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Asunto:[atlantologos] La Atlántida en la Península Ibérica (2ª Parte)
Fecha: 6 de Agosto, 2001  22:38:15 (+0200)
Autor:Georgeos <atlantis_34 @.......com>

Lengua y Escritura de los Atlantes: La Clave Bilingüe
Georgeos Díaz

Sí, aunque parezca increíble y gracias a Platón, también he podido identificar,
con un alto porcentaje de seguridad, la lengua de los atlantes, así como su
escritura. Y es que ahora me resulta también impensable que nadie lo hubiese
hecho antes, de que nadie se percatara de que el Filósofo nos ofrecía varias
pistas sobre la lengua y la escritura de los atlantes. 

Platón en el encabezamiento del Kritias y en boca de este ya nos advierte que:

“...es necesario llamar la atención sobre un detalle, para que no os sorprendáis
si escucháis nombres helenos de hombres extranjeros. Conoceréis la razón de
dichos nombres. Puesto que Solón queriendo investigar el relato para su poesía,
investigó el significado de los nombres y descubrió que aquellos egipcios los
tradujeron a su propia lengua al escribirlos, y el a su vez, tras conocer el
significado de cada uno (de los nombres), los retradujo a la nuestra cuando los
escribió [...] Por tanto, no os admiréis si escucháis nombres como los de acá,
pues ya conocéis la razón...”

Según parece, Solón pudo acceder tanto al texto egipcio como al original, ya que
como comprobaremos a continuación nos ofrece un nombre que él afirma ser de
lengua atlante. Con esto Platón nos ha legado una preciosa clave bilingüe, a
manera de pequeña estela de Rosetta, lo que me ha permitido reconocer la
filiación de la lengua atlante dentro del grupo de las antiguas lenguas
indoeuropeas. Esta clave se halla en el pasaje donde Platón habla del reparto de
las comarcas atlantes en diez regiones (una por cada rey hijo de Poseidôn). Es
así como nos lo cuenta:

“...Al gemelo que nació después de él (Atlas), al que tocó en suerte la parte
extrema de la isla (o península) del lado de las Estelas de Herakles (Columnas de
Hércules), hasta la tierra denominada actualmente Gadira le dio el nombre en la
lengua del país (es decir, en atlante) de Gadiro y en helénico Eumêlo...”

¡Magnífico! Si el nombre de Gadiro se traduce en griego como Eumêlo, entonces,
sabiendo lo que significa este en la lengua helena sabremos también el
significado del nombre atlante. Pues bien, este nombre, que se escribe en griego
como Eumhlos (el lector puede comprobarlo en cualquier diccionario de griego) se
traduce como “el Rico en Ovejas” o simplemente “el Ovejero”. Así pues solo me
quedaba buscar en que lengua de la antigüedad se hallaba una palabra
isofonosemántica, es decir, igual en sonido y significado, a la voz Gadiro para
reconocer con esto a la lengua atlante. Y así fue como, después de agotar la
búsqueda entre las lenguas más cercanas o sea, del entorno mediterráneo, que
encontré la voz gaddara o gaddarî, con el significado de “ovejas”, “carneros”,
“corderos”, “cabras” y “rebaños en general”. Todas ellas en varias de las lenguas
del grupo indoiránio (grupo de lenguas indoeuropeas representado por dos grandes
subgrupos, el indo y el iranio, a los que suele aludirse con el nombre de ario y
que comprende el sánscrito y otras lenguas como el gujarati, el hindí, el persa
antiguo, el avéstico, el pehlevi, el medo, el escita, el parto y el persa medio).
En fin que la lengua de los atlantes podía pertenecer pues a la familia
indoeuropea. Esta conclusión podría parecer muy arriesgada si se basara en una
sola palabra. Pero este no parece ser el caso como comprobaremos a continuación.

