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Asunto:[biblia] ¿CON QUE AUTORIDAD?
Fecha:Viernes, 4 de Mayo, 2001  00:29:28 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

¿CON QUE AUTORIDAD?
 
por Ray C. Stedman
 
En nuestro relato acerca del viaje que hizo el Señor a Jerusalén, durante la última decisiva y
fatal semana de su vida, nos encontramos al Señor enfrentándose con las diferentes autoridades
de la región, tratando el tema más importante de todos los tiempos, la cuestión básica en la vida
de todas las personas: ¿cuál es la autoridad decisiva en la vida? ¿Debemos obedecer al estado
o a nuestra conciencia? ¿Quién es más importante la iglesia o el gobierno secular? ¿Debo
guiarme por la razón o por la fe? ¿Debo seguir la ciencia o la religión? Estas son preguntas con
las que todos nos tenemos que enfrentar y lo que nos sirve de enorme ayuda son las palabras del
Señor en este relato.
 
La semana pasada, al estudiar juntos este tema, nos encontramos al Señor en medio de la
segunda limpieza que hace del templo. Tiró las mesas de los cambistas y sacó de allí a los que
negociaban en el interior. A continuación hizo algo muy llamativo, de lo que solo Marcos deja
constancia: puso fin a las ofrendas y a los sacrificios del sistema mosaico. Marcos dice: "no
consentía que nadie cruzase por el templo llevando utensilio alguno. Eso significa que puso fin
al tráfico de los sacerdotes, que realizaban sus obligaciones normales relacionadas con los
sacrificios, y no les permitió que continuasen haciéndolo.
 
Lo que hizo Jesús fue muy atrevido y peligroso y todo el mundo se quedó pasmado y aturdido
por lo que hizo. Aquellos sacrificios pertenecían al sistema levítico que Dios había mandado
establecer a Moisés. Eran el centro y lo más importante de la nación. Pero a pesar de ello,
Jesús se atreve, bajo su propia autoridad, a poner fin a los sacrificios sacerdotales. Eso podría
ser equivalente a que Billy Graham se dirigiese al púlpito de la Primera Iglesia Bautista de
Dallas, Tejas y destrozase la Versión del Rey Jaime de la Biblia. ¡Qué blasfemia! Todo el
mundo se quedaría átonito por semejante acción.
 
Marcos nos cuenta acerca de esta acción en el capítulo 11, versículo 27:
 
    "Volvieron a Jerusalén. Luego, mientras él andaba por el templo, vinieron a él los
    principales sacerdotes, los escribas y los ancianos y le dijeron: --¿Con qué autoridad
    haces estas cosas?"
 
Podemos imaginarnos el tono brusco y firme de sus voces. La cosa estaba que ardía, no había
duda. Se acabaron los rodeos y las excusas, había llegado el momento de la verdad. Ellos lo
sabían y también Jesús. Así que se acercan a él para hacerle la pregunta decisiva: "¿con qué
autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dijo que pudieses hacer una cosa así? Esa es la pregunta
detrás de todo el comportamiento humano. Si vamos al quid de la cuestión y nos limitamos a lo
esencial, lo que nos queda es el tema absoluto de la autoridad en la vida. ¿Por qué se comporta
usted como lo hace? ¿De qué manera justifica usted lo que dice y lo que hace? No hay ningún
hombre que sea la autoridad decisiva. Todos nos referimos a algo fuera de nosotros mismos,
algo que nos fuerza o algo que consideramos que es importante, que gobierna nuestras
decisiones. Por lo tanto, cuando tratamos el tema de la autoridad, estamos tratando lo que es
absolutamente básico y fundamental para todo el comportamiento humano.
 
Los que vinieron a Jesús no eran personas de segunda clase, pertenecían a una imponente
delegación compuesta por Caifas, el sumo sacerdote, y Annas, su suegro, que estaba
considerado prácticamente como sumo sacerdote y los escribas, una corporación de hombres
que interpretaban la ley de Moisés, y los ancianos, aquellos que habían sido oficialmente
nombrados para servir en el Sanhedrin, el cuerpo gobernante de la nación. Este era un consejo
imponente y venerable, eran los principales judíos del estado, bajo el gobierno romano, que
acudieron a Jesús con esta pregunta.
 
