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Asunto:[biblia] LA HUMILDAD EN LA ORACIÓN
Fecha:Viernes, 15 de Junio, 2001  00:21:18 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

LA HUMILDAD EN LA ORACIÓN
 
por Ray C. Stedman
 
Cuando se menciona el libro de Daniel a la mayoría de los cristianos, se le prenden sus oídos porque creen que se va a hablar
acerca de profesía. Daniel es un gran libro de profecía, de los últimos días, de el hombre de pecado, el anticristo, de lo que va
a pasar cuando Rusia invada a Israel, etc. Todo el mundo se éxita cuando uno estudia este libro.
 
Realmente es muy negativo--especialmente para cristianos nuevos--poner mucho enfasis en asuntos proféticos. Es una
tendencia natural, supongo, pero es algo que debilita, porque los asuntos proféticos son realmente un tipo de curso graduado
en teología, no un curso para principiante. Cuando yo era un joven cristiano, en mis años veinte, me dieron un libro muy grande
llamado Verdad Dispensacional de Clarence Larkin. Este libro estaba lleno con toda clase de mapas, diagramas y
representaciones de como Dios iba a obrar, ¡todo esto muy grandemente y maravillosamente preparado! Yo lo devoré, pero
he tenido que reproducirlo y revisar la gran mayoría a la luz de las Escrituras. Solo cuando uno entiende los movimientos de
Dios como es revelado en el resto de la Escritura uno puede de verdad comenzar a entender lo que estos pasajes predictivos
están diciendo. Es bueno recordar eso.
 
Ahora continuando con nuestra serie de oración del Antiguo Testamento, vamos a ir a un pasaje que trata del mismo profeta
Daniel, y lo que Dios le reveló. Esta sección está atada a un gran pasaje profético, pero viene como respuesta a la oración
maravillosa que Daniel oró. En este tiempo, Daniel era viejo de edad, alrededor de noveinta años de edad. El había servido
tras muchos cambios de la dinastía de el reino de Babilonia, siendo el primer ministro virtual del reino bajo tres reyes sucesivos.
Detrás de su gran carrera, él está ahora mirando hacia la vida pasada. Como nos dice el recuento en los primeros versos, él
está leyendo en las Escrituras para encontrar lo que Dios va a hacer. Daniel 9:1-3:
 
     En el año primero de Darío hijo de Assuero, de la nación de los Medos, el cual fué puesto por rey sobre el reino de los Caldeos;
     En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años, del cual habló Jehová al
     profeta Jeremías, que había de concluir la asolación de Jerusalem en setenta años. Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole
     en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceniza. {Dan 9:1-3}
 
Daniel nos dice que el oró esta oración en el primer año del rey Darío, el general de la ciudad de Babilonia. Darío era medo
que sirvió bajo el emperador Cirio el Grande. Así que en el primer año del reino de Darío como rey de la provincia de
Babilonia, Daniel revela esto en las Escrituras.
 
La mayoría de los estudiosos dan la fecha de esta época alredededor del año 537 A.C. De acuerdo a la cronología de las
Escrituras, en el 605 A.C., casi setenta años antes, el rey Nabucodonosor dirigió un gran ejército en contra de los egipcios en
una batalla crítica de la historia, la batalla de Karkemis, peleada en las costas de el río Eufrates. Allí los egipcios fueron
derrotados de su posición como uno los poderes militares mas grandes de la época. Nabucodonosor continuó y capturó a
Jerusalén en ese mismo año, tomando cautivo algunos príncipes reales de la casa de Israel, entre ellos Daniel y tres de sus
amigos, que nos son conocidos por sus nombres babilonios que eran Sadrach, Mesach y Abed-nego. Todo esto sucedió
como setenta años después.
 
Ahora, Daniel estaba leyendo del libro de Jeremía el profeta, y dijo estas palabras de el libro de Jeremías, capítulo 29.
 
     Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplieren los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi
     buena palabra, para tornaros á este lugar. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová,
     pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. {Jer 29:10-11}
 
Esas palabras debieron haber animado a Daniel, porque el realizó que el tiempo el apropiado. Han pasado casi sententa años,
y aún no había señal de que los israelitas en Babilonia estuvieran interesados en regresar a Israel. Fueron tratados con gran
respeto por los babilonios, quienes le cedieron grandes libertades. De hecho, sabemos de otros recuentos de que se habían
establecidos y habían comenzado negocios. Habían sido mantenedores de ovejas en la tierra de Israel, pero se convirtieron en
mantenedores de comercios en Babilonia. Algunos de ellos comenzaron negocios--¡Macyâs, Gimbelâs, El Emporium y otras
tiendas grandes se estaban beneficiando ya de estos tiempos!--así que esta gente no estaba interesada en regresar a las
desolaciones ruinas y de Israel. Por esta razón, Daniel y algunos de sus acompañantes ayunaron y se cubrieron con ropas de
tela de sacos, en la manera hebrea de expresar su dolor, y comenzaron a orar.
 
Ahora, a veces no vemos el hecho de que Dios les dijo que hicieran esto mismo. Si leen en la profecía de Jeremías en el
próximo verso nos dice:
 
     Entonces me invocaréis, é iréis y oraréis á mí, y yo os oiré: Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro
     corazón. Y seré hallado de vosotros, dice Jehová, y tornaré vuestra cautividad, y os juntaré de todas las gentes, y de todos los
     lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice ser llevados. { Jer 29:12-14}
 
Esto es un mensaje de gran ayuda para nosotros en nuestra propia vida de oración, porque aunque Dios anuncia lo que él va a
hacer, él también indica claramente de que una forma que él lo vá a hacer es a través de la oración; que cuando su pueblo ora,
él vá a cumplir lo que ya ha dicho que va a hacer.
 
Enucentro que mucha gente está confundida con este asunto. Ellos leen en sus biblias lo que Dios ha dicho que va a hacer y se
dicen a si mismo, "Bien, Dios lo va a hacer. No hay nada que hacer para mi, así que me siento a esperar y observar que
suceda. Entonces cuando nada sucede piensan que Dios no es fiel a su promesa. Pero Dios no es que no sea fiel a su promesa,
sino, es porque el hombre no ha respondido la parte que Dios le ha dado. Una de las cosas que hemos estado aprendiendo en
esta serie es que la oración es la forma de envolvernos en el programa que él ha establecido hacer.
 
Tenemos que rechazar la noción de que la oración es una forma por la que Dios nos ha dado para que él haga el trabajo por
nosotros. La mayoría de nosotros piensa de la oración de esa manera. Sentimos que tenemos necesidades, y queremos que
algo sea hecho--algo que encontramos que esta fuera de nuestro alcanze para manejar con nuestras practicas de manipulación
y confiamos en las promesas de Dios. Venimos delante de él y decimos, "Tu dices que harás Îcualquier cosa que pidamos,â
ahora, esto es lo que que yo quiero que hagas." En ese enfoque estamos diciendo realmente que Dios es un tipo de mozo
celestial; que cuando oprimimos el botón de la oración él va a aparecer y toma las órdenes de lo que queremos que él haga.
Pero eso es totalmente una falta de entendimiento de la naturaleza y el propósito de la oración. Oración es la manera en que
Dios nos envuelve en lo que el tiene la intención de hacer.
 
Oración es tan importante en su posición que él nos dice que va a retrasar lo que él va a hacer hasta que comenzemos a
responder en oración, o nos deja a nosotros y motiva a otra persona a orar. El el libro de Santiago leemos, "Tu no recibes, por
que no pides." {Sant 4:2b}. Santiago continua diciendo que aún cuando pides no lo haces correctamente, porque buscas que
tus propias necesidades sean satisfechas. Pero aquí se nos recuerda que la oración es parte de el plan de Dios.
 
Ahora esto es cierto también con relación a las promesas de los últimos días. Debemos orar para que Dios bendiga a Israel y
abra sus ojos en su tierra, y ore para que los propósitos de Dios sean cumplidos en los reinos de la tierra. Como creyentes
tenemos parte en los planes de Dios. Por lo tanto cuando Daniel leyó esto en libro de Jeremías, él obedeció lo que Dios dijo, y
comenzó a orar con todo su corazón buscando el rostro de Dios en esta gran oración.
 
