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Asunto:[biblia] LA DIFICIL SITUACION DE LOS SUPERPRIVILEGIADOS
Fecha:Domingo, 29 de Abril, 2001  23:33:15 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

LA DIFICIL SITUACION DE LOS SUPERPRIVILEGIADOS
 
por Ray C. Stedman
 
El pasaje de Marcos que vamos a estudiar hoy nos presenta dos relatos conocidos: el de Jesús
bendiciendo a los niños y el relato del joven dirigente rico. Marcos enlaza estos dos relatos,
aunque los predicadores rara vez lo hacen y normalmente los tratan en mensajes aparte, pero es
de gran ayuda cómo se enlazan estos dos incidentes, y cómo harán posible que entendamos, de
labios de Jesús mismo, lo que nos pueden hacer el dinero, las riquezas y nuestro empeño por
conseguir la abundancia. Comenzamos con el relato de la bendición de los niños, que se
encuentra en Marcos 10, empezando con el versículo 13:
 
    "Y le presentaban niños para que los tocase, pero los discípulos los reprendieron. Al
    verlo, Jesús se indignó y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no les impidáis;
    porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo que cualquiera que no
    reciba el reino de Dios como un niño, jamás entrará en él. Entonces tomándolos en
    los brazos, puso sus manos sobre ellos y los bendijo."
 
Este pasaje ha sido llamado adecuadamente la Magna Carta de los niños, el Decreto de los
Derechos de los niños en todas partes del mundo, su derecho a ser queridos y altamente
valorados. A los grandes pintores les encanta pintar esta escena y si tiene usted imaginación
puede ver fácilmente aquella escena, Jesús reuniendo a todos los niños a su alrededor, con un
niño inquieto sobre su regazo, una niñita que está modestamente a su lado, mirándole a los ojos
y otros agrupados a su alrededor, pidiendo a gritos su atención. Es una escena preciosa, una que
se ha convertido en una gran bendición para miles y miles de niños alrededor del mundo, a lo
largo de todos los siglos.
 
Quiero mencionar dos puntos de gran importancia en este relato, porque quiero unirlo con el
que viene a continuación. El primero es el hecho de que Jesús reprende a los adultos en esta
situación, es decir, a los discípulos. Marcos da a entender que los discípulos estaban intentando
proteger a Jesús, impidiendo que los padres le trajeses a sus pequeños, pero cuando Jesús lo
vio, se indignó. De hecho, la expresión que se usa en el griego es mas fuerte y dice que se puso
furioso y reprendió seriamente a aquellos discípulos. Les dijo: "no hagáis eso, deteneos. Dejad
que los niños vengan a mi, porque a ellos les pertenece el reino de Dios." No hay duda de que
la intención de los discípulos fue buena, como lo es con frecuencia la intención de los adultos
en relación con los niños, a pesar de que hicieron algo equivocado. No comprendieron el punto
relacionado con la vida de los niños y eso era lo que estaba corrigiendo Jesús. Aquellos
discípulos creyeron que Jesús necesitaba protección de unos adultos torpes. De modo que le
dice a los adultos: "dejad que impedirles que se acerquen, dejad que vengan a mi. Quitaos de su
camino y dejad que vengan."
 
Esto es altamente significativo, porque indica que los niños han sido creados para Dios. Es lo
que está diciendo Jesús, que los niños y él están hechos los unos para el otro. No se puede leer
esto sin darnos cuenta de lo atractivo que debía resultar Jesús para los niños. Ellos en seguida
le querían y deseaban estar con él. Esto nos indica muy claramente que es fácil ir a Jesús
cuando se es niño. El es quien ellos necesitan, por encima de las demás personas. Los niños
necesitan a Jesús mas que ninguna otra cosa y es lo que él está diciendo. Lo que debiera
preocupar a los adultos, en lo que a los niños se refiere, es quitarse de en medio y dejarles que
acudan a Jesús y no poner impedimentos en el camino, ni obstáculos por su propio egoísmo,
sino dejarles ir a Jesús.
 
