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Asunto:[biblia] LA MUJER Y LA SERPIENTE
Fecha:Sabado, 31 de Marzo, 2001  22:49:34 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

LA MUJER Y LA SERPIENTE
 
por Ray C. Stedman
 
Si algunos de ustedes son inmigrantes en este país y han entrado por el puerto de Nueva York,
recordarán que la primera vista que tuvieron de este país fue una gran estatua de una mujer que
tenía una antorcha en su mano levantada en alto. ¡No era precisamente un anuncio de un
desodorante para el sobaco! Era la Estatua de la Libertad, un símbolo de la libertad que
disfrutan los Estados Unidos.
 
El capítulo 12 del libro de Apocalipsis comienza también con el símbolo de una mujer. De
hecho, tenemos tres símbolos aquí: la mujer, su hijo y un gran dragón rojo. Es asunto nuestro, en
esta mañana, interpretarlos y entender lo que Juan vio en aquella visión.
 
    "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol y con la luna debajo de sus
    pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, gritaba con dolores
    de parto y sufría angustia por dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran
    dragón rojo que tenía siete cabezas y en sus cabezas tenía siete diademas. Su cola
    arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. El dragón
    se puso de pie delante de la mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su hijo en
    cuanto le hubiera dado a luz. Ella dio a luz un hijo varón que ha de guiar todas las naciones
    con cetro de hierro. Y su hijo fue arrebatado ante Dios y su trono. Y la mujer huyó al
    desierto, donde tenía un lugar que Dios había preparado, para ser alimentada allí durante
    1.260 días.
 
La pregunta que nos viene de inmediato a la mente al leer estos versículos es, ¿qué significan
estas grandes señales? ¿Qué o a quién simbolizan? Dos de ellas son relativamente fáciles de
reconocer y una vez que hayamos averiguado quiénes son esas dos, la tercera será
inconfundible. El dragón es el más sencillo de reconocer porque más adelante, en el versículo
9, se nos dice exactamente quién es. El versículo dice: "Y fue arrojado el gran dragón, la
serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engañó a todo el mundo. Fue arrojado a
la tierra y sus ángeles fueron arrojados junto con él. Aquí tenemos, pues, al demonio, que
aparece como un gran dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos y siete coronas sobre sus
cabezas. También se nos dice que es la antigua serpiente, aquel que se le apareció en el Huerto
del Edén a Eva, la engañó e introdujo el pecado en la raza humana. Aquí aparece con la forma
de un dragón, que no es otra cosa que una serpiente enorme y un símbolo de la adoración
satánica todavía en muchos países de la tierra. Su labor también la describe el versículo 9.
Toda la carrera del demonio está relacionada con engañar a toda la tierra habitada, es decir,
mentir a la raza humana y veremos mucho al respecto según avancemos en el libro.
 
El más fácil de reconocer, a continuación, es el hijo que nace a la mujer porque se nos dice en
el versículo 5 que "ha de guiar a todas las naciones con cetro de hierro o "vara de hierro.
Muchos de ustedes reconocerán que esta última frase ha sido tomada del Salmo 2, que se cita o
se hace referencia a él en cuatro ocasiones diferentes en Apocalipsis. En cierto modo, el Salmo
2 es el pasaje básico a partir del cual se amplia y se desarrolla todo el libro. Este salmo habla
acerca del hecho de que Dios establece su reino en su santo monte de Sion: "¡Yo he instalado a
mi rey en Sion, mi monte santo! (desde donde gobernará a las naciones con vara de hierro. Está
claro que esa es un a referencia a nuestro Señor Jesús.
 