La respuesta que les dio Jesús es uno de los relatos más asombrosos de las Escrituras. Lo que
hace el Señor, en un momento que se ve presionado, es sumamente revelador. Lo primero que
hace, con calma y sin perder el control para nada, es examinar las credenciales de estos
hombres. Y luego predice su caída. En el versículo 29 del capítulo 11, le vemos examinando
las credenciales:
 
    "Entonces Jesús les dijo: --Yo os haré una pregunta. Respondedme y os diré con qué
    autoridad hago estas cosas: el bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres?
    Respondedme."
 
Fíjese bien en lo directo de su enfoque, colocándoles en una situación difícil.
 
    "Entonces ellos razonaban entre sí diciendo: --Si decimos "del cielo dirá: ¿Por qué,
    pues, no le creísteis? Pero si decimos "de los hombres... Temían al pueblo, porque
    todos consideraban que verdaderamente Juan era profeta. Entonces respondiendo a
    Jesús dijeron: --No sabemos. Y Jesús les dijo: --Tampoco yo os digo con qué
    autoridad hago estas cosas."
 
¡Me encanta su respuesta! Pero fíjese que el Señor se aprovecha y les somete a una prueba
extraordinaria. Les pregunta acerca del bautismo de Juan, no acerca de su ministerio, ni sobre el
propio Juan, les pregunta "el bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Lo que pasaba
era que el bautismo de Juan era algo diferente, algo nuevo y sorprendente que no había sucedido
nunca con anterioridad. Los sumos sacerdotes, como es lógico, habían hecho muchas
abluciones, relacionadas con sus obligaciones bajo el sistema levítico, pero eso era algo que
hacían siempre en el templo, según el ritual prescrito, pero lo de Juan era algo diferente. Juan
no era un sumo sacerdote, pero a pesar de ello bautizaba y lo hacía en los ríos y en los arroyos,
dondequiera que podía encontrar suficiente agua. Precisamente por ser algo nuevo, el bautismo
de Juan suscitaría de inmediato la pregunta: "¿con qué autoridad nos dais un ritual nuevo en
Israel? De modo que Jesús saca a relucir ese tema y les dice a estos hombres "¿Qué os parece
esta innovación de Juan? ¿era de Dios o de los hombres? Fíjese una vez mas, de qué manera
simplifica el tema, eludiendo todo lo que no fuese esencial. Toda autoridad procedía o bien de
Dios o de los hombres, no existe ninguna otra autoridad. Estamos o bien intentando complacer a
Dios y obedeciéndole, reaccionando ante la verdad que nos revela y respondiendo a su poder o
estamos intentando complacer a los hombres, para manipularles, usarles o para conseguir
alguna ganancia de ellos.
 
Está claro, basándome en la respuesta de ellos, que sabían que se encontraban en un dilema. En
el juego de ajedrez a esto se le llama "una horquilla porque, se haga lo que se haga, siempre se
pierde una pieza. Estos hombres sabían que dijesen lo que dijesen, estaban atrapados. Si
respondían "era de Dios el Señor les había pillado y les podría decir, "¿entonces por qué le
aceptasteis? y si le contestaban "de los hombres, sabían que la multitud que estaba alrededor de
ellos estaría muy disgustada, por lo que tampoco se atrevían a decir eso. De modo que
escurrieron el bulto, y dijeron: "no lo sabemos. Y Jesús les dijo: "bueno, pues yo tampoco os lo
digo. Pero no les dejó ahí, sino que puso al descubierto la completa falta de honestidad de
aquellos hombres. Habían dejado claro mediante sus respuestas que no les importaba si el
bautismo de Juan procedía de Dios o no. No estaban interesados en la verdad ni tampoco
estaban dispuestos a contestar a esa verdad, lo único que les importaba era servir a sus propios
intereses, por lo que se mostraron opuestos a la autoridad de Dios, actuando solo conforme a
las intrigas y astucias de los hombres.
 
En esos momentos, el Señor deja perfectamente visible para todos los presentes ese hecho
contándoles una historia. Ataca y anuncia su próxima caída:
 
    "Entonces comenzó a hablarles en parábolas: --Un hombre plantó una viña. La rodeó
    con una cerca, cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue
    lejos."
 
