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Asunto:[biblia] VINO JESUS
Fecha:Miercoles, 11 de Abril, 2001  00:34:53 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

VINO JESUS
 
por Ray C. Stedman
 
Estamos estudiando la crónica de Marcos acerca de lo que sucedió cuando vino Jesús. Esas dos
palabras sencillas "vino Jesús" son siempre una fórmula para que se produzca un cambio
dramático y radical. Esta semana pasé una tarde maravillosa escuchando a un hombre contar lo
que le había sucedido en su vida, los cambios que se habían producido en su hogar y en su
familia cuando Jesús entró en su corazón.
 
En nuestro último estudio echamos un vistazo al principio del evangelio de Jesucristo, tal y
como nos lo relata Marcos, el ministerio de Juan el bautista, ese extraño y al mismo tiempo
maravilloso ministerio que se centraba en la necesidad del arrepentimiento, en el
arrepentimiento como el lugar en el que Dios se encuentra con el hombre. El arrepentimiento es
siempre el punto de partida en la relación con Dios. Un cambio de mente, una manera diferente
de pensar acerca de uno mismo, acerca de cómo somos y cómo nos comportamos, así como
cuáles son nuestras necesidades, el reconocimiento de la culpa y de nuestra necesidad ante Dios
son todos aspectos del arrepentimiento y ahí es donde siempre se encuentra Dios con el hombre.
 
En los dos próximos párrafos relacionados con el capítulo 1, del versículo 9 al 15, nos
encontramos en dos ocasiones con la frase "Jesús vino". En el versículo 9 dice: "Jesús vino de
Nazaret de Galilea..." y nuevamente en el versículo 14 dice: "Después que Juan fue
encarcelado, Jesús vino a Galilea..." Estos dos sucesos forman la estructura de nuestro estudio
de hoy. Estamos mirando el principio del evangelio de Jesucristo, y Marcos dice que cuando
Jesús vino, lo hizo de una manera doble. En el versículo 9 empieza el relato del bautismo y la
tentación de Jesús. Marcos nos dice que Jesús vino, fue bautizado y fue tentado y ambas
situaciones las presenta haciendo uso de la voz pasiva, es decir, es algo que le hicieron a Jesús.
Por lo tanto, esto indica algo sobre la preparación de su ministerio. Eran necesarias dos cosas
antes de que comenzase: era necesario que fuese bautizado y que se sometiese a la tentación.
Después de eso, se nos dice en el versículo 14, que fue llegó a Galilea predicando y en esa sola
palabra queda constancia del contenido de la actividad que marcó toda la carrera de Jesús: fue
predicando. Ese será el principio general de nuestro estudio. Echemos un vistazo a los dos
actos de preparación, de los que nos habla Marcos, y que Jesús consideró necesarios para
empezar su ministerio:
 
    "Aconteció en aquellos días que Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por
    Juan en el Jordán. Y en seguida, mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían
    y que el Espíritu descendía sobre él como paloma. Y vino una voz desde el cielo: "Tú
    eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia."
 
Los cuatro evangelios han dejado constancia del bautismo de Jesús. Por lo tanto, es evidente
que fue un acontecimiento de gran importancia en la vida de nuestro Señor, a pesar de lo cual
hay algo extraño en este bautismo. Como vimos la última vez, se había producido un gran
despertamiento espiritual en Israel y eran literalmente miles las personas que abandonando sus
hogares, sus trabajos, sus familias y salían de las ciudades para ir al desierto con el fin de
escuchar a aquel hombre extraño y al mismo tiempo extraordinario. Juan el bautista, ese profeta
vigoroso, elemental, incluso rudimentario, era a pesar de ello un hombre que decía cosas que
llegaban al fondo del alma de las gentes y cuyas palabras hablaban acerca de sus necesidades.
Salían de sus ciudades porque sentían el tormento de su culpa, su insuficiencia y su falta de
sentido de la aceptación ante Dios. Juan les estaba ofreciendo una salida y ellos respondieron
en grandes números. Juan bautizaba a todos los que se arrepentían, a los que reconocían su
culpabilidad y buscaban el perdón de sus pecados. Como ya hemos visto, en eso consistía el
énfasis del ministerio de Juan, que solo realizaba el bautismo como un símbolo de la limpieza
de Dios en el caso de aquellos que verdaderamente reconocían su necesidad ante Dios,
confesando sus pecados y eran miles los que lo hacían.
 
