Inicio > Mis eListas > biblia > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 181 al 200 
AsuntoAutor
EL PUNTO DE PARTID Jorge An
VINO JESUS Jorge An
Un Día en la Vida Jorge An
EL QUE SANA LAS DO Jorge An
EL CREADOR DE ESCA Jorge An
FALSAS FUERZAS Jorge An
CUANDO SE AMORTIGU Jorge An
PENSAMIENTOS COMO Jorge An
¿POR QUE TEMEIS? Jorge An
LA DEBILIDAD DEL M Jorge An
¿QUIEN ES ESTE? Jorge An
CUANDO LO QUE ESTA Jorge An
Boletín de Novedad Jorge An
¿TODAVIA NO ENTEND Jorge An
EL MOMENTO DEL CAM Jorge An
IMPORTANTISIMO: In Nestor H
EL CAMINO DE LA CR Jorge An
LA GLORIA QUE LE S Jorge An
EL NIÑO ENTRE NOSO Jorge An
¿QUE HACER RESPECT Jorge An
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Biblia
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 186     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[biblia] FALSAS FUERZAS
Fecha:Domingo, 15 de Abril, 2001  21:46:42 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

FALSAS FUERZAS
 
por Ray C. Stedman
 
Estamos empezando la tercera división natural de la primera mitad de la maravillosa imagen
que nos ofrece Marcos del Siervo que gobierna y del Gobernante que sirve. Hemos visto que la
primera división describe la autoridad del siervo, el absoluto dominio que mostró Jesús sobre
muchos ámbitos. La segunda división que hemos examinado es su conocimiento de nuestra
humanidad, el discernimiento penetrante e incisivo que mostraba tener Jesús acerca del hombre.
La tercera de estas divisiones naturales va desde el capítulo 3, versículo 7 al capítulo 6,
versículo 6. El tema se ve subrayado por el énfasis sobre las multitudes que seguían a Jesús.
Ese fue el período de máxima popularidad en el ministerio de nuestro Señor y podemos ver de
qué modo nos lo presenta en el primer párrafo:
 
    "Jesús se apartó con sus discípulos al mar y le siguió una gran multitud de gente
    procedente de Galilea y de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán,
    y de los alrededores de Tiro y Sidón una gran multitud vino a él, porque habían oído
    de las grandes cosas que hacía."
 
Creo que nos cuesta trabajo entender lo enorme que debía de ser aquella multitud. No se trataba
de unas pocas personas y ni siquiera de unos cuantos miles. Sin duda habría literalmente cientos
de miles de personas entre aquella multitud. Venían de por todo el país, de Galilea, de Judea,
que comenzaba cincuenta millas al sur, de Jerusalén, la capital de Judea aproximadamente a
unas setenta millas al sur del Mar de Galilea, y de más allá de la tierra de Idumea o Edom, muy
lejos, al sur del desierto y de la región que se encontraba al este del Río Jordán hasta el
desierto arábigo, y desde el oeste hasta la costa del Mediterráneo y subiendo por la costa de
Tiro y Sidón, una región que se encuentra actualmente en el Líbano, llegando de todas aquellas
tierras. Llegaban en enormes multitudes de todas las ciudades para poder escuchar a aquel
profeta extraordinario que había aparecido en Galilea y que estaba diciendo cosas tan
asombrosas.
 
En toda esta división podemos ver de qué modo enfatiza Marcos la enorme multitud. En el
versículo 20 dice: "...y otra vez se reunió la multitud, de modo que ellos no podían ni siquiera
comer pan."Y a continuación en el versículo 32: "mucha gente estaba sentada alrededor de él."
Y luego en el versículo 36 nos dice Marcos: "y dejando a la multitud" se fueron al otro lado del
lago. En el capítulo 5, versículo 21 dice: "cuando Jesús había cruzado de nuevo en la barca a la
otra orilla, se congregó alrededor de él una gran multitud..." y en el versículo 24 dice: "...y le
seguía una gran multitud, y le apretujaban." De modo que ese es el período en el que Jesús se ve
más rodeado y apretujado por las gentes, el período en el que disfrutó de mayor popularidad.
 
