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Asunto:[ari] Lilita con Lanata
Fecha:Domingo, 14 de Octubre, 2001  14:39:10 (-0300)
Autor:radical <radical @....com>

Estimados Iguales ,

http://www.data54.com/ego/notas/10/Nota038.htm
(Jorge Lanata) ¿Cómo era tu casa en el Chaco?
(Elisa Carrió) ¿Cuándo era chiquitita?
¿Te fuiste mudando muchas veces?
No, una vez.
¿A qué edad te mudaste?
A los 7, 8 años. Pero hasta los 6 o 7 viví en una casa que estaba lejos del
centro. 
En Resistencia.
Sí. Papá tenía un caballo en el patio. Yo almorzaba dos veces: en mi casa y en
la de una familia amiga, con lo cual comía dos veces. Y ahí me acuerdo de la soda
porque en mi casa no había soda. No sé por qué.
¿Era una casa con patio interno?
Sí, pero papá era capaz de todo, a él se le ocurrió traer una yegua del campo.
Después nos llevaba y andábamos con la yegua por ahí. Nosotros vivíamos donde
estaba el tren y después de eso venían las quintas.
Estaban en el límite de la ciudad, digamos.
Sí, era a cuatro cuadras.
¿Y la otra casa?
La otra casa era en pleno centro, que es donde viví siempre y de la que nunca me
mudé, a pesar de los maridos (risas).
¿Ahí viviste con tu esposo también?
No, pero nunca cambié de domicilio, porque para mí mi casa es esa casa. Ahora no
sé cómo se llama, creo que Frondizi.
Ah, le cambiaron el nombre. Rawson 326, ahí vivís vos o vivías o viviste
siempre.
Sí, ahí fui y vine.
Y ahí en Rawson 326, ¿vivía tu tía? Había una tía tuya que vivía con ustedes.
Sí, la que murió. Era la hermana de mi mamá, murió cuando yo tenía 8 años, creo
que ella tenía 26.
Era muy joven. ¿De qué murió?
Me acuerdo que fue una impresión muy grande porque íbamos a ir a comer a la casa
de unos amigos y dice: Manucha no se puede despertar. Y yo dije: está muerta.
Creo que ella inició la cadena de muertes en mi vida, ¿no?
Por eso te preguntaba. Y después hubo dos compañeras tuyas de colegio que se
murieron, ¿no?
Sí, también.
¿Te acordás los nombres?
Sí, una se llamaba Mónica.
¿De la primaria?
Sí. En realidad era vecina de la casa de mis tíos y siempre me quedó el miedo de
ahí, la nena murió violada y estrangulada.
¿En serio? Qué horrible. A esa edad, a los 8, 9 años. ¿Encontraron al tipo
alguna vez?
No sé. Yo siempre viví con miedo.
Y sí, cómo no.
Y después se murió mi otra amiga, cuando yo tendría 12 años, y empezó toda la
muerte de mi familia hasta los 18, 19, que se me murieron todos mis compañeros de
facultad y mi novio. Ahí me enfermé.
¿De qué?
Y, me trataron como epiléptica, pero en rea-idad se ve que la angustia no me
dejaba vivir y pasaba a un tercer estado en el que yo hablaba con todos los que
se habían muerto. Después estuve en tratamiento psiquiátrico en Buenos Aires y un
día empecé a ver el sol.
Te mandaron acá.
Y me desmayaba nueve veces por día y así rendía. Porque rendía igual, funcionaba
en los dos niveles, o sea que sacaba sobresaliente y me desmayaba nueve meses. 
¿Vos tenías cuánto? ¿15?
Estaba en la universidad. Porque yo rendí libre, y a los 19, 20 ya estaba
recibiéndome. 
Y a los 16 te casaste. 
Y a los 16 me casé, a los 17 tuve a mi hijo y a los 18 me separé. 
¿Es el que ahora está en Londres?
Sí. 
Laburando de lavacopas.
Sí, hace cine también, porque él busca su libertad y además quiere ser anónimo.
Y me dijo: yo necesito vivir en un país en donde no pueda mentir y donde los
demás te crean, así que bueno, el gran desafío también es construir un país donde
la verdad pueda instalarse sobre la mentira para que nues-tros hijos puedan
volver.
¿Cuánto hace que se fue?
El se va y viene porque es un caminante de América latina. Va, viene, vuelve.
Está buscando su destino y eso me parece maravi-lloso. Y además trabaja de
lavacopas, de mozo. Siempre fue muy mimado y tuvo todo y viajó conmigo a todos
lados y viajó por todo el mundo, y un día me dijo: “cuando vi el mundo desde el
lugar del restaurante me cambió la vida”. Y para mí eso es maravi-lloso. Porque
aparte quería jugar al rugby, ¿entendés? 
¿En Buenos Aires estuviste internada en algún lugar con tratamiento?
No, me trajeron al Italiano y después empecé un tratamiento...
¿Cuánto tiempo pasaste?
Un año con mucho dolor porque tenés persecuciones, obsesiones, pero salí. 
Leí sobre el tema del accidente de tus compañeros y de un ex novio tuyo. ¿Iban
en dos autos ustedes?
En realidad, yo rendí primero, ellos rindieron esa tarde, y nos fuimos a
festejar. Mi mamá no me dejaba salir porque yo era de buena familia y estaba
separada. Y la verdad es que nadie sabía eso y entonces una compañera me dijo:
voy a ir a estudiar a tu casa a las doce de la noche, y me adelanté, a las cinco
de la mañana me avisaron que se habían muerto todos. Creo que recién hace dos
años se me fue el dolor. Es un dolor que me acompaña toda la vida. 
Decís una cosa que me impresionó y que es cierta: que uno se muere cuando se lo
deja de recordar, no cuando se muere físicamente.
Yo lo recuerdo siempre. 
¿Cómo era tu viejo Coco?
Espectacular. Un irresponsable total. El otro día estábamos en un acto, entonces
Schiller decía “yo fui hijo de ferroviario”, Alfredo, “yo hijo de panadero” y yo
diría “hija de un heredero irresponsable” (risas). Mi papá era el tipo más
maravilloso porque era anticapitalista; él sabía lo que era la vida.
¿El venía de una familia de guita?
Para lo que es una provincia, sí, educado en los mejores colegios de Buenos
Aires. Él contaba que estuvo internado en colegios ingleses y tenía un campo en
Palermo. Mi bisabuelo llegó porque mi bi-sabuela era maestra de la hija del
General Donovan.
¿Quién era el General Donovan?
Fue el que entró en el territorio nacional. 
O sea que tu viejo se crió parte ahí y parte en colegios sagrados. 
A los 7 años lo sacaron y lo metieron en uno que no me acuerdo cómo se llama. Y
des-pués creo que estuvo en el La Salle, des-pués en la Inmaculada y en el Santa
Fe. Todas mis tías se iban de la estancia a estudiar afuera.
¿Y de dónde me salió socialista? (risas)
Mi papá era el tipo más inmensamente libre que yo conocí. Es el que me decía:
mirá, si yo tuviera dos vidas, en una hago la que hace tu mamá y en otra la que
hago yo, pero como tengo una sola hago exactamente lo que quiero. Entonces cuando
se aburría se iba tomar un café y volvía a los dos meses, a las dos semanas.
¿Tu vieja se lo bancaba?
