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Asunto:[biblia] Estudios sobre el tabernáculo
Fecha:Domingo, 23 de Diciembre, 2001  23:10:43 (-0300)
Autor:Heriberto Brugger <hbrugger @......org>

Iniciamos la entrega de una serie de comentarios sobre el Tabernáculo en el desierto, deseando que la consideración del tema propuesto, decididamente nos ayude a conocer mejor todo lo referente a la bendita Persona de nuestro Señor Jesucristo y su maravillosa obra redentora a nuestro favor.

La mayor parte de este estudio ha sido recopilado de distintos comentarios de apreciados siervos de Dios, que entendemos haber sido dotados y constituidos por el Señor “a fin de perfeccionar a los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”  (Ef.4:12) Por consiguiente, sinceramente les agradecemos por su generoso servicio vinculado con  la enseñanza del pueblo de Dios.

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 “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían”   (Lucas 24:27)

 

“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin

de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”

(Ro.15:4)

 

ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (1)

 

EL TABERNÁCULO,  LAS OFRENDAS Y EL SACERDOCIO CONSIDERADOS EN FORMA LITERAL Y SIMBÓLICA

 

“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Éxodo 25:8)

 

INTRODUCCIÓN

En el libro del Génesis observamos cómo Dios se dirigió individualmente a ciertos hombres, como fue, por ejemplo, el caso de Abraham, para pedirles que abandonaran el lugar en el que estaban, y se convirtieran en extranjeros y peregrinos mientras esperaban una patria mejor (He.11:13-16)

Del mismo modo, hoy el Señor Jesucristo requiere que el creyente se abstenga de las contaminaciones del mundo (2ª Pe.2:20) y de los deseos carnales, y habite como extranjero y peregrino (1ª Pe.2:11)  mientras se encamina al cielo.

 

Pero, en el libro de Éxodo, Dios nos muestra que Él no solamente se dirigió a individuos, sino que quería tener un pueblo propio en la tierra. A ese pueblo Dios a) lo liberó del poder del enemigo (Faraón), b) lo libró del juicio por medio de la sangre del cordero de la Pascua (Éxodo 12), c) lo separó del mundo (Egipto) por medio del mar Rojo, y d) lo condujo al desierto con destino a la tierra prometida.      

 

En el desierto Dios se reveló como aquél que habría de habitar en medio de ellos

También hoy Dios habita en medio de Sus hijos, quienes formamos un todo: La casa de Dios (1ª Ti. 3:15), casa espiritual integrada por piedras vivas, (1ª P.2:5) y “morada de Dios en el Espíritu” (Ef.2:19/22)

 

La morada de Jehová, el Dios de Israel, era el Tabernáculo. Estaba en el centro de las doce tribus, orientado hacia el este. La nube se mantenía arriba, y la gloria de Dios permanecía adentro. (Ex.40:34-35)

 

Cuando Moisés estuvo en el monte con Dios, le fue enseñado un diseño del  tabernáculo, recibiendo también detalladas instrucciones de cómo hacer cada parte del mismo. Puesto que todas las cosas tenían un significado espiritual, en las disposiciones divinas no se omitió ni un solo clavo, ni una sola cuerda. Moisés, en forma reiterada, recibió la orden de seguirlas rigurosamente. (Ver Ex. 25:40; 26:30; 27:8).

 

La casa era de Dios, y Él la ordenó. Como siervo fiel, Moisés obedeció sin reservas. ¡Qué bueno sería que hoy todos los siervos de Dios recordasen que el Señor no ha sido menos cuidadoso en cuanto a la edificación de su Iglesia!. Él ha dado el diseño divino y las instrucciones más minuciosas del orden que debe mantenerse en su casa en la tierra. 

La voluntad de Dios referida a su iglesia se revela claramente en las Escrituras, particularmente en las epístolas apostólicas, y exige nuestra plena obediencia. 

 

El tabernáculo era la primera morada de Dios sobre la tierra. Él se había paseado por el jardín de Edén buscando a Adán (Gn.3:8) También visitaba a Abraham en las llanuras de Mamre, (Gn.18:1) pero no tenía allí su morada. Sin embargo, en el tabernáculo Dios habitaba ciertamente con su pueblo. (Ex.25:8)

 

Cumplido el período del Tabernáculo, la presencia de Dios llenaría el templo de Jerusalén (2º Cr.6:3-6), y más tarde, pasado también el tiempo de aquel edificio de piedras, el bendito Hijo de Dios bajaría del seno del Padre y se manifestaría en carne: “Aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria”  (Juan 1:14) Es decir, que la gloria de Dios era manifiesta en el templo de su carne, su cuerpo.  

 

Después fue formada la iglesia, una casa espiritual, un templo santo, edificada con piedras vivas. “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual... (1ª P.2:5). Esta es la morada actual de Dios en la tierra, y ninguna casa de material, por magnífica que fuere, puede pretender ser “la casa de Dios”. Él ahora “no habita en templos hechos por manos humanas” (Hch.17:24), y el  Señor mismo declaró que “...donde están dos o tres congregados en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos”  (Mt.18:20)

 

Simbólicamente, el tabernáculo señalaba a Cristo. “Cristo es el todo” (Col.3:11)  Las glorias de su Persona y su obra se ejemplifican en todos los elementos, desde el arca del testimonio detrás del velo, hasta el más pequeño clavo y cuerda del atrio exterior. Entenderemos esto más claramente a medida que consideremos sus partes en detalle.

 

El tabernáculo también es una figura de la condición de la iglesia de Dios en el mundo  (que  es un desierto, moralmente hablando) pero sin ser  del mundo.     

 

                                                                                                                      (Continuará)