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Asunto:[biblia] El Libro de Nahum (VII de X)
Fecha:Jueves, 2 de Agosto, 2001  23:57:06 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

El Libro de Nahum (VII de X)
El Juicio Expresado (cap.3)
     El tercer capítulo
          de Nahum nos continua hablando de aquel juicio que se había presentado
          en el primer capítulo, aquel juicio que en el segundo capítulo
          se presenta en su realidad, pero en el tercer capitulo se nos presenta
          como este juicio se lleva a cabo en la experiencia de los ninivitas.
    La ejecución del juicio divino ahoga cualquier
          atisbo de esperanza. Dios ha determinado su sentencia, y aquí
          se presenta el inevitable juicio sobre Nínive. Pero uno de los
          énfasis principales que encontramos en este capitulo, es la afirmación
          de que el juicio divino no es el resultado de la caprichosa voluntad
          de Dios; sino que el juicio que Dios ejecuta es el resultado de las
          actitudes y la conducta de una humanidad que no ha hecho caso de la
          atenta y compasiva invitación de Dios ha aprovechar su misericordia.
     Es por ello que en este capítulo, el
          profeta invita a Nínive a alzar sus ojos para que a la luz de
          los acontecimientos de la historia, y lo que ocurrió en Tebas,
          los ninivitas puedan dar su última respuesta a la invitación
          de solución por Dios extendida. Si no hacen caso, el juicio será
          ejecutado en toda su crudeza, por ello el final de la profecía
          es una nueva invitación a la reflexión personal de un
          pueblo humillado al reconocer su pecado. Pero lo triste es que Nínive
          no atendió a la invitación de Dios.
A. La naturaleza del juicio (1-7)
La primera sección que encontramos en este capítulo nos
          lleva a considerar la naturaleza del juicio que Dios está dictando
          sobre la tierra. Una invitación a considerar la forma en la cual
          Dios efectuará su juicio, así como las causas que impulsan
          a Dios a tener que tomar esta medida de juicio. y qué producirá
          en la tierra el paso del heridor (2:1).
     El juicio de Dios es real, era la reflexión
          del capítulo anterior, pero además es tremendamente severo.
          Esta muy bien podría ser la reflexión de esta sección.
          Notamos como la solemnidad de este libro, alcanza su clímax en
          este capítulo, en el cual ya no queda lugar para notas de esperanza.
          En los dos capítulos anteriores veíamos varios textos
          que nos hacían pensar en la bondad de Dios para con aquellos
          que confían en él (1:7; 12-13: 15; 2:2); pero en este
          capítulo, aunque indirectamente podemos notar las bendiciones
          que el juicio sobre Nínive traerá a la tierra de Judá,
          no encontramos estas ideas directas, que eran las pinceladas de contraste
          y esperanza; lo cual nos lleva a pensar que el juicio de Dios agota
          toda la esperanza de la presente humanidad. Hay un momento en el cual
          el hombre sin Dios, aquel que se ha empeñado en enfrentarse ante
          Jehová de los ejércitos, que al igual que ocurriera con
          Faraón, tendrá el corazón tan endurecido que no
          habrá ocasión para rectificar su condición. Nínive
          se encontraba en este punto, ya había dado la espalda de una
          forma definitiva a todo cuanto Dios le quería ofrecer, y por
          ello ahora solo le quedaba sufrir el juicio de Dios en su tierra y experiencia.
     a. Su motivo
Al considerar las referencias que estos textos nos hacen acerca de la
          forma en que se comportó Nínive, podemos llegar a la conclusión
          de que son dos las causas que impulsaron a Dios a derramar su ira de
          forma tan inminente sobre esta ciudad:
        1. La conducta moral de Nínive
          ante las naciones que la rodeaban (1). Ciudad sanguinaria, ciudad llena
          de mentira, ciudad llena de pillaje, ciudad donde nunca cesa la rapiña.
          Se nota tras estas calificaciones del comportamiento de esta ciudad
          la poca moralidad, el poco respeto a unos mínimos de conducta
          y ética, el poco respeto a la vida y a la persona. El egoísmo
          era una de las características esenciales de una ciudad preocupada
          por tener y atesorar, sin respetar para nada al prójimo. El afán
          del poder. el deseo de dominar a todos los vecinos de alrededor, revelan
          una nueva actitud del comportamiento de esta ciudad. El orgullo por
          querer mantener un nombre y una fama, por hacerse un nombre en medio
          de las naciones, un nombre que atemorizase, un nombre que trajese el
          terror y sirviese para satisfacer el ego humano.
