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Asunto:[biblia] EL CREADOR DE ESCANDALOS
Fecha:Sabado, 14 de Abril, 2001  22:16:58 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

EL CREADOR DE ESCANDALOS
 
por Ray C. Stedman
 
Muchos ven a Jesús tal y como nos lo han presentado, como un hombre débil y apacible que
siempre se empeñaba en vivir en paz con todo el mundo y evitaba la controversia cuando era
posible. Pero al leer los relatos del evangelio nos damos cuenta de que la verdad es que desde
el principio mismo provocó deliberadamente a ciertos grupos. Nunca dudó en despreciar las
normas insignificantes de los hombre y a sabiendas y de propósito ofendía a la gente. De hecho,
les resultaba demasiado difícil tratarle y la "institución" de aquellos tiempos, decidió que la
única manera era librarse de él. Necesitamos esta visión de Jesús para equilibrar las falsas
impresiones que con frecuencia tenemos de él. Pero es preciso que mantengamos el cuadro
completo equilibrado. No era un "revolucionario radical", según usamos el término en la
actualidad. Es cierto que desafió al estatus quo, pero no lo hizo nunca de una manera violenta o
desesperada.
 
En el pasaje del Evangelio de Marcos al que llegamos ahora, tenemos el relato de la clase de
controversia que siempre suscitaba Jesús. Esta controversia era fruto de su penetrante
conocimiento de la naturaleza humana y su incesante oposición a cualquier cosa que amenazase
la verdadera humanidad. Como vimos en nuestro último estudio, el tema de esta división de
Marcos es el conocimiento que tiene Jesús del hombre. Hemos visto la claridad de ese
conocimiento reflejada en las curaciones del leproso y del paralítico. En esta última división de
esta sección Marcos reúne cuatro incidentes, que ponen de manifiesto que Jesús no estaba
dispuesto a dejarse encajonar por las simples normas humanas y su deliberada provocación a la
controversia para que la verdadera naturaleza de la libertad pudiera ser evidente. El escenario
de estos incidentes se prepara con el llamamiento de Mateo como discípulo:
 
    "Jesús salió otra vez junto al mar, y toda la gente venía a él, y él les enseñaba. Y
    pasando, vio a Levi, hijo de Alfeo, sentado en el lugar de los tributos públicos, y le
    dijo: "Sígueme" y levantándose, le siguió."
 
Es evidente que el nombre de Levi era el nombre de pila de Mateo. Es muy factible que Jesús
fuese el que le cambiase el nombre a Mateo, pues él cambió el nombre a varios de sus
discípulos. Le dijo a Simón el hijo de Jonás, "serás llamado Pedro" es decir, "piedra". Le puso
a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo, el mote: "hijos del trueno". Así que es muy factible
(aunque no lo dicen las Escrituras) que fuese Jesús el que le cambiase a Levi el nombre,
llamándole Mateo, que significa "don de Dios", tal vez así era como lo consideraba Jesús.
 
Levi vivía y trabajaba en Capernaum, donde Jesús había fijado su hogar. Era un recaudador de
los tributos públicos allí y debió de haber sabido algo acerca de Jesús y seguramente le habría
oído hablar, incluso antes de su llamamiento. No era su primer encuentro con él y resulta
realmente sorprendente que Jesús llamase a un hombre como Levi, porque los recaudadores no
gozaban de más aceptación de la que disfrutan en la actualidad. De hecho, con frecuencia la
gente les odiaba. En su mayoría eran hábiles extorsionistas, que se ganaban la vida haciendo
pagar a las gentes impuestos muy por encima de lo que exigía la ley. No les pagaban un sueldo,
solo les daban la oportunidad de desplumar a todas las personas de las que recaudaban los
impuestos. Era cierto que tenían que entregar un cierto porcentaje al gobierno, según la ley,
pero se quedaban con el resto. Normalmente eran hombres ricos, pero odiados por todo el
mundo por su manera de actuar. Pero Jesús vio algo en Levi, conocía su corazón, y sabía que
había algo en él que hacía que se sintiese insatisfecho con aquella clase de vida. Jesús vio el
hambre que había en su corazón y, por lo tanto, le llamó y le dijo: "sígueme". No le importaba
para nada que pudiese perjudicar a su propia reputación el permitir a un hombre semejante ser
un discípulo.
 
La siguiente escena probablemente tuvo lugar al día siguiente, y Marcos la relaciona con el
llamamiento de Mateo:
 
    "Sucedió que, estando Jesús sentado a la mesa en casa de Levi, muchos publicanos y
    pecadores estaban también sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos, porque eran
    muchos y le habían seguido. Y cuando los escribas de los fariseos le vieron comer
    con los pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con los
    publicanos y pecadores? Al oírlo, Jesús les dijo: --Los sanos no tienen necesidad de
    médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a
    pecadores."
 
