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Asunto:[biblia] La Esencia de la Evangelización (V de VI)
Fecha:Martes, 28 de Agosto, 2001  00:14:38 (-0300)
Autor:Jorge Andrés Brugger <jbrugger @...net>

La Esencia de la Evangelización (V de VI)
                    El Evangelio Eterno (IV)
 
(D) LA ESENCIA DEL EVANGELIO
 
     Cuando nos referimos a la esencia, estamos hablando de aquello que marca la verdadera
identidad de un ser o una cosa; aquello que es permanente e invariable. Cuando nos referimos
entonces a la esencia del evangelio, nos estamos refiriendo a aquello que marca las pautas
esenciales del mensaje evangélico, aquello que no puede faltar en ninguna presentación coherente
del evangelio.
     Quizá, dependiendo de la persona con la cual estemos hablando, el énfasis se centrará más en
un punto que en otro, quizás con personas tendremos que centrarnos en lo que el evangelio dice
acerca de Dios, con otros tendremos que hablar más del hombre, etc. Aquí es donde entra nuestra
sabiduría para saber discernir las necesidades de nuestro tiempo y desde la perspectiva del
equilibrio, buscar dar respuestas a los interrogantes de las personas sin eliminar nada de lo que es
nuestro deber comunicar.
     Podemos notar esta esencia desde cuatro perspectivas, que al final pueden servir como un
esquema de una presentación del evangelio en cuatro puntos; por ello en este punto vamos a
presentar un modelo muy esquematizado que cada cual puede ampliar de acuerdo con su
perspectiva.
 
d. 1. En cuanto a Dios.
>    Existe Dios, el cual es Santo y Omnipresente, quien supera a todos los ídolos del politeísmo
antiguo; y a los conceptos filosóficos de cualquier tiempo. Quien, además, nos ha creado y que por
ello tiene suprema autoridad sobre nuestras vidas (Dt. 6:4-5; Sal. 24:1) La creación implica
derecho de posesión (Is. 66:2; Jn. 1:1-4; Ap. 4:11). Si no hubiese un Creador, entonces no podría
haber ni normas éticas absolutas, m conceptos adecuados de lo que es pecado, ni una verdadera
comprensión del significado de nuestra humanidad.
>    Dios ama a todos los hombres (P Jn. 4:8-1; Jn. 3:16). El amor de Dios se manifiesta de forma
sublime en la redención que Él ha provisto y que le resulté muy costosa (Ro. 5:8)
>    Sin embargo, Dios no deja al margen su justicia; y puesto que es Justo y Santo, Él aborrece el
pecado y castigará eternamente a todos los que quebrantan su ley (Hab. 1:13a; Ro. 1:18; 6:23)
 
d2. En cuanto al hombre.
>    El hombre fue creado por Dios y para Dios, siendo solamente en comunión con Dios que
encuentra el propósito para su vida (Ap. 4:11; Sal. 107:9). Fue San Agustín quien dijo: "Señor, Tú
nos hiciste para ti, y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en ti.". En ningún
momento ni lugar el hombre fue ni será un ser autosuficiente, sino que es mucho más persona y
mucho más libre cuando vive en completa dependencia de Dios (Jn. 10:10)
>    El hombre se ha revelado contra la autoridad de Dios siguiendo sus propios fines egoístas,
trayendo tremendos sufrimiento para sí mismo y para la sociedad en medio de la cual vive (Ls.
53:6; Tit. 3:3). El hombre rechazó la autoridad de Dios queriendo ser el mismo su propio Dios.
>    La consecuencia del pecado del hombre es la muerte eterna, la separación eterna de Dios (Is.
59:2; Ro. 6:23)
 
 d3. En cuanto a Jesucristo.
>    Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo para intervenir en la situación desastrosa de la
humanidad y restaurar la comunión que el hombre había perdido (Gá. 4:4-5; Col. 1:21-22). Cristo
se hizo hombre sin dejar de ser Dios aceptando las limitaciones de nuestra condición de criaturas
humanas (Fil. 2:5-1 1).
>    Cristo murió en nuestro lugar, tomando sobre si el castigo y la pena de muerte que nosotros
merecíamos por nuestros pecados (Ro. 5:8; lª Pe. 2:24; Ls. 53:3-12; Ro. 3:21-26; 5:9-11;
8:31-39; Gá. 2:20; 3:13; Ef. 1:7; Heb. 9:26-28, etc.)
>    Cristo resucitó y vive hoy, Señor de señores, para dar nueva vida a los que le reciban como
Señor y Salvador (Jn. 1:12; Heb. 7:25)
 
 d4. En cuanto a la salvación.
>    Los beneficios de la muerte de Cristo no son automáticos en cada persona, sino que requieren
de la respuesta del hombre ante la oferta de Dios. Dios respeta al hombre como ser libre y no
obliga a nadie a que acepte su evangelio. Es por ello que para llegar a ser beneficiarios de la obra
de Cristo tenemos que:
~ Arrepentirnos (He. 3:19; lª Ts. 1:9.10)
~ Creer (Hc. 16:30-31; Ef. 2:8)
~ Recibir a Cristo (Jn. 6:37b; Ap. 3:20)
 
                                                             Eduardo Carnero