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Asunto:[biblia] El Libro de Nahum (VII de X)
Fecha:Martes, 31 de Julio, 2001  10:38:35 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

El Libro de Nahum (VII de X)
                   El Juicio Expresado (cap.3)
 
     El tercer capítulo de Nahum nos continua hablando de aquel juicio que se había presentado en el
primer capítulo, aquel juicio que en el segundo capítulo se presenta en su realidad, pero en el tercer
capitulo se nos presenta como este juicio se lleva a cabo en la experiencia de los ninivitas.
    La ejecución del juicio divino ahoga cualquier atisbo de esperanza. Dios ha determinado su
sentencia, y aquí se presenta el inevitable juicio sobre Nínive. Pero uno de los énfasis principales
que encontramos en este capitulo, es la afirmación de que el juicio divino no es el resultado de la
caprichosa voluntad de Dios; sino que el juicio que Dios ejecuta es el resultado de las actitudes y la
conducta de una humanidad que no ha hecho caso de la atenta y compasiva invitación de Dios ha
aprovechar su misericordia.
     Es por ello que en este capítulo, el profeta invita a Nínive a alzar sus ojos para que a la luz de los
acontecimientos de la historia, y lo que ocurrió en Tebas, los ninivitas puedan dar su última
respuesta a la invitación de solución por Dios extendida. Si no hacen caso, el juicio será ejecutado
en toda su crudeza, por ello el final de la profecía es una nueva invitación a la reflexión personal de
un pueblo humillado al reconocer su pecado. Pero lo triste es que Nínive no atendió a la invitación
de Dios.
 
A. La naturaleza del juicio (1-7)
La primera sección que encontramos en este capítulo nos lleva a considerar la naturaleza del juicio
que Dios está dictando sobre la tierra. Una invitación a considerar la forma en la cual Dios efectuará
su juicio, así como las causas que impulsan a Dios a tener que tomar esta medida de juicio. y qué
producirá en la tierra el paso del heridor (2:1).
     El juicio de Dios es real, era la reflexión del capítulo anterior, pero además es tremendamente
severo. Esta muy bien podría ser la reflexión de esta sección. Notamos como la solemnidad de este
libro, alcanza su clímax en este capítulo, en el cual ya no queda lugar para notas de esperanza. En
los dos capítulos anteriores veíamos varios textos que nos hacían pensar en la bondad de Dios para
con aquellos que confían en él (1:7; 12-13: 15; 2:2); pero en este capítulo, aunque indirectamente
podemos notar las bendiciones que el juicio sobre Nínive traerá a la tierra de Judá, no encontramos
estas ideas directas, que eran las pinceladas de contraste y esperanza; lo cual nos lleva a pensar que
el juicio de Dios agota toda la esperanza de la presente humanidad. Hay un momento en el cual el
hombre sin Dios, aquel que se ha empeñado en enfrentarse ante Jehová de los ejércitos, que al igual
que ocurriera con Faraón, tendrá el corazón tan endurecido que no habrá ocasión para rectificar su
condición. Nínive se encontraba en este punto, ya había dado la espalda de una forma definitiva a
todo cuanto Dios le quería ofrecer, y por ello ahora solo le quedaba sufrir el juicio de Dios en su
tierra y experiencia.
 
