Inicio > Mis eListas > biblia > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 170 al 189 
AsuntoAutor
LA MUJER Y LA SERP Jorge An
CUANDO LOS HOMBRES Jorge An
EL TIEMPO DE LA CO Jorge An
RE: CUANDO LOS HOM David Sa
LA ULTIMA PRUEBA D Jorge An
Re: CUANDO LOS HOM Heribert
LA MUJER DRAGON Jorge An
EL JINETE DEL CABA Jorge An
MIL AÑOS DE PAZ Jorge An
LA CIUDAD DE LA GL Jorge An
Nueva serie Jorge An
EL PUNTO DE PARTID Jorge An
VINO JESUS Jorge An
Un Día en la Vida Jorge An
EL QUE SANA LAS DO Jorge An
EL CREADOR DE ESCA Jorge An
FALSAS FUERZAS Jorge An
CUANDO SE AMORTIGU Jorge An
PENSAMIENTOS COMO Jorge An
¿POR QUE TEMEIS? Jorge An
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Biblia
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 181     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[biblia] EL PUNTO DE PARTIDA
Fecha:Lunes, 9 de Abril, 2001  23:52:17 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

EL PUNTO DE PARTIDA
 
por Ray C. Stedman
 
Acabo de pasar dos semanas en Méjico con los Traductores de la Biblia de Wycliffe y me he
dado cuenta una vez más de que el Evangelio de Marcos es el libro más traducido del mundo.
No hay ningún otro libro que se encuentre en tantos idiomas y casi todos los traductores de
Wycliffe, una vez que han conseguido poner un idioma por escrito, comienzan su traducción de
las Escrituras precisamente con este Evangelio. ¡Estoy seguro de que el hecho de que sea el más
corto de los evangelios tiene algo que ver con esa decisión! Los traductores de la Biblia son
seres humanos como el resto de nosotros, y nadie quiere comenzar con un evangelio tan largo
como Mateo o Lucas.
 
Pero también es un hecho que Marcos resulta especialmente apropiado para presentar las
Escrituras a personas de todos los medios sociales, clases y tribus. De los cuatro evangelios es
precisamente el que está destinado a ser escuchado por los gentiles, en cambio nadie puede leer
el evangelio de Mateo sin darse cuenta de que ha sido escrito teniendo en mente a los judíos,
puesto que tiene que ver con el Antiguo Testamento y con las costumbres judías. Pero en
cambio, Marcos fue escrito para el mundo romano, para los gentiles, para aquellos que no
conocen el transfondo del Antiguo Testamento y, por lo tanto, es un evangelio muy instructivo y
de gran ayuda para utilizarlo como presentación inicial.
 
Muchos eruditos están convencidos de que el Evangelio de Marcos es el más antiguo de los
libros de la Biblia de que disponemos. Posiblemente fue escrito en algún momento de la década
de los años sesenta del primer siglo, lo cual lo convertiría en algo muy antiguo, que nos lleva a
los comienzos mismos de la historia cristiana. Sin embargo, los eruditos difieren en lo que se
refiere a si fue Mateo o Marcos el que se escribió primero, porque resulta difícil saber quién
tomó prestado de quién, si fue Mateo de lo escrito por Marcos o si fue Marcos de lo ya escrito
por Mateo. Lo que sí sabemos con seguridad es que Lucas tomó de los pasajes escritos tanto
por Mateo como por Marcos. Es verdad que el evangelio de Marcos ha sido reproducido en su
totalidad en Mateo y en Lucas, a excepción de unos cuantos versículos. De modo que alguien
debió tomar prestado de lo escrito por otro y tuvo el relato de otra persona ante sí mientras
escribía.
 
