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Asunto:[biblia] ¿QUIEN ES ESTE?
Fecha:Sabado, 21 de Abril, 2001  19:14:46 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

¿QUIEN ES ESTE?
 
por Ray C. Stedman
 
Hoy empezamos la última sección de la primera mitad del Evangelio de Marcos. Recordará
usted que cuando empezamos estos estudios dividimos este evangelio en dos partes principales:
El Siervo que Gobierna y el Gobernante que Sirve. El tema de esta última sección de la primera
división nos ha sido ofrecida según las palabras de los discípulos cuando Jesús acalló la
tempestad en el mar de Galilea. Al despertarse del sueño y mandar al viento que enmudeciese y
a la olas que se calmasen y a la tormenta que cesase se hizo una gran calma y los discípulos se
dijeron entre sí muy asombrados: "¿Quién es éste?" Poco después cuando Jesús fue a Nazaret,
su pueblo natal, y estuvo entre las gentes con las que se había criado y a las que había servido
como carpintero hasta los treinta años, dijeron algo parecido cuando oyeron sus palabras: "¿De
dónde le vienen a éste estas cosas? Resulta verdaderamente sorprendente que los ciudadanos
incrédulos de Nazaret y estos discípulos que creían y que habían acompañado a Jesús durante
casi un año de su ministerio, hiciesen la misma pregunta acerca de él: "¿Quién es éste?"
 
Es evidente que nuestro Señor considera que ahora es necesario que los discípulos empiecen a
responder a esta pregunta. De modo que en toda esta sección participa en una campaña
deliberada por enseñarles quién es. Ese es el tema de esta sección. --¿Quién, pues, es éste?" Al
llegar al final de esta sección, los discípulos habrán encontrado la respuesta a esta pregunta.
Empezamos en el capítulo 6, versículo 7, cuando los doce discípulos son enviados a cumplir
una misión especial:
 
    "Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos. Les daba autoridad
    sobre los espíritus inmundos. Les mandó que no llevasen nada para el camino: ni pan,
    ni bolsa, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón; pero que calzasen sandalias
    y que no vistiesen dos túnicas. Y les decía: Dondequiera que entréis en una casa,
    posada en ella hasta que salgáis de aquel lugar. Cualquier lugar que no os reciba ni os
    oiga, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para
    testimonio contra ellos. Entonces ellos salieron y predicaron que la gente se
    arrepintiese. Echaban fuera muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos
    y los sanaban."
 
Este ministerio de los doce discípulos nos suministra una serie de principios sobre el ministerio
cristiano. Ciertos aspectos de su ministerio estaban gobernados y controlados por la situación
local, como veremos. Si desea usted un relato más detallado, lea el evangelio de Mateo, pero
en este breve estudio Marcos reúne tres hechos muy importantes que destaca para nosotros.
 
Para comenzar, Marcos enfatiza el poder que ejercitaban estos discípulos. Jesús los envió,
dándoles autoridad sobre todos los espíritus inmundos. No sé cómo lo hizo, pero es evidente
que el Señor pudo impartirles el poder que él mismo poseía y que ellos podían ejercitar a pesar
de la distancia que pudiese haber entre ellos y Jesús. Mucho tiempo después, estando en el
Aposento Alto, cuando se disponía a dejarles les dijo: "Vendrá otro Consolador, que os
fortalecerá." Esto implica, como es natural, que ya estaba allí y era él mismo. El mismo suplió
el poder y la autoridad que se necesitaban para este ministerio.
 
A mi me gusta pensar detenidamente en estas cosas en mi mente y espero que a usted también le
agrade hacerlo al estudiar su Biblia. Me imagino la incertidumbre con la que los discípulos
debieron intentarlo. Llegaría un momento en el que cada uno de ellos se tendría que enfrentar
con una persona endemoniada, en que se sintiesen asustados e inseguros y lo intentaron,
mandando al demonio que se fuese en el nombre de Jesús. ¡Qué gran alivio debieron sentir al
darse cuenta de que los demonios les obedecían! Porque cuando regresaron, nos dice Mateo, lo
hicieron regocijándose porque los demonios se les sometían. Eso era algo que hacían en el
nombre de Jesús y no algo que hiciesen por su propia cuenta. Fueron en el nombre de Jesús y en
ese nombre tuvieron poder sobre todos los espíritus del mal.
 
