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Asunto:[biblia] Un Día en la Vida de Jesús
Fecha:Viernes, 13 de Abril, 2001  00:38:46 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

Un Día en la Vida de Jesús
 
por Ray C. Stedman
 
En la actualidad existe un estilo literario popular que consiste en narrar los acontecimientos de
un día en la vida de una persona. Aleksandr Solzhenitsyn nos ofrece un libro extraordinario, que
se titula One Day in the Life of Ivan Denisovich (Un Día en la Vida de Ivan Denisovich). Es
posible que haya leído usted algunos de los libros de Jim Bishop, como The Day Kennedy Died
(El día que murió Kennedy) o The Day Lincoln Died (el día que murió Lincoln). En el
evangelio de Marcos nos encontramos con algo parecido al ir relatando Marcos, para nuestra
información, Un Día en la Vida de Jesús. La historia comienza una soleada mañana en Galilea,
en la que Jesús se hallaba caminando junto al lago, a continuación Jesús visitó a media mañana
la sinagoga en Capernaum (pues era el día del Sabat), por la tarde pasó algunas horas en la casa
de Pedro y de Andrés y sigue el curso de los acontecimientos de una tarde muy ocupada en la
ciudad, al reunirse miles de personas para que Jesús les atendiese. El relato concluye con una
solitaria vigilia dedicada a la oración en las colinas, durante las primeras horas de la mañana.
Por lo tanto, este relato nos ofrece veinticuatro horas muy completas, que se han recopilado de
los breves recuerdos que Marcos tenía de Jesús y de las historias que Pedro le contó.
 
Hay un tema que se destaca al leer los relatos de los incidentes que tuvieron lugar en ese día y
es la autoridad de Jesús. Recordará usted que en el primer estudio de esta serie vimos que era
al menos posible que Marcos fuese aquel joven gobernante rico, que vino a Jesús para
preguntarle en secreto acerca de la vida eterna y al cual le contestó Jesús: "Ve, vende todo lo
que tienes y sigueme." Yo estoy personalmente convencido de que Marcos era aquel joven y
que hizo exactamente eso: entregó todo cuanto poseía y siguió a Jesús. Si ese es el caso,
justificaría la aparente fascinación que sentía con la fuente de poder con la que actuaba Jesús.
Marcos se siente impresionado con la autoridad de Jesús, a pesar de lo cual encuentra en él la
característica del siervo, lo cual sería algo nuevo para Marcos. Le resultaría difícil entender
cómo era posible que un siervo tuviese autoridad, pero el tema se entrelaza en todas estas
historias como un principio radical, que es aparente en las Escrituras: a todo aquel que este
dispuesto a servir de manera voluntaria, Dios le concede también el poder para gobernar.
 
En ese único día nos encontramos con seis señales de la autoridad de Jesús y la primera la
encontramos en los versículos del 16 al 20:
 
    "Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés hermano de Simón,
    echando la red en el mar; porque eran pescadores. Jesús les dijo: ÎVenid en pos de
    mí, y os haré pescadores de hombres.â De inmediato dejaron sus redes y le
    siguieron."
 
Sería una terrible equivocación creer que era la primera vez que Jesús había visto a estos
hombres. Eran discípulos de Juan el bautista y Jesús había estado antes con ellos en Judea y
ellos hasta le habían estado siguiendo durante un tiempo como sus discípulos. De modo que este
no es un primer encuentro, sino que es el relato de su llamamiento oficial a un discipulado
continuo. Lo asombroso acerca de ello, lo que realmente impresionó a Marcos fue el que Jesús
afirmase su derecho a intervenir en sus vidas, pues les dijo: "Venid en pos de mí y os haré
pescadores de hombres." Jesús asume toda la responsabilidad al respecto.
 
