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Asunto:[biblia] EL CAMINO DE LA CRUZ
Fecha:Miercoles, 25 de Abril, 2001  22:40:56 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

EL CAMINO DE LA CRUZ
 
por Ray C. Stedman
 
Había previsto estudiar con usted la Transfiguración al llegar a este momento, pero examinando
el pasaje me encontré con que el párrafo final del capítulo 8 es tan importante, tan vital para el
mensaje de todo este Evangelio, que no me atrevo a pasar apresuradamente por él. Con él
comenzamos la segunda mitad de nuestro estudio del Evangelio de Marcos. Hemos estado
observando a Aquel que vino como siervo del hombre, sanando, ayudando, consolando y
restableciendo, pero con tal poder y autoridad que, nuestros ojos se han abierto como les
sucedió a los discípulos, para ver finalmente que El no es nada menos que el Señor de la gloria,
que es "El Siervo que Gobierna" en toda la inmensa creación de Dios. Este ha sido el tema de
la primera mitad de nuestro estudio de Marcos.
 
Pero tan pronto hemos descubierto quién es y sigue siendo Jesús nos encontramos con algo
increíble, con que empieza a hablar acerca de su muerte. Para los discípulos eso resulta
asombroso y se convierte en el punto en el que se produce el cambio en el Evangelio de
Marcos. A partir de ese momento, Jesús va camino a Jerusalén, para enfrentarse con la
oscuridad del huerto de Getsemani, la sala del juicio de Pilatos, el poste de flagelación y la
cruz sangrienta. Pero en el camino, como veremos, sigue llevando a cabo su ministerio entre los
hombres, realizando sanidades, consolando, limpiando, restableciendo y bendiciendo a los
hombres. Pero ahora es "el Gobernante que Sirve" y este es el tema de la segunda mitad de
nuestro estudio de Marcos.
 
Si me permite usted una sola palabra a modo de bosquejo, para que podamos ver a dónde nos
dirigimos, esta segunda mitad tiene dos partes principales. Comenzando con el capítulo 8,
versículo 34, y continuando hasta el capítulo 13, tenemos lo que voy a llamar "El Camino de la
Cruz". Es el tiempo que Jesús dedica a preparar a sus discípulos para el terrible suceso que le
espera al llegar a Jerusalén. Los capítulos 14 al 16, que concluyen el Evangelio, relatan los
sucesos de la cruz y de la resurrección. En la división con la que empezamos ahora, El Camino
de la Cruz, hay también dos subdivisiones: primero, la preparación a la que somete el Señor a
sus discípulos en Cesarea, en Capernaum, hasta llegar al valle del Río Jordán; segundo, los
sucesos que tienen lugar en Jericó, en el Monte de los Olivos, y en Jerusalén. Hoy
examinaremos solo la parte en la que Jesús somete a sus discípulos a la preparación, que tuvo
lugar en Cesarea de Filipo, al norte de Galilea, al pie del Monte Hermón. Una vez que Jesús les
hubo anunciado la cruz a sus discípulos, que hubo reprendido a Pedro, que a su vez reprende al
Señor, Marcos nos dice:
 
    "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame."
 
Así es como el Señor resume el proceso del discipulado. Examinaremos aquí, con sus propias
palabras, lo que significa ser un discípulo. El hecho de que nuestro Señor llamase a las
multitudes al mismo tiempo que a sus discípulos ha suscitado interrogantes en las mentes de
algunos. Muchos se han preguntado si esto indica que estaba intentando hacer discípulos, es
decir, evangelizar, o si estaba sencillamente diciéndole a sus discípulos lo que representa vivir
como discípulo. En otras palabras, suscita la pregunta que muchos hacen: ¿Se puede ser
cristiano sin ser un discípulo? ¿Es el discipulado una segunda etapa del cristianismo? ¿Hay
muchos cristianos, pero relativamente pocos discípulos? ¿Se puede ser cristiano sin ser
discípulo? Esta es una pregunta muy importante y es una pregunta que el Señor nos responde
como veremos en este estudio.
 
