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Asunto:[AndaluciaLibre] nş 259 - 28 de febrero, 25 Aniversario
Fecha:Miercoles, 2 de Marzo, 2005  01:26:17 (+0100)
Autor:Andalucia Libre <andalucialibre @.......es>


nş 259
 
En este Correo:
 
Andalucía - 28 de Febrero - 25 Aniversario
*La victoria robada, Andalucia Libre
*Enlaces: Documentación, Historia y Análisis
*Opinión, Aquel Referendum, Isidoro Moreno
*Sugerencias: La Andalusia de Alabama - Historia del Otro Sahara
*Solidaridad con Palestina
*Música de fondo
*Directorio de Andalucía en Internet
--oOo--
 
 Andalucía
25 Aniversario del 28 de Febrero,
La victoria robada
Andalucia Libre
 
El 25 aniversario institucional y mediático de la gesta del 28-f ha reproducido la tónica habitual de distorsiones y mentiras históricas de todos los años. Los embustes de la Transición en general y de 1980 en particular -con su desvergonzada serie de ocultaciones y tergiversaciones o su generación de falsos héroes- repetidos hasta la saciedad durante estos 25 años desde el Poder o sus aledaños, han devenido en una suerte de interpretación oficial de la historia andaluza elevada a la categoría de canon incuestionable; so pena de condena por herejía política o cerco de silencio académico. En esta ocasión la manipulación del pasado se ha hecho con el énfasis añadido de la singular significación del lapso transcurrido -todo un cuarto de siglo ya- y de la coyuntura política nacional y estatal en que se ha celebrado, marcada por las diferentes demandas de reforma autonómica gestadas en Euskadi y Cataluña y el incipiente procedimiento en curso en Andalucía.
 
Andalucía, noche del 28 de Febrero de 1980
Casino de la Exposición de Sevilla - Centro de recepción de datos
Emoción y orgullo; indignación y rabia
 
Aunque haya muchos interesados en olvidarlo, el 28-f fue necesario porque la discriminación y el engaño a las aspiraciones andaluzas estaban inscritos expresamente en el texto de la Constitución española.
 
A Andalucía no sólo se le negaba de entrada su derecho a la Autodeterminación y a la Soberanía Nacional como al resto de naciones del Estado español; además se le exigían condiciones adicionales para dificultar su acceso al restringido autogobierno recogido en el Art. 151: 3/4 de pronunciamientos municipales (en lugar de 2/3) más un referéndum previo que convertía las abstenciones y votos en blanco en noes, exigiendo el sí de "la mayoría absoluta de los electores de cada provincia" para que prosperara la iniciativa autónomica. La Constitución española eximía de estos requisitos a Cataluña y Euskadi (y como añadido a Galicia); formalmente porque habían plebiscitado estatutos autonómicos cuarenta años antes (el golpe de Franco se lo impidió a Andalucía) y realmente porque allá existían fuerzas nacionalistas e independentistas fuertes o significativas, con las que el Régimen español quería bien pactar, bien disponer de instrumentos para aislar.
 
Las razones políticas que hicieron necesario el engaño eran fáciles de ubicar: el 4 de Diciembre de 1977, millón y medio de andaluces habían llenado las calles de Andalucía exigiendo el autogobierno -sorprendiendo y asustando a la mayoría de las propias fuerzas convocantes- en una movilización de alcance superior a todo lo visto en el Estado español y además con unas aspiraciones objetivamente soberanistas. Ha de recordarse que, erróneamente, se entendía entonces popularmente que la "autonomía" era la capacidad política de resolver todos los problemas andaluces atendiendo sólo a la voluntad mayoritaria del pueblo andaluz. Aunque en aquellas fechas ninguna fuerza política con eco social significativo explicara que la "autonomía" demandada nada tenía que ver con la autonomía real que pensaba ofertar el Régimen español, no por ello la presión social al respecto dejaba de ser constante y fuerte, hasta el punto de que un cerrojazo explicito desde Madrid podía abrir dinámicas de inestabilidad política serias en Andalucía.
 
