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El Libro de Nahum Jorge An
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Asunto:[biblia] El Libro de Nahum (III de X)
Fecha:Jueves, 26 de Julio, 2001  23:43:26 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

El Libro de Nahum (III de X)
                  El Juicio Anunciado (cap.1)
 

B. El poder extresado (8-15)
     El carácter de Dios reclama la acción de Dios. Esta acción de Dios que reclama su justicia,
santidad, etc.; es la expresión máxima de su poder sobre la faz de la tierra. El poder de Dios es su
capacidad para ejercer y llevar a cabo su voluntad; es la energía propia de su dignidad como Dios,
pues, aquel que no puede hacer todo lo que quiere, y no puede llevar a cabo todo cuanto se
propone, no puede ser Dios. Por ello, que al enfrentarnos ante Jehová, una de las cosas que el
profeta quiere dejar claras de antemano, es que Jehová tiene no solo la voluntad de juzgar el
pecado, sino que también tiene el poder para llevar a cabo este juicio.
     Esta idea del poder de Dios está muy bien explicada por S. Charnock cuando escribe: "El poder
de Dios es la facultad y virtud por la cual puede hacer que se cumpla todo aquello que gusta, todo
lo que le dicta su sabiduría infinita, todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina... Así
como la santidad es la hermosura de todos los atributos de Dios, su poder es el que da vida y
acción a todas las perfecciones de la naturaleza divina. ¡Qué vanos serían los consejos eternos si el
poder no interviniera para cumplirlos! Sin el poder, su misericordia no seria más que una débil
lástima, sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas. El poder de Dios es
como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable: no puede ser contenido, limitado ni frustrado por
la criatura."
     Pero el poder de Dios que conocemos, a través de la creación (Is. 44:24; Ro. 4:17); de su
providencia (He. 1:3) o de la redención (Ro. 1:16; lªCo. 1:24); un poder que está íntimamente
relacionado con su carácter, pues es la respuesta al mismo, es un poder que no ha demostrado
todavía su plena expresión, sus plenas capacidades. Pensar en este poder que ha creado, que ha
hecho tantas cosas, tiene que hacemos pensar en la magnitud del poder derramado en el juicio
sobre los que rechazan a Dios. El profeta, tras presentar la realidad de Jehová. su persona y
carácter, presenta su poder, como una nueva invitación para la reflexión de todos aquellos que
reciben este mensaje. Si Dios tiene este poder, en el hombre sabio solo se puede producir una
actitud de: 1) Temblar ante Dios y su soberanía manifestada en su poder; 2) Adorar a Aquel que
tiene todo el poder y el dominio sobre la creación; 3) Confiar en Aquel que es el único que puede
darnos soluciones y cobijo ante el poder de Dios en acción.
     Antes de pasar a presentar algunas de las características de este poder, tenemos que considerar
hacia quienes se dirige, sus efectos y los motivos que lo originan.
     a. Los receptores del poder de Dios
     Como en el desarrollo general de la profecía, tenemos que notar que hay dos grupos que son el
destino del poder de Dios. Delante de Dios solamente hay dos clases de personas; a los ojos de los
hombres hay muchas clases, razas o tipos de seres humanos; pero ante Dios solamente hay dos
grupos. y todos, absolutamente todos los hombres están en uno de éstos dos bandos.
     En primer lugar, está el grupo de los que rechazan a Dios. Estos son los que "traman contra el
Señor" (9. 11), son los "consejeros perversos" (11). Tramar contra alguien es preparar de una
forma astuta, una serie de engaños, con el fin de conseguir destruir al adversario. Este término lleva
implícita la idea de acción; es decir, aquellos que se han revelado contra Dios con la acción y
comisión de sus actos. Los que traman son consejeros perversos que buscan que la cultura, la
sociedad en medio de la cual viven, no atienda a la voz de Dios, sino que siga cualquier otro
camino. Para estos el poder de Dios es una advertencia de juicio y destrucción inminente y
definitivo. El poder de Dios para ellos es terrible y objeto de temor. de pánico y de huida.
