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Asunto:[biblia] CUANDO LO QUE ESTA BIEN ESTA MAL
Fecha:Lunes, 23 de Abril, 2001  00:06:59 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

CUANDO LO QUE ESTA BIEN ESTA MAL
 
por Ray C. Stedman
 
A estas alturas la mayoría de nosotros hemos visto "El Violinista en el Tejado" y recordamos
cómo Tevye, el personaje principal, empieza con una canción. ¡La tradición! Toda la
comunidad judía dependía y estaba gobernada por las tradiciones antiguas e inquebrantables del
pasado. La tesis, que no se menciona, de la obra teatral y de la película es el modo en que se
desafiadas las tradiciones por causa del desasosiego y el desarraigo de aquella época y que el
quebrantar las tradiciones causaba sufrimientos y dificultades a muchas personas. Esto es
sugestivo de la escena que examinaremos hoy en el Evangelio de Marcos, que nos presenta el
severo contraste entre el ministerio de Jesús, que está manifestando su amor sanador a los
hombres y las mujeres de toda la región, y la labor obstaculizadora de los escribas y los
fariseos que intentan, apoyándose en la tradición, acabar con el ministerio de amor. Thomas
Dickson, uno de los grandes predicadores del siglo pasado, dijo en una ocasión: "La tradición
fue la oposición más tenaz, mas constante, mas persistente y mas demoniaca con que se encontró
el Maestro. Le atacaba por dondequiera que iba, rechazando silenciosamente su enseñanza."
Eso es lo que veremos en este pasaje. Comenzaremos con el versículo 53 con las palabras que
concluyen el capítulo 6, en el que Marcos describe algo mas acerca del ministerio de sanidades
de nuestro Señor.
 
    "Y cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de Genesaret y amarraron la
    barca. Pero cuando ellos salieron de la barca, en seguida le reconocieron.
    Recorrieron toda aquella región, y comenzaron a traer en camillas a los que estaban
    enfermos a donde oían que él estaba. Dondequiera que entraba, ya sea en aldeas o
    ciudades o campos, ponían en las plazas a los que estaban enfermos, y le rogaban que
    sólo pudiesen tocar el borde de su manto. Y todos los que le tocaban quedaban
    sanos."
 
Esta es una preciosa escena del ministerio de Jesús. Como puede usted ver, la historia de la
mujer con la hemorragia, que fue sanada tocando tan solo el borde del talit (o manto) de Jesús,
que iba de camino a la casa de Jairo, se había extendido por entonces por toda la región
alrededor de Galilea. De modo que siempre que aparecía Jesús, la gente comenzaba de
inmediato a traerle a los enfermos y a los que tenían plagas y a los que estaban endemoniados,
para que pudieran tocar al menos el borde de su talit y como nos dice Marcos "...y todos los que
le tocaban quedaban sanos." Este es uno de los más maravillosos cumplimientos de una
preciosa y poética predicción, uno de los pasajes más majestuosos del profeta, en Isaías 35:
 
Entonces serán abiertos los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se destaparán.
 
Entonces el cojo saltará como un venado, y cantará la lengua del mudo.
 
Esto lo podemos hallar en el relato precioso y descriptivo de Marcos, en el que el Señor
cumple esas otras palabras de Isaías, que cita Mateo: "El mismo tomó nuestras debilidades y
cargó con nuestras enfermedades." En un deliberado contraste con eso, Marcos pasa a relatar la
historia de una delegación de fariseos y escribas:
 
    "Se juntaron a Jesús los fariseos y algunos de los escribas que habían venido de
    Jerusalén. Ellos vieron que algunos discípulos de él estaban comiendo pan con las
    manos impuras, es decir, sin lavar. Pues los fariseos y todos los judíos, si no se lavan
    las manos hasta la muñeca, no comen, porque se aferran a la tradición de los
    ancianos."
 
[Algunas versiones dicen "se bautizan" es decir, se lavan todo el cuerpo, y hay muchas
tradiciones que cumplen, como el lavar las tazas y las vasijas de bronce.) Con esto llegamos al
tema del poder y el efecto de la tradición. En este primer párrafo, vemos algo acerca de la
tremenda fuerza que tiene la tradición en nuestras vidas. No solo era esto cierto de ellos en esos
tiempos, sino que también es cierto en nuestro caso. Algunos de nosotros estamos aquí esta
mañana porque es tradicional hacerlo. El domingo es el día que se va a la iglesia y toda nuestra
vida hemos ido a la iglesia el domingo, así que están aquí porque es lo tradicional. Hemos
cantado algunos himnos porque es tradicional hacerlo en un culto de adoración de por la
mañana. ¡Y haremos otras cosas porque es lo tradicional! Este poder del pasado es algo que
nos afecta a todos en un momento u otro. Ahora bien, ¿es algo bueno o es malo? Aprenderemos
en este pasaje, de labios de Jesús mismo, el elemento que hace que la tradición sea buena o que
sea malo.
 