No hay duda de que los escribas, los fariseos y los sumos sacerdotes reconocerían esa historia
de inmediato. Jesús está tomando prestadas casi las mismas palabras del capítulo 5 de Isaías,
en donde se describe a la nación como una viña que ha sido sacada de Egipto y plantada en una
tierra escogida. Dios había cavado un lagar y edificado una torre para proteger su viña, y había
regresado buscando el fruto. Estos dirigentes judíos reconocerían de inmediato que estaba
refiriéndose a ellos. Jesús continua diciendo:
 
    "A su debido tiempo envió un siervo a los labradores, para recibir de los labradores
    una parte del fruto de la viña. Pero ellos lo tomaron, lo hirieron y le enviaron con las
    manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo, pero a ese le hirieron en la cabeza y le
    afrentaron. Y envió otro, y a éste lo mataron. Envió a muchos otros, pero ellos herían
    a unos y mataban a otros. Teniendo todavía un hijo suyo amado, por último, también
    lo envió a ellos diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Pero aquellos labradores
    dijeron entre sí: Este es el heredero. Venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y
    le prendieron, lo mataron y lo echaron fuera de la viña."
 
¿Se imagina usted el atrevimiento y la franqueza de nuestro Señor que, de una manera velada,
pero al tiempo muy clara, les devuelve la pelota presentándoles esta parábola? Y al mismo
tiempo está contestando indirectamente la pregunta hecha por ellos: "¿con qué autoridad haces
estas cosas? El les dice: "está es mi autoridad: soy el dueño de la viña. Soy el heredero legal
de la viña, soy el Hijo amado al que ha enviado el Padre. Habéis matado a los profetas, habéis
apedreado y pegado palizas a los que fueron enviados por Dios y ahora yo estoy aquí, soy el
Hijo. Y les anunció a aquellos hombres lo que le iban a hacer: le pegarían una paliza, le
matarían y le echarían de la viña. Jesús no se hace ninguna ilusión con respecto a lo que le va a
pasar. Pero continua diciendo lo que va a suceder posteriormente, es decir, que Dios tiene la
última palabra. Les pregunta:
 
    "¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, destruirá a los labradores y dará la
    viña a otros."
 
En el relato de Marcos da la impresión de que Jesús se está respondiendo a su misma pregunta,
pero Mateo deja claro que es Jesús el que hace la pregunta y son los escribas y los sumos
sacerdotes los que dan la respuesta. Jesús cuenta la historia y dice: "En esa historia ¿qué es lo
que hará el señor de la viña? Mateo nos dice que los escribas y los sumos sacerdotes dijeron:
"Vendrá y destruirá a los labradores y entregará la viña a otra persona. Jesús dice:
 
    "Tenéis razón, os habéis juzgado a vosotros mismos. ¿No habéis leído esta Escritura:
    la piedra que desecharon los edificadores, ésta fue hecha cabeza del ángulo; de parte
    del Señor sucedió esto, y es maravilloso en vuestros ojos. Ellos procuraban
    prenderle, pero temían a la multitud, porque sabían que en aquella parábola se había
    referido a ellos. Y dejándole, se fueron."
 
La suya era una falsa autoridad religiosa, que pretendía dictar, usurpar el poder y la autoridad
que nunca fue real y legalmente suya. Eso es algo que Jesús deja perfectamente claro. Pero les
dice: "esto no es el final. Cuando la autoridad humana actúa de ese modo, podéis acordaros de
que Dios no ha terminado todavía. Y lo que él dijo en este caso sucedió en realidad. El día de
la resurrección, aquel al que los edificadores habían rechazado se convirtió de hecho en la
piedra del ángulo. Al estar el Señor resucitado con sus discípulos y dijo: "toda potestad me es
dada en el cielo y en la tierra. El es el Señor de todas las cosas, el que controla la historia, el
que determina finalmente todo lo que sucede en los asuntos humanos. Cuarenta años después,
los ejércitos romanos entraron, rodearon la ciudad de Jerusalén y la capturaron, y los
sacerdotes, los escribas y los ancianos fueron llevados cautivos encadenados, para ser
dispersados entre las naciones. Dios hizo exactamente lo que dijo que haría por medio de
aquella parábola.
 