Centremos ahora nuestra atención en estas palabras sencillas, pero de vital importancia, de
Jesús, mediante las cuales nos explica el proceso del discipulado. Nos dice que hay tres pasos.
Primero "si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo...." Fíjese en que no dice
"ódiese a sí mismo." No nos está pidiendo que neguemos nuestra humanidad básica, nuestra
personalidad. Si eliminamos eso, no hemos entendido lo que quiso decir. No nos está diciendo
que es preciso que nos abandonemos, porque no podemos salirnos de nosotros mismos de
ninguna manera. De modo que tenemos que entender lo que quiere decir cuando dice "niéguese
a sí mismo", que es el primer paso del discipulado.
 
Negar quiere decir "repudiar ninguna relación con" algo, es decir, afirmar que no nos
relacionamos con lo que sea que tengamos a la vista. Resulta interesante que es la misma
palabra que se utiliza cuando Pedro negó conocer a Jesús, un poco más adelante cuando se
hallaba en el patio del sumo sacerdote, calentándose junto a una pequeña hoguera, cuando una
muchacha le pregunto: "¿Conoces a este hombre?" Pedro negó tener ninguna relación con Jesús,
dijo que no le conocía y afirmó su falta de relación con juramentos y palabrotas. Así fue como
negó a su Señor. Esa es exactamente la palabra que escoge Jesús cuando nos dice que, si
estamos dispuestos a seguirle, lo primero que tenemos que hacer es negarnos a nosotros
mismos.
 
Es importante que entendamos que no él quiere decir lo mismo que lo normalmente queremos
decir nosotros con "renuncia" (negarnos a nosotros mismos), con lo que normalmente lo que
estamos dando a entender es que renunciamos a algo. Muchas personas creen que es justo
negarse algo a sí mismas durante la cuaresma, renunciar a varios vicios, como pueda ser llevar
calcetines gruesos en la cama. Pero Jesús no se está refiriendo a esa clase de "renuncia", puesto
que a él no le preocupa tanto lo que hacemos como lo que somos. Por lo tanto, no está hablando
acerca de renunciar a los lujos, ni a las necesidades, sino a negarse a uno mismo, que es
completamente diferente.
 
Negarnos a nosotros mismos significa que repudiamos nuestros sentimientos naturales con
respecto a nosotros mismos, es decir, nuestro derecho a nosotros mismos, el derecho que
tenemos a hacernos cargo de nuestra propia vida. Tenemos que negar que somos dueños de
nosotros mismos. No tenemos el derecho final a decidir lo que vamos a hacer o a donde vamos
a ir. Cuando se expresa con esos términos, las personas sienten de inmediato que Jesús está
diciendo algo muy fundamental. Es algo que tiene que ver con el fondo mismo de nuestra
existencia, porque lo que nosotros valoramos, como seres humanos, y lo que ambicionamos y
protegemos por encima de todo lo demás es nuestro derecho a tomar decisiones decisivas por
nosotros mismos. Nos negamos a someternos a algo o a cualquiera, y nos reservamos el derecho
a tomar las decisiones finales en nuestra vida. A esto es a lo que se está refiriendo Jesús. No
está hablando acerca de renunciar a esto o a lo otro, sino de renunciar a nosotros mismos. En el
auditorio de PBC tenemos un versículo que ha sido tallado y que está tomado de los escritos de
Pablo en Iª Corintios, que dice lo mismo que está diciendo Jesús: "No sois vuestros, por
precios fuisteis comprados. "Si va usted a seguir a Jesús, usted ya no es dueño de sí mismo,
sino que es El quien tiene el derecho definitivo y el señorío sobre su vida. Por lo que usted ya
no es dueño de sí mismo, y El es quien debe tomar las decisiones finales cuando las cosas
importantes de su vida están en juego. Eso es lo que quiere decir Jesús con las palabras "el que
quiera venir en pos de mi, niéguese a si mismo." Lo que hay que negar es la confianza que
hemos depositado en nosotros mismo, negar nuestra autosuficiencia y negar los sentimientos de
que somos capaces de encargarnos solos de nuestra propia vida y hacer las cosas de manera
que nos satisfagan.
 
