales sobre su inaplicabilidad a las poblaciones de enclaves coloniales, la pretendida autodeterminación en las circunstancias concretas de Gibraltar reduciendo su sujeto decisorio a quienes tienen estatus gibraltareños lo que significa, en síntesis, es preguntarles: ¿queréis seguir viviendo parasitando una nación como paraíso fiscal?. ¿Queréis seguir siendo una base militar imperialista?. Ese sería el sentido y la consecuencia de aplicar la autodeterminación a un colectivo que no tiene la entidad de los sujetos con derecho a autodeterminarse.

Con todo, siempre conviene recordar que, en ultima instancia y pese a la retórica, la continuidad del hecho colonial es una decisión tomada en Londres y no en Gibraltar. 

En este punto conviene anotar, que el hecho de que el nacionalismo español haya usado la reivindicación de Gibraltar -despreciando de paso siempre las circunstancias, derechos e intereses de la población andaluza campogibraltareña- no ha de llevar frívolamente por reacción, a alinearse tras las posiciones colonialistas británicas o los intereses espureos de la actual población del Peñón como, por ejemplo, reiteradamente ha hecho de forma irresponsable ERC o con todo cinismo Pujol. Sería un error de similar entidad que negar el derecho a la reintegración territorial de Ceuta y Melilla a Marruecos por oposición a la naturaleza reaccionaria de la Monarquía marroquí. Hacerlo así, en el caso de Gibraltar, supone no sólo olvidarse de los derechos nacionales de Andalucía, sino directamente colocarse contra ellos y reproducir nuevamente esa costumbre, tan cara a algunos, de golpear a España en el trasero de los andaluces.

De todo lo dicho, se desprenden los siguientes principios:

    1. La situación colonial de Gibraltar es nacional y socialmente inadmisible para Andalucía, ahora y en el futuro.
    2. La población con estatus gibraltareño residente en el Peñón no es un sujeto colectivo que pueda reivindicar legítimamente poseer el derecho a la autodeterminación.
    3. La única solución aceptable para el contencioso es la devolución de la colonia y su reintegración territorial al marco institucional andaluz existente.

Ciertamente, Andalucía se encuentra hoy ante este conflicto sin voz soberana propia. Es una consecuencia más de no ser una nación independiente y hallarse bajo el dominio del Estado español. Incluso Chaves se ha negado expresamente a que la Junta de Andalucía o la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar reclamen su derecho a estar presentes en cualquier proceso negociador, en un ejemplo más de servilismo a Madrid y traición a los intereses andaluces. Desde una posición nacional, es evidente que el conflicto político principal de Andalucía hoy es con el Estado español y no con Gran Bretaña y que Andalucía no se haya exactamente en la misma situación de otras naciones -como Euskadi- divididas entre dos estados, pero también hay que asumir que no se puede aspirar a afianzar una construcción nacional sólida abdicando de enfrentarse a los desafíos internacionales que esta implica, de ser desarrollada consecuente y victoriosamente, levantando una posición andaluza propia. Por tanto, partiendo de esta realidad, esta apreciación de prioridades no ha de impedirnos constatar también que para Andalucía es mejor tener que combatir sólo al Estado español que a éste y a Gran Bretaña sumados, tanto ahora como en el hipotético momento de una independencia andaluza en relación a España. De ahí que desde un punto de vista nacional sea de nuestro interés apoyar como situación transitoria el trasvase pleno de la soberanía en el Peñón de Gran Bretaña al Estado español, sin que ello comporte en absoluto ninguna coincidencia, apoyo o sostén a las diversas propuestas, iniciativas o acuerdos concretos a los que pudieran llegar el Estado español y Gran Bretaña (co-soberanía durante un periodo; mantenimiento de las exenciones fiscales y privilegios económicos; preservación de la base militar; separación de Gibraltar del resto de Andalucía, etc) que pudieran perpetuar elementos de la actual situación colonial. Acuerdos todos ellos, que habría que denunciar y que en absoluto comprometerían a una Andalucía soberana, que como Estado heredero, seguiría siendo depositaria del derecho a la devolución plena e incondicional de la colonia.

Simultáneamente, es de interés nacional y de obligada coherencia democrática, tanto preservar y desarrollar todos los derechos democráticos, sociales, culturales o lingüísticos de la actual población gibraltareña -aún sabiendo que ello no atenuará de entrada su actual posicionamiento- como dejar claro que los andaluces gibraltareños no merecen por esa condición una consideración diferente a la del resto; diferenciando con nitidez esos derechos de los privilegios que consolidan la presencia colonial. La situación colonial y sus efectos sociales y el contexto político nacional obligan a reconocer que la vía de búsqueda de contactos y colaboración con las individualidades y colectivos progresistas de la Colonia dará durante mucho tiempo menguados resultados, al menos hasta que la izquierda y el movimiento nacionalista andaluz no se conviertan en factores políticos efectivos en la realidad andaluza. Hay que aceptar pues, de forma realista, la perspectiva de que, si ya en el conjunto de Andalucía es previsible que hasta el ultimo momento queden algunos andaluces comprometidos con la situación que la mantiene dominada, no hay porqué extrañarse de que una minoría mantenga similares posturas en la ciudad de Gibraltar y saber, por tanto, que en relación con ambos habría que actuar en consecuencia llegado el caso. Y es que, como dice el refrán: "no se pude hacer una tortilla sin romper algún huevo".

Javier González Pulido
 
Bibliografía y Enlaces
 
Hong-Kong, siglo XIX
 
Reproducimos a continuación una lista comentada de bibliografía y enlaces para quienes tengan interés en profundizar en la cuestión de Gibraltar, que se suman a los ya incluidos en el ANDALUCIA LIBRE nº 118. Excluimos los enlaces sobre las colonias españolas de Ceuta y Melilla por haber sido reproducidos ya recientemente en ANDALUCÍA LIBRE.
 
Bibliografía
    • Ministerio español de Asuntos Exteriores, Razones de España sobre Gibraltar, Aguilar S.A. Ediciones, Madrid, 1966
    • Francisco Núñez Roldán, "Los ingleses en el Peñón - El Tratado de Utrecht", HISTORIA16, nº 187, Noviembre 1991, pp. 38-45.
    • Rafael Sánchez Mantero, "Difícil convivencia en el siglo XIX", HISTORIA16, nº 187, Noviembre 1991, pp. 53-60.
    • Florentino Portero, "El contencioso gibraltareño, 1936-1991", HISTORIA16, nº 187, Noviembre 1991, pp.60-72.
    • Tito Benady, "Los gibraltareños",  HISTORIA16, nº 187, Noviembre 1991, pp. 73-86.
    • Luis López Puerta, "Gibraltar por Ceuta", HISTORIA16, nº 135, Julio 1987, pp. 24-36
    • Enrique Carabaza, Máximo de Santos, Melilla y Ceuta. Las ultimas colonias, Talasa Ediciones SL, Madrid, 1993, ISBN 84-85781-90-2
    • Robert Rézette, Les enclaves espagnoles au Maroc, Nouvelles Editions Latines, Paris, 1976  
Enlaces sobre Gibraltar
Enlaces sobre Malvinas.
Enlaces sobre Diego Garcia.
Enlaces sobre Guantánamo
 
Enlaces sobre Macao
(Colonia portuguesa devuelta a China)
 
Enlaces sobre Hong-Kong
(Colonia británica devuelta a China)
 
Enlaces sobre los Enclaves coloniales Portugueses en la India.
(Recuperados por India en 1961)
    • Dossier Goa 1961. Sitio especial de Superogoa.com dedicado a la cronología de hechos y a los acontecimientos por los que India en 1961 -en la llamada Operación Vijay- recuperó los enclaves coloniales portugueses en su territorio. Contiene fotos, textos y múltiples enlaces (En Portugués).
    • Historia Colonial de Portugal y Holanda. Pagina realizada por Marco Ramerini (Florencia, Italia) con una recopilación de artículos en portugués, ingles, francés e italiano sobre el pasado colonial portugués y holandés. Interesantes textos sobre el Imperio colonial portugués en Asia.
Enlaces sobre los Enclaves coloniales franceses en la India
(Devueltos finalmente por Francia en 1954-1956).
    • Historia de Pondichery. Resumen histórico de la presencia colonial francesa en la India y de su devolución. (Francés; existe también versión en ingles)
    • Pondycherys en la Reunión, Pagina sobre la comunidad de emigrados de Pondychery a la colonia francesa de la Reunión. (Francés)
 Andalucía
Memoria de Andalucía
Andalucía Libre
 
