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Asunto:[biblia] ORANDO JUNTOS
Fecha:Domingo, 27 de Mayo, 2001  22:36:09 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

ORANDO JUNTOS
 
por Ray C. Stedman
 
Esta es la séptima de esta serie sobre la oración. Es posible que algunos de ustedes se estén
diciendo: "¿Cuánto tiempo tendré que esperar, Señor, cuánto tiempo? Si es así, me siento
tentado a responder con el relato del predicador, que era nuevo en su iglesia, y su congregación
se sintió profundamente conmovida por él. El domingo siguiente por la mañana predicó
exactamente el mismo mensaje y la congregación se preguntó por qué y al tercer domingo
volvió a predicar de nuevo el mismo mensaje. Después de esto, el comité de diáconos le esperó
a la salida y le preguntaron si no tenía ningún otro mensaje y él les respondió que sí, que tenía
muchos. El comité le preguntó entonces ¿cuánto tiempo va a estar usted predicando acerca del
robo? a lo que les contestó "voy a continuar haciéndolo hasta que dejen ustedes de robar y
cuando lo hagan entonces cambiaré mi mensaje.
 
No estoy intentando hacer algo por el estilo con el tema de la oración, puesto que me he sentido
animado por el número de personas que han comenzado a asistir a las reuniones de oración
semanales en las casas y en la iglesia, pero sí estoy intentando explorar, con la gracia de Dios,
algunos de los tremendos secretos de la oración, especialmente aquellos que nos fueron
revelados por el propio Jesús, el Mesías.
 
Quisiera que leyésemos el capítulo 18 de Mateo en relación con el tema de hoy sobre la
oración, comenzando por el versículo 18. Jesús dijo al concluir su palabra acerca de los
problemas y la disciplina en la iglesia:
 
    "De cierto, de cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra habrá sido atado en el cielo, y todo lo que
    desatéis en la tierra habrá sido desatado en el cielo... porque donde dos o tres están congregados en mi
    nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo 18:18-20)
 
¡Estas palabras casi nos asustan! porque nos revelan lo más atractivo, pero al mismo tiempo lo
mas temible acerca de la oración, que es su autoridad. La oración es algo muy poderoso. "La
oración ha dividido ya los mares y ha arrastrado los ríos que fluyen, ha hecho que rocas de
pedernal broten a chorro creando fuentes, ha apagado las llamas del fuego, ha cerrado las
fauces de los leones, ha desarmado a víboras y a anulado el efecto de los venenos, ha formado a
la estrellas en contra de los malvados, ha detenido el curso de la luna y ha arrastrado al sol en
su carrera, ha abierto de golpe las verjas de hierro y ha llamado a las almas de la eternidad, ha
conquistado a los mas fuertes demonios y ha mandado a legiones de ángeles que desciendan de
los cielos. La oración ha puesto freno y encadenado las más desenfrenadas pasiones de los
hombres y ha destruido a inmensos ejércitos de orgullosos, atrevidos y violentos ateos. La
oración ha traído a un hombre de las profundidades del océano y ha transportado a otro al cielo
en un carro de fuego. Eso no es sencillamente una hipérbole, sino un hecho histórico. La oración
ha realizado además muchas otras importantes cosas, porque es una fuerza imponente y
poderosa en el mundo de los hombres.
 
Pero, como es natural, es preciso entender muy bien una gran potencia, o de lo contrario puede
ser sumamente peligrosa. Hace una serie de años el Sr. George Speaks, que estará exponiendo
los Sermones de la Ciencia en la Feria Mundial de Nueva York este verano, estuvo aquí en
Palo Alto. En una ocasión, cuando los dos estabamos solos colocando una parte de su equipo en
la plataforma, le pregunté si me permitiría situarme sobre cable del cual fluirían un millón de
voltios de electricidad por todo mi cuerpo y encenderían una linterna que tenía en la mano,
como él hizo en su demostración. Me miró y me dijo: "Bueno, no me importa, pero pasa una
cosa. Estaría bien si todo saliese como es debido, pero si algo falla y no sabe usted qué hacer,
podría ser realmente desastroso. De algún modo, eso tuvo un especial efecto sobre mi, de modo
que renuncie a la idea después de su argumento.
 