Esta es una lección para nosotros y para todos los que lean este relato, que la autoridad de los
hombres está siempre limitada y no puede nunca compararse con el gobierno y la autoridad de
Dios en los asuntos de los hombres. La autoridad de los hombres está limitada en cuanto a la
duración. Los hombres pueden ocupar el lugar del poder injusto solo durante un tiempo y
entonces sucede algo para privarles de su puesto. Esta mañana en la clase de la escuela
dominical, Bob Smith estaba citando a J.B. Phillips, que dijo: "Recordemos que los poderes
que serán no tardarán en convertirse en los poderes que fueron. El profeta Ezequiel dijo que el
proceso de Dios a lo largo de la historia se declara con estas palabras "En ruinas, en ruinas, en
ruinas la convertiré y no existirá más, hasta que venga aquel a quien le pertenece el derecho y a
él se lo entregaré. No hay ningún poder malvado que pueda permanecer en control durante
mucho tiempo. La mano de Dios está obrando en la historia para derrocar y reemplazar a un
poder por otro. Por lo tanto, el poder del hombre está siempre limitado en su duración.
 
En el próximo relato vemos el encuentro de nuestro Señor con otra forma de autoridad humana,
en el versículo 13:
 
    "Entonces enviaron a él algunos de los fariseos y de los herodianos para que le
    sorprendiesen en alguna palabra. Y viniendo le dijeron: --Maestro, sabemos que eres
    hombre de verdad y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los
    hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios."
 
¡Aquellos hombres eran unos bribones pegajosos, que se acercaban a Jesús con sus palabras
que sonaban a piadosas! a pesar de que eran hombres pertenecientes a dos partidos diferentes
que se odiaban unos a otros a muerte. Los fariseos y los herodianos eran enemigos políticos que
solamente se unieron porque los dos se vieron enfrentados por la amenaza que representaba
Jesús para sus intereses. Por lo que acudieron a Jesús con una pregunta ya preparada:
 
    "¿Es lícito dar tributo al César o no? ¿Daremos o no daremos?"
 
¿Se debatió usted con esa misma pregunta hace un par de meses? Sí, todavía seguimos
haciéndonos esa pregunta. ¿Debemos de pagar impuestos a una potencia que hace un mal uso de
ellos? ¿Es justo tener que pagar ese dinero que hemos ganado con tanto esfuerzo a un gobierno
que lo derrocha o que lo usa para un propósito al que nos oponemos totalmente? ¿Debemos o no
debemos pagar? Esa es una gran interrogante moral.
 
    "Entonces él, como entendió la hipocresía de ellos, les dijo: --¿Por qué me probáis?
    Traedme un denario para que lo vea. Se lo trajeron y él les dijo: --¿De quién es esta
    imagen y esta inscripción? Le dijeron: --Del César. Entonces Jesús les dijo: --Dad al
    César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él."
 
Recuerdo haber leído hace algún tiempo acerca de un joven y brillante abogado, que había sido
criado como un pagano y no quería saber nada del cristianismo. Alguien le había dado un
Nuevo Testamento y se lo estaba leyendo. Cuando llegó a este relato de Marcos, leyó esta
pregunta con un gran interés, porque él mismo se había encontrado encontrado ante ese dilema.
Contó que no podía leer lo suficientemente de prisa como para enterarse de lo que Jesús diría
al respecto. Cuando se encontró ante todo el impacto producido por lo que hizo Jesús, se quedó
muy sorprendido. Dejó la Biblia a un lado y se dijo a sí mismo: "¡Esa sí es una sabiduría
sorprendente! porque el Señor no intentó responder directamente a la pregunta. De esa manera
tan maravillosa que tenía de hacer las cosas, pidió una moneda, que le tuvieron que prestar
porque él mismo no tenía ninguna, y la levantó en el aire. "¿De quién es la imagen en esta
moneda? preguntó, a lo que le contestaron "del César. "Está bien, en ese caso debe ser el dinero
del César, así que dadle al César lo que es del César, pero Dios puso su sello sobre vosotros,
de manera que debéis dar a Dios las cosas que le pertenecen a Dios.
 
