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Asunto:[biblia] LA VERDADERA ORACION DEL SEÑOR
Fecha:Miercoles, 30 de Mayo, 2001  00:34:41 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

LA VERDADERA ORACION DEL SEÑOR
 
por Ray C. Stedman
 
Si se pidiese a un cierto número de creyentes que repitiesen la Oración del Padre nuestro
alguno posiblemente la empezaría diciendo: "ahora me acuesto a dormir, pero la mayoría dirían
"Padre nuestro que estás en los cielos porque ésta es la que ha sido universalmente denominada
La Oración del Señor. Pero no es, ni mucho menos, la oración del Señor, sino la oración de los
discípulos. Es la oración que el Señor nos dio para que nosotros la hiciésemos, pero la
verdadera oración del Señor se encuentra en Juan 17 y ha sido denominada "la oración
santísima del Nuevo Testamento, porque bajo la sombra de la cruz, nuestro Señor se reúne con
los discípulos en el Aposento Alto y en presencia de ellos ora con ellos al Padre.
 
No he leído nunca este pasaje sin un sentido de admiración y temor reverente y en eso puede
haber un considerable peligro, porque si nos acercamos a este pasaje con un sentido de su
majestad y belleza, nuestro propio sentido de temor reverente tiende a alejarnos del mensaje de
esta gran oración. Nos perdemos su mensaje porque tememos explorar la profundidad de lo que
está diciendo el Señor, pero si ha sido esa su experiencia, como yo confieso que ha sido la mía,
vamos totalmente en contra del propósito por la cual el Señor la ideó cuando hizo esta oración,
puesto que él la hizo deliberadamente en voz alta, en presencia de sus discípulos, debido a que
deseaba que ellos la oyesen, porque las relaciones básicas que expresa en esta oración entre él
y el Padre son además las relaciones que deberían existir entre Jesús y nosotros. ¡Hay un
sentido muy real en el que todo aquel que cree en Jesús el Mesías puede hacer esta oración!
Esta oración fue diseñada con el fin de enseñarnos cómo orar, y el sentido de temor reverente
que pudiese alejarnos de ella y reservarla solo para los labios de Jesús es algo contrario a su
intención y hace que nosotros nos perdamos todo el valor que tiene esta oración.
 
Los tres primeros versículos de esta oración destacan el trasfondo del cual brota esta oración,
en una situación de peligro y de muerte. Fue pronunciada unos momentos antes de que Jesús se
fuese del Aposento Alto y de que descendiese, con sus discípulos, al oscuro valle de Cedrón,
cruzando la cordillera del Monte de los Olivos. Ascendiendo allí en la oscuridad de la noche y
halló el camino hasta el Huerto de Getsemaní y una vez allí, se alejó durante un corto tiempo de
sus discípulos, orando y pronunciando aquella desesperada oración de Getsemaní, la oración
que hizo que brotase sangre de su cuerpo, que caía al suelo en grandes gotas, y pasó a un tiempo
de misteriosa y terrible angustia. Estando en ese huerto, Judas vino con la guardia, que le cogió
prisionero y le condujeron a la corte de Pilatos y posteriormente a la cruz.
 
Al hacer esta oración estaba contemplando la sombra de la cruz. Los discípulos estaban
reprimidos y aterrorizados, plenamente conscientes de que algo andaba mal, que Jesús les iba a
abandonar. Les había dicho que les iba a dejar y los corazones de ellos estaban dominados por
el temor y la ansiedad, pero en su oración no se expresa ni una palabra de temor, de debilidad
ni de nerviosismo.
 
Tengo en mi biblioteca una copia de la oración que pronunció Martin Lutero antes de que se
presentase ante el Emperador del Santo Imperio Romano en la Ciudad de Worms, para
responder a los cargos que se habían presentado en su contra, por causa de los cuales su vida
estaba en juego. Es un prolongado, vago y repetitivo clamor de debilidad impotente, mediante
el cual Lutero sencillamente se abandona una y otra vez en Dios como su fortaleza y grita
atemorizado y angustiado, pero esta oración de Jesús es totalmente diferente. En lugar de ser un
clamor de debilidad o una súplica de ayuda, esta oración comienza con la poderosa conciencia
de una oportunidad a la que se anticipa:
 