Esta vos gaddarî o gaddara comparte la misma raíz indoeuropea *GAD- o *GED- (el
asterisco delante de la palabra significa que es reconstruida o supuesta) que la
hebrea guedî “cabra joven”, “cabrito” y la voz inglesa goat “cabra”, Aunque, sin
duda alguna, la palabra atlante Gadiro se asemeja más a las variantes
indoiránias.

Pero, ¿existen otras palabras atlantes en el texto del Kritias? es muy probable.
Platón, a través de su interlocutor Kritias, no nos asegura que todos los nombres
se hubieran traducidos a la lengua helena, lo cual se evidencia de manera clara
con el nombre atlante de Gadiro “el rico ovejero”. Así pues existe la posibilidad
de que hallemos otros nombres atlantes. Y así ha sido, he encontrado otros
nombres atlantes en el texto, pero por razones de espacio sólo comentaremos uno
de ellos, por ser el más importante de todos. Me refiero al propio nombre de la
Atlántida y al de Atlas, el cual, según el texto de Platón, había dado por fama
el nombre al país.

Atlas aparece en la mitología griega, desde las obras de Homero (s.IX-s.VIII a.
C.) como uno de los titanes que se rebeló contra Zeus (Atlas el que sostiene la
esfera celeste o el universo sobre sus hombros, padre de las Atlántides o
Pléyades y de las Hespérides).

Mientras que el resto de las traducciones helénicas de los nombres de los
hermanos de Atlas, el primer rey de Atlantis -la cual se llamaba nhson Pseidwn
(nêson Poseidôn) o sea, “Isla del dios Poseidôn”, antes de que tomara el nombre
de este primer rey Atlas- se pueden hallar en la lengua griega justificados por
otras palabras parientes con significados paralelos y derivados, con el nombre de
Atlas no ocurre lo mismo.

Para poder explicar su significado a través del griego habría que suponer o
imaginar que este es el resultado de una composición del prefijo negativo a- más
el participio de tlênai que es tlas o sea, a-tlas, lo que haría que tradujésemos
el nombre de este importante rey como “el insoportable”, “el que no es atrevido”
o sea, “el cobarde” o como “el impotente”. Desde luego que cualquiera de estas
supuestas explicaciones del nombre de Atlas, el más famoso de sus reyes, el que
por prestigio dio nombre a todo el país, resultarían verdaderamente absurdas.

Sin embargo, su nombre encuentra una clara explicación, acorde con su relevancia
y función mitológica, otra vez en las lenguas indoiránias donde he hallado las
voces atral y/o atlal, justamente con el significado de “espacio celeste”,
“cielo”. Atlas era el que sostenía la bóveda o esfera celeste. Desde luego que no
puede tratarse de otra mera coincidencia. En este mismo grupo de lenguas las
voces âtla, ätul, ätula y êtlîô significan “el centro”, “el espacio intermedio”.
Lo que unido al significado de atlal como “espacio celeste” dio origen al mito de
Atlas como el “centro, eje o pilar del espacio celeste o del cosmos”, lo que
también podemos rastrear a través de otras voces, igualmente indoiránias, como
son atâl y atala “pila, montículo, monte (de ahí el nombre del Monte Atlas),
colina alta o elevada, laja o estela y torre”. Voz que muy probablemente dio
origen también al término heleno sthla (stêla) “estela” usado por todos los
autores griegos para referirse a las Estelas de Herakles y que fue traducida
posteriormente por los romanos como “columna”.

El significado del nombre atlante Atlas, a través del indoiránio Âtlâ “espacio
intermedio” o “lo que está en el medio” se confirma de manera sorprendente a
través de la explicación de Platón de que la Isla Atlantis se ubicaba frente a
las columnas de Hércules, entre Gadira (o Iberia) y Libia (África) o sea, “en el
medio” de ambas tierras. Mientras que por otra parte tenemos los significados de
las voces semitas plg en fenicio “ mitad, dividido”, plg en arameo “la mitad” y
pelag en caldeo “el medio, la mitad”. Todas ellas emparentadas fonéticamente con
la vos helénica pélagos “piélago”, la que constantemente utiliza Platón para
ubicar a la Atlántida. Así como también parece estar emparentada semánticamente
con la voz euskera tarte “intermedio”, la cual explicaría el significado del
nombre de Tarte-ssós (-ssós es un sufijo ilirio o helénico que significa ciudad o
lugar) como la “Ciudad del Medio” o simplemente “La del Medio”. 