Para muchos esa ha sido una señal del éxito de Jesús, de la misma manera que lo sería en la
actualidad al evaluar a una persona. Cualquiera que sea capaz de reunir una gran multitud que le
siga está considerado como un éxito. Tenemos toda clase de personas que hacen eso. Las
llamamos "estrellas", son artistas de cine, atletas, cantantes, políticos, diferentes personas que
han conseguido lo que en la actualidad se considera como una marca del éxito. No es de
sorprender que el título de uno de los musicales más populares de nuestro tiempo se titule
Jesucristo, superstar. El es el que atrajo a todas aquellas multitudes de las ciudades de su
tiempo.
 
Pero al leer este relato en su totalidad, vemos que la intención de Marcos es subrayar la
debilidad de la popularidad, lo vacío, la total carencia de valor de la popularidad y todo lo que
le perjudico y cómo puso en peligro el ministerio de nuestro Señor la popularidad. Hay seis
maneras en que esto se pone de manifiesto en esta división. En este estudio examinaremos solo
el primero de ellos, desde el capitulo 3, versículo 7, hasta el final del capítulo. Veremos tres
efectos falsos y que son siempre impedimentos que se producen invariablemente cuando un
movimiento se vuelve popular. La popularidad lo produjo en los días de Jesús y la popularidad
lo produce también en la actualidad, que nos sirven de advertencia. Los veremos al examinarlos
y el primero se encuentra en los versículos 9 y el 10. Después de describir a la multitud Marcos
dice:
 
    "Y Jesús dijo a sus discípulos que siempre tuviesen lista una barca a causa del gentío,
    para que no lo apretujaran; porque había sanado a muchos, de modo que le caían
    encima todos cuantos tenían plagas, para tocarlo."
 
Esto subraya ciertos énfasis no deseados y falsos, que fueron despertados por estas multitudes,
Malentendieron el propósito para el cual había venido Jesús y comenzaron a enfatizar lo que
era secundario en su opinión. Esto es algo con lo que nos encontramos en relación con todo el
ministerio de Jesús, en especial en lo que se refiere a la curación de los cuerpos físicos. Claro
que nuestro Señor sanó fisicamente, no hay duda al respecto, pero desde entonces hasta ahora,
los hombres se han aferrado a eso como si fuera, de modo preeminente, lo que él vino a hacer.
Pero al leer los evangelios con atención, vemos que Jesús fue con mucho cuidado para restar
importancia a eso y enfatizar que vino con el propósito de sanar los espíritus de los hombres y
no sus cuerpos. Sanó sus cuerpos con el fin de demostrar lo que podía hacer y lo que haría en el
ámbito del espíritu.
 
Porque así es como fuimos creados. La naturaleza humana es tal que todo lo que sucede en
nuestro interior debe exteriorizarse. Debe de ponerse de manifiesto afectando de algún modo a
nuestros cuerpos. Sabemos bien que si estamos ansiosos, preocupados o molestos puede
producir, si esta situación se prolonga, ciertos efectos físicos. Podemos acabar teniendo un tic
nervioso o que se nos produzca una úlcera, toda clase de cosas pueden ir mal por causa de
algún trastorno en nuestro hombre interior.
 
Jesús demuestra una vez mas lo que puede hacer con el espíritu, pero las multitudes lo
malinterpretaron y se agolparon a su alrededor, de modo que pudiese tocar a los que estaban
enfermos y sanarles, de tal manera que nuestro Señor tuvo que recurrir a una estratagema para
evitar verse literalmente aplastado por la multitud de tantísima gente como había.
 
Lo interesante es que el dispositivo de que se valió para conseguirlo era perfectamente humano.
Fíjese que Jesús no hizo nada mágico, no construyó a su alrededor una barrera invisible de
manera que nadie se le pudiese acercar ni se metió de repente en una cabina telefónica, ni se
cambio de ropa y dio un salto en el aire. Es humano y para poder escapar le pide a sus
discípulos que tengan una barca a mano, para que pueda entrar en ella y alejarse un poco de la
orilla, donde la multitud no le pudiese seguir y con el propósito de poder predicarles en lugar
de sanarles.
 
Todo lo que la multitud quería era la sanidad, pero él quería predicar. Eso es una de las cosas
que sucede con la popularidad. Generalmente distorsiona un mensaje y enfatiza algo secundario,
haciendo que sea equivalente a los ojos de la gente, de modo que se pierden lo mas importante.
 