El segundo punto significativo en este pasaje son las cualidades infantiles que Jesús dice que
son absolutamente necesarias para poder entrar en el reino de Dios: "cualquiera que no reciba
el reino de Dios como un niño, jamás entrará en él." No cuenta de modo elaborado en qué
consisten esas cualidades y deja que seamos nosotros los que las descubramos al fijarnos en los
niños, porque son algo que todo niño representa. Por muy diferente que sea el lugar de donde
procedan o por diferente que sea su raza o su cultura, todos los niños tienen estas cualidades.
Los comentadores se las han visto y se las han deseado para adivinar cuáles eran, pero Jesús
nos lo deja a nosotros el intentar descubrirlas.
 
Yo soy un abuelo que siempre lleva tarjetas encima y últimamente he estado haciendo una
extensa investigación del tema, observando a mis nietecitos en un esfuerzo por descubrir a qué
cualidades se refería Jesús. ¡Quiero presentarle las averiguaciones que he podido realizar
mediante esta investigación exhaustiva y agotadora! La primera y más evidente de la cualidades
de los niños es que son sencillos, pero no en un sentido despreciativo. Lo que quiero decir con
esto es que los niños básicamente no tienen complicaciones y son elementales. Van derechos al
grano y por eso es por lo que pueden hacer preguntas tan sinceras. Si cogemos a un niño en los
brazos, es fácil que le mire a los ojos y le diga: "¿Por qué tienes esa nariz tan grande?" Todos
nuestros amigos adultos se las han arreglado para eludir el tema durante años, pero el niño lo
dice de golpe y porrazo, sin ningún problema, yendo derecho al grano. No se andan por las
ramas ni hay pretensión alguna en ellos, sino que son francos.
 
Esto es algo que se aplica a todos los aspectos de su vida. Cuando sus necesidades físicas son
imperiosas, lo que quieren es que se las solucionen de inmediato. Quieren comer cuando tienen
hambre, quieren dormir cuando tienen sueño y lo harán sin importarles quién pueda estar en la
casa ni lo que esté sucediendo. Si quieren hacer sus necesidades, las hacen. En el ámbito del
alma, cuando necesitan cariño, vienen a ti y busca tu afecto, dando a conocer sus necesidades.
Tienen una mente curiosa y saben expresar muy bien su sentido de fascinación. Un día vi a una
madre que iba arrastrando a su hija por la calle. La niña había visto un pedazo de mica que
brillaba sobre una piedra y se detuvo a cogerla. "¡Mamá, mira! ¡Hay estrellas en la piedra!" La
madre la agarró por el brazo y le dijo: "Venga, vamos, no tenemos tiempo para eso." Ese es el
sentido de la fascinación y de lo misterioso en los niños y eso es lo que quiso decir Jesús. Un
espíritu infantil es aquel que capta esta franqueza elemental.
 
Y resulta maravillosamente fácil enseñar a los niños. Todos los niños quieren aprender y están
dispuestos a dejarse guiar. Los niños reconocen su necesidad básica de ayuda e instrucción y
están completamente abiertos, son dúctiles y fáciles de moldear. Esto es característico de los
niños y es lo que quiso decir Jesús. En tercer lugar, todos los niños son obedientes por
naturaleza. Puede que algunos de vosotros padres digáis que a todo hay una excepción y lo sé,
pero eso es debido a que les habéis enseñado lo contrario porque los niños se muestran
sensibles por naturaleza y responden a lo que les enseñamos. Son confiados y lo ponen de
inmediato en práctica. No demoran, no esperan, no dicen: "tengo que pensármelo un rato" como
lo hacen los adultos. Si les decimos algo o ven algo o han aprendido algo, lo han sin la menor
demora.
 
Estas son las características a las que se refería Jesús. El nos dice que son esenciales para
entrar en el reino de Dios. Cuando nos preocupan nuestras necesidades básicas y escuchamos lo
que enseña Jesús y entendemos lo que dice acerca de nosotros y acerca de él, si respondemos
de inmediato y de todo corazón, la puerta del reino de Dios está abierta de par en par para
nosotros, no solo para entrar por ella inicialmente, sino para crecer y desarrollarnos y para que
podamos ser cabales, estar fuertes y sanos. Esto es lo que subraya Jesús mediante esta imagen
preciosa de las cualidades semejantes a las de los niños. Pero continuemos con la historia,
como lo hace Marcos, para examinar el incidente que tiene lugar inmediatamente después:
 
    "Cuando salía para continuar su camino, un hombre vino corriendo, se puso de rodillas
    delante de él y le preguntó: --Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna? Pero
    Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas "bueno"? Ninguno es bueno, sino solo uno, Dios."
 
