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Asunto:[biblia] PENSAMIENTOS COMO SEMILLAS
Fecha:Miercoles, 18 de Abril, 2001  00:13:40 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

PENSAMIENTOS COMO SEMILLAS
 
por Ray C. Stedman
 
Hoy queremos unirnos a los discípulos para poder escuchar a Jesús dando una explicación
sobre lo que llama los "secretos del reino de Dios". Estos "misterios del reino", como se
refiere a ellos con frecuencia las Escrituras, son realmente verdades vitales acerca de la
humanidad que no pueden descubrirse mediante los estudios seculares. No se pueden encontrar
en el curriculum de ninguna universidad, a menos que sea una que este relacionada con la
Palabra de Dios. Pero con todo y con eso son verdades esenciales que debemos saber acerca de
nosotros mismos, acerca de la vida, y sobre el mundo en que vivimos, a fin de poder crecer y
realizarnos en la vida.
 
En nuestro último estudio vimos en el capítulo 4 de Marcos cómo Jesús comenzó a hablar a las
gentes por medio de parábolas. Fue la primera vez que usó este medio de comunicación y lo
hizo, como nos dice, porque se había producido un cambio sutil en la multitud. Como resultado
del comienzo de su ministerio, habían oído hablar sobre su poder para realizar maravillas, su
ministerio de sanidades y sus poderosas y maravillosas palabras de liberación. Se había
corrido la voz por todo el país y habían venido personas del norte, del sur, del este y del oeste
y se habían reunido en Galilea con el fin de escuchar a aquel asombroso profeta. Al principio
Jesús pudo hablarles con toda claridad y de un modo directo, haciendo declaraciones de gran
importancia acerca de la humanidad. Durante este período dio el mensaje que llamamos "el
Sermón del Monte" que es, sin duda, el mejor mensaje que jamás se ha dado en presencia de los
hombres, de ningún lugar y de todos los tiempos. Jesús ardía en deseos de abrirles mucho mas
los ojos, sus mentes y sus corazones.
 
Pero se había producido un cambio. Las multitudes le apretujaban y no lo hacían para escuchar
la Palabra, sino para ser sanados de sus enfermedades. La sanidad se estaba convirtiendo cada
vez más en la atracción principal. Aquellas personas habían cerrado sus mentes, haciendo oídos
sordos a las palabras de Jesús y concentrando fijamente su atención sobre los hechos que
realizaba. Fue por ese motivo por lo que Jesús empezó a hablarles por medio de parábolas.
Dijo que ocultó la verdad con el fin de despertar la curiosidad de las gentes y ellos buscarían la
verdad. Advirtió a las gentes acerca de una ley natural que se podría explicar de la siguiente
manera: Haced uso de ella o perdedla. Si no obedecéis a la verdad, la perderéis y no solo la
verdad que estáis escuchando, sino una parte de la verdad que creéis que habéis captado. Eso
fue algo que Jesús dejó perfectamente claro.
 
Es más, dijo que al empezar los hombres a investigar el significado de las parábolas e intentar
comprenderlas descubrirían la verdad, según pudiesen recibirla. Esta es una revelación
asombrosa, que pone de manifiesto el carácter radical del cristianismo. La verdad cristiana, que
es básicamente realidad, es decir, que muestra las cosas tal y como son, es tan diferente de lo
que creemos que son las cosas que casi no podemos recibirlo. El nivel de los valores, los
comportamientos y los estilos de vida son tan diferentes, son todo lo contrario de lo que
aprendemos del mundo, que les oponemos resistencia. No queremos oírlo, de modo que el
principio de la revelación es: "según podemos recibirlo". En 1ª de Corintios 3, Pablo afirmó
ese concepto transmitiéndoselo a los corintios: "os di a beber leche y no alimento sólido,
porque todavía no podéis recibirlo y ni aún ahora podéis..." Esa es la condición de la
humanidad.
 