Estos hombres se dedicaban a pescar peces, eran sencillos pescadores galileos, un tanto
ignorantes, sin estudios, sin conocimientos, hombres corrientes, dominados por sus pasiones y
prejuicios judíos, con un punto de vista un tanto estrecho. Antes de que pudieran convertirse en
pescadores de hombres, sería preciso que su mente se ampliase y fuese más universal. Tendrían
que aprender a caminar de manera que dependiesen del poder del Espíritu de Dios y Jesús
asume la responsabilidad para conseguir precisamente eso. ¡Eso a mi me sirve de estímulo!
Porque siempre que El te llama a ti o a mi asume la responsabilidad de prepararnos para la
labor si estamos dispuestos a seguirle y a ser sumisos a El.
 
En su libro What Should This Man Do? (¿Qué debería Hacer Este Hombre?) Watchman Nee
hace una sugerencia de lo más cautivadora, en el sentido de que Jesús no solo tiene la intención
de capacitar a estos hombres para la labor que les ha llamado realizar, sino que lo hace de tal
manera que permite que cada uno de ellos conserve su propia personalidad. Esto queda
perfectamente claro en lo que Marcos nos dice acerca de lo que estaban haciendo estos
hombres en el momento en que Jesús les llamó. Pedro y Andrés estaban echando sus redes al
mar, echando sus redes redondas a los lados de la barca para poder coger los peces con ellas.
Esto nos sugiere que habían de convertirse en evangelistas. Ese sería el proceso mediante el
cual llegarían a otras personas, alcanzando a los que estaban a su alrededor. Al continuar el
relato veremos de qué modo se convierte Andrés en el discípulo que lleva a las personas a
Jesús, del mismo modo que llevó a su hermano Pedro a Cristo. Pedro se convierte en el gran
evangelista cuando predica el evangelio a tres mil personas en el día de Pentecostes.
 
Pero Santiago y Juan estaban haciendo algo diferente, estaban arreglando sus redes. La palabra
griega "arreglar" es la misma palabra que aparece en Efesios 4, cuando Pablo dice acerca de
los pastores y maestros que deben de "equipar" (o arreglar) a los santos para realizar el trabajo
del ministerio. De la misma manera que Santiago y Juan estaban equipando sus redes,
asegurándose de que estuviesen listas, cuando les llamó Jesús, esa sería la labor que
desempeñarían como pescadores de hombres. Lo harían como maestros, equipando a los santos
y, una vez más, es lo que vemos en las vidas de estos hombres a través de todas las Escrituras.
 
Este es un pensamiento precioso, porque indica que cuando el Señor nos llama no solamente
nos capacita, asumiendo la plena responsabilidad de enseñarnos todo cuanto necesitamos
aprender para poder cumplir nuestro llamamiento, sino que lo hace de tal manera que nos
permite conservar los matices de nuestra propia personalidad que hace que seamos lo que
somos.
 
Durante esta semana pasada, mientras me encontraba en la Facultad de Wheaton, se me acercó
un joven estudiante al final de un culto en la capilla y con una mirada muy intensa en su rostro
me dijo: "Oiga, usted ha estado toda la semana hablándonos acerca de cómo Cristo obra en
nosotros, diciendo que El lleva a cabo la obra, pero tengo una pregunta que hacerle: ¿cómo
puede Jesús obrar en nosotros sin destruir nuestra personalidad?" Estuve pensando en la
respuesta y de repente me vino a la mente un ejemplo: "Cuando preparas el desayuno, si
enchufas la tostadora electrica y la batidora al mismo enchufe, harían las dos la misma cosa?"
Me respondió: "Ya veo lo que quiere decir." Claro que no sirven los dos aparatos para lo
mismo. Los dos usan la misma potencia, pero no sirven los dos para hacer lo mismo. Igual pasa
con Jesús. El es el poder en la vida cristiana, el que vive en nosotros y se manifiesta a través de
nosotros, sea cual fuere la exigencia de la vida, pero el resultado siempre conserva algo de
nuestra individualidad. Lo glorioso del llamamiento cristiano es que todo recibimos el poder de
ese Dios Poderoso, pero que no perdemos ninguna de esas características de nuestra propia
personalidad.
 