Por consiguiente, el nombre original de Tarte-ssos, es decir, Tarte, no era más
que la traducción ibero-tartésica del nombre fenicio plg o pelag, y este a su vez
de la voz atlante Atlas, Atalas o *Atlas-tán, ya que -stán o -tan es un sufijo
indoiránio para país o región. Así tenemos Luri-stán, Paki-stán, Kurdi-stán e
Indo-stán entre otros. Sufijo este también atlante que supervivió entre los
pueblos prerromanos en su variante occidental de las lenguas indoeuropeas como
–tán, según se evidencia en las fuentes clásicas cuando leemos nombres de
regiones o comarcas de la Península Ibérica y Libia como Turde-tania,
Bate-stania, Lusi-tania, Mauri-tania y Celti-tán “el País de los Celtas”. Esta
última confirmada por la numismática.

En resumen, el nombre original de la Atlántida pudo ser perfectamente -según los
principios de las lenguas indoiránias o indoeuropeas- *Atlastán o *Atlastania. Y
este por transposición o metátesis (cambio de lugar de uno o más sonidos en el
cuerpo de una palabra, como  premiso  por  permiso) pudo derivar desde *Atlastán
hasta *Atlántas y de aquí a la forma helenizada Atlantis, referida por Platón.

Una vez demostrado que la lengua atlante era indoeuropea sólo me queda recordar
que según Platón los atlantes tenían también su propia escritura . De esta
escritura atlante también podríamos hablar largo y tendido, ya que existen
numerosas inscripciones por casi toda la Península Ibérica que por sus atípicas
características no pueden clasificarse entre las escrituras conocidas, pero que
sin embargo presentan un claro nexo común entre los principales sistemas gráficos
del mediterráneos, como la escritura ibero-tartésica, la griega, la etrusca y la
fenicia. Justamente lo que debería esperar hallar en una posible Escritura-Madre
anterior a todas ellas.

Me resulta imposible ahora exponer estos numerosos ejemplos debido que aun se
encuentran en fase de investigación. Próximamente dedicaremos un artículo entero
(puesto que el tema lo merece) a la exposición de estas inscripciones atlantes y
sus respectivas traducciones desde las antiguas lenguas indoeuropeas.

Un último detalle: A principios de siglos el gran historiador y filólogo español
Juan Fernández Amador y de los Ríos defendió basándose en afirmaciones de los
cronistas medievales hispano-árabes que el mismo nombre de Andalucía era una
variante, por metátesis, del nombre de Atlantis. Esta conclusión es también
defendida hoy en día por el del eminente filólogo español don Joaquín Vallvé
Bermejo, vertida en su trabajo erudito La división territorial de la España
musulmana (CSIC, Madrid, 1986). Este dice que la expresión árabe Ÿazirat
al-Andalus (isla de al-Andalus) es una traducción pura y simple de "isla del
Atlántico" o "Atlántida". Esta puntualización de los historiadores árabes y de
Vallvé Bermejo cobra ahora grandes visos de verosimilitud, sobre todo cuando he
hallado que, también en las lenguas indoiránias, unas variantes de la voces atlas
y atalas “el espacio intermedio” son precisamente andara y andala. O sea, que el
nombre de Andalucía no sería mas que otra forma atlante del mismo nombre de
Atlantis o de la Atlántida. 

Esto no debería sorprender a nadie. Pensemos en lo ocurrido con el nombre de la
actual Cádiz. Se han conocido estas variantes y/o evoluciones: Àgdr (*Àgadir),
Gadeira, Gedira, Gadira, Gades, Cales, Calis, Caliz y Cádiz. Y así ha ocurrido
con casi todos los nombres de la Antigüedad hasta hoy. Unas veces por evolución o
transformación natural, otras por adaptación o traducción a otros dialectos o
lenguas extranjeras.