Marcos nos ofrece tres de las parábolas que pronunció nuestro Señor en aquel día en que les
estuvo hablando por parábolas, pero se refiere a "muchas parábolas semejantes". Marcos ha
dejado constancia de siete parábolas, pronunciadas en aquella ocasión. Las tres de Marcos son
la parábola del sembrador y las diferentes clases de tierra, la de la semilla que crecía en
secreto y la de la semilla de mostaza. Cada una de ellas es una revelación del reino invisible de
Dios en los asuntos humanos. En cada una de ellas Jesús nos lleva detrás del escenario y nos
muestra algo acerca del modo de actuar Dios en la vida humana revelando, por lo tanto, algunos
de estos misterios del reino.
 
No tenemos necesidad de adivinar cuál de ellas fueron. El punto de cada parábola se destaca
con toda claridad según vamos entendiendo lo que Jesús nos ha explicado. La primera, la
parábola del sembrador, tiene la intención de mostrarnos cómo se introduce el reino en la vida
humana, de qué modo son abiertos nuestros ojos, lo que está haciendo Dios y de qué modo nos
afecta y entra en nuestro corazón. La segunda, la parábola de la semilla que crece en secreto,
nos muestra de qué modo crece el reino, las fuerzas con las que podemos contar para
asegurarnos de que el conocimiento acerca de nosotros mismos y sobre Dios vaya en aumento.
La última, la parábola de la semilla de mostaza, nos muestra un efecto muy sorprendente que
tendrá el reino en este mundo y ese es el bosquejo de nuestro estudio de hoy. Examinemos estas
parábolas una por una, comenzando en Marcos 4:3:
 
    "¡Oíd! He aquí un sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, aconteció que
    parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron. Otra
    parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y en seguida brotó; porque la
    tierra no era profunda. Y cuando salió el sol se quemó y porque no tenía raíces se
    secó. Otra parte cayó entre los espinos. Y los espinos crecieron y la ahogaron y no
    dio fruto. Y otras semillas cayeron en buena tierra y creciendo y aumentando dieron
    fruto. Y llevaban fruto a treinta, sesenta y ciento por uno. Y decía: El que tenga oídos
    para oír, oiga."
 
La primera de todas las parábolas es muy típica del poder que tiene Jesús para ofrecernos un
ejemplo de la naturaleza. Estoy seguro de que estaba sucediendo algo así ante la vista de
aquella gente. Jesús estaba junto al lago y la multitud se hallaba esparcida por la colina. Podían
ver la ladera de la próxima colina, a lo largo de la curva de la orilla del lago, donde había un
sembrador que estaba sembrando el grano en los campos. Y buscando una manera de ilustrar la
idea que deseaba transmitirles, Jesús vio al sembrador, usó su actividad como texto y contó la
historia mientras la multitud veía cómo sucedía ante sus propios ojos. Podían ver cómo caía la
semilla en las diferentes clases de tierra, cómo los pájaros venían y se llevaban una parte, todo
ello sucediendo ante ellos de una manera completamente gráfica.
 
Cuando Jesús dijo: "el que tenga oídos para oír, oiga" dejó perfectamente claro que en sus
palabras había mucho mas que una historia y no lo hacía sencillamente con el propósito de
entretenerles. Esa frase esa como un letrero que dijese PENSAD, pero es evidente que la
multitud no le entendió. Hasta los doce que estaban reunidos le pidieron después: "explícanos
la parábola". Así que Jesús explicó la parábola a los doce, y nos la explica a nosotros porque,
recordará usted que dijo: "A vosotros os es dado el misterio del reino de Dios." Y al darles la
explicación les dijo esto tan sorprendente, en el versículo 13:
 
    "Luego les dijo: ¿No comprendéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las
    parábolas?"
 
Esa es una frase de suma importancia, porque nos está diciendo que esta parábola del
sembrador es la clave para interpretar todas las parábolas. De lo contrario estas palabras
carecen de significado, así que es muy importante que nos fijemos en este hecho. Si no lo
hacemos, cometeremos el mismo error que cometen muchos comentadores, que sencillamente
hacen que estas parábolas quieran decir lo que ellos quieren que digan. Han hecho caso omiso
de esta clara afirmación de Jesús, en el sentido de que la parábola del sembrador es la clave
para interpretar todas las parábolas. De hecho, muchos de los comentadores establecen sus
propias normas de interpretación según van hablando y quiero compartir con usted un ejemplo
típico de ello, para que entienda lo que quiero decir y vaya con cuidado con lo que lee. He aquí
el caso de un hombre al que leen muchos evangélicos y esto es lo que dice acerca de la
parábola del sembrador:
 
No debemos tratar nunca las parábolas como alegorías. En una alegoría, cada parte, cada
acción y detalle del relato tiene un significado y una importancia interna. El Progreso del
Peregrino y La Reina de las Hadas son alegorías. En ellas, cada uno de los acontecimientos, las
personas y detalles tienen un significado simbólico, pero si eso es así, está claro que una
alegoría es algo que se debe leer, estudiar, examinar e investigar, pero una parábola es algo que
se escuchó una vez y solo una vez.
 