    "Jesús habló de estas cosas, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado. (Juan 17:1a)
 
"La hora ha llegado. Con estas palabras Jesús espera con anhelo y con evidente anticipación el
momento de la oportunidad ilimitada que tiene ante sí. No cabe duda alguna de que estas
palabras "la hora ha llegado significan mucho mas que la frase que empleamos cuando nos
enfrentamos con el final de la vida "me ha llegado la hora. Lo que queremos decir mediante
estas palabras es que se nos ha acabado el tiempo y ha llegado el fin de nuestra vida. El Dr. J.
Vernon McGee contó en cierta ocasión el caso de un hombre que había estado estudiando la
doctrina de la predestinación y se había sentido tan fascinado por la idea de la protección
soberana de Dios, en cualquier y en todas las circunstancia, que le dijo al Dr. McGee: "¿sabe
una cosa? Estoy convencido de que Dios me guarda, pase lo que pase, de modo que aunque me
plantase en medio del mas intenso tráfico al mediodía, si no ha llegado mi hora, estaría
perfectamente a salvo. El Dr. McGee le contestó de manera muy característica diciéndole:
"¡Bueno, si se planta usted en medio del tráfico al mediodía, hermano, su hora ha llegado!
 
El usar una frase como "me ha llegado la hora es una expresión de resignación, pero no es esa
la postura que adopta Jesús. A lo que se refiere aquí es a la realización. Está hablando del
momento que había estado esperando durante toda su vida, la hora de unas posibilidades
ilimitadas, la hora que durante tanto tiempo ha esperado. En toda la constancia que ha quedado
en los Evangelios se refiere continuamente a dicha hora: en el principio de Juan tenemos el
relato del primer milagro en Cana de Galilea, cuando convirtió el agua en vino. Estando allí se
le acercó su madre y le dijo: "Hijo, no tienen vino y su respuesta fue: "¿Qué tiene que ver eso
conmigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. (Juan 2:3-4). Lo que quiso decir fue que,
aunque haría lo que su madre le había sugerido, no tendría los resultados que ella había estado
esperando, porque aún no había llegado la hora, no era el momento oportuno. Jesús les dijo
repetidamente a los discípulos que: "todavía no había llegado su hora (Juan 7:30; 8:20). Estaba
esperando el momento en que abundaría la oportunidad y en aquellos momentos, al ir a la cruz,
elevó sus ojos al cielo y dijo: "Padre, la hora ha llegado. Con esas palabras lo que quiere decir
es que había llegado la hora en la que todo por lo que había vivido se cumpliría.
 
Esa era la anticipación que se basaba en el principio, como dijo él, de que: "a menos que el
grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. (Juan
12:24). Ese era el motivo por el que su hora no había llegado antes, porque Jesús sabía que la
obra de Dios no se realiza nunca aparte del principio de la muerte, que todo cuanto él hiciese
mediante poderosos milagros y poderosas palabras, todo el maravilloso poder de su ministerio
entre los hombres carecería de toda efectividad hasta que no pasase por la experiencia de
renunciar a todo cuanto él era. Hasta que lo hiciese, nada perdurable permanecería. Jesús sabía
que mas allá de la cruz se encontraba la gloria de Dios. Hebreos dice que "por el gozo que tenía
sufrió la cruz, menospreciando el oprobio (Heb. 12:2) de la misma manera, sabiendo que mas
allá de ella se hallaba el gozo que le estaba esperando. Mas allá de la cruz está la gloria, pero
la cruz es el único camino para llegar hasta allí. Todo su ministerio, toda su vida, carecerían de
la menor efectividad hasta que se cumpliese este principio de la muerte, a menos que el grano
de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo, no logrará nunca nada mas, ¡porque no puede!
Solamente si muere llevará mucho fruto. Mas allá de la renuncia a sus derechos estaba la
posesión del privilegio, mas allá del acto de obediencia estaba la bendición como algo real.
 