Este es el incidente al que normalmente nos referimos como "la historia del joven gobernante
rico" porque Lucas y Mateo nos dicen que este joven era muy rico, que era un gobernante, un
aristócrata. ¡Qué escena mas asombrosa! Este joven aristócrata, brillante, atractivo, que viene y
se arrodilla a los pies de aquel maestro campesino de Galilea. Fijémonos en la pregunta con la
que se presenta: "Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna?" Es evidente,
basándonos en sus palabras, que el joven acababa de escuchar a Jesús y que estaba presente
cuando Jesús respondió a las preguntas que le hicieron los fariseos acerca del divorcio y que
vería a Jesús bendecir a los niños y reprender a los discípulos, diciéndoles que era preciso que
se volviesen como niños para poder entrar en el reino de los cielos. Algo despertó en el
corazón de este joven al escuchar y cuando Jesús se dispone a marcharse viene a él corriendo.
Arrodillándose ante él, le dice de hecho: "está bien ¿cómo? ¿Cómo se puede entrar en el reino?
¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" No es posible leer esto sin darse cuenta de
que este joven, quienquiera que pudiera ser, poseía por lo menos la primera de aquellas
cualidades que Jesús había dicho que era preciso tener para entrar en el reino. Fue directamente
al grano y se expresó con sinceridad, fue de inmediato y no se anduvo con rodeos. Su sentido de
la necesidad se había despertado y no esperó, sino que preguntó de inmediato: "Señor, ¿qué es
lo que debo hacer?"
 
Fijémonos en la respuesta de Jesús: "¿Por qué me llamas "bueno"? Nadie es bueno, solamente
Dios." Muchos se han sentido intrigados por el motivo por el que Jesús le hablo de ese modo a
aquel joven. Algunos de los comentadores más liberales han dicho que esa es una de las claras
ocasiones en las que Jesús negó ser Dios. Su argumento es el siguiente: Jesús dice: "¿por qué
me llamas bueno? Nadie es bueno, solo Dios." Al preguntar ¿por qué me llamas bueno? está, de
hecho, negando que él es bueno. "No me llames bueno, yo no lo soy, solo Dios es bueno y yo no
soy Dios." Este es un enfoque que se puede adoptar con respecto a estas palabras.
 
Pero es igualmente válido como afirmación de la deidad de parte de Jesús. Lo que realmente le
está diciendo al joven es: "Escucha, ¿por qué me llamas bueno? ¿Qué quieres decir con bueno?
Si entiendes lo que quiere decir bueno, entenderás que solo Dios es bueno. Por lo tanto, si me
llamas bueno, debes entender que me estás llamando Dios." Esto resulta una interpretación
igualmente válida y encaja sin duda con el resto de las declaraciones de las Escrituras con
respecto a Jesús y lo que afirmaba acerca de sí mismo.
 
De modo que es aparente que está interrogando al joven, intentando ver si está dispuesto a
investigar y a aprender, en otras palabras, si es una persona que se deja enseñar o no. Ya ha
demostrado la cualidad de la franqueza elemental y sin complicaciones. Vino de inmediato con
la pregunta que tenía en su corazón, vino corriendo y se arrodilló delante de él, con el corazón
abierto y buscando. Jesús le dice entonces: ¿Estas dispuesto a que te enseñe? ¿Estás dispuesto a
investigar y a meditar en las cosas?" Y entonces le pone a prueba con respecto a la cualidad
final: "¿eres obediente?" El versículo 19 dice:
 
    "Tú conoces los mandamientos: no cometerás homicidio, no cometerás adulterio, no robes,
    no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre."
 
