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Asunto:[biblia] Estudios sobre el Tabernáculo (16)
Fecha:Sabado, 8 de Junio, 2002  19:58:56 (-0300)
Autor:Heriberto Brugger <h-brugger @...net>

LAS CORTINAS Y CUBIERTAS DEL TABERNÁCULO (Éxodo 26:1-14; 36:8-19)

 

La cubierta del tabernáculo, a modo de techo, se constituía del siguiente modo: Primeramente, como  recubrimiento interior, se montaba un cortinaje integrado por 10 cortinas unidas de hilo de lino retorcido, con detalles en azul, púrpura y carmesí, y decorado magníficamente con figuras de querubines. Luego, sobre ese tapiz se colocaba un segundo cortinaje de 11 cortinas de hebras de pelo de cabra, el que a su vez era tapado con una cubierta hecha de pieles de carneros teñidas de rojo. Finalmente todo el conjunto se protegía con una cubierta de pieles de tejones que quedaba expuesta al exterior.

Examinaremos esto en su carácter figurativo, lo que, como toda la enseñanza que obtenemos del  tabernáculo, nos llevará siempre a la consideración de las virtudes de la persona de Cristo.

Sin embargo, cuando estudiamos el tabernáculo y sus detalles, no debemos ignorar que, como dice He.9:5, no se puede ahora hablar de todas estas cosas en detalle.

 

1)     Las cortinas de lino torcido: (Éx.26:1-6 y 36:8-13)

El lino es una noble planta de uso medicinal que se utiliza además para elaborar distintos productos,       como el aceite de lino, o linaza, extraído de las semillas, y el hilo, obtenido de las fibras del tallo.

El lino, ya procesado como tela, en las Escrituras es figura de pureza, dignidad y justicia. En Apocalipsis 19:8  leemos que “el lino fino es las acciones justas de los santos” 

Pero antes que eso pudiera ser posible, el Señor Jesucristo, el Santo y Verdadero (Ap.3:7), consumó la acción justa por excelencia, la obra de nuestra redención. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2ª Co.5:22) Cuando Él murió, luego de ser crucificado por nuestros pecados, José, de Arimatea, valientemente pidió Su cuerpo para darle honrosa sepultura, y para ello lo envolvió en un lienzo de lino, que nos habla de la sublime dignidad de aquel que se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte. “Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre.”  (Fil.2:10) 

El Señor mismo había declarado que levantaría en tres días el “templo” de su cuerpo, la morada divina que los hombres pretendieron destruir. (Jn.2:19-21) Con su triunfal resurrección, Él cumplió aquel desafío, y sólo por Sus méritos las acciones de los santos pueden ser justas. Así, a la novia, (la iglesia) ya en el cielo, se le concederá vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente.

 

La Escritura describe que el tapiz que estamos examinando estaba formado por dos conjuntos de cinco cortinas cada uno, que se unían entre sí mediante lazadas de “azul”  y corchetes (ganchos) de oro.

El azul evoca el cielo, “donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col.3:1), y el oro alude a lo divino. Así como las cortinas, unidas por los corchetes de oro, integraban un único tabernáculo, todos los hijos de Dios, unidos por lazos divinos y celestiales, somos uno en Cristo.

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Jn.17:22)   

 

(Oportunamente nos referiremos al significado simbólico de los colores carmesí y púrpura que adornaban estas cortinas, y que se utilizaron también en otros paños que más adelante consideraremos.)  

 

Las figuras de querubines hacen alusión a los querubines (uno de los rangos del orden angélico) verdaderos, que se desempeñan en relación con la santidad y la gloria de Dios, guardando el acceso a Su presencia.

Solamente el sacerdote tenía derecho de entrar a la parte más íntima del santuario del Señor.

Pero ahora, por derecho de redención y por su posición en Cristo, cada hijo de Dios tiene acceso como creyente-sacerdote al trono de la gracia de Dios, a través del Señor Jesucristo.

Los querubines no le negarán el acceso al Lugar Santísimo ni al más sencillo de los cristianos que se acerque con corazón sincero, porque tenemos libertad de entrar por la sangre del Señor Jesucristo. (He,10:19-22)

 

2)     Las cortinas de pelo de cabra: (Éx.26:7 y 36:14-18)

Como señalamos antes, sobre el tapiz de lino se colocaba un segundo cortinaje de hebras de pelo de cabra. De tamaño algo mayor que el anterior, estaba integrado por dos conjuntos de 5 y 6 cortinas respectivamente. Las dos piezas se unían mediante lazadas y corchetes de bronce. Una de las cortinas de ese agrupamiento se extendía por el frente del tabernáculo para cubrir la puerta.

Reparemos ahora en la cantidad de cortinas. Aunque debemos ser cuidadosos de no especular con los  números, descubrimos aquí una enseñanza: El número cinco alude a la gracia, (Recordemos las cinco ofrendas levíticas simbolizando la provisión hecha por Cristo), y el seis es el número del hombre.

La gracia está vinculada con el hombre (varón y mujer) en virtud de la justicia de Dios, tal como las cortinas estaban unidas por los corchetes de bronce (Recordemos lo referente al significado simbólico atribuido al bronce)   

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Ro.3:24-26)   (subrayado mío)  

Deducimos que la función de esta cortina era impedir que el primoroso lino, al que cubría, pudiera deteriorarse o mancharse por causa de la acción de agentes exteriores.