     En segundo lugar, como receptores del poder de Dios, nos encontramos con aquellos que
confían en Dios. Estos son los que encuentran su única muralla de defensa en la presencia de Dios,
sus promesas y su poder liberándoles de sus enemigos. En un sentido son los receptores pasivos
del poder de Dios, hombres y mujeres derrotados, sin esperanza de solución para sus conflictos, y
que encuentran en Dios la única salida a su opresión. Ellos ven el poder de Dios como la respuesta
a sus lágrimas, la puerta a una nueva vida renovada en Dios, llena de nuevas expectativas de futuro.
Ellos ante el poder de Dios que viene, no pueden más que adorar a Dios, celebrar las fiestas de
reconocimiento del poder de Dios (15), no pueden -más que depositar completamente su confianza
en Aquel que responde a todas sus inquietudes.
     b. Los efectos del poder de Dios.
     De nuevo tenemos que considerar los efectos del poder de Dios desde las dos perspectivas que
encierra esta profecía. En primer lugar los efectos sobre aquellos que están en un enfrentamiento
radical en contra de Dios. Pero por otro lado las consecuencias que el juicio de Dios tiene sobre
aquellos que forman parte del pueblo que ha depositado su confianza en Dios.
     El primer aspecto entonces son los efectos del poder de Dios sobre los que rechazan a Dios,
sobre Nínive en este caso. A veces, el hombre que está expuesto ante el poder del juicio de Dios
se toma esta realidad en vano. A veces incluso el justo se desespera y lanza la pregunta al Señor:
"¿Hasta cuando, Señor?" La opresión, la aparente prosperidad de aquellos que viven en impiedad,
hacen en ocasiones salir del corazón palabras de desánimo. Pero el poder del Señor es real, y en su
tiempo hará perder a los que se enfrentan contra Dios; aunque en un sentido toda su vida presente
ya es una pérdida, una pérdida que aparentemente no existe, pero que en realidad ya están
sufriendo. Verbos como: "Pondrá fin (8), perseguirá (8), hará completa destrucción (9), serán
consumidos (10), serán cortados (12), desaparecerán (12), quebraré (13), romperé (13), no se
perpetuará tu nombre (14), arrancaré (14), prepararé tu sepultura (14), Ha sido exterminado por
completo (15)", no nos dejan albergar muchas dudas en cuanto a la realidad del juicio que vendrá y
sus terribles consecuencias sobre aquellos que estén expuestos al mismo.
     Quizá podemos destacar cinco áreas de pérdida fundamentalmente, en las cuales podemos
notar, que la pérdida es algo real en el presente. aunque en su grado máximo será evidente cuando
el Señor ejecute su juicio de forma evidente:
        1) Pérdida de seguridad. Necesitarán huir ante la crudeza y realidad del juicio de Dios. En el
presente, el hombre que rechaza a Dios necesita huir de la realidad de un Dios "evidente", de una
conciencia propia que le acusa, y de su propia realidad y temores. El hombre sin Dios es un hombre
en constante huida de la realidad, de la comunión, buscando escondites y murallas de todo tipo que
le proteja de los peligros de la sociedad en medio de la cual vive.
        2) Pérdida de arraigo. Quedarán sin la estabilidad de las raíces bien echadas en la tierra, sin el
alimento, sin el refrigerio de una estabilidad en la vida. El hombre sin Dios es un peregrino sin rumbo
ni patria. Pasa por esta vida reconociendo que es un pasajero en este mundo, pero con el miedo y
la inestabilidad de no saber lo que le aguarda en el más allá, no puede cantar "voy a mi patria, voy a
mi hogar".
        3) Pérdida de futuro. El triste espectro de la caducidad ahoga todas sus obras. El hombre vive
para ser recordado; todos nosotros queremos ser recordados por algo. En un sentido la huella
marcada en la humanidad, en la vida de otros, es la satisfacción, para el ser humano, de su afán de
eternidad. Como el hombre no puede vencer a la muerte, pretende perpetuar su nombre más allá
de la muerte. El juicio de Dios afecta a este aspecto del desarrollo de la humanidad, pues deja al
hombre sin ningún futuro por el cual ser recordado. Se dice, que en el s. II a.C., ya no quedaba ni
resto de las grandiosas murallas que había en su tiempo rodeado la ciudad de Nínive. El poder de
Dios que borra literalmente de sobre la faz de la tierra la más profunda huella que el hombre halla
intentado marcar.
