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Asunto:[biblia] LOS CUATRO ESPANTOSOS JINETES
Fecha:Sabado, 24 de Marzo, 2001  21:30:01 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

LOS CUATRO ESPANTOSOS JINETES
 
por Ray C. Stedman
 
El capítulo seis de Apocalipsis nos trae al principio de los juicios en los que se manifiestan la
ira de Dios. No es un pasaje fácil de predicar, pero forma parte del contenido de la bendición
prometida a aquellos que leen y que cumplen las profecías de este libro (1:3).
 
Yo me crié en las Grandes praderas de Montana y durante los meses de verano se producían
con frecuencia grandes tormentas acompañadas de truenos. Habitualmente ante de la tormenta se
producía una gran calma, como si hubiera en el ambiente una especie de presagio, casi se podía
sentir la violenta tormenta que estaba a punto de desencadenarse. Esto es lo que
experimentamos con frecuencia en el mundo actual. Hay un intenso sentido de que está a punto
de producirse una crisis en los asuntos mundiales. Muchos escritores seculares de nuestros días
lo han reflejado. Para cambiar la metáfora, es como si estuviésemos flotando por la corriente
del tiempo en pendiente y tenemos la sensación de que un poco más adelante nos vamos a
encontrar ante una enorme catarata con su rugido y nos vamos a hundir en el abismo.
 
Hace ya mucho que la Biblia ha anunciado que se va a producir una crisis de esa naturaleza.
Una de las pruebas de que la Biblia procede de Dios es que en el Antiguo Testamento, el libro
de Daniel corresponde muy de cerca con el libro de Apocalipsis. Daniel contempló muchas de
las cosas acerca de las cuales nos habla Juan aquí, a pesar de que Daniel vivió 500 años antes
de que Juan lo escribiese. En el noveno capítulo de su profecía, se le hace entrega a Daniel de
un gran calendario en el cual está subrayada la historia de los días finales. En él estaba
marcado un período de 70 "semanas, que significa semanas de años. Setenta "semanas
multiplicadas por siete son 490 años, de modo que quedarían por cumplirse 490 años desde el
principio de la construcción de la muralla de Jerusalén, en los días de Nehemías, hasta el final
de los tiempos. 483 de esos años acabarían el día en que el Mesías fuese presentado a Israel
como su Rey. Sir Robert Anderson, director de Scotland Yard en Gran Bretaña durante la
primera parte de este siglo, ha descifrado esto para nosotros detalladamente. En el día exacto
en que se cumplieron los 483 años, Jesús cabalgó ladera abajo por el Monte de los Olivos
sobre un borriquillo y fue presentado a la nación como su rey.
 
Pocos días después fue rechazado y crucificado, porque la profecía de Daniel decía que "será
quitado y no tendrá nada que es, sin duda, una referencia a la crucifixión. Después de eso hay un
período de tiempo indeterminado y muy prolongado, durante el cual se le dice al profeta que "la
guerra y la desolación está decretada. Es precisamente durante este período sin determinar en el
cual la iglesia aparece, comenzando en el Día de Pentecostés, cuando Dios comenzó a crear un
pueblo especial por causa de su nombre, compuesto tanto por judíos como por gentiles. Esa
iglesia comenzó hace casi 2.000 años y tal vez ahora esté casi completada, pero todavía sigue
estando en la tierra hoy.
 
Al profeta se le habla entonces acerca de otros acontecimientos concretos que habrían de
suceder durante los siete últimos años de ese período de 490 años. Por ello son muchos los
comentadores que han entendido que este período de siete años todavía no se ha cumplido y
cuando comience estará relacionado, en gran medida y principalmente con la nación de Israel.
El mismo Jesús hace referencia a esos siete años en su pasaje profético en Mateo 24. Antes de
su crucifixión, mientras se hallaba sentado sobre el Monte de los Olivos, explicó a los
discípulos las cosas que tenían que pasar. En ese pasaje se refiere en varias ocasiones "el fin
del mundo o sencillamente "el fin. Ese fin es el período de siete años de la profecía de Daniel
que seguirá su curso cuando Israel ocupe una vez más la preeminencia entre las naciones.
 