     a. Su motivo
Al considerar las referencias que estos textos nos hacen acerca de la forma en que se comportó
Nínive, podemos llegar a la conclusión de que son dos las causas que impulsaron a Dios a derramar
su ira de forma tan inminente sobre esta ciudad:
        1. La conducta moral de Nínive ante las naciones que la rodeaban (1). Ciudad sanguinaria,
ciudad llena de mentira, ciudad llena de pillaje, ciudad donde nunca cesa la rapiña. Se nota tras
estas calificaciones del comportamiento de esta ciudad la poca moralidad, el poco respeto a unos
mínimos de conducta y ética, el poco respeto a la vida y a la persona. El egoísmo era una de las
características esenciales de una ciudad preocupada por tener y atesorar, sin respetar para nada al
prójimo. El afán del poder. el deseo de dominar a todos los vecinos de alrededor, revelan una
nueva actitud del comportamiento de esta ciudad. El orgullo por querer mantener un nombre y una
fama, por hacerse un nombre en medio de las naciones, un nombre que atemorizase, un nombre
que trajese el terror y sirviese para satisfacer el ego humano.
        La conducta moral de Nínive no es tan distinta de la conducta de la sociedad en medio de la
cual nos toca vivir en el presente. Una sociedad donde el afán por el poder, y por el poseer
dominan en todas las áreas de la vida, llevando al hombre en un constante declive. El "yo" es lo
primero, el hombre luchando por encumbrarse a si mismo, sin importar los que esto suponga en
daño para los demás. El aviso del profeta Nahum para esta sociedad es evidente, Dios juzgará las
conductas de una humanidad que no valora aquello que Dios ha creado con un gran valor y por
quien Dios ha llegado a entregar a su único Hijo para redimir.
        Pero ¿es la conducta moral de la iglesia diferente?. Los creyentes ¿hemos aprendido la
humildad y sencillez del Señor, hemos aprendido a entregarnos en el servicio de los demás o
seguimos llenos de ambiciones y pretensiones personales que nos llevan a seguir los mismos
parámetros de comportamiento de la presente sociedad? Creo que tristemente estamos más cerca
de asimilar los patrones del mundo que de imitar el modelo de Cristo. No podemos pasar tampoco
nosotros por alto la advertencia de que el Señor juzgará estas actitudes.
        2. La conducta espiritual de Nínive en relación con Jehová de los ejércitos (4) Las muchas
prostituciones de la ramera, la encantadora, la maestra de hechizos, la que seduce a las naciones.
Hay varios calificativos referentes a Nínive que nos presentan bien a las claras cual era la condición
en la cual esta ciudad había caído en cuanto a su relación con Dios. Poco tiempo atrás, en tiempo
de Jonás, esta ciudad se habla rendido a los pies de Dios en busca de su protección ante el juicio
que se avecinaba sobre ella. Ahora, tiempo después, el Señor se refiere a Nínive como ramera,
aquella que ha dado la espalda a Dios para buscar la relación con otros dioses creados por ellos.
Buscando prosperidad, buscando su propio rumbo y no someterse a las demandas de Dios,
cayeron en lo triste de una conducta llena de prostituciones. Destaca que no le llama el Señor la
adúltera, sino ramera, pues en el fondo de su desvarío están los fines lucrativos, está el buscar el
beneficio propio, el llenar sus arcas y tesoros a cuenta de los que aceptaban sus ideales...
       Pero el concepto que destaca del fondo de toda esta idea es la entrega absoluta de la vida a
otros poderes o dioses, dejando al margen los valores absolutos de Dios. Esta idea nos hace
pensar en la ingratitud del hombre ante la misericordia de Dios, cuando Dios hace todo en favor de
la humanidad, llegando a entregar a su propio Hijo, pero el hombre lejos de entregarse, le da la
espalda y rechaza la oferta de amor y misericordia de Dios.
        "El gran mal del hombre de hoy es la ingratitud", esta era la expresión que salía de los labios
de un hombre ateo. Estoy totalmente de acuerdo con esta expresión, pero añadiría que este mal se
hace mucho más evidente en cuanto a la relación del hombre con Dios. Cuanta tristeza causa el
pensar en creyentes que piensan en cuanto les cuesta seguir a Cristo y terminan con la coletilla de
costumbre: "Pero como la salvación no se pierde". Queremos las bendiciones, pero nos duele el
compromiso: y este compromiso, no es más que un ejercicio de gratitud hacia aquel que ha hecho
tanto para con nosotros.
 