Sabemos que este evangelio fue escrito por un joven llamado Juan Marcos y que aparece en
varias ocasiones en nuestras Escrituras. Su madre se llamaba María y era una mujer bastante
rica, que tenía una casa grande en Jerusalén. En el capítulo doce de los Hechos se nos dice que
los primeros discípulos se reunían en su casa con el fin de orar por Pedro cuando se encontraba
en la cárcel. Sabemos que el joven Juan Marcos fue llevado por Pablo y Bernabé en su primer
viaje misionero, viajando con ellos a la isla de Chipre, pero por algún motivo, aunque no se nos
dice exactamente el por qué, Marcos se negó a ir con ellos cuando fueron al territorio
continental, es decir, a lo que es en la actualidad Turquía. En lugar de ir con ellos regresó a
casa de su madre. Pablo se sintió molesto por ello y es evidente que tenía la impresión de que
Marcos era un poco cobarde. Cuando llegó el momento de emprender un nuevo viaje y a pesar
de que Bernabé quería que fuese Marcos con ellos, Pablo no quiso que lo hiciera, por lo que
Bernabé y Pablo se separaron. Bernabé se llevó consigo a Marcos a Chipre y Pablo y Silas
regresaron a las regiones en las que habían estado con anterioridad. Es encontes cuando Marcos
desaparece de la escena durante un tiempo.
 
La próxima vez que oímos hablar acerca de él, se ha asociado con el apóstol Pedro, que en su
primera epístola habla muy afectuosamente acerca de este joven, llamándole "Mi hijo, Marcos".
Las más antiguas tradiciones de la iglesia nos dicen que Marcos se convirtió en el compañero
de Pedro. Eusebio, uno de los padres de la iglesia del tercer siglo, dice que los cristianos
primitivos estaban tan fascinados con las cosas que les decía Pedro que le pidieron a Marcos
que las pusiera por escrito. Es posible que así fuese como llegó hasta nosotros el Evangelio
según Marcos, porque refleja muchos de los recuerdos de Pedro y las experiencias que tuvo con
Jesús.
 
Todo lo dicho acerca del origen del Evangelio de Marcos puede verificarse contrastándolo con
las Escrituras, pero hay otro aspecto al que posiblemente debiera llamar "la especulación de
Stedman" porque no es inspirado, pero que es, sin embargo, algo que me ha tenido intrigado
durante mucho tiempo. De todos modos lo transmito para que ustedes piensen lo que quieran al
respecto. En el capítulo 14, versículo 51, se hace referencia a un incidente del que solo deja
constancia Marcos. En su relato acerca de la traición y el arresto de Jesús, Marcos nos dice que
cuando los soldados se lo llevaron le siguió un joven, que no llevaba puesto más que una
sabana sobre su cuerpo. Parece ser que los soldados debieron pensar que se trataba de un
discípulo de Jesús, que había sido lo suficientemente insensato como para quedarse atrás
mientras el resto de ellos habían salido huyendo. Los soldados intentaron arrestarle, pero lo
único que consiguieron fue apoderarse de la sábana que le cubría y el muchacho salió corriendo
desnudo, perdiéndose en la noche. Muchos eruditos han sugerido que se trataba de Marcos
porque en esa época debió ser un hombre "joven" y tal vez se había quedado por la fascinación
que sentía por Jesús, con la esperanza de aprender más, cayendo sin saberlo en una trampa y
tuvo que huir para salvar la vida, dejando tras de sí la prenda que le cubría. El hecho de que
Marcos sea el único que lo menciona resulta bastante revelador y parece indicar que
efectivamente se trataba de Marcos.
 
Pero hay otro relato, en Marcos 10, que también cuentan Mateo y Lucas, que me ha fascinado y
es la historia del joven y rico gobernante. Aquí tenemos el caso de un joven que, hacia el final
del ministerio de Jesús, le vino con el fin de hacerle una pregunta. Era un hombre rico de la
clase gobernante, evidentemente apuesto y con una personalidad cálida. Corrió y se arrodilló a
los pies de Jesús diciéndole: "Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna?" Jesús le
dijo: "¿Has cumplido los mandamientos?" El joven dijo que lo había hecho, efectivamente,
desde su juventud. Es entonces cuando Marcos deja constancia de algo que no nos revela ningún
otro relato. Dice: "entonces, al mirarlo Jesús le amó..." Ese pequeño detalle personal me
sugiere que Marcos era el joven gobernante rico.
 