        4) Pérdida de esperanza. La realidad del hombre que se rebela contra Dios es que la sepultura
está al acecho. La muerte como resultado de la rebelión, la muerte como final del camino, la muerte
como el enemigo invencible; pero la muerte como final de toda esperanza para la humanidad.
"Aprovecha el presente, disfruta el momento, porque la vida es breve". Este es el lema de toda una
cultura del "carpe diem", el hombre viviendo sin Dios que tiene el deber de sacar el máximo partido
posible a los años de vida que tenga, pues, la eternidad para él es el sueño de unos ilusos.
        5) Pérdida irreparable. Pero quizá la consecuencia más terrible del poder de Dios obrando
para juicio, sea, que es un juicio que no admite vuelta atrás. En su determinación final, nadie podrá
recuperar lo que ha dejado atrás, las oportunidades perdidas son irrecuperables, la vida dicta su
sentencia sin permitir una revisión a posteriori. Pero en el presente cada día que pasa, supone un
endurecimiento del corazón y la conciencia humana ante la invitación de Dios a arrepentirse y
cobijarse del juicio que vendrá1 El hombre hoy está sufriendo el principio de la pérdida más
importante de su experiencia, la pérdida irreparable de una íntima comunión con Dios.
     Pero en contraste con todo este panorama, podemos notar en segundo lugar, las consecuencias
del juicio de Dios para con aquellos que confían en él. De nuevo podemos echar una visual a los
verbos empleados por el profeta en esta sección, que nos reflejan mucho de la acción de Dios en
favor de los suyos: "No afligirá más (12), quebraré su yugo y romperé sus coyundas (13), anuncia
la paz (15), traerá gozo y seguridad (15)". Quizá hay aquí cuatro ideas que destacan sobre el
trasfondo del contexto como las promesas para el pueblo que confía en su Dios:
        1) Restauración. Dios restaura a su pueblo a la condición que tenía con anterioridad. Dios
busca en su pueblo que vuelva, no a una comodidad social, económica y política, sino que vuelva a
las raíces de una relación renovada con Aquel que es todo para los suyos. Es por ello, que en
ocasiones el Señor permite que su pueblo pase por experiencias de angustia, para que en los
momentos de conflicto, descubran a su Dios. La restauración de Dios es tomar a aquellos que están
hundidos, y colocarlos en la posición de su dignidad justa.
        2) Libertad. Dios libera a su pueblo. El pueblo que pasa por momentos de angustia por no
haber entendido la libertad de Dios, descubre en medio de la prueba, que la auténtica y única
libertad se encuentran solo en una íntima relación con Dios.
        3) Esperanza. Dios llena la vida de su pueblo de una visión clara del más allá, de la herencia
reservada para los suyos. La esperanza que traen las buenas nuevas, la esperanza de una nueva
relación de paz, la esperanza de una ciudadanía en los cielos reservada para nosotros. Dios nos
hace ver más allá de lo triste de este mundo, de nuestros fracasos y luchas, para que fijemos
nuestros ojos en la meta, y que sea esta visión clara la que motive a su pueblo, y no las visiones de
metas pequeñas, de proyectos pasajeros o ilusiones terrenales, sino que podamos ver más allá.
Personalmente creo, que la pobreza espiritual del pueblo de Dios en el día de hoy comienza por una
pobre visión de lo que somos, y de lo que tenemos en Cristo, una pobre visión de la herencia que
tenemos en los cielos. Vivimos demasiado prendados del presente, sin considerar la eternidad, no
quiero decir que debamos vivir de sueños, pues la eternidad no es una ilusión, sino que las
realidades de nuestro futuro, sean las que impulsen la vitalidad de nuestro presente.
        4) Gratitud y adoración. El cuarto aspecto es el resultado lógico de toda la obra de liberación,
restauración y esperanza con que Dios bendice a aquellos que confían en él. Es la respuesta del
corazón que ha comprendido lo mucho que Dios ha hecho por él, un corazón que no puede callarse
a la hora de alabar a Dios, que no puede callarse a la hora de agradecer a Dios hasta los más
insignificantes detalles de su vida, un corazón, que le pertenece a Dios. De nuevo, es mi opinión
personal, que el pueblo de Dios vive una pobre vida de adoración porque no se ha enterado
todavía de las tremendas bendiciones, de la magnitud de estas bendiciones que posee en Cristo
Jesús.