En segundo lugar, Marcos resalta el hecho de que ese poder se expresaba en unidad. No
salieron cada uno de ellos, por su propia cuenta y riesgo; nuestro Señor nunca envió a nadie a
que hiciese algo completamente solo, sino que les envió de dos en dos. Mateo nos da la lista de
quién iba con quien. Andrés iba con Pedro, su hermano. Jacobo iba con Juan y así en adelante.
Siempre he sentido lástima de Simón el Zelote, ¡porque su compañero fué Judas Iscariote! ¿No
resulta asombroso que cuando fueron enviados estos doce, incluyeron a Judas y también a él le
fue concedido el poder de echar a los demonios en el nombre de Jesús y el de sanar a los
enfermos? De hecho, según se nos dice en el relato de Mateo, Jesús les dio poder incluso para
levantar a los muertos. Tenían poder para llevar a cabo todas estas poderosas obras en su
nombre. Esto debiera hacernos pensar cuando vemos el poder y la influencia ejercitadas
actualmente por las personas en el nombre de Jesús. Eso no garantiza que sean verdaderos
discípulos, porque entre ellos había un incrédulo, uno al que Jesús llamó "un demonio desde el
principio" y Jesús supo desde el principio mismo que era así, pero que a pesar de ello ejerció
un ministerio de gran poder juntamente con el resto de los discípulos. Iban de dos en dos, juntos
en la unidad de la comunidad que tenían unos con otros y este poder se manifestaba por medio
de ellos.
 
El tercer hecho con el que nos encontramos es que les fue concedida una superioridad sobre
todas las manifestaciones del mal. No tenían que temer a nada contra lo que tuviesen que ir
porque Jesús les había dado autoridad sobre los espíritus inmundos. Esto me sugiere que
aquellos de nosotros que todavía salimos a realizar un ministerio en el nombre de Jesús
debemos reconocer que nos ha sido dada autoridad y no tenemos que sentir temor alguno al
enfrentarnos con lo que fuere. Para los cristianos no existe nada que se atrinchere en el mal que
sea demasiado difícil para nosotros. Esto es lo que sugiere este relato y lo que descubrieron los
discípulos al salir a realizar su ministerio.
 
Otra cosa en la que debemos fijarnos es la dependencia que practicaban. Jesús deja claro que
debían salir sin ninguna provisión para el camino. De hecho, les dijo: "No, ni siquiera vayáis a
casa a prepararos, id tal y como estáis. No penséis en hacer ningún preparativo. No os llevéis
comida, no llevéis dinero para comprar comida, ni siquiera llevéis escondida ninguna provisión
secreta en vuestra cartera en caso de emergencia. Salid confiando totalmente en Dios y El
suplirá vuestras necesidades." Jesús les envía a propósito de esta manera para darles una
lección de fe, para enseñarles que Dios provee, que a dondequiera que fuesen sus necesidades
serían cubiertas.
 
Tenemos que reconocer, sin embargo, que esto concuerda con la práctica de aquellos tiempos.
Es decir, la hospitalidad se consideraba como algo de gran importancia en los pueblos
orientales. Cualquier extraño que llegase a aquella región esperaba que le cuidasen y que le
entretuviesen. Así que cuando fueron enviados, Jesús les dijo que esperasen la hospitalidad. En
aquellos tiempos no había ni moteles ni hoteles, y había muy pocas posadas, de modo que
aquella era la provisión normal para los viajeros de aquella época. Debemos de leer esta
historia juntamente con la de Lucas 22 donde, muchos después, al llegar Jesús al final de su
ministerio le dijo a sus discípulos:
 
    "Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado ¿os faltó algo? Ellos dijeron:
    --Nada. Entonces les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela; y también la alforja.
    Y el que no tiene espada, venda su manto y compre una."
 
Esta debía convertirse en la práctica habitual y continua en relación con el ministerio de los
creyentes, al acercarse nuestro Señor al final de su ministerio y comenzar la era del Espíritu.
Esto lo digo porque hay algunos que, habiendo leído este relato de la primera misión que
realizaron los doce, saltan de inmediato a la conclusión de que esta costumbre debe de
aplicarse también a nosotros hoy y se lanzan apresuradamente al ministerio sin hacer los
preparativos necesarios. Esto muestra con qué poca atención leemos las Escrituras. Nuestro
Señor deja claro que aquella era una provisión temporal, que se aplicaba de modo especial a
aquellos hombres. Existe, sin embargo, un principio que se aplica a lo largo de todos los
tiempos, y que tiene su origen en esta historia. Aquellos que se dedican al ministerio en el
nombre de Jesús, dependen de Dios y El es el que debe de abrirles las puertas. Dios debe
planear el viaje, presentar la oportunidad y suplir las necesidades, sea cual fuere la preparación
que se haya hecho de antemano, pues debemos depender de Dios y eso era lo que les estaba
enseñando el Señor a los discípulos.
 