La Guardia Civil española carga a caballo en Almuradiel contra
jornaleros andaluces en protesta contra el recorte del Subsidio-PER
Corte de Despeñaperros, convocado por el SOC - 26/5/2002
 
Es muy conveniente para entender el presente conocer el pasado. Particularmente cuando determinados hechos siguen siendo aún hoy -transcurrido casi un cuarto de siglo de aquellos acontecimientos- imprescindibles para entender la realidad y mantienen un carácter fundacional, tanto del régimen que soportamos como del discurso justificador de las fuerzas políticas que lo encarnan y vertebran. Este conocimiento es particularmente necesario para poder establecer con rigor cuales son las reales -y no retóricas o genéricas- líneas de delimitación política entre quienes contribuyen a mantener la dominación de Andalucía y quienes andan comprometidos en conseguir su emancipación nacional y social. Una forma de hacerlo es recuperar los pronunciamientos textuales de las fuerzas políticas en aquellos momentos claves. Es su propia voz la que los ubica en un sitio u otro y muestra en perspectiva sus limites, sus objetivos, sus prioridades; especialmente cuando se contrastan con la sensibilidad social contemporánea o con los discursos públicos de esas misma fuerzas en otros ambitos. Durante estas semanas, además, el segundo canal de la Televisión pública andaluza está reemitiendo la serie de documentales "La Andalucía de la Transición", a los que acompaña de coloquios a los que invita a políticos, periodistas e intelectuales. Dado que no es previsible que ningún independentista socialista pueda exponer allí la otra cara de la Transición andaluza en dicho espacio, escogemos dos episodios significativos de nuestra historia cercana para aportarla aquí. 
 
--oOo-- 
El Pacto Autonómico de Antequera

Pacto de  Antequera, Diciembre de 1978:

El Pleno de la Junta de Andalucía, reunido en la ciudad de Antequera, el 4 de Diciembre de 1978, Día de Andalucía, al proponer la iniciativa del Pacto Autonómico, decide formular solemnemente a los partidos políticos de Andalucía, la siguiente muestra de acuerdo, como muestra de apoyo activo a la Constitución Española, en aceptación del marco autonómico en ella contemplado y como vía para fundamentar lo mas sólida y rápidamente posible la nueva estructura del Estado español, basada en la indisoluble unidad de la Nación española, en la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y en la solidaridad entre ellas.

Por todo ello se toman los siguientes acuerdos:

1º. Los partidos políticos abajo firmantes se comprometen a impulsar y desarrollar los esfuerzos unitarios encaminados a conseguir para Andalucía, dentro del plazo más breve posible, la autonomía más eficaz en el marco de la Constitución.

2º. En orden al logro de esta finalidad, los partidos políticos se comprometen a:

Promover en el seno de la Junta de Andalucía la iniciativa del proceso autonómico en la primera reunión que dicha Junta celebre a tal fin con carácter extraordinario, tras las elecciones municipales, la constitución de los nuevos Ayuntamientos y las Diputaciones andaluzas y la conformación de la Junta de Andalucía, de acuerdo con el Decreto-Ley que la crea.

  1. Promover, a través de los medios constitucionales adecuados, en todos los Ayuntamientos de Andalucía, la iniciativa autonómica en acción coordinada por la Junta de Andalucía.
  2. Apoyar, a través de su representación en las Cortes, las iniciativas precisas y aprobar, en su caso, a las leyes necesarias en el marco de la Constitución, para conseguir el objetivo autonómico especificado en el punto primero.
  3. Apoyar el proyecto de Estatuto de Autonomía que elabore la Junta y aprueben los órganos que a este fin determina la Constitución. Los miembros del grupo de trabajo emanado de la Junta deberán intentar en todo caso llegar a soluciones acordadas por consenso, que hagan que dicho borrador de Estatuto sea representativo de la voluntad de todo el pueblo andaluz y susceptible de ser aceptado por todas las fuerzas políticas que suscriben este Pacto. La Junta de Andalucía en contacto con los partidos no representados en ella y firmantes del Pacto, establecerá los medios de participación de los mismos en la elaboración del Estatuto de Autonomía. Se recomienda al Grupo de trabajo que finalice sus tareas antes de que comience la Campaña Electoral Municipal.
  4. Defender la aprobación del citado Estatuto de Autonomía cuando este sea sometido a la decisión del pueblo andaluz.
  5. Apoyar, en actuación del principio de solidaridad establecido en la Constitución, las medidas legislativas y de Gobierno encaminadas a la eliminación de las diferencias económicas y sociales existentes actualmente entre Andalucía y otras nacionalidades y regiones de España.

 3º. La Junta de Andalucía exigirá y los partidos políticos apoyaran el más rápido proceso de transferencias de competencias que hagan posible, en el marco de la Constitución, una actuación eficaz del gobierno preautonómico para la resolución de cuantos asuntos afecten a los intereses generales del pueblo andaluz. 

En Antequera, a 4 de Diciembre de 1978 

PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL; UNIÓN DE CENTRO DEMOCRATICO, PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA, ALIANZA POPULAR, PARTIDO SOCIALISTA DE ANDALUCIA, PARTIDO DEL TRABAJO DE ANDALUCIA, DEMOCRACIA CRISTIANA ANDALUZA, IZQUIERDA DEMOCRATICA, REFORMA SOCIAL ESPAÑOLA, ORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA DE TRABAJADORES, ACCION CIUDADANA LIBERAL.

Reproducido en José Lorca Navarrete, El Proceso Autonómico Andaluz, Editorial Mezquita, Madrid, 1983, pp. 159-164

Conviene recordar que este pacto se firma cuando ya en Madrid, el Parlamento español ha aprobado la Constitución monárquica española (4 de Octubre de 1978) y dos días antes de que sea plebiscitada (6 de Diciembre de 1978). Es, por tanto, un medio adicional de contribuir a su aprobación, vinculándola con las ansias de autogobierno ya manifestadas por el pueblo andaluz en ese momento de forma masiva y contundente, mientras -como su mismo texto explicita de forma elocuente- ya se hacen pioneros ejercicios de españolismo. Obviamente, ya se conoce también que esa Constitución no sólo no va a reconocer el derecho a la soberanía nacional y a la autodeterminación de Andalucía sino que la margina de entrada, discriminándola frente a Cataluña, Euskadi y Galicia, naciones a las que se les intenta compensar de esa negativa a reconocer su derecho a la autodeterminación mediante la concesión de un estatus singular dentro del Estado español (Disposición Adicional Segunda, CE). Esta distinción a la baja, expresamente incluida en el texto constitucional español, es la causa ultima -reiteradamente oculta- del proceso que conducirá al referéndum del 28-f. De hecho, este Pacto de 1978 ni siquiera establece con nitidez -habla tan sólo de "conseguir la autonomía más eficaz"- que se vaya a seguir posteriormente la vía del artº 151 -un articulo repleto de obstáculos, inserto en la Constitución pero para no ser usado, que permite asimilarse formalmente a las tres naciones citadas- pudiendo caber la opción del 143. El Pacto incluye también de entrada y a priori, un compromiso político de consenso en la posterior elaboración del texto estatutario andaluz, es decir, de sometimiento a los limites impuestos por la derecha e izquierda españolistas y de retirar del debate publico las diferencias posibles. A cambio de todo esto, lo único que el Pacto aporta es que la derecha firme que no se opondrá a que se pida la autonomía para Andalucía, lo que en ese momento era ya simplemente impensable.
 