Es ese mismo período de siete años el que cubren los capítulo 6 a 19 de Apocalipsis; también
estamos examinando los acontecimiento correspondientes a dicho período. Los cuatro
evangelios relatan la historia de la vida de Cristo, pero un tercio de los evangelios se
concentran en la última semana dela vida de nuestro Señor, los siete días anteriores a su
crucifixión. De igual modo en Apocalipsis, 13 de los 22 capítulos de este libro relatan el
período de los siete años, que constituye el final de la historia de esta era.
 
Si usted ha leído un poco mas adelante en Apocalipsis, se habrá fijado en que estas tres series
de acontecimientos ocupan esta última semana de años. La primera serie es la de los siete
sellos, seis de los cuales estudiaremos hoy. En los siete sellos están incluidos las siete
trompetas que todavía tienen que sonar y las siete copas de la ira que habrán de derramarse
sobre la tierra. Cada una de estas series se divide primero en cuatro cosas y luego en tres:
cuatro acontecimientos que son exteriores, visibles y fáciles de reconocer y a continuación las
tres revelaciones sobre lo que está sucediendo tras el telón, por así decirlo, como pueda ser la
actividad de las agencias angélicas, tanto la del bien como la del mal.
 
Echemos ahora un vistazo a la apertura del pergamino de los siete sellos, que tiene el Cordero
que ha sido inmolado en sus manos. Juan lo describe en los versículo 1 y 2:
 
    "Y miré cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí a uno de los
    cuatro seres vivientes que decía con voz de trueno: ¡Ven!, Y miré, y he aquí un
    caballo blanco. El que estaba montado sobre él, tenía un arco, y le fue dada una
    corona; y salió venciendo y para vencer.
 
Se ha discutido bastante en cuanto a lo que representa el jinete del caballo blanco. Algunos le
identifican con Jesús porque en el capítulo 19 Jesús aparece montado sobre un caballo blanco,
llevando una corona (sin embargo, es una corona diferente) y trayendo a su fin toda la serie de
terribles juicios a que ha sido sometida la tierra, pero es una equivocación relacionarlos porque
el contexto es totalmente diferente. Aquí estamos examinando el principio de los juicios de
Dios, y en el capítulo 19 vemos el fin de los mismos. El jinete del capítulo 6 es llamado por una
de las criaturas vivientes, pero resultaría inconcebible para una criatura llamar al Cristo
conquistador del capítulo 19.
 
Pero resulta significativo que este jinete, que va sobre un caballo blanco aquí tenga cierto
parecido con el aspecto de Jesús sobre el caballo blanco mencionado en el capítulo 19. Ambos
cabalgan sobre un caballo blanco, los dos llevan puesta una corona y los dos van en busca de la
conquista. Sugiere que este jinete es alguien que se parece a Cristo, pero que no lo es. Muchos
de ustedes se estarán anticipando a lo que voy a decir. Se trata, sin duda, del anunciado durante
tantísimos siglos, el anticristo, al que se refieren las Escrituras en diversos lugares, que habrá
de aparecer durante los últimos días. El "Hombre de Pecado, como le llama el apóstol Pablo,
también es el "hombre sin ley o anárquico, que aun está por aparecer y se ofrecerá a sí mismo
como si fuese el Cristo de Dios. Jesús mismo les dijo a los judíos de su época: "Yo he venido
en el nombre de mi Padre, y no me recibís. Si otro viene en su propio nombre, a aquél
recibiréis. (Juan 5:43). Este jinete vino como Cristo, pero en su propio nombre.
 