Está sugiriendo que no tenemos necesidad de dedicar mucho tiempo a los detalles de estas
parábolas, que tenemos que llegar al punto que se quiere destacar en ellas y seguir adelante,
porque las parábolas no hay que verlas en detalle y tratarlas como alegorías. Esto a pesar de
que Jesús dijo: "el que tenga oídos para oír, oiga" que es una invitación a examinar, investigar y
estudiar detenidamente el contenido. Este comentador continua diciendo:
 
Por lo tanto, lo que debemos buscar en una parábola no es una situación en la que cada uno de
los detalles representa algo; debemos de buscar una situación en la que una gran idea se destaca
y brilla como un relámpago. Siempre es una equivocación hacer que cada detalle de una
parábola tenga algún significado. Siempre está bien expresar: "la idea que le vino a la mente al
hombre al escuchar la historia por primera vez."
 
Escuchemos ahora la manera en que Jesús interpreta esta parábola, comenzando en el versículo
14:
 
    "El sembrado siembra la semilla y esos son los que se encuentran en el camino
    cuando es sembrada la palabra; cuando escuchan, Satanás aparece de inmediato y
    elimina la palabra que les ha sido sembrada. (A Satanás se le representa como los
    pájaros que vinieron y se comieron la semilla). Y estos otros son, de igual manera,
    los que representan a la semilla que cayó en tierra rocosa que, al escuchar la palabra,
    la reciben de inmediato con gozo, pero no tienen arraiga en ellos, por lo que la
    palabra dura poco en sus corazones y cuando llega la tribulación o la persecución por
    causa de la palabra, se alejan de ella de inmediato. Y hay otros que son la semilla
    plantada entre los espinos y esos son los que oyen la palabra, pero las
    preocupaciones de este mundo y su interés por las riquezas y el deseo de otras cosas,
    hace que no lleve fruto, pero aquellos que son como la semilla sembrada en tierra
    buena son los que oyen la palabra, la aceptan y lleva fruto, unos a treinta, otros a
    sesenta y otros a cien."
 
¡Fíjese, por favor, que Jesús la trata exactamente como el comentador dice que no se debe
tratar! La trata como una alegoría, diciendo que cada detalle tiene un significado. Y dice,
además, que así es como hay que enfocar todas las parábolas. Esa es la clave para entenderlas.
Las parábolas son alegorías en las que todos los detalles tienen una aplicación y tienen su
importancia en la historia completa. Creo que de ello podemos deducir una exhortación
práctica. Como dice la canción "Lee tu Biblia, las palabras que se encuentran en ella son
verdad y dignas de confianza." ¡Y arrojan una gran cantidad de luz sobre los comentarios!
 
Echemos un vistazo a esta historia del sembrador y descubramos el primero de los secretos del
reino, para ver de qué modo el reino de Dios llega a nosotros. Jesús nos dice que lo primero
que hace el sembrador es salir a sembrar y lo que siembra es la Palabra. Así es como llega el
reino a los corazones humanos. La Palabra de Dios se siembra mediante la predicación y la
enseñanza o la lectura o el estudio o el testimonio o de alguna otra manera. La Palabra cae en
los corazones como las semillas caen en la tierra. La Palabra es el elemento de vida que puede
cambiar toda la situación y enriquecer y cosechar en una vida. Por lo tanto, el momento en que
se siembra la Palabra es una hora mágica. Es un momento en que está presente la oportunidad
para que se produzca un cambio.
 