La referencia a la vara de hierro siempre indica una escena correspondiente al milenio, al
reinado de Cristo, que durará mil años. El gobierna con vara de hierro (con una justicia
estricta) porque, aunque es un tiempo de bendición para todo el mundo y la maldición habrá
sido al menos parcialmente retirada de la naturaleza, también es un tiempo en el que el pecado
sigue manifestándose hasta cierto punto. La justicia reina en la tierra, pero tiene que ser
impuesta, cosa que también veremos más adelante, al seguir con este libro. Cuando lleguemos a
los nuevos cielos y la nueva tierra, que Juan contempla en los dos últimos capítulos de este
libro, veremos en ellos que Cristo no reina ya con una vara de hierro porque el pecado se ha
resuelto totalmente y ya nada malvado formará parte de la escena. Jesús aparece en estos dos
capítulos como un pastor lleno de ternura y de amor, que atiende personalmente a su pueblo y
les muestra una gran amabilidad.
 
Con esto llegamos a la identidad de la mujer. ¿Quién es esta extraña mujer, que aparece vestida
del sol y de la luna bajo sus pies, con 12 estrellas en una corona alrededor de su cabeza? ¡Los
católico romanos dicen que es María, puesto que fue la madre de Jesús, ya que este relato
muestra a la mujer simbólica que habrá de ser, pero el problema de esa teoría es que no encaja
de ninguna manera con el versículo 6! En el nos enteramos de que "la mujer huyó al desierto,
donde tenía un lugar que Dios había preparado, para ser alimentada allí durante 1.260 días. Eso
no le sucedió nunca a María y nunca le pasará. Esta no es una imagen de una persona, sino más
bien de un grupo de personas.
 
Algunos comentadores afirman que simboliza a la iglesia, cuya imagen aparece al final de
Apocalipsis como la esposa de Cristo, es decir, como una mujer, pero es imposible que esta
mujer represente a la iglesia porque la iglesia no produjo a Jesús, sino que sucedió todo lo
contrario. Fue el Señor quien dio origen a la iglesia y ésta surge del costado herido de Jesús.
Por lo tanto, este simbolismo no encaja con la imagen que nos encontramos aquí.
 
Por lo tanto, es preciso que examinemos las claves que se nos ofrecen a fin de identificar a esta
mujer, que esta vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de 12 estrellas alrededor
de su cabeza. El único otro lugar donde se usan estos tres símbolos juntos es en Génesis 37, en
donde aparece el relato de José, cuando era un joven, que había tenido un sueño. Una noche
soñó que el sol, la luna y 11 estrellas descendían y se inclinaban ante él. Cometió la
equivocación de contarle el sueño a sus padres y a sus hermanos, que se sintieron muy molestos
por ello. Su padre interpretó correctamente el significado del sueño como que José sería
exaltado de algún modo y toda la familia vendrían y se tendrían que inclinar ante él. Sabemos
por la historia que sucedió después que esto pasó, efectivamente, de ese modo. José se
convirtió en el segundo gobernador de Egipto y sus padres y sus 11 hermanos tuvieron todos
ellos que acudir ante su presencia e inclinarse ante él.
 
Está claro, por lo tanto, que es una descripción de la nación de Israel. (José sería, pues, la
estrella duodécima.) En Romanos 9:5 el apóstol Pablo dice acerca de los judíos: "de ellos son
los patriarcas y de ellos según la carne proviene el Cristo... que llega a los gentiles por esa vía.
Por lo tanto, en este caso la mujer es Israel, que ocupa nuevamente un lugar destacado. Como
describe acertadamente un comentador: "por eso aparece ataviada con el esplendor del sol, que
es Cristo mismo, que no tardará en aparecer en su poder supremo como el Hijo de Justicia
(Mal. 4:2) porque el sol es el gobernante de ese día y, como consecuencia, su antigua gloria
antes de que amanezca, la luz reflejada de su típico sistema, viene a ser como la luna a sus pies.
La corona de 12 estrella que lleva sobre su cabeza se refiere, como es natural, a las doce tribus,
que son ahora planetas alrededor del sol.
 