Le es entregado un arco, pero no se hace mención alguna de flechas, pues parece que se trata de
una conquista sin derramamiento de sangre. Cuando nos preguntamos: "¿Qué es lo que esto
describe? Creo que está claro que sugiere una especie de dominio de las mentes y de las
voluntades de los hombres, sin destrucción física. ¿Cómo se consigue eso? La respuesta es:
mediante alguna clase de engaño, mintiendo, llevándoles por otro camino y engañando a los
hombres y, de ese modo, derrotándoles sin necesidad de derramamiento de sangre. Es digno de
mención que en Mateo 24, las primeras palabras que le dijo Jesús a sus discípulos fueron
"mirad que nadie os engañe y por todo el capítulo nos encontramos con la referencia de la
posibilidad de que se produzcan engaños. En la actualidad nos quedamos perplejos por los
engaños de nuestros días y a penas si somos conscientes de lo mucho que nos están engañando
todo el tiempo. Si encendemos la televisión nos encontramos con ideas fraudulentas, con una
cierta medida de verdad que de inmediato nos quieren meter en el cerebro. Si cogemos una
revista o leemos el periódico nos daremos cuenta de que hacen falsas afirmaciones, en el
sentido de que ciertas adquisiciones nos producirán grandes bendiciones y libertad, pero si las
probamos no tardaremos en darnos cuenta de que todo eso no es más que una mentira y que no
funcionan. Nos están constantemente haciendo promesas que son incapaces de cumplir.
 
¡Las drogas son un engaño! Hay millones de personas, jóvenes y mayores, que se están dejando
engañar por la repentina euforia que produce la droga durante un tiempo. ¡Los cigarrillos son un
engaño! Han sido miles las personas que han muerto porque se han creído que el hecho de
fumarse un cigarrillo hace que sean personas sofisticadas y maduras. Muchos jóvenes, en
especial han caído en esta trampa. ¡Los anuncios sobre perfumes son otro engaño! Hacen
promesas extravagantes, exageradas sobre raptos y romances que se producirán si sencillamente
se echa usted algo de una botella. ¡La Nueva Era es otro engaño! Esta semana le eché un vistazo
a una revista publicada por la Nueva Era y me encontré con que estaba llena de mentiras de la
primera a la última página. Afirmaba que los hombres y las mujeres poseen poderes secretos,
habilidades ocultas en su interior, que si descubrimos nos permitirán gobernar y manipular a
otros y hacer que el mundo entero funcione tal y como nosotros queremos. Estas ideas están
siendo continuamente metidas en la mente humana. ¡Esta semana nos hemos enterado de que la
fibra de avena no es exactamente lo que pretende ser! ¡A todos nos han engañado con esa idea!
No sirve mas que cualquier otro producto para hacer descender el nivel del colesterol. Es
evidente que vivimos en una época plagada de engaños.
 
Sin embargo, lo que nos dice el jinete del caballo blanco es que lo peor aun está por venir.
Estamos viviendo sumidos en un gran engaño, es cierto, pero no es tan malo como lo será en el
futuro. Se van a presentar mentiras aun mayores. Escuchemos a las palabras del apóstol Pablo
en su segunda epístola a los Tesalonicenses:
 
    "El advenimiento del inicuo es por operación de Satanás, con todo poder, señales y
    prodigios falsos y con todo engaño de injusticia entre los que perecen, por cuanto no
    recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto, Dios les enviará una fuerza
    de engaño para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no
    creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia."
 
Eso hace que esté más claro que el agua, ¿no es cierto? Esta primera conquista del mal en los
últimos días es puesta en funcionamiento cuando Dios suelta, por así decirlo, las riendas y
permite que el engaño siga su camino entre los hombres hasta que llegue al punto culminante de
la falsedad. Aprenderemos mucho más al respecto según progresemos en el estudio del libro.
 
Ahora se abre el segundo sello.
 
    "Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: ¡Ven!, Y salió
    otro caballo rojo. Al que estaba montado sobre él, le fue dado poder para quitar la
    paz de la tierra y para que se matasen unos a otros. Y le fue dada una gran espada."
 
Es fácil reconocer a este jinete. Como es natural, es la guerra, pero no la guerra entre los
grandes ejércitos, al menos no al principio. La palabra "matar es realmente el término
"carnicería o masacre, lo cual es una referencia a la guerra civil o a la anarquía, en la que las
multitudes se reúnen con el fin de atacar y destruir a otras personas que no les caen bien.
Estamos viendo una demostración de esto hoy en lo que está sucediendo en Azerbayan en la
actualidad. Ni siquiera el ejército ruso puede poner paz o impedir esta clase de matanzas.
Hemos tenido otros ejemplos de ellos en El Salvador, en Nicaragua, y las guerras de pandillas
que se han desencadenado por las calles de Los Angeles, Miami, la Ciudad de Nueva York y
otros lugares. Es una matanza que se convierte en una carnicería sangrienta de personas que se
matan sin control alguno.
 