Yo acostumbraba leer este relato como si las diferentes clases de tierra fuesen cuatro tipos de
personas diferentes, que permanecían igual durante toda su vida, algunas de ellas tenían siempre
el corazón endurecido, como el primer ejemplo que nos da; algunas de ellas eran impulsivas,
como la segunda, algunas de ellas estaban dominadas por las diversas preocupaciones, como la
tercera, etc. etc. Pero tengo que darme cuenta de que lo que está describiendo nuestro Señor no
es tanto las diferentes clases de personas, sino las condiciones del corazón en cualquier
momento en concreto, es decir, las condiciones que se dan cuando está siendo sembrada la
Palabra. Siempre que está siendo sembrada la Palabra, las personas se encuentran en una
condición o en otra, tal y como nos describe esta parábola. Todos nosotros nos hemos mostrado
insensibles en alguna ocasión, al escuchar la Palabra. Todos hemos sido impulsivos en nuestra
reacción, emocionalmente superficiales. Todos hemos estado preocupados por otros asuntos y
hemos tenido ocasiones en las que nos hemos mostrado abiertos e impresionables a la Palabra.
 
¿En que estado se encuentra su corazón actualmente? Usted se halla en una de estas cuatro
situaciones. ¿En cuál de ellas? Esa es la cuestión. Examinémoslas. En primer lugar tenemos lo
que llamamos el corazón insensible. La semilla se siembra en el sendero muy trillado y por el
que pasan muchos. Esto representa a las personas que tienen corazones muy ocupados, que no
están abiertas, que se han visto golpeadas por la vida en tantas ocasiones que se han vuelto
cínicas, con el corazón endurecido, insensibles a la verdad. Cuando reciben la semilla, los
pájaros llegan de inmediato y se la comen. (Tal vez haya personas como estas aquí en esta
mañana. Están ustedes aquí no porque deseasen escuchar la Palabra, sino porque el venir a la
iglesia es lo "correcto", pero sus corazones se muestran insensibles y no responden, de modo
que la Palabra llega a ellos como si fueran de cemento.) ¿Qué dice Jesús acerca de esa clase de
vida? ¡Qué es estrictamente para los pájaros! La semilla será arrancada por Satanás antes de
que tenga usted ni siquiera la oportunidad de escucharla.
 
C.S. Leáis en su libro Screwtape Letters (cartas del demonio a su sobrino) describe a un
hombre que entra en una biblioteca para leer y meditar. De repente comienza a pensar
profundamente en Dios. Preocupado por su propia situación ante El, comienza a pensar en
término de su bienestar espiritual. Entonces, nos dice Leáis, los demonios que han sido
asignados con el fin de evitar que descubra la verdad distraen su atención con los sonidos de la
calle, con el muchacho que vende periódicos y que grita las últimas noticias y hacen que se de
cuenta de que está hambriento y está listo para la comida. Desaparecen de su mente todos los
pensamientos acerca de Dios y se ve involucrado en los asuntos mundanos de la vida y, desde
el punto de los emisarios satánicos, se ve liberado del peligro de pensar en Dios. Eso es lo que
le sucede al corazón y a la mente insensible.
 
La tercera condición del corazón es la que representan los espinos, que son las personas que
oyen la Palabra, pero brotan los espinos y la ahogan. Es lo que llamamos el corazón demasiado
ocupado. Hay tres cosas que detalla Jesús aquí y que son los espinos que ahogan a la Palabra
que da vida. En primer lugar están los interéses, es decir, las preocupaciones. Son personas que
están siempre preocupadas con lo que va a pasar a continuación, por la situación con la que se
enfrentan, ansiosas, nerviosas, personas que están siempre en tensión y que no saben descansar
ni cómo dejar las cosas en las manos de Dios, sino que están constantemente intentando
resolver ellas mismas las situaciones. Jesús dice que esta clase de personas están perdiéndose
la verdad. La semilla ha llegado a sus corazones, pero no arraiga porque la ahogan los espinos
y no tardan en perderla.
 
En segundo lugar están las que se deleitan en las riquezas, que se ocupan de enriquecerse,
siguiendo la filosofía de Playboy, constantemente planeando cómo entretenerse y cómo disfrutar
de los placeres. En eso consiste toda su vida. La Palabra que da la vida y que podría hacer de
esas personas verdaderos hombres y mujeres, les está llegando, pero no puede echar raíz en
ellos ni desarrollarse porque no les queda lugar para la Palabra en sus corazones.
 