La segunda fuerza falsa que produce la popularidad se encuentra en el versículo 11:
 
    "Y los espíritus inmundos, siempre que le veían, se postraban delante de él y gritaban
    diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero él les reprendía mucho para que no le dieran
    a conocer."
 
Las Escrituras nos dicen que en ocasiones tras aquellas enfermedades se hallaba el poder de
espíritus inmundos. ¿Se ha dado usted cuenta en cuántas ocasiones las Escrituras llaman a estos
demonios "inmundos"? En estos días, en los que estamos presenciando tal incremento de la
actividad demoniaca, es preciso que entendamos esto, porque es una de las maneras que
podemos reconocer la presencia de un demonio. Es inmundo, ya sea moral o físicamente.
 
Un amigo me contó que hace años había tratado a un hombre que tenía un espíritu inmundo.
Mientras hablaban en la habitación de un hotel en Portland, el hombre puso su sombrero sobre
la cama. Cuando se fue, mi amigo encontró un círculo de grasa con un olor repugnante donde
había estado el sombrero y el olor llenó toda la habitación durante días enteros, evidencia de
que el espíritu era inmundo.
 
Recuerdo haber hablado con una muchacha a la que se le había metido la manía de usar una
tabla Ouija. Acabó por hacer que la muchacha oyera voces que le exigían que escribiese cosas
antes de que pudiera dormirse por las noches. Invariablemente lo que tenía que escribir eran
cosas moralmente repugnantes, obscenidades, palabras feas y malvadas. En ocasiones tenía que
escribir páginas enteras antes de que cesasen las voces y pudiera dormirse. Esa es la marca de
la clase de espíritus que eran.
 
Marcos nos dice que cuando veían a Jesús siempre le reconocían y gritaban: "¡Tú eres el Hijo
de Dios! y Jesús siempre les mandaba callar y les echaba. ¿Por qué cree usted que rechazaba
este testimonio de las entidades demoniacas? Recordará que cuando estaban Pablo y Bernabé
en Filipos, les siguió una chica joven gritando algo parecido: "Estos hombres son siervos del
Dios altísimo" y ellos rechazaron su testimonio y Pablo acabó por echar al demonio. Lo mismo
sucede en las Escrituras, en las que se nos dice que tanto el Señor como los apóstoles
rechazaban esta clase de testimonio. Pero era cierto, El era el Hijo de Dios, pero Jesús no
estaba dispuesto a permitir que semejante testimonio procediese de estos demonios. ¿Por qué
motivo?
 
Bueno, hay una cosa de la que podemos estar seguros, estos espíritus inmundos no tenían ningún
interés en promover la causa de Cristo por medio de su testimonio. Decían la verdad, pero lo
hacían porque sabían que perjudicaría a la causa de Jesús, no para ayudarle. Lo que se
proponían era engañar a las gentes respecto a Cristo, de modo que algo en su manera de
decirlo, aunque fuera verdad, era sin embargo engañoso y eso fue lo que rechazó el Señor.
 
Algunos comentadores sugieren que debido a que se sabía que eran "espíritus de mentira" su
testimonio de que Jesús era el Hijo de Dios podía ser interpretado como prueba de que no lo
era. En el libro fascinante de Mark Twain acerca de sus viajes en el Oeste y en Hawaii titulado
"Roughing It" hay un relato acerca de un hombre que tenía fama de mentiroso, que era conocido
en la comunidad como un hombre que andaba siempre contando historias y nadie le creía nunca.
Un día le encontraron colgado muerto, con una nota de suicidio escrita por su propia mano, y
diciendo que se había quitado la vida, pero el jurado del forense dijo que había sido un
asesinato. ¡Alegaron que si aquel hombre había dicho que era un suicidio eso demostraba que
no lo había sido!
 
Pero es mucho más factible que estos demonios pretendiesen que los hombres creyesen que era
el hijo del dios al que ellos adoraban, es decir, al propio Satanás. Cuando decían "El es el Hijo
de Dios" la gente pudiese relacionar a Jesús con los seres demoniacos y con el demonio mismo.
Por lo tanto, no es accidental que en solo dos párrafos mas leemos acerca de una delegación
que procedía de Jerusalén y que acusó a Jesús de estar poseido por un demonio. Por eso es por
lo que él rechazó este testimonio de los infiernos diciendo que era el Hijo de Dios.
 