De modo que ese breve relato acerca del joven rico, que huyó sin su ropa, es el modo en que
Marcos nos dice que el joven gobernante rico se alejó de Jesús entristecido, como nos dice la
historia, porque tenía muchas posesiones, pero no siempre estuvo entristecido porque más
adelante, habiéndose pensado las cosas, tomó la decisión que Jesús le había exigido:
entregando todo cuanto tenía. Renunció a su herencia y todo cuanto le quedó fue la túnica que le
cubría y al final hasta eso lo perdió y se convirtió en un seguidor de Jesús. No estoy diciendo
que las Escrituras nos digan de una manera explícita que eso fue lo que pasó, ¡pero tengo la
impresión de que fue así! De modo que si a ustedes no les importa esta versión "al estilo
Stedman", esto nos permite tener una visión más profunda del Evangelio según Marcos.
 
Sea como fuere, si sucedió efectivamente algo así, justificaría la aparente fascinación que sentía
Marcos por dos de las cualidades de Jesús, acerca de las cuales nos habla en las primeras
palabras de su evangelio: "el principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios". Jesús de
Nazaret, un carpintero, el Jesús hecho hombre, pero al mismo tiempo el Hijo de Dios, el
Divino. Marcos parece profundamente fascinado por esta combinación: el Gobernante que
muestra su habilidad para servir y el Siervo que sabe cómo gobernar.
 
Por cierto, así es como está organizado el libro. Marcos es muy fácil de compendiar porque el
autor nos ofrece ciertas divisiones naturales, como veremos más adelante. Se divide fácilmente
en dos mitades. La primera, del capítulo 1 al 8, versículo 26, es El Siervo que Gobierna, la
autoridad del siervo. La segunda, desde el capítulo 8, versículo 27 hasta el final, es el
Gobernante que Sirve. Leamos los primeros versículos:
 
    "El principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios. Como está escrito en el
    profeta Isaías: ÎHe aquí envío a mi mensajero delante de ti, quien preparará el
    camino. Voz del que clama en el desierto: ÎPreparad el camino del Señor; enderezad
    sus sendas." Así Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo del
    arrepentimiento para perdón de pecados."
 
Esta afirmación que hace Marcos resulta verdaderamente asombrosa. El énfasis que hace desde
el principio mismo de su evangelio, al que llama "el principio del evangelio", el punto de
partida, es el ministerio de Juan el bautista. Y el punto culminante de dicho ministerio fue el
fantástico éxito que disfrutó Juan en el desierto. El año pasado, aproximadamente por estas
fechas, me encontraba en el desierto. Fuimos en coche desde la ciudad de Jerusalén hacia
Jericó, pasando por el valle del Río Jordán. Me di cuenta de que era efectivamente un desierto.
Incluso en la actualidad es un lugar monótono, despoblado, abandonado y solitario. El Jordán
fluye por esta región, pero es la única agua que se puede encontrar en millas a la redonda. Es
una región reseca y deprimente, bordeada por las montañas del desierto, árida, seca e inhóspita.
Pero con todo y con eso, las gentes de Jerusalén y de Judea dejaban sus ciudades, sus
pasatiempos y sus placeres, para darse una caminata por este desierto tan tremendo para oír
predicar a un hombre. Es posible que tuviesen que caminar veinte o treinta millas para poder
escuchar a Juan, pero lo hacían de buena gana de tal modo que Marcos deja constancia, apenas
exagerando al decir que "salía a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalén" para
escucharle.
 
La mayoría de nosotros nos imaginamos a Juan como un hombre fuerte, intrépido que predicaba
a todo el mundo el juicio, el tormento y la condenación con voz de trueno, pero si hubiera sido
ese la clase de mensaje que predicó Juan nadie hubiese salido de Jerusalén con el fin de
escucharle. Nadie está interesado en escuchar a alguien que despedace, descubra, ataque y
critique severamente a la gente. Cualquiera que predique de esa manera no tendrá muchos que
le sigan durante mucho tiempo y tampoco Juan predicaba de ese modo. Marcos nos dice que su
mensaje fue el principio de las buenas nuevas de Jesucristo. Algo atraía a estas gentes de todas
las ciudades, haciendo que acudiesen a una región desierta y lo hacían para escuchar la
predicación de las buenas nuevas de boca de este joven y vigoroso predicador.
 