    "¿Qué te ha dicho Dios? ¿Has obedecido? ¿Eres obediente?" La respuesta de aquel joven
    es preciosa y la da sin dudar ni por un momento:
 
    "Maestro, todo esto he guardado desde mi juventud."
 
Hemos de darnos cuenta de que Jesús no le dice: "bueno, me debes de estar ocultando algo. No
lo creo." No implica para nada que el joven le estuviese mintiendo ni que se estuviese
engañando a sí mismo, en modo alguno. Parece aceptarla, estar satisfecho con la respuesta del
joven. No es de sorprender que Marcos continúe diciendo: "he aquí un joven de corazón
abierto, maravilloso, moral, excelente. Observándole Jesús y oyendo sus respuestas, le amó
porque tenía las cualidades que hacen posible entrar en el reino, pero tenía algo más que
decirle, en los versículos 21 y 22:
 
    "Entonces al mirarlo Jesús, le amó y le dijo: --Una cosa te falta: anda, vende todo lo que
    tienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven, sígueme. Pero él, abatido,
    por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones."
 
    Jesús está diciéndole: "tienes las cualidades necesarias para entrar en el reino, eres
    sencillo y sincero, eres una persona que se deja enseñar y eres obediente. Es decir, lo has
    sido. Veamos ahora cuánto has retenido de esas cualidades. ¿Hasta qué punto eres
    obediente ahora? ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar en cuanto a aplicar lo que sabes
    que es verdad? Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y
    tendrás tesoro en el cielo y ven y sígueme."
 
Hay un cierto humor irónico en la reacción del joven: abatido, por esta palabra, se fue triste,
porque tenía muchas posesiones." ¿Se marcharía usted sintiéndose triste por tener muchas
posesiones? ¿Si acabase usted de ganar 50.000 dólares en un programa de televisión se
marcharía apesadumbrado? No, se sentiría usted muy contento. Pero aquel joven se marchó
triste porque tenía muchas posesiones. ¿Por qué? La respuesta es que se daba cuenta de que no
podía servir a dos señores. Jesús había llegado, de esa manera tan maravillosa que tiene él de
hacer las cosas, al fondo mismo del corazón de aquel joven, llegando hasta lo más profundo de
su espíritu y le había demostrado que el joven era propiedad de otro dios. Aquel joven, que
tenía todo lo que el dinero, el poder y la juventud podían darle, había querido, sin embargo,
algo más importante. Lo vio, vislumbró un destello y lo quiso, quiso la vida eterna no el
sencillo hecho de vivir para siempre, sino una calidad de vida que sabía que le faltaba, un
vacío en su espíritu que no podía llenar, pero sabía que aquello podía llenarlo y lo deseaba.
Pero se entristeció porque también supo, al escuchar las palabras de Jesús, que tenía que
renunciar a lo otro para tener esto porque no podía tener las dos cosas. Por eso es por lo que se
marchó triste, porque tenía muchas posesiones.
 
Como sabe usted, no creo que ese sea el final de la historia. Esto lo dije en el mensaje inicial
en estos estudios de Marcos. Estoy convencido, por varias indicaciones de las Escrituras, de
que el joven era el propio Marcos. Solo Marcos nos dice que cuando Jesús vio a aquel joven le
amó. ¿Cómo podía Marcos saber eso a menos que Jesús se lo hubiese dicho? Y Marcos era
realmente un hombre muy rico, un aristócrata, miembro de la clase gobernante de Israel. Encaja
perfectamente en esta imagen y solo Marcos nos cuenta el caso del joven que huye de la escena
del arresto de Jesús, dejando sus ropas tras de sí, en manos de los soldados y sale corriendo
desnudo perdiéndose en la noche. Si fue realmente Marcos, debió de llegar un momento en el
que aquel joven, sopesando lo que había dicho Jesús, comprendió que estaba poniendo en la
balanza sus comodidades terrenales y la riqueza que poseía comparándolas con la vida eterna,
la importancia y el valor de su alma tanto en el presente como en la eternidad y entendió que
estaba renunciando a satisfacer todas las cosas profundas de su condición de hombre a cambio
de aquellas riquezas mezquinas y decidió dejarlo todo y obedecer a Jesús. Lo regaló todo y no
se quedó mas que con una túnica, vino y siguió a Jesús. Y por eso es por lo que escribe este
Evangelio. Esta es una especulación mía, no es lo que enseña la Escritura. Es mi propio punto
de vista y puede que usted no esté de acuerdo con él y no hay problema.
 