Esta es una de las oraciones más sobresalientes registradas en las Escrituras. Veamos como Daniel comenzó. La primer cosa
que él hizo--y esto es siempre la forma correcta para hacer en la oración--es observar al Dios a quién él estaba orando. Oigan
estas palabras en el verso 4:
 
     Y oré á Jehová mi Dios, y confesé, y dije: Ahora Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la
     misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; {Dan 9:4}
 
No comiezes contigo mismo o con tus problemas. Jesús nos enseñó que la manera de orar es comenzar con Dios: "Nuestro
Padre que estás en los cielos, santificado sea tu nombre" {Mat 6:9, Luc 11:2}. Daniel comienza enfocando en la naturaleza y el
carácter de Dios, y vé dos cosas:
 
Primero, Dios es un grande y temible. Esas palabras suenan temerosas para nosotros porque no pensamos de esa manera de
Dios a menudo. Pero Daniel ha aprendido algo de la naturaleza majestuosa de Dios, de su poder, su sabiduría y su poder
soberano sobre todas las naciones de la tierra. Si deseas que tu opinión de Dios sea aclarado en relación a este tema, te
recomiendo que leas las profecías de Isaías. Allí verás que Ser asombroso es Dios. Esto es también la opinión de Daniel de Él.
 
Pero noten muy cuidadosamente que Daniel conecta esto con la compasión de gracia y amor de Dios. El vé a Dios como un
Ser de majestuosa asombrosa, y un Ser de amor tierno y compasión infinito. Eso es lo que Dios es, pero muchos de nosotros
se inclina a un lado o al otro.
 
Algunos de nosotros vé a Dios como un Ser de gran majestad y poder y nos vemos como saltamontes en sus ojos, y que de Él
no se esperaría que tuviera ningún interés en nuestros asuntos. Hay gente que ora con esa mentalidad: "O, tu Dios grande y
temible que te sientas en la cima del universo," dicen ellos. Uno se maravilla si alguna vez van a llegar a llamarle Padre y pedirle
algo.
 
Pero, por otro lado, podemos ser de una manera que se pasa de la confianza. Recuerdo una estrella de cine algunos años atrás
que dijo, "Dios es un juguete viviente." Dios no es eso. Él es un Padre tierno y compasivo con un gran corazón de Padre y
amor de Padre para con nosotros, y debemos de verle de esa manera.
 
Pero estás dos áreas de Dios son corrrectas. Que maravillosamente Daniel combina estas dos--la grandeza de Dios, y las
misericordias tiernas de Dios--en una visión real de Dios.
 
Tengo conmigo una cita de una carta que recibí de Lambert Dolphin esta navidad, un ex-miembro de nuestra congregación.
(Mucho de ustedes saben la presión intensa que él ha pasado en años recientes.) Fué de gran choque para mi estos dos
párrafos en la carta en la cuál él describe lo que Dios ha sido para él:
 
     En la mañana del 5 de Julio de 1979, Dios vino a mí. No dije que yo vine a él, porque fué él quién intervino. [Esto fué en un tiempo
     que él estaba alejado de Dios.] Estaba manejando hacia el trabajo cuando tuve una visión temerosa de la parte de atrás de Dios,
     [El se refiere a Exodo 33, cuando Moisés vió la parte de atrás de Dios.] Dios estaba furioso, y yo sabía de ese juicio, la obra
     extraña de Dios había comenzado en mi vida. Creo que este fué mi primer encuentro real con la santidad de Dios. Fuí aplastado
     como la cáscara de un huevo, y tirado completamente fuera de balance en una experiencia psicótica. Recuerdo vivamente todo
     detalle. De ese día en adelante, Dios ha sido no tan solo real pero temible. Pero aún vino a mi la esperanza en esa misma hora y mi
     vida comenzó a cambiar por completo en una manera profunda. Arrepentimiento--eso es, verse uno mismo en una posición
     diferente y cambiar el comportamiento como resultado--es muy doloroso, pero finalmente necesario para todo cristiano.
     Actualmente, creo que debemos arrepentirnos diariamente para que Dios nos molde y nos forme menos violentamente y
     traumáticamente que lo que sea necesario. Desde Julio pasado, Dios ha hecho una manifestación vez tras vez con imágines y
     experiencias de su santidad trascendental; y a lo largo de el asombro temeroso ha venido cuerdas de gracia y limpieza profunda
     interna.
 