Es evidente que era una cena de despedida que daba Mateo a sus amigos, a sus compañeros los
recolectores de impuestos. Se estaba despidiendo de su trabajo y de sus amigos, dejándolo con
el fin de seguir a Aquel que iba de un lugar a otro, además de ser una oportunidad para
presentarles al Señor al que acababa de conocer. Era, por lo tanto, una ocasión normal y
natural, festiva y gozosa para que se reuniesen para esa fiesta. Hace muchos años cuando Bob
Smith dejó el campo de la ingeniería para convertirse en pastor en la iglesia PBC dio un
banquete por el estilo, invitando a sus amigos y socios que habían trabajado con él. Me pidió
que fuese el orador, que les hablase acerca de la fe que le había llevado a dejar su trabajo para
convertirse en pastor. Estoy seguro de que aquella escena fue muy semejante a la que
encontramos en las Escrituras, cuando Mateo invitó a Jesús para que les dijese a sus amigos por
qué les iba a dejar para convertirse en discípulo.
 
¡Qué colección de truhánes debieron reunirse aquel día! Todos los que recaudaban los
impuestos en la ciudad, todos los pecadores, todos los que se veían despreciados por la
sociedad estaban allí sentados. Cuando pasaron los escribas de los fariseos, vieron que en
medio de todo ello, entre las botellas de cerveza y las cortezas de cerdo, estaba sentado Jesús y
ellos se quedaron escandalizados porque era evidente que era amigo de aquellos hombres. No
les estaba echando un sermón, sino que estaba sentado entre ellos, comiendo y bebiendo con
ellos. Los escribas se quedaron totalmente pasmados al verlo y llamaron a sus discípulos a un
lado para preguntarles: "¿por qué hace Jesús esas cosas? ¿Acaso no sabe quiénes son esas
personas? ¿Por qué permite que le vean en la compañía de hombres como esos?"
 
La respuesta de Jesús es de lo más reveladora. De hecho está de acuerdo con sus comentarios y
dice: "tenéis razón, son hombres enfermos, doloridos, cargados de problemas. Su manera de
vivir les ha perjudicado enormemente y no ven la vida como debe de ser porque se ocultan tras
muchas maldades y son falsos en muchos sentidos. Estáis en lo cierto, son hombres enfermos,
pero ¿en qué otro sitio debiera estar un médico?" Ese es su argumento. "He venido para sanar a
los hombres y, por lo tanto, cuando padecen es cuando me necesitan."
 
Con aquella manera tan maravillosa que tenía de decir las cosas, les dice algo que llama su
atención al enfoque correcto, pero al mismo tiempo hace que vuelvan sus ojos hacia sí mismos.
Les dice: "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores." Es decir, aquellos que se
consideran justos, como lo hacían los fariseos, están en realidad más necesitados que aquellos a
los que consideran como los desechados por la sociedad. De hecho, aquellos fariseos se
encontraban más profundamente trastornados que los recolectores de los tributos y los
pecadores, pero no lo sabían. Pero Jesús les estaba diciendo: "a aquellos que se consideran
religiosos, no tengo absolutamente nada que decirles, pero a estos que saben que están enfermos
y están dispuestos a recibir ayuda, estoy a su absoluta disposición para sanar sus almas."
 
Nuestro Señor dejó varias cosas perfectamente claras al dar esa respuesta. En primer lugar,
indicó con firmeza que cuando las personas creen que no necesitan ayuda de Dios, no están en
situación de recibir ayuda y no hay nada que decirles. En la actualidad nos encontramos con
personas que son "autosuficientes" y que están convencidas de que no necesitan a Dios para
nada. Hace mucho que he aprendido que la mejor manera de tratar a esas personas es sonreírles
y ser amables con ellas, pero dejando que sigan su camino. La vida misma les demostrará que
estaban equivocadas. Antes o después se les hundirá el mundo y todos sus sueños de
autosuficiencia quedarán hechos pedazos. Entonces será el momentos de hablarles y escucharán.
 