En este pasaje de las Escrituras, hemos visto en estos versículos tres aspectos muy reveladores
acerca de la oración, que reflejan la gran autoridad que tiene la oración por todo el mundo.
 
En el versículo 18 vemos que la oración es una autoridad que funciona como un misterio:
 
    "De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra habrá sido atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la
    tierra habrá sido desatado en el cielo. (Mat. 18:18)
 
Atar y desatar, leyendo estas palabras, suena casi como si se tratase de magia, ¿no es cierto? En
los cuentos de hadas que leemos cuando somos pequeños siempre hay algún objeto mágico, una
lámpara, un anillo o una palabra mágica que, una vez que la persona la posee, puede hacer las
cosas mas extrañas. Puede convertir a las personas en sapos u otros animales, puede hacer un
hechizo o encantamiento, creando de inmediato castillos y puentes o cualquier otra cosa que se
necesite. Podía viajar sobre una alfombra o incluso sobre el viento y, en general, comportarse
de una manera totalmente extraordinaria. En este sentido, por lo menos, la oración es realmente
como si fuese magia. Porque lo que, sin duda, está diciendo nuestro Señor es que es posible
para los seres humanos corrientes, como usted y yo, ejercitar el extraordinario poder de la
oración y que el cielo, en cierto sentido, ratifica lo que se hace en la tierra, que nos pondríamos
en contacto con el mundo más allá de esta tierra corriente, que es visible para nuestros sentidos.
 
Esto es, sin duda, lo que quiso decir haciendo uso del contraste que existe entre el cielo y la
tierra en este versículo e indudablemente debemos tomarnos estas palabras muy en serio. Nos
damos perfecta cuenta de que la oración no es magia, que no podemos hacer lo que se nos
apetezca, actuando caprichosamente y transformando a las personas en toda clase de extraños
objetos. Existen limitaciones respecto a la oración, algo que examinaremos a lo largo de este
estudio. Pero creo que lo primero que debemos hacer es entender lo que quiso decir Jesús al
referirse al cielo y a la tierra. Con frecuencia se mal interpreta este versículo porque no
acabamos de entender su significado, especialmente lo que quiere decir respecto al cielo. ¿Qué
es el cielo y dónde está?
 
El tener que hacer semejante pregunta pone de manifiesto una mala interpretación básica de lo
que es el cielo, porque con harta frecuencia pensamos en él en términos de espacio. Es decir, la
tierra está "aquí abajo y el cielo está "allí arriba en alguna parte. Como es natural, los rusos, le
han sacado partido a este concepto. Dicen que han lanzado a sus cosmonautas al espacio para
buscar el cielo, pero que no lo han podido encontrar. No había ninguna señal de él "allá arriba,
por lo que llegaron a la conclusión de que sencillamente no existía. Nosotros decimos: "qué
lamentable que los hombres sean tan ignorantes como para pensar que podrían ver el cielo
como si de algo físico se tratase. Pero me temo que también nosotros demostramos la misma
debilidad, en cuanto a nuestra manera de pensar acerca del cielo, porque con frecuencia
interpretamos este versículo como si el Señor estuviese diciendo que aquí abajo en la tierra se
nos conceden ciertos poderes para atar y desatar y Dios, allá arriba en el cielo, está obligado a
ratificar nuestras acciones y estar de acuerdo con ellas.
 
La doctrina católica del perdón se basa en este concepto. Dicen que la Iglesia Católica tiene
poder, gracias a lo que dice este versículo, para perdonar los pecados y cuando el cura dice
"Absolvo te (tus pecados te son perdonados) Dios, en el cielo, debe perdonar los pecados
sobre la base de este versículo.
 
