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Asunto:[biblia] La Renovación de la Iglesia: Conceptos Básicos (I de IV)
Fecha:Miercoles, 8 de Agosto, 2001  00:40:53 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

La Renovación de la Iglesia: Conceptos Básicos (I de IV)
El Concepto Bíblico de Renovación
A. LA RENOVACION BÍBLICA Y LA DOCTRINA APOSTÓLICA.
     Cuando consideramos el tema de la renovación
          espiritual de la iglesia, es importante que comprendamos que no estamos
          hablando de cambiar o renovar la doctrina bíblica. La enseñanza apostólica
          es de carácter permanente e inamovible. Es "la fe que de una vez para
          siempre fue entregada a los santos" (Judas 3). Es la palabra final de
          Dios para el hombre en todo lo que concierne nuestras creencias y nuestra
          conducta, y no está sujeta a ningún cambio ni variación. El Señor Jesucristo
          declaró: "El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán"
          (Mr. 13:31).
     En una situación marcada por la infiltración
          de doctrinas novedosas y falsas en las iglesias locales, el apóstol
          Juan escribió: "En cuanto a vosotros, que permanezca en vosotros lo
          que oísteis desde el principio. Si lo que oísteis desde el principio
          permanece en vosotros, vosotros también permaneceréis en el Hijo y en
          el Padre" (1ª Jn. 2:24).
     Frente a este énfasis tajante de la Palabra
          de Dios, encontramos las opiniones de teólogos modernos como Thomas
          Maurer, quien, hablando de "la premisa tradicional... de que una teología, para ser válida, ha de ser autentificada por algo escrito en alguna
          parte de la Biblia", pregunta: "¿Por qué no tenemos el valor y la franqueza
          para admitir que las actitudes y opiniones expresadas por esos antiguos
          escritores son completamente censurables y repugnantes?", para luego
          afirmar: "No veo ninguna validez en la pretensión de que algo que fue
          escrito hace dos o tres mil años tenga aplicabilidad en lo que se refiere
          a mi modo de vivir y pensar" (*).
     Comentando estas palabras, José Mª Martínez
          escribe: "Por el contrario, el cristiano que basa su fe en el testimonio
          apostólico, hondamente enraizado en la Escritura, reconoce, al igual
          que Cristo mismo, que el contenido bíblico es palabra de Dios. Si en
          la consideración de un tema cualquiera puede decirse, Escrito está',
          lo escrito adquiere para él un carácter normativo" (**).
     Al insistir en este punto, que al hablar de
          la renovación en la iglesia no nos estamos refiriendo a cambios o enseñanzas
          novedosas en el campo de la doctrina bíblica, debemos sin embargo hacer dos matizaciones.
     La primera tiene que ver con la enseñanza bíblica
          y la tradición humana. Lo que es inamovible es la enseñanza apostólica,
          la doctrina contenida en la Palabra de Dios, pero no las tradiciones humanas que tantas veces han surgido y siguen surgiendo en la cristiandad.
          El Señor Jesucristo denunció esta tendencia en el ambiente religioso
          de su tiempo, y hacemos bien en prestar atención a sus palabras: "Dejando
          el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres... Astutamente violáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición"
          (Mr. 7:8,9).
     No es el hecho de que algo se ha enseñado durante
          muchos años en una congregación o un colectivo de congregaciones lo
          que le confiere una autoridad que le coloca más allá de cualquier revisión,
          sino el hecho de que tiene un claro respaldo en la Palabra de Dios.
          Sin este respaldo, ninguna tradición humana debe ser considerada como
          intocable e inamovible.
     La segunda matización se refiere a la presentación
          de la doctrina bíblica. Si bien la doctrina en sí tiene carácter permanente
          e invariable, no así con la forma en que se presenta a través de la evangelización y la predicación. El Señor Jesucristo mismo varió mucho
          su forma de enseñar según su auditorio. Su manera de acercarse a la
          samaritana y comunicarle el evangelio (Jn. 4:1-26) contrasta claramente
          con su forma de dialogar con Nicodemo (Jn. 3:1-21).
     La sociedad humana cambia constantemente en
          sus ideas y en su forma de comportarse, y esto es muy evidente en la
          transformación sufrida por las sociedades de los países occidentales
          en el presente siglo. Una comunicación eficaz del evangelio tendrá que
          tomar en cuenta esta realidad, y exigirá una revisión a fondo de los
          cauces tradicionales utilizados para comunicar el evangelio.
      
Timoteo Glasscock