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Asunto:[biblia] TERCERA JUAN: EL RELATO ACERCA DE TRES HOMBRES
Fecha:Viernes, 9 de Marzo, 2001  01:13:06 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

TERCERA JUAN: EL RELATO ACERCA DE TRES HOMBRES
 
por Ray C. Stedman
 
La tercera epístola de Juan nos ofrece una panorámica de la vida en la iglesia primitiva,
acompañando de forma maravillosa a la segunda epístola, que fue dirigida a una mujer cristiana
acerca de cómo enfrentarse con los falsos maestros que existían en aquellos días.
 
La tercera epístola de Juan fue escrita a un hombre cristiano acerca de cómo debía atender a los
verdaderos maestros que viajaban de un sitio a otro proclamando la palabra de Dios. Por lo
tanto, hallamos tanto un contraste como cierta semejanza entre estas dos epístola de puño y letra
de Juan.
 
Esta tercera epístola nos muestra algo acerca del problema causado por las diversas
personalidades dentro de la iglesia y en ella se mencionan a tres personas. Hay un hombre,
llamado Gayo, al cual va dirigida esta epístola. Hay un segundo hombre, llamado Diótrefes y un
tercero llamado Demetrio. Estos tres hombres son como tres clases diferentes de cristianos que
se encuentran en la iglesia durante cualquier época. Al igual que sucede con todas las epístolas
del Nuevo Testamento, esta es una epístola muy actualizada y sumamente importante. Para
comenzar, tenemos a un hombre llamado Gayo. Puede que éste sea uno de los tres Gayo que se
mencionan en otros lugares del Nuevo Testamento, aunque Gayo era un nombre muy corriente
en los tiempos novotestamentarios, como lo es Juan. Sea como fuere, es evidente que Juan le
conocía y le dirige esta carta en tono cálido y amistoso. A juzgar por lo que leemos, llegamos a
la conclusión de que Gayo era un hombre afable, cordial y generoso. Es importante fijarse en
tres cosas que Juan dice acerca de él. En primer lugar, era un hombre que tenía un alma fuerte y
eso es lo que hizo que Juan sintiese un profundo aprecio por él.
 
    "Mi oración es que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como
    prospera tu alma." (3ª Juan 2)
 
Aunque en otras versiones la manera de expresarlo sea un poco diferente, estas son las palabras
que hallamos en la Reina Valera Actualizada, que es una interpretación más exacta.
 
Creo que esas son palabras maravillosas para decírselas a una persona ¿no es así? "Ojalá que
seas igualmente fuerte en cuerpo como lo eres en el espíritu. Sería interesante aplicar esta
prueba a las personas actualmente. Si su aspecto físico fuese un reflejo de su estado espiritual,
¿qué aspecto tendría usted? ¿Sería usted una persona robusta, fuerte y viril? ¿O sería usted un
debilucho y decrépito, que a penas si se puede mover? Gayo era la clase de persona acerca del
cual podía decir el apóstol Juan: "ojalá tu vida física fuese tan fuerte como tu vida espiritual.
 
Además era consistente en sus acciones:
 
    "Pues me gocé mucho cuando venían hermanos y daban testimonio de tu verdad, es
    decir, de cómo andas en la verdad." (v. 3)
 
Su vida era un testimonio de la verdad y lo que impresionó a Juan no fue el hecho de que
conociese la verdad, sino de que la siguiese y la viviese. Tenía una vida consistente, porque no
predicaba una cosa y luego hacía otra, sino que andaba en la verdad y, finalmente, era generoso
en cuanto a su manera de vivir:
 
    "Amado, fielmente procedes en todo lo que haces a favor de los hermanos, y más aún
    cuando son forasteros. En presencia de la iglesia, ellos han dado testimonio de tu
    amor. Si los encaminas como es digno de Dios, harás bien." (vs. 5, 6)
 
Una de las señales de que una persona ha sido realmente tocada por Dios es el hecho de que se
muestra generosa con su dinero. Da con generosidad, con buena actitud y con gozo, tal y como
le gusta a Dios. Y este hombre es fiel (leal) a la hora de dar, lo cual quiere decir que da de
manera continuada y sistemática. No da solo cuando se deja llevar por sus emociones y cumple,
continuando fielmente con la obra que ha prometido realizar.
 