A fin de entender este capítulo debemos recordar que las escenas terrenales que nos enseña lo
hace desde un punto de vista celestial. En el capítulo 4 Juan fue llevado al cielo y le fueron
mostradas todas las cosas que se mencionan entre los capítulos 4 al 19. Cuando se contemplan
los acontecimientos terrenales desde la panorámica celestial, el tiempo no es nunca un factor y
no se trata de una cuestión de secuencia o de cronología, sino simplemente de acontecimientos.
En este capítulo tenemos una observación telescópica del conjunto de los acontecimientos que
estaban muy distanciados por el tiempo. Desde el punto de vista celestial, se nos muestra lo que
sucede y no cuándo sucede. Si puede usted acordarse de eso, el capítulo tendrá sentido.
 
Juntamente con la mujer y su hijo está el gran dragón rojo, está fantástica serpiente, que exhala
humo y que tiene siete cabezas, diez cuernos y siete coronas y que nos parece un monstruos de
película ¿verdad? No voy a interpretar las siete cabezas, los diez cuernos y las siete coronas al
llegar a este punto porque en el próximo capítulo el dragón volverá a aparecer, representando
un papel ligeramente diferente que tendrá una gran importancia para nosotros, por lo que dejo la
interpretación para ese capítulo. Baste, al llegar a este punto, contemplar a este gran dragón
agazapado, contemplando fijamente a Israel, a punto de devorar a su Hijo, que le ha sido
prometido durante tantísimo tiempo, al hacer su aparición en la tierra.
 
En lo que al tiempo se refiere, esto hace que volvamos al nacimiento de Jesús, en los días del
Imperio Romano, bajo el cual estuvo subyugado Israel, y a los tiempos del Rey Herodes el
Grande y su enemistad en contra del nacimiento que había sido anunciado. Es fácil darse cuenta
de los acontecimientos de esa época, que aparecen aquí de modo simbólico para nosotros. Se
nos dice ya que el dragón arrasó con su cola a la tercera parte de las estrellas del cielo. Ya
hemos visto en Apocalipsis que las estrellas, usadas de modo simbólico, son imágenes de los
dirigentes destacados entre los hombres, concretamente en este caso en relación con Israel.
"Los profetas que enseñan mentiras son la cola es decir, el medio por el cual Satanás lleva a
cabo su engaño y su obra destructiva, de modo que en esta acción simbólica las estrellas son
arrastradas por la cola de la serpiente (por los profetas mentirosos) y arrojadas sobre la tierra.
Esto es un símbolo de los dirigentes de Israel, que se dejan engañar por sus propios maestros y
profetas, que caen ante Dios de su posición moral. El dragón con poder mundial de aquellos
tiempos, los del Imperio Romano, espera para destruir al Hijo a través del rey Herodes el
Grande, que es como un títere, al nacer el niño. Sabemos cómo evitó Dios que sucediese eso.
Desde el punto de vista histórico, José y María se llevaron al niño Jesús, huyendo en secreto a
Egipto y evitaron de ese modo la enemistad de Herodes. Aquí se nos dice que "su hijo fue
arrebatado ante Dios y su trono. El símbolo salta del nacimiento de Jesús a su ascensión unos
30 años después, pasando por alto su vida y su ministerio, su muerte y su resurrección. A Juan
le muestran el nacimiento de nuestro Señor y su ascensión a los cielos, el comienzo y el fin de
su ministerio terrenal.
 
Pero esto suscita un problema en cuanto a entenderlo porque la ascensión de Jesús, tal y como
lo describen los evangelios y el comienzo de los Hechos, no se produjo con el propósito de
escapar del mal que querían hacerle sus enemigos en la tierra. El Señor resucitado estaba fuera
del alcance de sus enemigos por el tiempo y ellos no podían hacerle ningún daño. De modo que
Jesús no tiene necesidad de ascender al cielo con el fin de escapar de la ira del dragón.
 