No. Pero él era así, además lo amaba todo el mundo. Una vez fuimos al cumpleaños
de mi abuela al campo y empezamos a parar en las chacras y en todas sacaban el
Smuggler para Coquito. Y su velorio fue un éxito, como dijo mi hermano el que
murió: esto fue un éxito. Porque él jugaba con mujeres de la calle, jugaba al
Prode, entonces estaban ahí el lustrabotas, el gobernador, las tías paquetas. 
¿Después de que murió cómo se dividió la guita de la familia?
Como se iba muriendo la gente, nosotros íbamos heredando, de a poco. Mi mamá
trabajó toda su vida.
¿Tu viejo qué hacía?
Él fue diputado y después, creo, vendía seguros. En realidad mi mamá se
confundió con mi papá.
¿Por qué?
Porque como él era un heredero educado en los mejores colegios en esas
provincias y, además, era representante de la Franco y tenía un Mercedes Benz, mi
mamá dijo: me casé con un heredero y fue un fracaso capitalista el tipo. Pero un
tipo maravilloso, él me enseñó lo que es la libertad absoluta y el amor absoluto,
él era un tipo que trataba igual, y en serio, al peón que al presidente. Igual
desde el alma, digamos ¿no?
¿Y encontraste en tu vida alguien como Coco a lo largo de los años?
No. 
No.
Bueno, para todos los sobrinos, para todos los hermanos, para todos él fue un
ser excepcional. Cuando los otros se estaban peleando por la herencia, él dijo:
yo quiero una vaquita de porcelana. Un tipo que ganó la Lotería y la regaló.
Somos un error genético en realidad.
¿Y cómo tendrías que haber sido?
Como mi mamá. 
¿Cómo?
En parte ordenada, prolija... 
¿Con miedo?
Sin errores.
¿Con miedo?
No sé, mi mamá no tiene miedo.
¿Vos sí?
Tuve mucha angustia con las muertes durante mucho tiempo, pero la fe me sacó el
miedo. Nunca tuve miedo a las cosas exteriores, siempre tuve una gran angustia en
el pecho, nada más. 
¿Y con la muerte, qué era lo que te pasaba?
No, yo tenía miedo de querer a las personas, porque decía: si las quiero, se me
mueren. Y me sentía como culpable de querer temiendo que se me muriera y esto se
agravó un poco con la muerte de mi padre, la muerte de mi hermano y la muerte de
mi íntima amiga en tres años, hace poco, fue muy fuerte.
¿Cómo murió tu viejo?
De cáncer. 
¿Estuviste con él cuando...?
Bueno, él me pidió que vaya a la convención, yo estaba en la universidad, nunca
había entrado a un comité, tenía un estudio muy grande y entonces le dije: ¿vos
querés que yo vaya a la convención? El ya estaba en cama para morirse.
A la Convención Constituyente.
Claro.
En Santa Fe.
Y le dije: ese lugar es tuyo, si vos querés que vaya, voy. Y me dijo: yo te
quiero ver. Yo tenía un hijo que tenía tres meses, Ignacio. Y cuando volví me
dijo: bueno, ya estamos todos y se murió. 
¿Llegó a verte?, claro me decís que vio todo el tiempo la Convención.
Y ahí es donde me dijo que le hubiera gustado que yo haga lo que él no pudo
hacer, o lo que no pudo hacer mi hermano Rolly. 
¿Cuál era la misión de Rolly con tu viejo o para él mismo?
No sé, Rolly era como mi padre, era un tipo espectacular, tuvo algunos problemas
con el alcohol, fue a Malvinas.
¿Fue combatiente de Malvinas? 
No, no fue combatiente, estuvo como estudiante crónico de Medicina y se recibió
a los 40 años.
¿Se recibió a los 40?
Sí. Maravilloso igual que el otro y creo que cuando vino que recibió a la gente
del Belgrano y después no resistió la vida.
¿De que murió?
De eso.
¿También de cáncer? 
Del alcohol. 
Ah, del alcohol, de cirrosis o algo así.
No sé, no sé.
No sabés. 
No quiero hablar.
Te atacaste cuando el tema del alcohol, ¿tu viejo también tomaba alcohol, no? 
Mi viejo tomaba cerveza, pero era un tomador social. 
¿Te asusta eso, te asustó alguna vez?
No sé, a veces tengo una sensación muy particular. Vi tanta paz en el rostro de
mi hermano cuando murió. Lo que sí, de ahí no tomé más, porque yo no tomaba mucho
pero tomaba, me gustaba tomar en una reu-nión y de ahí no tomé más. 
¿Fuiste a misa hoy?
Sí, todos los días. Hoy no, me parece que hoy voy a tomar la comunión. Fue un
día maravilloso porque hubo cataratas de verdad en la Comisión, testimonios
maravi-llosos.
¿Qué sentís cuando estás ahí y ves que alguien o vos, en este caso, puso un palo
en el medio de la rueda y todo el mundo se paró a mirar? 
Nada, yo creo en la verdad porque la verdad es sana. La verdad nos sana como
seres humanos. La verdad sana a un país. Yo me enamoro de las causas. Aprieto
para adelante hasta que consigo. Puedo tener la perseverancia y espero y además
rezo, por ejemplo, ahora con el tema de Eduardo Menem, ya está la foto de Vaquir
y ya está el testigo, no sólo de la presencia de E-duardo Menem, sino de sus
relaciones con Yabrán. 
Cuándo pedís, ¿qué le pedís a Dios?
Yo le agradezco a Dios y lo escucho. A Dios no se le pide. Hay que poder entrar
hacia adentro de uno mismo y hasta los que no creen en Dios sí tienen
interioridad: es la voz del alma, hay que escucharlo y hay que obedecerlo. Y para
obedecer a Dios hay que ser inmensamente libre.
¿Qué aprendiste creyendo en Dios?
A obedecer, a dejar, a saber que renunciando a todo se puede ganar todo, pero en
la renuncia, en la entrega está la cuestión. Y eso me hizo perder el miedo a las
consecuencias de la acción, es decir, a tu prestigio.
Es parecido a qué, ¿a dejarse llevar, a hacer?
A obedecer, pero es una obediencia del orden de la libertad.
¿Esa obediencia está en vos?
¿Sabés qué es? Yo ahora lo entiendo a Alem: “Hay que hacer lo que se debe
hacer”, ¿no? En cada momento de tu vida hacer lo que debés hacer aunque sea
tremendamente doloroso.
¿Pero vos decís que uno mismo se dice lo que debe hacer?
Y sí, te lo dicen los principios, te lo dice el alma.
A ver, ¿cómo?
Es del orden de una renuncia, es perder la comodidad, renunciar a los
privilegios, es renunciar a los bienes, es renunciar a la disputa, es poner
generosidad donde hay mezquindad, es renunciar a los cargos, es renunciar a los
honores, es renunciar a la familia.
¿O sea estás todo el tiempo peleando con vos misma?
No, no. El te saca todo, hay una frase de la Biblia que es maravillosa. Que te
dice que él te saca todo y después te devuelve todo, ¿no? Pero que tenés que
estar dispuesto a algo del orden de la renuncia que realmente no es una vía de
alegría, es una vía de mucho dolor. Yo he llorado mucho.