Es por eso que he dicho que también nosotros debemos de hacer esta oración, porque estamos
siempre enfrentándonos con horas como estas en nuestra vida. Tanto en el caso de los asuntos
importantes como en los insignificantes llegamos al momento en el que debemos decir, como lo
hizo Jesús: "Padre, la hora ha llegado, la hora en la que tengo que tomar una decisión entre si
aferrarme a mi vida por mi mismo, actuando de manera egoísta, como lo he estado haciendo
hasta aquí o si renunciaré a ella y, pasaré a lo que es aparentemente muerte, aferrándome a la
esperanza, la gloria y la realización que se encuentra más allá. Siempre nos estamos
enfrentando con horas así. Las llamamos decepciones, demoras, tal vez tragedias. Las
consideramos como invasiones de nuestra vida privada, a nuestro derecho a vivir nuestras
propias vidas. Pero si las vemos como lo hizo Jesús, reconoceremos que cada momento así es
una hora de gran posibilidad en la que, si actuamos conforme al principio de entregarnos a
nosotros mismos, descubriremos que hay una puerta abierta a un reino de servicio, bendición y
gloria tan amplio que resulta casi inimaginable. Eso es precisamente lo que quiso decir Jesús
con las palabras "la hora ha llegado. Era un momento de oportunidades sin límite.
 
Luego pasa de esto a otra palabra y dice:
 
    "glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, así como le diste autoridad sobre todo hombre, para
    que dé vida eterna a todos los que le has dado. (Juan 17:1b-2).
 
Pero estas palabras revelan que habla plenamente consciente de una relación adecuada. Si
examina usted cuidadosamente estos versículos se dará cuenta de que existe una maravillosa
interacción de personalidades. El Padre le da al Hijo a fin de que el Hijo, a su vez, le pueda
devolver al Padre. No se trata del acto de dar una sola vez, mediante el cual el Padre le
concedió autoridad sobre toda carne al Hijo, sino una entrega continua. El Padre, dice, está
continuamente concediéndole al Hijo la autoridad sobre toda carne. ¿Por qué? Para que el Hijo
pueda continuamente devolverle al Padre los hombres que el Padre le ha dado, para que puedan
ser suyos. Y lo que está expresando aquí, con este maravilloso lenguaje, es sencillamente que
todo su ministerio es una manifestación del poder adecuado para hacer frente a cualquier
exigencia.
 
El Padre le concedió autoridad, pero ¿para qué? Nos dice que para que pudiese concederle la
vida eterna a quien quiera que el Padre le hubiese dado, a fin de suplir la necesidad de
cualquier persona que viniese a él. Los que son enviados al Padre, atraídos a él, acudirán ante
su presencia. Quienquiera que sea, dice Jesús, mora en él, gracias al don del Padre y todo
cuanto es necesario para hacer frente a la exigencia de esa persona, él es suficiente para hacer
frente a cualquiera de ellas, sea la que fuere.
 
Esta semana en Newport Beach, estuve en una reunión social en un precioso hogar. Se acercó a
mi un hombre y agarrandome de la mano me llevó hacia un rincón y me dijo: "quiero hablar con
usted. He asistido a los desayunos de oración todas las mañanas esta semana y quiero hacerle
algunas preguntas. Como es natural, me sentí encantado y le animé a que me contase algo sobre
sí mismo. Era un hombre que tenía lo que podría describir como un rostro trágico. En él se
dibujaban profundas arrugas, señal de una honda tragedia y no tardé en averiguar cuál había
sido. Me contó que hacia solo unos meses que su hijo de diecisiete años se había suicidado y lo
que eso había representado para su esposa y para él. Al charlar me dijo: "Sé que esta semana he
escuchado algo que debe ser la respuesta. No puedo negar que todo lo que he estado
escuchando durante esta semana en las vidas de estos hombres es real. Hay algo aquí y yo lo
quiero, deseo venir al Mesías, pero no puedo. Yo le contesté: "¿por qué no? y me dijo: "No
siento la libertad para hacerlo hasta que pueda acudir a él con total honestidad y sinceridad. Me
quedan muchas dudas, cierto resentimiento y amargura acerca de lo que nos ha sucedido y por
eso no creo que pueda venir a él. Entonces le respondí: "Mi querido amigo, si no cree usted que
pueda acudir a él honestamente, hágalo deshonestamente y dígaselo así al Señor, porque la
invitación del evangelio dice: "El que tenga sed, venga eso es todo "venga. (Apoc. 22:17).
 