Es evidente que Juan hablaba a una necesidad universal en sus vidas y no tenemos necesidad de
adivinar de qué se trataba porque todavía sigue existiendo. Sigue siendo la misma necesidad
que sienten actualmente las personas en sus corazones. Eran víctimas de un síndrome del que
padece actualmente cada ser humano. El síndrome está formado por tres elemento: el pecado, la
culpabilidad y el temor, que siempre van juntos.
 
¿Qué es el pecado? Bueno, básica y fundamentalmente, el pecado es egoísmo. Cometemos
pecado porque pensamos en nosotros mismos, amándonos a nosotros mismos, luchando por lo
que nos atañe, asegurándonos de que nadie se nos adelante. Esa es la esencia del pecado, la
egolatría. Todos somos víctimas de ella y no hay nadie que no tenga que luchar con ese aspecto
de la vida. Nos hallamos continuamente atrapados por ella y es la maldición que pende sobre
toda la raza humana. Fuimos creados por Dios con el propósito de ser receptáculos que
transmitiesen su amor comunicativo, para que ese amor llegue a todos los que nos rodean. Pero
de algún modo eso se ha distorsionado y ahora, en lugar de manifestar nuestro amor a los demás
lo guardamos para nosotros y a los primeros que queremos es a nosotros mismos.
 
Y el pecado produce siempre culpabilidad. El pecado hace que no estemos contentos con
nosotros mismos. No nos gusta herir a los demás y sabemos que lo hacemos. Nos sentimos
responsables porque vemos el daño que hacemos a otros por causa de nuestro egoísmo y nos
sentimos culpables por ello. Entonces aprendemos, en un sentido, a odiarnos a nosotros
mismos. Por eso es por lo que los psicólogos afirman que el gran problema con el que se debate
la humanidad es el odio a uno mismo. Carl Menninger escribió un libro, Man against himself
(El hombre contra sí mismo), en el que deja constancia de que eso es lo que hacemos, nos
odiamos, no estamos satisfechos con nosotros mismos. Y eso es culpabilidad.
 
La culpabilidad va siempre acompañada por el temor debido a que el miedo es la falta de
confianza en uno mismo. Sentir temor es no poder ya controlar la vida, ser conscientes de que
existen fuerzas y poderes que no podemos controlar y que a la postre acabarán por
confrontarnos. No sabemos qué hacer con esos sentimientos, de modo que huimos de ellos. Esto
es algo que sucedió incluso en el jardín del Edén. Tan pronto como Adán y Eva pecaron se
sintieron culpables y por eso se escondieron atemorizados. Ha sido la historia de la raza
humana desde entonces. El temor aparece, sentimos esa incertidumbre con respecto al futuro y
sentimos temor, convirtiéndonos en personas tímidas, atemorizadas por lo que pueda pasar a
continuación. Estamos todo el tiempo sobre ascuas, temiendo que nos acepten o nos rechacen,
asustados por lo que otros nos puedan hacer y de modo especial y finalmente, atemorizados por
lo que Dios nos va a hacer y eso se convierte en un tormento interior superior a cualquier otra
cosa.
 