Ese es la clase de Dios que oramos. Estas cualidades son reflejadas en una forma hermosa en la oración de Daniel. Ahora hay
tres elementos que quiero llamar su atención en esta oración:
 
Primero, y muy evidente es la confesión de su pecado. Daniel comienza inmediatamente confesando. Pero lo asombroso es
que este hombre, de acuerdo al registro, no ha tenido pecado en contra de él. En ninguna ocasión en las Escrituras se nos dice
que Daniel hizo algo malo. Ahora yo estoy seguro que él hizo cosas malas. Ciertamente, el pecado debío haber sido parte de
su vida, porque las Escrituras nos dice que no hay ningún hombre sin pecado, pero el registro no nos dá un recuento de ello.
Pero, oigan como Daniel se identifica con el pecado de su pueblo. Verso 5:
 
     Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus
     mandamientos y de tus juicios. {Dan 9:5}
 
Aquí aparecen listados cinco descripciones diferentes de hacer lo malo: hemos pecado; hemos hecho iniquidad; hemos obrado
impíamente; hemos sido rebeldes; nos hemos apartados de tus mandamientos y de tu juicios. Además verso 6:
 
     No hemos obedecido á tus siervos los profetas, {Dan 9:6a}
 
Eso es, hechando hacia un lado la palabra de Dios. Recuerdan cuantas veces Jesús le dijo a los grupo que él se dirigió, "Aquel
que tiene oído para oir, déjelo oir." Daniel lo reconoce, no hemos oído a tus siervos los profetas,
 
     "que en tu nombre hablaron á nuestros reyes, y á nuestros príncipes, á nuestros padres, y á todo el pueblo de la tierra." {Dan
     9:6b}
 
Después dice en el verso 13:
 
     "y no hemos rogado á la faz de Jehová nuestro Dios," {Dan 9:13b}
 
Daniel confiesa su propio pecado y el pecado de su pueblo en esta forma específica:
 
     Hemos pecado;
     No hemos oído;
     Nos hemos rebelado y no obedecimos;
     No hemos rogado a la faz de Jehová nuestro Dios.
 
Ahora, esto señala algo que es ignorado en nuestras oraciones. ¿Cuantas veces incluimos en ellas la confesión honesta de
pecado de puro corazón? No hay quizas algo que sea mas difícil y duro para nosotros que el admitir que estabamos
equivocado. Todos nosotros por naturaleza somos como la gente en el libro de Jueces, de quienes dice, "Todos hicieron lo que
era correcto bajo sus ojos," {Jue 17:6, 21:25}. Cuando te miras a ti mismo siempre te ves sin faltas, ¿no es asi? Pero cuando
tienes una medida por la cual compararte es cuando en verdas puedes verte.
 
Estoy convencido que esto es porque Dios nos deja padecer de mal aliento; es su forma grafíca de enseñarnos que hay algo en
nosotros, que no podemos ver o detectar nosotros mismos, que es muy desagradable y difícil de vivir con ello. ¿No es
asombroso que cuando tienes mal aliento no lo sabes hasta que la gente comienza a evadirte? El otro día en el dentista yo sentí
lástima por él, porque tiene que mirar dentro de las bocas de tanta gente que sus alientos se le hace muy dificil de trabajar. ¿No
es asombroso lo díficil que es decirselo a alguien? No nos atrevemos mencionárselo a nuestros amigos más cercanos. Si
alguien nos dice que tenemos mal aliento, nos sentimos asolados y humillados. Esto es un retrato grafíco de este problema de
estar a la defensiva y sin la disposición de ver algo malo en nosotros mismos.
 