Pero cuando Jesús salió de Galilea para ser bautizado por Juan, éste protestó. Mateo nos dice
que cuando Jesús fue a él Juan le dijo: "Yo necesito ser bautizado por ti y ¿tú vienes a mi?" Esa
es una afirmación extraordinaria, especialmente si se tiene en cuenta que en aquel entonces Juan
no sabía que Jesús era el Mesías. Es más, el Evangelio de Juan nos dice que Juan el bautista
solo lo supo cuando el Espíritu de Dios descendió sobre Jesús y permaneció sobre él porque
esa era la señal que Dios le había dado. Fue entonces cuando supo que Aquel era el que había
de venir, es decir Aquel al que él había estado anunciando. Juan había conocido a Jesús desde
la infancia, porque eran primos. Y si no podemos encontrarles faltas a nuestros familiares, ¿a
quién se las podemos encontrar? Con todo y con eso, no deja de ser realmente extraordinario
que al venir este familiar Juan le dijese: "no tienes necesidad de ser bautizado. ¿Por qué vienes
a mi?" No había nada en la vida de Jesús que le hiciese pensar a Juan que Jesús tenía necesidad
de arrepentirse y de pedir perdón por sus pecados.
 
Jesús le dio a Juan una respuesta de lo más asombrosa, según leemos en Mateo 3:15: "permítelo
por ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia." ¿Por qué fue Jesús bautizado por
Juan el bautista? No podemos dedicar mucho tiempo a esto, pero en este breve relato Marcos
parece sugerir tres cosas que nos ayudarán a responder a esta pregunta. En primer lugar, el
hecho de que Jesús fuese bautizado era un acto de identificación, puesto que se estaba
identificando con nosotros. El ocupó nuestro lugar, pero empezó con el bautismo y no con la
cruz. Ese fue el primer paso que conduce a esa relación que haría que posteriormente se hiciese
pecado por nosotros, es decir, se convierte en lo que somos nosotros. Esta es la primera señal
de su intención de hacerlo y, por ello, fue bautizado con el bautismo del arrepentimiento y la
confesión de pecados.
 
Pero fue además, como podemos ver en el relato de Marcos, un momento clave: "Y en seguida,
mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como
paloma..." (Por cierto, en seguida o de inmediato parece ser la frase favorita de Marcos, pues
hace uso de ella repetidamente en su relato.) Resulta altamente significativo que en el momento
mismo en que Jesús ocupa nuestro lugar, el Padre le concede el don del Espíritu Santo y no hay
mayor don que pueda serle dado por Dios a los hombres. Tampoco tenemos mayor necesidad
como personas individuales que la de recibir el don del Espíritu Santo. Porque es precisamente
mediante el Espíritu Santo como el hombre puede vivir como desea hacerlo y como anhela
hacerlo, pudiendo vencer el poder del pecado, la culpa y el temor que sentimos en nuestro
interior. Por lo tanto, la necesidad primordial, elemental y fundamental que tienen los hombres
culpables es la del don del Espíritu Santo y, por ello, cuando Jesús empezó a ocupar nuestro
lugar, le fue concedido de inmediato el don del Espíritu Santo.
 
Pero no es la primera vez que Jesús "tuvo" el Espíritu y no debemos de pensar de ese modo. Ha
quedado constancia de que Juan el bautista había sido lleno del Espíritu Santo desde el vientre
de su madre. Y si esto es cierto en el caso de Juan, también lo era en el de Jesús, que vivió
conforme al Espíritu durante los primeros años tranquilos que pasó en Nazaret. Se sometió a
sus padres, se crió en una carpintería, aprendiendo el oficio y a pesar de que en esos tiempos no
se produjeron acontecimientos notables en su vida y de que su vida fue una vida de lo más
corriente en un pueblecito, no hay la menor duda de que Jesús vivió por el poder del Espíritu en
su vida.
 
