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Asunto:[biblia] El Libro de Nahum (IV de X)
Fecha:Viernes, 27 de Julio, 2001  23:58:15 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

El Libro de Nahum (IV de X)
                   El Juicio Expresado (cap.2)
 
     Cuando nos acercamos a considerar este capítulo en donde Dios se para a mostrar su severidad
de una forma mucho más palpable, nos topamos con tres ideas principales que surgen de las líneas
del mismo; pero tres realidades que se basan en el principio fundamental de que Dios, el Dios que
juzga, es como se ha presentado en el primer capítulo, el Dios vivo, santo, justo y con todo poder.
     En primer lugar notamos que la realidad de Dios, su carácter con todas las marcas que presenta
el capítulo primero, su poder con todas las cualidades anteriormente referidas, requiere la expresión
de su juicio y severidad. .El Dios justo no puede quedar impasible ante el continuo rechazo de los
hombres: el Dios que es santo no puede quedar inmóvil ante la inmundicia de la humanidad que el
mismo ha creado; el Dios que tiene todo poder actuará y no dejará nada fuera de lugar.
Expresiones como: "El destructor ha subido (1), Está decretado (7) o Heme aquí contra ti, declara
el Señor... (13)" son las que nos hacen ver la realidad de un juicio que ya no admite vuelta atrás. un
juicio que se avecina con tremenda voracidad e inminencia.
     Pero también, y en segundo lugar. la realidad de Dios y de su juicio inminente reclama de los
hombres el asirse de una defensa segura para su vida., El ser humano precisa encontrar algo o
alguien que le de seguridad ante el juicio de Dios que vendrá. El capítulo primero es una invitación a
considerar la severidad de Dios, para luego, habiendo sido impactados por esta severidad, buscar
las defensas que nos amparen del juicio de Dios. Es una necedad sabiendo que hay un peligro que
amenaza de forma seria nuestra vida, no buscar soluciones para el mismo. Esto es lo que en muchas
ocasiones el hombre hace con Dios, aun oyendo la advertencia de Dios, aun oyendo la realidad de
su juicio no buscan defensas, o cuando se ponen a buscar soluciones buscan cualquiera menos la
que el mismo Dios ofrece. La autoconfianza es el recurso mayormente usado ante la severidad de
Dios:
     "Monta... vigila... fortalece... refuerza... (1); es preparada la defensa (5)". La idea de estas
expresiones es la del hombre que quiere esconderse de Dios y buscar su propia seguridad en sus
recursos.
     Hay una tercera idea que se desprende de la realidad de Dios, primero hemos dicho que su
realidad requiere juicio sobre el pecado; segundo también hemos dicho, que su realidad requiere
defensas para esconderse de su juicio. Pero la tercera idea que podemos notar de la realidad de
Dios y que nos revela este capítulo, es que el Dios que es real tiene un propósito para la
humanidad, un propósito de restauración que se hace visible en este momento en su pueblo" Israel,
y que por extensión se hará palpable en la experiencia de todos aquellos que han depositado su
confianza en el Dios vivo y real. El v. 2 es una hermosa expresión del deseo de Dios de restaurar al
hombre que deposita su confianza en Él. Este es el hombre que se encuentra delante de Dios sin
murallas que le protejan, que reconoce que solo es en Dios donde puede encontrar la estabilidad y
seguridad que su vida precisa.
     Pero a la luz de estas tres ideas fundamentales de este capítulo, quisiera que notásemos tres
ideas que hallamos en este capitulo también acerca del juicio de Dios, cuando Dios se decide a
actuar en la esfera de los hombres. Donde notamos que el juicio de Dios es una realidad, no es una
torpe amenaza, sino que es un evento real, aunque es futuro, es real; pero también notamos que es
una realidad que estremece los rudimentos de la sociedad, la vida personal y todas las esferas de
desarrollo, causa terror. Y en tercer lugar, notar que el juicio de Dios es una realidad desoladora,
cuando el ser humano no ha encontrado refugio ante el juicio seguro de Dios, tarde o temprano se
topara con la realidad de un juicio que trae la más completa desolación a la vida del individuo.
 