Lo que también está claro es que daba con gozo, porque Juan dice "como es digno de Dios o
como beneficia a su obra. Dios no quiere que nosotros demos porque nos sintamos obligados o
porque alguien está recogiendo una ofrenda especial. O porque sintamos que si no lo hacemos,
otros cristianos nos miraran con desprecio y Gayo da porque se deleita en hacerlo.
 
En un momento volveremos a los versículos siete y ocho, pero primero veamos quién era este
hombre llamado Diótrefes:
 
    "He escrito a la iglesia; pero Diótrefes, quien ambiciona ser el primero entre ellos,
    no nos admite. Por esta causa, si voy allá, haré recordar las obras que hace y cómo
    nos denigra con palabras maliciosas. No satisfecho con esto, él mismo no admite a
    los hermanos; además, impide a los que los quieren recibir y los expulsa de la
    iglesia. Amado, no imites lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace lo bueno
    procede de Dios, pero el que hace lo malo no ha visto a Dios." (3ª Juan 9-11)
 
Este es el primer ejemplo en la iglesia novotestamentaria de un jefe en la iglesia, alguien que
intenta dirigir la iglesia. Puede haberse tratado de un anciano o de un diácono o tal vez de un
pastor, es difícil saberlo, pero se trata sin duda de alguien que consideraba su labor como el
responsable de decir a todo el mundo en la iglesia lo que debía de hacer. Parece ser que en la
iglesia primitiva tenían alguna clase de lista de los miembros y si a Diótrefes había una persona
que no le agradaba, borraba su nombre de la lista y la echaba de la iglesia y Juan está
totalmente en contra de eso, dando claramente a entender que Diótrefes era culpable de cuatro
actitudes y acciones particularmente equivocadas. Para empezar, Juan dice que era culpable de
denigrar al apóstol "denigrando [predicando] en contra mía con palabras maliciosas y negando
la autoridad del apóstol Juan.
 
Sabemos, basándonos en lo que dicen otras epístolas, que los apóstoles desempeñaban un papel
único en la historia de la iglesia. Debían de poner los fundamentos de la iglesia y les había sido
concedida la autoridad necesaria para resolver los temas concernientes a la iglesia y es
precisamente esta palabra apostólica la que nos transmite el Nuevo Testamento y por eso es por
lo que tiene tal autoridad para los cristianos. Así que tenemos aquí el caso de un hombre que no
solo hacía caso omiso de la autoridad del apóstol Juan, sino que además hablaba en su contra,
diciendo cosas calumniosas y maliciosas contra el apóstol.
 
Es más, dice que Diótrefes se niega a recibir a los hermanos que iban cuando los ministros que
viajaban de un lugar a otro, hablando la verdad de Dios, iban a la congregación y no quería
tener nada que ver con ellos, echándoles y negándose a permitir que hablasen en la iglesia.
 
Una tercera cosa es que echaba de la iglesia a aquellos que hubiesen recibido en sus casas a
estos hombres. Se complace en lo que podríamos llamar actualmente "la separación secundaria.
No solo estaba en contra de los hombres que venían, sino en contra de aquellos que estaban
dispuestos a recibirles y esa ha sido una de las maldiciones de la iglesia desde entonces. Por
causa de esta tendencia a negar la amistad cristiana a alguien que le cae bien una persona que
no le cae bien a usted, se han producido en la iglesia extensas disensiones, perjudicando y
haciendo un daño que ya no se puede deshacer en modo alguno.
 