¿Qué pensás que piensa el otro cuando hablás así? ¿Cómo reacciona la gente
cuando te escucha hablar de Dios?
No sé. Fui agnóstica bastante tiempo y los amigos más agnósticos míos me dicen:
no hables de esas cosas. Y lo que no se entiende es que la vida cristiana es un
testimonio, vos no podés dejar de hablar. 
Claro.
Ahí encontré un nivel de prejuicio más grande, no en los budistas, no en los
judíos, yo amo todo. Además, a mí me encanta el día del Perdón, yo soy
profundamente ecuménica, creo que Cristos hay en todos lados. En cambio, el
agnóstico se ríe un poco de esto y además me han tratado de loca, de mística, y
todo este tipo de cosas.
Es curioso eso ¿no? Porque a un obispo nadie le dice eso. En cambio, escuchan a
una persona diciendo creo en Dios y ya se pudre todo. 
Lo que pasa es que molesta el testimonio. Mis amigos políticos me trataban de
loca porque en realidad yo votaba como ellos deberían votar, y algunos amigos
religiosos me trataban de que exagero con la cruz que, en realidad, me la regaló
un obispo. La verdad que a mí me parece grande pero me la regaló para que me
cuide. Les molesta el testimonio. Porque también hay muchos cristianos cómodos
que creen que con la comunión del domingo basta.
Te decía “pelear con vos misma” porque Gandhi decía que él no peleaba contra los
ingleses: se peleaba contra él porque quería ser mejor, se peleaba porque veía
que no podía hacer todo lo bueno que quería hacer.
Así es, uno se siente miserable, tantas veces se siente mezquino, se siente
impotente, es cierto, uno pelea contra las miserias de uno mismo.
¿Qué te encontraste haciendo que dijiste: uy, cómo estoy acá?
No sé que me pasó, siempre digo que el patio está colgado de las estrellas y que
este tipo me jugó una mala jugada (risas). Y me mando un tren donde yo muchas
veces pensaba: y yo qué estoy haciendo acá.
¿Te encontraste en situaciones así? ¿Qué hace una persona como yo en un lugar
como éste?
Sí, y sufrí mucho. Me acuerdo que un día casi renuncié porque se había muerto mi
hermano, tuve la interpelación de Alderete, que fue una cosa en la que hay que
soportar el espanto, el asco, y después vino Oyarbide y creo que salí de ahí y
dije: ya no doy más, y ahí un amigo, Carlos Ulanovsky, me ayudó, y su mujer me
dio las pastillas milagrosas que me cambiaron la vida (risas). A Mónica yo le
agradezco mucho porque me cambió la vida. 
¿Pensaste en dejar todo alguna vez?
Muchas veces.
¿Y qué pasó?
No podía hacerlo, llega un momento en una situación en que dejar es huir, y huir
es abandonar al otro. Y yo no podía abandonar al otro, sobre todo a quienes
representan al Chaco. En realidad siempre pude renunciar a todo en mi vida porque
a mí me encanta renunciar y empezar de nuevo. Pero me di cuenta que en el mandato
popular no se puede renunciar. 
¿Estás durante el día un tiempo sola o estás todo el tiempo con gente?
Estoy sola cuando estoy con gente, y estoy sola cuando estoy sola. Puedo ir en
el taxi o en el auto rezando el rosario y puedo estar en una reunión y puedo
estar sola bastante tiempo. Me dicen que me voy a Marte. Además tengo dos o tres
horas diarias de oración. Yo estoy mucho conmigo misma, casi siempre.
¿Y en ese momento qué pensás?
Pienso en tantas cosas, pienso todo el día y después pienso en como no aburrirme
y de ver qué cosa voy a hacer después. 
¿Qué cosas no pudiste hacer?
¿En la vida?
Sí.
Que sé yo. Tantas o ninguna. No se puede decir. A lo mejor hubiera querido que
alguien me sostenga alguna vez. 
¿Tu relación con tu viejo era así, él te sostenía o vos lo sostenías a él?
Él me sostenía, porque lo que sostiene es el afecto. Él me sostenía, creo que
cuando se murió sentí que me quedé sola. Pero des-pués conocí a Alfredo Bravo y
creo que él es un poco esa figura afectiva. Él es mi padre muerto.
Tiene algo de Coco.
Sí, son parecidos. Son muy parecidos.
¿Son muy parecidos físicamente?
Sí, además son parecidos físicamente. Victoria dice: es muy parecido al abuelo.
Nosotros hablamos del abuelo todo el tiempo, así que sí, además es el sostén.
Porque mi hermano, mi madre, todos sostuvieron.
Tuviste tres hijos.
Sí. 
Tenés tres hijos. ¿Cómo es tener un hijo?


“Yo le agradezco a Dios y lo escucho. A él no se le pide.
Para obedecer a Dios hay que ser libre.”

Es maravilloso. El don de mamá es lo más maravilloso del mundo. Yo quisiera
tener otro hijo. Soy una irresponsable como madre, vuelvo a aclarar a todos, soy
la peor de todas y eso salió en la encuesta y es así, pero a mí me encanta.
No, en realidad salió una cosa muy rara porque salió que la gente te identifica
como madre pero no te daría sus hijos (risas). Es muy impresionante esa encuesta.
Es muy impresionante.
Y en lo que tiene razón es cierto. Amo los chicos, tengo una relación muy
particular pero soy una inútil total. 
A tu hijo mayor lo llevaba tu padre al colegio.
Sí. Ellos andan conmigo divirtiéndose por la vida pero nunca le hice un
sandwich, diga-mos, ¿no?
Y tenés dos más chiquitos.
Victoria que es un clon mío.
¿Cuántos años tiene?
Tiene 10 e Ignacio 7.
Y no hacés con ellos la vida de madre. No, claro, no los llevás al colegio.
No, ellos andan conmigo de campaña, la última campaña que tuvimos en el Chaco
subían los chicos conmigo, parábamos en los hoteles, andábamos por los asados,
ellos están acostumbrados a vivir con el mundo. Victoria dice que mi casa era la
casa del Gran Hermano.
Ah, te dice así.
No, voy a decir una mala palabra, pero Ignacio dice: “Mamá la gente que te
saluda, y yo parado como un boludo acá al lado. Siete años tiene.
Respondeme si tenés ganas, si no no ¿por qué te separaste la última vez?
Cuestiones privadas. Es un camino muy difícil el de la política, es muy difícil
en términos de estar lejos de tu casa, es muy difícil para una mujer, hay mucha
incomprensión en la función que uno tiene que hacer ¿no? 
¿Te cobraron la entrada, el doble todo el tiempo siendo mujer o no, en la
política?
No, me usaron, que es otra de las formas.
Ah, era como la minoría a mostrar, digamos. 
Así es.
Como la minoría chicana en una serie yanqui.
Me usaban para que Rozas gane las elecciones a gobernador, fui usada para ganar
diputados nacionales, fui usada para que gane Fernando de la Rúa, hasta que dije
“dejé de ser un souvenir”. La verdad que yo lo hacía con enorme generosidad,
pensando que la generosidad estaba en el otro y me di cuenta que las relaciones
eran mercantilistas y de uso. No me arrepiento pero también decidí dejar de ser
usada, porque era ser cómplice.
Sí, claro. ¿Cuándo te diste cuenta de eso?
Con Fernando de la Rúa. 