Pero eso llevará a lo que se menciona en la última frase "y le fue dada una gran espada. En los
días en que escribió Juan es evidente que no tenían las grandes megabombas, los misiles, los
tanques ni ninguna de las modernas armas de guerra. Tales armas de destrucción tenían que
expresarse mediante términos que pudieran entender las personas en aquellos tiempos, de modo
que la mayor arma de destrucción era una "gran espada, una poderosa arma de destrucción. Con
razón muchos comentadores han visto esto como una imagen de un poder imponente de una
bomba nuclear, algo que destruye a enormes cantidades de personas. Si leemos los capítulos 38
y 39 de Ezequiel, nos encontraremos con una descripción muy gráfica de semejante guerra, en la
que los ejércitos descienden del norte a Tierra Santa y son diezmados por lo que parece ser una
enfermedad causada por la radiación. Es algo que representan poderosamente estos relatos.
 
A continuación se abre el tercer sello, en los versículos 5 y 6:
 
    "Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente que decía: ¡Ven!, Y miré y he
    aquí un caballo negro, y el que estaba montado sobre él tenía una balanza en su mano.
    Y oí como una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: ¡Una medida de
    trigo por un denario y tres medidas de cebada por un denario!, Y no hagas ningún
    daño al vino ni al aceite.
 
La mayoría de los eruditos consideran que ésta es una referencia a una gran hambre en la tierra.
Dicen que las escalas simbolizan el alimento que habrá que pesarse con sumo cuidado, es decir
que es, para resumir, un suministro que es preciso racionar e incluso así nadie podrá conseguir
mucho alimento porque hará falta el salario de un día entero para poder adquirir un cuarto de
trigo o, debido a que resultará más barato, tres cuartos de cebada. Eso no sería mas que el
alimento necesario para una sola persona por día. No quedaría nada para su familia ni para
ninguna otra persona, pero los lujos como el aceite y el vino, no se ven afectados.
 
Pero tal vez esto no se refiere al hambre porque en el próximo sello, como veremos, se
menciona de modo especial el hambre como parte del juicio. ¿Qué otra cosa produce una
enorme escasez y hace que se disparen los precios, de modo que las personas no puedan
comprar las cantidades adecuadas de alimentos? Es la inflación, una economía sin control y ¡el
pánico en los mercados! Durante los días de la República de Weimar en Alemania, después de
la Primera Guerra Mundial, recuerdo haber oído de niño relatos acerca de personas que se
llevaban billetes de diez mil marcos alemanes, metiéndolos en carretillas y llevándolos al
mercado para poder comprar tan solo una barra de pan. Eso es lo que hace una inflación
totalmente descontrolada, hace que el dinero carezca de valor alguno. Eso se vuelve, a su vez,
en una excusa para que se establezcan rígidos controles sobre la compra y la venta, que
encontramos en el capítulo 13 cuando, bajo el reinado del antiCristo, el mundo entero se ve
sometido a enormes y restrictivos controles, de modo que "nadie puede comprar o vender sin la
marca de la bestia.
 
Llegamos al cuarto sello en el versículo 7:
 
    "Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía ,¡Ven!, Y
    miré, y he aquí un caballo pálido; y el que estaba montado sobre él se llamaba
    Muerte; y el Hades le seguía muy de cerca. A ellos les fue dado poder sobre la cuarta
    parte de la tierra, para matar con espada y con hambre y con pestilencia y por las
    fieras del campo. Este jinete se llama "Muerte y flotando tras él va una figura
    identificada como "Hades o Infierno. La muerte se lleva el cuerpo y el Hades se lleva
    el alma y como ha dicho alguien: "la muerte cabalga sobre el caballo, pero el Hades
    le sigue en un coche fúnebre. Existen cuatro formas de la muerte que están
    relacionadas con este ataque. La primera es la espada, que en este caso no representa
    a la guerra, sino al asesinato; al asalto unos contra otros. Son personas que se toman
    la ley en sus propias manos y asesinan a otras personas sin respeto alguno a la
    justicia o a la ley.
 