Pero de esas tres ofensas, ninguna de ellas era tan grave como aquella a la que Juan le concede
el primer lugar. El problema más grave que tenía Diótefres era que el se ponía el primero. Le
encantaba ser el primero, que delata a todas luces que estaba actuando conforme a la carne, el
yo primero. Yo primero y que el demonio se quede el postrero. Al actuar de ese modo, estaba
privando al Señor de su derecho a ocupar el primer lugar, pues es él quien tiene derecho a la
preeminencia. El debiera ocupar el primer lugar, pero en este caso el hombre se coloca el
primero y eso es algo realmente muy grave.
 
Por desgracia, actualmente hay en las iglesias demasiados hombres como Diótrefes y siempre
se caracterizan por esta actitud, queriendo ser los primeros y deseando parte de la gloria.
Privan a Dios de su herencia, robando lo que solo le pertenece al Todopoderoso. Recuerdo
haber leído hace algunos años que el Dr. H.E. Robertson, un destacado dirigente entre los
Bautistas del Sur y un gran erudito en el griego, escribió en cierta ocasión un artículo sobre
Diótrefes en una revista de su denominación. Algún tiempo después el editor informó que le
habían escrito veinticinco diáconos para anular sus suscripciones, sintiéndose personalmente
atacados.
 
Veamos ahora cuál es el consejo de Juan con respecto a esta situación, pero dese cuenta de que
lo que no hace es aconsejar a Gayo que cree una división en la iglesia, sino que dice:
 
    "Amado, no imites lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace lo bueno
    procede de Dios, pero el que hace lo malo no ha visto a Dios." (v. 11)
 
En otras palabras, no sigas a estos hombres que lo que quieren es la preeminencia. Si te
encuentran con alguien que está siempre con intrigas a fin de ocupar un puesto en las relaciones
cristianas, deseando estar siempre a la vista de los demás, no le sigas porque está siguiendo su
propio camino y no el de Dios.
 
Finalmente se menciona aquí a un tercer hombre, Demetrios, y todo lo que sabemos acerca de él
es lo que nos dice Juan:
 
    "Se ha dado buen testimonio acerca de Demetrio de parte de todos y aún por la misma
    verdad. También nosotros damos testimonio, y sabiendo que nuestro testimonio es
    veraz." (v. 12)
 
En este caso habla como un apóstol que posee el don del discernimiento. En este caso dice:
"Quiero enfatizar lo que todo el mundo opina acerca de Demetrio. Es un hombre en el que se
puede confiar, un hombre que anda conforme a la verdad y que ha dado testimonio en todo lo
que es, dejando bien claro que se puede confiar en él. Es evidente que Demetrio fue el que le
llevó esta epístola a Gayo, y probablemente fuese uno de esos misioneros que viajaba de un
lugar a otro. He reservado los versículos siete y ocho hasta ahora para comentar acerca de
Demetrio, debido a que describen a la clase de hombre del cual él era una muestra:
 
    "Porque partieron por amor del Nombre, sin tomar nada de los gentiles. Por lo tanto,
    nosotros debemos sostener a los tales, para que seamos colaboradores en la verdad."
    (v. 7, 8)
 
Estas palabras describen al primer grupo de misioneros viajeros, que al trasladarse de un lugar
a otro disfrutaban de la hospitalidad de las diferentes iglesias. Realizaban la labor de
evangelistas en esa región, llegando a lugares en los que la iglesia aun no había estado,
recibiendo el sustento y siendo fortalecidos por las diversas iglesias.
 
El apóstol Juan dice tres cosas acerca de ellos. Lo primero que dice es que han partido,
dejando cosas tras de sí. Habían sacrificado sus ingresos y su trabajo, marchándose con el
propósito de obedecer a un llamamiento mucho más elevado. No todo el mundo se marchaba y
eso es tan cierto en el caso de la iglesia primitiva como lo sigue siendo en la actualidad, pero
había otros a los que el Espíritu Santo les decía: "Ven, te he llamado para que realices una
labor especial. El motivo también se explica aquí: "partieron por amor del Nombre...el nombre
de Jesús.
 