Por eso es por lo que en ocasiones Dios permite que nos enfrentemos con problemas en nuestra
vida. Hace que dejemos de aferrarnos a la terrible ilusión de que somos capaces de afrontar la
vida solos. Ese es el mayor engaño que se ha extendido entre los hombres. Mientras sigan
pensando así, hay poco que se pueda hacer por ellos y muy poco que les podamos decir, pero
nuestro Señor siempre dedicó sus esfuerzos a los hombres y mujeres que estaban dispuestos a
recibir ayuda, en el momento en que estaban sufriendo tanto que sabían que necesitaban ayuda.
Esta semana pasada conocí a un hombre y pasé algún tiempo hablando con él. Había sido un
hombre autosuficiente, que se había hecho a sí mismo, un destacado abogado, pero en aquellos
momentos todo se le había venido abajo. Su esposa estaba a punto de abandonarle, su negocio
había fracasado, y había pensando en varios ocasiones en el suicidio. Por primera vez en su
vida había comprendido que no podía controlar su vida y estaba totalmente dispuesto a
escuchar a alguien que le hablase acerca del Gran Médico.
 
La segunda cosa que nos revela nuestro Señor es que las personas son más importantes que los
prejuicios. ¡Ojalá lo aprendiésemos! Los prejuicios son nociones preconcebidas que nos
formamos antes de tener el conocimiento suficiente, normalmente equivocado o ideas
distorsionadas con las que nos hemos criado. Cuando los prejuicios se oponen a las
necesidades de los hombres deben ser dejados de lado sin la menor duda. Las personas son mas
importantes que los prejuicios y es preciso que los cristianos lo aprendan. La iglesia cristiana
ha sido criticada, denunciada y abandonada, con razón, por causa de los prejuicios que sigue
teniendo en lo que se refiere a distinciones de clase, de raza, de posición económica y hasta de
sexo. Es preciso que nosotros los cristianos aprendamos a hacer caso omiso de las diferencias
de clase, de situación social, de raza, de nivel económico y de sexo y que nos enfrentemos con
todos por igual, de acuerdo a la disposición del corazón de las personas. Siempre que se
encuentre usted con una persona que tiene hambre, que sufre y que necesita ayuda, tanto si lo
que lleva puesto es una gabardina y trabaja en un centro financiero como si es un salvaje en la
jungla o un trabajador en una tienda o un hippie que vive en el bosque, esa es la persona que
necesita al Médico Divino y a la que le debemos de ofrecer nuestra amistad.
 
Es necesario que nosotros los cristianos aprendamos a tratar a la gente de este modo, sea cual
fuere su aspecto exterior. Debemos aprender a ver al camarero y a la camarera, al que vende
los periódicos, al botones, al que trabaja en los ascensores, como personas que tienen
corazones y que pueden estar necesitadas. No tenemos por que sentirnos impresionados por el
ejecutivo de altos vuelos, que también puede ser una persona que está sufriendo y que necesita
ayuda. Así fue como Jesús se acercó a las personas por todo lugar. Estaba buscando a los que
estaban dispuestos a responder por causa del sufrimiento en sus vidas. Me encantan las
palabras de C.T. Studd, ese brillante joven británico que regaló una verdadera fortuna, con el
fin de poder marcharse a las selvas de Africa. Expresó su filosofía de la siguiente manera:
 
A algunos les gusta meditar junto al sonido de la campana de la iglesia y la capilla. Pero quiero
encargarme de una tienda de rescate a escasa distancia del infierno.
 
Esa fue también la filosofía de Jesús.
 
El segundo incidente está relacionado con el poder de la tradición. Marcos dice, comenzando
con el versículo 18:
 
    "Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando. Fueron a Jesús y le dijeron:
    ¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero tus
    discípulos no ayunan? Jesús les dijo: --¿Acaso pueden ayunar los que están de bodas
    mientras el novio está con ellos? Entretanto que tienen al novio con ellos, no pueden
    ayunar. Pero vendrán días cuando el novio les será quitado. Entonces, en aquel día
    ayunarán."
 
Nos encontramos de nuevo con un grupo de fariseos que se sentían ofendidos. Evidentemente el
día en que sucedió este incidente era un día de ayuno. La ley de Moisés requería que se
dedicase un solo día del año al ayuno, el día conocido como el de Yom Kippur, que los judíos
observan hasta la fecha. El Día de la Expiación es el único día, según la ley, en el que se debe
ayunar, pero los fariseos, con el propósito de mostrar lo celosos que eran, habían designado a
lo largo de los siglos día tras día como días de ayuno, porque consideraban el ayuno como la
mejor manera de llamar la atención de Dios a su piedad y, al mismo tiempo, la atención de los
hombres. Por eso era por lo que los fariseos se vestían de saco (de arpillera), por lo que se
frotaban el rostro con ceniza y chupaban sus mejillas para adentro para parecer que estaban
demacrados, para llamar la atención de las gentes a lo piadosos y justos que eran. Pero también
tenían la esperanza de que Dios se fijase y, por eso, habían convertido muchos de los días del
año en días de ayuno, que hacía mucho que habían quedado establecidos por la costumbre. De
modo que se daba por hecho que todo el mundo debía de ayunar en esos días.
 