Posteriormente, los pronunciamientos municipales serán entendidos como favorables a seguir la vía del artº 151, la UCD y el PSOE pactaran la Ley de Referéndum que desarrolla la Constitución y consolida sus efectos de bloqueo frente a los intentos postreros sin éxito de los andalucistas de intentar atenuar sus consecuencias; la UCD girará hacia el artº 143 y su Gobierno en Madrid solicitará la abstención en el referéndum, el PSOE jugará a dos barajas y el pueblo andaluz votara masivamente el 28 de Febrero entendiendo ese pronunciamiento en referéndum como un acto de afirmación de identidad nacional y de reivindicación de su derecho político a un autogobierno que le permitiera resolver sus carencias y satisfacer sus reivindicaciones. Derrotado el Gobierno español y hecha añicos la UCD, PSOE y andalucistas disputaran por quien capitaliza política y electoralmente este hecho histórico a la hora del llamado desbloqueo -que implicara vulnerar el derecho vigente por razones de necesidad política- ganando la batalla el PSOE. A continuación, después del Golpe del 23 de Febrero de 1981, UCD y PSOE acordaran un nuevo pacto autonómico general que se encargará de reducir aun más la entidad de la futura autonomía andaluza, lo que terminara manifestándose en la elaboración estatutaria pactada con UCD tanto por PSOE como PCE y Andalucistas. Una consecuencia derivada de este proceso político andaluz es que si en un principio el modelo estatal español pactado en la Transición se asimilaba más al italiano, tras la victoria andaluza y por la vía de leyes orgánicas de transferencias (LOTRACA, para Canarias; LOTRAVA, para el País Valenciano) se modificara paulatinamente hacia un esquema más federalizante, siempre a partir de preservar la unidad española y rechazar el reconocimiento del derecho democrático a la autodeterminación.
 
La LCR defendió el voto NO a la Constitución española y llamó a votar SI el 28-f.
 
 
Perlas estatutarias
 
A continuación, algunos extractos de intervenciones, textos y propuestas suscitados en la Comisión Mixta Congreso de los Diputados-Asamblea de parlamentarios andaluces, que redactaba el Estatuto de Autonomía de Andalucía en 1981.
 
*Preámbulo al Estatuto propuesto por el PSA-PA:
"El pueblo andaluz, en el ejercicio de su derecho a la plenitud democrática, ha luchado por conseguir el autogobierno cada vez que en la historia contemporánea de España ha habido una posibilidad para el ejercicio pleno de las libertades.
 
Al amparo de la Constitución de 1978 ha tenido la oportunidad de expresar inequívocamente esa voluntad autonómica, mediante referéndum, en la memorable jornada del 28 de Febrero de 1980. Fruto de esta voluntad histórica, el Estatuto de Autonomía constituye la expresión de la identidad colectiva de Andalucía y es la vía institucional para la superación del subdesarrollo andaluz. Consecuentemente con su tradición solidaria, pese a las expoliaciones históricas a que se ha visto sometida, Andalucía exige ahora, en el marco de la unidad de la nación española, la solidaridad de los pueblos de España.
 
Al otorgarse el presente Estatuto el pueblo andaluz quiere rendir homenaje a Blas Infante y a todos los andaluces que, como él, supieron vivir y morir por una Andalucía libre.
 
Por fidelidad a los principios expresados y para hacer realidad el indeclinable derecho a la autonomía, los parlamentarios andaluces proponen, la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados acuerda, el pueblo andaluz refrenda y las Cortes Generales ratifican el presente Estatuto de Andalucía". (Las negritas son nuestras).
 
Rechazado.
*La redacción final del articulo 1.1.
Corresponde a una propuesta del PSOE, que es quien introduce las referencias a la nación española etc. La UCD no llegaba a tal nivel de claridad.
 
La redacción es:
"1.1. Andalucía, como expresión de su identidad histórica y en el ejercicio del derecho al autogobierno que la Constitución reconoce a toda nacionalidad, se constituye en Comunidad Autónoma, en el marco de la unidad indisoluble de la nación española, patria común indivisible de todos los españoles."
 
El PSA-PA proponía como formula alternativa, en principio:
"El pueblo andaluz, como expresión de su nacionalidad y para alcanzar el autogobierno, se constituye en Comunidad autónoma".
Ahora bien, como explicaba su diputado Arredonda (PSA-PA):
"Nosotros dijimos que no teníamos ningún inconveniente en que en la formula propuesta por nosotros se añadiera un párrafo que fuera exactamente igual que la formula actual y que dijera a partir de la definición de Andalucía como nacionalidad, que en el marco indisoluble de la nación española. Curiosamente los partidos de estructura estatal han querido poner este párrafo aquí y no se ha puesto en otros estatutos"
Rodriguez de la Borbolla y Camoyan (PSOE), aclaraba el sentido y la entidad de la propuesta:
"Nosotros pensamos que no es casualidad esta introducción. Y no es casualidad por dos razones.
En primer lugar, porque se trata del primer Estatuto por la vía del 151 en el cual, serenamente, los partidos españoles han tenido un papel predominante en su elaboración (...) es lógico pensar que en este estatuto se haga un mayor énfasis en la idea de españolidad que el que se hace en otros estatutos.
En segundo lugar, es también este el primer estatuto por la vía del articulo 151 en el que los partidos representantes de la izquierda han tenido una mayoría predominante en su elaboración en sede andaluza. Esto nos ha hecho pensar con seriedad en la necesidad de recoger en el estatuto la referencia a la idea de Patria, a la idea de España como patria común de todos los españoles, superando los intentos -no eliminados todavía del panorama patrio- de secuestro de esa realidad común de todos por parte de una minoría." 
 
*¿Una vía vergonzante hacia un Concierto económico andaluz?
El PSA-PA proponía como enmienda o voto particular, introducir en el texto estatutario una Disposición adicional que dijera:
"La Comunidad autónoma, si así lo acordara su Parlamento, gozará de los mismos niveles de concertación con la Hacienda estatal que los establecidos en los Estatutos vigentes en el momento de culminación de la iniciativa autonómica andaluza".
En contra de la propuesta, argumentaba así el diputado Pérez Royo (PCE), ejerciendo de defensor de los intereses esenciales del Estado:
"Entendemos que eso no cabe fuera del País Vasco y difícilmente sería concebible una generalización del sistema de conciertos, que sería tanto como el despedazamiento del Estado a nivel económico o a nivel de Hacienda. Por esto no está tampoco en el caso de Cataluña; por esto no está en el caso gallego y por eso entendemos nosotros que está absolutamente fuera de lugar reclamarlo con un criterio emulativo incorrectamente entendido en relación a Andalucía".
Rechazada.
* La llamada Reforma Agraria
La redacción final que recoge el estatuto sobre la llamada Reforma Agraria proviene de una propuesta transaccional del PCE, leída por el diputado Soto que dice así:
"12.11. La Reforma Agraria entendida como la transformación, modernización y desarrollo de las estructuras agrarias y como instrumento de una política de crecimiento, pleno empleo y corrección de los desequilibrios territoriales"
Prueba irrefutable de que todos los actores eran conscientes de lo que hacían -y de lo que no hacían-consta en la propuesta-voto particular al respecto que defendía el PSA-PA y que era formulada como la introducción de un nuevo articulo 17-bis en el texto estatutario del siguiente tenor:
"17.
1. El sector primario de Andalucía está al servicio de los intereses de la comunidad.
2. Por ley andaluza se establecerá el régimen de propiedad, utilización, explotación y disposición del suelo, agrícola o urbano, las aguas, la minería, los hidrocarburos y cualquier otra fuente de energía.
3. La Comunidad autónoma desempeñará en exclusiva las competencias de reforma agraria y las relativas a la mejora y la ordenación de las explotaciones agrícolas y ganaderas. La agricultura y en general todo lo referente a los recursos naturales de Andalucía, competen en exclusiva a la Comunidad Autónoma en coordinación con la política económica general del estado.
A tal fin, ejerce los poderes públicos conforme a lo establecido en los anteriores artículos de este titulo".
El PSOE decía claramente porqué no cabía esa propuesta y lo hacía por boca de su diputado Rodríguez de la Borbolla, que luego sería designado Presidente de la Junta tras la defenestración de Escuredo; para ser a su vez sometido a similar trato, dando paso a Chaves- :
"Fundamentalmente, los motivos de la oposición se refieren al apartado 2 que dice: 'Por ley andaluza se establecerá el régimen de propiedad, utilización, explotación y disposición del suelo...? etc etc, por entender que choca frontalmente con lo establecido en articulo 149 (de la Constitución española), entre otros, en los apartados 8, 18, en lo referente a la legislación básica sobre contratos y el 22 en lo referente a aprovechamientos hidráulicos, etc-
Por tanto, sería una redacción, un comportamiento estrictamente anticonstitucional la inclusión de esto y atentaría contra la igualdad entre todos los españoles, sea cual sea el territorio en que residan, recogida en el articulo 139 de la Constitución".
Dandose por aludido, el PCE, nuevamente por boca de su diputado Soto -antecesor de Felipe Alcaraz, también presente en esa comisión, en el cargo de secretario general de su sucursal andaluza- aporta la siguiente aclaración de análisis, voluntades y proyectos:
"Yo no defenderé este objetivo de la reforma agraria como si estuviese en la plaza de un pueblo o hablando con los campesinos o con los jornaleros andaluces; cada momento tiene su afán(...)
Yo quiero decir que lo que vamos a aprobar en el apartado 11 del numero 8 del articulo 12 es una voluntad política de que en Andalucía haya una reforma agraria y en cuanto a las competencias exclusivas de Andalucía hay que recordar que están totalmente mediatizadas por las leyes económicas, que son potestad del Parlamento central, del Estado y del Gobierno de la Nación (se refiere al Gobierno español). Pero creo que expresar en el Estatuto la voluntad política de los andaluces de ir a esa reforma es un punto importante que a nosotros nos permitirá defender con mucha más intensidad el Estatuto para Andalucía.
Igualmente quiero dejar muy claro que no hay espantajos de reforma agraria, en el sentido del simple repartimiento de las tierras".
Cabe recordar aquí no sólo que todos los partidos presentes -UCD, PSOE, PCE y PSA- habían apoyado esa Constitución española a la que hacía referencia Borbolla sino que algunos de ellos habían identificado hipócritamente Autogobierno-Reforma Agraria (que incluía la expropiación) con Constitución española y Estatuto.
*Andalucía y las Colonias
1. Sobre Gibraltar
 