Por desgracia, este es el resultado de una manera equivocada de pensar respecto al cielo. El
cielo no se determina espacialmente, no está "allá arriba mientras nosotros estamos "aquí abajo
ni tampoco podemos pensar en él en términos de tiempo. Pensamos en la tierra como ahora, es
decir, esta vida y el cielo después, mas adelante, pensando que el cielo es lo que viene después
de la muerte, pero no creo que las Escrituras se refieran a él en ese sentido. Es cierto que el
cielo existe después de la vida, pero lo que nuestro Señor Jesús está diciendo aquí es que el
cielo existe al mismo tiempo que existe la tierra, ambos son parte de esta vida. Esto es más que
decir que las decisiones que tomamos en esta vida producen resultados decisivos en el cielo
después de la muerte. Esto es cierto, como es natural, pero no es lo que está diciendo aquí. Lo
que está diciendo es sencillamente que el cielo es el reino silencioso, invisible y espiritual, que
se encuentra a todo nuestro alrededor, que nos rodea, que nos circunda, que nos abraza,
esperando que lo reconozcamos. Cuando entramos en el reino de los cielos reconocemos dicho
reino, creemos en él, actuando conforme a su realidad. En las bienaventuranzas Jesús nos dio la
clave respecto a lo que es entrar en él. "Bienaventurados los pobres de espíritu porque de los
tales es el reino de los cielos. (Mat. 5:3). La tierra, como opuesto al cielo, es el mundo de los
sentidos, nosotros tomamos, sentimos, vemos y nos valemos de los cinco sentidos. El cielo no
es sencillamente algo futuro, el cielo también es presente y es tan real como lo es la tierra. Es
paralelo a nuestro conocido mundo físico, nos está diciendo Jesús, y las puertas entre ambos
mundos están abiertas.
 
Este versículo afirma que existe una correspondencia entre el cielo y la tierra. El mundo
exterior de tiempo, espacio, acontecimiento e historia, con el que estamos familiarizados no es
mas que un reflejo del mundo interior, de ese mundo invisible que está a todo nuestro alrededor,
que es el mundo espiritual de Dios. En otras palabras, en cierto modo la tierra es un reflejo del
cielo. Pero nosotros no podemos ver ese mundo interior con nuestros sentidos físicos, todo
cuanto vemos es su reflejo en el mundo externo de la historia. Viene a ser algo así como la parte
posterior de nuestra cabeza, que no hemos visto nunca. Todo lo que podemos ver es solo el
reflejo de ella cuando el barbero coloca un espejo delante de nosotros después de habernos
cortado el pelo. Entonces podemos vernos la parte de atrás de la cabeza, no de hecho, sino
como un reflejo. Solo vemos una imagen de ella.
 
En muchos sentidos, la filosofía cristiana de la historia es sencillamente eso. Los
acontecimientos que aparecen en nuestros periódicos diarios, acerca de los cuales leemos esta
mañana, son sencillos reflejos de lo que ha sucedido en el mundo invisible del espíritu, en el
cielo, por así decirlo, que está en nuestro interior y a nuestro alrededor. Y lo asombroso es que
Jesús está diciendo aquí que las cosas invisibles que suceden en el cielo, que se reflejarán en la
tierra, no se determinan en el cielo, sino en la tierra, en el corazón de un creyente que ore. "Lo
que atéis en la tierra será atado en el cielo. Lo que usted ate en esta vida exterior que tenemos,
en esta vida consciente, en contacto con las cosas de los sentidos, se determinará en ese mundo
invisible y hallará de nuevo su reflejo en la tierra, en las cosas de esta vida.
 
Sin duda esto es un gran misterio y no creo que ninguno de nosotros alcance a comprender
exactamente por qué Dios espera hasta que los creyentes oren antes de empezar a hacer lo que
pretendía hacer desde el principio, e incluso anunció que haría, pero el hecho indiscutiblemente
es ese, que eso es lo que él hace. Espera hasta que alguien ore antes de entrar en acción.
Leemos que cuando Daniel, siendo ya anciano, leyó el relato de Jeremías acerca de la
cautividad babilonia, que iba a tocar a su fin, habiendo seguido su curso durante setenta años,
Daniel se sintió movido a orar con poder para que Dios enviase de nuevo a Israel a los que
estaban cautivos en Babilonia. ¡Pero aquellos cautivos no comenzaron a regresar hasta que
Daniel no oró! También ha quedado constancia de este principio en la Epístola de Santiago,
donde se nos dice: "No tenéis porque no pedís. (San. 4:2) Es así de sencillo. Dios espera hasta
que le pedimos antes de hacer algo.
 