Es evidente que aquel era uno de esos días y algunas personas fueron a Jesús y le dijeron: "¿Por
qué los discípulos de Juan y los fariseos están ayunando, pero tus discípulos no ayunan?" "Todo
el mundo está cumpliendo con el ayuno" le dijeron, "¿por qué te burlas de este modo de la
tradición? ¿Por qué haces deliberadamente caso omiso de estas costumbres? ¿Por qué no haces
que ayunen tus discípulos?" Esta clase de pregunta es la misma que se sigue haciendo en la
actualidad: "¿Por qué no cumplen las normas? ¿Por qué no cumplen lo establecido? ¿Por qué su
grupo siente que no tiene que adherirse a los mismos principios que el resto de la gente?"
 
Una vez más la respuesta del Señor es de lo más sugestiva. Lo que dice de hecho es: "Habéis
malentendido la verdadera naturaleza de la ocasión. Creéis que hay que celebrar un entierro,
pero no es así, lo que hay que celebrar es una boda. Tenemos al novio aquí y nadie ayuna en una
boda. Mientras el novio está presente, habrá fiesta y alegría, habrá risa y gozo, pero llegará el
día en que el novio se marchará y entonces es cuando será el momento de ayunar. Pero cuando
está presente el novio lo que se hace es organizar una fiesta y no un ayuno." Como es lógico en
esa declaración había un elemento de predicción, indicando que, efectivamente, llegaría un día
en que dejaría a aquellos hombres y entonces ellos ayunarían y lamentarían su marcha, pero en
lo que a nosotros respecta no llega nunca ese día o no es necesario que llegue. En nuestras
vidas hay momentos de duelo, momentos de dolor, pero en cada uno de ellos hay siempre la
posibilidad de la intervención de Cristo en la situación, pudiendo convertirla en un día festivo.
 
Mediante estas palabras nuestro Señor está poniendo el dedo en la naturaleza misma de la
nueva relación que habría de establecerse y que deseaba demostrar a los hombres, para que
viesen cómo sería y lo que significaría en términos de actividad y de expresión. Durante todo
ese tiempo los judíos habían adorado en el templo, habían celebrado cultos solemnes y
cargados de ritual, que se centraban en el sacrificio y en el silencio ante la grandeza de Dios,
pero en ese momento el Señor les estaba enseñando que se había establecido una nueva
relación en la que había una vitalidad, un sentimiento cálido de intimidad con el novio mismo,
que solo se podía expresar en términos de gozo y convirtiéndose en una celebración.
 
Esto es lo que necesitamos ver de nuevo los cristianos. Jesús está comentando aquí acerca de
los cambios tan drásticos que se producen en el carácter de la alabanza cuando las personas
descubren la realidad sobre la relación con Jesucristo. Los cultos han sido, durante demasiados
siglos, prestados del concepto del Antiguo Testamento de la alabanza, presentando una escena
de solemnidad, silencio y ritual. Esto es algo que predomina en la Iglesia Católico Romana, y
ha sido arrastrado también, de manera inconsciente, por las iglesias protestantes , de manera
que todo el mundo se sienta en una actitud de pasmosa solemnidad ante Dios, pero no es esa la
imagen que vino Jesús a ofrecernos. "No" nos dice, "en lugar de ayuno, es una fiesta; en lugar
de vestirse de saco, hemos de llevar una túnica hermosa y en lugar de la actitud de solemnidad,
debiéramos de sentirnos gozosos."
 
Uno de los motivos por los que en la actualidad hay tantas personas que no quieren saber nada
de la iglesia al ver como son los cristianos es porque no se sienten atraídos para nada por lo
mórbido y lo aburrido de lo que llamamos la alabanza. En muchos cultos que se celebran en las
iglesias por todo el país la dieta es algo que solo podríamos describir como un predecible
"pablum", servido al estilo Poliana, totalmente aburrido y carente de emoción. Algunos cultos
son tan absolutamente predecibles que, sin estar presentes, se puede mirar al reloj y, en un
momento determinado, decir lo que está pasando. La predicación que se hace es tan superficial
y repetitiva que la gente ha dejado de prestar atención y ya no escuchan. Lo que no entiendo es
ni siquiera por qué van. Yo sinceramente no culpo a los que no van. La gente de la iglesia se
queja de que hay personas que están jugando al golf y montando en barca los domingos por la
mañana, pero hasta que la iglesia no recupere la emoción y el gozo de un banquete nupcial, y
hasta que la gente no sienta esa alegría en su corazón no se les puede culpar por no ir a la
iglesia. Cuando la iglesia consiga recuperar lo que Jesús nos dice en este pasaje, entonces las
reuniones estarán llenas.
 