O sea ahora.
Cuando asumió el gobierno y me traicionó y traicionó toda la palabra que todos
habíamos puesto. No se lo puedo perdonar jamás porque la palabra es la persona.
Vos sabés que pedías disculpas por decir malas palabras, yo digo todo el tiempo,
así que en el poder no hay boludos: hay hijos de puta, los boludos no llegan, en
general un boludo no llega al poder. No creo que la gente sea tonta. 
O es cómplice.
O es cómplice o lo está haciendo a propósito. 
Lo que pasa que para mí fue un aprendizaje. Yo lo he visto sufrir mucho a mi
padre, pero mi padre me vendió un radicalismo idealizado. Además lo que yo
escuchaba e-ran paradigmas, yo lo escuchaba a Illia cuando era chica.
¿Es cierto que tu viejo lo llamó a Illia para que hablara con tu madre?
Sí. Illia los reconcilió.
Es maravilloso.
Esa historia es maravillosa. Illia la llamó a mi mamá para decirle: mirá, Coco
es buen hombre... Pero yo me acuerdo que en el patio de la casa de los Conde, en
Carlos Paz, después del derrocamiento, yo era muy chiquita, ahí Illia vivía
contando que “a mí no me tumbaron porque yo era una tortura, a mí me tumbaron
porque yo no quería firmar los negocios que los otros me mandaban”. Era un
republicano de ley, él no es De la Rúa. De la Rúa es un cómplice, él era un
republicano.
¿Tuviste relación personal con De la Rúa?
En la campaña porque lo ayudé. Muchos que después fueron ministros me decían que
no lo acompañe. Sinceramente, yo lo acompañé porque había peleado mucho por la
Alianza, yo no lo hubiera elegido candidato de la Alianza, pero sin embargo me
parecía, por un lado, que tenía algún rasgo de consistencia mayor al de Graciela
Fernández Meijide. Pero vi cómo todos eligieron los privilegios y los honores,
recuerdo cuando me ofrecieron ser viceministro del Interior y yo dije: “No voy a
ser gendarme de los pobres”, porque la traición se consumó en el mismo momento
que se designó el gabinete. 
¿Con Chacho qué te pasó?
A Chacho no le perdoné que se vaya. Me acuerdo que lo llamé y le dije: “Te voy a
acompañar y si eso significa el juicio político del presidente hay que pedirlo”.
Creo que él se asqueó, pero también creo que es para dar asco. Pero que hay un
espacio en la ciudadanía y que nos mandaron a pelear en el barro.
No, aparte, si no podés hacer nada siendo vicepresidente.
Entonces realmente me dio mucha bronca porque creo que fue un error de él pero
creo que es una persona honesta y creo que hay algo del orden del arrepentimiento
y la ge-nerosidad que debe existir. El no es un cómplice. En todo caso es un
hombre que se equivocó pero que en muchos momentos acertó.
¿En cuánta gente creés? 
En todos.
Habrá gente anónima en ese caso pero te digo ¿en gente que te rodea, compañeros
de bancada? 
Creo en muchos y creo en muchos más de los que están. Creo que hay mucha gente
que tiene miedo, creo que hay mucha gente a la que le resulta más cómodo bajar la
cabeza, pero que no son malas personas, creo que hay un espacio de reconstrucción
posible, yo quiero a muchos radicales, a muchos compañeros de banca radicales los
quiero mucho -salvo a los cómplices-, yo sé que ellos me quieren mucho a mí. Lo
que pasa es que bueno, después me tocó bancarme la soledad, pero algunos decían:
fuerza. 
Pero no estaban con vos ahí.
Y además me convertí en una leprosa, nadie se quería sentar conmigo.
¿De qué cosas te avergonzás?
No tengo vergüenza.
¿No? Que no tengas vergüenza es una cosa y que no te avergüences es otra.
No, no me avergüenzo. A lo mejor de alguna cosa de mi pasado pero no. No soy una
persona culposa. No tengo culpa.
¿El tema aquel de tu familia con la dictadura?
No, fue como una relación muy difícil y además había una cosa muy extraña porque
mi madre fue funcionaria de la dictadura, pero a su vez peleó para que un
diputado peronista estuviera preso en mi casa. Fue una relación muy compleja
porque había ahí algo del orden de la discusión por la dictadura y algo también
del orden de la ge-nerosidad de alguien que se estaba jugando cuando todo el
mundo no miraba a nadie por la calle, así que nosotros teníamos un chofer y un
guardia policial, son esas cosas que pasan en provincia, ¿no?
¿Qué pensás que te perdiste habiéndote criado en el interior si es que te
perdiste de algo?
No, gané todo.
¿Ganaste?
Gané el silencio, gané la interioridad, fui jurista mucho tiempo, profesora
universitaria. En la provincia siempre hay un tiempo para pensar, para reconocer,
hay tiempo para el bar, hay tiempo para el contacto con el otro. No, la provincia
es el espacio con el otro, el que fue criado en el campo, el que fue criado en un
ambiente de provincia, de un pueblo tiene ahí una energía que te permite superar
el resto ¿no? Y la alegría.
¿Cuándo fue la última vez que fuiste al Chaco?
Ahora, hace una semana porque allá decían que yo iba a ser candidata, el
gobierno y el gobernador decía que me había ido a la ca-pital y en realidad yo
siempre decía que podía ser candidata para sostener poder y ayudar a la Comisión,
pero siempre supe que no iba a ser candidata porque no podía votar acá, tengo que
votar allá. 
Ahora te vas a mudar como Meijide.
No, no lo podría hacer. Y Alfredo lo sabía, lo que pasa es que me querían
convencer y yo tampoco los quería abandonar a ellos, dije: algo va a pasar, Dios
algo va a hacer para que yo pueda votar en mi escuela, en la escuela de mis
abuelas y para que todos podamos estar juntos y Dios hizo milagros, me da
candidatos maravillosos en todos lados y yo no soy senadora.
Pensaba un poquito en el futuro ¿qué te pasará? ¿qué pasará con vos?
Lo que Dios decida. Lo que Dios decida.
¿Qué tenés ganas de que te pase?
Mirá, ya lo que no me pasa es demasiado. Ya que no se me muera nadie, ya que
pueda ver, por ejemplo, toda esta gente como las mujeres en lucha, las Madres,
Alfredo, tanta gente que luchó por la verdad en este país, siendo candidatas a
senadores y senadores para mí ya es una gracia infinita. Yo solo le pido a Dios
que no se muera más nadie. Todo lo demás es gracia. 
Queda una cosa más. Ahí hay un espejo, vení acompañame.
¿Qué pasa con el espejo?
Uahh, ¿qué pasa con el espejo? Es terrible lo que pasa con el espejo (risas).
Tenés que mirarte ahí y decirme qué ves.
¿Qué veo? A mí.
Bueno, ¿y qué ves?
Una gorda, periférica, provinciana y margi-nal.
Ya lo tenías pensado (risas). Falta una cosa pero es una pavada.
¿Qué? 
El programa se llama La Luna, entonces vos tenés que pararte ahí como si
estuvieras mirándola, hacé lo que tengas ganas, mirá, no mires.
¿Qué hago? ¿Dónde está la luna que yo no la veo?