Tenemos también lo que Jesús llama "el deseo de otras cosas" o lo que podríamos llamar
"inquietud". Estas son personas que están siempre yendo de una cosa a otra. James Michener
escribió un libro, The Drifters (Las personas sin rumbo) en el que describe a esta clase de
personas, especialmente los jóvenes, que no pueden permanecer durante mucho tiempo en un
sitio, como para echar raíces, sino que van sin rumbo fijo, de una experiencia a otra. Jesús dice
que se están perdiendo la verdad de la Palabra liberadora y que se ven ahogados por la vida.
 
Pero tenemos también el caso del corazón receptivo, el que está dispuesto a recibir, personas
abiertas que responden inmediatamente. Esta semana estuve hablando con un importante hombre
de negocios que pasaba por esta región. Me contó cómo se hizo cristiano. Le habían criado sin
llevarle para nada a la iglesia y había tenido cuatro parejas de padres adoptivos antes de
cumplir los dieciocho. Había probado varias filosofías, buscando respuesta a algunas
interrogantes sobre el misterio de la vida. Entre ellas la meditación transcendental y las
religiones de oriente, pero nada le había satisfecho.
 
Un día un amigo le invitó a que fuese a la iglesia, por primera vez en su vida. El pastor habló
acerca de Cristo y después conoció al pastor y le dijo: "Señor, si le he entendido
correctamente, el cristianismo está diciendo que allí arriba hay un Dios y que el hombre está
aquí abajo, y que entremedias se encuentra Jesucristo, y que el es la clave para que el hombre
pueda llegar a Dios. ¿Es correcto?" El pastor le respondió: "Sí, así es, efectivamente. De
hecho, ha descrito usted con exactitud un versículo de las Escrituras que dice: "Porque hay un
solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre." (1ª Timoteo 2:5).
El hombre le dijo: "La verdad es que, en mi opinión, eso tiene sentido."
 
El pastor dijo: "Tengo un libro que me gustaría que se llevase a su casa y lo leyese. Y la
semana que viene, si vuelve usted y lo ha leído, nos sentaremos y hablaremos sobre él." El
hombre le contestó al pastor: "Se lo agradezco, pero dígame, si es verdad que Jesús es
realmente el camino a Dios, ¿por qué tengo que esperar hasta la semana que viene? ¿Por qué no
puedo acudir a El ahora mismo? Si realmente funciona, funcionará ahora y si no funciona
entonces no servirá nunca de nada." El pastor le contestó: "Tiene usted toda la razón." De modo
que inclinaron sus cabezas y el hombre recibió a Cristo, haciéndose cristiano de inmediato.
Recibió la Palabra y desde entonces ha crecido en gracia y se ha convertido en un poderoso
testimonio para Cristo.
 
Ese es el caso de un corazón receptivo que está dispuesto a actuar. Esto es cierto no solo de las
etapas iniciales del Cristianismo, sino de cada vez que recibimos la Palabra y de todas las
ocasiones en las que se siembra la semilla. Todos los aspectos de nuestra vida están o bien
listos para responder o, como cualquiera de las otras clases de tierra, rechazar la verdad. Así
es como llega el reino de Dios, la norma de Dios, a nuestros corazones. La pregunta mas
importante es, por lo tanto: Examine usted su corazón cuando la Palabra se está sembrando.
¿Cómo se encuentra? ¿En qué estado está actualmente su corazón?
 
La segunda parábola se encuentra en los versículos 26 a 29, en los cuales habla el Señor acerca
de la semilla que crece en secreto:
 
    "También decía: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la
    tierra. El duerme de noche y se levanta de día y la semilla brota y crece, sin que él
    sepa cómo. Porque de por sí la tierra da fruto; primero el tallito, luego las espigas y
    después el grano lleno en la espiga. Y cuando el fruto se ha producido, en seguida él
    mete la hoz, porque la siga ha llegado."
 