Uno de los lugares que he visitado en la Ciudad de Méjico es el santuario de Guadalupe. Según
la leyenda, la Virgen María se le apareció a un indio en el siglo dieciséis y le sanó.
Posteriormente el lugar se ha convertido en un santuario de sanaciones al que acuden personas
de todo Méjico. Hay habitaciones enteras llenas de muletas, que han sido abandonadas por
personas que se han deshecho de ellas, convencidas de que habían sido curadas en el santuario.
Puede que algunas lo fueran, pero en cualquier día que se acuda al santuario se pueden ver a
personas de rodillas, arrastrándose durante bloques enteros sobre el suelo sucio y duro para
poder llegar hasta el santuario. Es doloroso porque según van avanzando dejan tras de sí
manchas de sangre sobre el pavimento. ¿Por qué hacer algo semejante? Porque el tormento
exterior que representa tener las rodillas cubiertas de sangre y laceradas no es tan difícil de
soportar como el tormento interior que les produce la culpabilidad y el temor. Alguien les ha
dicho que el hacer eso les aliviará el tormento y por eso lo hacen.
 
Si creemos que eso es una tontería fruto de la superstición, lo que necesitamos es examinar
algunos de los medios de los que nos valemos para librarnos de la culpabilidad y el temor.
Tenemos, por ejemplo, la filantropía. Algunas personas intentan regalar su dinero y conozco a
muchas personas que se han beneficiado de las consciencias culpables, aprovechándose de
personas ricas que se esforzaban por satisfacer su sentimiento interno de culpabilidad y de
temor dando dinero a una causa u a otra. También están los que se convierten en moralistas
inflexibles, que se consideran casi perfectos al tiempo que desprecian (a todo el mundo) por no
estar a la altura de las normas que se han impuesto a sí mismos, aunque tampoco ellos están a la
altura de esas normas, pero esa es una manera de pagar por la culpa que sienten en su interior,
por cierto, algo ampliamente evidente en los círculos evangélicos.
 
Eso fue lo que hizo que todas esas personas saliesen de Jerusalén. En aquel momento apareció
un hombre, un tanto extraño, que estaba anunciando algo. Eso era todo lo que hacía. Nunca dijo
cómo funcionaba ni por qué, sencillamente lo anunció, pero de algún modo se corrió por
Jerusalén la voz de que funcionaba, que las personas estaban encontrando alivio. La ciudad
empezó a conmocionarse al correr la noticia de boca en boca, hasta que por fin la gente
comenzó a aparecen por el desierto en gran número para ver a Juan el bautista, para escuchar lo
que tenía que decir y para ser bautizados por él. Un fenómeno sorprendente ¿no es cierto?
 
Para comenzar hablemos de lo que anticipa el Antiguo Testamento. Marcos cita a los profetas, a
dos de ellos, aunque solo menciona a uno de ellos por nombre. "He aquí envío a mi mensajero
delante mi faz para preparar el camino" son palabras de Malaquías, el último libro del Antiguo
Testamento. Marcos no le menciona, cosa que a algunos eruditos les ha molestado un tanto, por
considerar que Marcos estaba equivocado y que por ello adjudicó a Isaías algo que había sido
escrito en realidad por Malaquías. Se pueden leer cientos de páginas de argumentos sobre el
tema, pero Marcos no estaba equivocado ni era un ignorante ni nada por el estilo; sencillamente
quería enfatizar lo que había dicho Isaías porque lo que dice Malaquías concuerda con lo dicho
por el anterior. Por lo que sencillamente combina lo dicho por ambos y comienza con una
palabra de Malaquías "He aquí envío (Dios) mi mensajero delante de ti, quien preparará tu
camino (el del Mesías), preparad el camino del Señor..." Entonces aparecen las palabras de
Isaías "...voz del que clama en el desierto, enderezad sus sendas..." Y, de acuerdo con eso,
Marcos dice: "así Juan el bautista apareció en el desierto predicando el bautismo del
arrepentimiento para perdón de pecados."
 
¿Por qué iba Dios a anticipar con tal fuerza esta verdad? Dios sabía que era preciso dar un paso
de preparación en los corazones de los hombres antes de que Dios y el hombre pudiesen
reunirse. Dios no se limita sencillamente a hacer acto de presencia ante los hombres, esperando
que le reciban porque con eso lo único que conseguiría sería darles un susto de muerte. Por lo
tanto era necesaria cierta preparación y para eso fue enviado Juan el que había de hacer la
preparación, para ir delante del Señor y preparar el camino para él, por medio del
arrepentimiento, cosa que examinaremos en un momento.
 