Como ustedes saben, en nuestro Gobierno de los Estados Unidos existen ciertos poderes que
denominamos poderes para atar y desatar, que se le conceden al Presidente y solo a él. Por
ejemplo, solo el Presidente puede firmar tratados con potencias extranjeras y, de ese modo, unir
esta nación a otra. No existe ningún otro individuo en nuestro gobierno que esté autorizado a
poner su firma a un tratado y hacer que tenga efecto. Solamente el Presidente puede
desencadenar la potencia atómica de esta nación. Tan importante es el asunto de decidir enviar
los grandes misiles a surcar el espacio que el poder para realizarlo ha sido delegado a un solo
hombre, al Presidente de los Estados Unidos. Además, solo el Presidente puede perdonar a
ciertos criminales y librarles de la pena que exigía la ley. Solo él puede hacer semejante cosa.
Toda la nación puede, bajo ciertas circunstancias, desear que el Presidente actúe de ese modo y
puede ejercer una gran fuerza moral sobre el hombre que ocupa el puesto para que actúe, pero
hasta que el Presidente no actúa no se puede hacer nada.
 
Jesús nos está diciendo aquí que Dios ha concedido poderes para atar y desatar a cada uno de
los creyentes y hasta que no los usamos, no sucede nada. A nosotros nos han sido dado los
poderes para atar y desatar, y en el ámbito de nuestra vida personal son casi absolutos.
 
Dios nos ha dicho que tenemos poder para atar toda forma de maldad en nuestras vidas. No hay
nada que tenga que tener dominio sobre nosotros. "Porque el pecado no se enseñoreará de
vosotros dice Pablo, "porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Rom. 6:14). Por gracia
tenemos el poder necesario para atar toda fuerza de maldad, toda autoridad contraria, en nuestro
interior.
 
En el capítulo diez de Segunda Corintios, Pablo deja claro que la lucha que tenemos no es
contra carne ni sangre, sino que tiene un sentido espiritual. Estamos luchando contra autoridades
y poderes del mal en los lugares celestiales. Pero tenemos el poder para controlarlas en nuestra
vida, considerándonos muertos al pecado y vivos en Dios.
 
Es mas, tenemos la capacidad para desencadenar todo el enorme poder de los recursos del
Espíritu en nuestra propia vida. Ninguno de nosotros tiene excusa para no ser todo lo que Dios
quiere que seamos, ni uno solo. Alguien ha dicho con razón que somos todo lo victoriosos que
deseamos ser. Poco importa lo que haya sido usted, no importa lo débil que haya sido, lo que
haya fracasado, lo vacilante, ha sido usted exactamente lo victorioso que ha querido ser, porque
nos ha sido concedido el poder en Jesús el Mesías, para poder atar toda fuerza que se oponga,
cada uno de los motivos malvados en nuestra vida, y para desencadenar todo el poder del
Espíritu por medio de nosotros, y no solo en nuestras vidas, sino también en las de otras
personas.
 
Ese es el significado de la oración intercesora. Podemos ayudar muchísimo a otras personas
orando por ellas, para que se levanten o caigan, según sea el caso. Con frecuencia he visto
como personas jóvenes que al principio de su experiencia como creyentes han caído en la
apatía y la indiferencia, han dejado de interesarse en los valores espirituales y gradualmente se
han dejado llevar por una vida vulgar, dejándose arrastrar por malos vicios, por principios
morales degenerados y luego, de repente, han empezado a cambiar, de la noche a la mañana. Su
actitud ha cambiado radicalmente y han dejado atrás la fase por la que han pasado y han
empezado a interesarse de nuevo en las cosas espirituales y a crecer espiritualmente. Una nueva
luz ha iluminado sus semblantes, su rostro y sus ojos y han adoptado una nueva actitud,
cambiando totalmente. No he visto nunca que suceda algo así sin que, antes o después, se
descubra que alguien se había preocupado por esa persona joven y había empezado a orar por
ella. Es posible que nunca se lo mencionen a nadie mas, pero se produce un cambio absoluto en
el ambiente que rodea a la persona por la cual están orando. Es por eso que Pablo dice: "orad
por nosotros, para que la palabra del Señor se difunda rápidamente y sea glorificada, así como
sucedió también entre vosotros. Al leer estas palabras, acerca de atar y desatar, nos damos
cuenta de que a pesar de que no acabamos de entenderlas del todo, sin embargo, resulta
aparente que la oración tiene autoridad, una autoridad que actúa de modo misterioso. Es el
eslabón que nos une con ese mundo invisible, que es el centro de control de toda vida humana.
Cuando oramos nos hallamos en la frontera entre dos mundos. Por lo tanto, Santiago dice: "la
ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. (San. 5:16)
 