La respuesta que dio nuestro Señor a esta amenaza la encontramos en los versículos del 13 al
19:
 
"Entonces subió al monte y llamó a sí a los que él quiso, y fueron a él. Constituyó a doce, a
quienes nombró apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar y tener
autoridad para echar fuera a los demonios. Y constituyó a los doce: a Simón (a quien le puso
por nombre Pedro), a Jacobo hijo de Zebedeo y a Juan el hermano de Jacobo (a ellos le puso
por sobrenombre Boanerges, es decir, hijos del trueno). Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a
Mateo, a Tomás, a Jacobo hijo de Alfeo, a Tadeo, a Simón el cananita y a Judas Iscariote (el
que le entregó)."
 
Estos son los doce a los que escogió Jesús. Es evidente en el contraste entre este párrafo y el
anterior que Marcos quiere que entendamos que el testimonio que quería Jesús no era el de
afirmaciones pretenciosas y títulos impresionantes de los demonios, por mucho que sean
verdad, sino que deseaba mas bien el testimonio de vidas cambiadas y las palabras de poder,
de hombres que habían estado con él y cuyas vidas eran diferentes como resultado de ello, que
habían sido enviados a decir lo que habían oído y aprendido y que, por lo tanto, tenían el poder
para hablar con autoridad, incluso a los demonios. Esa es la clase de testimonio que él escogió
y el testimonio que sigue escogiendo incluso hoy.
 
Fijemonos en que estos doce hombres fueron llamados a hacer tres cosas. Para empezar, fueron
llamados a una experiencia personal, a que estuviesen con él. Jesús no quiere nunca que nadie
hable acerca del Cristianismo como defensor, deseaba siempre a los que pudieran ser testigos,
es decir, personas que pudiesen contar lo que les había sucedido. Si no es usted mas que una
especie de vendedor del cristianismo, que defendiende que es una buena manera de enfocar la
vida o una gran enseñanza moral, entonces no es usted un testigo efectivo y el Señor no quiere
eso. Quiere un testigo al que le haya sucedido algo. Aquellos hombres fueron enviados para
llevar a cabo un evangelismo con un propósito, para predicar, para contar lo que habían
aprendido de él. Y les fue dado un poderoso exorcismo, debían de echar a los demonios. Es
decir, les fue dado algo que decir y fueron enviados a decirlo y les fue dado poder sobre toda la
oposición. Resulta la mar de interesante que a fin de llegar a las multitudes, nuestro Señor solo
seleccionase a doce hombres. Así es como se debe hacer. Con frecuencia cometemos la
tremenda equivocación de depender excesivamente de los medios masivos. Creemos que vamos
a alcanzar a las multitudes mediante grandes invenciones, como puedan ser la radio, la
televisión, las cassettes, etc. Por mucho que nos sirvan de ayuda, y aunque tengan su lugar, no
hay duda de que no ocuparán nunca el lugar de un hombre o de una mujer que hayan tenido una
experiencia personal con Cristo y que lo cuentan de la manera que pueden, a pesar de que
algunos de estos medios, que poseen un poder evidente en las vidas para vencer al enemigo y
para luchar contra cualquier oposición. Este es el testimonio que ha escogido nuestro Señor.
 
Aquí tenemos una lista de los doce discípulos y sus nombres nos resultan conocidos. Simón,
Jacobo y Juan aparecen los primeros y Jesús les da un nombre especial. Les puso un
"sobrenombre" es decir, escogió otros nombres para ellos. Esto hace qie se destaquen, como
formando parte de un círculo interno dentro de los doce. Recordará usted con cuanta freciencia
leemos a partir de este momento que cuando Jesús iba a hacer algo especial, se llevaba consigo
a Pedro, a Jacobo y a Juan, tratándoles de una manera más íntima que a ninguno de los otros.
Por lo que les nombra como encargados de este grupo, una forma de llegar a los demás,
haciendo uso de ese método tan extraordinario que tanto el Señor como los apóstoles emplearon
para llegar a los pocos con el fin de poder alcanzar a muchos.
 