Explicitar entonces "la rebaja dentro de la rebaja" que llevaba políticamente impreso el nuevo marco constitucional español podía poner en riesgo el discurrir de la Transición pactada. De ahí el diseño de tan alambicado proceso y su inclusión en la Constitución para evitar su rechazo en Andalucía. Se venia a decir a Andalucía que tuviera la seguridad de que no iba a obtener más que Cataluña y Euskadi pero tampoco menos y que eso ya sería suficiente para colmar sus esperanzas. La responsabilidad política de esta estafa alcanzaba a todas las fuerzas políticas que apoyaron el a la Constitución (PSOE, PCE, PSA-PA,...) y especialmente al entonces líder de la sucursal andaluza de UCD (la derecha postfranquista) y ministro, Clavero Arévalo, redactor del art. 151.
 
Al respecto, conviene recordar también que la otra vía pretendidamente autonómica -la vía fácil normal del art. 143- no sólo era meramente en un principio una simple descentralización administrativa sino que no incluía expresamente ni siquiera la posibilidad de dotarse de Gobierno y parlamento autónomo propios. De hecho si finalmente se les otorgó desde Madrid esas instituciones a los territorios implicados fue como consecuencia subsidiaria de la victoria andaluza del 28-f para diluirla y del rechazo español consecuente a admitir la singularidad andaluza (que terminaría consumándose al asimilar años después los niveles competenciales de unos y otros).
 
El Pacto de Antequera ha de insertarse política y cronológicamente en este contexto y entenderse como una consecuencia más de esa discriminación originaria (tal y como reconocía y denunciaba incluso el entonces principal ideólogo andalucista, José Aumente, pese a que su propio partido era cofirmante). Las funciones políticas esenciales de este Pacto fueron, de un lado, justificar la renuncia a repetir en 1978 la movilización producida en 1977 (que tuvo, no obstante, que reiterarse luego en 1979); de otro, posicionarse a favor de la Constitución española (que se plebiscitaba dos días después de su firma) y de la "indisoluble unidad de España", vinculando de nuevo sus firmantes a esa Constitución la satisfacción de las aspiraciones andaluzas. Además incluía el compromiso de elaborar y defender un Estatuto consensuado con la derecha españolista, es decir, implicaba reconocerle capacidad de veto. El tan mentado Pacto de diciembre de 1978 -que algunos a posteriori han sobredimensionado y embellecido- no incluía siquiera referencia expresa al art. 151, limitándose a comprometer el apoyo a "la autonomía más eficaz en el marco de la Constitución". Luego -a la hora de la verdad- cuando llegó el momento de recabar pronunciamientos municipales favorables para iniciar el accidentado camino hacia el autogobierno se comprobó que la clave de su obtención no era el dichoso Pacto sino la iniciativa autónoma de las fuerzas de izquierda con presencia municipal significativa más comprometidas con el proceso (PTE, CUT...), el ambiente social autonomista que hacia inviable a la derecha tergiversar y presionaba con suma eficacia para que no obstaculizara las mociones y particularmente la agenda política del momento, pues esas votaciones en ayuntamientos de pueblos y ciudades andaluzas a lo largo de 1979 coincidían en el tiempo con el proceso de elaboración y aprobación de los Estatutos vasco y catalán -considerados claves para la estabilidad del Régimen- imposibilitando a UCD y PSOE sacar a la superficie sus proyectos de "racionalización autonómica" hasta concluir su tramitación en diciembre de aquel año.
 
De ahí que llegada esa fecha y solventado el que entendían negocio principal, UCD y PSOE defendieran y aprobaran conjuntamente en Madrid la Ley de referéndum que preparaba la reconducción del proceso y facilitaba la relegación de Andalucía al status del 143, implícita en el diseño constitucional. Abundantes declaraciones periodísticas de la época de destacados dirigentes del PSOE (Felipe González, Alfonso Guerra, Maria Izquierdo, Peces Barba, Borbolla, etc) criticando el "desorden autonómico", alertando sobre una pretendida "naturaleza intrínsecamente derechista del autonomismo" y a la vez, contradictoriamente, afirmando lo indiferente de optar por 143 o 151, abundan en la convicción de que esa operación de rebaja contaba con el sostén conjunto de UCD-PSOE. Sólo problemas de planificación de agenda por las razones antedichas habían permitido que el proceso andaluz avanzara hasta el punto de estar irreversiblemente comprometida la convocatoria y celebración del referéndum.
 