A. El juicio: Una realidad fuitura (1-2)
     El juicio que Dios ejecuta sobre el pecado es una realidad inminente e inquietante. Son muchas
las personas que creen en Dios, "a su manera". La necesidad del ser humano hace que sea un ser
creyente, pero incapaz de asumir la realidad de que Dios es quien debe tener el control de todo.
Por ello, el hombre busca facilitar la cuestión y se crea un dios a su imagen y semejanza, un dios
que le permita hacer todo cuanto quiera. un dios que no es el Dios de la Biblia sino un simple ídolo.
     La tremenda cantidad de sectas que proliferan en nuestros días no son más que los esfuerzos
humanos por fabricarse un dios que les complazca. la calidad de la vida de los cristianos en el día
de hoy no revela nada más que el hecho de que se han hecho un dios pequeño y que no molesta
para nada.
     El problema es obvio, el ser humano, tanto el cristiano como el que no lo es, ha eliminado de
Dios todo aquello que le resultaba incómodo, entre ello su severidad. Es por ello que nunca tanto
como en este tiempo nos tomamos el pecado con tanta liviandad, nos tomamos las
responsabilidades cristianas con tremenda superficialidad, la Biblia ha pasado de ser la norma de
conducta a un mero entretenimiento sociocultural. ¿Nos estremece realmente el considerar que
nuestro Dios, o por lo menos el Dios de la Biblia es tres veces santo y no consentirá el pecado en
medio de su pueblo?
     a. Una realidad inquietante (1)
     Cuando nos paramos a pensar seriamente en el juicio de Dios, esta es una realidad que inquieta
todo nuestro ser, que trae desasosiego, que nos presiona a buscar soluciones. Es por ello que
cuando consideramos la severidad de Dios tenemos que considerar dos aspectos de este tema.
     1. El destructor. El destructor es aquel que trae ruina, asolamiento y pérdida que es casi
irreparable. La referencia en este texto no es a alguien que puede dañar levemente, sino que se
refiere a aquel que causa daños que nadie ni nada pueden reparar.
     Un texto que viene a nuestra mente al considerar una pérdida tan tremenda, son aquellas
palabras de propio Señor Jesucristo cuando nos enseña a quien debemos temer: "...temed más bien
a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno." (Mt. 10:28). ¿Quién es el que puede
causar una pérdida tan irreparable? ¿Quién es el destructor de Nahum 2:1 o el heridor, que es el
mismo término hebreo que se emplea para destructor, de Ex. 12:23'? El Dios Todopoderoso es el
único que tiene poder para dictar un juicio que sea totalmente irreparable, es el único que tiene todo
derecho para condenar y para salvar, pues él, y solo él, es Dios.
     Escucha, dice Nahum, Nínive, Jehová ha subido contra ti. Al principio y al final del capítulo, vv.
1 y 13, nos encontramos con la misma expresión. El Señor quiere dejar claro que la lucha que ha
emprendido Nínive no es una lucha superflua, no es una leve dificultad que en un momento
terminará, sino que la lucha que tienen enfrente es contra el Dios eterno, Jehová de los ejércitos (13
RV66). Aquel que tiene todo poder es quien está contra Nínive.
     2. La defensa. Considerar la imagen del destructor, como aquel que no se está acercando, sino
que realmente ya está ahí, que ya ha subido, es algo que inquieta. Inquieta por la magnitud y las
repercusiones que este enfrentamiento tiene para la eternidad de los hombres. Es por ello, que la
única alternativa para el corazón amedrentado es la de buscar escondites, de buscar soluciones.
     La fortaleza, la fuente de seguridad de la ciudad; el camino, la vía de acceso a la ciudad: los
lomos, como la fuente del vigor humano; el poder, como todo el compendio de fuerzas y ayudas de