Pero nuestro Señor recoge este incidente y nos enseña algunas cosas acerca de la afluencia en
el relato que sigue:
 
    "Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: --¡Cuán difícilmente entrarán en
    el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron por sus palabras;
    pero Jesús, respondiendo de nuevo, les dijo: --Hijitos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de
    Dios. Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el
    reino de Dios. Pero ellos quedaron aún más atónitos diciendo entre sí: ¿Y quién podrá ser
    salvo? Entonces Jesús, mirándolos, les dijo: --Para los hombres es imposible; pero no
    para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles."
 
Esa declaración que hace Jesús es realmente asombrosa. En ella destaca dos cosas. El primero
es el terrible peligro de las riquezas, de la abundancia, de intentar volverse rico y de
enamorarse de las cosas que puede adquirir el dinero. Eso, nos dice, hace cosas espantosas al
alma. La mayoría de nosotros, si no abiertamente al menos en secreto, sentimos envidia de los
ricos. Desearíamos tener dinero, nos decimos a nosotros mismos. Pero, con todo y con eso, si
pudiésemos entender lo que está diciendo Jesús, no nos sentiríamos de esa manera, sino que
sentiríamos lástima de ellos. Creemos que son unos superprivilegiados, pero Jesús dice que son
unos desamparados. Son personas que se ven privadas y son muchas las cosas que se pierden
por causa de las que ya tienen. De modo que Jesús nos habla de el terrible peligro de la
riqueza. Nos dice que "es imposible al rico entrar en el reino de Dios."
 
No escatimemos palabras. Jesús lo dice de un modo muy contundente y claro, haciendo uso de
una metáfora muy gráfica. Dice: "Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que
a un rico entrar en el reino de Dios. Sé que algunos comentaristas intentan suavizar esto
explicando que "el ojo de la aguja" se refería a una pequeña verja, de unos dos metros de
altura, que se encontraba en la muralla de Jerusalén y que si se retorcía y ondulaba el camello
podía arreglárselas para pasar por ella y eso es lo que está diciendo Jesús aquí. No encuentro
demasiada evidencia en este pasaje que apoye esta idea. Pero intente usted imaginarse a un
enorme camello, con sus jorobas, intentando apretujarse para poder pasar por el ojo de una
aguja y verá la imagen que vieron los discípulos de Jesús. Ellos le interpretaron correctamente.
Jesús les está diciendo: "Es imposible" y eso era lo que también ellos pensaban. Dijeron:
"Entonces ¿quién podrá salvarse? ¿Qué rico conseguirá jamás ser salvo si eso es lo que le
hacen las riquezas a las personas?" Y Jesús lo admitió: "Es imposible para el hombre."
 
¿Por qué es imposible? ¿Qué es lo que hace el dinero, la riqueza y la abundancia como para
hacerlo imposible? Es evidente, basándose en el contexto, que las riquezas, el dinero y la
abundancia tienden a destruir las cualidades que es preciso tener a fin de poder entrar en el
reino de Dios. Destruyen esa inocencia infantil de la vida y nos damos cuenta de por qué. La
riqueza crea una preocupación por los valores secundarios. A los ricos no les preocupa de
dónde saldrá su próxima comida, les preocupa el gusto que tendrá y cómo será el ambiente en
que la coman. A los ricos no les preocupa si tendrán un tejado sobre sus cabezas ni ropa que
ponerse, lo que les preocupa es la moda, el estilo, la decoración y si van o no a la moda. No les
preocupa si están adorando a Dios como debieran o no, sino que les preocupa estar en un
edificio grandioso, que les complazca desde el punto de vista estético. Las riquezas hacen que
la preocupación pase de lo elemental y de las cosas necesarias a las cosas secundarias. Esto
destruye la sencillez de la vida. Es por lo que se ha producido una revolución entre la juventud
de este país, que se han levantado para denunciar el materialismo y su énfasis sobre otros que
no son los valores básicos. Los jóvenes han clamado a gran voz: "¡Abajo la institución! ¡Ya no
la queremos! Queremos volver a la vida sencilla, a las cosas naturales" porque la riqueza
destruye la sencillez.
 