Ahora, por eso es que es difícil el confesar pecados, pero al hacerlo es aún honesto y algo real. Dios no nos pide que
confesemos nuestros pecados porque él trata de humillarnos o penalizarnos o para ponernos tristes. Sino que Él nos lo pide
porque nos engañamos nosotros mismos, somos deshonestos con nosotros mismos, no somos realistas acerca de nuestras
vidas, y él es el realista final. Dios siempre maneja las cosas exactamente de la forma real que son y él dice que noy hay forma
que podamos ser ayudados hasta que comenzemos a hacer lo mismo. El nos pide, por lo tanto, que comenzemos
reconociendo las áreas que hemos fallado.
 
Es por eso que tenemos las Escrituras. La palabra de Dios es como un espejo. Muchos de nosotros, sin embargo tendemos a
ignorarlas Escrituras porque sabemos que esto es cierto. Si miras en la palabra de Dios, en el espejo de la Palabra, vas a ver
muy pronto en la forma que te ves, y no es siempre agradable. Otras personas vienen a nuestras vidas por esa razón. Como no
podemos vernos de la forma en que real somos, Dios en su gracia pone a alguien en nuestra vida para ayudarnos a vernos
nosotros mismos. Podemos ayudarles en la misma forma también. Esa es la gloria completa en las relaciones.
 
Por esta razón es que es muy tonto el resistir lo que otros te están diciendo. Si alguien te dice algo que no es agradable, puedes
que creas que viene desde un punto de vista torcido, y puedes estar correcto. Pero, cuando media docena de personas te
dicen la misma cosa, tu debes comenzar a prestar atención, porque te están diciendo algo que es verdad y que no puedes ver.
Hasta que no comienzes a verte a ti mismo en la realidad, estás viviendo en un mundo de fantasía, dañando todo lo que tocas
por que no ves la realidad, nos ves lo que hay realmente. Lo que mas puede ayudarnos en nuestra vida de oración, por lo tanto
es tomar un momento al comienzo de nuestra oración para encarar lo que la palabra de Dios nos dice que está mal en nuestras
vidas--falta de amor, brusquedad, actitud sarcástica, nuestra tendencia de defendernos y menospreciar a otros. Esto es donde
Daniel comienza. Todo esto es resumido en una gran palabra que es encontrada en la Escritura, la palabra "arrepentirse."
Cuando nos arrepentimos comenzamos a arreglar las cosas en nuestra vida: comenzamos a actuar honestamente con nosotros
mismos y con los demás. Pero tenemos dificultad haciendo esto a veces por la forma en que pensamos de Dios.
 
Daniel hace notar algo importante en su oración, donde el continua en el medio de su confesión reconociendo algo más acerca
de Dios. Verso 7:
 
     Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy á todo hombre de Judá, y á los moradores de
     Jerusalem, y á todo Israel, á los de cerca y á los de lejos, en todas las tierras á donde los has echado á causa de su rebelión con
     que contra ti se rebelaron. {Dan 9:7}
 
Este es un reconocimiento de que Dios está correcto en lo que ha hecho. Nosotros como humanos, dice Daniel hemos fallado.
La señal de esto es que estamos "confundidos." Actualmente, la palabra significa frustrados--nada nos va bien en nuestra vida,
hacemos planes y se caen, estamos constantemente encontrándonos frustrados. Esas son siempre señales de que tenemos una
perspectiva errónea de la vida, de que no vemos las cosas claramente, que nuestra visión ha sido cegada y confundida por
actitudes erróneas de nosotros mismos. El resultado es "confusión de rostro", y Daniel lo reconoce.
 