Fotos: Ezequiel Torres Producción: Márgara Griffin Maquillaje: Virginia Pizzorno
para S.C.M
Peinado: Guillermo Paparella de Acqua Estilistas Urbanos Agradecimiento: Fem Fem
(Galerías Pacífico) y Mamy Bleu (Av. Santa Fe 1346)



Jorge Lanata

(Jorge Lanata) ¿Cómo era tu casa en el Chaco?
(Elisa Carrió) ¿Cuándo era chiquitita?
¿Te fuiste mudando muchas veces?
No, una vez.
¿A qué edad te mudaste?
A los 7, 8 años. Pero hasta los 6 o 7 viví en una casa que estaba lejos del
centro. 
En Resistencia.
Sí. Papá tenía un caballo en el patio. Yo almorzaba dos veces: en mi casa y en
la de una familia amiga, con lo cual comía dos veces. Y ahí me acuerdo de la soda
porque en mi casa no había soda. No sé por qué.
¿Era una casa con patio interno?
Sí, pero papá era capaz de todo, a él se le ocurrió traer una yegua del campo.
Después nos llevaba y andábamos con la yegua por ahí. Nosotros vivíamos donde
estaba el tren y después de eso venían las quintas.
Estaban en el límite de la ciudad, digamos.
Sí, era a cuatro cuadras.
¿Y la otra casa?
La otra casa era en pleno centro, que es donde viví siempre y de la que nunca me
mudé, a pesar de los maridos (risas).
¿Ahí viviste con tu esposo también?
No, pero nunca cambié de domicilio, porque para mí mi casa es esa casa. Ahora no
sé cómo se llama, creo que Frondizi.
Ah, le cambiaron el nombre. Rawson 326, ahí vivís vos o vivías o viviste
siempre.
Sí, ahí fui y vine.
Y ahí en Rawson 326, ¿vivía tu tía? Había una tía tuya que vivía con ustedes.
Sí, la que murió. Era la hermana de mi mamá, murió cuando yo tenía 8 años, creo
que ella tenía 26.
Era muy joven. ¿De qué murió?
Me acuerdo que fue una impresión muy grande porque íbamos a ir a comer a la casa
de unos amigos y dice: Manucha no se puede despertar. Y yo dije: está muerta.
Creo que ella inició la cadena de muertes en mi vida, ¿no?
Por eso te preguntaba. Y después hubo dos compañeras tuyas de colegio que se
murieron, ¿no?
Sí, también.
¿Te acordás los nombres?
Sí, una se llamaba Mónica.
¿De la primaria?
Sí. En realidad era vecina de la casa de mis tíos y siempre me quedó el miedo de
ahí, la nena murió violada y estrangulada.
¿En serio? Qué horrible. A esa edad, a los 8, 9 años. ¿Encontraron al tipo
alguna vez?
No sé. Yo siempre viví con miedo.
Y sí, cómo no.
Y después se murió mi otra amiga, cuando yo tendría 12 años, y empezó toda la
muerte de mi familia hasta los 18, 19, que se me murieron todos mis compañeros de
facultad y mi novio. Ahí me enfermé.
¿De qué?
Y, me trataron como epiléptica, pero en rea-idad se ve que la angustia no me
dejaba vivir y pasaba a un tercer estado en el que yo hablaba con todos los que
se habían muerto. Después estuve en tratamiento psiquiátrico en Buenos Aires y un
día empecé a ver el sol.
Te mandaron acá.
Y me desmayaba nueve veces por día y así rendía. Porque rendía igual, funcionaba
en los dos niveles, o sea que sacaba sobresaliente y me desmayaba nueve meses. 
¿Vos tenías cuánto? ¿15?
Estaba en la universidad. Porque yo rendí libre, y a los 19, 20 ya estaba
recibiéndome. 
Y a los 16 te casaste. 
Y a los 16 me casé, a los 17 tuve a mi hijo y a los 18 me separé. 
¿Es el que ahora está en Londres?
Sí. 
Laburando de lavacopas.
Sí, hace cine también, porque él busca su libertad y además quiere ser anónimo.
Y me dijo: yo necesito vivir en un país en donde no pueda mentir y donde los
demás te crean, así que bueno, el gran desafío también es construir un país donde
la verdad pueda instalarse sobre la mentira para que nues-tros hijos puedan
volver.
¿Cuánto hace que se fue?
El se va y viene porque es un caminante de América latina. Va, viene, vuelve.
Está buscando su destino y eso me parece maravi-lloso. Y además trabaja de
lavacopas, de mozo. Siempre fue muy mimado y tuvo todo y viajó conmigo a todos
lados y viajó por todo el mundo, y un día me dijo: “cuando vi el mundo desde el
lugar del restaurante me cambió la vida”. Y para mí eso es maravi-lloso. Porque
aparte quería jugar al rugby, ¿entendés? 
¿En Buenos Aires estuviste internada en algún lugar con tratamiento?
No, me trajeron al Italiano y después empecé un tratamiento...
¿Cuánto tiempo pasaste?
Un año con mucho dolor porque tenés persecuciones, obsesiones, pero salí. 
Leí sobre el tema del accidente de tus compañeros y de un ex novio tuyo. ¿Iban
en dos autos ustedes?
En realidad, yo rendí primero, ellos rindieron esa tarde, y nos fuimos a
festejar. Mi mamá no me dejaba salir porque yo era de buena familia y estaba
separada. Y la verdad es que nadie sabía eso y entonces una compañera me dijo:
voy a ir a estudiar a tu casa a las doce de la noche, y me adelanté, a las cinco
de la mañana me avisaron que se habían muerto todos. Creo que recién hace dos
años se me fue el dolor. Es un dolor que me acompaña toda la vida. 
Decís una cosa que me impresionó y que es cierta: que uno se muere cuando se lo
deja de recordar, no cuando se muere físicamente.
Yo lo recuerdo siempre. 
¿Cómo era tu viejo Coco?
Espectacular. Un irresponsable total. El otro día estábamos en un acto, entonces
Schiller decía “yo fui hijo de ferroviario”, Alfredo, “yo hijo de panadero” y yo
diría “hija de un heredero irresponsable” (risas). Mi papá era el tipo más
maravilloso porque era anticapitalista; él sabía lo que era la vida.
¿El venía de una familia de guita?
Para lo que es una provincia, sí, educado en los mejores colegios de Buenos
Aires. Él contaba que estuvo internado en colegios ingleses y tenía un campo en
Palermo. Mi bisabuelo llegó porque mi bi-sabuela era maestra de la hija del
General Donovan.
¿Quién era el General Donovan?
Fue el que entró en el territorio nacional. 
O sea que tu viejo se crió parte ahí y parte en colegios sagrados. 
A los 7 años lo sacaron y lo metieron en uno que no me acuerdo cómo se llama. Y
des-pués creo que estuvo en el La Salle, des-pués en la Inmaculada y en el Santa
Fe. Todas mis tías se iban de la estancia a estudiar afuera.
¿Y de dónde me salió socialista? (risas)
Mi papá era el tipo más inmensamente libre que yo conocí. Es el que me decía:
mirá, si yo tuviera dos vidas, en una hago la que hace tu mamá y en otra la que
hago yo, pero como tengo una sola hago exactamente lo que quiero. Entonces cuando
se aburría se iba tomar un café y volvía a los dos meses, a las dos semanas.