En el Anteproyecto de estatuto de 1980, la Disposición adicional tercera establecía automáticamente la inclusión en Andalucía del territorio de Gibraltar, expresamente citado "sin perjuicio del estatuto personal de sus habitantes", una vez descolonizado. A través de diversos escalones, esto se transforma en una propuesta que presenta Soledad Becerril (UCD, ahora PP) que cuenta con el apoyo de todos los partidos presentes y que remite la decisión sobre la reunificación del territorio andaluz a una decisión de las Cortes españolas, quedando así:
"La ampliación de la Comunidad Autónoma a territorios históricos no integrados en otra Comunidad autónoma se resolverá por las Cortes Generales, previo acuerdo de las partes interesadas, sin que ello suponga reforma del presente estatuto, una vez que dichos territorios hayan vuelto a la soberanía española".
 
2. Sobre Ceuta y Melilla. 
 
Paralelamente, hasta el tramite en Madrid, la UCD defendía que esas colonias pudieran optar tanto por constituirse en sendas comunidades autónomas (sic) españolas como por incorporarse a Andalucía, prefiriendo esta ultima opción para mejorar su encaje dentro del nuevo entramado institucional y dificultar la reivindicación marroquí. 
 
Finalmente, el asunto quedó saldado a través de una propuesta de Rodríguez de la Borbolla (PSOE) que decía:
"Disposición adicional Tercera.- La Comunidad autónoma andaluza podrá establecer con las ciudades de Ceuta y Melilla relaciones de especial colaboración".
Votada POR UNANIMIDAD, excluía del territorio andaluz a esas colonias españolas en Marruecos -en importante medida porque se preveían feudos electorales de la derecha-, pero, en compensación, las incluía con referencia expresa en el texto estatutario andaluz.
 
*El sistema electoral
El sistema electoral español vigente (Ley D´Hont con mínimos provinciales y umbral de acceso) es consecuencia de un pacto entre sectores del franquismo. Fraga, por un lado, defendía un sistema mayoritario que favoreciera el bipartidismo. Suárez, argumentaba, por su parte, que esta opción conllevaba el riesgo de otorgar en algunas naciones del Estado el monopolio de la representación a las fuerzas nacionalistas, con los consiguientes problemas políticos. El pacto Suárez-Fraga dio como resultado el RD de Normas electorales de 1977 en que se adoptó un sistema formalmente proporcional -que evitara el peligro de copo nacionalista- pero fuertemente corregido, de tal manera que a nivel estatal se favorecieran las hectáreas sobre las personas y se primara la representación de las zonas más solidamente españolistas y socialmente conservadoras. Ese sistema se aplico en las primeras elecciones generales españolas de junio de 1977, a las que se permitió comparecer hasta al PCE, ya legalizado en Abril, pero no las fuerzas situadas a su izquierda o independentistas, que continuaron ilegales hasta después de los comicios y hubieron de recurrir para presentarse al artificio de montar agrupaciones electorales con otros nombres. Este sistema electoral sigue hoy vigente.
 
A la hora de fijar el sistema electoral andaluz en el tramite estatutario, UCD y PSOE en un alarde de sucursalismo expreso y explicito, impusieron el siguiente redactado:
"artº. 28.2: La elección se verificará atendiendo a criterios de representación proporcional. Se utilizará para ello el mismo sistema que rija para las elecciones al Congreso de los Diputados" 
Con ello, hurtaban establemente a las instituciones andaluzas la posibilidad de establecer un sistema propio, actitud que no se atrevieron a mantener en los casos de la CAV, Cataluña, Galicia...
 
Todas las fuerzas presentes estuvieron de acuerdo en mantener a la provincia -un engendro del centralismo decimonónico español- como circunscripción electoral. En ese contexto, la derecha españolista -encarnada entonces en la UCD- planteo su batalla en pos de reducir al máximo la proporcionalidad, disminuyendo el numero de diputados y favoreciendo, mediante mínimos provinciales y una distribución desequilibrada, a las zonas menos pobladas y combativas en donde pensaba obtener mejores resultados. Los mismos españolistas que no hacía mucho habían intentado sin éxito escindir Andalucía, argumentaban que esta manipulación era necesaria para evitar los agravios comparativos internos. Compartiendo su filosofía -y una vez pactado el total nacional- el PSOE, nuevamente a través de Rodríguez de la Borbolla, aportó una enmienda que blindaría este desequilibrio, introduciendo en el artº 28.1 del estatuto la frase: "Ninguna provincia tendrá más del doble de diputados que otra".
 
El correr del tiempo ha evidenciado la naturaleza falaz y tramposa de la justificación dada entonces a la manipulación de la representación parlamentaria. La distorsión de la composición del Parlamento no ha evitado en absoluto que, fruto de la política españolista y neo-liberal de la Junta, se hayan mantenido y aún rebrotado los localismos, consiguiendo tan sólo -lo que era obviamente su real objetivo- dificultar aún más el acceso al Parlamento de fuerzas políticas andaluzas realmente nacionales y alternativas. Puede medirse el alcance de la trampa, a través de la siguiente tabla en donde se comparan la distribución estatutaria establecida con la que hubiera correspondido a una proporcional a la población.
 

Circunscripción

Representación proporcional a la población

Representación estatutaria establecida

Diferencia

Almería

7

11

+4

Cádiz

17

15

- 2

Córdoba

12

13

+1

Granada

13

13

=

Huelva

7

11

+4

Jaén

11

13

+2

Málaga

17

15

- 2

Sevilla

25

18

- 7

Andalucía

109

109

 

 
 
*El Voto Final
Dice el diputado andalucista Alejandro Rojas-Marcos y de la Viesca (PSA-PA), a la hora de fijar el voto final de su partido al texto estatutario:
 
"Para terminar, Sr. Presidente, obviamente vamos a votar NO porque, insisto, con todo respeto a los restantes grupos parlamentarios, los andalucistas creemos que hemos perdido una gran oportunidad de conquistar poder andaluz; poder andaluz de verdad y vemos cómo, una vez más se ha caído en ese error, ya ancestral, de querer disolver lo andaluz en su identidad y en su entidad en eso que se llama el resto de España; querer restarle identidad, querer restarle entidad, poder, en definitiva.(...)
 