Este es un secreto sobre el reino de Dios y en mi opinión es una de las parábolas que mas nos
estimula de entre todas las que contó Jesús. Está hablando de cómo esta norma de Dios va en
aumento, cómo se desarrolla en una vida. Lo explica como el momento en que ha llegado la
siega gracias a la paciente espera, sabiendo que Dios obrará. La clave de todo este pasaje es
"....la semilla brota, sin que él sepa cómo. Porque de por sí la tierra da fruto..." Es decir, que
están en funcionamiento fuerzas que serán fieles y realizarán su obra, tanto si el hombre se pone
nervioso y se preocupa sobre ello como si no. Hace lo que puede, lo que se espera de él, pero
entonces es cuando Dios tiene que obrar y con esa confianza, este hombre puede sentirse
seguro.
 
Mientras el Señor presenta esta imagen, el granjero sale a segar. El trabajo de la siega es un
duro trabajo, pero es lo que puede hacer el hombre. A continuación se marcha a su casa y se va
a dormir. No se queda toda la noche sentado mordiéndose las uñas, preguntándose si la semilla
cayó en donde debía de caer o si echará raíz. Descansa tranquilo, sabiendo que Dios está
obrando, que forma parte del proceso, sabiendo que al ir creciendo la semilla hay etapas que se
pueden observar: "...primero el tallito, luego las espigas y después el grano lleno en la espiga."
Solo cuando el grano está maduro tiene necesidad de hacer algo. Cuando la cosecha está lista,
tiene que actuar una vez mas.
 
Eso es exactamente lo que Pablo nos describe en 1ª de Corintios 3: "Porque nosotros somos
colaboradores de Dios". Así es como deberíamos esperar que obrase. Lo primero que se
necesita es el testimonio, una palabra de enseñanza o de exhortación a alguna persona o a
nosotros mismos. Y a continuación empieza un proceso inevitable, un proceso que lleva tiempo
y requiere paciencia y permite que Dios obre. Una de las fuerzas mas destructivas en la iglesia
actual es nuestra insistente exigencia de obtener resultados de inmediato. Deseamos que la gente
se convierta en seguida, que haya respuestas de inmediato y que cada vez que hablemos se
produzcan dedicaciones de inmediato. No permitimos que la Palabra eche raíces y crezca y
llegue el momento de la siega, pero nuestro Señor nos está enseñando la gran verdad de que
debiéramos hacerlo.
 
He estado observando a un muchacha en la congregación de PBC que ha ido creciendo desde la
escuela primaria. Ví como llegaba a la adolescencia y cómo pasaba por una etapa de amarga
rebeldía en contra de Dios. Observe a sus padres, doloridos y destrozados por sus actitudes,
pero que a pesar de ellas siguieron orando, diciéndole lo que podían, pero sobre todo
elevándole en oración. Observe todo el proceso, al tiempo que la semilla que había sido
sembrada en su corazón comenzaba a crecer. Había pequeñas señales que se podían observar y
se veía cómo se iba produciendo el cambio. Regresó gradualmente al Señor y se abrió a la
familia cristiana. Hace solo una semana que me pidió que rellenase un formulario para que
pudiese ir al seminario. Esa es la Palabra creciendo en secreto. El segador no sabe cómo
sucede, pero puede descansar seguro en ello. Nuestro Señor nos está enseñando la fantástica
verdad de que Dios está obrando. ¡No todo depende de nosotros! Una vez que hemos hecho lo
que nos ha sido dado para que lo hagamos, entonces podemos descansar sabiendo que Dios está
obrando.
 
La parábola de la semilla de mostaza es la última de este trio y la encontramos en los
versículos 30 al 32:
 
    "También decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo
    compararemos? Es como un grano de mostaza que, cuando es sembrado en la tierra,
    es la mas pequeña de todas las semillas de la tierra. Pero una vez sembrado, crece y
    se convierte en la mas grande de todas las hortalizas, y echa ramas muy grandes, de
    modo que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra."
 
Posiblemente esta sea una de las parábolas mas intrigantes. Muchos han meditado horas enteras
sobre ella, porque parece ser contraria a la naturaleza. Las semillas de mostaza sencillamente
no se convierten en arbustos de gran tamaño con grandes ramas en la que los pájaros puedan
hacer sus nidos. No crecen de ese modo aquí en California ni crecen de ese modo en Palestina
ni jamás lo han hecho. Cualquier informe que haya usted podido leer acerca de "los árboles de
mostaza" en los libros se refiere a plantas que en nada se parecen a la de la mostaza.
 