     En estos cuatro puntos de lo que Dios hace en medio de los que confían en él, podemos notar
un breve resumen del evangelio, de lo que Dios ha hecho en cada una de las vidas de aquellos que
hemos depositado nuestra confianza en Cristo como nuestro Señor y Salvador. Cristo nos restaura
a una condición de relación renovada con Dios. Cristo rompe las ataduras de nuestra esclavitud al
pecado, para darnos la única y auténtica libertad. Cristo nos da una nueva esperanza, para mirar al
futuro con la seguridad de que la muerte ya ha sido vencida, de que tenemos una herencia
reservada en los cielos. Y finalmente, consideramos, por la propia palabra de Dios que la finalidad
de todo esto es que seamos agradecidos, y lleguemos a ser el pueblo que proclame las excelencias
de Dios ante todas las naciones.
     c. Las causas del poder de Dios derramado
No podemos obviar que el poder de Dios derramado para juicio, es su respuesta a las acciones de
los hombres. Dios no obra de una forma caprichosa, sino que en cada ocasión, el obra como
respuesta a las acciones de aquellos que están enfrentándose abiertamente ante su autoridad. Por
ello, al considerar este pasaje, nos encontramos con tres ideas, tres "porqués" que impulsan el juicio
de Dios ante esta ciudad de Nínive.
        1. El oponerse a Jehová (9, 11). El primero de los motivos que encontramos para el poder del
juicio de Dios es que este pueblo se había puesto, abiertamente en contra de Dios. Tramaron
contra Dios, eran consejeros perversos que procuraban alejar la atención de Dios. Esta es la actitud
de aquellos que no quieren que Dios forme parte de su experiencia, y que lejos de ignorarle,
montan campañas en contra de Dios. El hombre que no vive en una relación de confianza con Dios,
no es un hombre que esté indiferente ante Dios, sino que procura desvirtuar a Dios y su obra,
llegando a ser un activista en desanimar a aquellos que sirven a Dios.
        2. El afligir al pueblo escogido de Dios (12) Pero la segunda razón que motiva el juicio de
Dios, está muy relacionada con la primera; pues Dios juzgará por el trato que han dado a su
pueblo. Dios es Defensa de los que en él confían, él es un escudo que demandará de las manos de
los hombres lo que hagan con sus escogidos. La importancia del pueblo de Dios estriba, no en su
condición, sino en que le pertenece a Dios. Tenemos que ser realistas, la persecución que el pueblo
de Dios ha sufrido a lo largo de los siglos, la persecución que hoy en día sufre todo aquel que
quiere ser consecuente con lo que cree, no es una persecución del hombre a otros hombres, sino
que es el rechazo de la humanidad a Dios mismo. Es la batalla de aquellos que están bajo el
dominio de Satanás por cumplir con la misión y función de su Señor, desvirtuar todo lo que es la
obra de Dios.
        3. El pecado personal de cada individuo (14) La tercera causa del juicio tiene que ver con la
responsabilidad personal ante la persona de Dios. "Porque eres vil" (14). "Porque eres alguien que
ha faltado a la confianza que en ti se ha depositado". El término "vil" se refiere a todo aquello que es
inmundo, sucio; que carece de toda honra y que no debe ser tenido en cuenta. Al final, cuando
reconocemos todo esto, tenemos que terminar reconociendo que el juicio de Dios comienza en el
corazón de cada ser humano. No es por culpa de una cultura, educación o situación particular que
rechazamos a Dios; todo ello puede influir en este rechazo; pero la responsabilidad final, la decisión
de que hacemos con Dios, es algo que surge desde lo más íntimo de nuestra propia vida, es nuestra
decisión, son nuestras acciones, las que nos transportan a ocupar un determinado lugar en la
presencia de Dios. El pecado no es el azar, no son casualidades, sino que es el fruto lógico de una
condición moral con la cual nacemos.
     d. Las características del poder de Dios
Después de considerar, a los receptores, los efectos y las causas del poder de Dios, se hace
necesario un breve repaso a las características fundamentales de este poder. El poder de Dios es el
resultado inequívoco de su carácter en acción. Dios actúa por que su carácter le impulsa a tomar
decisiones importantes. Dios derrama su poder por que él es como es. Y es por ello que cuando
consideramos las características del poder de Dios, vamos a recordar mucho de su carácter.