Además, la riqueza destruye la capacidad de aprender. ¿Se ha dado usted cuenta de que algunas
personas muy ricas parecen ejercitar un poder que no tienen realmente en sí mismas? Si se les
quitasen sus riquezas parecerían simplones, casi retrógrados, pero debido al poder, al dinero y
al hecho de que pueden hacer que las personas hagan todo lo que ellas quieran, con frecuencia
se dejan engañar y creen que son sabias e inteligentes cuando la verdad es que no lo son. No
pretendo despreciar a todos los ricos, pero la riqueza destruye un espíritu moldeable, que se
deja enseñar, porque crea una falsa sensación de poder y de autoridad. El hombre que tiene
poder gracias a su riqueza comienza a sentir que debería ser él el maestro. No tiene necesidad
de aprender ¡porque ya se lo sabe todo! Esto hace que sea arrogante, indiferente e insensible a
las necesidades de otros por causa del aislamiento y por falta de interés. Esto es con frecuencia
característico de los ricos. Posiblemente no tengan intención de ser de esa manera, pero eso es
lo que hace el dinero. Es algo que está podrido y seco, que corroe la sencillez de la vida y la
sensibilidad del corazón, alejando a las personas de las realidades de la vida.
 
Finalmente, la riqueza esclaviza gradualmente a aquellos que se aferran a ella. Crea una cada
vez mayor dependencia de la comodidad, de la "buena vida" hasta que llega un momento en que
las personas no pueden renunciar a ella. Sus posesiones se han apoderado de esas personas.
Como una droga que crea hábito, se vuelven adictos a las cosas, adictos al confort y a la vida
fácil. Por lo tanto, destruye su espíritu de sensibilidad, que está dispuesto a seguir la verdad
siempre que es revelada. Eso era lo que le estaba pasando a aquel joven rico. Estaba casi
perdido, porque estaba cautivado de tal manera, ya en su juventud, por el terrible poder de las
riquezas acerca de las cuales habló Jesús, llamándolo "el engaño de las riquezas" que crean una
ilusión que no es real, haciendo que las personas se crean ser lo que no son, de tal manera que
cuando se enfrentan con la verdad están atadas y no se pueden liberar y son esclavas impotentes
de todas sus propiedades.
 
Por eso es por lo que Jesús dijo que para el hombre era imposible. Esta es la nota de la gracia y
este es el segundo hecho que destaca. Para los hombres es imposible, pero no para Dios. El
puede romper esa esclavitud a las riquezas y en ocasiones lo hace. Uno de los pastores que nos
está visitando esta semana me estaba contando acerca de su congregación. Me dijo: "En mi
congregación tenemos una cuantas personas ricas y me preocupan porque" según sus palabras
"se ocupan superficialmente del Cristianismo" y con frecuencia esto es cierto. He oído de
muchos cristianos que son ricos y me encuentro con que pocos son los que realmente se
entregan de lleno y obedecen a la Palabra de Dios. Muchos de ellos siguen solo hasta cierto
punto. Gracias a Dios que hay unos pocos que obedecen y Dios les ha tocado. No sé cómo lo
hace, pero sólo Dios puede hacerlo. Puede llegar hasta ellos y en ocasiones lo hace. A veces
les hace sentir un profundo desagrado por las cosas y hace que sean conscientes del vacío y el
hambre que hay en su interior, de tal modo que pierden todo interés por los asuntos
relacionados con los negocios, la riqueza y el dinero y, se dan cuenta de la burla que es el vacío
producido por el dinero, y entonces comienzan a investigar las realidades de la vida. En
ocasiones hay personas que han tenido que sufrir catástrofes, estar a punto de perder a su
familia, o ponerse enfermos, o les sucede algún otro desastre antes de que empiecen a ver las
cosas en su debida perspectiva y de que vengan a Cristo de ese modo. Yo podría contarle a
usted una historia tras otra acerca de cómo Dios ha tenido que obrar para abrirles los ojos a
hombres y mujeres ricas para que volviesen a la verdad, y para enseñarles el único camino que
él ha provisto.
 