¿De qué se trata entonces? Creo que tenemos una clave en cuanto al extraño carácter de esta
parábola en la manera en que el Señor la presenta. Parece casi intrigado: "¿Veamos, como
podría ilustrar esto? ¿Con qué puedo comparar el reino de Dios o qué parábola debiera usar?"
Hay un elemento acerca de ello que es diferente, extraordinario, y hasta Jesús da la impresión
de tener dificultades para encontrar una ilustración natural con la que compararlo. Entonces
cuenta la historia de la semilla de mostaza.
 
Cualquiera que haya leído el Nuevo Testamento sabe que Jesús usaba con frecuencia la semilla
de mostaza como un símbolo de la fe y es un símbolo precioso. Mateo 17:20 dice: "Porque de
cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí
allá y se pasará..." Nosotros, los que nos movemos dentro del círculo cristiano, hemos adoptado
esa expresión. Nuestra querida amiga, Lillian Dickson, tiene una agencia en Taiwan a la que
llama La Semilla de Mostaza y es una organización paraguas que avala a muchas organizaciones
y grandes obras que ha comenzado, todas las cuales dependen de la fe.
 
La semilla de mostaza es un símbolo excelente de la fe porque tiene dos cualidades. En primer
lugar, está la cualidad de la semilla misma, su inherente capacidad para crecer. La semilla
puede crecer y también puede hacerlo la fe. De hecho, la fe que no se usa no se desarrolla, pero
si se usa, va en aumento. Por eso es por lo que Jesús usa la semilla como un símbolo de la fe y
por eso es por lo que usted no tiene nunca que preocuparse de si su fe es grande o es pequeña.
Si es pequeña, puede crecer y acabar por ser grande. De ahí han surgido todas las personas con
una gran fe, de personas que han confiado en Dios para las cosas insignificantes y luego para
las cosas mas importantes, cada vez mas, hasta que su fe crece y puede con cosas mas grandes
todavía. Ese es un principio invariable de la Palabra de Dios. Cuando confiamos en él para las
cosas pequeñas, aprendemos a confiar en las cosas mayores y nos encontramos con que nuestra
fe ha ido en aumento y podemos ir un paso más allá.
 
También es la semilla de mostaza. La mostaza posee una característica especial. Cuando yo me
estaba criando en Montana, no podíamos contar con la ayuda de un médico y tampoco teníamos
medicinas. Pero siempre que teníamos un constipado había un solo remedio. Nos colocaban una
cataplasma de mostaza sobre el pecho, una cataplasma pegajosa, que tenía un fuerte olor y que
era viscosa. Poco tiempo después de que nos la pusieran comenzaba a producir una irritación, a
quemar y a estimular. La carne se ponía enrojecida y si no se vigilaba se formaban hasta
ampollas. No sé cómo funcionaba, pero parecía curar los constipados. ¡Yo al menos me
mostraba muy reacio a admitir que estaba constipado! Pero esa es la cualidad de la mostaza, el
irritar, el estimular y esa es la cualidad de la fe. Si su fe se está desarrollando, también lo está
la fe de otros. Su fe servirá de estímulo a otros para tener fe. No tarda mucho en extenderse por
todo el cuerpo cristiano y las personas que nunca lo habían hecho antes comienzan a caminar en
fe. Así es, dijo Jesús, como es el reino de Dios. Tiene la calidad de las semillas de mostaza y
ha sido plantado de tal modo que se desarrollará y funcionará de una manera extraordinaria.
 
Pero lo asombroso acerca de esta parábola es que la semilla de mostaza no es una semilla
corriente, sino que actúa de un modo que nunca ha actuado antes. La naturaleza pretendió que
fuese un arbusto bajito, de poco más de unos cuatro metros como mucho, con muchas espinas y
sin duda no puede soportar el peso de los nidos de los pájaros, sino que es un arbusto un tanto
frágil, pero a pesar de ello con un fuerte olor y un poderoso efecto. Así es como debería ser la
iglesia, mansa y sin dejarse impresionar, pero al mismo tiempo poderosa en la sociedad, pero
según Jesús, esta semilla de mostaza podía crecer y conviertirse en un arbusto impresionante,
probablemente de más de 16 metros de altura, con grandes ramas que pudieran soportar el peso
de los nidos y, por ello, pudiesen acudir los pájaros y construir sus nidos en su sombra, pero la
auténtica semilla de mostaza no ha crecido nunca de ese modo, en ninguna parte porque eso
sería contrario a su naturaleza.
 