Fijémonos en que esta delegación de Jerusalén vino deliberadamente para intentar hallar algo
con lo cual oponerse a Jesús. Su motivo era el antagonismo y es evidente que había llegado la
noticia de este movimiento popular, que se había extendido, hasta Jerusalén y los sumos
sacerdotes y los principales de los judíos estaban preocupados por ello. Como vimos en
nuestro último estudio, ya había llegado a oídos de Herodes el rey, que con su orientación
política se había enterado de que este era un movimiento que se extendía rápidamente, lo cual
era preocupante y representaba una amenaza. Por lo que se presentó una delegación de fariseos
y de escribas procedentes de Jerusalén, con el propósito concreto de encontrar algo en el
ministerio de Jesús con lo que se le pudieran oponer. Sabían que si podían hallar algún desafío
a las tradiciones que disfrutaban de la aceptación popular por parte de Jesús, podrían hacer que
la multitud se pusiese en su contra. Eso nos hace ver con la fuerza con que se aferraban a esas
tradiciones.
 
La que escogieron fue la siguiente: viendo a Jesús y sus discípulos, se dieron cuenta de que
algunos no se lavaban las manos antes de comer de la manera que estaba prescrita. Pero no lea
usted esto como si fuesen unos discípulos sucios, como si nunca se molestasen en lavarse las
manos antes de comer. No se trata, ni mucho menos, de un problema de higiene porque estoy
seguro de que lo hacían. No lo dudo ni por un momento, pero lo que molestó a los fariseos era
que no lo hiciesen de la manera correcta. Lo que sucede es que entre los judíos, podría usted
haberse lavado las manos con los mejores jabones y habérselas frotado como un médico que se
preparase para cirugía, pero si no se hacía de una manera determinada, seguía estando tan
impuro, desde el punto de vista ceremonial, como si no se las hubiese lavado.
 
En la "Revised Standard Version" hay una nota al margen que dice que una palabra del
versículo 3, en la frase "lavarse las manos" es de un significado indeterminado que no se ha
traducido y es la palabra que significa "puño". Es evidente que los traductores tuvieron
problemas entendiendo de qué manera encajaba la palabra en el contexto, pero los eruditos nos
dicen que era la rígida costumbre entre los judíos lavarse de la siguiente manera: tenían que
extender las manos, con las palmas hacia arriba, las manos ligeramente ahuecadas derramando
agua sobre ellas. Luego se usaba el puño de una de ellas para lavar la otra y luego el otro puño
para lavar la primera mano. Por eso es por lo que se menciona aquí el puño. Finalmente debían
extenderse de nuevo las manos, con las palmas hacia abajo, echando agua sobre ellas una
segunda vez para limpiar el agua sucia con la que se habían lavado las manos contaminadas.
Solo entonces estarían las manos de la persona ceremonialmente limpias. Puede que no
estuviesen ni siquiera limpias, desde el punto de vista higiénico, pero lo estarían desde el
ceremonial. Es decir habría sido considerada aceptable a Dios, habiendo prestado una estricta
atención al ritual de limpieza prescrito y pudiendo, de ese modo, comer de la manera
apropiada. Esto era algo que tenían tan profundamente arraigado que, cuando los romanos
metían a un rabino en la cárcel por haber cometido una ofensa, usaba el agua de beber para
lavarse las manos de este modo. ¡Estando a punto de morir de sed! Lo cual demuestra lo
importante que era para ellos observar las tradiciones.
 
Es cierto que las tradiciones habían empezado de un modo correcto. Es decir, no eran otra cosa
que un esfuerzo por entender la Ley. El libro de Levítico requería que se realizasen ciertas
abluciones y lavados y que se llevasen a cabo como una manera de enseñar a la gente cómo
afrontar el pecado. Esa era la intención de la Ley, pero al aplicar estos requisitos a diferentes
situaciones, se hicieron ciertas sugerencias en cuanto a la manera apropiada de hacerlo y no
había nada de malo en ello, en especial, pero entonces los sacerdotes comenzaron a interpretar
las sugerencias que se habían hecho y añadieron a las mismas. A continuación añadieron las
interpretaciones de las interpretaciones, hasta que gradualmente se fueron acumulando una gran
cantidad de tradiciones que exigían una obediencia inflexible y escrupulosa hasta a los más
insignificantes detalles, de manera que se olvidó el propósito de la Ley.
 