Fíjese también en que no debían de salir como mendigos, no debían solicitar ni la hospitalidad
ni los fondos porque salían con el propósito de dar, no de pedir. Estaban investidos de
autoridad, con poder para bendecir, fortalecer y sanar y debían de compartir su poder y su paz
siempre que entrasen en una casa. En el relato mas completo de Mateo, siempre que llegaban a
una casa, se les mandaba que hiciesen posible que su paz fuese impartida a esa casa y debían
ser una bendición para la familia con la que estuviesen. Es más, debían de ejercitar el poder de
su ministerio sobre esa casa, para sanar a los enfermos y dejar bendiciones tras de sí. Por lo
que al ir de un sitio a otro estaban dando mucho mas de lo que estaban recibiendo. Este también
es uno de los principios constantes del ministerio. Un ministerio que merece el apoyo es aquel
que da mas de lo que recibe.
 
Nuestro Señor les enseñó que si iban a un pueblo o a una ciudad donde no eran recibidos,
debían abandonarla sin lamentarse, limitándose a expresar su dolor por no ser recibidos. Eso es
lo que significa limpiarse el polvo de los zapatos. No era un acto de carácter vengativo, lo que
se expresaba no debía ser ira ni resentimiento, sino una expresión de pena por el hecho de que
aquellas gentes no quisieran recibir la bendición que estaba a su alcance.
 
Fijémonos además en el mensaje que predicaban. Salían a predicar que era preciso que los
hombres se arrepintiesen. Ese fue el mensaje de Juan el Bautista. Arrepentirse quiere decir
reconocer que la persona está equivocada, que es consciente de que hay algo que está
perjudicando su vida, que está haciendo cosas que le están haciendo daño a sí misma o a otras
personas. Arrepentirse es admitir ese hecho en lugar de intentar justificarlo, excusarlo o
encubrirlo, o pretender que está bien. El arrepentimiento es llegar al punto en el que la persona
sencillamente admite que necesita ayuda. Cuando las personas llegaban a ese punto como
resultado de la predicación de los doce, los discípulos les atendían de una forma muy especial,
como se nos dice aquí: "Echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos
enfermos, y los sanaban."
 
Confieso que durante años he estado leyendo este relato en los Evangelios, y no me di cuenta de
que ungíesen con aceite. No lo vi hasta que lo volví a leer cuando preparaba este estudio. Jesús
no ungía nunca con aceite, pero los discípulos sí, evidentemente porque el Señor les diría que
lo hiciesen. Esto está conectado con un pasaje de Santiago 5. Santiago era hermano de Jesús y
se crió con él en su hogar en Nazaret. Dice:
 
    "¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los ancianos de la iglesia y que oren
    por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe dará salud al
    enfermo, y el Señor lo levantará. Y si ha cometido pecados, le serán perdonados."
 
Esta es evidentemente una referencia a la costumbres que tenían los apóstoles de ungir con
aceite durante su ministerio, yendo de un sitio a otro. De modo que al llegar los hombres y las
mujeres al punto del arrepentimiento, reconociendo su culpa, su necesidad, todo lo que habían
hecho mal, sus angustias, los discípulos tenían el poder de administrar el perdón y sanar en el
nombre de Jesús. Era preciso perdonar, levantar de los muertos, siempre que se arrepintiesen.
Esto echa una gran luz sobre ese pasaje de Santiago. El ministerio de los discípulos era una
respuesta al problema del pecado y del mal en las personas. También nosotros somos enviados,
por el mismo Señor, con la autoridad necesaria para actuar en contra del mal dondequiera que
lo hallemos, pero dependiendo de Dios para que abra las puertas y deje el camino despejado,
dándonos las oportunidades y planeando las estrategias. Debemos declarar el mensaje de que
las personas, cuando llegan al momento en que reconocen su necesidad y llegan al punto del
arrepentimiento, están abiertas al ministerio y a la gracia de Dios. ¡Qué gran ministerio fue el
de los discípulos al ir por todas partes! y tuvo un gran efecto.
 
De hecho, Marcos nos dice cuál fue el efecto al enlazarlo con el acontecimiento con el que nos
encontramos a continuación, el asesinato de Juan el bautista. El relato comienza con el
versículo 14, citando el efecto que tiene el ministerio de los doce discípulos:
 
    "El rey Herodes oyó de Jesús, porque su nombre había llegado a ser muy conocido.
    Unos decían: "Juan el bautista ha resucitado de los muertos y por esta razón operan
    estos poderes en él. Otros decían: Es Elías. Mientras otros decían: Es profeta como
    uno de los profetas. Pero cuando Herodes oyó esto dijo: ¡Juan, a quien yo decapité ha
    resucitado!"
 