¿Tu vieja se lo bancaba?
No. Pero él era así, además lo amaba todo el mundo. Una vez fuimos al cumpleaños
de mi abuela al campo y empezamos a parar en las chacras y en todas sacaban el
Smuggler para Coquito. Y su velorio fue un éxito, como dijo mi hermano el que
murió: esto fue un éxito. Porque él jugaba con mujeres de la calle, jugaba al
Prode, entonces estaban ahí el lustrabotas, el gobernador, las tías paquetas. 
¿Después de que murió cómo se dividió la guita de la familia?
Como se iba muriendo la gente, nosotros íbamos heredando, de a poco. Mi mamá
trabajó toda su vida.
¿Tu viejo qué hacía?
Él fue diputado y después, creo, vendía seguros. En realidad mi mamá se
confundió con mi papá.
¿Por qué?
Porque como él era un heredero educado en los mejores colegios en esas
provincias y, además, era representante de la Franco y tenía un Mercedes Benz, mi
mamá dijo: me casé con un heredero y fue un fracaso capitalista el tipo. Pero un
tipo maravilloso, él me enseñó lo que es la libertad absoluta y el amor absoluto,
él era un tipo que trataba igual, y en serio, al peón que al presidente. Igual
desde el alma, digamos ¿no?
¿Y encontraste en tu vida alguien como Coco a lo largo de los años?
No. 
No.
Bueno, para todos los sobrinos, para todos los hermanos, para todos él fue un
ser excepcional. Cuando los otros se estaban peleando por la herencia, él dijo:
yo quiero una vaquita de porcelana. Un tipo que ganó la Lotería y la regaló.
Somos un error genético en realidad.
¿Y cómo tendrías que haber sido?
Como mi mamá. 
¿Cómo?
En parte ordenada, prolija... 
¿Con miedo?
Sin errores.
¿Con miedo?
No sé, mi mamá no tiene miedo.
¿Vos sí?
Tuve mucha angustia con las muertes durante mucho tiempo, pero la fe me sacó el
miedo. Nunca tuve miedo a las cosas exteriores, siempre tuve una gran angustia en
el pecho, nada más. 
¿Y con la muerte, qué era lo que te pasaba?
No, yo tenía miedo de querer a las personas, porque decía: si las quiero, se me
mueren. Y me sentía como culpable de querer temiendo que se me muriera y esto se
agravó un poco con la muerte de mi padre, la muerte de mi hermano y la muerte de
mi íntima amiga en tres años, hace poco, fue muy fuerte.
¿Cómo murió tu viejo?
De cáncer. 
¿Estuviste con él cuando...?
Bueno, él me pidió que vaya a la convención, yo estaba en la universidad, nunca
había entrado a un comité, tenía un estudio muy grande y entonces le dije: ¿vos
querés que yo vaya a la convención? El ya estaba en cama para morirse.
A la Convención Constituyente.
Claro.
En Santa Fe.
Y le dije: ese lugar es tuyo, si vos querés que vaya, voy. Y me dijo: yo te
quiero ver. Yo tenía un hijo que tenía tres meses, Ignacio. Y cuando volví me
dijo: bueno, ya estamos todos y se murió. 
¿Llegó a verte?, claro me decís que vio todo el tiempo la Convención.
Y ahí es donde me dijo que le hubiera gustado que yo haga lo que él no pudo
hacer, o lo que no pudo hacer mi hermano Rolly. 
¿Cuál era la misión de Rolly con tu viejo o para él mismo?
No sé, Rolly era como mi padre, era un tipo espectacular, tuvo algunos problemas
con el alcohol, fue a Malvinas.
¿Fue combatiente de Malvinas? 
No, no fue combatiente, estuvo como estudiante crónico de Medicina y se recibió
a los 40 años.
¿Se recibió a los 40?
Sí. Maravilloso igual que el otro y creo que cuando vino que recibió a la gente
del Belgrano y después no resistió la vida.
¿De que murió?
De eso.
¿También de cáncer? 
Del alcohol. 
Ah, del alcohol, de cirrosis o algo así.
No sé, no sé.
No sabés. 
No quiero hablar.
Te atacaste cuando el tema del alcohol, ¿tu viejo también tomaba alcohol, no? 
Mi viejo tomaba cerveza, pero era un tomador social. 
¿Te asusta eso, te asustó alguna vez?
No sé, a veces tengo una sensación muy particular. Vi tanta paz en el rostro de
mi hermano cuando murió. Lo que sí, de ahí no tomé más, porque yo no tomaba mucho
pero tomaba, me gustaba tomar en una reu-nión y de ahí no tomé más. 
¿Fuiste a misa hoy?
Sí, todos los días. Hoy no, me parece que hoy voy a tomar la comunión. Fue un
día maravilloso porque hubo cataratas de verdad en la Comisión, testimonios
maravi-llosos.
¿Qué sentís cuando estás ahí y ves que alguien o vos, en este caso, puso un palo
en el medio de la rueda y todo el mundo se paró a mirar? 
Nada, yo creo en la verdad porque la verdad es sana. La verdad nos sana como
seres humanos. La verdad sana a un país. Yo me enamoro de las causas. Aprieto
para adelante hasta que consigo. Puedo tener la perseverancia y espero y además
rezo, por ejemplo, ahora con el tema de Eduardo Menem, ya está la foto de Vaquir
y ya está el testigo, no sólo de la presencia de E-duardo Menem, sino de sus
relaciones con Yabrán. 
Cuándo pedís, ¿qué le pedís a Dios?
Yo le agradezco a Dios y lo escucho. A Dios no se le pide. Hay que poder entrar
hacia adentro de uno mismo y hasta los que no creen en Dios sí tienen
interioridad: es la voz del alma, hay que escucharlo y hay que obedecerlo. Y para
obedecer a Dios hay que ser inmensamente libre.
¿Qué aprendiste creyendo en Dios?
A obedecer, a dejar, a saber que renunciando a todo se puede ganar todo, pero en
la renuncia, en la entrega está la cuestión. Y eso me hizo perder el miedo a las
consecuencias de la acción, es decir, a tu prestigio.
Es parecido a qué, ¿a dejarse llevar, a hacer?
A obedecer, pero es una obediencia del orden de la libertad.
¿Esa obediencia está en vos?
¿Sabés qué es? Yo ahora lo entiendo a Alem: “Hay que hacer lo que se debe
hacer”, ¿no? En cada momento de tu vida hacer lo que debés hacer aunque sea
tremendamente doloroso.
¿Pero vos decís que uno mismo se dice lo que debe hacer?
Y sí, te lo dicen los principios, te lo dice el alma.
A ver, ¿cómo?
Es del orden de una renuncia, es perder la comodidad, renunciar a los
privilegios, es renunciar a los bienes, es renunciar a la disputa, es poner
generosidad donde hay mezquindad, es renunciar a los cargos, es renunciar a los
honores, es renunciar a la familia.
¿O sea estás todo el tiempo peleando con vos misma?
No, no. El te saca todo, hay una frase de la Biblia que es maravillosa. Que te
dice que él te saca todo y después te devuelve todo, ¿no? Pero que tenés que
estar dispuesto a algo del orden de la renuncia que realmente no es una vía de
alegría, es una vía de mucho dolor. Yo he llorado mucho.