A Pedro le llamó la "roca", a Jacobo y a Juan "hijos del trueno". En mi opinión resulta la mar
de instructivo que al mirar a este grupo formado por doce hombres, lo que considerase
necesario fuese una piedra y dos voces potentes. Pedro era el dirigente reconocido de entre los
doce y fue el que posteriormente demostró ser la "roca" (o piedra), el mas estable, a los que los
otros reconocían como su lider y en el que confiaban para que les dirigiese, mientras que
Jacobo fue el primero de los apóstoles en sufrir el martirio y Juan el último y entre medias se
trasmitió el ministerio apostólico. Jacobo dejó su marca entregando su vida el primero entre los
doce y Juan permaneció hasta el final para recoger todo el testimonio apostólico, solidificarlo y
transmitirnoslo a nosotros en su expresión final en el Evangelio de Juan, en las epístolas de
Juan y en el libro de Apocalipsis. Así que esos eran los líderes entre los doce, y nuestro Señor
trataba con ellos para que pudieran ser los testigos que después no solamente llegarían a las
multitudes que tenían cerca, sino posteriormente a todo el mundo y Jesús se sentía satisfecho
trabajando con estos hombres.
 
El tercer ejemplo de un falso ascenso producido por la popularidad lo encontramos del
versículo 20 en adelante:
 
    "y otra vez se reunió la multitud, de modo que ellos no podían ni siquiera comer pan.
    Cuando los suyos lo oyeron, fueron para prenderle, porque decían que estaba fuera de
    sí. Los escribas que habían descendido de Jerusalén decían que estaba poseido por
    Beelzebul y que mediante el principe de los demonios echaba afuera a los demonios."
 
He aquí dos reacciones con respecto a Jesús y que nos hablan acerca de la intensidad de su
ministerio. Se entregó de una manera tan absoluta a su ministerio dedicado a las multitudes que
no le quedaba ni siquiera tiempo para comer. Sus amigos se enteraron de ello y se molestaron.
La palabra traducida como "amigos" realmente quiere decir "familiares" literalmente "los
suyos". Nos enteramos por lo que dice al final del capítulo que se trata de su madre y de sus
hermanos. Estaban en Nazaret y llegó la noticia de que no se estaba cuidando de sí mismo. De
modo que salen de Nazaret e intentan sujetarle, creyendo que se habían vuelto loco, que "estaba
fuera de sí", como resultado de su preocupación por los sufrimientos del mundo. Jesús
responderá al final de este relato a ese mal entendido.
 
Pero primeramente responde a la acusación de los fariseos, que habían descendido de Jerusalén
y que contemplaron aquella misma actividad. La explicación de ellos fue: "que estaba poseido
por Beelzebul." Beelzebul quiere decir "el señor de la casa" y es una referencia a Satanás como
el rey del infierno, cabeza de la "mafia" demoniaca, era por asi decirlo el "padrino", el que
daba las ordenes y el resto de los demonios las obedecían. La explicación que dan estos
escribas del ministerio de Jesús era que estaba confabulado con ellos, que se había unido a la
Mafia y estaba echando fuera a los demonios por el poder de su padrino satánico. Pero Jesús
les responde con una lógica aplastante:
 
    "¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Si un reino se divide contra sí mismo,
    ese reino no puede permanecer. Si una casa se divide contra sí, esa casa no podrá
    permanecer. Y si Satanás se levanta contra sí mismo y está dividido, no puede
    permanecer, sino que su fin ha llegado."
 
Ese es un argumento muy claro ¿no es cierto? Satanás, sugiere Jesús, es listo y muy ingenioso y
nunca haría nada contra sí mismo, permitiendo que Jesús echase fuera demonios. Eso produciría
la anarquía en el infierno, polarizando todo su reino, creando división y lucha entre sus
secuaces y Satanás jamás permitiría que sucediese eso porque gobierna valiéndose del temor.
El reino satánico no sabe nada acerca del amor y de la lealtad. Es el miedo, el auténtico terror,
el que lo controlan. Satanás jamás hubiera permitido esa clase de actividad revolucionaria en
su reino. Jesús lo sabe y se lo hace ver a los escribas diciéndoles: "No, ha sucedido otra cosa."
Entonces escribe lo que está realmente sucediendo:
 
    "Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que
    primero ate al hombre fuerte. Y entonces saqueará su casa."
 