Por lo que Marcos se siente impresionado con esa competencia tan asombrosa de Jesús, porque
los hombres no acostumbran a actuar de ese modo. Si se matricula usted en un curso de
desarrollo de la personalidad, o para desarrollar sus habilidades de mando, se verá
invariablemente sometido a un proceso que es igual para todos, que intenta obligar a todo el
mundo a que encaje en el mismo molde. Por desgracia, eso es algo que también hacemos en los
círculos cristianos, por lo que a veces somos todos como si nos hubiesen cortado del mismo
patrón, ¡como si todos fuesemos monigotes iguales! Pero no es eso lo que hace Jesús y Marcos
se maravilla por la competencia de este hombre extraordinario.
 
La segunda señal de la autoridad la encontramos en el siguiente pasaje:
 
    "Entraron (vemos que habla en plural, es decir, iban a Capernaum Pedro, Andrés,
    Santiago y Juan con nuestro Señor ) en Capernaum. Y en seguida, entrando él en la
    sinagoga los sábados, enseñaba. Y se asombraban de su enseñanza, porque les
    enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas."
 
En este caso, Marcos se queda asombrado por la enorme comprensión de Jesús, por su
increible conocimiento, por su discernimiento con respecto a la humanidad y la vida. Se sentía
especialmente impresionado por la autoridad con la que hablaba. Todos los que estaban
presentes se sentían impresionados por la autoridad de la que hacía gala Jesús. No enseñaba
como lo hacían los escribas a los que estaban acostumbrados a escuchar. "Hillel dice lo
siguiente y Gamaliel añade tal cosa, mientras que otras autoridades argumentan que...." Jesús no
hacía referencia a ninguna autoridad que no fuese él mismo. Pero con todo y con eso sus
palabras mostraban tal percepción, eran tan reales en cuanto a la experiencia y las convicciones
internas de los hombres y mujeres que le escuchaban que estos no podían más que asentir con la
cabeza diciendo: "¡Claro que sí!" sabiendo que lo que decía Jesús era verdad. J.B. Phillips ha
titulado una de sus libros The Ring of Truth (El Sonido de la Verdad), que es una descripción
muy apropiada de cómo enseñaba Jesús. Sus palabras tenían ese sonido de la verdad,
reconocidas por todos los que le escuchaban hablar. Era una verdad que le prestaban
autenticidad, que correspondían con la convicción interior de cada una de las personas que le
escuchaban, de modo que sabían que Jesús conocía los secretos de la vida.
 
Esto es de gran importancia porque significa que hemos de medir cada enseñanza con lo que
dijo Jesús acerca del tema. La última vez que estuve en la Facultad de Wheaton fue hace varios
años, cuando las universidades de este país se vieron destrozadas por los disturbios y la
disensión y ni siquiera las universidades cristianas se libraron de esa situación. Me invitaron a
que enseñase una clase acerca de los acontecimientos que estaban teniendo lugar y charlamos
sobre los diferentes problemas, como la pena capital y, como es natural, la guerra del Vietnam.
Me sentí profundamente consternado al escuchar a aquellos estudiantes referirse constantemente
a la autoridad secular. Por fin hice un alto y les dije: "Escuchad, esta es una facultad cristiana, a
pesar de lo cual nadie se ha referido para nada a lo que Dios tiene que decir con respecto a
estos temas. Y Su punto de vista es, después de todo, el único que cuenta y la verdad se halla en
lo que El dice." La verdad es lo que encontramos en las enseñanzas de Jesús. Hemos de
corregir, por lo tanto, nuestra psicología y nuestra filosofía basándonos en la verdad que El ha
expuesto.
 