Eso es lo que ha sucedido en la iglesia cristiana. En el libro de los Hechos nos encontramos con
una gran libertad del Espíritu entre el pueblo de Dios. En el libro de los Hechos nuestro Señor
nunca hizo las cosas dos veces de la misma manera. Eso es algo precioso, pero no se puede
deducir una ceremonia basándose en un ritual de la iglesia de los Hechos porque el Señor se
mueve con una gran libertad, de manera variada y espontanea dondequiera que leamos. Pero no
tardaron aquellas maneras en quedar establecidas como la forma correcta de hacer las cosas y
se fueron añadiendo otras, además de las interpretaciones, hasta que con el paso de los años,
todas afirmaban ser la manera correcta de hacer las cosas y muchos de nosotros hemos sido
víctimas de esa situación. No sentimos que hemos adorado a menos que hayamos cantado el
Gloria Patri o leído el Credo de los Apóstoles o algo por el estilo. El Señor está tratando
acerca de esto y Marcos nos enseña de entrada la fuerza que tenía semejante tradición en las
vidas de estas personas.
 
En la próxima sección leemos las palabras de Jesús con respecto a la tradición y aprendemos
algo de su curso, es decir, de cómo se desarrolla:
 
    "Le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué no andan tus discípulos de
    acuerdo con la tradición de los ancianos, sino que comen pan con las manos impuras?
    Y les respondió diciendo: --Bien profetizó Isaías acerca de vosotros, hipócritas,
    como esta escrito: Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.
    Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres."
 
Esas son palabras muy perspicaces. Con la percepción aguda de nuestro Señor, llega al fondo
mismo del asunto. Cuando los fariseos le preguntan "Por que no andan tus discípulos de acuerdo
con la tradición? lo primero que hace es mostrarles el efecto que tiene el cumplimiento de la
tradición en sus vidas, haciendo de ellos unos hipócritas. "Hipócritas" les dice. ¡En ocasiones,
cuando leo los evangelios, me quedo asombrado de la brusquedad del lenguaje de Jesús! De
hecho, el relato de Mateo nos cuenta que los discípulos le dijeron después: "¿Te das cuenta de
que has ofendido a esos fariseos?" Y la verdad es que les ofendió.
 
Pero veamos lo que hace en este caso. Está dejando claro el resultado que tiene la "alabanza"
tradicional y usa la palabra del profeta Isaías para mostrar cómo es. Hay dos clases de
hipocresía, según Isaías. En primer lugar, está lo que son las palabras apropiadas, pero con
actitudes equivocadas. Todo lo externo está bien, pero interiormente, la mente y el corazón
están equivocados y Jesús dice que eso es hipocresía, pues lo que hacen es dar la impresión de
que están haciendo algo religioso y relacionado con la adoración a Dios, pero en el interior la
actitud es totalmente diferente.
 
Hace algún tiempo, cuando comenzó aquí en la costa oeste de los Estados Unidos, la "revuelta
juvenil", muchos de nosotros nos sentimos intrigados y ofendidos cuando los jóvenes nos decían
de un modo u otro: "No queremos ir a las iglesias porque están llenas de hipócritas." Algunos
de nosotros no entendíamos lo que querían decir. Sabíamos que era posible que hubiera algunas
iglesias que estuviesen llenas de hipócritas, ¡pero la nuestra no! Teníamos sinceras dificultades
al respecto. No podíamos ver dónde podría haber hipocresía en una iglesia evangélica,
totalmente centrada en la Biblia como la nuestra, pero lo que estaban diciendo era lo siguiente:
"Usáis palabras grandilocuentes, palabras maravillosas (palabra acerca de Dios, las llamaban),
pero no lo es de verdad. Habláis acerca del amor, pero no amáis. Habláis sobre el perdón, pero
no perdonáis. Habláis sobre la aceptación, pero no aceptáis." Y tenían razón.
 
Eso es lo que nos hace la tradición. Hace de la religión algo externo, algo que se experimenta
hacia afuera y no hacia adentro. Siempre y cuando estemos cumpliendo con la forma externa
prescrita, nos creemos que somos aceptables a Dios. Ese es el terrible peligro que conlleva la
tradición. Esta forma en concreto, a la que se refiere Isaías aquí, en la que nos habla de las
palabras correctas, pero las actitudes equivocadas, es algo muy extendido entre los cristianos.
Todos lo padecemos y debiéramos reconocerlo y admitirlo. Es una lucha que todos tenemos, sin
excepción. Y ha dado como resultado lo que es probablemente el peligro más real que corre el
mensaje evangelístico de la iglesia, la santurronería de los cristianos, que creemos que porque
hacemos las cosas "como es debido" y decimos las palabras "apropiadas" y creemos las
doctrinas "correctas" estamos complaciendo a Dios por todo ello.
 
Tengo un amigo cristiano, un hombre de negocios sumamente inteligente y con una mente muy
despierta, que tiene una gran imaginación. Un día me envió un artículo que había escrito y me
pidió que comentase sobre él. Me he quedado con una copia del artículo desde entonces,
porque es una declaración tan preciosa del peligro de la santurronería en la iglesia. Se titula:
 
¡POR FAVOR, NO ME LLEVEN AL HOSPITAL!
 