Además, alguna de la calamidades pronosticadas que la palabra de Dios dijo que le sucedería a Israel si se desviaban de él le
han venido encima. La Biblia nos dice cosas así también a nosotros. En el sermón del monte, Jesús dijo de que debíamos hacer
las paces con nuestro adversario pronto mientras estamos con él en el camino para que seamos enviados a los que
"atormentan" (esa es la palabra que él usa), y no saldremos libre hasta que hayamos pagado hasta el último centavo {Mat
5:25-26}. Esta palabra "tormentos," se refiere a un sentido de culpabilidad, confusión y frustración. Jesús está diciendo que si
no encaramos las acusaciones que son ciertas de nuestra conducta y comportamiento seremos entregados a los tormentos
internos que quitarán nuestra paz mental y robará nuestro sueño en la noche; seremos molestados por neurósismos, psicosís y
otras manifestaciones neuróticas; tendremos el estomágo revuelto y se convertirán en úlceras. Tendremos todos estos
"tormentos" porque no enfrentamos la verdaderamente la vida.
 
Pero noten lo que Daniel dice acerca de Dios: "Tuya es la justicia, Señor."
 
Otra vez dice él en el verso 14,
 
     Veló por tanto Jehová sobre el mal, y trájolo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que hizo
     {Dan 9:14a}
 
Una de los obstáculos mayores en la oración es que la mayoría de nosotros están enojados con Dios. No nos gusta lo que
Dios nos ha hecho; pensamos que hemos sido tratados injustamente. ¿Cuantos de nosotros hemos sido cogidos en una manera
u otra diciendo, "Señor por qué me estás haciendo esto? Por qué me estás tratando en esta forma? ¿Que he hecho yo para
merecer esto? Todo eso es una forma sutíl de hecharle la culpa a Dios, diciendo que él no es justo. Esto es algo que nunca
debemos decirle a Dios. Dios no puede ser injusto, él no puede mentir, no nos engaña, no puede ser injusto con nosotros, no
puede estar sin amor hacia nosotros. Su naturaleza es amorosa. Por lo tanto lo que él hace es amoroso, y lo que él nos dá es
también amoroso.
 
Recuerden que esta oración fue expresada por un hombre que fué una vez príncipe de la casa real de Israel. Daniel debió
haber tenido planes, sueños, y proyectos para lo que él quisiera ser cuando alcanzara su herencia. Pero todo estos planes
fueron interrumpidos duramente por una invasión del ejército extranjero. Él fué tomado cautivo y llevado a Babilonia. Allí, en
un país extranjero, con todos sus planes rotos en pedazos, Daniel comenzó a aprender a caminar como un hombre justo en
medio de gente pagana. El tuvo que observar a sus tres amigos ser tirados en el horno de fuego porque se mantuvieron en la
verdad en el medio de una gran presión. Cuando fué primer ministro de el reino, Daniel mismo fue atrapado por algunos de sus
enemigos y tirado a la guarida de los leones. Todo esto fueron circunstancias por la cuál creeríamos que tuvo que sucederle a
Daniel y se hiciera las siguientes preguntas, "¿Donde está Dios? ¿Por que él deja que me sucedan a mi estas cosas?" y decir
como decimos a menudo, "No es justo. Yo he sido fiel a Dios y he obedecido su palabra, pero él deja que esto me pase."
 
¿Has dicho alguna vez algo semejante?
 
Pero Daniel aprendió de que Dios nunca hace algo incorrecto. Es él quién tiene que ajustarse a Dios. Lo que Dios está
haciendo viene de un corazón de amor y sabiduría, que nunca tiene coraje y odio para nosotros. ¡Que tremenda lección de la
oración es esta! Es facil de confesar tu pecado a un Dios que reconoces como justo, que no murmura, quejándose y
argumentando de que Dios te ha engañado o privarte de algunas bendiciones bien merecidas en la vida.
 
Daniel está listo ahora para pedirle a Dios que actue, así que vienen sus suplícas. Verso 15:
 
     Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste nombre cual en
     este día; hemos pecado, impíamente hemos hecho. Oh Señor, según todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de
     sobre tu ciudad Jerusalén,.. {Dan 9:15-16a}
 
Aquí Daniel vá al grano. Él está diciendo realmente, "Señor quita la maldición de Jerusalén. Deja que esa ciudad sea restaurada
de acuerdo a tus promesas hechas a Jeremías que después de setenta años tú lo harías. Ahora Señor mueve a la gente. Haz
que esto suceda. Muévelos de nuevo y quita la maldición de esta gran ciudad."
 