Juntamente con el asesinato aparece por doquier el hambre y la inanición. Todos estamos
familiarizados con esas terribles escenas de regiones donde hay hambre, principalmente en
Africa, y vemos las barrigas hinchadas y distendidas de los niñitos con sus piernecitas como
palillos, al ir desapareciendo la carne de sus cuerpos y mueren de una muerte terrible a causa
de la inanición. Jesús habló de hambres como éstas en Mateo 24. Dijo que en la tierra habría
terremotos, hambres y plagas. Estas plagas son enfermedades endémicas. Cuando comienza a
desmoronarse la civilización, las defensas de la humanidad en contra de la enfermedad también
se pierden y se ven decimadas poblaciones enteras. Puede que también encontremos aquí una
referencia a la guerra biológica, a la propagación intencionada de enfermedades entre las gentes
a fin de deshacerse de ellas de forma masiva. Además abarca la aparición de enfermedades
antes desconocidas y tenemos un anuncio de estas terribles plagas en el SIDA de nuestros
propias días.
 
En cuarto lugar, las bestias salvajes de la tierra se multiplicarán y los humanos se verán
sometidos al ataque de estos depredadores. El relato dice que "la cuarta parte de la tierra cae
presa de estos ataques. Es difícil saber si se trata de una división geográfica o demográfica de
la tierra. Si es geográfica, entonces una cuarta parte del globo se verá diezmado por causa de
estas espantosas plagas. Si es demográfica, significa que una cuarta parte de la población
desaparecerá. Existen aproximadamente cuatro billones de personas actualmente en la tierra y
eso significaría que un billón de personas, equivalente a toda la población de China, se vería
diezmada por causa de la enfermedad. Es una imagen de una tierra desolada causada por el
odio y la barbarie.
 
Estos cuatro juicios, relacionados con los sellos, son todos ellos referencias a las fuerzas que
están ya en funcionamiento entre nosotros, pero llegarán a extremos sin precedentes en aquel
día. Por lo tanto, los cuatro sellos confirman el método anunciado por Dios para hacer que los
hombres se enfrenten con la verdad. ¿Cómo consigue que dejemos de taparnos la cabeza y que
dejemos de negarnos a enfrentarnos con la realidad? ¡Permitiendo que el mal se manifieste en
todo su poder! En Romanos 1 declara que él "entrega a los hombres a sus propias pasiones, a su
propio mal y permite su manifestación ilimitada. Dios nos enseña a afrontar las verdades
desagradables dándonos lo que exigimos. Si los hombres quieren creer en una mentira, entonces
Dios enviará la mentira, la mentira del antiCristo, el poderoso engaño que describe Pablo. Si
los hombres se empeñan en matar y destruir y se niegan a ver el mal que eso representa,
entonces Dios les permite una completa anarquía, el gobierno de las multitudes y, finalmente, la
destrucción nuclear. Si los hombres quieren más y más lujos y un nivel de vida más elevado, se
les da lo que lo acompaña, la elevada inflación, que acaba por hacer que el dinero carezca de
valor. Si los hombres exigen el poder y el dominio, lo que recibirán serán las intrigas, el
asesinato, la enfermedad y la desolación en la tierra, cosas que no se pueden frenar, porque son
consecuencias a las que no se puede escapar debido a la maldad de la humanidad.
 
En esta serie tenemos tres sellos más que examinar, aunque dos de ellos aparecen en este
capítulo. En estos dos ya no se permite que las fuerzas naturales lleguen a dominar, sino que
tenemos algo bastante diferente. Se nos muestran actividades sobrenaturales; Dios está obrando
en medio de los juicios de los cuatro jinetes, tanto para bien como para mal. De modo que
leemos acerca de la apertura del quinto sello:
 
    "Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido
    muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que ellos tenían. Yo clamaba a
    gran voz diciendo: ¿Hasta cuándo oh soberano Señor, santo y verdadero, no juzgas y
    vengas nuestra sangre sobre los que moran en la tierra? Y a cada uno de ellos le fue
    dado un vestido blanco; y se les dijo que descansaran todavía un poco de tiempo,
    hasta que se completase el número de sus consiervos y sus hermanos que también
    habían de ser muertos, como ellos.
 