Quiero compartir con usted una cita con la que me encontré hace ya algún tiempo y que
pertenece a un psiquiatra americano, llamado J.T. Fisher:
 
Si recogiesemos la suma total de todos los artículos de autoridad que jamás han escrito los
psicólogos y psiquiatras más capacitados sobre el tema de la higiene mental, si los
combinasemos y refinásemos, eliminando de ellos el exceso de palabrería, si nos quedamos con
lo importante y eliminasemos la paja de dichos artículos, y si dispusieramos de estos
fragmentos sin adulteración de puro conocimiento científico, expresado de una manera concisa
por los poetas vivos más capaces, nos encontraríamos con un resumen absurdo e incompleto del
Sermón del Monte y, con todo y con eso, sufriría inmensamente en la comparación. Durante casi
dos mil años el mundo cristiano ha tenido en sus manos la respuesta perfecta a su anhelo más
desasosegado e infructuoso. Tenemos aquí el programa detallado necesario para llevar una vida
de éxito, para disfrutar de una salud mental óptima y sentirnos satisfechos.
 
Es por eso precisamente por lo que, en la sinagoga de Capernaum, se sintieron maravillados
por las enseñanzas de Jesús. Cuando leo las Escrituras y veo las cosas que dijo Jesús, con
frecuencia me siento totalmente atónito por la asombrosa sabiduría y por el discernimiento de la
vida que representan y cómo Jesús pone de manifiesto lo lejos que con frecuencia se halla el
pensamiento secular , lo equivocado que está, a pesar de que todo el mundo lo alaba y dice que
está bien. Por eso es por lo que necesitamos el discernimiento de este hombre extraordinario, al
estudiar nuestra vida y la vida humana en general.
 
La siguiente señal de la autoridad de Jesús es una respuesta asombrosa a la enseñanza de Jesús
en la mañana del sábado, que encontramos en los versículos 23 al 28:
 
    "Y en ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga de ellos, y
    exclamó diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para
    destruirnos? Se quién eres: ¡el santo de Dios! Jesús le reprendió diciendo: ¡Cállate y
    sal de él! Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó a gran voz y salió de
    él. Todos se maravillaron, de modo que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto?
    ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos él manda, y le
    obedecen. Y pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor
    de Galilea."
 
Marcos nos lo resume todo ello en la respuesta de las personas que se hallaban en la sinagoga.
Estaban sorprendidas, maravilladas y dijeron: "aun a los espíritus inmundos él manda y le
obedecen." Esto representa el mandato de Jesús. No hay duda alguna de que el espíritu inmundo
estaba reaccionando a la enseñanza de Jesús y que ¡no la podía soportar! El discernimiento de
que dio muestras nuestros Señor esa mañana fue tan penetrante, tan revelador del error y del
pensamiento confuso de los hombres, que el demonio se sintió torturado por la verdad y por
ello estalló y exclamó con una airada interrupción diciendo: "¿Qué tienes con nosotros, Jesús
de Nazaret? Sé quién eres: ¡el santo de Dios!" y Jesús le reprendió, mandándole callar.
 
La película El Exorcista ha capturado de tal modo la imaginación de la gente que acuden a los
cines en grandes números a verla. Yo no la he visto, pero he leído algunos críticas sobre ella.
Es la historia de una muchacha poseida por un espíritu del mal, un demonio. Se supone que dos
hombres interceden a su favor, pero a juzgar por lo que he oído y leído acerca de la película, no
creo que sea lo que aparenta ser. Es posible que a la muchacha la liberasen temporalmente del
espíritu malvado, pero no es una historia de triunfo sobre el mal. Es el demonio el que triunfa,
porque destruye a los dos hombres en el proceso. Por lo tanto, es una película malvada y que
produce temor.
 
Pero en este relato no encontramos nada por el estilo. Cuando el demonio se enfrenta con Jesús,
se ve obligado a salir de la persona en cuyo cuerpo se encontraba y la palabra de Jesús es
victoriosa desde el principio mismo. El espíritu se muestra reacio a salir, cosa que es evidente
a juzgar por la manera en que le produce convulsiones a la persona y grita con una gran voz.
Pero se ve obligado a marcharse, esa es la cuestión. Se ve abrumado por un poder superior y
durante todos los siglos que han transcurrido desde entonces, el único nombre al que temen los
demonios es el nombre de Jesús. El es quien libera a los hombres y a los oprimidos. Bueno es
recordarlo, puesto que en la actualidad estamos experimentando una tremenda invasión de las
fuerzas demoniacas, sabiendo que ni ningún ritual religioso ni eclesial va a liberar a las
personas, solo lo puede hacer Jesús, al que temen los demonios y su autoridad cuando manda a
los espíritus inmundos que le obedezcan.
 