La escena no tenía sentido. Estaba tumbado en la calle, sangrando y el conductor que le había
atropellado se había dado a la fuga. ¡Necesitaba ayuda médica de inmediato! a pesar de lo cual
no hacía más que repetir: "¡por favor, no me lleven al hospital! Muy sorprendidos, todos le
preguntamos por qué. Suplicando nos dijo: "Porque yo formo parte del pesonal del hospital y
me daría vergüenza que me vieran así. No me han visto nunca sangrando y sucio, siempre me
ven limpio y sano, ahora soy todo un espectáculo." ¡Pero si el hospital es para personas como
usted! ¿Podemos llamar a una ambulancia?" No, por favor no lo hagan. Asistí a un curso para
seguridad peatonal y el instructor me criticaría por haberme dejado atropellar." "¿Pero a quién
le importa lo que pueda pensar el instructor? Necesita usted que le curen." "Pero es que además
hay otras razones, la encargada de admisiones se sentiría molesta." "¿Por qué?" "Porque
siempre se enfada si alguien que tiene que ser admitido no tiene todos los detalles que necesita
para rellenar el formulario. No he visto al que me ha atropellado y ni siquiera sé qué marca de
coche era ni su número de matricula. Ella no lo entendería. Es una perfeccionista cuando se
trata de los datos médicos. Es peor que eso, no siquiera tengo mi tarjeta de la compañía de
seguros Blue Cross." "¿Y qué diferencia puede hacer eso?" "Bueno, si no me reconocen por el
aspecto que tengo no me admitirán porque no admitirían a nadie con este aspecto sin una tarjeta
de Blue Cross. Tienen que asegurarse que no tiene que pagarlo la institución. Ellos protegen a
la institución. Colóquenme en la acera nada mas. Me las arreglaré de alguna manera. Es culpa
mía que me hayan atropellado." Con estas palabras intentó ir arrastrándose mientras todo el
mundo se iba, dejándole solo. Tal vez lo consiguiese y a lo mejor no. Es posible que esté
todavía intentando detener la hemorragia."
 
¿Le parece a usted una historia extraña y ridícula? Podría suceder cualquier domingo en una
iglesia con una membresía normal. Sé que podría pasar, porque anoche pregunté a algunos
cristianos activos qué harían si el sábado por la noche se viesen aplastados por algún pecado
inaceptable. Contestaron sin excepción: "No sentiría deseo alguno de ir a la iglesia a la mañana
siguiente, para que me viese todo el mundo." Sea usted sincero, ¿iría usted? O se diría a sí
mismo: "Me harían el vacío y me mirarían como si fuese un extraño, y no perteneciese allí para
nada. Algunos de los mas santurrones me acusarían de ser un hipócrita. La maestra de la escuela
dominical se enfadaría conmigo por no haberme aprendido la lección que se había enseñado.
Los que se sentasen junto a mi se sentirían avergonzados y no sabrían cómo reaccionar, porque
no sabrían lo que sentirían los demás y no sabrían realmente cómo reaccionar ante un santo
conocido que se hubiese contaminado."
 
Siguiendo el buen espíritu de aquella conversación decidimos, que si nos viésemos metidos en
un lío, algo así como verse atropellados por un conductor que se diese a la fuga, sería mejor
para nosotros irnos a jugar al billar en lugar de ir a la iglesia. Al menos allí encontraríamos
quién se identificase con nosotros y quién nos comprendiese de verdad. Alguien nos diría en
seguida: "No es el fin del mundo. A mi me ha pasado y lo he superado." Otro diría: "Veo que
has fallado y te han descubierto. No dejes que eso te deprima. Conozco a un buen abogado que
te ayudará." Un tercero añadiría: "pues ahora te pareces mas a nosotros de lo que parecías antes
y ahora sabemos que eres igual que nosotros."
 
La pregunta que realmente nos inquietaba era: ¿Dónde debiéramos encontrar el amor verdadero,
en la sala de billar o en la iglesia de Jesucristo, que murió por los pecadores? ¿Actuará la
iglesia realmente como tal hasta que cada uno de los cristianos, que haya caído bajo el peso del
pecado, comience a suplicar: "llevadme a la iglesia, allí están mis hermanos y ellos me quieren.
Allí podré restablecerme. Soy un miembro débil del Cuerpo, pero cuando estoy afligido, los
miembros fuertes se ponen de mi parte y no necesito tener al día los pagos de mi tarjeta de Blue
Cross y sé que cuando esto haya quedado atras no hablarán sobre el tema?" Pero de todo el
grupo que asistió a la fiesta, no hubo ni una sola persona que dijese que se sentiría bien
recibida en su iglesia si la noche anterior le hubiesen pillado cometiendo algún pecado y se
hubiese sabido.
 