Este es un párrafo difícil de entender porque trata de un fenómeno que nos cuesta trabajo
entender, es decir, la manera en que las personas pueden morir durante el curso de un período
de tiempo y, con todo y con eso, puedan llegar todos ellos juntos al cielo. Es algo que marca la
diferencia entre el tiempo y la eternidad. El altar que se menciona aquí no ha aparecido con
anterioridad, pero indica, como será confirmado después por referencias posteriores hechas en
este libro, que estamos contemplando el gran templo celestial, el templo que vio Moisés cuando
estuvo sobre el Monte Sinaí. Se le mostró un plano que debía de copiar para construir el
antiguo tabernáculo de aquellos tiempos, ordenándosele que lo copiase exactamente igual que le
había sido mostrado. Por lo que el tabernáculo contenía un gran altar de bronce, un lavacro en
el patio exterior, el Lugar Santo con ciertos muebles, y el Santísimo, todos ellos reflejo del
templo celestial que había visto Moisés.
 
¡Aprendemos gracias a otros pasajes de las Escrituras que estos simbolizan el lugar final donde
habrá de morar Dios que es el hombre mismo! El hombre es, por lo tanto, la morada de Dios.
Cuando lleguemos al final de Apocalipsis veremos de qué modo se cumple esto y de que es el
hombre el que se convierte en el templo de Dios. Estos símbolos se nos ofrecen como una
explicación, tremendamente significativa, de la configuración psicológica de nuestra
humanidad, cuerpo, alma y espíritu, de la misma manera que el tabernáculo estaba formado por
el Patio Exterior, el Lugar Santo y el Santísimo, aunque no tengo tiempo para exponerlo más a
fondo.
 
Este grupo de mártires está claramente relacionado con la gran multitud del capítulo 7, que
examinaremos la semana que viene. Juan ve a una gran multitud, que ningún hombre podía
contar, de toda tribu, nación y lengua de la tierra, que se encontraba ante el trono, habiendo
muerto todos ellos por causa de su testimonio. Este grupo también pertenece a esta multitud
porque también a ellos les dan las vestiduras blancas y se les dice que deben de esperar hasta
que también fueran muertos sus hermanos. Esto indica que estos mártires y los que habrían de
ser asesinados después componen esa gran multitud y todos ellos habrán de entrar al mismo
tiempo en el cielo. Es la manera que tiene Dios de expresar el paso del tiempo a las
condiciones de la eternidad, donde el pasado y el futuro se eclipsan y solo existe el presente.
 
Si tiene usted a seres amados que han fallecido en el pasado, tal vez un padre, una madre, un
abuelo o algún amigo santo que sabe usted que pertenece al Señor, tendemos a pensar que esas
personas nos están esperando en el cielo. Puede que se los imagine sentados, tocando el arpa,
vestidos con vestiduras blancas, esperando que sean resucitados sus cuerpos y a que usted se
una a esas personas en el cielo, pero esa es una adaptación de la eternidad a las condiciones del
tiempo. Estamos obsesionados por la idea de que el cielo es una continuación eterna de las
condiciones del a tierra; pensando que el futuro y el pasado los experimentaremos en el cielo de
la misma manera que sucede en la tierra, pero no es así. ¡La eternidad es siempre ahora! En la
eternidad los acontecimientos tienen lugar cuando las personas están listas para que sea así, no
en una secuencia prescrita y determinada. No tengo tiempo para ampliar esta idea, pero si desea
usted saber mas sobre el tema quisiera referirle a mi libro "Authentic Christianity (El
Cristianismo Auténtico) en el que he escrito un capítulo sobre el Tiempo y la Eternidad que
explica esto con mayor detalle.
 
Pero fijémonos en la oración que hacen estos mártires, es un llamamiento a la venganza. Es
bastante diferente de las oraciones que se espera que hagan los cristianos por sus enemigos, ¿no
es cierto? Jesús nos dice que debemos de orar por los que nos tratan con desprecio y por los
que nos persiguen y que nuestra oración debe reflejar la oración que hizo Jesús estando en la
cruz "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Cuando Esteban, el primer mártir, vio al
Señor que estaba siendo apedreado, le dijo: "Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Está
pidiendo que sus enemigos fuesen perdonados porque no sabían lo que hacían. Esa debe de ser
la oración de los creyentes actuales por aquellos que les persiguen o que se aprovechan
injustamente de ellos.
 