Ahora bien, no solo es cierto que la oración es una autoridad que obra de manera misteriosa,
sino que es una autoridad que se expresa en unidad. Veamos lo que dice el versículo 19:
 
    "Otra vez os digo que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que
    pidan, les será hecha por mi Padre que está en los cielos. (Mat. 18:19)
 
Esa es la carta para la reunión de oración. Un creyente que ore solo es de gran efecto, pero ¿qué
sucede cuando dos o mas están reunidos juntos? Es evidente, a juzgar por lo que dice aquí, que
existe una asombrosa aritmética en relación con la oración. En Deuteronomio, Moisés le dijo al
pueblo de Israel: "¿Cómo podrá perseguir uno a mil? ¿Cómo harán huir dos a diez mil? (Deut.
32:30)
 
Ese es un extraño porcentaje, en lo que es una pregunta retorica ¿no es así? Si fuese una
aritmética sencilla, diríamos que uno debería hacer huir a mil y dos a dos mil, pero cuando dos
creyentes se reúnen existe un aumento geométrico en el efecto que tienen. Dos hará que diez mil
huyan.
 
Desde los primeros tiempos, la iglesia ha sentido la necesidad de reunirse para orar juntos. En
Hechos 4 vemos que la iglesia se reunía a orar después de haber estado perseguida por el
Sanhedrín. Hay otro relato en Hechos 12 acerca de Pedro en la cárcel y mientras él estaba allí
la iglesia estuvo orando por él y fue librado de la cárcel. ¿Cuál es el propósito de dicha
oración? Jesús nos dice que es que estemos de acuerdo en algo.
 
    "Otra vez os digo que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que
    pidan, les será hecha por mi Padre que está en los cielos. (Mat. 18:19)
 
Como usted sabe, las palabras son algo fascinante y existen por lo menos ocho palabras en el
Nuevo Testamento griego que se traducen como estar de acuerdo. Una de ellas significa
literalmente "estar juntos, lo cual quiere decir que dos personas toman una decisión en conjunto
y es así normalmente como interpretamos este versículo. Interpretamos que lo que quiere decir
es que si yo quiero algo, encuentro a otra persona que quiere lo mismo y estamos de acuerdo en
oración y, por lo tanto, Dios debe honrar nuestra oración y debe hacer nuestra voluntad, pero no
es eso lo que esto significa. Hay otra palabra que se usa y que quiere decir: "sonar juntos,
armonizar. Dos notas consonantes, que se tocan juntas en el piano, armonizarán. De modo que
este versículo nos ofrece una imagen de dos creyentes que se reúnen, uno de ellos dice lo que
tiene en su corazón, lo que está convencido de que Dios quiere que pida en oración y se
encuentran con que están de acuerdo, que armonizan y emiten juntos el mismo sonido, siendo
esos los sentidos en los que pueden esperar que Dios obre. Hay aspectos acerca de los cuales
Dios dice: "sea hecho. Hay una gloriosa contundencia al respecto, ¿verdad? ¡Se hará!
 