Nuestro Señor destaca esta diferencia con dos ejemplos de lo más perceptivos y gráficos, en
los versículos 21 y 22:
 
    "Nadie pone parche de tela nueva en vestido viejo. De otra manera el parche nuevo
    tira del viejo y la rotura se hace peor. Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos. De
    otra manera, el vino rompe los odres, y se pierde el vino, y también los odres. Más
    bien, el vino nuevo se echa en odres nuevos."
 
No había nadie que pudiera dar mejores ejemplos que los que daba Jesús. ¡Qué manera más
maravillosa tenía de hablar acerca de las cosas sencillas, que formaban parte de la vida diaria,
para hablar acerca de ellas, para exponer la verdad que deseaba ilustrar de una manera
totalmente fresca y clara! Está hablando acerca de esta nueva relación, cuando se encuentra el
novio entre ellos y hay gozo y se celebra la fiesta. "Cuando tenéis esa clase de relación
conmigo" les está diciendo "entonces no es ya el momento de arreglar lo antiguo con lo nuevo."
 
¿Qué es lo que quiso decir con eso? Las relaciones recién establecidas requieren nuevas
expresiones. Cuando se sigue haciendo las cosas como se hacían antes, y todo se vuelve
aburrido después de un tiempo, se ve afectada la calidad de la relación y con frecuencia se
pierde el cariño y el gozo. Cuando eso sucede, y algo de repente vuelve a traer una sensación
fresca de la presencia de Dios, no intente usted expresarla valiéndose de formas antiguas
porque no le funcionará. Lo nuevo es demasiado poderoso y destruirá las formas antiguas que
intentan contenerlo. No se puede hacer de esa manera.
 
Actualmente tenemos un ejemplo de este hecho en el nuevo despertar del Espíritu que se ha
estado manifestado en este país durante los últimos cinco años. En un lugar tras otro, hay
personas que lo están intentando explicar con los mismos términos antiguos y conocidos en los
cultos y se encuentran con que no les funciona. Es preciso hacerlo de una manera nueva. En
lugar de quedarse sentado con los brazos cruzados, solemne y piadoso, incluso mórbido, ante la
presencia de Dios, sin mostrar ninguna reacción, la gente está manifestando el gozo que sienten
al venir Cristo a morar en sus vidas como una Persona viva, y lo hacen aplaudiendo, abrazando
a otras personas y manifestando de ese modo una relación cariñosa. El resistirse a ello es un
error que Jesús ha expresado de una manera muy gráfica para que nosotros lo podamos
entender, es como poner un pedazo de tela que no ha encogido en una prenda vieja y cuando el
parche se encoge hace un agujero mayor aún.
 
La segunda ilustración es semejante, el vino nuevo no se puede meter en odres viejos. En
aquellos días no tenían botellas, por lo que usaban las pieles de los animales cosidas. Las
pieles antiguas se volvían quebradizas, no eran flexibles y estallaban fácilmente. El vino nuevo
es fuerte y está aún fermentando, despidiendo gases. Si se pone vino nuevo en odres viejos, no
tardarán en reventar las pieles y se perderá todo. Lo que Jesús quiere decir con esto es que las
reacciones fuertes (porque el vino es el símbolo del gozo) necesitan nuevos controles. Los
odres están hechos para poner vino en ellos, pero tienen que ser flexibles, no pueden ser
rígidos, inflexibles y que no cedan, sino que deben poder expandirse con el vino, expresando el
gozo que contienen. Nuestro Señor, en su gran sabiduría, nos está mostrando con estas palabras
lo que sucede cuando la gente o una persona vuelve a tener una relación vital con Cristo.
Necesitan encontrar una nueva manera de expresarlo y no volver a sus antiguas maneras de
hacerlo y eso es lo que el Espíritu de Dios nos está enseñando de una manera muy clara hoy en
día.
 
El principio que está ilustrando nuestro Señor aquí es que no se debe permitir nunca que la
tradición destruya las relaciones y eso es lo que sucede con frecuencia. Tenemos que luchar en
contra de la tradición porque Jesús lo hizo en su tiempo. Fue el enemigo más sutil y pernicioso
con el que se tuvo que enfrentar. Por todas partes que iba se encontraba con ella cara a cara,
teniendo que combatir las rígidas tradiciones del pasado, la mano muerta del pasado que tenía
aferrado al presente. Siempre se opuso a eso y, por ello, nosotros tenemos que estar en contra
de las tradiciones que perturban las relaciones.
 