La semana pasada escuché en la radio una entrevista muy interesante que le hicieron a Rachel
Saint, la hermana de Nate Saint, uno de los cinco hombres que fueron mártires en Ecuador en
1956 al intentar comunicarse con los indios aucas. Después de ello, Rachel Saint y sus
compañeras regresaron junto a la tribu para vivir entre aquellos asesinos. Les sirvieron, les
amaron y les enseñaron el evangelio hasta que ganaron a Cristo al hombre mismo que había
matado al hermano de Rachel. El entrevistador le preguntó: "¿por qué regresó usted junto a esa
tribu? a lo que respondió: "Porque en la cultura india vivían para la venganza, pero como
cristiana sabía que nuestro mensaje era el perdón a los que nos perjudican. La mayoría de esa
tribu se hicieron cristianos gracias al ministerio fiel de estas mujeres. Sin embargo, alguien me
dijo hoy que los jóvenes están abandonando la tribu y se ven envueltos en las mentiras del
mundo que les rodea y muchos de ellos están perdiendo su herencia cristiana.
 
Pero estos mártires en el quinto sello no están viviendo en los días en los que Dios soporta
pacientemente las injusticias de los hombres. Estos son días de juicio, días en que los que
aquellos que hacen el mal tienen que rendir cuentas, es el momento de la venganza. Las
oraciones, por lo tanto, del pueblo de Dios reflejan la mente de Dios en ese tiempo. Guiados
por el Espíritu, oran por lo que Dios tiene la intención de llevar a cabo durante estos últimos
días.
 
Ahora llegamos al sexto sello.
 
    "Y miré cuando él abrió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol se puso
    negro como tela de cilicio; la luna entera se puso como sangre y las estrellas del cielo
    cayeron sobre la tierra, como una higuera arroja sus higos tardíos cuando es sacudida
    por un fuerte viento. El cielo fue apartado como un pergamino enrollado, y toda
    montaña e isla fueron removidas de sus lugares.
 
¡Esta es una gráfica descripción del caos de la naturaleza! Todo el mundo natural se alborota.
Una vez mas en Mateo 24 Jesús describe este mismo acontecimiento, en los versículos 29 y 30:
 
    "Pero inmediatamente después de la tribulación (y se refiere a la gran tribulación), de
    aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor. Las estrellas
    caerán del cielo y los poderes de los cielos serán sacudidos. Entonces se manifestará
    la señal del Hijo del Hombre en el cielo y en ese tiempo harán duelo todas las tribus
    de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder
    y gran gloria.
 
Estos seis sellos nos han llevado casi hasta el final de todo el período de siete años de duración
y hemos avanzado rápidamente por este período dramático. Después de la gran tribulación la
naturaleza se verá conmocionada por causa de algún fenómeno cósmico. Tal vez se trate del
acercamiento de algún cuerpo celestial, que no ha sido detectado, que desestabilice la gravedad
de la tierra. Los volcanes comenzarán a expulsar su lava, los grandes terremotos, mucho mayor
que el que acabamos de experimentar, retumbarán por toda la tierra; las estrellas parecerán
caerse del cielo, el oscurecimiento del sol y de la luna serán el resultado de las cenizas y del
polvo causado por estos fenómenos.
 
Prestemos atención a lo que dice Lucas en el capítulo 21 de su evangelio, describiendo el
mismo acontecimiento:
 
    "Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Y en la tierra habrá
    angustia de las naciones por la confusión ante el rugido del mar y del oleaje. Los
    hombres se desmayarán a causa del terror y de la expectación de las cosas que
    sobrevendrán al mundo habitado, porque los poderes de los cielos serán sacudidos.
    Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en poder y gran gloria.
 
Este será un tiempo de terror y de angustia por toda la tierra. ¿Qué efecto tendrá esto sobre las
gentes? Juan ve ahora la escena final bajo el sexto sello.
 