     1. Un poder ineludible (8) La primera característica del poder de Dios es que este es un poder
ineludible. No hay nadie que se pueda escapar del poder de Dios; ni ningún lugar donde el hombre
pueda esconderse de la mirada de Dios. Ni las tinieblas, ni las murallas pueden ofrecer seguridad
cuando Dios derrama su poder. Es el salmista, quien tiempo atrás, ya había experimentado esta
realidad de que ante la presencia de Dios es imposible la huida, y él lo expresa con las palabras:
"¿Adónde me iré de tu Espíritu? ¿Ya dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás
tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el
extremo del mar a un allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas
me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mi. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la
noche resplandece como el día, lo mismo te son las tinieblas que la luz." (Sal. 139:7-12).
Los ninivitas estaban intentando ocultarse de Dios; ¿cuántas veces no hacemos nosotros lo mismo?.
Conscientes del poder de Dios, conscientes de la severidad de Dios, conscientes del pecado de
nuestra vida, pensamos neciamente que Dios no nos ve, pensamos que podemos ocultarnos de
Dios, pensamos que podemos vivir como queramos sin dar importancia a Dios. ¿Cómo podemos
caer en tal necedad?. "El rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal" (1ªPe. 3: 12b).
No podemos ocultar nada de la atenta mirada de Dios, no podemos pretender vivir una doble vida,
la vida ante Dios y la vida que yo quiero vivir, pues es una actitud hipócrita y que Dios demandará.
Debemos vivir la realidad de lo que somos, y somos aquello que reflejamos cuando nadie nos ve,
cuando solo Dios nos ve.
     2. Un poder eficaz (9) En segundo lugar, podemos notar que el poder de Dios es un poder
eficaz. Es un poder que no dejará el castigo, o la acción divina a medias. Hay una diferencia
sustancial en la traducción del final de este texto entre la B.L.A. y la R.V.66. La B.L.A. traduce
este texto como: "no surgirá dos veces la angustia"; mientras que la R.V.66 traduce: "no tomará dos
veces venganza de sus enemigos". Quizá la diferencia radique en la perspectiva que el traductor
toma sobre el receptor del poder, por un lado la angustia, por el otro el enemigo. Pero la idea, sea
lo que sea, en que se basa la recepción del castigo de Dios, es que el poder de Dios acaba de
forma completa con el motivo que origina el pecado. Juzga y no vuelve a surgir.
Una advertencia seria y solemne, en esta sección es la que nos invita a la conclusión de que con
Dios no se puede jugar. Dios derrama un juicio que es eficaz para erradicar las raíces del pecado, y
esto es muy doloroso. Doloroso para aquellos que están revelándose contra el Señor y que en su
día serán los receptores del juicio de Dios.
     3. Un poder completo (10) La tercera idea es la de que el poder de Dios es completo en si
mismo. El poder de Dios que hace consumación (9), el poder de Dios que consume
completamente. El poder de Dios en acción afecta a todas las áreas de la vida, erradica el pecado
en su totalidad.
     Cuando Dios actúa, es para que su obra quede consumada, cuando Dios juzga el pecado, lo
hace de tal manera que ya no hace falta más ofrenda por el pecado (Heb. 10:18). Cuando Dios
entra en juicio contra Nínive, por el pecado de este pueblo, hace una completa obra, y nunca más
tendrá que dictaminar el juicio sobre Nínive, por que no se volvió a levantar la impiedad en esta
ciudad, ni la ciudad volvió a surgir. Cuando Dios en la persona del Hijo, muere en la cruz del
Calvario exclama: "Consumado es" (Jn. 19:30). Ya no hay más necesidad de sacrificios ni ofrendas
por el pecado, pues, la obra del poder de Dios, ha sido consumada y el pecado ha sido
sentenciado y derrotado por Cristo en la cruz.