Eso es lo que ha sucedido. Jesús es el hombre mas fuerte y ha entrado en la casa de Satanás y le
ha atado. Hoy en día oímos hablar con frecuencia acerca de personas que "atan" a Satanás, pero
yo afirmo que esto es totalmente innecesario porque no hay mas que Uno que pueda atarle y ya
lo ha hecho. Jesús ató a Satanás incluso en los días de su ministerio, haciendo posible incluso
para sí mismo echar a los espíritus inmundos y saquear la casa de Satanás, liberando a aquellos
que habían estado cautivos durante tanto tiempo, la humanidad. Esta es la explicación de lo que
ha sucedido y, por lo tanto hoy en día no es necesario ir atando al demonio. Podemos usar con
todo derecho la autoridad para echar fuera a los espíritus malvados, pero lo podemos hacer
gracias a que el demonio ya ha sido atado. Y solamente hay Uno que lo ha hecho posible, el
mismo Señor Jesús.
 
Habiendo respondido a esa declaración les hace una severa advertencia a los escribas:
 
    "De cierto os digo que a los hijos de los hombres les serán perdonados todos los
    pecados y blasfemias, cualesquiera que sean. Pero cualquiera que blasfeme contra el
    Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, sino que es culpable de pecado eterno. Dijo
    esto, porque decían: Tiene espíritu inmundo."
 
A muchos les ha asustado este párrafo y con razón. Lo que dijo Jesús fue algo muy serio.
Algunos han llegado a la conclusión de que el pecado imperdonable era el sugerir que Jesús
tenía un espíritu inmundo o que las obras de Dios son realmente obras del demonio, pero es
importante darse cuenta de algunas cosas acerca de este relato. Fijemonos en que estos hombres
aún no habían cometido el pecado imperdonable cuando dijeron que Jesús tenía un espíritu
inmundo. De lo contrario Jesús nunca les hubiese hecho la advertencia. Según sus propias
palabras, no hay necesidad de advertir a un hombre que haya cometido el pecado imperdonable
porque a ese hombre ya no se le podría ayudar y no se le podría perdonar. De modo que de
haber sido eso lo que hubieran dicho esos hombres, no hubiera habido motivo para hacer
semejante advertencia.
 
Pero les advirtió, de modo que está claro que todavía no lo había cometido, pero estaban a
punto de hacerlo y se están aproximando. "Estais muy cerca de cometer ese pecado" les dice
Jesús, "cuando adjudicais la obra de Dios al demonio." Eso es acercarse mucho. Aquello
acerca de lo cual les advirtió Jesús fue el rechazar el testimonio del Espíritu Santo y ¿a quién le
da testimonio el Espíritu? En todas las Escrituras, el Espíritu Santo se dedica a dar testimonio
al Señor Jesús. "Ha venido para darme testimonio" dijo Jesús posteriormente a sus discípulos,
"y tomará de mis cosas y os las hará saber...Vino al mundo para redarguir a los hombres de
pecado...porque no creyeron en mi." Toda la obra del Espíritu Santo tiene como fin exaltar,
declarar y definir la obra de Jesús. De modo que rechazar al Espíritu Santo, blasfemar al
Espíritu Santo, es rechazar el testimonio del Espíritu con respecto a Cristo.
 
Eso era lo que estaban a punto de hacer aquellos hombres. Y, por lo tanto, es verdad que si al
final se rechaza a Cristo, entonces no hay esperanza, porque no hay motivo para perdonar más
que por medio de la fe en el Señor Jesús. Los hombres son perdonados cuando creen en su
nombre y no sobre ninguna otra base. Si eso se deja de lado, de manera final y definitiva, no es
un sencillo hecho de rechazo lo que está en juego, sino el proceso, si el corazón se resiste y
rechaza las afirmaciones de Jesús tal y como lo expone el Espíritu Santo, y el resultado es que
no puede haber perdón. Esta es la manera contundente que tienen las Escrituras de subrayar el
hecho de que Jesús mismo declaró: "nadie viene al Padre, sino por mi."
 
Habiendo dicho esto, nuestro Señor afronta los malentendidos de su familia:
 
    "Entonces fueron su madre y sus hermanos, y quedándose fuera enviaron a llamarle.
    Mucha gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: --Mira, tu madre, tus
    hermanos y tus hermanas te buscan afuera. El respondiendo les dijo: --¿Quién es mi
    madre y mis hermanos? Y mirando a los que estraban sentados alrededor de él, dijo:
    --He aquí mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios,
    éste es mi hermano, mi hermana y mi madre."
 