Lo que no estaba previsto era que el entonces presidente de la Junta preautonómica, Escuredo (PSOE), tuviera su propia estrategia. Escuredo entendió que el futuro político del PSOE en Andalucía (y particularmente el suyo propio personal) estaba en no cumplir en Andalucía los compromisos adquiridos por el PSOE en Madrid y dejarle a UCD en solitario el desgaste de asumir y respaldar el cambio de vía. A Escuredo no se le pasó el importante dato del reciente éxito electoral del andalucista PSA-PA en las elecciones generales de marzo de 1979 en las que obtuvo 5 diputados para Madrid; que venía a expresar de alguna manera el ambiente social dominante e indicaba con ello los riesgos y potencialidades del momento. Así Escuredo defendió que si como era previsible -según su análisis- el proceso no fructificaba, se le endilgarían las responsabilidades a UCD y el PSOE quedaría libre de culpa sin ofrecerle flancos fáciles al PSA-PA; si triunfaba -algo entonces por lo que muy pocos apostaban- los meritos serian para el PSOE, que encarnaría en su persona el sí y además sería quien, en cualquier caso, daría la pauta al discurso autonomista ante la ausencia de sólidos proyectos alternativos que pudieran cuestionarle su papel hegemónico (tal y como se desprendía del curso de la Transición y se había demostrado en el mismo Pacto de Antequera). Una vez situado públicamente Escuredo en la postura de mantenerse en la vía del 151, al PSOE no le quedó más remedio que jugar a dos barajas, eso sí, con la tranquilidad de pensar que, fuera cual fuere el resultado, ganaría siempre. 
 
Por su parte, el Gobierno derechista español de UCD, no obstante el imprevisto descuelgue del PSOE, perseveró y anunció oficialmente su cambio de posición, ahora favorable a situar a Andalucía en la vía del 143, defendiendo la abstención como medio para hacer fracasar el referéndum. A juicio de los clarividentes analistas de la derecha en la Corte madrileña, el referéndum andaluz estaba ganado de antemano por la inmensidad de obstáculos que conllevaba y que ellos se encargarían de potenciar desde el Estado. A sus ojos -y con razón- nadie sensato y serio habría admitido jugar en condiciones tan infranqueables y leoninas si no fuera realmente indiferente ante el resultado. Además, en concordancia con la consideración despreciativa de Andalucía tradicional en la derecha española, no dejaban de afirmar: ¿Cómo iba a producirse precisamente en Andalucía lo que no podía ocurrir en ninguna parte?. El descarte del PSOE de ultima hora -concluían- permitiría no sólo reubicar a Andalucía "en su sitio" sino, además y como propina inesperada, hundir al PSOE como oposición creíble. De ahí que la derechista UCD no tuviera en adelante a lo largo de la campaña el menor interés en recordar el cambio de postura del PSOE (hasta que ya fue tarde y no tenia credibilidad alguna). Aparte y por su cuenta, sectores derechistas de la prensa -ejerciendo de intelectuales orgánicos- situados por fuerza más cerca de la realidad andaluza, también expresaban por entonces serías preocupaciones sobre los peligrosos efectos de un giro copernicano tan notorio que pudiera derivar en una crisis de representación si no existían formaciones y dirigentes políticos de recambio de su confianza que pudieran embridar la previsiblemente airada reacción popular, de lo cual se beneficiarían al par Escuredo y Clavero. El escenario conjunto resultante tuvo como consecuencia que al ministro Clavero Arévalo, sevillano, residente en Andalucía y palmariamente desautorizado por su Gobierno, no le quedara más salida que dimitir y pedir el SI, preparándose a postularse como segunda marca de la derecha española en Andalucía en caso de necesidad.
 