    "Los reyes de la tierra, los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, todo
    esclavo y todo libre se escondieron en las cuevas y entre las peñas de las montañas, y
    decían a las montañas y a las peñas: Caed sobre nosotros y escondednos del rostro
    del que está sentado sobre el trono y de la ira del Cordero. Porque ha llegado el gran
    día de su ira, y ¡quién podrá permanecer de pie!
 
¿Quién podrá permanecer en pie? Esa es la pregunta que pende en el aire y, como es natural,
nadie lo conseguirá. Es el fin de la civilización tal y como la conocemos. Todas aquellas
personas que aun no han creído en Cristo, que han rechazado su oferta de gracia, se verán
sometidas a esta terrible catástrofe y clamarán con un temor desesperado. Es evidentemente la
escena que se describe en el capítulo 2 de Isaías cuando: "los hombres se meterán en las grietas
de las rocas pidiendo que caigan sobre ellos. Además el profeta dice en Isaías 26:10: "Aunque
se le tenga piedad al impío, no aprende justicia; en tierra de rectitud hace iniquidad y no
considera la majestad de Jehová. En ese día aquellos que se hayan negado a creer habrán
llegado a una etapa en la que no podrán creer, en la que no se arrepentirán ni orarán al Señor
pidiendo la salvación, sino que más bien sentirán un espantoso temor y pedirán a las rocas que
les destruyan, manifestando abierta y públicamente lo que sienten hoy privada y secretamente.
Es un extraño fenómeno, que se confirma fácilmente, que cada una de las personas incrédulas
está convencida en su propio corazón de que la muerte es, de algún modo, el escape mediante el
olvido! Pensando que pueden escapar a las terribles consecuencias de su mal muriendo. Por eso
es por lo que se suicidan las personas. Creen que escapan a sus problemas, que no habrá
consecuencias más allá de la muerte, pero la Palabra de Dios nos asegura que esto no es
verdad: "está establecido que los hombres mueran una sola vez y después el juicio.
 
¿Por qué se nos dicen estas espantosas verdades? Si ya pertenecemos al Señor y somos
miembros de su cuerpo, la verdadera iglesia, no formaremos parte de esa escena. Esta es la
gran promesa que hemos oído en varias ocasiones en el Apocalipsis hasta este punto. Toda esta
terrible escena es concretamente enviada a las siete iglesias de Asia para que las lean y las
entiendan. ¿Por qué? No es solo para que seamos serios en nuestro testimonio, sino que tiene
además la intención de mostrarnos dónde van a acabar las fuerzas y los movimientos que nos
rodean por el momento. Esto se nos dice a fin de que podamos reconocer el mal mientras
todavía parece que todo va bien y, de ese modo, podamos juzgar qué dar de nosotros mismos y
qué rechazar.
 
Un versículo del Evangelio de Juan, concretamente el 3:36 nos cuenta la historia completa: "El
que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que
la ira de Dios permanece sobre él. Isaías da exactamente en el clavo del motivo de estos
juicios. Es, según nos dice, que "el orgullo del hombre ha de ser humillado. El orgullo del
hombre, esa espantosa ambición que sentimos dentro por estar al frente de todo, por controlar
nuestras vidas y las de otras personas, por dirigirlo todo, por ser el centro de nuestro pequeño
universo y juzgarlo todo, pensando en si nos complace o no, ese es el orgullo del hombre y la
gracia puede conseguir que se humille. El espectáculo del Hijo de Dios muriendo en nuestro
lugar debería de hacernos ver el mal que hay en nuestros corazones, pero si la gracia no
consigue que nos humillemos, habrá de producirse el juicio final.
 
Hemos de dejar el tema aquí y aunque no me gusta predicar estos mensajes y prefiero muchos
más las maravillosas visiones del trono de Dios en el cielo, con los ángeles cantando alrededor
de él el canto de los redimidos, me doy cuenta que es preciso que seamos fieles a las Escrituras
y reconozcamos que ha de venir un día cuando la ira de Dios caiga sobre la impiedad de los
hombres y hemos llegado a ese día. Pero asegurémonos de que no hay en ninguno de nosotros un
corazón malvado de incredulidad.