Hay dos cosas que marcan el éxito que tuvo el ministerio de los discípulos al ir de un lugar a
otro. En primer lugar, fue ensalzado el nombre de Jesús, lo cual muestra lo fiel que fueron
aquellos hombres a su comisión. No se ensalzaron a sí mismos y en ninguna parte preguntó
nadie: ¿Quiénes son estos hombres, que hacen obras tan grandes?" Lo que siempre preguntaban
era: ¿Quién es este Jesús, en cuyo nombre actúan estos hombres?" De tal manera que el nombre
de Jesús se extendió por toda la región. A mi me gusta eso, porque eso indica que los
discípulos no hacían estadísticas. No regresaban con una larga lista de los muchos demonios
que habían echado, de las muchas personas que habían bautizado, aunque así es como a lo
mejor lo hubiésemos hecho nosotros. Ellos se sentían satisfechos con que fuese alabado el
nombre de Jesús. Por todas partes las gentes hablaban sobre Jesús y lo que era capaz de hacer.
Una de las grandes debilidades de la iglesia moderna es que hablamos mucho acerca de la
iglesia, en lugar de hablar sobre el Señor y lo que él puede hacer.
 
El segundo resultado es que Herodes se quedó aterrado. Cuando llegaron hasta él todos
aquellos informes, de repente se dio cuenta de que el fuego que creía haber apagado al matar a
Juan el bautista había de repente prendido en una docena de lugares y eso le asustaba, pero así
es como siempre actúa Dios. Cuando alguien se opone al mensaje del evangelio y lo suprime en
un lugar, eso solo sirve para esparcirlo, y es como si se echase agua sobre el aceite. Cuando
Herodes se dio cuenta de ello se asustó mucho.
 
¡Es realmente asombroso que Herodes se creyese de hecho que era Juan el bautista, que había
resucitado de los muertos y que estaba apareciendo en distintos lugares, porque las Escrituras
nos dicen concretamente que Juan el bautista no hizo ningún milagro! Con todo y con eso,
cuando a Herodes le llega la noticia de estos milagros dice: "Es Juan el bautista, que ha
resucitado de los muertos." Esto resulta incluso mas sorprendente por el hecho de que Herodes
pertenecía al partido de los saduceos, que eran racionalistas y totalmente contrarios a todo lo
sobrenatural, que no creían en la resurrección. Pero en el momento en que se entera de que los
doce estaban predicando de aquel modo, dijo: "Oh, oh, es Juan que ha resucitado otra vez de
los muertos." Todo ello da testimonio del poder que tiene la conciencia culpable de aquel
hombre. Shakespeare dijo: "la conciencia nos hace a todos sentirnos culpables" y Herodes es un
ejemplo gráfico de esta verdad.
 
La historia que viene a continuación es una retrospectiva de un acontecimiento que tuvo lugar
antes de que los discípulos fuesen enviados a predicar el evangelio:
 
    "Porque Herodes mismo había mandado prender a Juan y lo había encadenado en la
    cárcel por causa de Herodía, la mujer de su hermano Felipe; porque se había casado
    con ella. Pues Juan le decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano."
 
Los líos matrimoniales de toda esa familia de los Herodes era realmente increíble.
¡Comenzaron con Herodes el Grande, que tuvo cinco esposas y tuvo hijos con todas ellas.
Entonces la progenie se casó unos con otros y con la progenie de unos y otros! Por lo que se
casaron entre primos y en el caso de este Herodes, Herodes Agripa, se casó con su prima
Herodías, que había sido la mujer de su hermanastro Felipe. Para complicar aun mas el relato,
¡había otro hermanastro que también se llamaba Felipe! Pero no voy a intentar desentrañarlo
todo para que usted lo entienda. Basta con que entendamos que lo sucedido fue un escándalo
público y es evidente que Juan el bautista había reprendido públicamente al rey por seducir a la
esposa de su hermano y por casarse con ella. Herodes no parecía demasiado ofendido por la
reprimenda de Juan, pero Herodías sí, por lo que insistió en que Juan fuese arrestado y, más
adelante, en su muerte.
 