Nuestro voto es negativo, porque si fuéramos mayoría el estatuto que saldría sería otro. Como somos minoría queremos dejar testimonio de nuestra discrepancia.(...)
 
Por tanto, sabemos y creemos que este estatuto es modificable y en esa batalla vamos a estar.
 
Nuestro NO de hoy no prejuzga nuestro voto en el Referéndum (Rumores). Evidentemente, resulta que en Andalucía creemos muchas cosas que solamente nos llegan a la mitad. Esa limosna vergonzante, por ejemplo, que significa el empleo comunitario, dinero inútil y dinero absolutamente insuficiente, los andaluces somos conscientes de que lo tenemos que aceptar, porque eso es mejor que nada. Somos conscientes de que este estatuto, como el empleo comunitario, tapa de alguna manera parte del hambre; puede tapar una parte, pero no toda la voluntad política del pueblo andaluz de hoy. En consecuencia actuaremos el día del referendum."
 
 
Dice Felipe Alcaraz, PCE:
 
"Defender Andalucía y luchar por un estatuto con las máximas competencias supone al mismo tiempo defender a España y defender la unidad de España. (...)
 
Hay que reconocer en el mismo camino la ausencia de Coalición democrática (AP, antecesora del PP). Nosotros vamos a votar SI de forma rotunda aquí en la Comisión mixta y naturalmente también de forma rotunda y con la pasión y la fuerza que nos caracteriza, pediremos el voto afirmativo del pueblo andaluz. No se pueden hacer nunca dos políticas, no se pueden mantener nunca dos caras y menos ante el pueblo andaluz que conoce o intuye los problemas de ambigüedad.
 
El estatuto de Andalucía -y lo comprendimos desde el principio- o era un Estatuto de todos o no podría existir. Yo creo que el texto que se ha conseguido es absolutamente aceptable por todos, excepto por posturas aislacionistas (?), sin visión de Estado o que intenten vender pesimismo; e intentar vender pesimismo en Andalucía es peligroso.
 
 
Concluye Rodríguez de la Borbolla y Camoyan (PSOE) su parlamento, diciendo:
 
"Y hemos querido hacer un Estatuto no solo para todos los andaluces, sino un Estatuto para España y pensamos que el texto del estatuto consolida definitivamente la unidad española. (...)
 
Con este Estatuto se abre el camino definitivo, que seguirán sin duda, otros pueblos de España, para la configuración de un Estado, en el cual todos y cada uno de los pueblos tengan exactamente las mismas posibilidades; para que las diferencias entre los pueblos no estén basadas en la desigualdad, sino en la capacidad de cada uno de ellos para expresar su propia personalidad.
 
No quisiera acabar si hacer una cita de un poeta andaluz, quizá el más andaluz de nuestros poetas, Antonio Machado, quien por boca de Juan de Mairena, decía lo siguiente 'De quienes se dicen gallegos, extrémeños, catalanes, etc antes que españoles, desconfiad siempre; son españoles incompletos; incapaces de ningún hecho importante' 'Según eso -respondía Tortolez en un bar de Sevilla- un andaluz andalucista será un español de segunda clase'. En efecto -afirmó Mairena- un español de segunda y un andaluz de tercera".
 
Seamos andaluces de primera y españoles de primera haciendo una llamada unánime a todos los andaluces para que voten favorablemente este texto que significa una puerta abierta en su historia futura"
(Nota: A lo largo de los debates, desgraciadamente, ningún diputado hace ninguna propuesta o afirmación que cuestione la pretendida españolidad andaluza, con lo que la provocadora referencia de Borbolla usando la cretina sentencia de Machado -que demuestra, por cierto, que ser un gran poeta no impide ser políticamente un estúpido- ha de leerse en términos afirmativos, de meritoriaje ante las FFAA y preventivos)
 
Textos reproducidos en Antonio Jiménez Blanco y Carrillo de Albornoz, Estatuto de Autonomia de Andalucía, Colección Monografías Parlamentarias, Centro de Estudios Municipales y de Cooperación Interprovincial de las Diputaciones de Almería, Granada y Jaén - Delegación del IEAL, Granada, 1982
 
A la hora del referéndum estatutario, este texto fue apoyado por UCD, PSOE, PCE, PSA-PA, que defendieron el SI.
 
Se opusieron, con diversas formulas de voto, LCR, MCA y PAU-PTA. LCR y MCA hicieron campaña por el voto verdiblanco, que computaba nulo; modalidad propuesta por el MCA a la que terminó plegándose la LCR. El PAU-PTA pidió, por su parte, claramente el voto NO; signo de su evolución política y consecuencia de haberse emancipado del marco estatal del PTE.
 
Otros posibles asuntos llenos de perlas, omitidos en aras de la brevedad, son el papel de las Diputaciones Provinciales y todo lo relacionado con la articulación interna de Andalucía (relegación de las comarcas y preservación de las provincias) asunto muy vinculado con la pervivencia del localismo o todo lo relativo a las competencias, Etc.
 
 
 Andalucía
Nación Andaluza y Asamblea de Andalucía anuncian acuerdos unitarios.
 
Las direcciones de Asamblea de Andalucía y Nación Andaluza, hacen el siguiente comunicado a todos los andaluces y medios de comunicación:

AL PUEBLO ANDALUZ

El pasado 27 de abril se reunieron en Málaga representantes de la organización nacionalista de izquierdas Nación Andaluza y de la federación de partidos políticos Asamblea de Andalucía*, con él objetivo de establecer unas bases que posibiliten superar la división del nacionalismo andaluz.

Asamblea de Andalucía y Nación Andaluza consideran que la división y fragmentación del nacionalismo andaluz es un obstáculo para la consecución de mayores cotas de soberanía para nuestro pueblo. Esta desvertebración y desarticulación política, económica y social, propicia que el centralismo la utilice para subordinar los intereses del Pueblo Andaluz a los del neoliberalismo globalizador, representados por los nacionalismos español y europeo. Este sometimiento posibilita la tutela y manipulación informativa de la realidad actual de nuestra Nación.

Ante esta situación, Nación Andaluza  y Asamblea de Andalucía consideran que las organizaciones nacionalistas andaluzas tenemos la responsabilidad histórica y política de plantear una alternativa que supere la actual situación.

Partiendo de un posicionamiento de soberanía política.

Un proyecto nacionalista que reivindique tanto la identidad cultural como la política, el derecho al control, no sólo del patrimonio cultural sino también de los recursos económicos y de las decisiones políticas, negando dicho derecho a cualquier instancia exterior a la del Pueblo Andaluz; un Proyecto radicalmente democrático (basando este principio en la autogestión integral), solidario planetariamente (es decir con los seres vivos y con la naturaleza), e igualitario en lo económico y social.

Asumimos como tarea fundamental de nuestro quehacer político:

La defensa de los Derechos Nacionales del Pueblo Andaluz que se concreta en el Derecho a su libre Autodeterminación.

Defensa de los Derechos Económicos y Sociales del Pueblo Andaluz, concretándose en:

  • Defensa de un modelo Económico (basado en la planificación democrática y en la autogestión) al servicio del Pueblo Andaluz.
  • Un trabajo de elaboración y recuperación de nuestra cultura (La Cultura como Valor Estratégico).
  • Difusión y defensa de la lengua andaluza.
  • El conocimiento y difusión de nuestra historia.
  • La desnuclearización y desmilitarización del territorio andaluz.