los hombres; necesitan ser fortalecidos y preparados de una forma muy especial. Es necesario
echar fuera el temor al sentir la confianza que puede dar el saber que el enemigo, el destructor no
puede dañar. Pero lo trágico, es que ante la severidad del juicio de Dios, no hay fortaleza. no hay
camino, no hay lomos, ni hay poder humano que pueda traer una completa o una mínima seguridad.
     La Palabra de Dios advierte de la vanidad de los escondrijos humanos cuando nos enseña que:
"no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están
desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta." (Heb. 4:13). Pero contra
esta realidad nos encontramos en un mundo donde todos tenemos que buscar soluciones y
escondites. Afirmaba un hombre de los que aseguran creer "a su manera": "Cuando vemos hacia
donde se dirige el mundo, con toda la destrucción del medio ambiente, te das cuenta de que esto no
vale para nada y por ello tienes que hacerte religioso, por que solo la fe puede ayudarte a sobrevivir
en el presente ". Y es que el mundo de hoy es un mundo que huye de la realidad de Dios y su
severidad, al reconocer la vanidad de los esfuerzos humanos, por ello esta sociedad, inquieta ante la
realidad de su futuro, busca cobijarse en la religión, la ciencia, con todas sus ramificaciones, el
hedonismo, con todo lo que le relacione con materialismo, etc., la autopromoción, la confianza en
uno mismo y el explotar al máximo, de formas bastante necias, pues suponen una supravaloración
de las capacidades del ser humano, con todas las filosofías que nos hablan del poder de la mente y
la fuerza interior. Un montón de fortalezas para tener seguridad en el presente. La psicología nunca
ha estado tan de moda como un esfuerzo por ayudar al hombre a generar sus propias fortalezas
psicológicas para enfrentar la vida.
     Pero fortalezas que son también caminos. Los caminos de una humanidad que se ha desviado
del modelo divino, para buscar en su extravío nuevas rutas que le lleven a la seguridad. Pero
caminos que no ayudan sino que abren más y más puertas a la derrota y la frustración. Es necesario
para el hombre hallar el auténtico camino que le de seguridad, estabilidad y defensa del juicio
seguro que vendrá, y este camino solo es Cristo. Pero al considerar esto, a mi corazón llega una
tremenda exclamación: ¡Pero que necios somos los cristianos!. Que necios somos porque teniendo
un tesoro tan grande, con tanta frecuencia lo estamos pisoteando, al vivir vidas llenas de hipocresía
y pecado; al vivir vidas en nada acordes con el modelo divino, reflejado en la Palabra de Dios, al
vivir nuestra propia apatía y desidia espiritual. Que necios somos, al ser tan egoístas que no somos
capaces de pensar en los millones de personas que se mueren a nuestro alrededor sin esperanza
ante el juicio que llegará.
     Qué el Señor abra nuestros ojos y corazones, para que lleguemos a reconocer la realidad de
nuestra responsabilidad para con Dios y con la sociedad que nos rodea.
     b. Una realidad esperanzadora (2)
     Es en medio de todo este panorama de desolación, ante la advertencia de un juicio severo que
ya está ahí, que el mismo Señor, en los labios de su profeta, pone una nota de esperanza. una nota
de edificación y victoria en medio del panorama de la derrota y la destrucción. Pero una nota
selectiva. La esperanza que Dios ofrece no puede llegar a todos los hombres, sino que solo cubre a
su pueblo, a aquellos que confían en él. a aquellos que se reconocen desolados, que reconocen que
no hay más camino, que no hay otra fortaleza que no sea Dios mismo. Era el poeta quien al escribir
el conocido himno "Castillo fuerte" escribía, unos versos que ilustran la realidad de aquellos que
esperan en el Señor:
 