        La conducta moral de Nínive
          no es tan distinta de la conducta de la sociedad en medio de la cual
          nos toca vivir en el presente. Una sociedad donde el afán por
          el poder, y por el poseer dominan en todas las áreas de la vida,
          llevando al hombre en un constante declive. El "yo" es lo primero, el hombre luchando por encumbrarse a si mismo, sin importar
          los que esto suponga en daño para los demás. El aviso
          del profeta Nahum para esta sociedad es evidente, Dios juzgará
          las conductas de una humanidad que no valora aquello que Dios ha creado
          con un gran valor y por quien Dios ha llegado a entregar a su único
          Hijo para redimir.
        Pero ¿es la conducta
          moral de la iglesia diferente?. Los creyentes ¿hemos aprendido
          la humildad y sencillez del Señor, hemos aprendido a entregarnos
          en el servicio de los demás o seguimos llenos de ambiciones y
          pretensiones personales que nos llevan a seguir los mismos parámetros
          de comportamiento de la presente sociedad? Creo que tristemente estamos
          más cerca de asimilar los patrones del mundo que de imitar el
          modelo de Cristo. No podemos pasar tampoco nosotros por alto la advertencia
          de que el Señor juzgará estas actitudes.
        2. La conducta espiritual
          de Nínive en relación con Jehová de los ejércitos
          (4) Las muchas prostituciones de la ramera, la encantadora, la maestra
          de hechizos, la que seduce a las naciones. Hay varios calificativos
          referentes a Nínive que nos presentan bien a las claras cual
          era la condición en la cual esta ciudad había caído
          en cuanto a su relación con Dios. Poco tiempo atrás, en
          tiempo de Jonás, esta ciudad se habla rendido a los pies de Dios
          en busca de su protección ante el juicio que se avecinaba sobre
          ella. Ahora, tiempo después, el Señor se refiere a Nínive
          como ramera, aquella que ha dado la espalda a Dios para buscar la relación
          con otros dioses creados por ellos. Buscando prosperidad, buscando su
          propio rumbo y no someterse a las demandas de Dios, cayeron en lo triste
          de una conducta llena de prostituciones. Destaca que no le llama el
          Señor la adúltera, sino ramera, pues en el fondo de su
          desvarío están los fines lucrativos, está el buscar
          el beneficio propio, el llenar sus arcas y tesoros a cuenta de los que
          aceptaban sus ideales...
       Pero el concepto que destaca del
          fondo de toda esta idea es la entrega absoluta de la vida a otros poderes
          o dioses, dejando al margen los valores absolutos de Dios. Esta idea
          nos hace pensar en la ingratitud del hombre ante la misericordia de
          Dios, cuando Dios hace todo en favor de la humanidad, llegando a entregar
          a su propio Hijo, pero el hombre lejos de entregarse, le da la espalda
          y rechaza la oferta de amor y misericordia de Dios.
        "El gran mal del hombre
          de hoy es la ingratitud", esta era la expresión que salía
          de los labios de un hombre ateo. Estoy totalmente de acuerdo con esta
          expresión, pero añadiría que este mal se hace mucho
          más evidente en cuanto a la relación del hombre con Dios.
          Cuanta tristeza causa el pensar en creyentes que piensan en cuanto les
          cuesta seguir a Cristo y terminan con la coletilla de costumbre: "Pero
          como la salvación no se pierde". Queremos las bendiciones,
          pero nos duele el compromiso: y este compromiso, no es más que
          un ejercicio de gratitud hacia aquel que ha hecho tanto para con nosotros.
     b. Su forma
     En segundo lugar, al considerar estos
          textos, notamos también algo acerca del cómo o la forma en la cual este juicio se llevará a cabo. Los vv. 2 y 3 presentan
          una sucesión de eventos que empiezan con los látigos y
          concluyen con las lanzas. Siempre el castigo presente, pero desde su menor expresión hasta la crueldad completa de un juicio severo.