Hace algunos años leí un artículo titulado "The Art of Being a Big Shot" (El arte de ser un pez
gordo), escrito por un amigo mío, un destacado hombre de negocios cristiano, llamado Howard
Butt. Entre otras muchas cosas buenas que dijo, estaban estas palabras que cito porque son un
buen ejemplo de lo que quiso decir nuestro Señor:
 
    "Mi orgullo es el que hace que sea independiente de Dios. Me atrae sentir que soy el
    dueño de mi propio destino, que me hago cargo de mi propia vida, que tomo mis propias
    decisiones y que lo hago solo, pero ese sentimiento es mi falta de honradez básica porque
    no puedo hacer las cosas yo solo. Necesito la ayuda de otras personas y a la postre no
    puedo depender de mi mismo, sino que dependo de Dios para mi próximo aliento. No es
    muy honesto de mi parte pretender que soy algo mas que un hombre, insignificante, débil y
    limitado. Por lo tanto, el vivir independientemente de Dios es engañarse a uno mismo. No
    es solo que la cuestión del orgullo sea una característica desafortunada, aunque
    insignificante y de que la humildad sea una pequeña virtud atractiva, lo que está en juego
    es mi integridad psicológica interior. Cuando soy orgulloso, me estoy mintiendo a mi
    mismo acerca de lo que soy. Estoy pretendiendo ser Dios y no un hombre. Mi orgullo es la
    adoración idólatra de mi mismo y ¡esa es la religión nacional del infierno!
 
Esta es una explicación muy elocuente de lo que quiere decir Jesús con sus palabras "si alguno
quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo", que renuncie a su derecho a dirigir su vida y
que se someta a mi liderazgo y a mi señorío." Y esto es fundamental para todo el discipulado y
sin ello no puede haber discipulado.
 
El segundo paso lo encontramos a continuación: "niéguese a sí mismo, tome su cruz...." ¿Qué
quiere decir "tome su cruz"? Estoy casi seguro que al escuchar los discípulos aquellas palabras
les resultarían incomprensibles y que no sabrían lo que había querido decir. Para ellos, la cruz
era algo indefinido, como un borrón confuso sobre el horizonte de sus mentes. No entendían a
dónde iba a parar Jesús, pero él sí lo sabía. Y sabía que después de los terribles
acontecimientos que habían de tener lugar en Jerusalén, después de que el espantoso sufrimiento
tuviese una respuesta gracias a la gloriosa y gozosa resurrección, pensarían nuevamente en
aquellas palabras y empezarían a entender lo que había querido decir. A nosotros, que vivimos
a este lado de la cruz, nos resulta más fácil entender lo que quiso decir.
 
Pero son muchas las personas que están convencidas de que una cruz es cualquier prueba o
dificultad por la que se esté pasando, o cualquier incapacidad que se padezca, como una suegra,
una vecina ligerita de cascos o un impedimento físico. "Esa es mi cruz" solemos decir, pero no
es eso lo que quiso decir Jesús. El mismo tuvo que pasar por muchas dificultades, por muchos
problemas y pruebas que tuvo que soportar antes de ir a la cruz. De modo que no se trata solo
de un impedimento, de una dificultad o de una prueba. La cruz era algo muy diferente. La cruz
representaba algo en la vida de Jesús, relacionada con la vergüenza y la humillación. La cruz
sobre la que le colgaron era la cruz de un criminal, un lugar de degradación, sobre la que fue
degradado y envilecido.
 
Por lo que la cruz será siempre un símbolo de aquellas circunstancias y acontecimientos en
nuestra experiencia que nos humillan, que nos hacen correr riesgos, que ofenden a nuestro
orgullo, que nos avergüenzan, y que revelan lo básicamente malo que hay en nosotros, ese mal
que Jesús describió con anterioridad: "porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los
malos pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos, los homicidios, los adulterios, las
avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad, la envidia, la blasfemia, la insolencia, y la
insensatez." La cruz es la que descubre todas estas cosas. Cualquier circunstancia, cualquier
incidente que nos haga eso, nos dice Jesús, debemos recibirlos si somos discípulos. Ese es su
significado. "Tome su cruz, acéptela, gloríese en ella, aférrese a ella, porque es algo bueno para
usted. Le colocará en el lugar en el que estará dispuesto a recibir el don de la gracia de Dios."
Por eso es por lo que la cruz tiene valor para nosotros.
 
Esto no quiere decir solo las cosas importantes de nuestra vida, también tiene que ver con las
cosas insignificantes. ¿Se siente usted dolorido cuando alguien se olvida de su nombre? ¿Se
molesta cuando un cajero no quiere darle dinero efectivo por su cheque? ¿Le molestan a usted
las críticas, aunque sepa que están justificadas? ¿Se siente usted resentido cuando pierde al
tenis o al golf? Todas estas cosas son manifestaciones insignificantes de la cruz en nuestra vida.
La palabra del Señor es que si deseamos ser discípulos, no debemos sentirnos ofendidos por
estas cosas, ni enfadarnos por ellas, sino que debemos aceptarlas.
 