Desde la base del respeto a nuestra total independencia organizativa y sin menoscabo de la unión en el futuro de otras fuerzas, Asamblea de Andalucía y Nación Andaluza quieren plasmar en acuerdos un compromiso que signifique el punto de arranque de un proyecto andaluz de futuro, nacionalista, transformador y de izquierdas; acuerdos que se concretarían en:

      1. Iniciar un proceso de colaboración conjunta, posicionándonos conjuntamente ante la opinión pública andaluza sobre los  temas  económicos, culturales, sociales, políticos, ambientales, etc., que afectan e inciden sobre la realidad  cotidiana del Pueblo Andaluz.
      2. Participar y convocar de forma unitaria las fechas históricas del Pueblo Andaluz, 11 de Agosto, días de las "Tomas" y en especial la fecha del 4 de Diciembre como Día Nacional de Andalucía; así como, en los principales referentes de movilización actuales,  Marcha a Rota, Concentración Antinuclear de Los Pedroches y movilizaciones contra la globalización neoliberal.
      3. Crear los órganos conjuntos que para llevar a cabo los anteriores puntos se consideren más convenientes. A tal efecto se constituye una comisión de enlace entre ambas organizaciones, de carácter nacional, que lleve a la práctica los acuerdos tomados entre NA y AA, y prepare la celebración de un congreso unitario para antes de finales de año.
Andalucía, mayo de 2002.
 
*Asamblea de Andalucía, fundada en 1999, está compuesta por el Partido Comunista del Pueblo Andaluz, Colectivo Ciudadano, Unidad Popular Andaluza y Unidad de Nacionalistas Andaluces. Desde entonces acá, han elevado "una propuesta de convergencia tanto al Partido Andalucista, como al Partido Socialista de Andalucía, Izquierda Andaluza y tambien a la CUT-BAI", porque entienden "que la unidad de nacionalistas y andalucistas es una necesidad estratégica para Andalucía".
 
Opinión
Interrogantes ante un acuerdo
Es evidente que nos encontramos en un tiempo en que se abre una nueva fase de recomposición de la izquierda andaluza y también del mapa político andaluz en general, que merece un detenido análisis, que dejamos para mejor ocasión.
 
En este comentario vamos a circunscribirnos estrictamente a la noticia del acuerdo entre Nación Andaluza y Asamblea de Andalucía.
 
Se trata de dos organizaciones de diversa estructura, origen e implantación geográfica que ya mantuvieron en su día un proceso de unidad que terminó dando lugar de una parte a Asamblea de Andalucía (AA) y del que terminó desvinculándose finalmente Nación Andaluza (NA). Fruto de aquel proceso fue la edición de un libro titulado "Un proyecto para Andalucía". Si en la configuración de AA tuvo especial incidencia la confluencia entre el PCPA (organización de origen prosoviético) y elementos desgajados del andalucismo, en el caso de NA -fundada en 1990- se agrupan militantes de izquierda de diversas procedencias que coinciden en esa fecha en la necesidad de conformar una nueva organización de izquierda nacionalista andaluza y que desde entonces hasta hoy, desde una sensible heterogeneidad, han venido trabajando en los movimientos populares andaluces (sindical, vecinal, ecologista, feminista, gay, etc). Ambas organizaciones son pequeñas y en las ultimas elecciones nacionales obtuvieron, respectivamente, NA 4.879 votos y AA, 4.256.
 
Ahora anuncian un acuerdo en el que, junto a un compromiso de pronunciamientos y acción unitarias, también informan de su decisión de realizar un "congreso unitario para antes de final de año"; un proyecto que evidentemente trasciende el nivel de los otros acuerdos y que si se entiende como adelanto de una unificación en puertas, deja sentados muchos interrogantes, a la espera que desde las partes implicadas se aporten los análisis y reflexiones que sustentarían una decisión de tal entidad. Nuestro desconocimiento de esos materiales -en el caso de que existan- nos fuerzan responsablemente a la prudencia a la hora de valorar este acuerdo. Aunque, quede dicho, una valoración política seria de un proceso de estas características no puede basarse tan sólo en la letra de unos papeles y ha de tener presente también la trayectoria de las personas, la realidad de las organizaciones implicadas, la apreciación de su cercanía y los efectos que pueda provocar en el conjunto de la vanguardia, a partir de la línea programática y los perfiles que de un proceso de este tipo se desprenden.
 
Cabe, eso si, recordar que la historia de la izquierda incluye experiencias de muy diverso resultado en esto de las unificaciones. Algunas han sido en otras latitudes multiplicativas y fructíferas -la fusión de las tres tendencias del FSLN en su día, por ejemplo- y otras han tenido consecuencias políticas desastrosas y destructivas -la unificación LCR/MCA, por poner un ultimo ejemplo nacional- así que parece clara la importancia de las respuestas que se den a las preguntas que surgen espontáneamente al respecto: ¿unidad, por que?; ¿unidad, para qué? y ¿qué unidad?. En este sentido, cabe adelantar la conveniencia de aclarar a qué y quienes se refieren NA y AA, cuando en su comunicado hacen referencia a su interés "por superar la división del nacionalismo andaluz". Obviamente, no es lo mismo estar pensando, por ejemplo, en la organización juvenil Jaleo! -cuya necesaria contribución aparece como muy importante para cualquier proyecto nacionalista- o incluso CUT-BAI (al margen de la viabilidad que pueda tener o no el empeño) que considerar que en ese espacio caben fuerzas como las andalucistas, en sus dos variantes. Igualmente es difícil aquilatar a esta hora si este propósito se pretende y/o puede ser gestionado de manera que sea compatible con el objetivo de ganar para el movimiento nacionalista andaluz a esos nuevos sectores militantes aparecidos en este ultimo periodo. Suponemos que estas interrogantes irán siendo contestadas por los protagonistas de este acuerdo.
 
Finalmente y aunque sea un elemento incidental presente en el comunicado, no podemos eludir el manifestar nuestra perplejidad ante el posicionamiento que recoge favorable a la "defensa y difusión de la lengua andaluza"(?). Desconocemos a qué lengua andaluza se refieren AA y NA; más aún cuando lo hacen en un texto escrito lógicamente en castellano, que es la lengua que, hablada con la modalidad andaluza, comparte hoy nuestra Nación con tantas otras de Europa y América. (Sobre este asunto y sus consecuencias políticas, ver ANDALUCÍA LIBRE63 y nº 73 en Archivo de Boletines).
 Sahara
El tormento de Aicha
Una saharaui de 19 años, acogida desde los 12 en León, denuncia que su familia no la deja volver a España para estudiar

FRANCISCO PEREGIL | Madrid - EL PAIS
Domingo, 26 de mayo de 2002

La foto de esta página donde la niña saharaui Aicha Embarek posa junto al futbolista del Real Madrid Raúl González fue tomada en 1995, cuando Aicha llegó por primera vez a España, con 12 años. Viajó con en el mismo programa que los 8.000 niños saharauis que cada junio son acogidos durante dos meses por familias españolas. Javier, su padre de acogida -que no adoptivo- conocía a un utillero del Madrid, y de ahí la foto con Raúl. En esa época todo eran risas.

Julia Taladrid y Javier Barrios, el matrimonio que acogió a Aicha, tienen una hija de 27 años y son dueños de una carnicería en el pueblo de El Espino, de cien habitantes, a 24 kilómetros de Ponferrada (León). Javier y Julia le propusieron a Aicha que se quedara a estudiar el resto del año. La niña accedió. Los padres de ella, también. Y así pasaron ocho años.

En todo ese tiempo Aicha sólo visitó a su familia durante dos meses en el verano en que ella cumplía los 15 años. El año pasado, a la edad de 19, una Aicha a la que ya no le gustaba el té y que no se expresaba en árabe con la misma fluidez que antes; una Aicha con la selectividad aprobada y a punto de sacarse el carné de conducir, volvió al Sáhara para visitar a su familia, pero la familia ya no la dejó marchar.

'Aicha me llamó a los quince días para decirme que no la dejaban volver porque la madre decía que estaba enferma y ella estaba obligada a atender a la madre y a la familia', señala Julia Taladrid.

Y ahí empezó una historia triste donde no faltó ni un intento de fuga que fracasó tras pagarle un amigo del matrimonio español 500 dólares a un saharaui para que la ayudara a atravesar 800 kilómetros de desierto. La familia de acogida en España ha recabado 17.000 firmas de apoyo en la provincia de León. El pasado domingo, este periódico contactó con Aicha en los campos de refugiados cercanos a la provincia de Tinduf y sostuvo la siguiente entrevista telefónica.