Pero, y aquí es donde se vuelve un poco intrincado, hay un sentido en el que nuestro Señor fue
liberado del peligro siendo llevado al cielo. ¿Cuántos de ustedes han averiguado cuál es? Es la
iglesia, como es natural. A través de todo el Nuevo Testamento la iglesia y el Señor se
consideran como una sola cosa. ¿Recuerda usted cuando Saulo se convirtió en el camino a
Damasco y Jesús se le apareció y le dijo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? De hecho a
quien perseguía Saulo era a la iglesia, pero Jesús le dijo: "¡esa soy yo! En su primera epístola a
los Corintios, Pablo escribe: "porque de la manera que el cuerpo es uno solo y tiene muchos
miembros, y que todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un solo cuerpo.... Y
luego añadió esta frase tan significativa: "....así también es Cristo. La iglesia y el Señor forman
juntamente el cuerpo de Cristo, de manera que toda la historia de la iglesia está representada en
estas palabras, incluyendo el rapto. Resulta interesante que el término usado aquí, refiriéndose
al niño, diga que fue arrebatado ante Dios y su trono, que es el mismo término que se usa en
relación con el rapto de la iglesia. ¡Es el Gran Arrebato! Así es como lo llamaban los jóvenes
durante los tiempos de la Vida del Cuerpo en la década de los 60, el Gran Arrebato, el rapto de
la iglesia, que habrá de tener lugar antes de que el dragón comience su obra de persecución. El
versículo 6 nos traslada hacia adelante, a aquellos tiempos. Aquí desaparecen siglos enteros,
que abarcan toda la era de la iglesia. Se nos dice que la mujer huyó al desierto, donde tenía un
lugar que Dios había preparado para ser alimentada allí durante 1.260 días, hecho que se sitúa
al comienzo de la gran tribulación.
 
La escena, sin embargo, cambia de repente y tenemos que dejar de fijar nuestra vista en la tierra
para fijarla en el cielo, a fin de ver una escena de conflicto, invisible para la tierra, pero que
está teniendo lugar en el cielo.
 
    "Estalló entonces una guerra en el cielo. Miguel y sus ángeles pelearon contra el dragón. Y
    el dragón y sus ángeles pelearon, pero no prevalecieron, ni fue hallado más el lugar de
    ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo
    (el acusador) y Satanás (el adversario), el cual engaña a todo el mundo.
 
Esta es la primera referencia que se hace en este libro a Miguel. ¿Quién es Miguel? Lo sabemos
por lo que está haciendo. No está remando su barca para llevarla a tierra, sino que está
luchando en contra del gran dragón rojo. Al profeta Daniel le fue dicho: "...Miguel el gran
príncipe que está del lado de los hijos de su pueblo (Israel). Israel se encuentra, de modo
inconfundible, en primera plana aquí, simbolizada por la mujer, que son el remanente de los
creyentes de Israel.
 
Basándonos en esta escena, podemos llegar a la conclusión de que hasta estos últimos días de
la historia, Satanás seguirá teniendo acceso al cielo. En el libro de Job aparece ante Dios y le
pide permiso para atacar el cuerpo de Job. En el libro de Zacarías también se le encuentra
acusando a los santos de Dios ante su presencia en el cielo y Pablo nos dice en Efesios 6 que
nosotros los cristianos actuales no tenemos lucha contra carne y sangre es decir, las otras
personas no son realmente problema nuestro y es lo que el demonio le está haciendo a las
personas, consiguiendo que se pongan en contra nuestra; cosa que realiza mediante los espíritus
del mal, a los que llama "espíritus de maldad en los lugares celestiales. Por lo tanto, a lo largo
de la presente edad Satanás sigue teniendo acceso al cielo.
 
Pero al llegar a este punto de la semana septuagésima de Daniel, Dios está harto de la presencia
del demonio en el cielo. Entonces envía a Miguel, el gran arcángel con sus ángeles y juntos
arrojan al demonio y a sus ángeles a la tierra. Hemos visto ya una descripción, de manera
simbólica, en el capítulo 9:1, donde vimos como cayó una gran estrella del cielo a la tierra y de
ella surgió el que procedía del pozo del abismo. Encontramos otros relatos sobre esta caída de
Satanás en Ezequiel 28 y en Isaías 14.
 