¿Qué quiere decir esto? Nuestro Señor nos está contando un secreto relacionado con el reino de
Dios. Dice que esta semilla de mostaza, que se supone que es corriente y nada impresionante,
puede producir un falso crecimiento, pudiendo estimular a todo un sistema completamente falso,
que se caracterice por su pretensión de dominio, muy impresionante y poderosa, que ejerza una
gran influencia, de tal modo que las fuerzas satánicas (recordará usted que en la parábola del
sembrador, la clave de todas las parábolas, eso es lo que dice Jesús que representan los
pájaros) residan en su gran estructura. Dará la impresión de ser tremendamente poderosa y
llevará el nombre del reino de Dios, pero será ¡cualquier otra cosa menos eso!
 
Ahora sabemos, después de veinte siglos de historia, que eso es exactamente lo que ha
sucedido. Han surgido grandes iglesias, que han buscado el poder del mundo y el dominio de la
vida política, ejercitando su influencia sobre la gente de ese modo. Esto es algo que no solo ha
sido cierto de la Iglesia Católica, sino de las iglesias protestantes por igual. ¡Siempre me quedo
asombrado de aquellas cosas que los evangélicos consideran como las señales de una iglesia
que tiene éxito! Pero a pesar de ello las sectas pueden conseguir mas personas de las que
podemos conseguir nosotros. O si se cuenta con edificios fastuosos, con un arte de gran valor y
una arquitectura que ha costado mucho, es una señal del éxito. ¡O por sorprendente que parezca,
algunos consideran el número de autobuses que tiene una iglesia como la historia de éxito de
nuestros días! Pero nos olvidamos de que en el libro de Apocalipsis Jesús advirtió a la iglesia:
"Porque tu dices: soy rico; me he enriquecido y no tengo ninguna necesidad, y no sabes que tú
eres desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo." Ninguna de estas cosas son señales de
éxito en la iglesia verdadera.
 
¿Cuál es la señal del éxito? En Efesios 4 Pablo exhorta a la iglesia de Efeso diciendo: "os
exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados." ¿Qué es una
iglesia digna, una iglesia que tiene éxito? El nos lo está diciendo. Es la que se caracteriza por
"con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportandoos los unos a los otros en amor;
procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz."
 
Marcos selecciona, para que los podamos leer, los tres secretos relacionados con el reino de
Dios. ¿Qué nos dicen a nosotros? Dios sigue obrando hoy de la misma manera que lo hizo en
aquellos tiempos. Está sembrando la Palabra, de diversas maneras, en nuestras vidas y en
nuestros corazones. Debemos de asegurarnos de que nuestro corazón esté dispuesto y sea
receptivo a la Palabra y luego descansar en él. El es el que lleva todo el peso de la batalla. La
batalla le pertenece al Señor y no a nosotros. El está realizando sus propósitos en las vidas
individuales y en la vida de la iglesia como un todo. El lo hará. Podemos depender de ello
hasta que llegue el momento de la siega y entonces él nos volverá a llamar para que actuemos.
Finalmente, debemos de ser humildes, no buscando alcanzar un cierto nivel social ni el
progreso, sino estimulándonos los unos a los otros de la misma manera que lo hace la semilla
de mostaza. Y cuando lo hagamos, podremos esperar provocar a todo este sistema falso que se
erguirá por todas partes, pero hemos de caminar como es digno de Dios, de la manera que él
nos ha llamado a que lo hagamos.
 
Oración
 
    Gracias, nuestro Padre, por permitirnos ver otro aspecto de la verdad que nos enseña
    el Espíritu, de labios de Jesús nuestro Señor. Oramos para que cada uno de nosotros
    seamos un instrumento que responda, Señor, y que reciba la liberación de la Palabra,
    de esta maravillosa Palabra que nos hace libres. Ayudamos a mostrarnos receptivos,
    a comprenderla y obedecerla. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amen.