¿Y no es interesante que si un rico viene a Cristo, debe de hacerlo de la misma manera que lo
hace el pobre mendigo o el chico en la cárcel! Tiene que reconocer su absoluta y vital
necesidad, venir como un pecador culpable, desgraciado y miserable y recibir el don de la vida
de manos de Jesús desde la cruz. No hay ninguna otra manera de venir, ¡ningún otro camino!
También los ricos tienen que venir de ese modo. No se ha provisto una manera especial para
ellos, a excepción de la que Dios ha establecido para todos.
 
En contraste con esto, nuestro Señor explica lo que les sucede a aquellos que le sirven:
 
    "Pedro comenzó a decirle: --He aquí nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido.
    Jesús le dijo: --De cierto os digo que no hay nadie que haya dejado casa o hermanos, o
    hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos por causa de mí y el evangelio, que no
    reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y
    campos, con persecuciones y, en la edad venidera, la vida eterna. Pero muchos primeros
    serán los últimos y los últimos serán los primeros."
 
La clave de este pasaje es la última frase. "Muchos primeros serán los últimos y los últimos
serán los primeros." ¿Qué es lo que está enseñando Jesús por medio de estas palabras? ¿Nos
está diciendo que si tenemos dinero y riqueza, primero tenemos que deshacernos de ello, como
lo hizo en este caso el joven gobernante rico?
 
¿Tenemos, de hecho, que deshacernos de nuestra fortuna y pronunciar un voto de pobreza para
poder servir a Cristo? El pasaje ha sido interpretado de esa manera. Durante cientos de años en
la iglesia cristiana, casi desde finales del primer siglo, hombres y mujeres lo han entendido de
ese modo. Pronunciaron un voto de pobreza, entregaron todo cuanto tenían y se convirtieron en
frailes, en monjas y en ermitaños. Algunos entregaron absolutamente todo y fueron por ahí como
mendigos, pero ¿significa eso que fueron verdaderamente obedientes y que cumplieron lo dicho
en este pasaje?
 
"No", Jesús está diciendo que "muchos de los que son los primeros, en aparentemente renunciar
a las cosas, al final serán los últimos." Jesús no se está refiriendo a las cosas externas. Hay
testimonios mas que de sobra de la historia de la iglesia a este efecto, que no puede ser eso a lo
que Jesús se está refiriendo, porque con frecuencia esta práctica no ha producido ni siquiera la
semejanza de la espiritualidad. Está hablando, mas bien, acerca de las actitudes que tenemos en
relación con las cosas. Esa es la clave, una actitud en la que se da por sentado que estas cosas
no se nos han dado para nuestro beneficio exclusivo, no para que podamos tener un coche más
grande o una casa mejor o un lugar en el campo o una barca de lujo, o lo que sea. No es ese el
motivo por el que se nos da el dinero. El dinero nos ha sido dado con el propósito de que lo
invirtamos, de que lo empleemos para el progreso de la obra de Aquel que nos lo dio. Nosotros
somos mayordomos de los negocios de Dios, mayordomos de las cosas que nos han sido
confiadas. Y algún día todos nosotros tendremos que rendir cuentas de la manera en que lo
hemos usamos todo. Ahora bien, usar cierta cantidad para disfrutarlo y para nuestro placer, está
bien. Pero no es ese el único propósito, también es para el progreso de Su obra.
 
¡Si adoptamos la actitud de que las cosas que Dios nos ha dado le pertenecen a él y no a
nosotros, entonces si nos las quita no debemos sentirnos molestos, porque no eran nuestras para
empezar! Y si él nos las quiere quitar y usarlas en otra parte, eso es asunto suyo. Esa es la
actitud acerca de la cual está hablando Jesús.
 
Y él nos dice que si realmente es esa la actitud que tenemos respecto a nuestras posesiones,
descubriremos que no podemos renunciar nunca a nada, sin que Dios nos las restaure
abundantemente, en los mismos términos que renunciemos a ellas, en un cien por ciento.
 