Entonces ¿qué es lo que sucede al venir sobre El Espíritu en forma de paloma? La respuesta es
que le está siendo dada una nueva manifestación del Espíritu, en términos de poder. Para usar el
lenguaje de las Escrituras, en ese momento Jesús fue "ungido" por el Espíritu. En los tiempos
del Antiguo Testamento se ungía a los reyes y a los sacerdotes derramando aceite sobre sus
cabezas, encomendándoles la función y el ministerio al que habrían de servir. Esa es la imagen
de lo que estaba sucediendo en la vida de Jesús. Estaba siendo ungido con poder por Dios
mediante la acción del Espíritu, el poder para hacer frente a las exigencias de su ministerio, al
que está a punto de dedicarse,. Por eso es por lo que el Espíritu, en este sentido, está siempre
relacionado con la manifestación del poder en una vida. Nuestro Señor fue ungido con poder y
algunas semanas después, en la sinagoga de Nazaret, Lucas nos dice que Jesús citó un pasaje de
Isaías 61 que trataba de ello y se aplicó las palabras a sí mismo.
 
    "El Espíritu del Señor Jehová está sobre mi, porque me ha ungido Jehová. Me ha
    enviado para anunciar buenas nuevas a los pobres, para vendar a los quebrantados de
    corazón, para proclamar libertad a los cautivos y a los prisioneros apertura de la
    cárcel, para proclamar el año de la buena voluntad de Jehová..."
 
Estos fueron sus ministerio a lo largo de los próximos tres años y medio y su ministerio público
comienza en esos momentos con la unción, llena de poder, del Espíritu Santo. Pero no pensemos
en estos acontecimientos como si fuesen algo remoto a nosotros. Por sorprendente que parezca,
todas las cosas que le sucedieron a Jesús pueden suceder, y de hecho debieran sucedernos a
nosotros, en eso consiste el punto clave de esta enseñanza. El estaba ocupando nuestro lugar y,
por lo tanto, lo que le sucedió a él debería pasarnos a nosotros. Por eso es por lo que Jesús,
cuando estaba con sus discípulos después de haber resucitado, les dijo: "Pero recibiréis poder
cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda
Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra." Esto es cierto, es preciso que venga sobre
nosotros el poder del Espíritu de Dios; necesitamos recibir el don del Espíritu Santo, para que
tengamos poder para vivir como Dios quiere que lo hagamos.
 
Ese es el poder que describe Jesús, el poder del amor como es lógico, un amor que puede ser
atacado y fustigado, incluso destruido, pero que a pesar de ello puede resucitar, por así decirlo,
y salir ganando y esa es la clase de amor asombroso que Jesús pone en movimiento. No cabe
duda de que en la actualidad la mayor fuerza existente en el mundo es el amor, a pesar de lo
cual no es la clase de poder que amenaza, que separa o que destruye, sino que reúne y sana. Es
rechazado, dejado de lado y pisoteado, pero brota una y otra vez. De modo que la paloma
resulta un símbolo de lo más apropiado de la nueva vida acerca de la cual vino a enseñar
nuestro Señor. En el mundo se nos enseña que la vida se vive conforme al principio de la
supervivencia de los más fuertes. La filosofía de la vida que defiende el mundo es la de "haz lo
que sea para llegar a lo más alto, atropella a otros para conseguir lo que quieres. El poder te da
todo el derecho y cada hombre debe luchar por sí mismo."
 
Pero Jesús vino para enseñarnos otra manera, la única que realmente funciona. Puede que el
mejor modo de describirla sea "la supervivencia de los más humildes". La virtud que siempre
deben intentar tener los cristianos es la de la modestia, la humildad. Jesús dijo "cualquiera que
anhele hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor." La humildad hace que se
manifieste en nuestra vida todo el poder de Dios, mientras que el orgullo le convierte en nuestro
enemigo, haciendo que nos hundamos, derrotándonos de todas las maneras que puede.
 
El tercer aspecto de este bautismo es la señal de garantía para Jesús, pues se oye una voz del
cielo que dice: "tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia." En Mateo lo dice de una
manera un poco diferente: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." Esto fue
dicho para testimonio a los que estaban contemplando la escena, pero Marcos y Lucas nos
informan que la voz dijo: "Tú eres mi Hijo amado..." dirigiéndose a Jesús. Se han producido
toda clase de discusiones entre los eruditos en cuanto a saber cuál de estas versiones es la
correcta, lo cual indica lo poco que entendemos los caminos de Dios.
 