Nos muestra claramente que la autoridad humana no solamente está limitada en su duración,
sino que está limitada en lo que se refiere a su alcance, ya que solo se aplica a algunos aspectos
del hombre. El gobierno secular está ordenado por Dios. Eso es algo que nos dice claramente
Pablo y Pedro dice lo mismo: "estad sujetos a la institución humana...ya sea al rey...o a los
gobernantes como quienes han sido enviados por El. Jesús mismo reconoce, como lo hacen
todas las Escrituras, que Dios se halla tras el gobierno secular, incluso si es un mal gobierno.
Porque el emperador al que se refería Pedro no era otro que Nerón, un hombre depravado,
degenerado e inmoral. pero a pesar de ello Pedro nos dice que "hemos de estar sujetos a la
institución, pero el gobierno humano, nos dice Jesús, solo tiene un control limitado sobre los
hombres. Ejerce ciertos controles sobre los cuerpos y las mentes de los hombres. Puede
imponer normas sobre nuestro comportamiento hasta cierto punto y tiene el derecho a
influenciar y establecer normas sobre nuestras actitudes y acciones, lo que decimos y cómo lo
decimos. Pero hay un aspecto de la vida sobre el cual no tiene control el poder secular y es el
espíritu humano. El poder secular no puede legislar cómo adoramos, quién gobierna nuestra
conciencia y quién constituye la autoridad definitiva en nuestra vida. "Dad al César lo que es
del César. Hay cosas que pertenecen por derecho al César, así que démoselas, pero hay otras
cosas acerca de nosotros que solo le pertenecen a Dios y a él se las tenemos que dar.
 
La parte conocida como "Bay Area de San Francisco acaba de recibir la visita de un hombre
muy honrado, el escritor ruso Solzhenytsin, que ha estado estudiando en la Universidad de
Stanford esta semana pasada. Nos hemos sentido realmente privilegiados teniendo a un hombre
de su categoría entre nosotros. El es el ejemplo vivo del daño que puede hacer el poder secular,
cuando intenta gobernar y controlar la adoración de los hombres. El se ha enfrentado, casi solo,
y ha desafiado a uno de los poderes más impresionantes de la tierra, revelando lo vicioso de
ese gobierno, y la explotación que se produce cuando el poder secular intenta invadir ese
aspecto prescrito de la existencia humana que es el espíritu. De eso precisamente se trató la
revolución americana. Aquello de lo que se ha dejado constancia, en el campo de lo histórico,
está lleno de la resistencia humana frente a la invasión secular en ese aspecto de la vida
humana. Jesús está diciendo que los temas definitivos y espirituales de la vida le pertenecen a
Dios y no al hombre, por lo que la autoridad humana está limitada en su alcance.
 
En el último incidente de este pasaje, se tiene que enfrentar con otra forma de autoridad
humana, lo que llamamos "racionalismo o la mente científica, la autoridad o el poder de los
hombres que piensan y esto es algo con lo que aun nos tenemos que enfrentar. El versículo 18
dice:
 
    "Entonces vinieron a él unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le
    preguntaron diciendo: --Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno
    muere y deja mujer y no deja hijos, su hermano tome la mujer y levante descendencia
    a su hermano. Había siete hermanos. El primero tomó mujer y murió sin dejar
    descendencia. La tomó el segundo y murió sin dejar descendencia. El tercero, de la
    misma manera. Así los siete no dejaron descendencia. Después de todos murió
    también la mujer (¡agotada!). En la resurrección, cuando resuciten, puesto que los
    siete la tuvieron por mujer ¿de cuál de ellos será mujer?"
 
Esa es una pregunta totalmente ridícula y maliciosa, es algo que Marcos deja perfectamente
claro porque nos dice al principio mismo que estos saduceos eran racionalistas, materialistas,
lo que nosotros llamaríamos humanistas, que no creían en lo sobrenatural. No creían ni en
ángeles ni en espíritus ni en que nada invisible fuese realidad. No creían en la vida después de
la muerte ni en la resurrección, como dice claramente Marcos. A pesar de lo cual vienen con la
pregunta "¿qué sucederá en la resurrección?
 