El tercer incidente expone el problema de las normas, comenzando con el versículo 23:
 
    "Aconteció que Jesús pasaba por los sembrados en sábado, y sus discípulos se
    pusieron a caminar arrancando espigas. Los fariseos le decían: --Mira, ¿por qué
    hacen en los sábados lo que no es lícito? Y él les dijo: --¿Nunca habéis leído qué
    hizo David cuando tuvo necesidad y pasó hambre él y los que estaban con él; cómo
    entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la
    Presencia, y aún dio a los que estaban con él; cosa que no es lícito comer, salvo a los
    sacerdotes? También les dijo: --El sábado fue hecho para el hombre y no el hombre
    para el sábado. Así que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado."
 
Para aquellos hombres esas palabras representaron un desafío. Nuevamente nos encontramos
con un incidente que hacía que tuviese que enfrentarse directamente, causando de inmediato la
controversia con aquellos fariseos. Ahora bien, lo que hicieron sus discípulos era algo que
hubiera sido perfectamente corriente hacer en cualquier día de la semana. No estaban robando
del granjero al pasar por sus campos de grano, porque la ley decía que siempre y cuando no
usasen una hoz o una guadaña para coger el grano, cualquier viajero que acertase a pasar y
tuviese hambre podía trillar unas cuantas cabezas de grano con sus manos y comer el trigo. El
problema era que ese día caía en sábado y para entonces los fariseos habían impuesto ya una
enorme cantidad de restricciones sobre el sábado.
 
Originalmente el propósito del sábado era el de permitir que el hombre se restableciese, para
que pudiera descansar y distraerse el sábado. Si era observado como era debido, se convertiría
en un verdadero gozo, pero los fariseos le habían dado tantas vueltas e interpretaciones de lo
que representaba dejar el trabajo que lo habían convertido en un terrible peso, imposible de
soportar. Por ejemplo, afirmaban que estaba perfectamente bien escupir sobre una roca en
sábado y que eso no era problema alguno, pero si se escupía en tierra, eso hacía que se
convirtiese en barro y el barro era argamasa, por lo tanto al serlo se estaba trabajando en
sábado, y, por esp, estaba muy mal escupir en el suelo! Esa era la naturaleza de las
restricciones que habían ideado. Por eso no es de sorprender que pensasen que estaba mal que
trillasen una cabeza de grano en el sábado, a pesar de que tuviesen hambre, porque eso
representaba trabajar en sábado.
 
Jesús hizo que cayesen en la misma trampa que ellos le habían tendido. Estaban apoyando sus
normas y defendiendo sus leyes, haciendo uso del mandamiento "acuérdate del día del sábado
para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para
Jehová tu Dios. No harás en él obra alguna..." Pero Jesús les dijo: "Esperad un momento. ¿No
habéis leído nunca lo que dice en 1ª de Samuel 21? David y sus hombres, huyendo para salvar
la vida, tenían hambre. No había comida normal al alcance, de modo que en su desesperación
entraron en el tabernáculo, cogieron el pan de la Presencia, que la ley que había sido designada
por Dios mismo decía que era solo para los sacerdotes y se lo comieron. Doce barras de pan,
como un símbolo para Israel, preparado cada semana y colocado sobre la mesa del tabernáculo.
Después de una semana, los sacerdotes, y solamente ellos, se lo podían comer, pero David,
debido al hambre que sentían sus hombres se atrevió a entrar en el tabernáculo y coger aquellas
barras de pan y a distribuirlas entre sus hombres y Dios no hizo nada al respecto. ¿Qué pensáis
al respecto?"
 
Lo cierto es que no respondieron a la pregunta de Jesús, de modo que él saca la conclusión: "el
sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado." Y el Hijo del Hombre, el
hombre mas esencial, es señor incluso del sábado." Mediante estas palabras lo que hace es
subrayar el principio que debe gobernar nuestras vidas como creyentes: los seres humanos
tienen siempre que tener precedencia por encima de las normas. El hambre es algo sano y, por
lo tanto, santo. Está mal estipular normas que impiden que los hombres satisfagan las
necesidades básicas de su vida. Por eso es por lo que necesitamos examinar los sistemas
actuales. Es fácil centrarse en un solo acto y decir: "eso es quebrantar una norma", sí, pero ¿por
qué se quebranta? Eso es lo que es preciso que pregunten la sociedad y la iglesia. ¿Hemos
obligado a una persona, mediante el sistema por el que rige su vida, a hacer algo ilegal a fin de
poder satisfacer una necesidad básica en su vida? Si es así, entonces hay algo que está mal en
ese sistema. Eso era lo que Jesús les estaba obligando a examinar. El sábado había sido creado
para restablecer a los hombres, pero cuando se convertía en una carga, entonces estaba mal.
Esas normas, creadas por los hombres, tenían que ser quebrantadas y nuestro Señor lo hizo.
 