Herodías le guardaba rencor y quería matarle, pero no podía porque Herodes le temía a Juan,
sabiendo que era hombre justo y santo, por lo que le protegía. Cuando le oyó se quedó muy
perplejo, pero a pesar de ello le escuchó de buen grado. Pero se presentó la oportunidad
cuando Herodes dio una fiesta en su cumpleaños para sus cortesanos y oficiales y los
gobernantes de Galilea. Porque cuando la hija de Herodías (Salomé) entró y se puso a bailar,
complació a Herodes y a sus invitados y el rey le dijo a la muchacha: "Pídeme lo que quieras y
yo te lo daré." Y le prometió: "Le juró mucho: todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de
mi reino. Ella salió y dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ésta dijo: --La cabeza de Juan el
bautista. En seguida ella entró con prisa al rey y le pidió diciendo: --Quiero que ahora mismo
me des en un plato la cabeza de Juan el bautista. El rey se entristeció mucho, pero a causa del
juramento y de los que estaban a la mesa, no quiso rechazarla. Inmediatamente envió el rey a
uno de la guardia y mandó que fuese traída su cabeza en un plato; la dio a la muchacha y la
muchacha se la dio a su madre. Cuando los discípulos oyeron esto, fueron y tomaron su cuerpo,
y lo pusieron en un sepulcro."
 
Esta es una historia espantosa del odio de una mujer y de la debilidad de un hombre. Herodías
era una mujer amargada, que odiaba a Juan por haber descubierto la maldad de ella, de modo
que se esforzó siempre por destruirle, pero de algún modo Herodes se había sentido atraído a
Juan y le gustaba ir a escucharle y le prestaba atención. Todo esto aconteció en un formidable
castillo llamado Masada, en la parte este del Mar Muerto, cuyas ruinas existen todavía hoy. Se
pueden visitar los calabozos y ver donde estaban las cadenas enganchadas a las paredes y
donde, sin duda, Juan el bautista debió estar prisionero. En aquella ocasión, según leemos en
esta historia, Salomé bailó ante su presencia y al rey le complació, jurándole que le concedería
lo que ella quisiese. Por petición de su madre, pidió la cabeza de Juan el bautista que le fue
entregada en un plato. Herodes muestra su debilidad en todo lo que hace en este relato.
 
Marcos nos cuenta este incidente porque explica el motivo por el que Jesús envió a sus doce
discípulos a predicar. Justo cuando Juan fue arrestado, Jesús empezó su propio ministerio en
Galilea. Ahora que Juan ha sido decapitado, Jesús envía a los doce para que continúen el
ministerio de Juan: el mensaje del arrepentimiento y para añadirle otra nota: la autoridad y el
poder para echar a los demonios, sanar a los enfermos, sanar tanto en el aspecto emocional
como espiritual, además de físico, en el caso de aquellos que estaban afligidos por la
culpabilidad y el pecado. De manera que gradualmente, siguiendo el curso de la historia,
encontramos al Señor enseñando a estos discípulos lo que ha de ser el mensaje completo del
evangelio. En ese momento eran hombres ignorantes y no sabían nada de su muerte inminente ni
de su resurrección, ni siquiera sabían quién era. Lo único que sabían era que Dios estaba
obrando en Israel y que era preciso que los hombres llegasen al punto del reconocimiento de su
necesidad y entonces Dios comenzaría a obrar en sus vidas. Ahí es donde empieza el evangelio,
con el arrepentimiento. Y poco a poco se van añadiendo otros elementos como iremos viendo.
De modo que tenemos aquí un contraste entre el ministerio de los doce y el de Juan.
 
En los dos últimos incidentes que hemos visto, leemos lo que sucedió cuando volvieron los
doce de su misión. Incluye la historia de la alimentación de los cinco mil y en un momento
veremos de qué modo encaja en todo esto, pero primero veamos el resultado del regreso de los
doce:
 
    "Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y lo
    que habían enseñado. El les dijo: --Venid vosotros aparte a un lugar desierto y
    descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían
    oportunidad para comer."
 
Está claro, por lo que se nos dice, que el Señor reconoció que era un momento de riesgo para
aquellos discípulos. Necesitaban el descanso y el Señor lo proveyó. Necesitaban tiempo para
pensar en todo lo que había pasado y leyendo los relatos de Mateo y de Lucas sobre el regreso
de los discípulos, sabemos que estaban muy emocionados con su ministerio y que además se
sentían muy estimulados por los resultados que habían presenciado y regresaron como cuando
los niños salen del colegio, ansiosos por contar a Jesús todo lo que les había sucedido. Se
sentían tan "entusiasmados" y contentos que él tiene que hacerles una advertencia: "Sin
embargo, no os regocijéis de esto, de que los espíritus se os sujeten; sino regocijaos de que
vuestros nombres están inscritos en los cielos." Jesús se dio cuenta de que corrían el peligro de
verse dominados por el orgullo y el enaltecimiento del ministerio que habían realizado. Esta es,
por cierto, la primera vez en los Evangelio que se les llama "apóstoles". Habían sido
"discípulos" pero habían sido enviados, y eso es lo que es un apóstol, aquel que es enviado y
Jesús les había dado su propio ministerio que cumplir.
 