Si todo lo aquí expuesto no fueran más que simples coincidencias, entonces la
lingüística, la filología y la etimología no servirían para nada y el método
científico y riguroso no sería más que un simple engaño. Un extravío especulativo
de la mente. Mientras esto no sea así defenderé, basándome en estas disciplinas y
en el método científico, que la lengua de los atlantes, así como su escritura,
pertenecía a la gran familia de las lenguas indoeuropeas.

¡Vivan pues las coincidencias!
 


El Acueducto de Segovia: Un Monumento Atlante

Como ya adelantábamos en nuestra introducción Platón nos muestra a la
civilización atlante -en su fase de esplendor y expansión conquistadora- como una
cultura muy avanzada, tanto o más que las tres principales civilizaciones
contemporáneas del mediterráneo como la helénica o griega, la cartaginesa y la
romana.

Pues bien, de todos esos caracteres o logros civilizatorios de los atlantes el
que más me llamó la atención de todos fue el de que construyeran acueductos sobre
lo alto de los puentes. Así reza el siguiente pasaje del Kritias:

“...di ocetwn kata tas gefuras epwceteuon...”

“...por medio de los acueductos sobre los puentes canalizados...”

Desde siempre se ha afirmado que este tipo de acueducto sobre puente canalizado
fue una invención romana. Entonces...¿alguien podría explicarnos cómo pudo Platón
inventarse unos acueductos sobre puentes canalizados, nada menos que medio
milenio antes de su supuesta invención por los romanos? ¿y cómo es posible que un
detalle tan capital haya sido pasado por alto? Soy plenamente consciente que he
conseguido poner en un buen aprieto a varios expertos en romanología con este
“simple detalle” o aparente anacronía de la obra de Platón.

Ampliamente motivado por este pasaje tan revelador decidí echarle un vistazo al
más célebre de nuestros acueductos “romanos”, el Acueducto de Segovia. Desde
hacía tiempo sabía que este presentaba una serie de incognitas en cuanto a su
verdadera fecha de construcción y función. En efecto, los arqueólogos se han
cansado de buscar pruebas definitivas que aclaren estos enigmas y no han hallado
más que unos cuantos objetos aislados que lo único que nos podrían demostrar es
el paso de los romanos por el lugar, ya que ni siquiera se han encontrado una
ciudad romana que pudiera necesitar un acueducto de tal calibre. No existe ni la
más mínima referencia textual en las fuentes clásicas sobre la construcción, por
parte de los romanos, de este prodigio de la arquitectura. Pero eso no parece
importar mucho, ya que nadie -excepto el arkeoantropólogo Ribero-Meneses y el que
escribe- ha dudado de esta infundamentada adjudicación a los romanos. De hecho,
el único argumento que pueden esgrimir los romanófilos es el de su parecido
estilístico con otras acueductos presumiblemente romanos. Lo cual no sirve de
mucho, ya que bien podrían haberlo copiado los romanos, como era habitual en
ellos, a raíz de su llegada a la Península Ibérica. Recordemos que según se
afirma este tipo de acueducto no fue inventado hasta el siglo I d. C. o sea, más
de doscientos años después de haberse iniciado la conquista de Iberia. Muy
sospechoso...

A falta de pruebas que demuestren o justifiquen esta construcción tan soberbia,
los arqueólogos romanólogos se han visto obligado -supongo que por impotencia y
desesperación- a elaborar una teoría que bien podría entrar en el record Guinness
de las más ridículas y absurdas teorías que jamás se hayan creado. Los romanos
habrían construido el Acueducto de Segovia para que sirviera de propaganda
política o sea, algo así como para que todo el que lo viera pensara...¡Andá, hay
que ver, estos romanos eran unos genios!. Creo que sobran más comentarios.