¿Por qué estaba predeterminado que Juan había de comenzar su ministerio en el desierto? De
haber escuchado a los relaciones públicas de esos tiempos no se le habría ocurrido empezar en
semejante sitio como el desierto. No hay duda de que no es precisamente el sitio más indicado
para empezar un ministerio con el cual se pudiese esperar alcanzar a toda la población, pero
Dios rara vez escucha a los relaciones públicas ni ellos a El, por lo que Juan comenzó su
ministerio en el desierto, el peor sitio que podría haber escogido. ¡Pero funcionó!
 
Dios escoge el desierto porque es un símbolo: Es simbólico de donde había de caer el mensaje
en el desierto que es la humanidad. El desierto es una imagen de nosotros mismos, de nuestras
vidas secas, vacías, áridas, cansadas, aburridas y confusas. El otro día estaba leyendo un
artículo acerca de la separación del matrimonio formado por Richard Burton y Elisabeth
Taylor, que durante tanto tiempo habían sido considerados como la pareja ideal, pero entonces
nos enteramos de lo que realmente estaba sucediendo. ¿Sabe usted lo que produjo la ruptura del
matrimonio? El puro y sencillo aburrimiento. Estaban aburridos, aburridos el uno del otro,
estaban aburridos de sus vidas, de tener todo lo que querían, pero de no querer lo que tenían.
Un amigo cristiano me contó acerca de un vecino que tenía y al que hacía mucho que había
conocido, un hombre muy inteligente, que ganaba mucho dinero y tenía todo lo que deseaba,
pero un día vino, se sentó a la mesa de la cocina de mi amigo, se cubrió la cara con las manos y
dijo: "¡Dios mío! ¡Qué aburrido estoy!" Dos semanas después se quitó la vida. Eso es el
desierto y ahí es donde vive la gente. Y ese fue el motivo por el cual Juan apareció
precisamente en el desierto porque es el símbolo que tiene Dios para nosotros de la esperanza
que brotará, incluso en medio del desierto de nuestra experiencia.
 
Entonces Juan anunció algo de suma importancia: que el arrepentimiento es la manera que tiene
el hombre de venir a Dios y que el resultado es el perdón de los pecados. La mayor bendición
que puede recibir una persona es que le sean perdonados sus pecados. Eso era precisamente lo
que estaban buscando aquellas personas y eso fue lo que encontraron al salir de Jerusalén con
el fin de escuchar a Juan. Hallaron el perdón de sus pecados y eso lo consiguieron mediante el
arrepentimiento.
 
Es preciso entender lo que es el arrepentimiento. Es siempre algo que produce dos
movimientos. De algún modo nos hemos criado con la idea de que solo debemos perdonar a las
personas cuando vienen a pedirnos perdón. Si puede usted conseguir que la persona que le haya
hecho algún daño le pida perdón, entonces la perdona, pero eso ¡es una terrible equivocación!
Se producirían muy pocos actos de reconciliación sobre esa base. No, el perdón es algo que se
debe producir antes de que la persona venga a nosotros.
 
Ahí radica la gloria del relato del hijo pródigo, ¿no es así? Regresó de un país lejano, después
de haber disipado los bienes de su padre y su propia vida, destrozado y humillado, dispuesto a
convertirse en el siervo de su padre, pero el momento en que su padre le vio, abrió sus brazos y
antes de que el muchacho pudiese decir ni una sola palabra, se encontró en los brazos de su
padre, recibiendo sus besos y abrazos, mientras preparaban el becerro grueso. El perdón
comienza en el corazón de la persona ofendida, encontrando una base sobre la cual, por algún
motivo que es válido para esa persona, está dispuesta a olvidar el agravio, a absorberlo y
olvidarlo. Porque eso es lo que significa el perdón, olvidarlo, no mantenerlo sobre la cabeza de
la persona que ha cometido la ofensa, recordándoselo cada dos por tres, sino olvidando,
tratando a la persona como si nunca hubiera pasado.
 