Como ve este es un enfoque muy radical de la vida, muy diferente de cómo nos dice el mundo
que nos rodea que debemos de actuar. El mundo dice: "Escape, eluda las situaciones. O si no le
es posible, devuelva la ofensa. Enfurézcase, vénguese, y ofenda usted también. Enfádese por
ello." Pero la palabra del Señor es: "si va a ser mi discípulo, tome su cruz...."
 
El tercer paso es: "sígueme" lo cual significa realmente "obedéceme." ¿Es realmente tan
asombroso que si nos ha llevado tanto tiempo entender que si la desobediencia es la condición
normal antes de ser cristianos, sin duda la obediencia será la condición indispensable una vez
que seamos cristianos y debe de serlo. A mi me deja sorprendido que las personas digan que
son cristianas, al mismo tiempo que reconocen flagrantemente e incluso con orgullo, que no
siguen al Señor, que no hacen lo que él dice. Todos tenemos que luchar con eso, yo mismo fallo
en eso en muchas ocasiones. Nuestro Señor no está hablando acerca de ser perfectos para poder
ser discípulos, nos está diciendo sencillamente lo que quiere decir el discipulado y lo que
implica. Implica seguirle, decidir hacer o decir lo que Jesús nos manda que hagamos y digamos
y lo que él mismo hizo, esperando recibir de él el poder para hacerlo. Eso es lo que significa
seguirle. Es lo que significaba para los discípulos. Ellos le obedecieron y Jesús les enseñó a
depender de él para todo cuanto fuese preciso para conseguirlo. Cuando la multitud fue
alimentada, Jesús les dijo que alimentasen ellos a la multitud y lo hicieron, pero él fue quien
tuvo que suplir lo necesario para que lo consiguiesen.
 
De eso precisamente se trata el cristianismo. La vida cristiana representa seguir a Jesús, hacer
lo que él dice, como pueda ser "ame a su enemigo, ore por los que le hacen mal, perdone a los
que le ofendan." Esas no son sencillamente palabras sabias y de gran ayuda, sino que
representan un forma de vida que el Señor pone ante nosotros, a la cual se espera que nos
amoldemos en el momento en que menos nos apetezca hacerlo.
 
Cuando no sintamos deseo alguno de obedecer, de perdonar o de orar, nos dice que lo hagamos
a pesar de todo. "Sed amables con los desagradecidos y con los egoístas." A mi me cuesta
enfrentarme con esas dos clases de personas, porque no me hace ninguna gracia ser amable con
personas que son desagradecidas y egoístas, pero eso es lo que el Señor nos dice que debemos
hacer. "Llevad los unos las cargas de los otros. De gracia recibisteis, dad de gracia."
"Sígueme" significa obedecer estas y otras muchas exhortaciones de las Escrituras.
 
En el griego original estos pasos aparecen en el presente continuo, lo cual quiere decir
"continua negándote a ti mismo, continua llevando tu cruz, continua siguiéndome." Esta no es
una decisión momentánea, sino el programa para toda una vida, que se debe de repetir una y
otra vez, siempre que nos encontremos con situaciones que hagan estas opciones necesarias.
Eso es lo que significa ser un discípulo. El discipulado es negar el derecho a sí mismo, el tomar
la cruz, el aceptar estos incidentes y circunstancias que ponen de manifiesto nuestro orgullo y
nuestra vanidad, aceptándolas y siguiéndolas, haciendo lo que él dice que debemos hacer y
poniendo nuestros ojos en él para el poder necesario para realizarlo.
 
Este no es siempre el curso mas atractivo ¿verdad? Estoy seguro de que debió causar un
profundo y solemne impacto a los discípulos y a la multitud. De hecho, Juan nos dice que al
llegar a este punto muchos se dieron la vuelta y se marcharon, porque esas palabras les
parecieron demasiado duras y exigentes. Podemos estar siempre agradecidos por el hecho de
que nuestro Señor no ha pedido nunca a nadie que le siga sin decirle lo que eso implica. Les
dijo con toda claridad en lo que se estaban metiendo y lo mismo hace con nosotros. No está
interesado en que nadie se haga cristiano o intente vivir como un cristiano bajo falsos términos.
Quiere que entendamos que eso nos va a destrozar, que nos va a cambiar, haciendo de nosotros
personas diferentes y lo hará. Si tiene algún significado en nuestra vida, va a causar una
profunda revolución en nuestra vida, llegando hasta el fondo mismo de nuestro ser. Eso es algo
que deja perfectamente claro, desde el principio mismo.
 