Aquí nos encontramos con un principio muy importante de la pedagogía. Durante años las
iglesias, e incluso la Iglesia Peninsula Bible, funcionaba siguiendo el concepto ampliamente
aceptado de que es preciso capacitar a fondo a las personas antes de que realicen un trabajo.
Hay que llenarles la cabeza de conocimientos y que enseñarles a responder a todas las grandes
y difíciles preguntas teológicas. Tienes que saber explicar por qué Dios no mata al demonio y
quién es el anticristo, y ser capaces de resolver otros problemas bastante espinosos, antes de
que estén listas para salir a realizar su ministerio. Cuando tienen un certificado de un seminario
o algo equivalente, entonces están preparadas para comenzar la obra.
 
Pero nuestro Señor no hacía las cosas de esa manera. Envió a estos hombres ignorantes, que no
entendían ni mucho menos todo lo que implicaba el mensaje que predicaban, que en realidad no
tenían ni idea por qué estaban siendo enviados o lo que estaban haciendo, pero él les envió y
les dio el poder para actuar y espero que ellos aprendiesen según fueran haciéndolo. Hace
algunos años descubrimos este principio, y desde entonces hemos intentado ponerlo en práctica
y nos hemos dado cuenta de que es cierto, que no es preciso esperar a saberlo todo antes de
poder ponerlo en práctica. Sino que mas bien se empieza a actuar según se va aprendiendo y
aprendes según vas haciendo las cosas y eso es, precisamente, lo que hizo el Señor con estos
hombres.
 
Pero sin embargo, cuando las personas son inmaduras, con demasiada frecuencia el éxito que
disfrutan se les sube a la cabeza y se vuelven orgullosas y es un momento muy peligroso en sus
vidas. Cuando se ha conseguido el éxito, siempre es un tiempo de grave peligro. Eso es algo
que he aprendido en mi propio ministerio. La semana pasada recibí una invitación para enseñar
la Biblia en una importante conferencia nacional que había de celebrarse mas adelante este año.
De inmediato comencé a pensar carnalmente sobre la invitación y empecé a darle vueltas en las
distintas habitaciones de mi mente, pensando en ello y diciendo: "¡Fíjate en esto! ¡Todas estas
personas creen que eres un gran maestro de la Biblia!" Y comencé a imaginarme algunos de los
resultados.
 
Pero mi voluntad, impulsada por el Espíritu Santo, se irguió, agarró al joven vano y arrogante,
le golpeó contra su asiento y le dijo: "¡Siéntate y cállate!" Me di cuenta de que era un momento
de grave peligro, algo que debía de pensar a fondo y con mucho cuidado y que era preciso
recordar que Dios solo obra por medio de un espíritu humilde y contrito. Siempre que cualquier
idea se apodere de la mente y del corazón, en el sentido de que un ministerio es para la gloria
de la persona, es una grave amenaza para el éxito de la empresa. Por eso fue por lo que Jesús se
llevó a estos discípulos a un lugar desierto, para atender a sus necesidades y para enseñarles,
pero tuvo cierta dificultad en hacerlo, porque el próximo pasaje nos dice:
 
    "Y se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Pero muchos les vieron ir y les
    reconocieron. Y corrieron allá a pie de todas las ciudades y llegaron antes que ellos.
    Cuando Jesús salió, vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran
    como ovejas que no tenían pastor. Entonces comenzó a enseñarles muchas cosas."
 
No sé cómo habría reaccionado usted de haber estado en el lugar de Jesús. ¡Ahí estaban,
intentando alejarse de la multitud, de las presiones y del jaleo de este ministerio para poder
estar un rato tranquilos, llegando al otro lado del lago para encontrarse con que les estaba
esperando la misma multitud de la que se habían intentado alejar! Creo que yo me hubiese
enfadado y hubiera dicho: "¿Es que no podéis dejarnos un rato en paz? Tenemos que tener
tiempo para descansar. ¿Es qué no os preocupáis por nosotros?" Pero fíjese de qué modo
enfrenta el Señor la situación. Tenía el corazón de un pastor, pues fue él quien dijo: "el que
tenga hambre y sed de justicia será saciado." ¡Y ahí estaban todos aquellos hombres y mujeres
tan deseosas de escuchar la palabra de liberación que, aunque había cogido una barca y habían
remado cuatro millas al otro lado del lago, la multitud había corrido diez millas a pie por la
parte norte del lago y había llegado al otro lado antes de que llegasen ellos! Estaban allí
esperando para que él les enseñase cuando llegase. De modo que sin reprenderles para nada,
comenzó a enseñarles muchas cosas.
 