Con lo que ninguno contó -Escuredo incluido- fue con la increíble indignación nacional que produjo la maniobra gubernamental y la masiva y sostenida movilización popular que provocó, superando todas las previsiones. Roto el consenso, entró Andalucía en escena. El desprecio no generó abatimiento sino rabia. Las calles y balcones de los barrios se poblaron de verdiblancas, tanto como las puertas de las fabricas. La derecha españolista tuvo para su sorpresa que replegarse a sus medios de comunicación y ante el inmenso rechazo que mereció, pasar en Andalucía a la clandestinidad social. Por ejemplo: comentar en voz alta en un autobús urbano que no se iba a votar en el referéndum era arriesgarse a ser arrojado del vehículo por el conductor -quizá para evitar males mayores- entre aplausos de los usuarios e improperios dirigidos al traidor y a su inocente madre (caso verídico); tirar desde avionetas en Granada panfletos sin firma con la frase "Papá: ¿Andalucía es Sevilla?" provocar el inmediato grito unánime de "¡Viva la Giralda!" coreado con fervor (caso verídico) o hacer campaña radiofónica por la abstención, seguro de eterna repulsión y fracaso profesional (caso Lauren Postigo, la voz del lema español: "Andaluz no votes; este no es tu referéndum"). La tensión llegó al extremo de que la UCD -partido entonces en el Gobierno español- hubo de recurrir a traerse sus interventores en autobuses formados en convoy desde Castilla ante la imposibilidad de conseguir que sus propios afiliados en Andalucía dieran la cara en las mesas electorales. Otro ejemplo de esa presión social a la hora del recuento fue que las papeletas en blanco superaran a los noes; votos en blanco de quienes no se atrevieron a señalarse en sus pueblos y barrios absteniéndose.
 
El 28 de Febrero. a lo largo y ancho de toda la Nación, el pueblo andaluz ganó. Le ganó al Gobierno, a la derecha españolista de UCD y AP, a la televisión y a buena parte de la prensa, al trucado censo inflado, con muertos y emigrantes, al alienante discurso del consenso... Ganó hasta el punto de provocar una pelea carroñera por los despojos de su victoria que se prolongó durante meses y que, tras múltiples avatares, terminó resolviéndose políticamente en beneficio del PSOE; más por errores y carencias ajenos de sus competidores (PSA-PA, PCE, Clavero) que nunca tuvieron ni la intención ni el valor de romper el nudo gordiano de la cuestión -denunciando el modelo constitucional y a su Régimen- que por meritos propios. Ganó hasta el punto de forzar un desbloqueo para darle cauce a la demanda autonómica andaluza que era no sólo una descomunal aberración jurídica sino a todas luces un acuerdo palmariamente anticonstitucional, aun cuando se ejecutaba paradójicamente al amparo de la Constitución y al objeto de preservarla (y ninguno de los implicados tenía interés en reseñarlo, obviamente).
 
Los limites de su victoria fueron también rápidamente evidentes. Aun retumbando los ecos de la trifulca, PSOE, PSA-PA y PCE reintegraron a la UCD al consenso estatutario para parir un Estatuto que defraudaba punto a punto todas las aspiraciones sociales e ilusiones políticas que habían conducido al 28 de Febrero y volvía a ubicar a Andalucía -aún dando un rodeo- en aquel "sitio" vigilado, subordinado e impotente al que España la había históricamente condenado y en el que se habían inspirado los jerifaltes españoles de UCD-PSOE para elaborar su aparentemente frustrada maniobra de reconducción. Quienes se opusieron a ese Estatuto salvaron la honra de la izquierda andaluza pero ya no pudieron revertir una dinámica ya consolidada. Este proceso abortado sólo dio como particular novedad la descomposición de la UCD a escala estatal y la instauración de la hegemonía nacional del PSOE, que aún dura; elevado a la condición de administrador de la dependencia. La victoria se tornó en derrota.
 
Hace 25 años Andalucía sufrió el control, encauzamiento y reintegración políticas desde las fuerzas comprometidas con el Régimen español de un proceso de afirmación nacional y reivindicación popular andaluza que tendía a desbordar los márgenes políticos y sociales impuestos. Entonces aprovecharon a fondo las debilidades de estructuración política de las que adolecía aquel masivo movimiento popular, tan sobrado de esperanzas y sueños como falto de programas y fuerzas políticas vertebradoras que combatieran el discurso dominante. Los resultados de este robo histórico están a la vista en las estadísticas andaluzas, en la realidad de la izquierda y en la conciencia social. Hoy similares debilidades -aunque en un escenario distinto- facilitan a los comprometidos con la "Andalucía Española" practicar no sólo un desvergonzado y constante ejercicio de desposesión de la memoria histórica y de alienación de la identidad andaluza sino también reiterar una nueva versión de la instrumentación de las aspiraciones y necesidades andaluzas para servir a España, en contra de los intereses y derechos nacionales de Andalucía y nuevamente al amparo del discurso de la "igualdad", el "agravio comparativo" y la lealtad constitucional. Los que condenan a Andalucía a la humillación y el subdesarrollo se aprestan a colocar un nuevo eslabón en la cadena que la aprisiona.
 