Y a continuación nos explica el motivo que nos llevará en esa dirección:
 
    "Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de
    mí y del evangelio, la salvará."
 
No cabe duda de que ese es motivo más que suficiente. ¿A quién no le interesa salvar su vida?
Es decir, hacer que valga la pena, hacer de ella una vida completa, plena, rica y que valga la
pena vivirla. Todos lo deseamos. En el fondo de nuestra alma, todo el mundo anhela la vida y la
manera de hallarla, en el mas amplio sentido de la palabra, hallar la vida por el motivo por la
cual fue diseñada. A esto se refiere Jesús. "Si es eso lo que usted quiere" dice, "le diré cómo
conseguirlo." Hay dos actitudes que son posibles con respecto a la vida y solo puede tener
usted una u otra. Una de ellas es: salve su vida ahora, es decir, acumúlela, aferrese a ella, no la
deje escapar, intente apropiarse usted mismo de ella, cuide de sí mismo, confié en sí mismo,
asegúrese de que en todas las situaciones su principal y más importante preocupación sea "¿qué
me ofrece la vida?" Esa es una manera de vivir, y son millones los que actualmente viven de
ese modo. Todos nosotros lo hacemos, en un momento u otro.
 
La otra actitud es: piérdala, es decir, reniegue a ella, no tenga en cuenta la ventaja que puede
haber para usted en una situación determinada y siga adelante dependiendo de Dios, sin
preocuparle lo que pueda sucederle a usted. Pablo dice: "no estimo que mi vida sea de ningún
valor". Abraham obedeció a Dios, marchándose a una tierra que no conocía, emprendiendo el
camino sin un mapa, aparentemente sin preocuparle por lo que le pudiese suceder. Y sus
vecinos le reprocharon, le reprendieron por no preocuparse por sí mismo. Jesús nos dice que
esa debe de ser una forma de vida. Confíe en Dios, obedézcale y coloque la responsabilidad de
lo que pueda pasar sobre sus hombros. Esa es la forma de vida que ofrece Jesús, perder la vida
para obtener eso.
 
Y nos dice que se pueden obtener solo dos resultados. Si salva usted su vida, si se aferra a ella,
si la acumula, si consigue todo lo que pueda para sí mismo, entonces, Jesús nos dice que, sin
duda alguna, la perderá. Esto no es sencillamente una trivialidad ni un axioma, está afirmando
una ley fundamental de la vida. Es algo absolutamente inquebrantable y nadie puede
quebrantarla. Jesús dice que si salva usted su vida, puede usted perderla. Se encontrará usted
con que tiene todo lo que desea, pero no deseará usted nada de lo que tiene. Se encontrará usted
con que toda esa vida, a la que ha estado usted intentando aferrarse se le escapará entre los
dedos y con que ha acabado usted con un montón de telarañas y de cenizas, sintiéndose
insatisfecho, vacío, burlado por lo que esperaba poder conseguir.
 
En la actualidad son muchos los que están demostrando este hecho. Pregúnteselo al hombre que
lo tiene todo. "¿Es usted feliz?" Y posiblemente le contestará "sí, soy feliz. Tengo todo lo que
quiero, puedo hacer lo que quiera, puedo ir a cualquier parte, en cualquier momento. Tengo
todo el dinero que necesito. Sí, soy feliz." Pero si le presiona usted y le pregunta: "¿significa
eso que se siente satisfecho consigo mismo, con su vida, que se siente realizado, convencido de
que su vida ha valido la pena y que puede usted bajar a la tumba con la profunda convicción de
haber invertido bien su vida?" Si le presiona usted acabará por obtener la respuesta : "no, me
falta algo. Creí que esas cosas harían que me sintiese realizado. Pensé que satisfarían ese
profundo anhelo que sentía en el fondo de mi ser, pero no ha sido así. Sigo sintiéndolo. Sigo
creyendo que tiene que haber algo mas allá, algo mas que yo no tengo." De esto es de lo que
está hablando Jesús. "Salva tu vida y la perderás".
 
