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Asunto:Re: [biblia] Estudios sobre el Tabernáculo (17)
Fecha:Lunes, 5 de Agosto, 2002  12:47:22 (-0600)
Autor:Juan Vásquez <j_vasquez @.........com>

At 08:12 p.m. 03/08/2002 -0300, you wrote:

LA PUERTA DEL TABERNÁCULO (Éxodo 26:36-37; 36:37-38)

La puerta de la tienda estaba constituida por una cortina de azul, púrpura, carmesí y lino retorcido, colgada sobre cinco pilares de madera de acacia cubiertos y coronados de oro, apoyados éstos en cinco basas de bronce.  Era la única entrada al Lugar Santo.

Es interesante notar que esta puerta tenía igual superficie que la puerta del atrio, pero sus  medidas eran el doble de la altura de aquella y la mitad del ancho. Este detalle no es casual, y encierra, en figura, una significativa enseñanza respecto del orden de Dios: La puerta de afuera, más ancha,  era para todos, pero la del Lugar Santo, más angosta y de mayor altura, era sólo para los sacerdotes.  

Consideremos el siguiente ejemplo: El Evangelio de la gracia de Dios es para toda la humanidad, y la puerta es lo suficientemente ancha para todos, pero los privilegios y las bendiciones de la casa de Dios son exclusivamente para los santos (los creyentes en Cristo)

Por lo tanto, en la predicación del evangelio es preciso demarcar una clara línea divisoria entre los hijos de Dios y los inconversos, y usar bien la palabra de verdad  (2ª Ti. 2:15)

Hay quienes cometen el error de tratar a los inconversos como “hermanos en la fe”, haciéndoles creer a los impíos que  ya son “herederos del reino de Dios” por el mero hecho de que asisten a las reuniones de la iglesia. En algunos círculos hasta llegan al extremo de prometerles prosperidad y bendiciones si se avienen a diezmar u ofrendar. Así esos incrédulos son considerados como “discípulos”, “colaboradores” o “miembros simpatizantes”, y eso sólo contribuye a que sean endurecidos en su pecado y condenados en su hipocresía. Sin duda que la puerta de la predicación permanece abierta para todos, pero es necesario distinguir que la salvación es sólo para aquellos que creen al Señor.

Tampoco se debe permitir que los inconversos, más allá de sus jerarquías y títulos humanos, tomen parte activa en el culto a Dios. En algunas ocasiones hemos observado cómo ciertas entidades cristianas han organizado actividades como Conferencias o Aniversarios, invitando a tomar la palabra a un Presidente de la Nación, Gobernador u otros funcionarios, quizás con el propósito de lograr su simpatía o reconocimiento, o simplemente para “prestigiar” un acto evangélico. Esa práctica, lejos de constituir una muestra de respeto o sujeción a las autoridades, como se pretende argumentar, significa en realidad un claro agravio a las disposiciones divinas que impiden que los extraños tomen parte del culto a Dios. (Ez. 44:5-9)

Si los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2ª Tes.1:8-9) ¿Cómo pueden ser incluidos en la actividad de Su  Iglesia? 

Una cosa es que sean invitados a escuchar la predicación del Evangelio (la puerta es amplia y está abierta para todos), pero algo distinto es convocar a los inconversos a tomar una participación activa  en lo que es ministerio exclusivo de la congregación (la puerta es angosta y restringida), dándoles la posibilidad de ofrecer  “incienso extraño” (Ex. 30:9)

 

Muy buena aplicación.


EL ALTAR DE ORO (O DEL PERFUME) (Éxodo 30:1-10; 37:25-27; 40:5)

Como señalamos antes, el altar del incienso era uno de los elementos emplazados en el Lugar Santo. Estaba hecho de madera de acacia, y revestido totalmente de oro, con una cornisa, también de oro, alrededor.

Observemos algunas diferencias entre este altar y el altar del holocausto en el atrio:

1)     El altar de bronce era el del holocausto, y es figura del Señor Jesucristo muriendo por nosotros en  la cruz.

Me atrevo a decir que, Bíblicamente, representa el sacrificio expiatorio de Nuestro Señor Jesucristo en el Lago de Fuego. El Altar de Bronce tenía fuego.  En la cruz no había fuego. En el Lago de Fuego si hay fuego.


2)     El altar de oro era el del perfume (incienso), y  simboliza al Señor Jesucristo resucitado y glorificado.

(Resucitado con ul olor agradable para el Señor)

También representa nuestra oraciones al Señor.

 

Cristo, en su sacrificio en la cruz, estuvo por nosotros en el lugar de muerte y de juicio, y así satisfizo nuestra profunda necesidad como pecadores. Pero ahora, en la magnífica gloria, siempre vive por nosotros supliendo toda nuestra necesidad como santos y adoradores en la presencia de Dios. Fuimos redimidos por su sacrificio en la cruz, por fe hemos sido perdonados, aceptados  y hechos cercanos a Dios, y por su intercesión ante el Padre nos mantiene en perfecta comunión.    