'Pensé en casarme con algún amigo con tal de salir de aquí, pero abandoné la idea'

-¿Está usted ahí contra su propia voluntad?

-Absolutamente. Todos los días y a todas horas. Voy a hacer 20 años en agosto. Si fuese hombre esto no me habría pasado. Pero, por el hecho de ser mujer, mi familia me retiene aquí, a la espera de que mi madre se cure de una enfermedad que no tiene. Si el día de mañana tengo una hija adulta que no desee estar conmigo, yo no la obligaré. Aquí la mujer es como un objeto hasta que se casa.

-¿Es cierto que ha pensado usted en concertar un matrimonio con un amigo saharaui para salir de los campos hacia España?

-Sí, pero tengo miedo de que se convierta en un doble problema: mi marido y mi familia. Una vez que te casas, por muy amigo que sea, es él quien decide.

-¿Tiene alguna esperanza de volver a España?

-Ninguna. Toda esa lucha que están haciendo Julia y Javier para que yo vuelva, creo que no va a resultar nada. A cualquier sitio que voy van detrás de mí. Ellos se ríen de lo que están haciendo en España. Con lo de la fuga, se pusieron más cabezones. '¿Quieren quitarnos a nuestra hija? ¡pues que vengan!'. Ellos esperan que con el tiempo me olvide.

-¿Cómo es un día normal en su vida?

-Me levanto muy temprano, cuando no hace calor, para hacer la comida de mis padres y de mis cinco hermanos. Yo soy la mayor de tres varones y dos hembras. Acabo a las once o las doce de la mañana y ya no tengo nada que hacer. Después... me tumbo, escucho a Alejandro Sanz o leo un libro de historia de África que me ha traído Aurora, una amiga de Julia. O estudio el libro del carné de conducir, que me gustaría sacármelo. Cuando no estoy en la cocina, estoy durmiendo. A veces le digo a mi madre: 'Jolín, pero ¿qué quieres, que esté aquí metida contigo en la jaima haciendo cuscús?' Y ella me dice: 'Sí, como hace todo el pueblo saharaui'.

Aurora Alonso es amiga y paisana de Julia Taladrid y Javier Barrios. Es también la última persona próxima a Julia que habló personalmente con Aicha en los campos de refugiados. Fue durante una visita que hizo desde el 26 de marzo al 8 de abril a los padres de la niña de 16 años que vive con ella en régimen de acogida desde hace ocho años.

'Cuando vi el aspecto de Aicha estuve sin comer dos días. La encontré con unos 20 kilos menos de peso. Parecía bastante resignada', señala Aurora Alonso. 'Es consciente de que va a resultar muy difícil que salga de allí. Le intenté dar ánimos para que estudie árabe y otras cosas. Pasa muchas horas durmiendo. Yo la animaba para que intentase levantarse con un horario y una rutina. Pero eso es demasiado fácil decirlo. Porque aquello se presta a estar tumbado y que pasen las horas. No hay nada que hacer. Y ahora hay un calor de unos cincuenta grados. No come nada. La piel la tiene muy bonita, pero ves fotos de cómo era antes y no es la misma persona'.

'Cuando la gente de allí la ve tan delgada no le da importancia', prosigue Aurora. 'Porque como hay ya tantas muchachas que han estudiado en Cuba y después se han quedado ahí porque una madre o una tía estaba enferma cuando ellas vinieron de vacaciones a visitar la familia... El primer año se desesperan, el segundo también, pero después llega un momento que se resignan'.

'La sociedad saharaui se ha tomado este caso como nosotros lo del Peñón, como diciendo: ¿quiénes somos los españoles para quitarle a sus hijos?', explica Aurora. 'Yo no comparto la opinión de los padres, pero. si te pones en la piel, ves que ellos habrán pensado: 'Mucha educación, mucho estudiar, pero está perdiendo nuestras raíces. Quiere ser ingeniera agroalimentaria, sí, pero está perdiendo lo más auténtico de ella'.

'Pero los padres no caen en la cuenta de que si Aicha viene a España ellos van a tener un seguro de vida, va a poder ayudarles', continúa Aurora. 'No puedo entender que los padres hayan querido durante ocho años que la hija estudie fuera y no previesen que eso iba a cambiarla para siempre. Si las familias quieren que su hijo tenga una educación que allí no puede tener, han de ser conscientes de que eso va a cambiar la vida de ellos para siempre'.

'Ni la familia verdadera quiere hacerle daño a Aicha', prosigue Aurora, 'ni la familia de aquí. Pero por lo menos, su familia española respeta su opinión y su criterio'.

'El problema de Aicha', añade Aurora, 'es que apenas ha ido allí en ocho años. Mi niña, por ejemplo, va todos los años a ver a sus padres. Y por eso cuando está allí se adapta, se pone la melfa, sirve el té y lleva los ojos bajos. Y claro, Aicha llegó y no le gustaba el té, no quería ponerse la melfa'.


'Cuando no estoy en la cocina, estoy en la cama. Aquí no hay más que hacer'

¿Por qué sólo ha ido Aicha dos veces en ocho años a ver a sus padres?

'Porque las autoridades españolas dijeron que los menores de edad saharauis tenían que marcharse de España a los campamentos', responde Julia Taladrid. 'Si Aicha iba, no podía regresar aquí. Hasta que cumplió la mayoría de edad y ya no había ningún problema. Pero los padres siempre han estado de acuerdo en que Aicha estudiara aquí'.

Cuando Julia se dio cuenta de que no podía convencer a la madre de Aicha para que la dejase volver a proseguir sus estudios, habló con Brahim Gali, el representante del Frente Polisario en España. 'Le dije que de haber sabido esto cuando Aicha tenía 12 años no me la habría traído. Porque ella ahora estaría estudiando en Argelia. Por querer hacer el bien, al final la he perjudicado'.

Después vino el intento de fuga de Aicha, la recogida de firmas, dos columnas de Rosa Montero en este periódico, reportajes, entrevistas con senadores...

Brahim Gali, representante del Frente Polisario en España y antiguo ministro para los Territorios Ocupados, señala que el Frente no ha de interceder en este caso. 'Nosotros estamos ahora pendientes de una situación internacional donde se dirime el destino de todo un pueblo. Y éste es un problema muy personal, entre familias. Por un lado, la saharaui, y por otro, la española, simpatizante y solidaria con la causa saharaui. Nuestro granito de arena está a disposición de las dos familias. Pero no se deben utilizar métodos que en vez de ayudar empeoran las cosas. Tanta publicidad le está afectando a la familia. Si se hubieran utilizado otros métodos más silenciosos se podría haber resuelto el caso'.

'Para investigar si la mujer saharaui es libre, se puede dirigir usted a las miles de familias españolas que conocen al pueblo saharaui y que cada verano acogen a 8.000 niños', concluye el representante del Frente Polisario.

El ayuntamiento del municipio donde viven Julia Taladrid y Javier Barrios recibió el pasado miércoles un comunicado de la Delegación Saharaui de Castilla y León, en el que 'en vista del auge' que está tomando el caso 'de la niña' Aicha Embarek 'en la provincia de León y en especial en la comarca del Bierzo', se invita al Consejo de la Comarca del Bierzo a que envíe una comisión a los campamentos de refugiados y hable con Aicha y su familia.

En el comunicado se indica que 'no se puede abanderar una cruzada por la libertad de la mujer saharaui, poniendo como lema el caso de Aicha, sin saber la historia y los logros en donde se halla hoy la mujer saharaui'.

A renglón seguido, en el mismo documento, la Delegación Saharaui de Castilla y León señala: 'Sobre la mujer saharaui no hay mejor ejemplo que la actual secretaria general de Mujeres Saharauis, de 32 años, casada y con tres niños'. Esta mujer, según el comunicado, 'tuvo que sacrificar sus estudios por enfermedad de su madre y hacerse cargo de su familia siendo una niña de 17 años. No solamente pudo cumplir con la obligación de la sociedad en que vive, sino también, al mismo tiempo, pudo acabar sus estudios por libre y graduarse en varias profesiones, entre ellas, la lengua española'.