Pero principalmente nos interesa en particular el carácter figurativo de dicha cortina.

En Nm. 28:15 encontramos que la ofrenda de expiación del pecado era un macho cabrío, y en Lv.16:9  que en el día de la expiación debía sacrificarse un macho cabrío.

Sabemos que mediante el sacrificio de expiación el ofensor quedaba amparado de sufrir condena, pues de ese modo el pecado era alejado de él.  

Por lo tanto, la cortina de pelo de cabra, cubriendo el tabernáculo y la puerta, es figura de la protección que gozamos en virtud de que el Señor Jesucristo efectuó para siempre la expiación de nuestros pecados. “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos...” (He.9:28)

Empero, si la expiación significó que nos alejáramos definitivamente de la pena del pecado, con mayor razón ello debe  impelernos a separarnos de cualquier práctica pecaminosa. “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el Nombre de Cristo” (2ª Ti.2:19b.)  “Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala.” (1ª P..3:11)

 

3)     La cubierta de pieles de carneros, teñidas de rojo. (Éx. 26:14; 36:19)  

 

Los carneros componían la ofrenda que se ofrecía en ocasión de la consagración de los sacerdotes  (Ex.29:1-34)  

Por consiguiente, esta cubierta es figura de la consagración de Cristo a Dios, en favor de los rescatados; consagración que llegó hasta la  muerte, cuando se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, (He.9:14) derramando su sangre preciosa.

Así comprendemos también el sentido del color rojo de las pieles teñidas. Nos habla precisamente de la sangre del Señor con la que fuimos justificados. (Ro.5:9)

Sin la ofrenda requerida, un sacerdote no podía ser consagrado. “Pero Cristo, con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (He.10:14)  

Por la ofrenda de Cristo, cada redimido ha sido consagrado como sacerdote. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes (más exactamente: un reino, y sacerdotes) para Dios, su Padre: a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”  Ap.1:5b-6)

 

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”  (He.10:10)   

 

Ahora bien, cuando examinamos el ritual de consagración de los sacerdotes que servirían en el tabernáculo (Éx.29 y Lv.8 ), encontramos preciosas enseñanzas que como creyentes-sacerdotes nos ayudarán, no solo a valorar nuestros privilegios sino  también a discernir nuestras  responsabilidades.  

 

Después de cumplir distintas formalidades previas, que incluían otras ofrendas, Moisés procedió a sacrificar “el carnero de las consagraciones”  (Lv. 8:22-23)  Luego tomó de la sangre de dicho animal y la puso, según las instrucciones divinas,  sobre el lóbulo de la oreja derecha del sacerdote  Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, y acto seguido hizo también lo mismo con los hijos de Aarón.

A continuación tomó partes de la ofrenda y las puso en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hizo mecerlas como ofrenda mecida. Luego, tomándolas nuevamente de las manos de ellos, las hizo arder en el altar. El texto bíblico nos indica que “eran las consagraciones en olor grato, ofrenda encendida a Jehová”  (Vs.28)  

Finalmente, Moisés roció con sangre a los sacerdotes, incluyendo sus vestiduras, ungiéndolos simultáneamente con aceite.

Los sacerdotes, lavados (Compárese con 1ª Co. 6:11), rociados con sangre, (1ª Pedro 1:2)  y ungidos con aceite (1ª Jn, 2:20)  tipifican a los creyentes completamente consagrados a Dios: con sus oídos atentos a la voz del Señor, con sus manos aptas y llenas para el servicio, y con sus pies firmes en la senda que Él les ha trazado.

     

4)     La cubierta de pieles de tejones  (Éx.26:14; 36:19)

Ésta era la última cubierta, expuesta al exterior,  y visible desde afuera del tabernáculo. Protegía todo el conjunto de los rayos abrasadores del sol y de las tempestades del desierto, pero no exhibía belleza alguna que atrajera las miradas de los hombres. El tabernáculo era glorioso por dentro, con tablas revestidas en oro, y primorosas cortinas de fino lino, sin embargo, toda esa magnificencia podía ser vista solamente por los sacerdotes que entraban al Lugar Santo.

Hay solamente una referencia más en la Biblia respecto del cuero de tejón. En Ezequiel 16:10 se menciona simbólicamente como el material usado en la confección de sandalias con las que Dios calzó a Jerusalén.  Obviamente que el cometido del calzado es separar los pies del piso y protegerlos durante el diario caminar.

 

Igualmente, la piel de tejón, dura, y de pelo largo y espeso, en la cubierta del tabernáculo tenía por objeto separar y proteger. En la vida terrenal del Señor Jesucristo encontramos la perfecta expresión de esa figura de separación. Aunque en su ministerio tomó contacto con los pecadores, y en su muerte fue “contado” con ellos, nunca se contaminó de ellos. (Is. 53:12) “...nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.”  (vs. 9)

Al igual que esta cubierta observada desde afuera, el Señor fue visto sin atractivo, “No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Vs.2-3)  

Pero, como el sacerdote que entraba en el tabernáculo podía contemplar toda la perfección interior de ese Santo Lugar, figura de Cristo; así también el creyente, guardado del mal, hoy entra por fe en el Lugar Santísimo por la sangre del Señor Jesucristo, (He.10:19) y adora a Dios en la hermosura de Su santidad. (Sal.96:9)

                                                                                                                                                                   (Continuará)