Hace algunos años enviamos un equipo de hombres a atender las necesidades de una facultad en
el oeste central del país. Estabamos celebrando reuniones en una sala muy grande en el
dormitorio del internado de las mujeres. Había una norma en aquella facultad según la cual las
chicas debían de estar en sus dormitorios a las 10.30 de la noche. Los chicos podían quedarse
levantados hasta las 12.00, pero las chicas se tenían que acostar a las 10.30. Estabamos
celebrando una reunión fantástica y Dios se había manifestado de una manera maravillosa.
Aquellas jóvenes habían comenzado, por primera vez, a relacionarse unas con otras como
personas y estaban acercándose unas a otras, pidiendo perdón y siendo perdonadas, llorando
juntas y abrazadas unas a otras, orando las unas por las otras y el Espíritu se estaba moviendo
en gran manera.
 
A las 10.30 en punto apareció la encargada del dormitorio, entrando como una exhalación y
dijo: "SON LAS 10.30 ¡ES HORA DE QUE LAS MUCHACHAS ESTEN EN SUS
HABITACIONES!" Una de ellas dijo: "Pero es que Dios está obrando aquí y ahora no podemos
terminar la reunión." La responsable contestó: "YO SOY LA ENCARGADA AQUI Y SEGUN
LAS NORMAS OS TENEIS QUE ACOSTAR A LAS 10.30 Y ME VOY A ASEGURAR DE
QUE SE CUMPLAN!" Uno de nosotros tuvo el suficiente sentido como para decir, "entendemos
su problema. ¿Podemos hablar con usted sobre ello?" ¡Por lo que enviamos a uno de los
hombres a que hablase con ella durante 2 horas y media mientras continuaba la reunión!
 
Así es como normalmente pensamos. Es preciso acostarse a la hora establecida, pase lo que
pase. Las normas de conducta en el hogar se tienen que cumplir, teniendo precedencia sobre
todo lo demás, pero Jesús dijo: "no, el ser humano tiene precedencia por encima de las
normas." Las normas están hechas para ordenar las necesidades, para eso son y están
perfectamente bien de ese modo, pero cuando una norma acaba por oponerse a que se supla una
necesidad entonces hay que eliminar esa norma. El Señor es el primero que ha dejado eso
claro.
 
El último incidente tiene que ver con el peligro del orgullo celoso y se encuentra en el capítulo
3:
 
    "Entró otra vez en la sinagoga, y estaba allí un hombre que tenía la mano paralizada.
    Y estaban al acecho a ver si la sanaría en sábado, a fin de acusarle. Entonces dijo al
    hombre que tenía la mano paralizada: --¡Ponte de pie en medio! Y a ellos les dijo:
    --¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o matar? Pero ellos
    callaban. Y mirándolos en derredor con enojo, dolorido por la dureza de sus
    corazones, dijo al hombre: --extiende tu mano. Y la extendió y su mano le fue
    restaurada. Los fariseos salieron en seguida, junto con los herodianos, y tomaron
    consejo contra él, cómo destruirlo."
 
Es evidente que aquel fue un momento crucial en el ministerio de Jesús, marcando el punto
culminante de una creciente hostilidad que podemos seguir leyendo las preguntas que le
hicieron los fariseos. La primera es un tanto suave: "¿por qué come con los recaudadores de
impuestos y con los pecadores?" La segunda es un poco mas seria: "¿Por qué ayunan los
discípulos de Juan y los de los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?" La tercera es aún mas
crucial: "¿Por qué haces lo que no es lícito hacer en sábado?" La cuarta nos coloca frente a la
declaración: "Estaban al acecho....a fin de acusarle." La hostilidad se había vuelto más
contundente, la puerta de la sinagoga se había cerrado sobre Jesús, y en esos momentos
aquellos hombres se convirtieron en sus enemigos declarados y acérrimos.
 
Pero le hicieron un cumplido asombroso. Entraron en aquella sinagoga que estaba presente un
hombre con la mano paralizada. Sabían sin duda alguna que Jesús no se encontraría al frente
hablando con los sacerdotes, sino que estaría interesado en aquel hombre que tenía la mano
paralizada. Eran conscientes de que le podían pillar de aquella manera.
 