En Jesús, el Mesías, tenemos la respuesta adecuada a cualquier problema. Usted no tiene la
respuesta, pero no tiene que tenerla, él sí la tiene. Preséntele el problema a él, sea cual fuere,
duda, incredulidad, falta de honradez, temor, amargura, ansiedad, preocupación, sea lo que
fuere, Jesús dijo:
 
    "Venid a mi todos los que estáis fatigados y cargados y yo os haré descansar. (Mat. 11:28).
 
Y también dijo:
 
    "Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mi viene, jamás lo echaré fuera. (Juan 6:37).
 
¿Qué quiere decir? Esa es la maravillosa relación que tuvo cuando estuvo aquí en la tierra, pues
el Padre le estaba concediendo siempre autoridad sobre toda carne, sobre cada una de las
personas que acudían a él, como respuesta adecuada a cada necesidad, para que él a su vez, al
hacer frente a dicha necesidad, pudiese devolver ese hombre al Padre, habiéndole recibido
como un don del Padre mismo.
 
¿Reconoce usted que nosotros tenemos actualmente la misma relación que el Señor Jesús tuvo
con su Padre? La semana pasada escuchamos sus palabras:
 
    "El que cree en mí, él también hará las obras que yo hago. Y mayores que éstas hará, porque yo voy al
    Padre. (Juan 14:12b).
 
Todo cuanto está diciendo es que, gracias al hecho de que la vida de Jesús el Mesías mora en
nosotros, él está dispuesto a concedernos continuamente la autoridad sobre toda carne, sea cual
fuere la necesidad. Sea cual fuere la exigencia que nos presente la vida, sea cual fuere el
problema urgente que aparezca en nuestra vida, que nos agobie, él es suficiente para que le
hagamos frente, a fin de que podamos devolverle el gozo, el regocijo, la gloria y la acción de
gracias de nuestro corazón.
 
El Mayor Ian Thomas os ha recordado: "debemos tener lo que él es a fin de poder hacer lo que
él hizo.
 
Ese es el secreto del cristianismo vital. Incluso en esta hora de peligro, de muerte y de
tinieblas, cuando la cruz presiona con todo su perpleja confusión al Señor Jesús, él ora al Padre
y le dice: "Gracias, Padre. Ha llegado la hora, la hora que representará la mayor bendición que
el mundo ha visto jamás, la hora que yo he estado esperando, para la cual he vivido, y sé que, al
enfrentarme con ella, tengo una relación adecuada que es totalmente capaz de hacer frente a las
exigencias de esta hora.
 
Además hay una tercera cosa que introduce en esta oración. Un tercer ímpetu tras dicha oración
es el desvelar una posibilidad abundante:
 
    "Y esta es la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has
    enviado. (Juan 17:3).
 
Si un creyente desea dar un testimonio dice: "Tengo vida eterna. ¿Qué quiere decir? ¿Qué es la
vida eterna? Tiene vida eterna, dice usted, pero ¿qué es la vida eterna? ¿Diría usted: "lo que
quiere decir es vivir para siempre.? ¿Es eso lo que representa realmente la vida eterna? ¿No es,
acaso, otra cosa que la existencia eterna que sigue para siempre? ¿Es una vida fácil la que
pasaremos en la eternidad, tocando el arpa, es eso la vida eterna? ¿Es caminar físicamente por
calles de oro?
 
No, la definición está justamente aquí. Jesús dice que esto es la vida eterna. ¿Qué es? "Y esta es
la vida eterna; que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has
enviado. ¡Esa es la vida eterna! La vida eterna no es cantidad, es calidad. Es conocer a una
persona. Cuando se para usted a pensar en ello, es lo único que hace que la vida valga la pena
¿no es cierto? ¿Qué es el matrimonio? ¿Son tres comidas al día, es bañar a los niños, ver la
televisión, irse a dormir, levantarse para ir al trabajo por la mañana y volver de nuevo? No, el
matrimonio es conocer a otra persona, esa es la esencia.
 