Estoy convencido de que ambas son correctas, que los que estaban a su alrededor escucharon
una voz que decía "este es mi Hijo amado" como el sello de la aprobación de Dios por los
treinta años que había pasado en Nazaret, esos años tranquilos, sin acontecimientos destacados
de la vida de Jesús, acerca de los cuales la Escritura guarda silencio. Los hombres se han
preguntado: "¿sería posiblemente como los demás hombres, habiendo pecado de la misma
manera?"
 
"Tal vez desobedeciese a sus padres, se metiese en peleas, pegando puñetazos o tal vez hiciese
cosas aún peores, no lo sabemos", pero Dios el Padre dice: "Este es mi Hijo amado, en quien
tengo complacencia" lo cual es un testimonio de la pureza de esos años.
 
Pero lo que Jesús oyó, fue "tú eres mi Hijo amado" dirigiéndose directamente a él, como para
que se sintiese seguro y tranquilo. No debemos de pensar en Jesús como si automáticamente
tuviese el poder contra todos los obstáculos, las amenazas y los temores. Era un hombre, es lo
que nos dicen las Escrituras. Era como nosotros, y le asaltaban todas las perniciosas amenazas
con la que nos hemos tenido que enfrentar los humanos. Sintió como nosotros y necesitaba que
le tratasen como nosotros necesitamos que nos traten. Necesitaba la seguridad de que el Padre
reconocía quién era. Los psicólogos nos dicen que si no sabemos quiénes somos, no tendremos
serenidad ni confianza en nosotros mismos. Tenemos que saber quiénes somos antes de estar
seguros de lo que decimos y lo que hacemos y eso es lo que Dios le dio a Jesús, la seguridad de
saber que era su Hijo amado.
 
¿Sabes una cosa? Eso es exactamente lo que nos dice a nosotros. Lo glorioso de este mensaje
del evangelio es que Dios está dispuesto a tratarnos exactamente como trató a Jesús y por eso,
todos nosotros deberíamos decirnos a nosotros mismos cada mañana: "esto es lo que me está
diciendo mi Padre: ÎTú eres mi hijo amado, en quien tengo complacencia.â" Eso es lo que nos
da el sentido de la seguridad y de nuestra identidad, del lugar que ocupamos, lo cual significa
que podemos estar tranquilos y no sentirnos amenazados cuando todo se hunde a nuestro
alrededor. De ahí viene, no hay ninguna otra fuente. Por eso fue por lo que Jesús pudo empezar
su ministerio con ese sentimiento de seguridad en su Padre, de que todo iba bien en su vida. A
continuación Marcos nos presenta el segundo acto de la preparación, el de la tentación de Jesús
en los versículos 12 y 13:
 
    "En seguida el Espíritu le impulsó al desierto y estuvo en el desierto cuarenta días,
    siendo tentado por Satanás. Estaba con las fieras y los ángeles le servían."
 
Parte de la preparación por la que tuvo que pasar Jesús fue esta tentación a la que se tuvo que
someter. Tanto Mateo como Lucas escriben al respecto además de hacerlo Marcos, pero Juan lo
omite. Sin embargo, fue necesario que nuestro Señor se sometiese a estas pruebas. Fíjese en las
palabras tan fuertes que usa Marcos para referirse a ello. Aunque su relato es muy breve, es
altamente sugestivo. Aquí tenemos tres cosas. En primer lugar, el Espíritu le llevó de inmediato
(ahí tenemos una vez más esa expresión) al desierto, le impulsó a ir, lo cual significa que Jesús
sintió un fuerte apremio, el fuerte impulso de ir al desierto y enfrentarse con el tentador en su
propio terreno.
 