¿Qué pensás que piensa el otro cuando hablás así? ¿Cómo reacciona la gente
cuando te escucha hablar de Dios?
No sé. Fui agnóstica bastante tiempo y los amigos más agnósticos míos me dicen:
no hables de esas cosas. Y lo que no se entiende es que la vida cristiana es un
testimonio, vos no podés dejar de hablar. 
Claro.
Ahí encontré un nivel de prejuicio más grande, no en los budistas, no en los
judíos, yo amo todo. Además, a mí me encanta el día del Perdón, yo soy
profundamente ecuménica, creo que Cristos hay en todos lados. En cambio, el
agnóstico se ríe un poco de esto y además me han tratado de loca, de mística, y
todo este tipo de cosas.
Es curioso eso ¿no? Porque a un obispo nadie le dice eso. En cambio, escuchan a
una persona diciendo creo en Dios y ya se pudre todo. 
Lo que pasa es que molesta el testimonio. Mis amigos políticos me trataban de
loca porque en realidad yo votaba como ellos deberían votar, y algunos amigos
religiosos me trataban de que exagero con la cruz que, en realidad, me la regaló
un obispo. La verdad que a mí me parece grande pero me la regaló para que me
cuide. Les molesta el testimonio. Porque también hay muchos cristianos cómodos
que creen que con la comunión del domingo basta.
Te decía “pelear con vos misma” porque Gandhi decía que él no peleaba contra los
ingleses: se peleaba contra él porque quería ser mejor, se peleaba porque veía
que no podía hacer todo lo bueno que quería hacer.
Así es, uno se siente miserable, tantas veces se siente mezquino, se siente
impotente, es cierto, uno pelea contra las miserias de uno mismo.
¿Qué te encontraste haciendo que dijiste: uy, cómo estoy acá?
No sé que me pasó, siempre digo que el patio está colgado de las estrellas y que
este tipo me jugó una mala jugada (risas). Y me mando un tren donde yo muchas
veces pensaba: y yo qué estoy haciendo acá.
¿Te encontraste en situaciones así? ¿Qué hace una persona como yo en un lugar
como éste?
Sí, y sufrí mucho. Me acuerdo que un día casi renuncié porque se había muerto mi
hermano, tuve la interpelación de Alderete, que fue una cosa en la que hay que
soportar el espanto, el asco, y después vino Oyarbide y creo que salí de ahí y
dije: ya no doy más, y ahí un amigo, Carlos Ulanovsky, me ayudó, y su mujer me
dio las pastillas milagrosas que me cambiaron la vida (risas). A Mónica yo le
agradezco mucho porque me cambió la vida. 
¿Pensaste en dejar todo alguna vez?
Muchas veces.
¿Y qué pasó?
No podía hacerlo, llega un momento en una situación en que dejar es huir, y huir
es abandonar al otro. Y yo no podía abandonar al otro, sobre todo a quienes
representan al Chaco. En realidad siempre pude renunciar a todo en mi vida porque
a mí me encanta renunciar y empezar de nuevo. Pero me di cuenta que en el mandato
popular no se puede renunciar. 
¿Estás durante el día un tiempo sola o estás todo el tiempo con gente?
Estoy sola cuando estoy con gente, y estoy sola cuando estoy sola. Puedo ir en
el taxi o en el auto rezando el rosario y puedo estar en una reunión y puedo
estar sola bastante tiempo. Me dicen que me voy a Marte. Además tengo dos o tres
horas diarias de oración. Yo estoy mucho conmigo misma, casi siempre.
¿Y en ese momento qué pensás?
Pienso en tantas cosas, pienso todo el día y después pienso en como no aburrirme
y de ver qué cosa voy a hacer después. 
¿Qué cosas no pudiste hacer?
¿En la vida?
Sí.
Que sé yo. Tantas o ninguna. No se puede decir. A lo mejor hubiera querido que
alguien me sostenga alguna vez. 
¿Tu relación con tu viejo era así, él te sostenía o vos lo sostenías a él?
Él me sostenía, porque lo que sostiene es el afecto. Él me sostenía, creo que
cuando se murió sentí que me quedé sola. Pero des-pués conocí a Alfredo Bravo y
creo que él es un poco esa figura afectiva. Él es mi padre muerto.
Tiene algo de Coco.
Sí, son parecidos. Son muy parecidos.
¿Son muy parecidos físicamente?
Sí, además son parecidos físicamente. Victoria dice: es muy parecido al abuelo.
Nosotros hablamos del abuelo todo el tiempo, así que sí, además es el sostén.
Porque mi hermano, mi madre, todos sostuvieron.
Tuviste tres hijos.
Sí. 
Tenés tres hijos. ¿Cómo es tener un hijo?


“Yo le agradezco a Dios y lo escucho. A él no se le pide.
Para obedecer a Dios hay que ser libre.”

Es maravilloso. El don de mamá es lo más maravilloso del mundo. Yo quisiera
tener otro hijo. Soy una irresponsable como madre, vuelvo a aclarar a todos, soy
la peor de todas y eso salió en la encuesta y es así, pero a mí me encanta.
No, en realidad salió una cosa muy rara porque salió que la gente te identifica
como madre pero no te daría sus hijos (risas). Es muy impresionante esa encuesta.
Es muy impresionante.
Y en lo que tiene razón es cierto. Amo los chicos, tengo una relación muy
particular pero soy una inútil total. 
A tu hijo mayor lo llevaba tu padre al colegio.
Sí. Ellos andan conmigo divirtiéndose por la vida pero nunca le hice un
sandwich, diga-mos, ¿no?
Y tenés dos más chiquitos.
Victoria que es un clon mío.
¿Cuántos años tiene?
Tiene 10 e Ignacio 7.
Y no hacés con ellos la vida de madre. No, claro, no los llevás al colegio.
No, ellos andan conmigo de campaña, la última campaña que tuvimos en el Chaco
subían los chicos conmigo, parábamos en los hoteles, andábamos por los asados,
ellos están acostumbrados a vivir con el mundo. Victoria dice que mi casa era la
casa del Gran Hermano.
Ah, te dice así.
No, voy a decir una mala palabra, pero Ignacio dice: “Mamá la gente que te
saluda, y yo parado como un boludo acá al lado. Siete años tiene.
Respondeme si tenés ganas, si no no ¿por qué te separaste la última vez?
Cuestiones privadas. Es un camino muy difícil el de la política, es muy difícil
en términos de estar lejos de tu casa, es muy difícil para una mujer, hay mucha
incomprensión en la función que uno tiene que hacer ¿no? 
¿Te cobraron la entrada, el doble todo el tiempo siendo mujer o no, en la
política?
No, me usaron, que es otra de las formas.
Ah, era como la minoría a mostrar, digamos. 
Así es.
Como la minoría chicana en una serie yanqui.
Me usaban para que Rozas gane las elecciones a gobernador, fui usada para ganar
diputados nacionales, fui usada para que gane Fernando de la Rúa, hasta que dije
“dejé de ser un souvenir”. La verdad que yo lo hacía con enorme generosidad,
pensando que la generosidad estaba en el otro y me di cuenta que las relaciones
eran mercantilistas y de uso. No me arrepiento pero también decidí dejar de ser
usada, porque era ser cómplice.
Sí, claro. ¿Cuándo te diste cuenta de eso?
Con Fernando de la Rúa. 