     Al enfrentarnos ante el poder completo de Dios tenemos que reconocer que el cristiano, aquel
que ha depositado su confianza en Dios y la obra de Cristo, aquel que ha sido perdonado y
redimido por la sangre del Cordero de Dios; está completamente perdonado. Dios ha saldado
todas nuestras deudas por medio de Cristo y nadie nos puede ya condenar (Ro. 8:33-34). Estamos
en Cristo, cobijados bajo el poder de Dios, y no es necesario más sacrificios, esfuerzos que añadir
a la obra de Cristo. Todo cuanto los hombres tienen que hacer para ganar el cielo, es un esfuerzo
por decir que Dios es un mentiroso y que su poder no es completo. ¡No tratemos de comprar la
gracia de Dios!
     4. Un poder retributivo (11, 14b) En cuarto lugar, en este pasaje descubrimos que el poder de
Dios es un poder retributivo. El poder de Dios que castiga al hombre se derrama contra aquellos
que se han erigido en contra de Dios. Aquellos que se esfuerzan por ir en contra de Dios, marcando
su propio camino, siguiendo sus propios impulsos, y adorando a imágenes hechas con manos de
hombres.
     El poder de Dios es la expresión de su celo, de su santidad y de su justicia. Es decir, es su
acción de vindicar para si la gloria que solo a él le corresponde y que los hombres no quieren darle.
La pregunta que me planteo de forma personal es: ¿Está el pueblo de Dios dando gloria a su Dios?.
¿Somos los creyentes responsables a la hora de actuar, conscientes de que nuestra
responsabi1idad es dar gloria a Dios en todo?. Dios demandará de nuestras manos, todo cuanto
hallamos hecho y que no le halla dado la gloria que solo él se merece.
     5. Un poder irresistible (12a) En quinto lugar, notamos que el poder de Dios es irresistible. Ni el
vigor, ni el número, ni todo aquello que para los hombres es sinónimo de poder, servirá para
enfrentar el poder de Dios.
     En cuantas ocasiones el hombre se enfrenta a Dios, se pone delante de Dios y decide en ir en
contra del mismo. "Cree en ti mismo", 'conócete a ti mismo". " el poder está en ti"; y otros muchos,
son lemas de nuestra sociedad, una sociedad no muy distinta en el fondo a la ninivita, que lejos de
mirar a Dios, ha centrado todo su afán en este mundo y su atractivo pasajero. Cada uno piensa en
sus recursos, cada uno quiere defender su parcela de poder y autoridad.
     Pero que necia es esta actitud, pues, ¿qué puede hacer el hombre delante de aquel que es
Creador de todo, y quien controla absolutamente todo, humanidad incluida? ¡No pretendamos
resistir a quien es irresistible!
     6. Un poder real (14) El poder de Dios es real. Es un poder determinado, ya marcado y
dispuesto para la acción. A veces, pensamos que Dios no actuará, que tarda tanto que lo que
demuestra es que no quiere actuar. Pero esta no es la realidad, en su tiempo, de acuerdo con sus
modelos, Dios actuará cuando sea necesario. Actuó sobre Nínive, lo hizo en el diluvio, lo hizo en
Sodoma y Gomorra; lo hará al final de los tiempos. Lo que ocurre es que Dios quiere otorgar su día
de gracia a una humanidad expuesta ante el tremendo juicio de Dios.
     Dios derramará su poder en un día que él ya ha determinado, no seamos insensatos, sino
seamos sobrios y prudentes, preparados para cuando este día llegue.
     7. Un poder protector (12b) Pero el poder de Dios que es una amenaza para aquellos que se
oponen, es también un poder protector para con su pueblo. Al mismo tiempo que Dios castiga a
Nínive, está defendiendo a Israel que estaba oprimido bajo Nínive.
     El poder de Dios se manifiesta como un baluarte, como un muro en defensa de los suyos. "El
ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende" (Sal. 34:7) Y esto es lo que
estaba experimentando Judá. Un pueblo desanimado, sin fuerzas, sin esperanza, encuentra en Dios
la salida a una situación sin solución.