La semana pasada estuve viendo a un grupo de muchachos que salían a jugar al fútbol. Se
trataba evidentemente de un equipo de novatos, con sus rostros ansiosos, atentos y alerta,
evidentemente interesados en lo que se disponían a hacer. Me hizo recordar el año en que me
presenté a las practicas de fútbol. No pude evitar recordar cómo me sentí, fue algo que sentí
que debía hacer para demostrar mi hombría, a pesar de lo cual me daba un poco de temor. No
sabía lo que me haría y recuerdo aquella primera mañana cuando salí a practicar con todos los
demás chicos, ansioso por hacerlo, deseándo hacerlo, sintiendo que debía hacerlo, pero en el
fondo sintiéndome asustado, pero no deseando admitir todos mis temores. Algo así debió sentir
Jesús al enfrentarse con la tentación. Sentiría el fuerte impulso de demostrar su virilidad antes
de llegar a ese encuentro decisivo con el demonio en la cruz. Tenía que ser tentado, tenía que
pasar por ello por su propio bien. No se atrevió a salir para dedicarse a su ministerio sin
haberse sometido antes a la prueba. Fue impulsado por el Espíritu a aquel lugar para que
pudiese saber lo que llevaba en su interior, lo que podría y lo que no podría soportar. La
intención era fortalecerle. Eso es lo que siempre hace Dios con sus hombres y mujeres, les
endurece obligándoles a pasar por esta clase de experiencias y es lo que le pasó a Jesús.
 
Se nos dice que pasó por pruebas muy duras y completas. Durante cuarenta días fue sometido a
prueba en el desierto, siendo tentado por Satanás. Estar cuarenta días sin comer es mucho
tiempo. Yo he ayunado en ocasiones hasta tres días y se me ha hecho bastante insoportable,
puesto que el hambre aumenta al pasar los días. Después de un tiempo desaparece, pero luego
vuelve a aparecer de un modo más intenso. ¡Y cuarenta días es mucho tiempo! Hace cuarenta
días (cuando fue pronunciado este mensaje) era el 20 de Agosto. Gerald Ford llevaba menos de
diez días como Presidente y todos los tumultuosos acontecimientos que han tenido lugar desde
entonces han ocurrido todos ellos en un período de cuarenta días. ¡Si Jesús hubiese comenzado
su ayuno hace cuarenta días, qué largos habrían parecido! Los acontecimientos por los que
hemos pasado solo han servido para dramatizar la gravedad de esta prueba.
 
Marcos sugiere cosas que no sugieren otros escritores, durante esos cuarenta días que fue
tentado por el demonio. En otras palabras, el demonio vino para probarle de todas las maneras
posibles, en cuerpo, alma y espíritu. Le estuvo tanteando y asaltando, le zarandeó, le estuvo
estudiando y metiéndose con él, bombardeándole con cada pensamiento y tentación por las que
nosotros los seres humanos podemos pasar. Al leer los otros relatos se dará usted cuenta de que
Mateo y Lucas han reunido las tentaciones finales, las poderosas pruebas a las que Satanás
sometió a Jesús. Pero estas indican la naturaleza de las pruebas por las que tuvo que pasar
durante todo el período de cuarenta días, ideadas por el tentador por excelencia, aquel que sabe
cómo descubrir las debilidades de nuestros corazones, que sabe cómo llegar a nosotros y cómo
hacer que nos enfademos.
 
En el desierto Jesús fue tentado, presionado, puesto a prueba y asaltado de todas las maneras
posibles. Su hambre física representa todas las experiencias por las que pasamos cuando las
circunstancias se ponen en contra de nosotros. ¿Cuántos de nosotros nos hemos dejado derrotar
solo por eso? No creo que Jesús supiese que tenía que permanecer durante cuarenta días en el
desierto, no sabría cuánto tiempo tenía que estar allí. Esperaría que Dios supliese sus
necesidades en cualquier momento, pero su privación siguió semana tras semana, mientras su
cuerpo se sentía cada vez más débil. El tentador se presentaría y le diría: "A Dios ya no le
importas. Te ha abandonado. ¿Dices que eres el Hijo de Dios? ¡Pues no ha suplido tus
necesidades ni mucho menos!" Así es como Satanás nos intimida ¿no es cierto? Las cosas salen
mal y no llega la provisión. Perdemos nuestro trabajo, nos quedamos sin dinero, o nos
encontramos con unas tremendas responsabilidades. No somos como debiéramos ser para
afrontar la necesidad y nos preguntamos "¿dónde está Dios?" Esa fue la tentación con la que se
enfrentó Jesús. . Entonces se produjo la soledad de espíritu, puesto que tuvo que estar solo, sin
compañía humana, durante cuarenta días. Eso haría que sintiese el anhelo de demostrar quién
era delante de los hombres y conseguir su aceptación, hasta su admiración. Todo ello tuvo su
culminación en el momento en que el tentador le llevó al pináculo del templo y le dijo que se
tirase: "los hombres te seguirán cuando vean que Dios te ha apoyado de un modo sobrenatural."
Jesús tuvo que someterse a dolorosas tentaciones para conseguir la aprobación de los hombres
mediante el ejercicio del poder aparte de la voluntad de Dios. ¡Y cómo somos tentados de esa
manera! No hay diferencia alguna.
 
