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Asunto:[biblia] Estudios sobre el Tabernáculo (4)
Fecha:Lunes, 31 de Diciembre, 2001  00:24:37 (-0300)
Autor:Heriberto Brugger <hbrugger @......org>

ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (4)

 

EL ORDEN

Las instrucciones sobre el tabernáculo y sus vasos, dadas por Jehová a Moisés, respondían a un orden preciso: Desde adentro hacia afuera, (Ver Éxodo Cap. 25 y 26) comenzando con el arca del testimonio, dentro del lugar santísimo, y finalizando con el atrio y sus puertas, afuera. Así observamos que el arreglo divino fue orientado  desde  Dios hacia el hombre, y esto nos ilustra que la senda del Hijo de Dios fue desde la gloria del Padre hasta el pesebre de Belén, encaminándose al Calvario, donde Cristo alcanzó al pecador en toda su culpabilidad y necesidad.

(Recordemos que el Plan de Salvación fue iniciativa de Dios, y Él soberanamente dispuso cómo salvarnos). 

Sin embargo, el orden en que nos vinculamos a la Verdad es inverso, desde afuera hacia adentro.

Entramos por la puerta al atrio, para luego allegarnos al altar del holocausto.

Esto nos resulta claro en el momento en que recordamos que, como pecadores, nuestro estado era sin Dios y alejados de Él, destituidos de la gloria de Dios “sin esperanza y sin Dios en el mundo”. (Efesios 2:12) ¿Cómo puede un pecador perdido tener comunión con el Dios santo? ¿Cómo puede entrar en su presencia? La respuesta definitiva proviene de los labios del Señor Jesucristo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo”  (Jn.10:9)

Una vez traspuesta la puerta, seguimos hasta el altar, donde aprendemos de Jesús como el Sacrificio y el Sacerdote. Ya salvos por gracia, inmediatamente tenemos entrada al Lugar Santo para adorar a Dios, y “para contemplar la hermosura de Jehová”  (Salmo 27:4) dentro de su morada.

Consideremos, respecto de nuestra “posición”, que todos los hijos de Dios tenemos el mismo privilegio. Sin embargo, la medida de nuestro crecimiento espiritual individual estará dada por nuestro grado de conocimiento personal e íntimo del Señor -en dependencia de las Escrituras- y nuestra disposición de obedecerle.

"Escudriñad las Escrituras... ellas son las que dan estimonio de mí" (Juan 5:39)

 “La Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros...” (Col. 3:16)

                                                                                                                                                                                                                                                                                         Continuará