Esta obediencia resulta tan extraordinaria que Marcos deja constancia de que "pronto se
extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor de Galilea." Cuando Marcos dice
"pronto" no quiere decir en unos pocos días o una cuantas semanas, quiere decir en cuestión de
horas. Aquella fue una situación tan asombrosa que al cabo de unas horas se había corrido la
voz como la pólvora por toda la región y al llegar la noche, le estaban llevando a Jesús los
enfermos de la ciudad y los que estaban poseidos de demonios para que los sanase, como
veremos en un momento. Su fama se había extendido como el fuego y se habían enterado de que
Jesús podía mandar a los espíritus de las tinieblas y estos le obedecían.
 
A continuación tenemos un relato de un acontecimiento sencillo en la casa de Simón y de
Andrés, en los versículos 29 a 31:
 
    "En seguida, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Jacobo y Juan a casa de
    Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y de inmediato le
    hablaron de ella. El se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Y le dejó la
    fiebre y ella comenzó a servirles."
 
Eran las primeras horas de la tarde y Marcos enfatiza la compasión que movió a Jesús. Si
leemos el relato de una manera un tanto superficial suena como si fuese un caso de falta de
mano de obra. Simón y Andrés habían invitado a Jesús, a Jacobo y a Juan a que fuesen con ellos
a su casa y se encontraron con que la suegra, que a lo mejor se ocupaba normalmente de servir,
estaba enferma. Así que le pidieron perdón a Jesús "y le hablaron acerca de ella". Las
traducciones a los idiomas europeos parecen sugerir que hasta le pidieron que la curase, pero el
griego deja claro que no fue así; fue a Jesús al que se le ocurrió hacerlo. Cuando se enteró de la
enfermedad, tomó la iniciativa, se acercó a ella, puso su mano sobre la mujer y la fiebre
desapareció. Y fue por la gratitud que sintió en su corazón por lo que esta mujer atendió a las
necesidades de aquellas personas esa tarde.
 
Es cierto que no fue un milagro necesario porque no se encontraba gravemente enferma. Sin
duda la fiebre habría seguido su curso y la mujer se hubiese recuperado en unos pocos días,
pero es algo que nos habla acerca de la compasión que sentía Jesús en su corazón y, por ello,
reaccionó frente al sufrimiento de esta querida mujer, aunque su enfermedad fuese leve y la
tocó, liberándola y restaurándola al servicio esa tarde. Marcos deja constancia de un Cristo
compasivo, que se cuida de las personas con autoridad y con poder.
 
A continuación nos encontramos con el relato de la noche, en los versículos 32 a 34:
 
    "Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los
    endemoniados. Toda la ciudad estaba reunida a la puerta. Y él sanó a muchos que
    padecían de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios. Y no permitía a
    los demonios hablar, porque le conocían."
 
Cuando se ponía el sol terminaba el sabat, y comenzaron a traerle de toda la región de
alrededor a los enfermos y endemoniados para que Jesús les sanase. Marcos nos dice que "toda
la ciudad estaba reunida a la puerta". Si visitan Capernaum se encontrarán con que es una
ciudad muy pequeña, en la que no hay más que una docena de casas y en ella están las ruinas de
la sinagoga. Algunos creen que es la misma en la que enseñaba Jesús, pero la opinión de la
mayoría de los eruditos es que data del siglo segundo, aunque posiblemente fuese construida en
el mismo lugar en que estuvo la sinagoga descrita en este relato, pero en aquella época
Capernaum era la ciudad más floreciente cerca del lago, la ciudad más grande de todas y allí
era donde Jesús tenía su hogar.
 
