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Asunto:[biblia] Estudios sobre el Tabernáculo (6)
Fecha:Sabado, 12 de Enero, 2002  23:29:49 (-0300)
Autor:Heriberto Brugger <hbrugger @......org>

ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (6)

 

EL ALTAR DEL HOLOCAUSTO

Éxodo 27:1-8; 37:1-7

 

En el atrio del tabernáculo estaban el altar del holocausto, (el primer elemento que se encontraba al entrar)  y  la fuente de bronce.

Ambos se hallaban en línea recta entre la puerta del atrio y la puerta del Lugar Santo.

 

El altar estaba hecho de madera de acacia y de bronce, y sus medidas eran aproximadamente de 2.25 m de largo por 2,25 m. de ancho, es decir, de forma cuadrada, símbolo que recuerda el alcance universal del sacrificio de Cristo en la cruz (ej: cuatro puntos cardinales, cuatro vientos, etc.) Además, la altura del altar, de 1,35 m., permitía el acceso de todos, grandes o pequeños, así como la cruz de Cristo está ahora igualmente al alcance del pobre pecador, cualquiera sea su condición.                  

Entonces, el altar era una figura de Cristo (madera de acacia=humanidad incorruptible) que nos lleva a considerar a Cristo como objeto del juicio de Dios sobre el pecado (bronce).

 

Mientras que estos elementos en el atrio eran de madera de acacia y de bronce, los objetos del lugar santo eran de oro o de madera de acacia cubierta de oro. El cobre nos habla de Dios actuando en juicio, y el oro, de la gloria de Dios y su justicia.

Afuera: Dios procede en justicia con el pecado y toda inmundicia (bronce)

Adentro: Dios es revelado en su gloria divina (oro)   

 

El altar del atrio era el lugar del sacrificio, es decir, un lugar de matanza, donde se derramaba la sangre, la única que hacía expiación por las almas. (Lev.17:11) Nótese que “el altar” se menciona en singular, porque no había otro. Tanto el altar como el sacrificio, así como el sacerdote, nos hablan de Cristo.  La totalidad de lo que sucedía en el altar nos presenta la cruz de Cristo, y no hay otro lugar de encuentro entre Dios y el pecador.

 

En Levítico 4:7 se hace mención del “altar del holocausto, que está a la puerta del tabernáculo de reunión”. Y estaba a la puerta porque sencillamente no había otro modo de acercarse a Dios sino por medio de aquel altar. No había acceso a Dios como no fuera sobre la base de sacrificio.

 

Dos verdades fundamentales se desprenden del altar de bronce y de los sacrificios que se ofrecían en él:

 

1)     La necesidad de sangre para quitar el pecado.

    Esta verdad es puesta en evidencia desde Génesis hasta Apocalipsis. “La paga del pecado  es muerte”  (Ro.6:23) La sangre derramada nos habla de la muerte del culpable o de una víctima ofrecida en su lugar. No hay otro medio para quitar el pecado de delante de Dios.

 

2)     La doctrina esencial de la sustitución.

    Según el pensamiento de Dios, una víctima sin defecto podía ser ofrecida en amparo del  convicto, tal como el carnero ofrecido en lugar de Isaac (Gé.22) o el cordero de la Pascua que murió en lugar del primogénito (Ex.12)  “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos..." (1ª Pedro 3:18)  “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado”  (2ª Co. 5:21)    

 

La llama brillante del fuego ardiendo de día y de noche sobre el altar  (ver Lev.6:12) era lo primero que se presentaba a la vista del pecador cuando miraba hacia la morada de Dios. Las demandas divinas debían ser totalmente cumplidas antes de que el israelita pudiera dirigir un solo paso hacia Dios. Esto se cumplió “en el lugar que se llama de la Calavera”  (Lc.23:33) del cual hablaba ese altar.

El juicio del pecado, como se ve en la cruz de Cristo, es el testimonio permanente de que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro.6:23)

Quien sobre la base del sacrificio de Cristo en la cruz se ha acercado a Dios, creyendo en Él por fe, goza de segura salvación y vida eterna.

Por otra parte no podemos dejar de considerar una verdad solemne: Así como el fuego del altar nunca debía apagarse, el fuego inapagable del eterno juicio de Dios será la retribución de quienes no están en Cristo por no haber obedecido el Evangelio. (2ª Tes 1:8).

 

El altar tenía cuatro “cuernos”, uno en cada esquina, que constituían una sola pieza con el altar mismo y no adornos añadidos. Eran igualmente rociados con la sangre de la expiación.  (Ex.29:12) El cuerno en las Escrituras muchas veces es símbolo de poder. (Daniel 8:3-20 y Apoc. 17:12)      

Las personas que huían buscando refugio eran protegidas cuando se aferraban a esos cuernos. Del mismo modo, el pecador que huye del mal para refugiarse en Cristo, experimentará el poder de Dios para su salvación. En el momento en el que el pecador echa mano de la sangre de Cristo por fe, obra inmediatamente el Poder de Dios, y desde ese instante Cristo es su “cuerno de salvación”  (Lc.1:69, Versión Biblia de las Américas) y refugio de la ira venidera.

 

                                                                                                                                                                        (Continuará)