     Los látigos nos hablan de la disciplina
          de Dios, por medio de serias advertencias, como una invitación
          final al arrepentimiento, así como también un primer proceso
          de debilitamiento en las facultades del hombre o mujer rebelde.
     El ruido de las ruedas, el galopar de los caballos
          y el saltar de los carros; son figuras del sonido que advierte que el
          juicio de Dios está ahí. La advertencia final para que
          el hombre se esconda o escape de un juicio evidente. Ya no son las palabras
          del profeta, ya no son los ruidos leves de la lejanía, ahora
          es la realidad de un ejército evidente para cualquiera que se
          pare a escuchar. El juicio que está aquí debilita todas
          las fuentes de confianza; pues los caballos y los carros eran la evidencia de un ejército poderoso, de un ejército que no es posible
          derrotar.
     Pero la tercera imagen que nos presentan estos
          textos es la imagen del juicio en su ejecución. El poder de Dios
          derramado en su ira sobre las plazas de las calles; la espada de Dios,
          el instrumento de la sentencia del juicio ya dictaminado brillando,
          evidencia de estar desenvainada; la lanza principio de la desolación
          que el juicio de Dios produce en la tierra está preparada para
          la batalla. Ya no hay vuelta de hoja, ya no hay marcha atrás,
          habéis provocado a ira al Dios de los ejércitos, y eso
          tiene consecuencias eternas.
     El juicio de Dios llega. Se hace oír
          aun en nuestros días por medio de la palabra de Dios; pero también
          por medio de los eventos que vemos surgir en nuestro derredor, eventos
          que revelan como los caballos y los carros del juicio de Dios se están
          acercando. Nínive no hizo caso de la advertencia de un juicio
          inminente. Mucha gente en nuestra sociedad tampoco: pero nosotros, el pueblo de Dios ¿estamos preparados para la llegada del día
          del Señor?
     c. Sus efectos
     En tercer lugar, la idea que encontramos
          de este pasaje, tiene que ver con el resultado del paso del ejército
          de Jehová sobre la tierra expuesta al juicio de Dios. Desde luego
          que su paso es evidente. Hay dos efectos fundamentales que se desprenden
          de este pasaje:
        1. La ruina nacional. La
          primera consecuencia del juicio de Dios es la ruina en medio de toda la nación. Muerte y herida en las vidas de aquellos que se enorgullecían
          de su gran poder en medio de las naciones. El juicio de Dios deja marca
          indeleble en la historia de la humanidad, con una herida que no puede
          ser curada, con una muerte que destina al hombre a toda una eternidad
          de soledad, enajenado de Dios.
        2. La vergüenza nacional.
          La segunda consecuencia del juicio de Dios, provoca la vergüenza de aquellos que se enorgullecían, por que descubre a los ojos
          de todos los hombres la realidad de la vida, la realidad de la conducta,
          la realidad de los miedos y de todo aquello que el hombre quería esconder de los demás, pues, eran los síntomas de su propia
          debilidad, la realidad de la vanidad humana.
        o Dios avergüenza
          la arrogancia, al descubrir lo vergonzoso de la conducta de los ninivitas
          (5).
        o Dios humilla la altivez
          al poner al hombre orgulloso y arrogante a la misma altura del estiércol (6).
        o Dios expone el resultado
          de su juicio, para que los hombres, al considerar el fin de los ninivitas
          reflexionen sobre el poder de Dios y las consecuencias del pecado (7).
        La altivez y la arrogancia,
          el poderlo y la autosuficiencia humanas, rendidos ante el estrado de los pies de Dios, Cuanta tristeza el pensar en los efectos del justo
          juicio de Dios que producen la ruina más tremenda en la vida
          del hombre. Cuanta tristeza al pensar en tantas personas a nuestro alrededor
          expuestas ante esta misma ruina eterna. Cuanto gozo, al considerar el
          milagro que Dios ha obrado en algunos que no siendo mejores que nadie,
          sino que siendo lo pobre, lo vil y lo menospreciado, Él, en su
          infinita misericordia, nos rescató y nos cobija de la ira que
          vendrá. ¿Estamos siendo realmente agradecidos ante tan
          gran privilegio?
Eduardo Carnero