Que la operación tenga eco y visos de éxito, ahora como entonces, sigue derivando básicamente de las mismas carencias, que contribuyen en conjunto al mantenimiento de una correlación de fuerzas favorable al Poder: primera, el dependentismo estratégico, estatalismo ideológico y sucursalismo orgánico de la mayoría de las fuerzas políticas, sindicales y sociales de la izquierda, instaladas en su condición de prolongaciones andaluzas de formaciones españolas (incluidas aquí las que recurren vergonzantemente a nombres específicos para esconder su dependencia o a recubrirse con la verdiblanca para tapar su cosmopolitismo o su españolismo de nuevo cuño), fenómenos que suelen justificar prostituyendo la palabra "internacionalismo"; segunda, la falta de honestidad y coherencia políticas, ejemplificada en quienes -por citar sólo algún caso- pretenden no darse cuenta, a estas alturas, de que la lucha por la República Andaluza es incompatible y contradictoria -tanto como objetivo como estrategia- con la demanda de una III Republica Española o de que la continuidad entrista en IU o la esperanza en una reconversión nacional del andalucismo hace años que dejaron de tener otra justificación posible que la cobardía o la preservación de cargos y sueldos; tercera, aunque en menor medida, la falta de rigor y seriedad políticas en la izquierda nacionalista o independentista, confundiendo radicalidad con frivolidad o marginalidad, que convierte en crónica su debilidad y la inhabilitan para actuar eficazmente como polo de influencia.
 
Ahora no se trata como hace 25 años de desarrollar un movimiento popular existente y llevarlo a la victoria o al menos situarlo en su senda, sino de reconstruirlo al tiempo que se levanta un proyecto nacional. No trabajamos con un 55,8% a la espalda como entonces, sino con un 4,7%, todo lo más, en un principio. Aún así, si tenemos voluntad de vencer algún día y conquistar una Andalucía Libre y Socialista habremos de afrontar y resolver las carencias apuntadas. Hasta que esto no ocurra no podremos como izquierda, como nación y como clase, recuperar y hacer fructífera de verdad aquella victoria robada del 28-f, que asombró al mundo.
 
 
Historia del proceso autonómico andaluz.
El Regimen español, las Reformas Estatutarias y las Instituciones andaluzas
Financiación, Desigualdad, Dependencia.
 Opinión
Aquel referéndum
Isidoro Moreno

Si el reciente referéndum sobre la Constitución europea hubiera tenido los mismos requisitos que el referéndum del 28 de febrero de 1980, el resultado sería que en ninguna de las ocho provincias habría ganado el sí. Hace unos días, el "abrumador" –según se ha escrito– triunfo de los síes se ha logrado con un porcentaje de sólo el 30% aproximadamente del total de los votos del censo electoral. Ha bastado este porcentaje para que se haya dado no sólo por bueno sino por excelente (?) el resultado favorable al sí. En el referendum que tuvo lugar hace 25 años, hacían falta más del 50% de votos afirmativos sobre el total del censo en todas y cada una de las provincias para que se considerara aprobada la iniciativa autonómica; es decir, que las abstenciones y los votos en blanco se sumaban a los noes. E incluso hubo que luchar durante meses para que fuera reconocida por el Parlamento de Madrid la victoria política del sí, a pesar de que éste, en el conjunto de Andalucía, había superado holgadamente esa barrera del 50%.