Podemos ver fácilmente el desprecio burlón que se oculta tras la pregunta. Es un relato absurdo
y un tanto ingenioso, urdido con el fin de tenderle una trampa a Jesús . Fue algo que no sucedió
en realidad y dudo mucho de que pudiese pasar. Fue sencillamente una historia ridícula que se
inventaron. Estoy seguro de que Jesús se sentiría tentado a tratarla como tal. Podría haberles
preguntado que por qué no investigaban cómo cocinaba aquella mujer, por ejemplo. ¡Cuando
una mujer tiene siete maridos uno detrás de otro y todos se le mueren, algo sospechoso hay en
su cocina! Pero no lo hace. Fijémonos en la respuesta que les da:
 
    "¿No es por eso que erráis, porque no conocéis las Escrituras, ni tampoco el poder de
    Dios? Porque cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán ni se darán en
    casamiento, sino que son como los ángeles que están en los cielos. Y con respecto a
    si resucitan los muertos, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, cómo le habló Dios
    desde la zarza diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de
    Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros erráis mucho."
 
Jesús les habla con contundencia y no escatima palabras. "Erráis les dice. "Vuestra manera de
enfocar la vida hace que estéis equivocados. Estáis tan seguros que os equivocáis. Habéis
reducido la vida a una visión muy limitada y decís que eso es lo único que hay. Y viendo la
vida desde esa perspectiva tan estrecha, no podéis ver la realidad que hay más allá. Estáis
equivocados porque hay dos grandes cosas que no reconocéis: una es que Dios posee un
conocimiento que no posee el hombre. El conocimiento de Dios es superior al del hombre y por
eso es por lo que tenemos las Escrituras. Es evidente que no conocéis las Escrituras, porque en
ellas es donde el conocimiento de Dios, que es superior al del hombre, se nos ha dado a
conocer. Aquellas cosas que solo Dios sabe, solo se nos dan a conocer en un lugar concreto, en
las Escrituras. La locura de los hombres, que rechazan las Escrituras, es que se encierran en un
callejón estrecho de la vida, limitados solo por lo que pueden ver, lo que pueden sentir, medir y
verificar por medio de sus sentidos y, de ese modo, el hombre se convierte en la frontera de la
vida.
 
En segundo lugar, dice Jesús "no conocéis el poder de Dios. Aunque conozcáis las Escrituras,
no creéis en ellas porque no creéis que Dios tiene poder para hacer lo que el hombre no puede
hacer. Vuestra vida está limitada por el conocimiento del hombre y su poder. Habéis exaltado
al hombre a un lugar en el que pensáis que sabe todo lo que hay por saber y que no hay nada que
esté por encima de su poder. Así que, estáis equivocados. Recuerdo haber leído este pasaje
hace muchos años, cuando era un creyente joven, y me sentía intrigado por las palabras de
Jesús: "Estáis equivocados por dos motivos: no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios.
Y desde entonces he estado comprobando esto. Sea cual sea el aspecto, el de los negocios, el
de la religión, el de la política, el de la vida familiar, todos los errores que se cometen en la
vida pueden atribuirse a esas dos cosas. O bien no conocemos las Escrituras o no conocemos el
poder de Dios. No sabemos lo que puede hacer un Dios vivo y lo que sabe un Dios vivo y por
eso es por lo que estamos equivocados. Esa es la debilidad fatal de lo que llamamos la mente
científica.
 
Ahora bien, dentro del alcance de este campo, la ciencia es de gran ayuda, y nos ayuda de
varias maneras realmente extraordinarias. No hablo en contra de la ciencia, pero siempre
debemos de reconocer lo que expresó de una manera tan estupenda Blaise Pascal al decir: "El
propósito fundamental de la razón es llevarnos al punto en el que nos damos cuenta de que la
razón tiene un límite. Eso es lo equivocado en lo que se refiere a la mente científica. Estos
hombres estaban excluyendo todo lo sobrenatural de su pensamiento. Eso es algo que hacen con
frecuencia los científicos diciendo: "en el campo de lo científico no hay lugar para la
especulación acerca de la vida después de la muerte. Nadie puede demostrarla ni verificarla;
nadie que ha muerto ha regresado jamás, por lo tanto, es un campo irrelevante, que no tiene
sentido alguno para la vida.
 