No sé lo que les enseñaría, posiblemente nos diga algo sobre ello el relato de Juan, en el que
Jesús estuvo enseñando acerca del pan que desciende del cielo. O en el relato de Lucas, en el
que nos encontramos con el Sermón del Monte, porque es un pasaje paralelo al de Mateo, pero
Lucas dice que fue predicado sobre una planicie. Posiblemente nuestro Señor repitiese una
buena parte de su Sermón del Monte para estas gentes, pero sea lo que fuere lo que enseñó
Marcos nos dice que hizo algo a propósito, que fue sorprendente:
 
"Como la hora era ya avanzada, sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: --El lugar es
desierto y la hora avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y
compren para sí algo de comer. El les respondió y dijo: --Dadles vosotros de comer. Le
dijeron: --¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios y les demos de comer? El
les dijo: --¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. (Eso pasó cuando Andrés encontró al muchacho
que llevaba su comida consigo.) Al enterarse, le dijeron: --Cinco y dos pescados. El les mandó
que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Se recostaron por grupos, de
cien en cien y de cincuenta en cincuenta."
 
Esta es una descripción muy gráfica y, sin duda, refleja el recuerdo que tenía Pedro de ese
suceso, que le cuenta a Marcos. Por cierto que este es el único milagro del que ha quedado
constancia en los cuatro evangelios. Se acordó hasta de la hierba verde, que crecía por todas
partes en las colinas y en las planicies en el mes de Abril cuando sucedió esto y que, al sentarse
las gentes, tenías el mismo aspecto que una huerta de vegetales. La palabra traducida como
"grupos" es la misma que se usa para referirse a las hileras de vegetales en una huerta. Todavía
podía verlos sentados, sobre las laderas de la colina, en hileras como los vegetales,
esperando...
 
    "Todos comieron y se saciaron, y recogieron doce canastas llenas de los pedazos de
    pan y de los pescados. Y los que comieron los panes eran como cinco mil hombres."
 
No tenemos tiempo para entrar en detalle y estoy seguro de que ha estudiado usted este milagro
y de que habrá escuchado algún mensaje sobre él con anterioridad, pero me gustaría
sencillamente decir tres cosas acerca del tema. En primer lugar, fue algo que hizo nuestro Señor
deliberadamente. Aquellas gentes no estaban tan hambrientas como para que tuviese que
alimentarlas. Mas adelante, cuando alimentó a los cuatro mil, llevaban tres días sin comer, pero
aquí en este caso es dudoso que hubieran estado ni siquiera un día sin comer. Habían estado
corriendo alrededor del lago y estaban posiblemente cansados, pero no hambrientos.
 
Pero a pesar de ello, Jesús opta por alimentarles y lo hizo, en segundo lugar, para enseñar algo
a sus discípulos, de modo que era principalmente para su beneficio. Lo que hizo tenía como fin
recordarles la alimentación de las multitudes de Israel en el desierto, cuando descendió mana
del cielo. Estaba presentando una imagen deliberada de quién era él para estos discípulos. Por
eso es por lo que el Evangelio de Juan dice que Jesús les dijo a sus discípulos: "yo soy el pan
que desciende del cielo." Se esperaba que estos discípulos aprendiesen algo acerca de quién
era aquel al que estaban siguiendo, pero parece que ellos no captaron lo que les quería decir.
 
Aquí se les da una indicación y en tercer lugar, este suceso tenía cierta relación con todo el
ministerio que Dios realiza en Israel. Marcos dijo: "recogieron doce canastas llenas de los
pedazos de pan." Siempre que se usa el número doce en estas historias, está relacionado con las
doce tribus de Israel. Jesús mismo dijo que escogía a doce discípulos para que pudiesen
sentarse sobre los doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. En la sección había una
niña de doce años que se estaba muriendo, una mujer que llevaba doce años padeciendo una
hemorragia y ahora se recogen doce canastas de pan. Esta es una manera que tiene Jesús de
recordarle a sus discípulos que él es el Prometido, que ha venido a Israel. Era la Provisión que
había enviado Dios. El había provisto el descanso para sus discípulos, había provisto la verdad
para las multitudes esperando y había provisto alimento para estas personas, pero tenían los
ojos cerrados.
 