Así que las gentes le llevaban a Jesús sus enfermos y sus endemoniados para que los curase.
¡Qué tarde más ocupada pasaría en Capernaum! Marcos nos cuenta el enorme control que
ejercía Jesús sobre estos demonios, colocándoles en cuarentena vocal. Jesús no les dejaba
hablar porque le conocían y esto es altamente significativo, porque es la primera indicación del
deseo que con frecuencia manifestaba Jesús de restarle importancia a lo espectacular,
manteniendo la situación bajo control, para que el liberar a las personas de los demonios no
pareciese un hecho extraordinario y para sanarles fisicamente. En una serie de ocasiones Jesús
le dijo a los que sanaba: "no se lo digais a nadie", es decir "no se lo digais a nadie,
sencillamente aceptad que habéis sido sanados, pero no corrais la voz." Pero ellos le
desobedecían invariablemente y no tardó en resultar evidente que no podía ir ya a la ciudad a
atender a sus necesidades, debido a las multitudes que le seguían. Es evidente que Jesús no
quería verse rodeado por las multitudes, no por el motivo por el que le seguían.
 
¡Qué gran contraste con el modo de actuar hoy algunas personas! Hay sanadores que van
haciendo propaganda de sus campañas de sanidades, que tratan de atraer a las multitudes
precisamente de ese modo, enfatizando lo espectacular de lo que hacen. Pero en la Biblia no
hallamos nada por el estilo. Incluso en el caso de los apóstoles, las sanidades físicas que
realizaban en sus ministerios era algo a lo que le restaban importancia, como lo hizo Jesús y
ellos nunca lo divulgaron. En las Escrituras no encontramos nada que nos indique que las
personas diesen testimonio público de lo que les había sucedido para aumentar el número de
las multitudes o de que "se sintiesen hechizadas por el poder de Dios" ni por tanto teatro como
se le echa en la actualidad, conceptos totalmente contrarios a la Biblia.
 
No cabe duda de que Dios sana y de que debemos estar agradecidos porque lo haga, pero son
solo bendiciones temporales como mucho. Lo que Jesús enfatiza continuamente es la sanidad
del espíritu del hombre, el acabar con la amargura y la hostilidad, la lujuria y la ira, la
preocupación y la ansiedad, además del espíritu crítico. Es precisamente lo que a Jesús le
preocupa, que nos libremos de todas estas cosas tan negativas y malas porque eso es lo que
tiene un valor eterno. La sanidad del espíritu es algo permanente, por lo que Jesús le da la
espalda a la fama popular, intentando eliminarla y mantenerla bajo control, a fin de estar libre
para un ministerio que tenía mucha más importancia.
 
Marcos nos ofrece el relato final, la última señal en los versículos 35 a 39:
 
    "Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un
    lugar desierto y allí oraba. Simón y sus compañeros fueron en busca de él. Le
    encontraron y le dijeron: Todos te buscan. El les respondió: Vamos a otra parte, a los
    pueblos vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y fue
    predicando en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echando fuera los demonios."
 
Después de un día tan completo, y vemos que lo fue realmente, qué ministerio tan pesado tuvo
que realizar el Señor ese día, ¡con todas las sanidades que tuvo que realizar estando ya
avanzada la tarde! Marcos nos dice que por la mañana, aún de madrugada, antes de que se
hiciese de día, Jesús se fue a un lugar desierto y una vez allí, estando a solas, se puso a orar,
pero ni siquiera allí se encontraba a salvo. Sus discípulos interrumpieron su comunión y le
dijeron que todo el mundo le estaba buscando. Y Jesús revela el punto central y la sustancia de
su oración en lo que dice en su respuesta: "vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que
predique también allí; porque para esto he venido." Ese era el tema de su oración, para que
Dios le guiase, para que se abrieran puertas y para que estuvieran dispuestos los corazones en
las ciudades y pueblos a los que iría después.
 