Entonces se produjo la última tentación. Cuando Jesús más vulnerable era, el demonio le
sugirió que había una manera para conseguir lo que quería, valiéndose de un atajo, que no
representaría la muerte para él. Era algo que tendría a su alcance sin tener que pasar por la
cruz. Llevó a Jesús a un monte alto y le mostró todos los reinos del mundo y le dijo: "Puedes
tenerlo todo si tan solo te postras ante mi y me adoras." Nuestro Señor se tuvo que enfrentar con
todas las tentaciones de la misma manera que tenemos que hacerlo nosotros, sencillamente
depositando su confianza en lo que ha escrito Dios en su Palabra: "Escrito está..." Lo dijo en
tres ocasiones. En los aspectos físicos, mentales y espirituales de su vida, ha quedado escrito.
 
¿Sabe una cosa? Dios hace eso todo el tiempo, no ha dejado de someter a las personas a
prueba. Es algo cuyo propósito es endurecernos y fortalecernos. Permítame compartir con usted
un poema con el que me encontré:
 
Cuando Dios quiere instruir al hombre y cuando quiere deleitarle, y cuando quiere hacerle
hábil; cuando Dios quiere moldear al hombre para que represente el más noble papel, cuando
desea de todo corazón crear a un hombre grande y atrevido de modo que el mundo entero se
sorprenda, contemplemos sus métodos, sus modos como le perfecciona sin reparos al que cual
realeza escoge. Cómo le trata cual martillo hiriéndole, golpeando duro, dándole forma haciendo
de él formas de barro que solo Dios alcanza a comprender. Mientras clama su torturado corazón
y eleva manos clamorosas. Como retuerce, siempre sin romper porque desea siempre el bien.
Cómo Dios usa al que ha escogido, Y con sus fines le fusiona, con cada acto, induciéndole a
poner a prueba su esplendor. Dios sabe lo que le está haciendo.
 
Claro que sabe lo que hace. Eso fue lo que hizo con Jesús, con el propósito de endurecerle, de
ponerle a prueba y de fortalecerle. Hay algo más que nos dice Marcos acerca de la tentación
por la que pasó Jesús. A pesar de que no contó con ayuda humana y a pesar de verse atacado de
tantas maneras, no estuvo solo. Se vio sustentado por el ministerio de consuelo que se presentó
de manera extraordinaria: estuvo con las bestias salvajes y los ángeles vinieron a ministrarle.
Pero no leamos "bestias salvajes" como si tuviésemos que temer su ataque. En aquella región
desértica estuvo rodeado por leopardos, leones, osos y otros animales salvajes, pero Jesús no
les temía porque Marcos nos dice que estaba con ellos, fueron sus compañeros, ayudándole y
consolándole. Me imagino a Jesús, su cuerpo aterido por el frío causado por el hambre,
acurrucado entre dos pumas, ministrado físicamente por los animales salvajes.
 
Además los ángeles le ministraron, lo cual significa que su vida mental e interior no se vio
descuidada, sus emociones se vieron sostenidas y sus facultades mentales se conservaron
claras. Ese es el ministerio de los ángeles, aunque invisibles, pero reales. Muchos de nosotros
hemos experimentado el ministerio de los ángeles sin saberlo siquiera. En ocasiones cuando de
repente se eleva nuestro espíritu, y ni siquiera sabemos por qué, es debido al ministerio de los
ángeles. Y Jesús se vio sostenido de ese modo. Finalmente, equipado por el Espíritu,
endurecido, habiendo sido probado, Jesús regresa a Galilea:
 
    "Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de
    Dios, diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado.
    ¡Arrepentios y creed en el evangelio!"
 