En los próximos versículos, hallamos un relato de la reacción del cielo al ser arrojado el
demonio a la tierra.
 
    "Oí una gran voz en el cielo que decía: ¡Ahora ha llegado la salvación y el poder y el reino
    de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! Porque ha sido arrojado el acusador de
    nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. Y ellos lo han
    vencido por causa de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, porque
    no amaron sus vidas hasta la muerte. Por esto, alegraos, oh cielos, y los que habitáis en
    ellos. ¡Ay de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros y tiene grande
    ira, sabiendo que le queda poco tiempo.
 
Esa gran voz que oye el apóstol parece ser la de los mártires del capítulo 6, a los que les han
sido dadas vestiduras blancas, y que parece que se encuentran bajo el altar clamando a Dios
"¿Hasta cuándo, oh soberano Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre sobre
los que moran en la tierra? Los "hermanos serían, en este caso, los judíos creyentes, el
remanente de Israel, que durante esos días se encontrarán todavía en la tierra. Los santos
vestidos con las vestiduras blancas en el cielo anuncian que ha llegado el momento de que el
Señor reine sobre todo el reino que durante tantísimo tiempo le había sido anunciado a Israel.
 
El versículo 11 es muy importante porque nos muestra de qué manera pueden los santos de
cualquier época vencer las artimañas del demonio, ya que también nosotros nos vemos
constantemente atacados por el demonio. Las mentiras y la propaganda engañosa llega a
nuestros oídos hoy por todas partes y se cree por doquier las filosofías equivocadas y
perjudiciales. Estamos siendo acusados ante la presencia de Dios y escuchamos en nuestros
propios corazones estas acusaciones hechas por el demonio, por lo que es preciso que sepamos
cómo responder.
 
Hay tres medidas que podemos adoptar. En primer lugar "le vencieron por causa de la sangre
del Cordero. ¿Ha escuchado usted alguna vez al demonio acusarle? ¿Ha oído en alguna ocasión
como si una voz interna le dijese: ¿Qué clase de cristiano eres? ¡Mira cómo te has comportado!
¡Dios no podría nunca amarte! ¿qué te hace pensar que eres aceptable a sus ojos? ¡Eres un
verdadero desastre! ¿De qué modo puede usted enfrentarse con esa situación? Según este
versículo debería usted de admitirlo, es verdad, cometemos equivocaciones todo el tiempo.
Nos creemos las mentiras, somos egoístas, en ocasiones somos maliciosos y satisfacemos
nuestros propios deseos y perjudicamos a otras personas con nuestra falta de sensibilidad.
Todo ello es cierto. ¡Admítalo! Pero a continuación, recuerde usted al demonio acerca de la
sangre del Cordero y la cruz de Cristo, donde Jesús llevó nuestros pecados, para que nosotros
ya no tuviésemos que ser juzgados y ni siquiera acusados ante Dios. Por eso es por lo que Pablo
puede decir en Romanos 8: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús. Hace años me encontré con una poesía maravillosa, que había sido escrita por una
cariñosa y santa mujer a la que conocí y ella describe su propia experiencia en estos términos:
 