    "Pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio" dice Jesús, "si pierde usted
    su vida por haberla entregado a la causa de Cristo, renunciando a su derecho sobre sí
    mismo, llevando su cruz y siguiéndome, la salvará." No la habrá derrochado, sino que la
    habrá salvado. Encontrará usted satisfacción y se sentirá realizado, sentirá la paz interior y
    la sensación de que su vida ha valido la pena. Descubrirá usted, no solo en el cielo algún
    día, sino ahora mismo y aunque posiblemente no tenga usted todas las cosas que tienen
    otros, su vida será rica, enriquecedora y satisfactoria.
 
Hay un ejemplo que uso con frecuencia para ilustrar la verdad. Puedo imaginarme la escena en
la que el apóstol Pablo apareció ante Nerón, el emperador romano, para responder ante él de
las acusaciones que le hacían. Su nombre era conocido por todo el imperio, pero nadie conocía
el de Pablo. Era un pobre judío desconocido, calvo, con una gran nariz, patizambo, que no
impresionaba a nadie con su aspecto físico, cosa que él mismo dice en sus epístolas y era el
dirigente de una pequeña secta desconocida y hereje, a los que solos se les conocía como
alborotadores. Nadie había oído hablar sobre Pablo, mientras que todo el mundo había oído
acerca de Nerón, pero lo interesante es que ahora, dos mil años después, llamamos a nuestros
hijos Pablo y a nuestros perros Nerón.
 
Esa es la parte de Dios en la obra del discipulado. Jesús no vino con el fin de llamarnos a una
definitiva aridez, debilidad, oscuridad y muerte; él nos ha llamado a la vida, a la riqueza, al
disfrute, a que nos sintamos realizados, pero nos ha dicho que el camino para conseguirlo
significa la muerte. El discipulado acaba en vida, no en muerte. Acaba haciendo que nos
sintamos realizados y satisfechos, pero de la única manera que lo podemos encontrar es por
medio de la cruz.
 
El tema final se expone con las palabra de nuestro Señor en la última parte de este párrafo.
 
    "Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar al mundo entero y perder su alma? Porque ¿Qué
    dará el hombre en rescate por su alma?"
 
¡Qué penetrantes son las preguntas que hace Jesús! ¿Qué le puede aprovechar al hombre ganar
al mundo entero si pierde su propia vida?
 
Esta es una pregunta que pende sobre toda nuestra generación, como lo ha hecho sobre todas las
generaciones desde aquel día. ¿De qué sirve conseguir todo lo que queremos y no tener nada
con que disfrutarlo, habiendo perdido la vida en el proceso? ¿No es acaso la esencia misma de
la sabiduría, si vamos a invertir nuestro tiempo, nuestro dinero y todo cuanto tenemos,
asegurarnos de poder disfrutar el resultado al final? ¿Acaso construiría alguien una casa a
sabiendas de que va en contra de todas las ordenanzas de urbanización y las normas de
edificación, con el resultado seguro de que una vez invertido el dinero y construida la casa, no
se le permitirá ni siquiera habitarla? ¡Eso sería una estupidez! Y sin embargo, cuantas vidas se
edifican sin consideración alguna de esta cuestión o sin trato alguno con el Dios que se
encuentra al final del camino. Por eso es por lo que pregunta Jesús: "¿de qué le sirve al hombre
ganar el mundo entero y perder su alma? Porque ¿qué dará el hombre en rescate por su alma?"
 
Hace muchos años los arqueólogos descubrieron la tumba de Carlo Magno, el gran rey y
emperador de Francia del siglo octavo y noveno. Cuando abrieron el féretro, después de llevar
años enteros cerrado, los hombres que se metieron en el sepulcro se encontraron con algo
asombroso. Como es natural, se encontraron con ciertos tesoros del reino, pero en el centro de
aquella gran bóveda se encontraba un trono, y sentado sobre él estaba el esqueleto de Carlo
Magno, con una Biblia abierta sobre su regazo y un dedo huesudo apuntando a las palabras:
"¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?" ¡Qué gran lección de la
historia para que la sigamos!
 
Jesús no solo hace esa pregunta, pero al mismo tiempo deja claro que no podemos hacer
trampas. No solo que vale la pena correr el riesgo, sino que es imposible engañar:
 
    "Pues el que se avergüence de mi y de mis palabras en esta generación adúltera y
    pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de
    su Padre con los santos ángeles."
 