Pero si había desesperación esta se ha tornado recientemente en una autentica
pesadilla, pues resulta que ahora se ha descubierto algo verdaderamente
enigmático y desconocido para la historia de la arquitectura. Se trata de
extrañas soldaduras entre las junturas de las rocas de manera tal que parecen una
sola. Según he podido comprobar, in situ, en algunos tramos extensos se pierde
todo rastro de la línea original o juntura que unía a los sillares, dando la
sensación de estar los bloques fundidos entre sí como si se hubieran derretido
las piedras para después consolidarse de nuevo.

Algunos creen que podría tratarse de una técnica desconocida que poseían los
romanos. Sin embargo yo tengo una explicación mucho más sencilla y lógica: los
bloques se han fundido por el efecto natural de meteorización y diagénesis o
conjunto de cambios físicos, químicos y biológicos mediante los cuales los
sedimentos se compactan. Entre los procesos diagenéticos cabe citar la
compactación, la cimentación, la recristalización, etc. Pero sólo existe un
problema en mi teoría, y es que para que una roca eruptiva como el granito -muy
usada en la construcción y pavimentación, precisamente por su dureza, compacidad
e impermeabilidad y resistencia al paso del tiempo- se erosione primero y después
se compacte y recristalice de manera natural, tiene que pasar con toda seguridad
un plazo de tiempo muchísimo mayor que el de unos dos mil años, si realmente se
tratara de una construcción romana. Creo que se necesitarían varios miles de años
más. Por ejemplo, una cifra como la que da Platón de 9.000 años a. C. (o 900 a.
C., suponiendo un error en las fechas) para el hundimiento de la Isla Atlantis
cercana al Estrecho de Gibraltar podría justificar este proceso natural de
meteorización y diagénesis.

Mientras no se me demuestre lo contrario defenderé -siempre desde la fuerza del
argumento, nunca bajo el argumento de la fuerza- que el Acueducto de Segovia es
un monumento atlante, uno de los acueductos sobre puentes descrito por Platón.

No en vano las tradiciones históricas medievales atribuyen a Hispalis o a
Hispán, (Isbán, según las fuentes árabes) uno de los sucesores de Hércules, la
construcción del Acueducto de Segovia. Muy probablemente un recuerdo mítico de su
construcción por los atlantes. No en vano también, esta era el área que ocupaban
los pueblos prerromanos conocidos como Arévacos, cuyo significado indoeuropeo
podría ser el “los antiguos gigantes” (del índico: arébhakkue) o “los antiguos
toros” (índ. arébhakue). La raíz bhak- en índico significa lo mismo “toro” que
“hombre grande o gigante” (según el dialecto). Mientras que arévaye significaría
“los hombres poderosos”. Cualquiera de estos significados encajaría perfectamente
en las descripciones de Platón. Recordemos que los atlantes rendían culto al
toro, y tanto en Segovia como en “El Tiemblo” un paraje sagrado no muy lejos de
Segovia tenemos estatuas a tamaño natural de toros realizadas siempre en granito.
Los célebres Toros de Guisando de “El Tiemblo” los identifico también como de
origen atlante. A propósito, guêssande, también en índico, significa “los toros”.
Pero creo que eso da igual, si al final seguro dirán lo de siempre: “¡bahh!,
simples coincidencias...especulaciones...tonterías...” Cuando la realidad es bien
otra. Digamos que, será más difícil rebatir mis teorías que aceptarlas.

Atlantis era la propia Península Ibérica. Y los recientes descubrimientos que
estamos realizando en las profundidades de las aguas del Estrecho de Gibraltar y
en las cercanías de Málaga, Cádiz, Huelva y Marruecos está arrojando pruebas
demoledoras de la impresionante exactitud en las descripciones de Platón,
respecto al hundimiento de la Isla-Acrópolis o Ciudad Sagrada del rey Atlas
dedicada al Dios Poseidón, y que según Platón se encontraba “junto, al lado mismo
de las Estelas de Heracles”.




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