La base sobre la cual Dios hace eso es la cruz de Jesucristo. Le permite la libertad de hacerlo
porque protege y conserva su justicia, pero la base sobre la que se nos exhorta que perdonemos
es que nosotros ya hemos sido perdonados. Ese es el motivo por el que Jesús contó la historia
de un hombre al que le había sido perdonada una enorme deuda, pero que agarró por el cuello a
otgro hombre que le debía diez dólares y le dijo: "¡Págame lo que me debes!" Jesús dice que
así somos nosotros cuando no perdonamos a los que nos ofenden. A nosotros se nos ha
perdonado una gran deuda y sobre esa misma base debemos de perdonar a otros. Ahí es donde
empieza, en un cambio de actitud en el corazón de la persona a la que le han ofendido.
 
Pero nunca puede tener éxito o ser completo hasta que no se produzca un cambio de actitud en
el corazón del que ofende. Es decir, debe ser aceptado por aquel que ha ofendido. Es preciso
que reconozca que cometió una ofensa y que reconozca su culpabilidad. Eso es lo que se llama
"arrepentimiento". Es preciso cambiar de opinión, dejar de justificarse, admitir que hizo daño y
entonces se está en condiciones de recibir el perdón, y se puede aplicar dicho perdón. No
conozco un ejemplo más claro de ese principio que el hombre que se sienta hoy en San
Clemente, cavilando, sintiendo la tragedia, torturándose, incapaz de disfrutar el perdón que le
ha sido concedido porque no está dispuesto a reconocer que haya hecho nada malo. Por eso es
por lo que Juan predicó el arrepentimiento, porque es el lugar en el que Dios se encuentra con
el hombre.
 
Por eso es por lo que el profeta Isaías dijo que el mensaje de Juan sería como un gran tractor,
construyendo un camino en el desierto para que Dios pudiese llegar al extraño aislado en medio
del desierto. Sin que haya una carretera no es posible adentrarse en el desierto con el propósito
de ayudar a alguien. Es preciso disponer de una carretera, de una autopista en el desierto. Juan
era precisamente el tractor de Dios, que habría de construir esa carretera. Ya sabe usted cómo
se construyen las carreteras, exactamente como se describe en el capítulo 40 de Isaías. "¡Todo
valle será rellenado y todo monte y colina rebajados! ¡Lo torcido será convertido en llanura y
lo escabroso en amplio valle!" Eso es lo que consigue el arrepentimiento. Hace que se
conviertan en llanuras todos los altos picos del orgullo sobre los que nos encontramos,
negándonos a reconocer que estamos equivocados. Se introduce en aquellos aspectos de nuestra
vida, en los que nos criticamos, nos torturamos y nos castigamos a nosotros mismos y los eleva.
Se apodera de lo que está torcido, de las mentiras y el engaño y endereza la situación. Hace que
todo lo que es duro se vuelva fácil. ¡Dios se encuentra ahí, en ese momento de arrepentimiento!
Es una preciosa imagen, ¿no es cierto? y con ella Juan enlaza la personalidad de Juan:
 
    "Juan estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la cintura y comía
    langostas y miel silvestre."
 
¿Por qué introduciría Marcos todos estos detalles? Aquí tenemos al fornido profeta Juan. No es
precisamente la imagen de un modelo con sus ropas de pelo de camello, sus sandalias de cuero
y su cinto de cuero alrededor de su cintura, bastante parecido a como vestía Elías. Y su régimen
era de lo más sencillo: langostas y otras cosas y él dijo: "No, Señor, no son ellos, solo soy yo.
Son (saltamontes) y miel silvestre, es importante o de lo contrario no estarían aquí. Una vez más
es algo simbólico, pero ¿qué simbolizan? La verdad es que no es posible ataviarse con prendas
más fundamentales ni alimentarse de un modo más básico de lo que lo hizo Juan. En otras
palabras, es representativo de su ministerio, uno de principios sencillos. No es el fin, es el
principio. El principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios es el arrepentimiento por
parte del hombre. Ese es el lugar desde el que comenzar y hasta la ropa y el régimen alimenticio
de Juan lo dicen claramente.
 