Después Daniel continua en el verso 17:
 
     Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario
     asolado, por amor del Señor. {Dan 9:17}
 
La oración de Daniel fué específicamente por la restauración de la ciudad y el templo y santuario.
 
Ahora noten la forma audaz en que Daniel termina su oración, Verso 19:
 
     Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu
     nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo. {Dan 9:19}
 
Una vez que pongamos nuestras vidas correcta delante del Señor, cuando tomamos nuestra posición adecuada delante del
Dios de toda la tierra, entonces, como dicen las Escrituras, "cuando nos humillamos delante de el poderoso nombre de Dios,
vamos a ser exaltados." Esa es la promesa. Dios comienza a trabajar allí. Podemos entonces venir con audacia a pedirle
grandes cosas que son necesarias.
 
Vamos a mirar rapidamente a los resultados. Verso 20:
 
     Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová
     mi Dios por el monte santo de mi Dios; Aun estaba hablando en oración [aún no había termiando con la oración], y aquel varón
     Gabriel, al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como á la hora del sacrificio de la tarde. É
     hízome entender, y habló conmigo, y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la declaración. Al principio de tus
     ruegos salió la palabra [al mismo principio de tu oración], y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos.
     Entiende pues la palabra, y entiende la visión. {Dan 9:20-23}
 
Entonces sigue lo que quizás es la profesía más importante de toda la Biblia. Es llamada la profesía de las setenta semanas de
años, eso es, 490 años que iban a ser marcados para el cumplimiento de las promesas de Dios a Israel. Estos años cubren
desde el principio de la construcción de las murallas de Jerusalén hasta los tiempos de Jesús, después toma un gran salto
(como casi todos los estudiosos biblícos están de acuerdo) a un periódo final de siete años cuando el Señor ultimamente
regresará y establezca su pueblo y su ciudad en el lugar.
 
No tengo el tiempo de entrar en este tópico ahora, pero noten algo: En el verso 24 la profesía concierne a la ciudad de
Jersusalén y "al lugar santo," el cuál es el templo, así que esa oración de Daniel fué contestada, y más que contestada. Esta es
la manera en que Dios obra. El comenzó a conmover a Zerubabel, Esra y Nehemías, y a otros quienes fueron llamados a dirigir
la expedición de regreso a la tierra de Israel en contestación directa a la oración de Daniel. Pero lejos de eso, en una mayor
dimensión que la que Daniel pudo haber visto, fué la promesa de Dios de que el trataría con el pecado de todo el mundo en el
lugar mas santo, en Jerusalén, a través de la presencia del Mesías, de quién esta profecía habla, y la construcción de la ciudad
(la nueva Jerusalén, el nuevo santuario, "la habitación de Dios y el Espíritu--la iglesia). El cumplimiento mayor de esta oración
es la iglesia misma, que es ahora edificada por Dios en esta época, para que la oración de Daniel fuera mucho mayor de lo que
él pudo haber realizado.
 
Yo espero que esto nos motive a recordar que la humildad es la clave para tocar el corazón de Dios. Al humillarnos nosotros
mismos correctamente delante de él, removemos todos los obstáculos de la oración. Dios va a actuar en formas mucho mayor
de lo que podamos pedir o soñar, y el cumplimiento continuará, quizás por siglos todavía por venir.
 
Santiago dijo estas palabras, que les dejo para terminar: "La oración ferviente de el hombre justo puede mucho" {Sant
5:16}öo, como una traducción lo pone, "deja salir un tremendo poder." Eso es lo que hizo la oración de Daniel, y es lo que
nuestra oración puede también hacer.
 
Oración
 
          Padre nuestro, confesamos a tí que somos niños en este asunto de la oración; solo estamos apenas aprendiendo a
          como balbucir las palabras. Pero tu gran corazón de Padre nos exhorta, ofrece enseñarnos y guiarnos. Danos
          Señor, para que podamos cesar esta murmuración y quejas mundanas, y recordemos que ha sido enviada a
          nosotros de tu mano amorosa como un reto para que vivamos una vida recta en medio de ello. Lo pedimos en el
          nombre de Jesús, Amén.