Ahora, en medio de su gloria, está tan ocupado con nosotros como cuando en su angustia nos amó hasta derramar su sangre y morir en la cruz. Su amor jamás menguará, porque “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. “ (He.13:8) 

Amén.

Él vive siempre para interceder por nosotros (Ver He.7:25 y Ro.8:34), puede compadecerse de nuestras debilidades porque en su Humanidad fue tentado en todo según nuestra semejanza (He. 4:15, y en su Deidad es poderoso para socorrernos (He.2:18) y guardarnos sin caída (Jud. vs.24) 

¡AMEN!

 

Hemos mencionado que el altar del perfume tenía en derredor una cornisa (o coronamiento) de oro. Esto nos recuerda lo expresado en Hebreos 2:9: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra...” .



Alrededor del altar de bronce no había corona alguna, sino sangre y cenizas. Evocamos aquí la agonía del Señor en el Calvario. Lejos de lucir una corona de gloria, Jesús fue coronado por manos malvadas con un entretejido de espinas que expresaban la maldición de la tierra. (Gn..3:17-18) Cumplida la obra salvadora, Dios mismo le puso una corona de gloria y de honra. Para el Señor las aflicciones ya pasaron, pero Sus glorias continuarán para siempre.

Sólo aquellos a quienes el Señor ha ganado para sí, librándolos del dominio del maligno, pueden adorar verdaderamente a Dios.

Respecto del altar del perfume, el precepto divino fue: “Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; cada mañana cuando aliste las lámparas lo quemará.” (Éx.30:8) Esto es tan sólo un tipo del sacerdocio actual que ejerce cada creyente en Cristo.

El sacerdocio que el Cristiano debe ejercer es el de Melquisedec, realizandolo primeramente en el hogar.

No existe ahora sobre la tierra un altar material ordenado por Dios. Sin embargo, los creyentes tenemos un altar (He.13:10). Nuestro altar es Cristo, y por medio de Él adoramos a Dios. 

 “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (el Señor Jesucristo), sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su Nombre.”  (He. 13:15)

 

EL INCIENSO (Éx. 30:34-38)  Era un preparado aromático de cuatro componentes, cuya fórmula, exacta y exclusiva, había sido ordenada por Dios mismo.

Aunque la fórmula no era secreta, Dios había prohibido expresamente reproducir la composición del incienso santo para un uso distinto del establecido.

Cualquiera que hiciera un perfume semejante sería cortado de su pueblo.

La razón era que el incienso, ofrecido en el altar de oro, simbolizaba la santa fragancia de las perfecciones de Cristo, ascendiendo continuamente a Dios.

Nuestras oraciones (Ap.5:8), con alabanzas (He.13:15), acciones de gracias (Col.2:7) adoración (Sal.29:2 y Jn.4:23-24) y peticiones (Fil.4:6 y 1ª Jn.5:15) componen un perfume que resulta “agradable delante de Dios nuestro Salvador”  (1ª Tim.2:3)

Muchos profesantes religiosos (impíos encubiertos “que convierten en libertinaje la gracia de Dios” Jud. Vs.4) intentan copiar el “perfume santo” para aplicarlo en usos viles.

Así el nombre del Señor es tomado en vano por quienes en realidad  “...niegan a Dios, el único Soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” 

Por ejemplo, hoy es común observar cómo a través de los medios masivos de comunicación ciertos profesionales de la salud recomiendan la oración, entre otros “recursos” para controlar la ansiedad u otros males. Son frecuentes algunas sugerencias como: “No importan sus creencias, cada uno tiene libertad de pensar en Dios como quiera, pero lo esencial es que Ud. recite sus oraciones”. Esto no es más que una burda imitación de la fórmula del verdadero incienso establecido por Dios.

No se quedan atrás algunos dirigentes religiosos cuando recomiendan a personas incrédulas que oren por sus problemas, salud, familia, etc., sin advertirles que primero deben recibir la gracia de Dios, obedeciendo al Evangelio para el perdón de sus pecados.

El ciego de nacimiento, sanado por el Señor Jesús, tuvo la sabiduría de declarar: “Sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ese oye.” (Jn.9:31)  Este principio no debe ser ignorado a la hora de sugerir oraciones a cualquier persona inconversa.

El pecador no regenerado no tiene acceso al Lugar Santo ni puede encender incienso en el altar del perfume. Sólo quien primero se ha acercado con fe sincera al altar del sacrificio (la cruz de Cristo) 

y su Holocausto.

sabe que sus oraciones no son vanas, pues tiene la garantía de que llegarán como grata fragancia a la presencia del único y  verdadero Dios. 

                                                                                                                                                                       &nbs
p;                                                    (Continuará)   

Muchas Bendiciones.

Didache________________
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