Por cierto, su régimen era equilibrado. Aquellos de ustedes que siguen las dietas de moda
reconocerán de inmediato que los saltamontes son proteína y que la miel son carbohidratos. Por
lo tanto, el régimen alimenticio de Juan estaba perfectamente equilibrado, del mismo modo que
su ministerio era elemental, rudimentario, comenzando justo al principio, nada complicado,
sencillamente carnes y patatas. Es más, el mismo Juan dijo que estaba incompleto:
 
    "Y predicaba diciendo: viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy
    digno de desatar, agachado, la correa de su calzado. Yo os he bautizado en agua, pero
    él os bautizará en el Espíritu Santo."
 
Juan es muy sincero al decir "no esperéis de mi que os dé respuestas, aparte de lo que ya os he
dicho acerca del arrepentimiento. Lo que no sea eso, os lo tendrá que decir Otro, que viene tras
de mi. El es mucho más importante que yo, de modo que ni siquiera soy digno de desatar sus
zapatos. [¡Y se estaba refiriendo a su propio primo!). La señal de su grandeza es que yo os
puedo llevar al punto de la limpieza exterior, pero El puede hacer mucho más que eso." En
otras palabras, Juan podía llevar a las personas a Dios, pero no podía llevarlas más allá para
que permaneciesen junto a El, para eso era preciso la vida del Espíritu Santo. Cuando Jesús
viniese, les bautizaría con el Espíritu Santo a fin de que pudiesen vivir sobre la base que ya
habían comenzado. Una gran parte de la predicación cristiana de nuestros días sigue el mismo
orden que el ministerio de Juan, diseñado tan solo para traer a las personas a Dios y nada más.
No les enseña cómo vivir más allá de eso, por lo que las personas no pueden seguir adelante.
No conocen nada acerca del poder de la vida de Jesús que está a su alcance gracias al Espíritu
Santo. Todo eso habría de suceder después de Juan.
 
Juan llevaba a las personas a Cristo por el único camino que podía ir el hombre, por el del
reconocimiento de su culpabilidad. Cuando las personas vienen de este modo, Dios se
encuentra con ellas, las limpia y las perdona. Juan lo demostró por medio de su manera de
bautizar, pero existe un bautismo superior, el del Espíritu Santo. Y en el día de Pentecostés,
cuando descendió el Espíritu de Dios, nos encontramos a Pedro en pie ofreciendo dos cosas a
las personas: el perdón de los pecados y la promesa del Espíritu. A partir de ese momento, eso
es lo que Dios ha puesto a disposición de cualquier hombre o mujer que esté dispuesta a
empezar al principio, el lugar del arrepentimiento.
 
¿Se ha arrepentido usted alguna vez? ¿Ha cambiado alguna vez su modo de pensar, ha dejado de
defenderse a sí mismo y de echarle la culpa de todo a los demás y ha dicho: "no, Señor, no son
ellos, soy yo. Así es como soy y necesito ayuda"? Ese es el lugar en el que Dios se encontrará
con usted. Siempre se encuentra con el hombre en ese punto, limpiándole de su culpa,
liberándole y perdonándole. Ahí es donde encontrará usted el perdón de sus pecados. Si nunca
se ha arrepentido, le animo a que lo haga ahora. Dios se encontrará con usted en ese punto. En
el silencio de su corazón, donde solo Dios puede oírle, puede usted decirle: "Señor, me
arrepiento. Señor, enviame el Espíritu Santo por medio de Jesús el Señor" y El lo hará.
 
Si es usted un cristiano y en su vida existe un aspecto que es como un desierto y no sabe usted
de qué modo resolverlo, ese es el lugar donde comenzar. Arrepiéntase, reconózcalo y Dios se
encontrará con usted en ese punto y limpiará su vida. El no tiene palabras de condena para
usted, solo una palabra de limpieza, si se encuentra usted con él en el punto del arrepentimiento.