De eso es, precisamente, de lo que nos advierte el Señor aquí.
 
Isaías nos dice que existe una segunda forma de hipocresía. Es la que dice: "en vano me rinden
culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres." Esto quiere decir que las
filosofías del mundo se disfrazan como si fuesen acciones religiosas, lo cual es también algo
que se ha difundido mucho en la iglesia. Es la idea de que si cogemos los principios y los
preceptos por los que se rige el mundo, es decir, el atacarse los unos a los otros, defendiendo
cada uno lo suyo propio, haciendo que cada uno nos preocupemos de sentirnos realizados, etc.
etc. y eso lo presentamos con palabras de las Escrituras, entonces estamos adorando a Dios,
pero Jesús dice que eso no es otra cosa que hipocresía y que no es así como se le adora.
 
Llevamos ya varias semanas en las que hemos intentado cambiar el orden del culto de la
mañana con el fin de que sea mas de adoración. Unos cuantos de nosotros estamos pensando,
planeando y orando sobre ello. Algunos de ustedes nos han contado su reacción antes los
cambios que se han introducido ya, algunas de esas reacciones han sido positivas y otras
negativas, pero el proceso ha llevado a muchos a preguntarse: "¿Qué es la adoración? Esa es
una buena pregunta, ¿qué es la adoración?
 
Una de las cosas que estamos aprendiendo gracias a esta experiencia es que la adoración no es
ni mucho menos algo exterior y que no puede serlo. Nuestro Señor dio, muy acertadamente, lo
que es la mejor definición respecto a la adoración, cuando le dijo a la mujer que se hallaba
junto al pozo: "Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espíritu y en
verdad." Eso nos dice tres cosas. En primer lugar, es necesario que la adoración sea sincera y
es algo que debemos de hacer interiormente, que sea al mismo tiempo profundo y real. No
puede ser algo superficial, ni puede ser algo superfluo, no puede ser algo que se realice con la
mente, sino con el corazón, no haciendo que las emociones se unan al proceso mental porque
hacer algo menos que eso es hipocresía.
 
En segundo lugar, la alabanza es, por lo tanto, algo individual. En un sentido, no es posible la
alabanza pública. Podemos participar en un culto juntos, pero la adoración es algo que brota de
dentro y se lleva a cabo "en espíritu", en su espíritu. Es la actitud que adopta usted en relación
con la grandeza y la gloria de Dios, su manera de responder a su bondad y a su verdad, que es
adoración. No tiene nada que ver con lo que esté haciendo su cuerpo en ese momento, poco
importa si está usted inclinado, ni si tiene los ojos cerrados ni si está diciendo palabras
concretas ni ninguna otra cosa. Dios está buscando a aquellos que le adoren en espíritu y en
verdad y como es algo individual, es variado. Es decir, uno reaccionará de una manera, en un
cierto nivel, y otro lo hará a un nivel diferente. Por lo que podemos esperar que se manifieste
de muy diversas maneras, con diferentes expresiones. Por eso es por lo que es una
equivocación que la alabanza se lleve a caso de acuerdo a un modo determinado de expresarla,
en una hora concreta y que no cambie nunca.
 
Esto es algo que se enfatiza en la tercera cosa que dice nuestro Señor aquí: la adoración debe
ser realista, es decir, según entendamos lo que es la verdad y la realidad. Esto significa que es
algo que va desarrollándose y la alabanza debe cambiar. No puede permanecer estática, porque
nuestro conocimiento de la realidad cambia. Cuanto más sepamos, tantas mas maneras de
adorar encontraremos. En un sentido, todo cuanto puede hacer la iglesia el domingo por la
mañana es brindar la oportunidad para que pueda usted adorar. Debe usted de hacerlo porque
todo cuanto pueden hacer los que dirigen el culto es presentarle la oportunidad para que usted
lo pueda hacer. Por lo tanto, la adoración es algo que se produce todo el tiempo en el corazón
humano, por lo menos así debiera ser y es posible que sea.
 
Veamos lo que dice el Señor a continuación. Nos ha mostrado el peligro de la tradición, que es
caer en la hipocresía; y ahora nos encontramos ante su desarrollo, comenzando con el versículo
8:
 
    "Porque dejando los mandamientos de Dios, os aferráis a la tradición de los
    hombres."
 
Jesús les dijo: "vaya manera que tenéis de rechazar el mandamiento de Dios, ¡con tal de guardar
la tradición! Porque Moisés dijo: "honra a tu padre y a tu madre y el que maldiga a su padre o
su madre muera irremisiblemente, pero vosotros decís que cualquiera que diga a su padre o su
madre: aquello con lo que hubieras sido beneficiado es mi ofrenda a Dios, no debe honrar a su
padre. Así habéis invalidado la palabra de Dios por causa de vuestra tradición y muchas otras
cosas hacéis."
 