Han transcurrido ya veinte años desde que siendo joven, visité una iglesia en Montana y sentado
un domingo por la noche ínolvidable, y desde las alturas olímpicas desde las que estaba
sentado, vi a una joven rubia con el cabello largo, muy rubio, cantando un solo. Tenía la voz
mas angelical que jamás había escuchado. Me dije a mi mismo, con la impetuosidad
característica de la juventud: " he ahí la muchacha con la que quiero casarme. Pero me sentí
dominado por un sentimiento de profunda frustración, porque sabía que a la mañana siguiente
tenía planeado salir para Chicago para vivir allí. Cuando se despidió la reunión, me encontré
con la muchacha a la puerta de la iglesia, a la que solo hacía un par de días que me habían
presentado, y le pregunté si podía escribirme con ella. Creo que se quedó muy sorprendida pero
dijo que "sí y después de llegar a Chicago empecé a escribirle. Le estuve escribiendo de vez en
cuando, durante una serie de años, unos cinco o seis años. Por fin, me encontré en Hawaii
escribiendo aún a la misma muchacha. Me llevó todo ese tiempo convencerla de que viniese a
Hawaii y allí nos casamos. Había estado intentando llegar a conocerla por correspondencia
durante todos esos años, pero no la conocía muy bien, a pesar de lo cual cuando nos casamos
empezamos a conocernos mejor, y todo el gozo del matrimonio consiste para mi en conocer a la
otra persona.
 
Aquellos matrimonios que no poseen este elemento se desintegran y no son otra cosa que una
experiencia aburrida y frustrante. Es el conocer a una persona lo que añade la riqueza a la vida.
Es por eso que la vida eterna es el conocimiento de la Persona eterna, la intimidad de la
comunión y el compañerismo con la Persona de Dios. "Y esta es la vida eterna; que te conozcan
a ti, el único Dios verdadero.
 
¿Cuáles son los resultados de un conocimiento así? Ya sea entre humanos o entre el hombre y
Dios, son siempre los mismos, excepto que en el caso de conocer a Dios trascienden las
fronteras de lo infinito.
 
Lo primero es el gozo, la vida se convierte en un disfrute. El conocer a otra persona significa el
fin de la soledad. Implica contar con un corazón que te comprende, una persona a la que le
podemos contar nuestros problemas, que compartirá además nuestras alegrías y nuestras
tristezas. No hay nada semejante en la vida. En eso consiste el conocer a Dios, en la plenitud de
ese gozo, en la riqueza de las experiencias.
 
Pero mas que disfrute, representa una expansión. ¿Ha observado usted alguna vez que una
persona que se retrae de los demás, que vive como un ermitaño, ya sea en aislamiento real o
mostrándose retraído e inaccesible, lleva también una vida muy estrecha? Su vida está limitada
por costumbres determinadas por un lado y actitudes inalterables por el otro y esa es toda su
vida, una estrecha tumba a la que le han quitado los dos lados, pero cuando conocemos a otras
personas, y especialmente cuando conocemos a Dios, ensanchamos los horizontes de nuestra
existencia, añadimos amplitud además de longitud. Descubrimos que el conocimiento de Dios
amplia toda la perspectiva de la vida, hasta que empezamos a vivir por primera vez. Este es el
testimonio de muchos.
 
Hace algunas semanas estuve en la frontera canadiense hablando a un grupo de jóvenes adultos
en una conferencia especial. Tras concluir una de las reuniones se me acercó un joven. Me
enteré después que hacía poco que se había convertido, era un joven que había sido piloto de
pruebas y había llevado una existencia bastante salvaje. Después de un mensaje en el que había
estado hablando acerca del conocimiento de Dios, me dijo: "¿sabe una cosa? Al hablar sobre
Dios no hace usted que suene como si se hallase en algún lugar distante, en alguna parte.
Escuchándole pude ver que Dios...(y se quedó como buscando la palabra apropiada)
Dios...¡Dios mola cantidad! Posiblemente me quedé un tanto extrañado, de modo que añadió:
"Bueno, ya sabe lo que quiero decir. ¡Dios está al corriente de la movida, mola un rato!
Entonces entendí de inmediato que no pretendía ser irreverente, ni mucho menos, al hablar de
ese modo. Lo que quería decir era que Dios es real y se interesa por la vida, que ha venido para
ampliar nuestros horizontes y si no nos rendimos ante El descubrimos que la vida se está
constantemente volviendo mas y mas estrecha, como un canal restringido, que no tiene suficiente
anchura ni mucho menos.
 