Cuando le dijeron que su madre y sus hermanos estaban afuera, todo el mundo esperaba que el
saliese de inmediato y les viese, pero Jesús no lo hizo y lo hizo a propósito. En lugar de ello,
miró a su alrededor y pronunció aquellas extrañas palabras: "he aquí mi madre y mis hermanos.
Todo el que hace la voluntad de Dios, está más cerca de mi de lo que lo están ellos." ¿Acaso
estaba fuera de sí por el hecho de descuidar a su familia y a sí mismo? No, estaba sencillamente
poseido y dominado por algo mucho mas fuerte. Mas queridos incluso que su propia familia
terrenal eran aquellos que eran sus hermanos y su madre en la familia de Dios. Por lo tanto,
deja claro que existe una primacia en la relación en la que esos lazos que nos atan a nuestros
hermanos y hermanas en Cristo, y al Señor Jesús y a Dios nuestro Padre, son mas fuertes y
existen exigencias mas imperiosas para nosotros que las de nuestra propia familia natural.
 
Quiero hacer una advertencia acerca de la idea que se está circulando ampliamente en estos
días. No es que sienta un especial deseo de atacarla, porque tiene mucho de verdad, pero sí
quiero hacer una advertencia que tiene su base en este incidente de la experiencia de nuestro
Señor. Se ha extendido por ahí la enseñanza según la cual el cristiano está ligado a la autoridad
de su padre y de su madre prácticamente durante toda su vida. Se le llama de varias maneras
diferentes, como la de "Cadena de mando" o "La Cadena del Consejo", Auque hay parte de
verdad en esta afirmación, debido a que reconoce relaciones que son importantes,
especialmente mientras los niños crecen. Nuestro Señor no instruyó nunca a ninguna persona
que hiciese caso omiso de las responsabilidades que tienen todas las personas con sus
familiares, no lo hizo nunca. De hecho, las Escrituras dejan claro que, según dijo Pablo, el
hombre que no se preocupa de los suyos es peor que un infiel. Jesús dejó claro lo equivocados
que estaban los fariseos al usar la ley para eludir las responsabilidades que tenían con sus
padres.
 
Pero lo que sí apunta muy claramente nuestro Señor es que cuando existe un conflicto entre lo
que dice Dios, las exigencias de Dios en nuestra vida, y el consejo y la opinión de nuestros
familiares según la carne, lo que tiene prioridad es la Palabra de Dios. Debe de ser el factor
decisivo en nuestra vida y aunque somos responsables de exponer nuestra decisión con amor,
compasión y comprensión, debemos de seguir lo que dice Dios. Por eso es por lo que Jesús
dijo clara y repetidamente: "Si el hombre no abandona a su padres y a su madre, a su mujer y a
sus hijos, y todo cuanto tiene, no puede ser mi discípulo." El hace esa suprema exigencia con
respecto a nuestra vida, habiéndola cumplido él mismo. Y eso es por lo que en numerosas
ocasiones él mismo parece pasar por alto los lazos que le unen a su madre y a sus hermanos,
con el fin de ser fiel al llamamiento de Dios.
 
Una de las peores cosas que nos pueden pasar, como deja claro este relato, es que nos veamos
envueltos en un movimiento popular porque de él surgen fuerzas falsas. En eso consiste la
enseñanza de esta sección. En un movimiento popular surgen fácilmente las frases y las
actitudes equivocadas. Por lo tanto, la popularidad debe de vigilarse con mucho cuidado y
cuando un movimiento es popular, como lo es el Cristianismo en muchos lugares actualmente,
tenemos que ir con mucho cuidado para escuchar la voz del Espíritu de Dios.
 
Oración
 
    Padre nuestro, te damos gracias por la verdad tal y como la pone de manifiesto Jesús.
    Ayúdanos a ser sabios y amorosos, a ser fieles y dar fruto en nuestras relaciones,
    Señor. Y sobre todo concedenos la libertad para que seamos hombres y mujeres para
    ti. Lo pedimos en el nombre de Jesús, amen.