Con esas palabras cortantes nuestro Señor está mostrando lo que sucede cuando la tradición es
la que se impone. En primer lugar, se empieza por dejar a un lado el mandamiento de Dios y,
por lo tanto, aparecen las tradiciones cuando intentamos, de algún modo, encontrar un sustituto
que ofrecerle a Dios, en lugar de lo que realmente quiere que le ofrezcamos. En nuestra clase de
la semana pasada a los internos, un hombre de negocios que se había unido a nosotros nos contó
una experiencia que había tenido mas o menos una semana antes. Un amigo suyo le había
invitado a comer y le había dicho: "No se lo que está pasando. Todo me está saliendo mal en la
vida, estoy a punto de perder mi negocio porque se nos está hundiendo toda nuestra base
financiera. Y no entiendo por qué está pasando porque durante años le he dado dinero a Dios, le
he entregado fielmente grandes sumas de dinero. ¡Es algo que siempre he puesto primero! Pero
a pesar de ello, todo se está viniendo abajo." Nuestro visitante le dijo: "¿Se ha parado usted a
pensar alguna vez que lo que Dios quiere no es su dinero, sino a usted?" Ahí es donde empieza
la hipocresía, al apartarse del mandamiento de Dios.
 
Es interesante que la palabra griega que se usa aquí para "tradición" es la palabra "rendirse"
que implica "renunciar" o "sustituir". Dios dice: "le quiero a usted." Pero usted dice: "¿Dios te
importa que en lugar de mi te entrege mi dinero, mi tiempo, mi esposa, mis hijos o mis
intereses? ¡Pero a mi no me toques!" Es ahí donde empieza la tradición, apartándose del
mandamiento de Dios y, el segundo paso es, aferrarse con fuerza a la tradición de los hombres,
que es un sustituto. Y el sustituto es siempre algo "bueno", porque ¡nunca se nos ocurriría darle
a Dios algo malo! Pero no es eso lo que él quiere.
 
El tercer paso, como indica nuestro Señor aquí, es negar y perjudicar tanto a Dios como a los
hombres. Nos da un ejemplo de ello hablándonos acerca de los padres. La Ley dice: "honra a tu
padre y a tu madre", eso representa mucho más que ser educados y amables, significa cuidar de
ellos, especialmente cuando envejezcan. Los judíos habían ideado un pequeño truco, una
manera "muy peculiar" de hacer las cosas. Jesús se refirió a ella diciendo "tenéis una manera
muy hábil de rechazar el mandamiento de Dios." Casi les felicita por lo listos que fueron al
hacerlo. Cogieron el dinero que deberían de haberse gastado en sus padres y dijeron "este es un
donativo que le hacemos a Dios", se lo dedicamos a El, y de ese modo se sentían libres para
usar ese dinero, pero sus padres no lo podían tocar porque el dinero había sido "dedicado" a
Dios. El equivalente de nuestros días es conseguir una "desgravación" de impuestos. No quiero
decir con eso que cualquier modo de eludir pagar impuestos esté mal, pero puede pasar y con
frecuencia así sucede y es una manera de tener el dinero en otra parte, que debería de usarse
para otro propósito y decir: "No pueden tocar ese dinero, lo lamento, lo tengo todo de modo
que puedo desgravar impuestos, y por eso no pueden pedírmelo." Jesús deja todo eso al
descubierto y nos dice que acabaremos perjudicando a otras personas cuando hagamos eso.
 
La semana pasada me encontré con un hombre que me dijo lo mucho que le preocupaban los
matrimonios misioneros que se han "dedicado a Dios" hasta tal punto que descuidan a su
familia, envían a sus hijos a un colegio interno, descuidan sus responsabilidades en el hogar y
todo lo excusan diciendo que "nos hemos dedicado a la obra de Dios." Eso es corbán y es
hipocresía.
 
Nuestra Señor va incluso mas allá y, comenzando con el versículo 14, nos habla acerca del
origen de la tradición:
 
"Llamando así otra vez a toda la multitud, les decía: --Oídme todos y entended. No hay nada
fuera del hombre que por entrar en él pueda contaminar. Pero lo que sale del hombre es lo que
contamina al hombre. Cuando entró en casa, aparte de la multitud, sus discípulos le preguntaron
acerca de la parábola. Y les dijo: --¿Así que también vosotros carecéis de entendimiento? ¿No
comprendéis que nada de lo que entra en el hombre desde fuera le puede contaminar? Porque no
entra en su corazón sino en su estómago, y sale a la letrina. Así declaró limpias todas las
comidas. Y decía: --Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. Porque desde adentro,
del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos,
los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad, la
envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez. (Todos los excrementos de la mente y del
corazón son los que contaminan.) Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al
hombre.
 