Ahora bien, esto es mas que un cien por ciento, como cualquier matemático podría decírnoslo.
El cien por ciento querría decir que nos devolvería exactamente la cantidad que nosotros le
entregamos. Pero no es eso lo que dice Jesús, sino que dice cien veces mas a cambio. Eso
quiere decir que por cada cosa a la que nosotros renunciemos, nos dará cien veces más a
cambio. No sé de qué modo se puede expresar esto en términos de porcentajes. A mi no se me
dan tan bien las matemáticas, pero ¿de qué modo se cumple esto?
 
Si está usted dispuesto a tomarse las cosas con moderación, se encontrará con que las personas
le abren las puertas, que otros hermanos le darán cosas que puede usted usar y no tendrá usted
que pagar impuestos o alquiler ni nada. Tendrá usted hogares y familias y barcas y viajes de
placer que le ofrecerán por amor a Dios mismo, por medio de la amistad y las relaciones con
otros cristianos. Yo me he encontrado con que esto es cierto.
 
Claro que también Jesús nos promete persecuciones y las coloca justo en el centro del pasaje
como si fuese una de las ventajas. Y lo es, porque el Señor dice que tendremos la clase de
enemigos que debemos tener también. Durante el escándalo del Watergate, había personas que
consideraban un cumplido estar en la "listas de los enemigos" de Nixon. Lo consideraban como
algo que favorecía su reputación y les complacía que las personas de la administración se
opusieran a ellas. Es decir, lo que está diciendo Jesús es que nuestros enemigos serán los que
deben ser y se convertirán en algo que favorecerá nuestra reputación. Nos alegraremos de tener
esa clase de enemigos, y de que nos persigan, porque será para nuestro propio beneficio.
 
Cuando entendemos esto, qué gran diferencia hace en nuestra vida, el ver las cosas con
moderación por amor a su nombre y comprender que Dios nos ha hecho responsables de cosas
no para que nos complazcamos a nosotros mismos, sino para que podamos hacer que progrese
la causa que El nos ha encomendado. Uno de estos días, nos dice, todas las fachadas, las
apariencias y las excusas quedarán al descubierto. Y muchos que están los últimos, que
aparentemente no han renunciado a mucho, pero por haber tenido la actitud correcta con
respecto a las posesiones, serán los primeros. Y a muchos que aparentemente han renunciado a
muchas cosas, y que se han ganado una reputación como personas que han hecho sacrificios por
la causa de Cristo, se les dirá que ocupen el último asiento, porque lo cierto es que no han
renunciado a mucho.
 
Quiero acabar este mensaje sencillamente leyendo las palabras de Pablo en 1ª de Timoteo 6,
que son realmente una exposición de las palabras de nuestro Señor en Marcos:
 
    "A los ricos de la edad presente manda que no sean altivos, ni pongan su esperanza en la
    incertidumbre de las riquezas, sino en Dios quien nos provee todas las cosas en
    abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, que
    sean generosos y dispuestos a compartir, atesorando para sí buen fundamento para el
    porvenir, para que echen mano de la vida verdadera." El hombre que aprende a usar el
    dinero para ese propósito ha aprendido cómo ser pobre en espíritu, para que pueda ser
    rico en su mayordomía.
 
Oración
 
    Padre te damos gracias por esas palabras escrutadoras, de labios de Jesús. Vemos una vez
    mas que nos entiende completamente, lo bien que nos conoce. Pedimos que seamos
    sensibles a este mundo, Señor, que como niños pequeños obedezcamos a la verdad, que no
    hagamos un mal uso de ella ni demoremos nuestra respuesta a ella, que no busquemos
    excusas ni nos justifiquemos nuestras actitudes equivocadas, sino que las corrijamos
    rápidamente y, como ese magnífico joven, que acudamos corriendo y nos arrodillemos a
    los pies de Jesús, dispuestos a renunciar a todas nuestras posesiones y volvamos a
    dejarlas en las manos de Aquel a quien le pertenecen y que le sigamos. Lo pedimos en su
    nombre, amen.