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Asunto:[biblia] Estudios sobre el Tabernáculo (8)
Fecha:Lunes, 21 de Enero, 2002  00:06:42 (-0300)
Autor:Heriberto Brugger <hbrugger @......org>

ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (8)

 

La oblación de presente, o de harina (Lv.2:1-16 y 6:14:18) era una ofrenda que se presentaba en forma de tortas, que podían ser horneadas, fritas o hervidas. Se elaboraban con “flor de harina” es decir la harina cernida más fina, y por lo tanto, de mayor calidad.

La harina, que obviamente proviene de la molienda de granos, es un producto substancial de la tierra, y suple la necesidad alimenticia del hombre. Aquí podemos apreciar un emblema de la humanidad perfecta del Señor Jesucristo.

Su vida terrenal fue como flor de harina, perfecta en su blancura y sin aspereza alguna. No había en Él ni el menor vestigio de la naturaleza caída del hombre. No tenía nada que requiriese ser corregido, dominado o refrenado. Su delicia era hacer siempre la voluntad del Padre. Sólo Él pudo afirmar, sin desmentirlo con su proceder: “...aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...” (Mt.11:29). La suavidad de su carácter fue igual de notoria tanto cuando fue un niñito descansando en los brazos de su madre, como en el momento en que como hombre lo rodearon sus enemigos en el pretorio.

Aunque la flor de harina tenía que ser cocida en tortas, sus cualidades permanecían inalterables.  El Señor Jesús, puesto a prueba en todo por Dios, y tentado por el diablo y por los hombres que le tendieron trampas en procura de hacerlo tropezar, siempre se mantuvo firme, sin claudicación alguna.  Tuvo que soportar el ardiente horno de la ira de Dios, “...hecho por nosotros maldición...” (Gá.3:13)  Pero en medio de todo su sufrimiento, Él permaneció puro e inmutable. Flor de harina aún.

Sobre la harina se derramaba aceite (Lv.2:1)  El aceite es símbolo del Espíritu Santo (ver  Jn.1:32; 2ª Co.121-22; 1ª Jn.2:27).

El Señor Jesús fue ungido “con el Espíritu Santo y con poder” (Hch. 10:38), y todo lo hizo en el poder del Espíritu Santo. Vivió y anduvo por el Espíritu eterno, y mediante Él “se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (He.9:14)

Además, sobre la harina se ponía incienso. (Lev.2:1) Este compuesto aromático es figura de pureza y fragancia. Particularmente expresa la dignidad y la reverencia asociadas con las oraciones y las alabanzas que se elevan a Dios (Ver Apoc.5:8 y 8:3-4) 

 

Cuanto más se exponía el incienso al fuego, tanto más exhalaba su fragancia. Así fue con el Señor Jesús. Sus privaciones y aflicciones, y especialmente sus padecimientos en la cruz, derramaron la fragancia de su carácter, y manifestaron su gloria moral.  Su grato perfume llegó hasta la misma presencia de Dios, aún en la agonía de Getsemaní: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya (Lc.22:42)  “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lc.22:44) Poco después, en la cruz, oró así: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”  (Lc.23:34)  Sus oraciones fueron como grato incienso elevado junto con la ofrenda de sí mismo al Padre. 

Flor de harina: Su humanidad perfecta. Aceite: El Espíritu Santo. Incienso: La fragancia de sus oraciones glorificando a Dios aún en medio del fuego del juicio.

 

Empero, esta ofrenda no podía contener levadura: “Ninguna ofrenda que ofreciereis a Jehová será con levadura...” (Lv.2:11) En las Escrituras, la levadura es símbolo de maldad y corrupción. En el Señor Jesús no hubo principio alguno de maldad, porque ”...nunca hizo maldad , ni hubo engaño en su boca”  (Is.53:9)  y su carne no conoció corrupción: “Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción” (Hch.13:37)

 

Además, la ofrenda tampoco podía contener miel: “...ni de ninguna miel se ha de quemar ofrenda para Jehová” (Lv.2:11)  Mientras que la levadura es un símbolo de la maldad y corrupción de la naturaleza humana, la miel asociada a ella potencia sus efectos. La miel es símbolo de dulzura, pero la dulzura asociada al pecado provoca serias consecuencias:  “Los labios de la mujer extraña destilan miel... Mas su fin es amargo como el ajenjo...”  (Pr.5:3-4) “A los faltos de cordura dice: las aguas hurtadas son dulces y el pan comido en oculto es sabroso. Y no saben que allí están los muertos... (Pr.9:17-18) 

 

Pero aún en la esfera de los santos ¡Cuánto de lo que es considerado como “amor”, a la hora de la prueba resulta ser miel adulterada! No es más que una dulzura natural que al ser contrariada se convierte en agria propensión.

 

Una amistad basada en esta clase de amor, rápidamente decae y termina.

Sin embargo, el amor del Señor Jesucristo es genuino, inalterable y puro. Es el amor que hace todo a favor del amado, aún cuando en su beneficio deba corregirlo, reprenderlo o inferirle alguna herida fiel  “Fieles son las heridas que causa el que ama...” (Pr.27:6).

En pocas palabras, es el amor verdadero que nunca deja de ser (Ver 1ª Co.13), y por lo tanto no necesita asociarse artificialmente con componentes “endulzantes”. 

 

Pero había un ingrediente que nunca debía faltar: “Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes...”  (Lv.2:13)  Desde la antigüedad, la sal se empleó para sazonar y conservar los alimentos. Por consiguiente, es una sustancia que tiene la cualidad de preservar de la corrupción.

“...y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios...”  Como todo lo que hemos considerado, la sal tenía un significado simbólico. En Col. 4:6 leemos: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”  Notemos que esta fue una cualidad distintiva en el Señor Jesucristo. La sal del pacto nunca estuvo ausente en sus tratos con el hombre. Juan lo describe como “lleno de gracia y de verdad” (Jn1:14)  Aún cuando muchas veces se vio en la necesidad de reprender, censurar y corregir, nunca salió de sus labios ni una sola palabra corrompida. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Ef.4:29)

                                                                                                                                           

                                                                                                                                                                      (Continuará)