En realidad, aunque en Almería no se alcanzara dicho porcentaje, los síes fueron aquel inolvidable 28 de febrero más numerosos proporcionalmente que en los referendos equivalentes celebrados en Cataluña, País Vasco y Galicia en los años treinta, e incluso que los realizados en Escocia y otras "naciones sin Estado" de Europa. Y no se olvide que el partido que detentaba el poder, la UCD del entonces presidente Adolfo Suárez, hizo propaganda activa a favor de la abstención utilizando todos los medios a su alcance. Aquella frase, mil veces repetida por las emisoras de radio –"Andaluz: éste no es tu referéndum"–, aguijoneó las conciencias consiguiendo lo contrario de lo que era su objetivo y una marea verde, blanca y verde cubrió los balcones de los barrios populares extendiéndose por todos los confines de nuestras ciudades y pueblos. La sociedad civil rebasó a los partidos y, quizá como en ninguna otra ocasión en su historia contemporánea, Andalucía logró, por sí, conquistar el derecho a ser reconocida como nacionalidad y a dotarse de las instituciones y competencias reservadas a las autonomías de primer grado.

Conviene recordar que aquel 28 de febrero no hubiera sido posible sin el Pacto Autonómico firmado en Antequera el 4 de diciembre de 1978, por el cual once grupos políticos se comprometieron a poner en marcha el proceso para la obtención de la autonomía más amplia y eficaz por el camino más rápido desde el momento en que se formasen los primeros ayuntamientos democráticos, en abril del siguiente año. Era requisito previo para que fuera convocado el referéndum que al menos las tres cuartas partes de los ayuntamientos andaluces, en un periodo no mayor de seis meses, apoyaran la iniciativa autonómica, como efectivamente ocurrió desde que se decidieron a dar el paso los ayuntamientos de Cazalla de la Sierra, Los Corrales, Puerto Real, Estepona y otros donde había mayoría del PTA o de la CUT, un pequeño partido de izquierda y una candidatura promovida por el SOC respectivamente, tras ser imposible llegar a un acuerdo conjunto entre partidos para poner en marcha el proceso desde todos los ayuntamientos simultáneamente.

El entonces presidente preautonómico, Rafael Escuredo, recogió la bandera de la iniciativa, arrastrando al PSOE, y Manuel Clavero hizo lo mismo con la UCD, hasta que hubo de abandonar ésta cuando el presidente Suárez ordenó el boicot al referéndum. El entonces potente PCE también se embarcó en el proceso y el PSA (actual PA) hubo también de secundarlo, aunque con poca convicción por su análisis de que la vía escogida del artículo 151 era impracticable. Pero fue la gente no organizada en partidos, la sociedad civil, en definitiva el pueblo andaluz, el que se puso al frente del proceso, sabiéndose sujeto de irrenunciables derechos y sintiéndose capaz de conquistar, por sí, el objetivo de un autogobierno que fuera palanca de cambios económico-sociales y de profundización en la identidad propia.

No es verdad, por ello, aunque así lo afirme en este aniversario la declaración institucional del Consejo de Gobierno de la Junta, que aquel esfuerzo histórico lo hicieran los andaluces para "garantizar la unidad de España y el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones". Entre otras cosas, porque eso ya estaba en la Constitución aprobada 15 meses antes. El objetivo fue conquistar el máximo nivel de autogobierno; el mismo que había sido reconocido solamente a las otras tres nacionalidades históricas. Lamentablemente, nuestro Estatuto nació ya recortado por el acuerdo entre UCD y PSOE del que surgió la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico), nunca ha sido utilizado en todas sus posibilidades y quienes han gobernado en la Junta, excepto en un primer y fugaz momento, no han asumido las consecuencias de aquel 28-F.

Andalucía sigue, por ello, subordinada a los intereses de otros territorios y de aquellos partidos que se enfrentan aquí con el objetivo de poder gobernar o influir en la Moncloa, ninguno de los cuales tiene otro proyecto para nuestra tierra que el de hacerla receptora pasiva, y sumisa, de las decisiones tomadas en Madrid y Bruselas en el marco de la globalización del Mercado. Venida es, pues, la hora de que Andalucía, por sí, trabaje para sí; de que pensemos en nosotros y en nuestro incierto futuro en vez de actuar, como hasta ahora, salvo entre el 4 de diciembre del 77 y el 28 de febrero del 80, en función de otros.
 