Fijémonos de qué modo maneja Jesús la situación. Llama al hombre de propósito a que pase al
centro, haciendo que la atención se centre sobre él, diciendo: "No quiero que ninguno de
vosotros os perdáis esto. Ven aquí." Y el hombre se colocó en medio de ellos. Mientras estaba
allí, Jesús se volvió hacia los fariseos y les hizo dos preguntas muy contundentes. Les dijo de
hecho: "Os preocupa el sábado, ¿verdad? Dejadme que os pregunte algo: ¿quién piensa más en
el sábado, yo o vosotros?" Porque podía leer los pensamientos de aquellos hombres. "Quiero
hacer el bien a este hombre, mientras que vosotros lo que queréis es perjudicarme. Yo quiero
salvar y sanar a este hombre, mientras que vosotros estáis pensando en matarme. ¿Qué es lo que
concuerda más con el sábado?" Marcos dice que ellos permanecieron callados, lo cual no es de
sorprender.
 
Entonces, enfurecido por la dureza de sus corazones, dolorido por su resistencia, Jesús sanó al
hombre, subrayando de ese modo que un exceso de celo (que era lo que motivó a aquellos
hombres en sus normas y reglamentaciones con respecto al sábado) es algo destructivo y estaba
invalidando algo que estaba perfectamente bien. No hay nada de malo en el sábado, tal y como
Dios se lo dio al hombre, pero aquellos hombres lo habían rodeado de tantas normas y
reglamentaciones que lo habían destruido. Su celo por guardarlo había acabado por arruinarlo.
Jesús llega al fondo del asunto. Marcos deja constancia de que la reacción inmediata de
aquellos hombres fue sentirse tan enfurecidos por la amenaza que representaba a la postura que
ellos favorecían en la sociedad que salieron de inmediato y se unieron a sus enemigos, los
herodianos, para decidir cómo podían destruirle. Así es cómo trataba Jesús el mal, sacándolo a
relucir, donde todos pudiesen verlo.
 
Para terminar, hagamos un par de preguntas, porque nosotros mismos tenemos que enfrentarnos
con muchas de estas situaciones. ¿Por qué actuó Jesús de aquella manera? ¿Por qué provocó a
propósito la controversia y la hostilidad? El motivo por el que con frecuencia lo hacemos
nosotros es que deseamos defender una cierta causa y la mayoría de los revolucionarios y
políticos de nuestros días están intentando atacar a otro grupo, porque están defendiendo a su
propio grupo. Sienten que es necesario destruir al otro grupo para poder defender sus propios
ideales, pero nuestro Señor no hizo eso. Fíjese en que él nunca fue duro o amenazador. A pesar
de que ponía al descubierto lo que estaba mal, no fue nunca duro en sus palabras ni en la actitud
que adoptó hacia los hombres. Estaba triste y dolorido, pero no fue duro y tampoco fue chillón
ni extravagante. Nunca hizo las cosas sencillamente para ser diferente, ni intentó llamar la
atención sobre sí mismo haciendo cosas extrañas, llevando una cruz sobre la espalda o
golpeándose en público o llevando ropa extraña o sencillamente dando la impresión de ser
completamente diferente a los demás.
 
Con todo y con eso, después de haber dicho todo aquello, tampoco se mostró atemorizado ni
hizo ninguna concesión. La respuesta, como es natural, es el principio que gobernaba sus
acciones: sencillamente se mostró siempre fiel a la verdad. Reaccionó de la manera que Dios
había hecho que fuese el hombre, sin tener la menor contemplación con aquello que pudiese
interponerse en su camino. Por eso hizo esas cosas. No permitió que se interpusiesen en su
camino las normas, las insensatas tradiciones, reglas, perjuicios y exceso de celo. Cuando
llegaba el momento de tratar con un ser humano, le trataba tal y como Dios le había hecho y
cuando nosotros mismos quebrantamos las reglas y las normas impuestas por los hombres por
esa causa, y con esa misma actitud, entonces estaremos actuando del mismo modo que lo hizo
Jesús. Que Dios nos ayude a tener la sabiduría y el valor necesario para hacerlo así.
 
Oración
 
    Padre nuestro, nos sentimos asombrados por la maravillosa percepción y
    comprensión que tuvo nuestro Señor con la humanidad. Gracias por su valor, que hizo
    que se atreviese a desafiar las tradiciones de los hombres. Concede que también
    nosotros lo tengamos. Enséñanos a caminar en el Espíritu en este sentido, en el
    nombre de Jesús. Amen.