Por eso es por lo que a mi me gusta oír los "amen en las reuniones de oración. Tal vez sea un
anticuado por disfrutar escuchando esa palabra de vez en cuando. Después de todo, es
exactamente lo que sugieren las Escrituras. Cuando una persona dirige la oración el resto está
escuchando, o por lo menos deberían estar escuchando, y cuando encuentran algo ante lo cual
pueden responder, dicen "amen ya sea silenciosa o audiblemente. Lo que están diciendo es:
"estoy de acuerdo, es lo que Dios también me ha dicho a mi. Cuando se escuchan los "amen, ya
sea de manera audible o silenciosa, enfatiza los aspectos en los que existe un verdadero
acuerdo, en los que el Espíritu de Dios está obrando, produciendo unidad y es entonces cuando
la oración tiene autoridad.
 
Nuestra Junta de Ancianos hace mucho que ha aprendido que la mente del Espíritu se decide
cuando diez hombres se reúnen y tienen un sentido de la unidad. Cuando sienten que existe la
unidad, sienten que han descubierto lo que Dios quiere y es lo que está diciendo Jesús. "Cuando
dos o tres de vosotros tocáis la misma nota, sin haber comparado notas de antemano, sino
sencillamente, de manera voluntaria, espontanea, haciéndolo palpable, será hecho por mi Padre
que está en el cielo.
 
Y luego la última cosa. Es evidente en el versículo 20 que la oración es una autoridad que tiene
su origen en la personalidad:
 
    "Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mat. 18:20).
 
No se pierda el lector la fuerza que tiene esta breve frase a modo de introducción porque:
"donde dos o tres están congregados en mi nombre. Esa es la explicación del misterio del
versículo 18 y el origen de la unidad en el versículo 19. Confieso que no acabo de entender
cómo un solo hombre o mujer, niño o niña, que ore basándose en los poderes de atar y desatar
que le han sido concedidos por Dios, puede poner en movimiento tan poderosas fuerzas como
las que con frecuencia desencadena la oración pero, como es natural, es porque no se trata de
un sencillo hombre que está orando, sino del Mesías que está en él cuando ora. Es el hecho de
que mora en cada uno de los creyentes Aquel que dijo: "todo poder me es dado en el cielo y en
la tierra (Mat. 28:18). Por lo tanto, cuando un creyente ora, no es solo un hombre orando, sino
que es el Mesías orando a través de él. "porque Dios es el que produce en vosotros dice Pablo,
"tanto el querer como el hacer, su buena voluntad. (Fil. 2:13)
 
No cabe duda de que esto revela claramente que los creyentes son criaturas que pertenecen a
dos mundos diferentes. En nuestra humanidad, como el resto de la raza humana, pertenecemos a
la tierra. Vivimos en un mundo de espacio y tiempo, influenciamos los acontecimientos que nos
rodean, reaccionamos a ellos como lo hacen los demás, leemos los mismos periódicos, oímos
los mismos informes en la televisión, nos vemos sometidos a las mismas presiones que el
mundo que nos rodea, somos criaturas de la tierra, pero en la nueva vida en Jesús, el Mesías, en
los lugares celestiales en los que vivimos en el Mesías, somos criaturas del cielo, estamos en
contacto con el mundo invisible, el mundo que controla el mundo exterior. Nos hallamos, como
ya he dicho, en la frontera entre dos mundos, y como alguien ha dicho con mucha razón: "la
oración es, por lo tanto, Dios el Hijo orando a Dios el Padre en el poder de Dios el Espíritu, y
la sala de oración es el corazón del creyente. Esa es la historia completa de la oración.
 
Ahora bien, esta personalidad que mora en nosotros no es solo la explicación del misterio del
versículo 18, sino que es la unidad del versículo 19. Escribiendo a los efesios, Pablo dijo que
Jesús el Mesías está:
 
    "por encima de todo principado, autoridad, poder señorío y todo nombre que sea nombrado, no solo en esta
    edad sino también en la venidera. Aún todas las cosas las sometió Dios bajo sus pies y le puso a él por
    cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en
    todo. (Efesios 1:21-23)
 
En otras palabras, la expresión del poder de Jesús el Mesías no se ve nunca en toda su plenitud
en un creyente en particular, sino en la iglesia como un todo. La forma mas sencilla de la iglesia
se describe como "cuando dos o tres se reúnen en mi nombre. Usted y yo, como creyentes
individuales, no podemos reflejar a Jesús el Mesías. Es solo cuando dos o tres, o doscientos o
trescientos, o dos mil o tres mil, se reúnen en su nombre, cuando se manifiesta totalmente en
esta vida, todo el sentido absoluto del poder que ha sido entregado a Jesús el Mesías, que es
sobre todo nombre que sea nombrado, tanto en este tiempo como en el venidero. Esto significa
que nunca podemos conocer totalmente a Jesús el Mesías, a menos que le conozcamos en
relación con otra persona.
 