*Isidoro Moreno es catedrático de antropología social de la Universidad de Sevilla y autor de numerosos libros y trabajos sobre Andalucía. Fue secretario general del PTA-PTE -en cuya representación fue cofirmante del Pacto de Antequera- y posteriormente del PAU-PTA, que pidio el voto NO al Estatuto antes de autodisolverse en 1982.
 
Resultados Referéndum Andalucía 28 de Febrero de 1980

Resultados provinciales de la votación Ratificación iniciativa autonómica para Andalucía

 

 Provincia 

 Electores

  Votantes

  Votos SI

  Votos NO

 En blanco

  Nulos

  % SI-Censo

 

Almería

279.300

142.769

118.186

11.092

12.307

1.184

 42,31

 

Cádiz

664.109

407.493

367.065

13.412

24.147

2.869

 55,27

 

Córdoba

521.027

362.616

312.419

20.339

27.528

2.355

 59,95

 

Granada

535.926

335.060

283.777

20.491

29.012

1.780

 52,95

 

Huelva

307.943

186.748

165.976

6.808

12.897

1.067

 53,89

 

Jaén

468.804

296.417

234.746

29.610

29.876

2.304

 50,07

 

Málaga

661.825

392.379

346.819

20.822

22.020

2.718

 52,40

 

Sevilla

991.422

720.338

643.299

29.864

42.423

4.750

 64,88

 

Resultados nacionales: Referéndum iniciativa autonómica para Andalucía

 

Censo

4.430.356

Participantes

2.843.820

64,18%

Votos SÍ

2.472.287

86,93%

Votos NO

152.438

5,36%

en blanco

200.210

7,04%

Nulos

12.576

0,44%

 
Sugerencias
*La Andalusia de Alabama
 
Existe una Andalusia en el sur de Alabama, EEUU. Es una ciudad de 8.800 habitantes, capital del condado de Covington, situada en territorios que un día pertenecieron a la colonia española de Florida y por donde pasaron los caminos que penetraban en el Sureste norteamericano. Un lugar por donde seguramente anduvieron algunos paisanos allá por el siglo XVI o XVII, bien haciendo entradas para rapiñear esclavos indígenas, bien para comerciar con las tribus locales, bien para aprovisionar a las misiones que llegaron a establecerse en cadena hasta lo que luego sería Virginia, que dejaron suficiente recuerdo como para dar lugar al topónimo. Sea como fuere y aunque sus actuales habitantes no tengan muy claro de donde procede la denominación de su ciudad, para andaluces de hoy resulta curioso ver el nombre de su nación en la City of Andalusia o apreciar en el diario local, The Andalusia Star News, que es lo que les ocurre e interesa a estos imprevistos andalusian de Alabama.
 
*Historia del Otro Sahara
 
Que la historia y el destino del Sahara Francés fueran distintos a la del Sahara Español, se debe esencialmente a la diferente naturaleza y desarrollo de los procesos de descolonización en Marruecos y Argelia.
 
En Argelia, el FLN dirigió una lucha independentista entre 1954 y 1962 que no cejó hasta que en Evian, Francia reconoció la independencia de Argelia, Sahara incluido, abandonando sus pretensiones de mantenerlo escindido de la nueva Argelia independiente. En Marruecos, el Majzen y el Istiqlal optaron por otra vía, pactada con las potencias coloniales, una de cuyas consecuencias fue mantener abierta la presencia colonial directa en fragmentos del territorio marroquí (algunos de cuyos restos -Ceuta y Melilla- perduran hasta hoy).
 
 
Para conocer aspectos de la historia de ese otro Sahara -aunque sea desde un punto de vista colonial- apreciar cómo fue el proceso de penetración colonial francesa en Argelia y en el Sahara y comparar las relaciones entre la Argelia y el Marruecos precoloniales con sus actuales prolongaciones saharianas, viene bien consultar La Histoire des Colonies Françaises-L'Algérie, de Augustin Bernard o Les 12 cahiers du Centenaire de l'Algérie, editados por el colonialista Comité National Métropolitan du Centenaire de la'Algérie en 1930. Tambien, a este objeto de ampliar el conocimiento de la historia del Magreb resulta interesante explorar los materiales que ofrece en francés el sitio Algérie Ancienne.
 
--oOo--
 
Música de fondo: Sevillanas - Yo soy del sur, Tierras del Sur
 
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