El conocer a una persona añade deleite y expansión, pero sobre todo, enriquecimiento, porque
la vida no solo debe tener longitud y anchura, sino que debe tener además profundidad. Cuando
conocemos a Dios por medio de Jesús el Mesías (porque no hay ninguna otra manera para
llegar al conocimiento de Dios, excepto a través de Jesús el Mesías, puesto que él mismo dijo:
"Nadie conoce bien al Hijo, sino el Padre. Nadie conoce bien al Padre, sino el Hijo y aquel a
quien el Hijo lo quiera revelar (Mat. 11:27) al participar en la comunión y la obediencia a
Jesús el Mesías, descubrimos que él enriquece nuestra vida en todas sus dimensiones y se
convierte en una vida cálida y fulgurante en nuestro interior, y tal vez por primera vez
comenzamos a experimentar la vida como se pretendía que fuese.
 
Una vez mas esta semana me senté con un hombre creyente, que era uno de los miembros de un
grupo que había estado tras la planificación de las reuniones que se celebraron la semana
pasada en Newport Beach. Estabamos comiendo juntos al mediodía y me contó la historia de su
vida, cómo se hizo cristiano. Me contó cómo había ido tras los éxitos habituales en la vida y los
había alcanzado de manera impresionante. Tenía todo el dinero que necesitaba, tenía una
familia estupenda, poseía todos los atributos normales de la vida y descubrí mas adelante,
hablando con otros, que era la viva imagen de la virilidad a los ojos de otros hombres. Le
conté, con el propósito de animarle, lo que otros me habían dicho acerca de él. Le dije: "¿a qué
es debido eso? Se le llenaron los ojos de lágrimas al decirme: "Le diré por qué. Si es verdad,
es porque cuando tenía cuarenta y uno años de edad descubrí a Jesús el Mesías y le doy gracias
a Dios porque a los cuarenta y un años aprendí por primera vez los auténticos valores de la
vida me dijo. "Me he sentido impresionado con esto de manera especial porque mi padre se
hizo creyente solo cinco días antes de morir, pero esos últimos cinco días fueron los días mas
maravillosos de su vida. Me siento sencillamente agradecido porque, aunque mi padre solo
entendió los auténticos valores de la vida durante cinco días, a mi se me ha permitido, durante
una serie de años, darme cuenta de lo que es la vida exactamente.
 
Eso es lo que da como resultado el conocimiento de Dios. Pablo dice: "todo es vuestro, sea el
mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro y vosotros
de Cristo y Cristo de Dios. (1ª Cor. 3:21-23). ¡Qué magnífico panorama! ¡Qué fabulosas
posibilidades y potencial dependen de esta sencilla relación con Jesús el Mesías!
 
Ahora bien, esta es la pregunta que quiero hacerle:
 
¿Está usted orando con esa clase de entendimiento, gracias a esa clase de relación? ¿Está usted
esforzándose por lograrlo?
 
¿Cree usted realmente que estas son las posibilidad que Dios está dispuesto a ofrecerle en su
vida?
 
¿O se siente usted satisfecho, como lo estamos muchos de nosotros, con seguir adelante, sea
como sea semana tras interminable semana, haciendo las mismas cosas aburridas de siempre,
con las mismas actitudes que adoptan las personas mundanas que nos rodean, sin que exista
nada visiblemente diferente en nuestras vidas?
 
Eso es lo que nuestro Señor nos plantea en esta oración. Ante la hora más trágica en la historia
de la humanidad no hay en su oración ni el más mínimo nerviosismo o de derrota, sino
sencillamente una actitud de descanso en aquello que ha sido característico de su vida todo el
tiempo y que manifiesta sencillamente que está al alcance de todo aquel que cree en él.
 
Oración
 
    Padre nuestro, ¡qué mendigos tan patéticos somos, cuando poseemos riquezas tan
    maravillosas y que poco las disfrutamos! Señor, derriba las barreras de nuestra
    incredulidad. Deténnos para que no podamos restar importancia a todo lo que oímos.
    Impide que hagamos algo tan terrible como es volver a la "vida normal, como
    acostumbramos a llamarla, y que sigamos siendo la misma aburrida persona que éramos
    antes. Dios, ayúdanos a ver que en Jesús el Mesías hay vida, luz, libertad, abundancia y
    haz que tengamos verdadera hambre y sed de ellas. Lo pedimos en Su nombre, amen.