Es decir, los hechos y no las palabras son lo que cuentan la historia. No es lo que hayamos
dicho que creemos, sino la manera como nos hayamos comportado lo que hará la diferencia.
Alguien me dijo esta mañana después del culto: ¿Qué quiere decir avergonzarse de Jesús? Mi
hijo, que está en la escuela secundaria, me dijo el otro día: "¿Sabes una cosa, papá? He
aprendido a orar antes de comer en la cafetería de la escuela de manera que nadie se dé cuenta.
Me agacho y me ato el zapato. ¿Es eso avergonzarse de Cristo?" Sí lo es, en cierto modo. Pero
no creo que pequeños incidentes como éste fuese a lo que se refiriese el Señor. En ocasiones
nos sentimos tentados a ponernos nerviosos cuando tenemos que decir que somos cristianos, o
manifestarlo en ciertos círculos. Y la tentación no está mal. A lo que se está refiriendo aquí el
Señor es a una vida exterior que expresa conformidad con la vida cristiana, pero que
interiormente adopta y se amolda a los valores del mundo. Y eso es lo que se revelará en aquel
día. Recordemos que al final del Sermón del Monte Jesús dijo: "Muchos me dirán en aquel día:
¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu
nombre no hicimos muchas obras poderosas? Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido.
¡Apartaos de mi obradores de maldad!"
 
De modo que ahí tenemos la respuesta a la pregunta que hacíamos al principio. ¿Puede una
persona ser cristiana y no ser discípulo? Bueno, se puede venir a Cristo y todos los que vienen
a él reciben vida, si lo han hecho con sinceridad al venir a él. Pero está claro que a menos que
se realice la obra del discipulado, está vida se ha dado en vano. Pablo lo llama "aceptar la
gracia de Dios en vano". Solo aquellos que son discípulos reciben la vida eterna. No somos
buenos discípulos todo el tiempo y tenemos muchos fracasos, pero el Señor ha provisto para
cuando fracasamos en nuestra vida. Pero se está refiriendo al corazón. ¿Cuál es el propósito?
¿Qué quiere realmente para su vida? ¿Quiere vivirla para sí mismo o quiere vivirla para él?
Esa es realmente la cuestión.
 
C.S. Lewis lo resume de una manera muy apropiada en su obra Mere Christianity:
 
    Dios va a invadir este mundo con fuerza. Pero de qué sirve decir que estamos de Su parte,
    cuando vemos todo el universo natural desvaneciéndose como un sueño y algo más, algo
    que jamas se le pasó por su mente imaginar, aparece de repente; algo tan hermoso para
    algunos de nosotros y tan terrible para otros, que a nadie le va a quedar opción alguna.
    Porque en esta ocasión será Dios sin disimulo alguno; algo tan sobrecogedor que o bien
    producirá un amor irresistible o un horror irresistible en todas las criaturas. Entonces será
    ya demasiado tarde para escoger de qué parte ponerse. Ya no sirve de nada escoger
    tumbarse cuando resulta imposible ponerse en pie. No será el momento de escoger, será el
    momento en que descubramos el lado que hemos realmente escogido, tanto si eramos
    conscientes de ello con anterioridad como si no. Ahora, hoy, en este momento, es la
    ocasión apropiada para escoger la parte indicada. Dios no nos está presionando para
    brindarnos esa oportunidad, pero no durará para siempre. Así que debemos tomarla o
    dejarla.
 
Oración
 
    Padre nuestro, te damos gracias por ser la clase de Dios que no nos miente, sino que nos
    dice la verdad tal y como es, sin dudar y por esperar que reaccionemos de una manera
    honrada. No podemos engañarte, no te podemos mentir, podemos hacerlo con otros, pero
    contigo no. Tal vez sean muchos los que hoy se enfrentan con esta opción. Padre, te
    pedimos que les ayudes a encontrar la gracia suficiente como para decirte que "sí" a ti,
    Señor Jesús y que podamos recibir la vida por medio de la cruz, que en ocasiones hará
    que se sientan humillados, descubre su vergüenza y elimina su orgullo. Eso les traerá
    libertad, gozo y alegría. Señor, te pedimos, en este momento crucial, que muchos tomen
    una decisión porque te lo pedimos en el nombre de Jesús, amen.