¿Qué está diciendo acerca de las costumbres que se van formando? Lo que dice es que no hay
nada inherentemente malo en ellas y tampoco nada inherentemente bueno; lo que hacemos
exteriormente no es ni bueno ni malo. Lo que pensamos y sentimos y nuestra manera de
reaccionar interiormente es lo que determina lo que es malo y lo que es bueno. Una costumbre
puede ser perfectamente sana y loable, si el espíritu está adorando. La adoración "corporativa"
aparte de eso es mala y degenerada, que corrompe y deshonra en los ojos de Dios. Y él da en el
clavo en cuanto al origen del mal que está en nosotros. Como es lógico, lo que está diciendo
aquí es que todos nosotros somos criaturas caídas, y seguiremos siéndolo mientras estemos en
esta vida. Es lo que nos dicen repetidamente las Escrituras. Hacerse cristianos quiere decir que
por el momento, y en aquellos tiempos, había una manera de vencer todos estos males, por lo
que no tenemos necesidad de actuar aparte de esta manera de pensar, pero tampoco quiere decir
que en esta vida vayamos a estar libres de las tentaciones y de las inclinaciones que producen
estas actitudes que contaminan, según la lista arriba mencionada.
 
Esto es algo que es muy importante que todos sepamos. Es lo que hace a los cristianos libres y
que no sean santurrones engreídos, cuando somos conscientes de que lo que nuestro Señor ha
subrayado aquí es cierto y se aplica a cada uno de nosotros. No examine usted esta lista
eliminando todo aquello que no se aplica a usted. Lo que Dios le está diciendo es: "si es usted
culpable de una sola de ellas, entonces es usted capaz de todas ellas." Solamente necesita las
circunstancias apropiadas para demostrarle qué gran verdad es esta. Para citar nuevamente a mi
amigo, el documento que ha escrito continua diciendo:
 
    "Recuerdo a una de las mujeres mas santas que he conocido, que me sorprendió
    diciéndome: "No hay pecado que yo no sea capaz de cometer. Podría ser una
    prostituta. Podría ser una asesina, podría cometer un desfalco." Yo estaba convencido
    de que no podría y pensé que lo que estaba haciendo era dar muestras de una gran
    humildad y, por eso, le felicité. Pero me interrumpió y me dijo: "No estás convencido
    de que hablo en serio, pero me doy cuenta de que si hay una persona que ha cometido
    un solo pecado que me considero incapaz de cometer, entonces no puedo amar a esa
    persona. El mismo pecado que se manifiesta en la vida de esas persona, en su forma,
    también se da en mi y se manifiesta de otras maneras. Hasta que llega el momento en
    que estoy convencida de que también yo soy una santurrona, orgullosa y arrogante."
 
Eso es explicarlo de una manera muy cruda, pero según los términos que el Señor mismo ha
usado no hay, por lo tanto, diferencia alguna en lo que a nosotros se refiere. Solamente el
proceso redentor de Dios nos libera de ello en ningún momento. Todas estas cosas malas
permanecen en el corazón humano y eso es lo que nos contamina a la vista de Dios. Nada de lo
que podamos hacer externamente es mejor o peor, el cambio debe de producirse interiormente.
 
Marcos continua mostrando, en absoluta conjunción con este incidente, otra historia y para
empezar nos da la impresión de que ha cambiado el tema, pero no es así. Comenzando desde el
versículo 24 dice:
 
    "Y levantándose, partió de allí para los territorios de Tiro y Sidon. Y entró en una
    casa y no quería que nadie lo supiese, pero no pudo esconderse. Mas bien, en seguida
    oyó de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, y vino y cayó a sus pies. La
    mujer era griega, de nacionalidad sirofenicia, y le rogaba que echase el demonio
    fuera de su hija. Pero Jesús le dijo: --Deja primero que se sacien los hijos, porque no
    es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos. Ella respondió y le dijo:
    --Si, Señor; también los perritos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos.
    Entonces él dijo: --Por causa de lo que has dicho, vé; el demonio ha salido de tu hija.
    Y cuando ella se fue a su casa, halló a su hija acostada en la cama y que el demonio
    había salido."
 
Siempre se hacen dos preguntas con respecto a este incidente. El primero es: "¿Por qué fue
Jesús a Tiro y a Sidón? Eran ciudades gentiles, ciudades cananeas. La mujer era cananita, nos
dice Mateo. Pero a pesar de ello, Jesús se fue inmediatamente después de haber estado
enseñando acerca de la tradición y se fue a Tiró y Sidón. ¿Por qué? La única respuesta es que,
como hemos visto en toda esta sección de Marcos, les está enseñando a sus discípulos una
lección muy concreta. Esta era la primera lección, ilustrándo en términos de raza lo que
acababa de decir en lo que se refería a los alimentos. Todos los alimentos son limpios, y todas
las personas lo son también, en el sentido de ser aceptadas por Dios. No existe distinción
alguna entre los alimentos, como si alguno nos pudiese contaminar o no hacerlo y tampoco hay
distinción alguna en lo que se refiere a las personas. De modo que les condujo a una ciudad
gentil, de manera que sus escrúpulos judíos se viesen inmediatamente desafiados.
 