Durante los tiempos del Antiguo Testamento, los judíos trataban el nombre de Dios de una
manera muy especial. Al nombre de Dios, Jehová, que aparece por todo el Antiguo Testamento,
se le llamaba el Inefable Tetragramatón. La palabra "Tetragramatón significa cuatro letras e
inefable quiere decir que no se puede pronunciar o transmitir. De manera que cuando se
encontraban con estos cuatro caracteres hebreos, que representan el nombre de Dios, no se
atrevían a pronunciarlos, debido a que era un nombre tan santo. Incluso cuando el escriba lo
escribía, cambiaba de pluma y escribía con otra, además llegaban incluso a cambiarse de ropa
antes de escribir el nombre sagrado, por la reverencia con la que consideraban el nombre de
Dios. En el conocido pasaje de Deuteronomio: "Escucha Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová
uno es. (Deut. 6:4) el nombre aparece dos veces, lo cual requería el que se cambiasen dos
veces de ropa y cuatro de pluma para poder escribir.
 
En el Nuevo Testamento, sin embargo, el nombre que se usa es Jesús. El apóstol Pablo dice:
 
    "Por lo cual también Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que es sobre
    todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en
    los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese para gloria de
    Dios Padre que Jesucristo es el Señor." (Fil. 2:9-11)
 
El amor por el nombre era el motivo fundamental de la obra misionera durante el primer siglo y
ese debiera ser el motivo que sirva de fundamento a los misioneros actuales. No es la
necesidad de las gentes lo que nos llama a acudir a los diferentes lugares de la tierra para
predicar el evangelio. La necesidad es abundante por doquiera porque toda persona que no
tiene a Cristo está necesitada y en ocasiones los casos más patéticos no son los de aquellas
personas que tienen necesidades físicas, sino las que lo tienen todo, desde el punto de vista
material, pero que se sienten desgraciados en el fondo de su espíritu.
 
Recuerdo cuando John R.W. Scott, hablando en una conferencia, dijo que era principalmente el
celo por el nombre de Dios, la convicción de que no se le debiera negar lo que le pertenece por
derecho propio, lo que debiera ser el motivo primordial de los misioneros, el hecho de que el
Señor Jesús haya muerto por los pecados de los hombres de todo lugar y que anhela que vengan
de toda tribu, lengua y nación, para formar un pueblo en su nombre.
 
Pero veamos la parte que debe representar el pueblo que se queda en su propia nación:
 
    "Por lo tanto, nosotros debemos sostener a los tales, para que seamos colaboradores
    en la verdad." (v. 8)
 
¿No sería maravilloso que al llegar a la gloria, Dios escribiese "SCV después de su nombre,
además de cualquier otro título que pueda usted tener, es decir "Socio Colaborador en la
Verdad. ¡Qué gran título!
 
Al llegar a este punto, Juan finaliza esta epístola con unas palabras personales:
 
    "Tenía muchas cosas que escribir, pero no quiero hacerlo por medio de tinta y pluma.
    Mas bien, espero verte dentro de poco y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo.
    Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno por nombre." (v. 13-15)
 
¡Qué epístola tan íntima! Da la impresión de proceder no solo de Juan, sino del mismo Señor. A
mi me gusta leer esta epístola como si fuese un reflejo de lo que el Señor Jesús le está diciendo
a su propia iglesia. Lo que realmente nos está diciendo es: "Hay mucho acerca de lo que
escribiros. Aquí ha escrito un libro entero y tiene mucho más que decirnos, pero dice: "No
quiero hacerlo por medio de tinta y pluma. Mas bien espero verte dentro de poco y hablaremos
cara a cara.
 
Oración
 
    Señor Jesús, te damos gracias porque tu nombre no ha perdido nada de su antiguo
    poder para atraernos a ti. Te pedimos que fortalezcas nuestros corazones y que nos
    animes a honrar tu nombre aquí en la tierra hasta que te veamos cara a cara. Te lo
    pedimos en tu nombre, amen.