Pequé y de inmediato, Satanás huyó a toda prisa. Acudió a la presencia del Dios Altísimo,
donde hizo una acusación burlona contra mi. Le dijo: "esta alma, esta cosa de barro y tierra, ha
pecado. Es cierto que ha mencionado tu Nombre, pero exijo su muerte, porque Tu has dicho: El
alma que pecare morirá., ¿Acaso no habrá de cumplirse tu condena? ¿Está la justicia muerta?
Envía a esta desdichada pecadora a su destrucción. ¿Qué otra cosa puede hacer un gobernante
justo? Y de este modo día y noche me acusó. ¡Y cada una de sus palabra, oh Señor, son ciertas!
Entonces apareció en seguida Uno de la diestra de Dios Ante cuya gloria los ángeles se cubren
los ojos. Y dijo: "ante la Ley habrá de cumplirse cada jota y cada tilde. ¡Muere el pecador
culpable! ¡Pero espera! Supongamos que toda su culpa pasa a Mi, y que yo pago el precio.
¡Mira mis manos, mi costado y mis pies! Un día fui hecho pecado por él y tuve que morir para
que apareciese sin culpa ante mi trono. Y Satanás salió huyendo, sabiendo muy bien que no
podía vencer contra un amor así, ¡Porque cada palabra pronunciada por mi Señor era verdad!
Ese es el significado de la sangre del Cordero. ¡No hay manera de enfrentarse con Satanás y
evitar la culpa y la vergüenza de la que nos acusa, sin descansar en la obra de la Cruz y la
sangre del Cordero! Cuando Jesús hace de nosotros nuevas criaturas, Satanás solo puede
acusarnos de algo que pertenece al pasado.
 
La sangre de Cristo es suficiente para resolver sus problemas de culpabilidad, pero ¿cómo
podemos ayudar a otros? En la actualidad hay millones de personas que llevan vidas solitarias,
vacías y dominadas por el temor. A todo nuestro alrededor hay personas que están intentando
vencer algún sentimiento interior de culpabilidad o de vergüenza y para ello intentan sumergirse
en el placer, en las drogas, en el alcohol, en el sexo o en lo que sea. ¿Cómo puede usted
ayudarles? La respuesta es: "mediante la palabra de su testimonio. Los cristianos necesitan
compartir con otros la libertad que les ha dado Cristo. ¡Cuántos de nosotros aquí hemos venido
a Cristo gracias a que alguna persona había estado observando y nos ha dicho que en la cruz se
podía encontrar el perdón de los pecados y que también usted podía obtenerlo? Dieron
testimonio acerca del gozo y la paz que el Señor había traído a sus vidas, y fue por "la palabra
de su testimonio que vino usted a Cristo.
 
¡En tercer lugar, Satanás fue derrotado porque "no amaron sus vidas hasta la muerte, sino que
fueron capaces de renunciar a todo, menos a Cristo, importándoles más el honor y la verdad de
Cristo que todas sus posesiones, que el puesto que ocupaban ante los hombres, incluso que sus
propias vidas! Es evidente, a juzgar por sus acciones, que nada valía más para estas personas
que la presencia de Cristo en sus vidas, prefiriendo morir antes que deliberadamente traer
vergüenza a su nombre. Así es como se vence a Satanás. Eso quiere decir que no solo ha
depositado usted su fe en la sangre de la cruz y amado a otros que están atados por las mentiras
de Satanás, sino también que se aferra usted a la esperanza del cristiano, al hecho de que la
muerte pierde su significado porque le ha sido prometida una herencia mas allá. ¡la fe, la
esperanza y el amor! ¿Ha escuchado usted antes esas palabras? ¡Esa es la manera de derrotar al
gran enemigo!
 
¡Eso es motivo de gran regocijo en el cielo, como ponen de manifiesto estas palabras, pero
causa una mayor presión para los que quedan en la tierra! Satanás es consciente de que le queda
poco tiempo, que en 3 años y medio va a ser atado y arrojado al abismo sin fondo. De modo
que se mueve con rapidez y los acontecimientos finales se producen de inmediato.
 