¿Por qué buscaba Jesús el rostro del Padre de ese modo, a aquellas horas de presión? La única
respuesta que podemos encontrar es que deseaba dejar claro que la autoridad que tenía no
procedía de él. Eso es lo que el Señor está constantemente intentando hacernos ver en las
Escrituras, que no actuaba guiado por su autoridad, sino por la del Padre.
 
No conozco ninguna doctrina que produzca más confusión actualmente en el cristianismo y que
haya robado a las Escrituras de su autoridad y su poder en las mentes y en los corazones de un
sinnúmero de personas, que aquella según la cual Jesús actuaba en virtud del hecho de que era
el Hijo de Dios, que alega que la autoridad y el poder que demostraba tener eran debidos a su
propia deidad. A pesar de lo cual El mismo realiza grandes esfuerzos por decirnos que no es
ese el caso. "El Hijo nada puede hacer por si mismo." ¿Por qué hacemos caso omiso de su
explicación e insistimos en que es él, actuando como Hijo de Dios? El nos dice, sin embargo
que "no soy yo, el Padre que mora en mi, El hace las obras." Y todo el poder que manifestó
Jesús tenía que venir a él constantemente de Aquel que moraba en él.
 
El motivo por el que Jesús enfatiza este hecho es que es lo que quiere que aprendamos.
Nosotros debemos de actuar conforme a esa misma base. La reacción frente a las exigencias
normales y corrientes de la vida y el poder para afrontarlas, debe de venir de nuestra confianza
en él obrando en nosotros. Ese es el secreto, todo el poder para vivir la vida cristiana no es
algo que procede de nosotros, aunque hagamos lo mejor de que somos capaces para actuar
como Dios quiere que lo hagamos, sino de él; algo que se nos concede momento tras momento
cuando la situación nos lo exige. El poder le es concedido a los que le siguen y le obedecen. El
Padre obra en el Hijo y el Hijo, a su vez, obra en nosotros. Cuando lo aprendemos es cuando se
nos concede el poder para hacer frente a las exigencias y a las necesidades que nos esperan en
el ministerio que nos ha sido dado.
 
Ese era el motivo por el que Jesús se apartó al monte a orar, para que hubiese una profunda
comunión en la relación con el Padre y para que no se produjese ningun impedimento en el fluir
del Espíritu de Dios en Jesús al dirigirse a todas aquellas ciudades y pueblos. ¡Qué gran
diferencia cuando empezamos a entender este principio!
 
Eso es precisamente lo que nos esforzamos en enseñarles la semana pasada a los estudiantes de
Wheaton. Muchos de ellos lo entendieron y comenzaron a depositar su confianza en el poder
que tiene Dios para obrar. Un estudiante dijo que se había ido a casa una noche pensando en las
palabras "todo viene de Dios, nada viene de mi." Al intentar concentrarse en sus estudios, no
hacía más que pensar en su padre, que no era cristiano. De modo que le llamó por teléfono y le
dijo: "Papá están poniendo en el pueblo la película de Billy Graham "Time to Run" (hora de
correr) ¿quieres venir conmigo esta noche a verla?" Su padre puso algunos reparos y dijo que
estaba cansado, pero el muchacho siguió insistiendo para que fuese y su padre le dijo: "Está
bien, hijo, hace mucho que no he hecho nada contigo." Fueron a verla y esa noche el padre
recibió al Señor. ¡El muchacho estaba muy emocionado viendo cómo obraba Dios en él!
 
Hace unas semanas, cuando estuve en Méjico, pasé una velada con la Srta. Eunice Pike, la
hermana del Dr. Kenneth Pike, los dos conocidos y habiles linguistas. La Srta. Pike me estaba
contando cosas acerca de los primeros tiempos de Wycliffe Translators en Méjico. Cameron
Townsend, el fundador, había ido a Méjico para intentar obtener un permiso del gobierno
mejicano para traducir las Escrituras a los lenguajes de las tribus indias. Sin embargo, el
gobierno se emperró en que eso no sucediese y se opuso totalmente. El oficial al que tuvo que
apelar le dijo: "Mientras yo ocupe este puesto, nunca se le concederá el permiso. No queremos
la Biblia en las lenguas indias, solo servirá para trastornarles." Se negó totalmente a concederlo
y Townsend hizo todo lo que pudo, yendo de un oficial a otro, pidiendo a todos sus amigos
cristianos que orasen al respecto para que Dios abriese la puerta, pero al parecer la puerta
seguía estando cerrada.
 