La segunda pregunta es: "¿por qué trató a aquella mujer con cierta dureza?" Mateo nos dice que
cuando al principio la mujer le pidió que sanase a su hija, él ni siquiera se dignó contestarle.
Muchos se han preguntado por qué. Creo que la respuesta la encontramos en el relato de Mateo,
donde se nos dice que ella se dirigió al Señor de la siguiente manera: "Señor, Hijo de David,
ten misericordia de mi! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio." "Hijo de David"
es un término judío que se le da al Mesías judío. Ella se acerca a Jesús por el hecho de que es
judío, siendo ella gentil. Por eso es por lo que él le dijo: "Deja primero que se sacien los hijos"
porque formaba parte del programa de Dios que su evangelio fuese primeramente predicado a
los judíos, y a continuación a los gentiles, lo cual no significa que su intención fuese la de
excluir a los gentiles. Pero debía de seguir el orden, comenzando por los judíos y después los
gentiles. Y cuando ella se acercó a Jesús bajo esa base, invocando todo el poder de la tradición
judía, él le dijo, de hecho, a la mujer: "tendrás que esperar hasta que llegue el momento, hasta
que el evangelio sea predicado a los gentiles y entonces podré sanar a tu hija. Al acudir a mi
bajo esta base, has impuesto unos límites y barreras a Dios y hasta que no sean eliminadas, no
podrás acudir a mi."
 
Pero nos encontramos con un cambio que es verdaderamente refrescante. La mujer, preocupada
por su hija, agonizando por su niña, sigue insistiendo y le dice: "Sí, Señor, ya sé que eso es lo
correcto. Es preciso que los hijos se alimentan primero y que luego se alimenten los perritos,
pero hasta los peorritos se alimentan de las migajas que caen de la mesa de los hijos." A
continuación dice lo que nos cuenta Mateo: "Señor, ayúdame." El momento en que la mujer dejó
de lado la tradición y el enfoque hebreo, y dijo sencillamente como una mujer preocupada por
su hija: "Señor, ayúdame" la respuesta de nuestro Señor fue inmediata: "ve, tu hija ha sido
sanada." Valiéndose de este incidente, Marcos quiere que aprendamos que la tradición es una
manera de erigir barreras entre nosotros y Dios, pero la fe los elimina todos y llega al corazón
mismo de Dios. Cuando acudimos a Dios con una fe sencilla, sin hacer uso de ningún ritual o de
palabras prescritas, sencillamente abriendo nuestro espíritu en su necesidad ante un Dios que
suple nuestras necesidades, la respuesta es siempre instantánea e inmediata, y se produce la
curación. Por eso es por lo que adoramos mediante nuestra respuesta interior, por lo que
pensamos mientras cantamos y oramos, mas bien que por la forma externa.
 
¿Está usted adorando a Dios esta mañana? ¿Está su espíritu abierto a él, reconociendo una
relación inmediata con él, que nada tiene que ver con el hecho de que pueda estar usted de pie o
sentado, inclinado, cantando u orando? ¿Ha acudido usted a él como hijo de Dios, admitiendo
su necesidad y respondiendo a su provisión ante esa necesidad con un corazón agradecido, de
modo que todo su ser participe, su espíritu, su mente, su voluntad, sus emociones y su cuerpo,
en el orden apropiado y correcto? Las emociones no deben ocupar el primer lugar ni las
acciones físicas, sino el responder con todo su ser, en espíritu y en verdad. Es entonces cuando
estará usted adorando a Dios y a tales es a los que Dios busca que le alaben.
 
Oración
 
    Padre nuestro, te confesamos la cantidad de veces que hemos actuado ante ti,
    haciendo lo externo, pero con el corazón alejado de ti. También nosotros hemos sido
    culpables, como lo fueron las personas que menciona Isaías y de las que dijo:
    "porque este pueblo se acerca con su boca y me honra solo con sus labios; pero su
    corazón está lejos de mi." Nuestras palabras son las correctas, pero nuestras acciones
    son equivocadas. Y algunas veces hemos sido culpables de disfrazar la filosofía de
    este mundo con palabras de las Escrituras, pero Señor, te damos gracias por tu
    perdón. Gracias porque tú entiendes nuestro estado de ánimo. Tú nos conoces, Señor,
    y tú ya has provisto nuestro perdón y has hecho posible que seamos limpiados. Y
    ahora te adoramos en espíritu y en verdad, al gran Dios de la gloria, que sabe cómo
    enseñar a su pueblo a adorarle. Te damos las gracias en el nombre de Jesús, amen.