Pero Jesús dice: "estáis equivocados y el motivo por el que lo estáis es que no podéis ver la
realidad. Aunque es cierto que como científicos, temas como la vida después de la muerte y la
resurrección no tienen nada que ver con el examen del ahora y el presente, de lo que no os dais
cuenta es de que sois algo más que científicos, sois personas y como tales no podéis eludir el
problema. Es preciso que algún día os enfrentéis con la realidad de vuestra muerte. Si eso es
algo que dejáis de lado y que no examináis jamás, os encontraréis con que, y Dios nos ha hecho
personas y somos como El nos ha hecho, nos sentiremos obsesionados por temores que nunca
resolveremos y preocupados por una culpabilidad que no podemos afrentar. Y debido a estos
temores y culpabilidades, nuestro pensamiento y nuestras actitudes se volverán distorsionadas y
tomaremos las decisiones equivocadas. Hasta nuestro juicio científico se verá influenciado y
distorsionado por estas cosas. Como científicos, podéis acabar mal, porque como personas os
negáis a reconocer los hechos relacionados con vuestra vida. Eso es lo que resulta equivocado
con respecto a la ciencia como autoridad fundamental. De modo que nuestro Señor nos está
diciendo claramente que la autoridad humana está limitada en su duración, limitada en su
alcance, porque solo trata una parte del hombre, y está limitada en sus dimensiones porque solo
tiene relación con el tiempo y no con la eternidad.
 
En contraste con esto, la autoridad de Dios, que vemos claramente en este pasaje, nos hace
sentir que es digna de que el hombre sea obedientemente responsable. Porque la autoridad de
Dios, en contraste con la del hombre, abarca todo el tiempo y no cambia jamás. No es una cosa
durante una época y algo diferente en otra época. No está sometida a las leyes de las dinastías y
del gobierno y nunca puede ser derrocada. Hoy sigue siendo exactamente lo que fue en los días
de Abraham, de Isaac y de Moisés. La autoridad y el poder de Dios gobiernan a todo el hombre.
Es algo que influye nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro espíritu y todo aquello de lo que
somos responsables ante él. La autoridad de Dios llega más allá del tiempo, a través de las
edades sin límite de la eternidad, pasando de la esfera de lo visible a la de lo invisible. Afecta
a las grandes realidades que tienen que ver con nuestra vida, que no pueden ser vistas por el
ojo, ni sentidas por la mano ni pesadas por instrumentos humanos. Por lo tanto, como hombres,
nos encontramos ante la presencia de un Dios que es soberano sobre todos los aspectos de
nuestra vida.
 
Por eso es por lo que Jesús dijo en otra ocasión: "No temáis a los que matan el cuerpo, pero no
pueden matar el alma. Mas bien, temed a aquel que puede destruir tanto el alma como el cuerpo
en el infierno. No es que quiera que veamos a Dios como un juez severo y terrible, porque él es
un Padre amoroso y soberano que nos quiere redimir. Quiere que reconozcamos que nada de lo
que puede hacer el hombre puede predominar por encima de lo que Dios puede hacer, porque
los hombres no pueden derrotar a Dios. La autoridad humana debe ser siempre gobernada por y
someterse a la autoridad superior de Dios. Y cuando vivimos teniendo en cuenta esa realidad,
todo lo demás acabará por encajar en el esquema de la vida. La semana que viene vamos a ver
de qué modo nuestro Señor toma la ofensiva y deja muy clara una verdad, que es una de las más
sorprendentes y asombrosas verdades acerca de la humanidad que podemos encontrar en la
Biblia. Pero por ahora, deja a un lado las confrontaciones de sus enemigos, les responde con
una palabra, ¡pero qué palabra! Les desnuda ante los ojos de la multitud que observa y les
muestra la absoluta soberanía de Dios y la responsabilidad que tiene el hombre para con él.
 
Oración
 
    Padre celestial, te damos gracias por Aquel que vino para decir palabras tan claras a
    nuestros oídos, que nos ayuda a ver las cosas con justicia, que coloca las cosas en su
    debida perspectiva y nos hace entender quiénes somos y ante quién somos
    responsables. Te damos gracias por el amor que hay en tu corazón soberano y por el
    hecho de que todo ello no ha sido ideado para nuestra derrota sino para nuestra
    redención, para que seamos sanados, para que seamos restaurados. Te pido, Padre,
    que nos sometamos a la autoridad de Jesucristo, a Jesús como Señor y a ningún otro.
    Lo pedimos en su nombre, amen.