Aquí Marcos se está saltando un año entero del ministerio de Jesús. Es preciso hallar los
detalles en el evangelio de Juan, porque solo él ha dejado constancia de su ministerio, su
encuentro con Nicodemo, la mujer junto al pozo, la boda en Canaa, etc. Marcos pasa por
encima de todo ello silenciándolo y comienza su relato acerca del ministerio e Jesús con el
llamamiento de los discípulos junto al Mar de Galilea, pero hay dos cosas que enfatiza acerca
de Jesús. Primero, que vino predicando el evangelio de Dios. El método que usaba era la
predicación. No creo que la predicación se vea nunca precedida por ninguna otra cosa porque
predicar es, en esencia, revelar la realidad. Es permitir que las personas vean lo que realmente
nos ofrece la vida a nuestro alrededor, la auténtica verdad sobre la vida. La verdadera
predicación es siempre así. Según palabras de Pablo: "por la clara demostración de la verdad,
nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios." Esa es la
verdadera predicación y para eso precisamente vino Jesús. Vino para abrir los ojos a las gentes
para que viesen lo que estaba sucediendo realmente en sus vidas.
 
En segundo lugar su mensaje era "el reino de Dios se ha acercado". "El tiempo se ha cumplido y
el reino de Dios se ha acercado." ¿Qué quería decir con eso de "el reino de Dios"? Lo que
quiere decir es todas las cosas acerca de las cuales hemos estado hablando. El hecho es que
estamos rodeados por un reino espiritual invisible, tanto malvado como bueno, que ejerce su
influencia sobre nosotros. En ese reino Jesús es el Señor y reina de modo supremo. Y ese reino
gobierna todos los acontecimientos de la historia y todo lo que pasa en nuestra vida diaria y
nuestras circunstancias. De modo que cuando estamos relacionados con el reino de Dios,
estamos relacionados con la fuerza suprema, que gobierna todo lo que somos y tenemos y, de
ese modo, nos relacionamos con la realidad.
 
Jesús vino con las buenas nuevas de que el poder de Dios está ahora a nuestro alcance para
sacarnos del estancamiento impotente en el que ha caído el hombre. Las Escrituras nos dicen
que el hombre, en su condición natural, es impotente. Por mucho que nos complazca creer que
podemos hacer algo para corregir nuestra condición, nos encontraríamos totalmente impotentes
y sin esperanza sin la ayuda de Dios. De hecho, la vida humana resultaría imposible. Sin la
misericordia de Dios, sin su mano para limitar las fuerzas que nos afectan, ni siquiera
podríamos sentarnos juntos en la misma habitación, nos tiraríamos el uno sobre el cuello del
otro, sacándonos los ojos, de modo vengativo y odiándonos unos a otros, como animales,
destruyéndonos a nosotros mismos.
 
Pero la misericordia de Dios impide que hagamos eso y las buenas noticias son que se ha
producido una ruptura y ha llegado hasta nosotros el poder de Dios. Jesús vino para anunciar
que el Rey está cerca, Aquel que puede controlar una vida, poner orden en ella, traer paz y
armonía y suplir el poder capaz de producir un temperamento que nadie puede rivalizar. Ese es
el reino de Dios. No es comida ni bebida, nos dice Pablo, sino la justicia, el gozo y la paz en el
Espíritu Santo. El reino está cerca. Y el lugar para recibirlo es el arrepentimiento, el
reconocimiento de nuestra necesidad. La ayuda de Dios está a disposición de cualquiera y para
todo aquel que lo desee, siempre y cuando estemos dispuestos a reconocer que no podemos
vivir sin ella. Por eso fue por lo que dijo Jesús "bienaventurados los pobres de espíritu, porque
de los tales es el reino de los cielos."
 
Oración
 
    Padre celestial, te doy gracias por las buenas noticias de que Jesús vino a predicar,
    por las asombrosas buenas noticias de que se ha encontrado una solución al dilema
    humano, por que la falta de esperanza y la impotencia de nuestra condición natural
    han sido derribadas por el Dios de la gloria y de la gracia. Señor, ayúdanos a
    recibirlo de manos de Jesús el rey. Ayúdanos a creer en El, a creer en el evangelio, a
    que sepamos descansar en él, a que no nos limitemos sencillamente a creerlo como
    verdad, sino a actuar conforme a él y a vivir según tu Palabra. Lo pedimos en el
    nombre de Jesús, amen.