     Dios es el que protege en el día de hoy a los que confían en él. Es quien está preparado para
proteger a su pueblo, la iglesia; y a cada uno de sus hijos, los creyentes. Esta realidad la enfatiza el
apóstol Pablo cuando escribe: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?... ninguna cosa creada
nos podrá separar del amor de Dios..." (Ro.8:35-39). No hay nada que pueda superar a la
protección completa que tenemos en Dios.
     ¿Por qué entonces, en tantas ocasiones vivimos amedrentados y hundidos ante las
circunstancias?. No porque Dios nos falle, sino porque en múltiples ocasiones, nosotros no creemos
a las promesas de Dios. Si Dios es el Todopoderoso, ¿quién o qué puede estar por encima de él?
NADIE ni NADA.
     8. Un poder liberador (13, 15b) El poder de Dios es también un poder que trae libertad a
aquellos que estaban bajo el yugo de la opresión. El Señor rompe el yugo que era Asiria para la
nación de Judá; el Señor rompe todas las ataduras que limitaban a Judá, tanto de miedo, como de
ataduras externas; y el Señor derrama una completa libertad. "Mira, es la voz del Señor a Judá, no
ves venir va al emisario de la paz sobre los montes". En un sentido real y literal, aún no veían la
libertad de Dios; pero como Dios ya había dictado su juicio, su sentencia era firme, la certeza era
que la libertad de todos los enemigos y de todas las ataduras de la carne estaba al llegar.
     Dios quiere que el hombre sea completamente libre de todas las ataduras de su egoísmo y del
pecado; por ello ha juzgado y sentenciado al pecado y a Satanás; para que nosotros seamos
completamente libres. Libres del yugo del pecado, ya no somos siervos del pecado; pero libres
también de las ataduras de los hábitos y el mal que mora en nosotros (Ro. 7:21). una libertad que
nos arranca de esa experiencia que relata Pablo en Romanos 7 y que le lleva a gritar: "¡Miserable
de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Ro. 7: 24). La respuesta a la pregunta
agonizante del apóstol, la misma que podemos planteamos nosotros al reconocer que no podemos
hacer el bien que quisiéramos hacer; es que Cristo nos libera también de las ataduras de este
cuerpo de muerte cuando resucitemos de acuerdo con su imagen en la gloria.
¿Qué esperanza más gloriosa podríamos esperar? Dios colma todas las ansias del corazón humano.
     9. Un poder pacificador (15a) En último lugar. el poder de Dios es un poder que busca traer la
paz. Traer paz a hombres que estaban enfrentados con Dios, traer paz a corazones turbados por la
angustia. Traer paz a vidas atormentadas por los miedos a un futuro incierto.
     Dios es el Dios de la paz. y es su deseo que todos los hombres estén en paz con él y como
consecuencia de esto en paz consigo mismos. La raíz de los conflictos que nos rodean es que el
hombre no está a bien con Dios y por ello no está en paz consigo mismo, y por ende, no está en
paz con sus prójimos. Dios quiere solucionar este conflicto y para ello envía a su Hijo a morir en la
cruz para que por medio de esta obra, podamos ser reconciliados con Dios, puestos a bien con
Dios, podamos tener paz (Ro. 5:1: Col. 1:20).
     ¿Sentimos la paz de Dios en nuestras vidas? ¿Vivimos la paz de Dios en nuestras relaciones?
Que pobre es la vida de la iglesia de Dios, cuando esta no puede disfrutar del gran regalo de la paz
que Dios nos ha ofrecido.
 
Algunas reflexiones sobre este capítulo
     o El pueblo de Dios precisa urgentemente redescubrir a un Dios tan grande como es Jehová, y
vivir vidas consecuentes a la luz de la relación renovada por medio de la sangre de Cristo.
     o El pueblo de Dios precisa urgentemente redescubrir el poder de un Dios tan grande como es
Jehová, y experimentar este poder en sus vidas por medio de la oración.
     o El pueblo de Dios precisa urgentemente redescubrir la gratitud y adoración imprescindibles
ante un Dios tan grande.
     o El pueblo de Dios necesita despertar ante la necesidad de una sociedad expuesta ante la ira de
Dios que vendrá.
     El pueblo de Dios precisa urgentemente redescubrir la severidad de Dios para vivir vidas a la
sombra del temor de la santidad de Dios.
 
                                                             Eduardo Carnero