    "Y cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había
    dado a luz al hijo varón. Pero le fueron dadas a la mujer dos alas de gran águila, para
    volar de la presencia de la serpiente, al desierto, a su lugar donde recibe alimento por un
    tiempo y tiempos y la mitad de un tiempo (un año, mas dos años y medio año, es decir, 3
    años y medio). Tras la mujer, la serpiente echó de su boca agua como un río, para que ella
    fuese arrastrada por el torrente. Pero la tierra ayudó a la mujer. Y la tierra abrió su boca y
    tragó por completo el río que el dragón había echado de su boca. Entonces el dragón se
    enfureció contra la mujer, y se fue para hacer guerra contra los demás descendientes de
    ella, quienes guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
 
Hemos de darnos cuenta de que esta mujer no representa a toda la nación de Israel ni a todos
los judíos de la tierra, sino que es realmente una representación del remanente, de la parte de
Israel que habrá creído en aquellos tiempos. Ya se han emitido juicios contra los judíos, tal y
como prometieron los profetas. Este es el tiempo "de la aflicción de Jacob y han sido
eliminados los apóstatas y aquí solo escapa el remanente. Muchos creen que huirán a la ciudad
de Petra, al sur del Mar Muerto, a esa extraña ciudad construida sobre la roca, que algunos de
ustedes han visitado. Tal vez sea ese el lugar, no estoy seguro, pero aquí lo que se pretende dar
a entender claramente es el cuidado que tiene Dios del remanente de sus creyentes, que son
"transportados en alas de águila. Esa es, precisamente, la misma frase que usa Dios cuando la
nación, guiada por Moisés, sale de Egipto. Dios dice: "¿No os he levantado a vosotros sobre
alas de águila y os he llevado por el desierto? De modo que es la imagen de la protección y
cuidado amoroso del remanente de su pueblo en ese día.
 
Un "río de aguas es muy posiblemente el símbolo de un enorme ejército de soldados que fueron
enviados por el anticristo tras Israel. Hemos visto este simbolismo con anterioridad, pero la
tierra misma la protege. Esto es posiblemente una referencia a los desastres naturales que
acontecen en esos días, es decir, los terremotos, las tormentas de granizo y cosas por el estilo,
que hemos encontrado ya en varias ocasiones en el libro de Apocalipsis y que desvían la
atención de Satanás de modo que no pueda perseguir a la mujer y destruirla y en lugar de ello
vuelve su atención sobre lo que aquí se llama "los demás descendientes de ella.
 
Eso significaría que también son judíos y se les reconoce como aquellos que "guardan los
mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo. Me da la impresión de que eso es
una referencia al grupo especial de 144.000 judíos con los que nos encontramos por primera
vez en el capítulo 7 y con los que nos volveremos a encontrar en el 14, a los que llamamos "los
comandos de Cristo, que se mueven por toda la tierra, predicando el evangelio del Reino a
todas las naciones. El demonio concentra toda su atención, por última vez, sobre este grupo por
causa de su testimonio frente al mundo.
 
Con esto llegamos al final del capítulo 12. La semana que viene nos encontraremos cara a cara
con los dos grandes poderes anticristianos, que usará el demonio en aquellos días. Estoy seguro
de que usted se habrá sentido impresionado, como me ha sucedido a mi, por la velocidad a la
que se desarrollan los acontecimientos mundiales hoy, que son casi como un río que fluyese y se
acercase a una catarata y al acercarse a ella la corriente aumentase su velocidad. Es muy
factible que nos estemos acercando a los días aquí descritos.
 
La importante pregunta que deja pendiente ante nosotros este capítulo es: ¿cómo le va a usted en
su batalla personal con Satanás? ¿Ha aprendido usted a derrotarle, a vivir como un vencedor en
medio de todo lo decadente y de las condiciones desesperadas de esta época? Esa es la gran
pregunta a la que todos tenemos que contestar. Solamente podemos vencerle por medio de la
sangre del Cordero, por la palabra de nuestro testimonio, y no amando nuestras vidas hasta la
muerte. Nada debiera ser más importante para nosotros que el ministerio que el Señor nos ha
encomendado para estos días, el vivir en el entorno de nuestras familias y ante el mundo tal y
como El nos permite que vivamos.