     b. Su forma
     En segundo lugar, al considerar estos textos, notamos también algo acerca del cómo o la forma
en la cual este juicio se llevará a cabo. Los vv. 2 y 3 presentan una sucesión de eventos que
empiezan con los látigos y concluyen con las lanzas. Siempre el castigo presente, pero desde su
menor expresión hasta la crueldad completa de un juicio severo.
     Los látigos nos hablan de la disciplina de Dios, por medio de serias advertencias, como una
invitación final al arrepentimiento, así como también un primer proceso de debilitamiento en las
facultades del hombre o mujer rebelde.
     El ruido de las ruedas, el galopar de los caballos y el saltar de los carros; son figuras del sonido
que advierte que el juicio de Dios está ahí. La advertencia final para que el hombre se esconda o
escape de un juicio evidente. Ya no son las palabras del profeta, ya no son los ruidos leves de la
lejanía, ahora es la realidad de un ejército evidente para cualquiera que se pare a escuchar. El juicio
que está aquí debilita todas las fuentes de confianza; pues los caballos y los carros eran la evidencia
de un ejército poderoso, de un ejército que no es posible derrotar.
     Pero la tercera imagen que nos presentan estos textos es la imagen del juicio en su ejecución. El
poder de Dios derramado en su ira sobre las plazas de las calles; la espada de Dios, el instrumento
de la sentencia del juicio ya dictaminado brillando, evidencia de estar desenvainada; la lanza
principio de la desolación que el juicio de Dios produce en la tierra está preparada para la batalla.
Ya no hay vuelta de hoja, ya no hay marcha atrás, habéis provocado a ira al Dios de los ejércitos, y
eso tiene consecuencias eternas.
     El juicio de Dios llega. Se hace oír aun en nuestros días por medio de la palabra de Dios; pero
también por medio de los eventos que vemos surgir en nuestro derredor, eventos que revelan como
los caballos y los carros del juicio de Dios se están acercando. Nínive no hizo caso de la
advertencia de un juicio inminente. Mucha gente en nuestra sociedad tampoco: pero nosotros, el
pueblo de Dios ¿estamos preparados para la llegada del día del Señor?
 
     c. Sus efectos
     En tercer lugar, la idea que encontramos de este pasaje, tiene que ver con el resultado del paso
del ejército de Jehová sobre la tierra expuesta al juicio de Dios. Desde luego que su paso es
evidente. Hay dos efectos fundamentales que se desprenden de este pasaje:
        1. La ruina nacional. La primera consecuencia del juicio de Dios es la ruina en medio de toda
la nación. Muerte y herida en las vidas de aquellos que se enorgullecían de su gran poder en medio
de las naciones. El juicio de Dios deja marca indeleble en la historia de la humanidad, con una
herida que no puede ser curada, con una muerte que destina al hombre a toda una eternidad de
soledad, enajenado de Dios.
        2. La vergüenza nacional. La segunda consecuencia del juicio de Dios, provoca la vergüenza
de aquellos que se enorgullecían, por que descubre a los ojos de todos los hombres la realidad de
la vida, la realidad de la conducta, la realidad de los miedos y de todo aquello que el hombre quería
esconder de los demás, pues, eran los síntomas de su propia debilidad, la realidad de la vanidad
humana.
        o Dios avergüenza la arrogancia, al descubrir lo vergonzoso de la conducta de los ninivitas (5).
        o Dios humilla la altivez al poner al hombre orgulloso y arrogante a la misma altura del estiércol
(6).
        o Dios expone el resultado de su juicio, para que los hombres, al considerar el fin de los
ninivitas reflexionen sobre el poder de Dios y las consecuencias del pecado (7).
        La altivez y la arrogancia, el poderlo y la autosuficiencia humanas, rendidos ante el estrado de
los pies de Dios, Cuanta tristeza el pensar en los efectos del justo juicio de Dios que producen la
ruina más tremenda en la vida del hombre. Cuanta tristeza al pensar en tantas personas a nuestro
alrededor expuestas ante esta misma ruina eterna. Cuanto gozo, al considerar el milagro que Dios
ha obrado en algunos que no siendo mejores que nadie, sino que siendo lo pobre, lo vil y lo
menospreciado, Él, en su infinita misericordia, nos rescató y nos cobija de la ira que vendrá.
¿Estamos siendo realmente agradecidos ante tan gran privilegio?
 
                                                             Eduardo Carnero