Finalmente decidió que dejaría de empeñarse en obtenerlo y que él y su esposa se irían a vivir
en un pequeño y oscuro poblado indio, para aprender el idioma, para atender a las necesidades
de las personas lo mejor que pudieran y esperarían a que Dios se moviese. Vivieron en una
pequeña casa sobre ruedas en el pueblo, los dos solos. No pasó mucho tiempo antes de que se
fijase en una fuente que se encontraba en el centro de la plaza y que producía un chorro
precioso, de agua cristalina, pero que el agua iba colina abajo y se desperdiciaba. Sugirió que
los indios plantasen algo en la región a la que pudiese llegar facilmente el agua, utilizándola de
ese modo. No tardaron en poder cultivar el doble de los alimentos que antes y como resultado
de ello mejoró considerablemente la economía del pueblo y los indios se sintieron agradecidos.
Townsend escribió esto en un artículo y lo envió a un periódico de Méjico que pensó que
podría interesarle.
 
El no lo sabía, pero el artículo llegó a manos del Presidente de Méjico, Lázaro Cardenas. El
Presidente preguntó: "¿Qué es esto? Un gringo, un americano que se viene a vivir en un poblado
indio, donde ni siquiera nuestra propia gente quiere vivir, ¿y además ayuda a la gente del
poblado? ¡Tengo que conocer a este hombre!" Pidió que le preparasen su limusina y sus
ayudantes y él se dirigieron hacia el pequeño poblado indio, donde aparcaron en la plaza.
Sucedió que Townsend estaba allí y vio el coche. Preguntó quien iba en él y le dijeron que el
Presidente de Méjico.
 
Cameron Townsend no es un hombre que desaproveche una oportunidad, de modo que se
acercó al coche, se presentó a sí mismo y, ante su sorpresa, oyó decir al Presidente: "¡Usted es
el hombre al que he venido a ver!" Le invitó a ir a la Ciudad de Méjico y a que le contase más
acerca de su trabajo y cuando se enteró en qué consistía, le dijo: "¡Claro que sí! Puede usted
venir a Méjico a traducir las Escrituras a las lenguas indias." Eso dio pie a que surgiese una
amistad que duró toda la vida del Presidente Cardenas, que falleció hace solo unos años. Su
poder y su autoridad fueron usados por Dios durante todos esos años para abrir las puertas a
los traductores de Wycliffe por todo aquel país.
 
Solo Dios puede hacer cosas así, ¡hacer que un Presidente vaya a ver a un hombre sencillo! Y
eso es lo que echa de menos la iglesia de nuestros días. Tenemos las cosas planeadas,
arregladas y estructuradas y demasiado organizadas de tal manera que a penas permitimos que
Dios pueda actuar. Pero eso era lo que sabía Jesús, la manera en que Dios puede obrar de
manera única y maravillosa, abriendo puertas que nadie podía ni siquiera imaginar, si la
persona es un instrumento dispuesto y preparado a responder a esa clase de poder en su
interior. Y ese fue el secreto que impresionó a Marcos, la autoridad del siervo. El que sirve es
el que gobierna.
 
Oración
 
    Padre, te doy gracias por lo que me recuerdas en estas lecciones. Ayudanos a
    entender que estas lecciones no tienen el propósito de ser solo lecciones sobre la
    antigua historia, sino que es como debemos de vivir hoy. Está vivo el mismo Dios, el
    mismo poder está disponible, se aplican los mismos principios, listos para que
    seamos instrumentos en cualquier situación que nos exija la vida. Lo pedimos en el
    nombre de Cristo, amen.