O sea ahora.
Cuando asumió el gobierno y me traicionó y traicionó toda la palabra que todos
habíamos puesto. No se lo puedo perdonar jamás porque la palabra es la persona.
Vos sabés que pedías disculpas por decir malas palabras, yo digo todo el tiempo,
así que en el poder no hay boludos: hay hijos de puta, los boludos no llegan, en
general un boludo no llega al poder. No creo que la gente sea tonta. 
O es cómplice.
O es cómplice o lo está haciendo a propósito. 
Lo que pasa que para mí fue un aprendizaje. Yo lo he visto sufrir mucho a mi
padre, pero mi padre me vendió un radicalismo idealizado. Además lo que yo
escuchaba e-ran paradigmas, yo lo escuchaba a Illia cuando era chica.
¿Es cierto que tu viejo lo llamó a Illia para que hablara con tu madre?
Sí. Illia los reconcilió.
Es maravilloso.
Esa historia es maravillosa. Illia la llamó a mi mamá para decirle: mirá, Coco
es buen hombre... Pero yo me acuerdo que en el patio de la casa de los Conde, en
Carlos Paz, después del derrocamiento, yo era muy chiquita, ahí Illia vivía
contando que “a mí no me tumbaron porque yo era una tortura, a mí me tumbaron
porque yo no quería firmar los negocios que los otros me mandaban”. Era un
republicano de ley, él no es De la Rúa. De la Rúa es un cómplice, él era un
republicano.
¿Tuviste relación personal con De la Rúa?
En la campaña porque lo ayudé. Muchos que después fueron ministros me decían que
no lo acompañe. Sinceramente, yo lo acompañé porque había peleado mucho por la
Alianza, yo no lo hubiera elegido candidato de la Alianza, pero sin embargo me
parecía, por un lado, que tenía algún rasgo de consistencia mayor al de Graciela
Fernández Meijide. Pero vi cómo todos eligieron los privilegios y los honores,
recuerdo cuando me ofrecieron ser viceministro del Interior y yo dije: “No voy a
ser gendarme de los pobres”, porque la traición se consumó en el mismo momento
que se designó el gabinete. 
¿Con Chacho qué te pasó?
A Chacho no le perdoné que se vaya. Me acuerdo que lo llamé y le dije: “Te voy a
acompañar y si eso significa el juicio político del presidente hay que pedirlo”.
Creo que él se asqueó, pero también creo que es para dar asco. Pero que hay un
espacio en la ciudadanía y que nos mandaron a pelear en el barro.
No, aparte, si no podés hacer nada siendo vicepresidente.
Entonces realmente me dio mucha bronca porque creo que fue un error de él pero
creo que es una persona honesta y creo que hay algo del orden del arrepentimiento
y la ge-nerosidad que debe existir. El no es un cómplice. En todo caso es un
hombre que se equivocó pero que en muchos momentos acertó.
¿En cuánta gente creés? 
En todos.
Habrá gente anónima en ese caso pero te digo ¿en gente que te rodea, compañeros
de bancada? 
Creo en muchos y creo en muchos más de los que están. Creo que hay mucha gente
que tiene miedo, creo que hay mucha gente a la que le resulta más cómodo bajar la
cabeza, pero que no son malas personas, creo que hay un espacio de reconstrucción
posible, yo quiero a muchos radicales, a muchos compañeros de banca radicales los
quiero mucho -salvo a los cómplices-, yo sé que ellos me quieren mucho a mí. Lo
que pasa es que bueno, después me tocó bancarme la soledad, pero algunos decían:
fuerza. 
Pero no estaban con vos ahí.
Y además me convertí en una leprosa, nadie se quería sentar conmigo.
¿De qué cosas te avergonzás?
No tengo vergüenza.
¿No? Que no tengas vergüenza es una cosa y que no te avergüences es otra.
No, no me avergüenzo. A lo mejor de alguna cosa de mi pasado pero no. No soy una
persona culposa. No tengo culpa.
¿El tema aquel de tu familia con la dictadura?
No, fue como una relación muy difícil y además había una cosa muy extraña porque
mi madre fue funcionaria de la dictadura, pero a su vez peleó para que un
diputado peronista estuviera preso en mi casa. Fue una relación muy compleja
porque había ahí algo del orden de la discusión por la dictadura y algo también
del orden de la ge-nerosidad de alguien que se estaba jugando cuando todo el
mundo no miraba a nadie por la calle, así que nosotros teníamos un chofer y un
guardia policial, son esas cosas que pasan en provincia, ¿no?
¿Qué pensás que te perdiste habiéndote criado en el interior si es que te
perdiste de algo?
No, gané todo.
¿Ganaste?
Gané el silencio, gané la interioridad, fui jurista mucho tiempo, profesora
universitaria. En la provincia siempre hay un tiempo para pensar, para reconocer,
hay tiempo para el bar, hay tiempo para el contacto con el otro. No, la provincia
es el espacio con el otro, el que fue criado en el campo, el que fue criado en un
ambiente de provincia, de un pueblo tiene ahí una energía que te permite superar
el resto ¿no? Y la alegría.
¿Cuándo fue la última vez que fuiste al Chaco?
Ahora, hace una semana porque allá decían que yo iba a ser candidata, el
gobierno y el gobernador decía que me había ido a la ca-pital y en realidad yo
siempre decía que podía ser candidata para sostener poder y ayudar a la Comisión,
pero siempre supe que no iba a ser candidata porque no podía votar acá, tengo que
votar allá. 
Ahora te vas a mudar como Meijide.
No, no lo podría hacer. Y Alfredo lo sabía, lo que pasa es que me querían
convencer y yo tampoco los quería abandonar a ellos, dije: algo va a pasar, Dios
algo va a hacer para que yo pueda votar en mi escuela, en la escuela de mis
abuelas y para que todos podamos estar juntos y Dios hizo milagros, me da
candidatos maravillosos en todos lados y yo no soy senadora.
Pensaba un poquito en el futuro ¿qué te pasará? ¿qué pasará con vos?
Lo que Dios decida. Lo que Dios decida.
¿Qué tenés ganas de que te pase?
Mirá, ya lo que no me pasa es demasiado. Ya que no se me muera nadie, ya que
pueda ver, por ejemplo, toda esta gente como las mujeres en lucha, las Madres,
Alfredo, tanta gente que luchó por la verdad en este país, siendo candidatas a
senadores y senadores para mí ya es una gracia infinita. Yo solo le pido a Dios
que no se muera más nadie. Todo lo demás es gracia. 
Queda una cosa más. Ahí hay un espejo, vení acompañame.
¿Qué pasa con el espejo?
Uahh, ¿qué pasa con el espejo? Es terrible lo que pasa con el espejo (risas).
Tenés que mirarte ahí y decirme qué ves.
¿Qué veo? A mí.
Bueno, ¿y qué ves?
Una gorda, periférica, provinciana y margi-nal.
Ya lo tenías pensado (risas). Falta una cosa pero es una pavada.
¿Qué? 
El programa se llama La Luna, entonces vos tenés que pararte ahí como si
estuvieras mirándola, hacé lo que tengas ganas, mirá, no mires.
¿Qué hago? ¿Dónde está la luna que yo no la veo?  

-- 
Saludos,
 radical                          mailto:radical@550m.com





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