De modo que sigue de inmediato otro incidente, que trataremos rápidamente, pero que es muy
importante:
 
    "En seguida obligó a sus discípulos a subir en la barca para ir delante de él a
    Betsaida, en la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Y habiéndose
    despedido de ellos, se fue al monte a orar. Al caer la noche, la barca estaba en medio
    del mar, y él solo en tierra. Viendo que ellos se fatigaban remando, porque el viento
    les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche, él fue a ellos caminando
    sobre el mar, y quería pasarlos de largo. Pero cuando ellos vieron que él caminaba
    sobre el mar, pensaron que era un fantasma y clamaron a gritos: porque todos le
    vieron y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y les dijo: ¡Tened ánimo! ¡Yo
    soy! ¡No temáis! Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento. Ellos estaban
    sumamente perplejos, pues aún no habían comprendido lo de los panes; más bien, sus
    corazones estaban endurecidos."
 
No podemos entender este último milagro, a menos que lo veamos como una especie de período
de examen por el que tienen que pasar estos discípulos después de la alimentación de los cinco
mil. Nuestro Señor les había enviado, les había dado el poder. Ellos habían visto su ministerio
confirmado y autentificado por la mano de Dios obrando a través de ellos. Habían regresado
excitados y "entusiasmados" por todo lo que habían visto y hecho. Les habían enseñado que
Jesús era el que había venido para hacer realidad la esperanza del Mesías que había sido dado
a Israel y que había sido prometido a lo largo de todos los siglos proféticos, pero por algún
motivo ellos no lo entendieron.
 
Así que les somete a examen, a una prueba, para ver cómo van. Les manda en medio de la
tempestad, pero esta vez es distinto. ¡No está con ellos en la barca! Los envía solos, de
propósito, y él se marcha a la colina a orar. ¿Cuántas de las tempestades de la vida se
componen de estos dos mismos elementos, los problemas que parecen abrumarnos y la aparente
ausencia del Señor? Sin embargo, hay Uno que está orando por nosotros en la colina.
 
Después de que ha estado arreciando la tempestad durante varias horas, y los discípulos se
hallan profundamente angustiados, Jesús viene a ellos caminando sobre el agua. Cuando le ven
se quedan aterrados, creyendo que es un fantasma. Tuvo que tranquilizarles: "Eso que veis, que
tanto os asusta, soy yo, no os asustéis." ¿Cuántas veces tiene que decirnos eso a nosotros? Lo
que parece darnos miedo, lo que nos asusta..."Soy yo, no temáis." Se sube a la barca y Marcos
nos dice que ¡se quedaron totalmente perplejos! Esto indica la puntuación que sacaron en el
examen. Fracasaron completamente, pero les dejó perplejos. Por segunda vez sus ojos son
abiertos para que puedan empezar a preguntar ¿quién es éste? ¿Quién es?" Y empiezan a
escuchar. Esto deja la puerta abierta para algunas de las mejores lecciones que dio el Señor a
sus discípulos en cuanto al motivo por el que había venido. Cuando llegan al final de esa
sección, han obtenido la respuesta.
 
Y es la misma pregunta que nos hace el Señor a nosotros: ¿Quién es éste? ¿Quién es el que
manda las tempestades a nuestra vida? ¿Quién suple nuestras necesidades para luego ponernos a
prueba? ¿Quién nos hace una promesa y luego nos envía para ver si creemos en lo que
enseñamos o en lo que decimos? Es el Señor mismo. Es lo que está haciendo con nosotros,
como lo hizo con los discípulos. Nos está entrenando, nos está enseñando, nos está preparando,
edificando nuestra vida, de la misma manera que lo hizo con ellos, con el fin de que podamos
ser hombres y mujeres de fe, confiados y tranquilos, sabiendo hacer frente a la vida.
 
Oración
 
    Padre, te damos gracias por lo que estás haciendo con nosotros. Te damos gracias por
    esas historias tan asombrosas, que nos recuerdan y nos enseñan lo que el Señor sigue
    haciendo en nuestras vidas hoy. Aunque vivimos en tiempos peligrosos, en que nos
    debatimos en aguas revueltas, tanto si él está en la barca como si no lo está, sabemos
    que él es el Dueño de las tempestades de la vida y él puede hacer que vivamos
    seguros, fortaleciéndonos, iluminándonos y enseñándonos acerca de sí mismo.
    Oramos para que sean abiertos nuestros ojos y para que podamos responder con fe.
    Lo pedimos en su nombre, amen.