'El Frente Polisario dice que se inhibe', replica Julia Taladrid, 'que esto es un problema entre familias. Pero yo pido una responsabilidad política a un Gobierno que se precia de tal. Y que tiene una Constitución en cuyo artículo séptimo se declara que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Nos encontramos ante una persona adulta que está allí en contra de su voluntad. El caso de Aicha se ha dado muchas veces con muchas chicas saharauis. Pero las otras a lo mejor no tenían tanta ayuda, ni sitio adonde ir. Estamos hablando, insisto, de una persona que va a cumplir 20 años en agosto. Y que está allí en contra de su voluntad'.

De momento, España para Aicha queda tan lejana como el día en que le hicieron una foto junto a Raúl cuando aún le gustaba el té del desierto y no soñaba con ser ingeniera.
Enlaces:
 
 
 Argelia
Mascarada electoral
 
AGENCIAS | Argel

El Frente de Liberación Nacional argelino (FLN), actualmente en el poder, ha logrado la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, con 199 asientos de 389, tras las elecciones celebradas ayer en Argelia, según el ministro de Interior Yazid Zerhouni. La jornada electoral estuvo marcada por la violencia y la escasa participación, sobre todo en la región de Cabilia.

La participación ha sido la más baja desde las primeras elecciones democráticas de 1990, con un 46,09%, lo que significa que de un total de 17.981.042 personas con derecho a voto, lo han ejercido 8.287.340. En las legislativas de 1997, votó oficialmente el 65,49% del electorado. La falta de interés más notable se registró en los grandes centros urbanos del país. La mayor participación se registraba en el sur del país. En la capital, Argel, donde reinó una atmósfera de calma, la participación era al final de la tarde del 25%.

El FLN ha ganado 199 escaños, frente a los 48 del Reagrupamiento Nacional Democrático, los 38 del Movimiento de la Sociedad por la Paz y los 43 del Movimiento de la Reforma Nacional. El FLN, viejo partido único, resultó tercero en las elecciones legislativas de 1997, por detrás del RND, creado ese mismo año, y el Movimiento de la Sociedad de la Paz (MSP, islamista moderado). Estos tres partidos (FLN, RND y MSP) dominan la asamblea y forman  hoy la coalición gubernamental. El Partido de los Trabajadores argelinos obtiene 21 asientos parlamentarios, el Frente Nacional Argelino logra ocho escaños y el Movimiento En-Nahda uno, lo mismo que el Partido de la Renovación Argelina y el Movimiento del Entendimiento Nacional.

Las elecciones legislativas celebradas ayer se vieron marcadas, sobre todo, por la escasa participación en la Cabilia, región en la que los llamamientos a la abstención para impedir los comicios habían propiciado una participación de sólo el 2% a media tarde. Los enfrentamientos paralizaron los comicios en el departamento de Tizi Uzu (Gran Cabilia), donde sólo 175 colegios electorales de los 880 mantuvieron sus puertas abiertas, según la agencia argelina de noticias APS. Además, la policía antidisturbios utilizó gases lacrimógenos para dispersar a los grupos de jóvenes concentrados delante del teatro de la ciudad de Tizi Uzu. La misma situación de huelga y de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad se produjo en Bejaia, capital de la Pequeña Cabilia (260 kilómetros al este de Argel).

Prensa argelina: El Watan (en francés)
 
 
 Túnez 
Ben Ali reforma la Constitución para perpetuar su poder
El presidente de Túnez convierte su cargo en vitalicio, mediante un referéndum calificado por la oposición de «golpe a la democracia»

JAVIER ESPINOSA. Corresponsal EL MUNDO

RABAT. La terminología oficial lo apodó «el cambio del 7 de noviembre», aunque los más sarcásticos se referían a la jornada de 1987 como «el golpe de estado médico» en alusión a la incapacidad mental que se le achacó a Habib Burguiba. En su primer e histórico discurso a la nación, el nuevo mandatario fue contundente: «Nuestro pueblo es digno de una vida política fundada realmente en el multipartidismo y la pluralidad de las organizaciones de masas. En la época que vivimos no se puede permitir ni un presidente de por vida».

Burguiba se había proclamado como tal el 18 de marzo de 1975 con una reforma de la Constitución. Su sucesor se apresuró a establecer un límite de tres mandatos para la Presidencia. Quince años después, el mismo dirigente que se expresó en tales términos, Zin el Abidin Ben Ali, recurre hoy a un referéndum que permitirá un cambio constitucional y su posible reelección como máxima autoridad del país a partir de 2004. Ahora el léxico oficialista habla de «sentar las bases de la República del mañana». 

El resultado de la votación no permite sorpresa alguna. En los comicios presidenciales de 1989, Ben Ali ganó con un 99,27%; en los de 1994 alcanzó incluso el 99,91%; y en los últimos de 1999 «bajó» hasta el 99,44%. Por si los más escépticos dudaban, Ben Ali en una página publicitaria insertada en un diario internacional la semana pasada adelantaba «que se espera que el referéndum pase con un amplio margen» y precisaba que éste iba «dirigido a profundizar el espíritu democrático y el pluralismo». Los 3,6 millones de tunecinos registrados para esta convocatoria deberán acudir a 15.000 colegios electorales y pronunciarse con papeletas de colores ciertamente explícitos: blanco para el sí a la reforma y negro para el no.

La nueva Constitución tunecina sólo establece ya como límite para acceder a la Presidencia no superar la edad de 75 años Ben Ali tiene ahora 65 y además asegura la inmunidad jurídica al jefe de Estado «por actos cometidos durante el ejercicio de su mandato, y después de haberlo dejado».

Un conglomerado de ocho ONG opuestas al régimen se atrevieron el viernes a pronunciarse contra la cita electoral en términos rotundos. Para el presidente de la Liga Tunecina de Derechos Humanos (LTDH), Mojtar Trifi se trata de «un golpe a la democracia», mientras que el magistrado Mojtar Yahiaui que fue cesado de inmediato en diciembre de 2001, tras quejarse del control político que se ejercía sobre la judicatura aseguraba que «sienta las bases de una autocracia». «La comunidad internacional se verá enfrentada el lunes próximo a un problema inédito. Hay un país que se llama Túnez, habitado por un pueblo pacífico, moderado, desarrollado y ávido de vivir en una sociedad democrática, pero sumiso a una dictadura de otra época», escribía el viernes en Liberation el doctor Moncef Marzouki, otro conocido opositor.

Hasta uno de sus antiguos devotos, el ex ministro de Educación (1989-94), Mohamad Charfi, reconoció que las «esperanzas» de una «transición democrática» que se esbozaron tras la deposición de Burguiba no se han cumplido. «El país vive como en la Rusia de Breznev. Vigilado por la policía, los comités de barrios, los diferentes aparatos represivos. Es imposible organizar una gran reunión en un lugar público y las calles están siempre vigiladas», señaló el pasado día 22.

El Parlamento Europeo ha enviado una delegación especial para supervisar la votación presidida por el español Guillermo Galeote. Una de las integrantes de este grupo, la socialista francesa, Harlem Deesir, publicó un comunicado en el que afirma que Ben Ali sólo pretende «restaurar la Presidencia de por vida mientras que sus oponentes no tienen ninguna libertad de expresión». Quizá para confirmar su expresión, ese mismo día el Consejo Nacional de Libertades precisaba que la policía había disuelto «brutalmente» expresión de su portavoz, Sihem Bensedrin una reunión de simpatizantes del líder comunista Hamma Hammami, encarcelado en una prisión de la capital. El día 16, el enviado especial del diario francés Le Monde, Jean-Pierre Tuquoi, fue expulsado del país nada más llegar al aeropuerto.
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El Régimen dictatorial de Ben Ali dio los siguientes datos de su Referéndum del 26/5/2002: Participación 99,59%; SI, 99,52%.
 
 
 
Música: Abril 74, Lluis Llach
 
Mundial de Futbol: Confiemos en Eslovenia, Sudáfrica y Paraguay...
 
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[Adjunto no mostrado: Lluis Llach, abril 74.mid (audio/mid) ]

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