En la gran oración de Pablo en Efesios 3, ora para que podamos conocer la anchura, la longitud,
la altura y la profundidad, y para que podamos conocer, juntamente con todos los santos, el
amor que es en Jesús el Mesías (Efe. 3:17-19) "con todos los santos. Nunca podremos
conocerlo nosotros solos. Podemos coger nuestra Biblia y estudiarla, podemos analizarla y
saturar nuestra mente, memorizándola, pero hasta que no empecemos a compartirla con otros
creyentes, no podremos nunca captar en toda su plenitud quién es realmente Jesús el Mesías.
 
Es más, nunca podremos enterarnos de lo poderoso y glorioso que es Dios a menos que
empecemos a exigir que se manifieste su poder y su gloria y, de ese modo, aprendamos que
nunca podemos tocar fondo. Eso es lo que da sentido a esta reunión hoy. "Donde dos o tres
están reunidos en mi nombre dice Jesús, "yo estoy en medio de ellos. El poder de la iglesia no
radica en el número que se puede fácilmente reunir, qué idea tan equivocada es esa, que si
podemos reunir suficiente número de personas para orar, tendremos suficiente poder como para
corregir lo que está mal en el mundo y volver a conseguir que esté bien. Nada mas lejos de la
verdad.
 
El poder de la iglesia tampoco radica en el lugar que ocupa en la comunidad. ¡Qué tremendo
malentendido! Nos creemos que si conseguimos que un número determinado de hombres, que
ocupan puestos de autoridad o de liderazgo o de importancia en la comunidad, dirigentes de la
vida cívica, al Alcalde, los banqueros y a los que pertenecen al mundo de los negocios, los
titanes, los magnates, vienen a nuestra iglesia tendremos suficiente categoría como para poder
ejercer un gran poder sobre las mentes y los corazones de los hombres. ¡Qué insensatos somos!
El poder de la iglesia no depende de su número, de su posición, de su riqueza, de su dinero, del
lugar que ocupa. El poder de la Iglesia se halla en Jesús el Mesías, tal y como dice aquí:
"donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
 
Solamente de él fluye este maravilloso poder para atar y desatar, y esa tremenda unidad,
mediante la cual la mente del Espíritu se conoce y Dios obra por medio de las vidas de los
creyentes y eso es lo que cambia el curso y el destino del mundo que nos rodea.
 
¡Gloriémonos en eso! Si deseamos gloriarnos en algo, como lo hizo la iglesia primitiva,
gloriémonos en el hecho de que Jesús el Mesías vive y se mueve en medio de nosotros, en que
le pertenecemos, en que su vida se expresa por medio de nosotros. La oración produce su más
profundo y permanente impacto por medio de él y es solo gracias a su presencia que la oración
posee significado y valor.
 
Oración
 
    Padre, qué gran equivocación cometemos cuando complicamos las cosas. ¡Qué
    maravilloso es volver a la sencillez que se encuentra en Jesús el Mesías! ¡Qué insensatos
    somos cuando buscamos sustitutos a esa sencillez, a esa relación sencilla con un Señor
    poderoso y victorioso en medio de su Iglesia! Señor, enséñanos a gloriarnos en esto,
    enséñanos a contar con ello, enséñanos a orar sobre esta base y solo esta y, habiendo
    reconocido que estas cosas son verdad, sean cuales sean las circunstancias que nos puedan
    rodear, concédenos la fe para dar un paso adelante y actuar conforme a ellas. En el nombre
    del Mesías, amen.