                                     ...
                   Nuestro valor es nada aquí con él todo es perdido,
                    más por nosotros pugnará de Dios el Escogido.
                   ¿Sabéis quién es? Jesús, el que venció en la cruz,
                      Señor de Sabaoth; y, pues, El solo es Dios,
                              Él triunfa en la batalla.
                                     ...
                     Sin destruirla dejarán, aun mal de su agrado,
                    esta palabra del Señor; Él lucha a nuestro lado.
                     Que lleven con furor los bienes, vida, honor,
                      los hijos, la mujer... todo ha de perecer...
                             de Dios el reino queda.
 
  ¡Qué expresión de confianza tan maravillosa! Todo es pasajero, solo Dios es eterno, por lo tanto
                           ¿a qué nos vamos a aferrar?
 
     1. La restauración. La idea de restauración choca frontalmente con la destrucción que anticipa la
presencia de Dios para juzgar. La restauración era un término de uso en varias facetas de la vida, se
usaba para definir la acción de reparar un camino, o del paso de las fincas a sus legítimos dueños.
     También era un término de uso en negociaciones financieras para definir la restauración de una
deuda contraída o cuando un obrero rompía una piedra cuando esta era sustituida por una entera.
Literalmente este término se puede definir como la vuelta al orden original. El diccionario define esta
palabra como: "1)Recuperar o recobrar. 2) Reparar, volver a poner en aquel estado o estimación
que antes tenía. 3,) Reparar del deterioro que se haya sufrido".
     Aplicando esto a la situación que se vivía en este tiempo en la tierra de Judá, entendemos que el
Señor volvería a su pueblo de la devastación que estaba viviendo como consecuencia de los
constantes ataques por parte de los merodeadores de Nínive; de la inseguridad de una vida
amedrentada y vacía de cualquier bien: a una situación de vida y seguridad, una situación donde el
pueblo podría disfrutar de los beneficios de la tierra que Dios les había regalado. Una nueva
situación en la cual Dios representaría un papel muy importante como la fuente de toda prosperidad
y bendición nacional.
     Cuando consideramos la realidad de esta restauración que Dios obra en un pueblo desolado y
destruido desde las ciudades a los campos, podemos notar varias cosas acerca de nuestro Dios:
     o El poder de Dios. El poder de Dios quien tiene el control en su mano, de todas las
circunstancias, y para quien no existe nada sobre la faz de la tierra que sea irrestituible. Cualquier
efecto del pecado Dios lo puede restaurar. La situación que estaba viviendo el pueblo de Judá, era
el resultado de su desobediencia a Dios en tiempos pasados; pero Dios puede vencer cualquier
efecto del pecado en la vida de sus hijos que se vuelven a él arrepentidos. Que seguridad, confianza
y gozo puede traer esta realidad a nuestra vida. El Señor puede y quiere librarnos de cualquier
desolación que el pecado traiga a nuestras vidas, para restauramos a una posición renovada con él.
Pero tenemos que entender que si bien es verdad que Dios nos restaura de los efectos del pecado,
en muchas ocasiones, hay secuelas del pecado que quedarán grabadas de forma indeleble en
nuestras vidas para que consideremos lo trágico que es el pecado.
     o La misericordia de Dios. Al hablar de restauración, no podemos obviar la misericordia de
Dios. Su misericordia que le lleva a actuar en favor de seres inmerecedores de ser restaurados,
hombres y mujeres que le hemos fallado en tantas y tantas ocasiones, pero para quienes Dios sigue
dispuesto para restaurarles. Ante esto solo podemos decir: ¡ Gracias Señor!. Gracias por que aun a
pesar de mi fracaso sigues obrando en mi favor, gracias por Tu preocupación por mi tan infiel y
lleno de pecado y debilidad.
     La alternativa de Dios. La tercera faceta de Dios que surge al considerar la restauración que él
ofrece, es el considerar el camino que nos presenta como solución para el juicio que se avecina
sobre nosotros. Un camino abierto con un coste impresionante, la muerte de Cristo y su sangre
derramada en nuestro favor. Dios ama a esta humanidad, aun a pesar del pecado y rebelión de los
hombres, y por ello ofrece la única alternativa posible para cobijarse del juicio real que se cierne
sobre toda esta humanidad y para el cual el hombre JAMAS podrá encontrar salida o un refugio
seguro.
 
                                                             Eduardo Carnero